Décadas y propósitos


Pensaba escribir una entrada sobre por qué no voy a hacer, este año tampoco, una lista de propósitos de año nuevo. Se resumiría en que sé que no los voy a cumplir. Sería inútil hacer una lista porque soy una inconstante, me puede la desidia y sé que al llegar el fin de año la lista de buenos propósitos pasaría a ser la lista de la vergüenza. Así que paso de listas, de propósitos y de vergüenza.

Además, a mí no me suele dar por pararme a pensar cuando se acaba el año o llega mi cumpleaños. En esos momentos no me planteo todo lo que podría haber sido y no fue, ni cuáles eran mis objetivos y si se han cumplido. Será que soy irreflexiva e inconsciente. O no. Más bien será que centrifugo tanto a lo largo del año que no necesito fechas señaladas para darle vueltas al pasado y al futuro, buscar la combinación menos favorable y ‘decidir’ que eso va a ser lo que va a pasar, que irremediablemente estoy condenada a un destino miserable y que nada tiene solución. A pesar de que la realidad (y el ND), afortunadamente, se ha encargado de demostrarme que habitualmente no es así y que las cosas suelen resolverse (o suelo resolverlas) bien, siempre que se me presenta una situación peliaguda yo me entrego al centrifuguismo con verdadera devoción. Llamadme tremendista si queréis. O mejor, llamadme absurda.

Volviendo a lo de antes, en estas fechas no me da por recapitular. Sin embargo mi amigo JJ me ha hecho reflexionar. Resulta que se acaba la década y dice él que resulta curioso que siendo los diez años más importantes en su vida no tengan nombre (para los que no le leéis, que deberíais, le ha encontrado una solución buenísima: los ‘cerentas’). El caso es que esta década sin nombre ha sido también la más trascendental de mi vida. En estos últimos diez años me ha pasado todo esto:


  • 2000. Bueno en 2000 no pasó nada (ni siquiera el fin del mundo, ni el efecto 2000). Mejor, así nos ahorramos la discusión de cuándo empezó realmente la década.

  • 2001. Acabé, por fin, la carrera. Conseguir el título (bueno, el resguardo, el título en sí casi me lleva otra década) me permitió la independencia económica. Conocí al ND y esto sí que es crucial en mi década: mi vida pasa del blanco y negro al color. Ya hablé de cómo fue y cómo es.

  • 2002. Fue un año feliz con alguna que otra sombra pero sin nada reseñable que contar salvo que tres meses de expatriación me brindaron la oportunidad de conocer a mi Chisp, que es una de las personas a las que más quiero en el mundo (además de una de las pocas personas que leen estas chorradas que escribo).

  • 2003. Renunciando a todos mis principios y juramentos previos (soy una bocazas) tuve que pedirle al ND que se casara conmigo. Yo había dicho tantas veces que no me iba a casar nunca que el pobre no se atrevía. Creo que con los años ya se ha dado cuenta de que muchas de mis opiniones inamovibles son como los principios de Groucho, pero ya le tengo atrapado con mi irresistible inconstancia. O eso espero.

  • 2004. La boda y la hipoteca, ¿os parece poco para un solo año?

  • 2005. Casi al final descubrí que estaba embarazada.

  • 2006. Nació C. ¡Dios mío! Qué niña más preciosa, más buena, más lista… La responsabilidad más grande, transcendente y difícil de manejar de mi vida. Pero también la más satisfactoria hasta entonces.

  • 2007. En un acto de inconsciencia suprema me quedo embarazada y nace J. Sí, inconsciente, pero es tan precioso, tan bueno, tan dulce y, de nuevo, tan satisfactorio a pesar de todo.

  • 2008. Año de enorme falta de sueño, carreras para conseguir la bendita ‘conciliación’, mil visitas al pediatra, doscientos mil momentos estupendos con los niños y algún momento para olvidar. Pocos momentos para el ND y para mí en exclusiva. Y casi ninguno para nuestros amigos.

  • 2009. C empieza el ‘cole de mayores’, J empieza la guardería. ND y yo nos damos algún respiro más. Entre ellos un gran viaje a Nueva York.

Así se cierra esta década. Resumen: cinco años de matrimonio y dos niños. Y ahora mismo un poco de vértigo por saber si estaré a la altura de sus circunstancias, las de los niños pero también las del matrimonio.

Si en el año 2000 me llegan a decir que hoy ésta sería mi situación les hubiera dicho que estaban bajo los efectos del milenarismo (¿o era mineralismo? Arrabal dixit).

Feliz 2010 a todos.

Una 'rodríguez' de pacotilla

Como ‘rodríguez’ soy un desastre. Bueno, vale, también como muchas otras cosas, lo admito, pero ahora quiero hablar de ésta no de las otras. Estos días estoy sola en casa. Resulta que ND tiene muuuuchas más vacaciones que yo, así que se ha ido con los niños a casa de sus padres. Se supone que así le pueden echar una mano con los niños y a cambio yo me quedo sola en casa.

Cuando planeamos las vacaciones y ya sé que se va a plantear esta situación, que suele ser alguna semana del verano y algún día en Navidad (ya os digo que tiene muuuuchas más vacaciones que yo), se me parte el cerebro en dos. Por un lado me da pena quedarme sola y me siento culpable por abandonarlos. Por otro me emociono y me pongo a pensar en la cantidad de cosas que voy a poder hacer. Me pongo a pensar en cosas como dormir a pierna suelta toda la noche de un tirón y despertarme con el despertador (el de pilas); en poder llegar a casa cuando me dé la gana sin ir corriendo a todas partes porque tengo que recoger a los niños o llevarlos al médico; en comer tranquilamente sin requerimientos imperiosos para tomar la merienda o ver Caillou; en quedarme frita en el sofá sin una mano que me acaricie la cara en cuanto cierro los ojos; en quedar con esa gente a la que no veo nunca porque nuestros horarios no son compatibles o, por el contrario, en quedarme tooooda la tarde tirada en el sofá sin necesidad de levantarme para nada…

Supongo que habrá quien diga que soy una mala madre por anhelar estos pequeños placeres cotidianos pero, la verdad, esas madres me la soplan. Es que ese ‘quien’ de antes suelen ser madres súper intensas que parece que más que parir hijos se los han implantado y que no sólo no pueden estar sin ellos ni un minuto sino que además les parece fatal que tú sí te separes de ellos. Con que no digamos lo que piensan de que tú de vez en cuando incluso lo desees… Pero esa es otra historia que ya me he desviado del asunto. Yo iba a mis planes de ‘rodríguez’.

Mis planes iban en la línea de lo que os contaba arriba más o menos. Ayer fue mi primer día de ‘libertad’. Al llegar de casa de mis suegros sintiéndome súper culpable por haberme ido porque tenía que trabajar (sí, así soy) esto es lo que hice: paquetitos para congelar un lomo de cerdo entero, deshice la maleta, puse una lavadora, saqué el lavaplatos, me fui a comer con mis padres, fui a casa de mi hermano a devolverle una cosa, cambié un regalo de Navidad, hice la compra, volví a casa, quité la ropa seca del tendal, tendí la lavadora y puse una segunda, doblé la ropa seca, ordené el campo de minas que entre los cuatro habíamos hecho de la casa antes de irnos el miércoles, cené un poco, tendí la segunda lavadora. Y para esta tarde ya tengo mis planes: plancha, ir empezando con la maleta del miércoles, poner en orden los papeles del banco, de los coles… ¿A que justo esto es lo que os imagináis cuando alguien os dice que está de 'rodríguez'? Pues yo no. Yo me imaginaría alguien al que se le echa a perder el lomo que no se come en un mega bocadillo porque no lo guarda, ropa sucia tirada en la habitación entre la cama deshecha, el sofá y el salón llenos de migas, noches de farra con los amigos, siestas eternas en el sofá, ropa quedándose como el cartón porque nadie la ha recogido del tendal… Pero, qué queréis, yo nací gilipollas. O ‘cabalita’, que dice mi madre y queda mucho más fino. La única concesión que me he hecho es que sí, por fin, mañana tengo un plan para cenar con amigos. Me muero de ganas.

(Aunque también me muero de ganas de que llegue el miércoles y pirarme otra vez con mis niños, los pequeños y el ND, no creáis).

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2010

I don't want a lot for Christmas
there's just one thing I need
I don't care about presents
underneath the Christmas tree
I just want you for my own
more than you could ever know
Make my wish come true...
All I want for Christmas
Is you...

I don't want a lot for Christmas
there is just one thing I need
I don't care about presents
underneath the Christmas tree
I don't need to hang my stocking
there upon the fireplace
Santa Claus won't make me happy
with a toy on Christmas day
I just want you for my own
more than you could ever know
Make my wish come true
All I want for Christmas is you...

I won't ask for much this Christmas
I won't even wish for snow
I'm just gonna keep on waiting
underneath the mistletoe
I won't make a list and send it
to the North Pole for Saint Nick
I won't even stay awake to
hear those magic reindeer click
I just want you for my own
more than you could ever know
Make my wish come true
All I want for Christmas is you...

All the lights are shining
so brightly everywhere
and the sound of children's
laughter fills the air
and everyone is singing
I hear those sleigh bells ringing
Santa won't you bring me the one I really need
Won't you please bring my babies to me

I don't want a lot for Christmas
this is all I'm asking for
I just want to see babies
standing right outside my door
I just want them for my own
more than you could ever know
Make my wish come true
All I want for Christmas is
You
and you and you and you and you

All I want for Christmas is you

Pues eso, aunque ya sé que es imposible, este año en el que no tengo nada de espíritu navideño (y eso que a mí sí que me gustan estas fiestas y todavía me pongo nerviosa la noche de reyes) lo que de verdad me gustaría es que nos juntáramos los chicos del Blasco y nuestros alrededores: maridos, mujeres, novios, ¿novias?, bombos incipientes, niños…

FELIZ NAVIDAD A TODOS (a los de la mesa cero y a algún que otro incauto lector)

Más funciones

Pues el lunes finalmente fue. Conseguí llegar tras atravesar el caos madrileño generado por una insignificante nevada de la que se estarán riendo, supongo, en sitios como París, Moscú, Estocolmo o Washington si es que allí ha llegado tan ridícula noticia. Pero no quería ocuparme ahora de las diferentes autoridades estatales, autonómicas y municipales porque estas son fechas de paz y concordia y después de lo del lunes mis pensamientos hacia ellos van más bien hacia otros derroteros.

El hecho es que llegué a tiempo para ver la función navideña de C. No os lo creeréis pero había cola. Como somos novatos no lo sabíamos y nos tocó de pie en un lado. Así que ya he decidido que el año que viene abandono a los tres y hago noche en la puerta del cole para pillar sitio frente a las estrellas (estrellitas) cual fan adolescente de los Jonas Brothers. Porque los primeros en salir fueron los de la clase de C y la pobre se pasó todo el rato buscándonos con la mirada. No nos encontró. Aunque después le insistimos en que allí estábamos, estoy casi convencida de que no nos ha creído porque el mismo lunes, ya en casa, hizo una aparición estelar en el salón y nos recitó la poesía de la fiesta. Teniendo en cuenta que llevaban preparándola como un mes y que hasta entonces había mantenido en secreto todos los detalles de la actuación, para mí eso es una prueba irrefutable de que cree que no fuimos. Pues vaya mierda. Porque como comprenderéis a esas cosas se va para que tus hijos vean que has ido, no porque estés pensando en disfrutar del espectáculo. Seamos francos, como espectáculo deja bastante que desear. Sí, los niños son monísimos y muy graciosos: los que se aplican y se les ve todos concentrados, los que pasan de todo y siguen a su bola, los que se preocupan más por corregir al que tienen al lado que por lo suyo (yo era de estas, sí, así de miserable), los que se quedan parados mirando al infinito… Todo eso mientras cantan unos villancicos de lo más modernos donde los reyes viajan en camión, el niño Jesús tiene tres pecas y cosas parecidas. Yo que pensaba que las teretes me habían enseñado lo último en villancicos me he quedado en la prehistoria.

Sin embargo el espectáculo, el espectáculo de verdad lo dan (lo damos) padres. ¡Madre mía! Allí había clanes enteros que habían cogido filas y filas de sillas y se llamaban a voces entre sí, se avisaban cuando salían los niños, se cambiaban los sitios, comían cosas que hacían ruido… Luego estaban los que van por libre. Esos se pasaron toda la función entrando y saliendo sin importarles los niños ni la educación. Y por último estamos los pardillos, como ND y yo, que aguantamos estoicamente toda la función de pie y se nos nota un huevo que somos novatos, aquel no es nuestro hábitat y nos intimidan los otros, los padres veteranos (bueno a ND seguro que no le intimidan, pero a mí sí).

Sin embargo lo mejor de la fiesta fue después cuando tuve que ir a recoger a C en su clase y comprobé lo buenita que es. Allí estábamos todos los padres apiñados porque no se cabía y los niños, sentados en círculo en el suelo, muy revolucionados por la presencia de público. Mi C estaba tan tranquila escuchando lo que nos decía la profe. Me saludó contentísima cuando me vio pero se mantuvo en su sitio, fue a devolver su pandereta esperando su turno y ya vino a enseñarme su clase y sus trabajos toda orgullosa. Me emocionó verla tan obediente y tranquila y a la vez tan contenta. Luego lo he pensado mejor y no sé si emocionarme o preocuparme. Ser educada y respetuosa, esperar tu turno, no atropellar a los demás son cualidades con muy poco prestigio en estos tiempos. Así nos va a ND y a mí. Y es que muchas veces nos hacemos esta pregunta: ¿estaremos haciendo lo correcto intentando inculcar a nuestros hijos el respeto a los demás y las normas básicas de lo que antes se llamaba urbanidad y buenos modales? Por ahora pensamos que sí, pero la realidad desanima bastante.

Pispitos


Creo que ya lo sabe porque se lo he dicho más veces, pero me salvó la vida. Al menos la vida social. Fue el primer día de escuela. Yo llegué tarde. Bueno, llegué a las ocho en punto pero el profesor, de Teología para más señas, llegó pronto y se puso a dar clase. ¡El primer día del primer curso! Total que, para cuando llegué, me tuve que sentar al final. Rodeada de extraños y todos tíos. Las pocas chicas que había en clase se habían sentado juntas a un abismo de donde yo estaba. Cuando yo, en uno de esos actos de centrifuguismo tan propios en mí, ya había decidido que no iba a conseguir ni un amigo, y menos una amiga, en toda la carrera ella se acercó con el salvoconducto a mi vida social. Llevaba en la mano un papelito con varios nombres apuntados y, señalando uno de ellos, me preguntó si yo era yo. Más bien si yo era algo parecido a mí porque, como siempre, alguna confusión con mi apellido tuvimos. Resultaba que un tío suyo sabía que íbamos a ser compañeras y se lo había dicho.

Lo recuerdo perfectamente, aquel primer día fuimos juntas hasta el metro. En ese trayecto tan corto descubrimos que teníamos bastantes cosas en común. Para empezar éramos de fuera pero no vivíamos en colegio mayor o residencia. Esto, aunque no parezca muy relevante, es en realidad una desventaja tremenda respecto a otra gente de fuera. Tienes muchas menos oportunidades de conocer gente y el primer mes o mes y medio de cada curso no tienes con quien hablar fuera de la escuela porque las novatadas y fiestas ocupan gran parte de la vida de los colegiales. Así que ese hecho aparentemente insignificante nos unió bastante al principio. Evidentemente aquello no iba a llevarnos necesariamente a ser amigas del alma pero sí propició que nos conociéramos mejor.

Por mi parte descubrí que merecía mucho la pena su compañía. Esto ya lo sabemos todos pero no está de más repetirlo: es una tía listísima. Es verdad que bastante despistada, lo cual la hace además encantadora y muy divertida, pero muy inteligente. Con un gran sentido crítico y muchas ganas de preguntarse qué hay detrás de las cosas. Es inquieta y curiosa y yo siempre he admirado su independencia. Y con independencia me refiero a que sus ideas son propias y no se deja influir por el qué dirán. Siempre digo que me saca de quicio porque le encanta discutirlo todo. Pero últimamente he llegado a la conclusión de que a mí también debe de gustarme bastante porque no hay vez que no entre al trapo. También he descubierto recientemente que muchas de las veces que nos lleva la contraria es simplemente por el placer de discutir.

Durante los años de la escuela hablamos de todo y lo discutimos todo. Ya os digo que si no tenemos puntos de vista encontrados ella se los ‘inventa’. Cuando todavía no habíamos descubierto el Blasco nos pasamos muchas tardes haciendo problemas en el vips y discutiendo de cualquier cosa ante la mirada atónita, al principio, y desesperada, después, de nuestras compañeras de mesa y problemas.

En aquella época hablábamos mucho por teléfono. En esas conversaciones descubrí su teoría sobre la relación entre la vista y el oído. Me reí cien mil veces de su famosa frase ‘espera, que con las gafas de no ver no te oigo’ hasta que se me atragantaron las carcajadas cuando mi cegatez alcanzó a la suya. Desde aquí te lo corroboro: cuando no se ve se oye fatal.

Luego ella se fue a estudiar fuera. Allí se dio cuenta de que la vida que llevábamos era una mierda, siempre estudiando y haciendo potrocolos de laboratorio y ‘hojas b’ de problemas. Y se convirtió, al menos a mis ojos, en una intrépida excursionista que lo mismo se va a hacer rafting que a una marcha por el desierto (es que para mí tirarme de piscina a la cabeza ya es un deporte de riesgo, todo hay que decirlo).

Cuando volvió temporalmente a Madrid descubrimos con ella los ‘pispitos’ del Blasco y disfrutamos de grandes tardes de cañas que empezaban allí y no se sabía dónde acababan. Nuestros amigos de entonces recuerdan mucho más, creo, unos diminutos pantalones de cuadritos amarillos a juego con su biquini que se puso mucho en nuestro alternativo viaje de fin de carrera y que, como ya digo, causaron estragos.

Desde aquella época dorada la verdad es que disfrutamos poco de su compañía. Los gabachos, siempre ellos, se dieron cuenta del valor de su cerebro y le hicieron una oferta laboral que no pudo rechazar. Así que ahora casi no nos vemos y casi no hablamos (las dos somos un desastre para mantener el contacto a distancia) pero cuando nos juntamos es casi como si no hubiera pasado el tiempo. Y las dos sabemos dónde estamos si nos necesitamos. Por supuesto la quiero igual o más que siempre. Por todas esas cosas que he contado arriba y por muchas otras que ahora no voy a contar, que el post está quedando bastante ladrillo.

Hoy es tu cumple: ¡¡¡FELICIDADES V!!! Sé que preferirías que te llamara P pero ya sabes que los motes no se eligen y que tú te has quedado con V. Aunque es muy posible que nunca leas esto porque seguro que ya has perdido la dirección de nuestro blog: gracias eternas por salvarme la vida.

Aparatos


Creo que uno de los peores diseños de la naturaleza es el aparato genital masculino. Sí, desde aquí lo digo. Mal diseñado. Esta es otra de las múltiples pruebas irrefutables de que la Madre Naturaleza es una mujer y ese diseño es otra de sus pequeñas venganzas contra ellos.

Para empezar es feo. Pero feo de, pues eso, de cojones. A mí ver un tío en bolas me deja fría. Quiero decir completamente desnudo. No niego que disfrutaba un montón con aquel anuncio (madre, qué vieja soy) de los cuerpos danone o aquel otro del tío de la coca cola light. Pero aquellos no estaban en bolas, aquellos eran tíos con el torso descubierto. Y no voy a negar que unos buenos pectorales y abdominales acompañando a unos brazos y piernas bien torneados me encantan (He-mans vigoréxicos abstenerse). Pero a mí, que enseñe la minga o no, la verdad, me da igual. Mejor dicho, prefiero que no la enseñe por muy buenísimo que esté el colega. Salvo, claro, que sus intenciones vayan algo más allá que mostrarme meramente su cuerpo desnudo. Y creo que como a mí les pasa a la mayoría de las mujeres. Sin embargo, ¿conocéis a algún hombre heterosexual (incluso homosexual) al que no le guste una tía en bolas? Además, con tal de que esté en bolas, les gusta casi cualquier tía.

Y luego están sus, digamos, prestaciones. Antes de convivir con un hombre con el que pudiera hablar abiertamente de este tema siempre me había sorprendido que estuvieran todo el día tocándose el asunto. Después ya me han contado que es que se descoloca y entonces roza. Dejando a un lado los denostados slips o fardagüevos que, por otra parte, resolverían el problema del libre albedrío del miembro, a lo mejor lo que pasa es que la moda occidental no está pensada para los hombres. Tal vez lo que deberían hacer es llevar todos chilabas. De este modo dejaría de estar prisionera y podría moverse a voluntad sin incomodar a su portador. Francamente, chicas, preferiría que esta moda no se impusiera. Además de los motivos puramente estéticos parece que esta prenda va ligada al uso, por parte de los hombres, de diferentes métodos para taparles la cara, la boca y las ideas a las mujeres que les rodean.

Por último está lo que yo llamo el efecto diana. Que se traduce en que todos los golpes van ahí como si fuera un gran punto negro dibujado sobre su acarreador. Los niños siempre dan las patadas y los manotazos ahí. Y esto es sin duda lo peor porque esta clase de golpes suele provocar risa nerviosa en el golpeado. Inmediatamente el niño, que comprende lo de risa pero no lo de nerviosa, interpreta que ha hecho una monería así que se dedica a repetir la jugada con el consiguiente sufrimiento del interfecto.

Por supuesto todo esto se resolvería si en lugar de colgante y exterior, el aparato se encontrara bien fijo y en el interior. Pero, claro, entonces tendríamos otro pequeño problema que resolver. A saber, la perpetuación de la especie. Y para eso sí que no tengo solución. Que la Naturaleza será sabia, pero no se llama Anniehall.

Funciones


Empiezo a escribir esto antes de que tenga lugar el evento. El evento en cuestión es la función de Navidad de C. La primera noticia sobre este asunto la tuvimos hace como un mes. El acto es a las 14:30 y tiene que ir vestida de Rey Mago. Esto ya nos hizo preguntarnos varias cosas. La primera ¿es esa una hora para programar algo a lo que esperas que vayan los padres? Ni yo, con mi reducción de jornada, puedo ir sin escaquearme. Cuando yo era pequeña, este tipo de cosas las ponían a horas a las que los padres podían ir. Yo recuerdo que mi madre nos recogía en el cole, íbamos a casa, merendábamos y después de un rato se iba a lo que fuera del colegio. ¿Es que ahora todos los padres son funcionarios o empresarios que organizan su tiempo como mejor les viene? ¿O es que las madres no trabajan y los padres no van? ¿A qué se dedican esos padres? Que me lo digan, que se lo cuento a ND y que me retire. Yo me dedicaría a ir a funciones de Navidad y a ser una de esas madres dedicadas que sólo viven para la APA. Casi no, mejor sigo currando. Me encantan mis niños, pero los de los demás…

La siguiente pregunta fue: si todos van de Rey Mago ¿qué clase de función van a representar? A esta tampoco tenemos respuesta y C es como una tumba, el disfraz lleva más de una semana en el cole pero según ella no se lo ha puesto ningún día.

La siguiente noticia la recibimos ayer. C trajo del cole una carta intimidatoria, quiero decir, recordatoria. En ella nos dicen que la fiesta tendrá lugar de 14:45 a 16 horas. También nos piden que no abandonemos la sala hasta que no acaben todos para no entorpecer el acto y respetar a todos los niños. Por si con esta amenaza no era suficiente nos dicen además que a las cuatro los padres de infantil pasemos a las aulas a recoger las notas y los trabajos del trimestre. Vamos, que te tienen ‘pillao’. Para eso ya te quedas en la sala. Seguro que algún padre se sale pero como yo soy tan ‘cabalita’ y tan cobardona seguro que me aguanto hasta el final.

Total que el lunes me toca madrugón para entrar a las siete y salir a las dos para poder llegar a la función sin haber comido. Una vez allí aguantar aproximadamente una hora y diez pensando qué demonios hago allí y otros cinco minutos de completo baboseo reafirmándome en que mi niña es la más guapa, la que mejor canta y actúa y a la que mejor le sienta la corona del mundo. Así que estoy súper nerviosa, ¡la primera función de mi niña!

Las Jornadas



Ayer tuve uno de los días más aburridos de mi vida. Ayer, encargado por mi jefe, tuve que asistir a las Jornadas de Accesibilidad en el Ferrocarril. En principio el problema no está en las jornadas. Es un tema del que no esoy muy informado. Es cierto que todo el mundo tiene derecho a usar el transporte público y, por tanto, éste tiene que ser accesible. Además iba a ser un evento de relumbrón con la presencia del M. de Fomento Don José Blanco.
El problema llega cuando no puedes moverte de tu sitio durante cinco horas y te vas tragando presentación tras presentación. Además yo estaba mal situado. No podía ver el atril porque había un tío grabando las jornadas por lo que tenía que conformarme con ver los powerpoint.
En primer lugar hablaron todos los directores generales y presidentes y demás autoridades de los administradores ferroviarios, metros y demás entidades. Antes de que hablaran el moderador ofrecía un currículum de cada uno de manera que te llevabas la impresión de que habían nacido siendo directores, directores generales, directores gerentes y consejeros. Además iban rotando a lo largo de ese periplo entre una dirección y otra en un claro caso de oca a oca y dirijo porque me toca...
Te das cuenta de que nunca serás nadie en el mundo ferroviario.
Después de más de dos horas hablando de lo concienciados que son, de la cantidad de dinero que invierten, de lo bien pensado que está todo llegó el turno de preguntas y hubo un par de personas en sillas de ruedas que contaron historias en el metro de Barcelona y en el de Madrid que eran para que se les cayera la cara de vergüenza, pero (y ahí está su valía) torearon de una manera bastante digna y dijeron que si perdón, que si disculpas, pero que también hay vándalos, hay situaciones en las que no se puede prever...
Hubo otra pregunta realmente a la línea de flotación (¡olé tus güevos!), de la que ya no salieron tan airosos. Les preguntó un señor que estaba muy bien eso de meter a los discapacitados en el metro, que haya ascensores, rampas y demás, pero que ¿qué pasaba en caso de emergencia si no se podían usar los ascensores?

...

Silencio, cara de haba, hasta que alguien dijo: en caso de emergencia hay que considerar que no sería viable el rescate. Acojonante. Todo el día diciendo que qué estupendos somos, pero resulta que somos estupendos solo en situación normal, en situación de emergencia que es cuando realmente hay que dar la cara, que cada palo aguante su vela.
Después y sin ningún tipo de descanso vino el turno de las empresas. Aquí ya el aburrimiento era extremo. Hubo uno que tenía una empresa de váteres para discapacitados en transporte público que dedicó toda la presentación a mostrar fotos de váteres instalados en distintos trenes. Así, uno tras otro... y este lo instalamos en Turquía y este en Northern Ireland (textual). Entiendo que uno se dedica a lo que puede y que es importante diseñar bien todo este tipo de cosas, pero háblame de los problemas y dificultades que tiene, de lo importante que es conocer la legislación, de la innovación que supone que el dispensador de jabón esté a la altura correcta... no sé, pero desde luego no creo que a nadie le interesara saber que habían instalado 2000 váteres y nos los enseñara foto a foto!
La paciecia se agotaba. Teníamos como cebo que en el horario de las jornadas ponía 'comida'. Así que aguantamos allí como jabatos con la esperanza de que nos pusieran un piscolabis ministerial. Después de cinco horas escuchando todo lo que os he contado nos dijeron: 'Bueno, pues hasta aquí las jornadas de la mañana. Nos volvemos a ver esta tarde a las cinco'
Nuestro gozo en un pozo, nuestra indignación a flor de piel, nuestras tripas rugiendo... en fin, me fui de allí bastastante mosqueado y pensando que esa tarde al ministro le iba a ir a aplaudir... los directores generales.

Patente de bodas

Indignada estoy. Nuestra boda, no es porque fuera la nuestra pero, la verdad, fue chulísima. Nos casamos por lo civil pero queríamos hacer algo más emotivo y memorable que un alcalde desconocido leyendo dos artículos del código civil sin entonación ni emoción algunas. Tan bien nos salió que hasta el alcalde se emocionó y no fue capaz de mantener la compostura al leer los dos artículos de marras. Otra prueba es que ya varios chupópteros nos han pedido las lecturas que hicimos.

Y hasta aquí quería yo llegar. Resulta que se casa la hija de unos conocidos y va la madre de la novia y nos pide las lecturas y el orden en que las hicimos. Yo entendería que les hubiera gustado algo en particular y nos lo pidieran o que no sepan cómo organizar la ceremonia y nos pregunten cómo lo hicimos. Pero pedir las lecturas y el orden demuestra una clara intención de plagio. Me encantó tu boda, yo me caso y quiero una ceremonia bonita pero paso de currármelo. Mejor echo mano de esta jeta con la que me tropiezo todos los días y te pido tu ceremonia ‘llave en mano’ que me moló un montón. Lo siguiente será pedirnos el teléfono del alcalde llorón.

Yo me casé (vaaale, después de haber jurado durante años que no lo haría) para hacer un fiestón con mi familia y mis amigos y compartir con toda la gente que me importa (y alguno que se nos coló de rondón) lo feliz que era. Con la ceremonia pretendía hacer a los invitados partícipes de mis sentimientos. Y pensando en eso elegí las lecturas. ¿Qué van a hacer estos de la boda ‘prestada’? ¿Compartir mis sentimientos y los de mi ND con sus invitados? Bonita, si lo que quieres es una ceremonia vistosa pero que no sientas, puestos a impostar, cásate por la Iglesia que tienen el rito de lo más currao después de años de perfeccionamiento. Además, si te decides por una iglesia chula el asunto ganará un montón en solemnidad. Que no digo yo que todo el que se casa por la Iglesia sea un impostor, pero éstos creer no creen con que… Y al parecer de la ceremonia sólo les importa que quede bonita de cara a la galería. Está claro que a ellos no les resulta tan obvio como a mí (¿sólo a mí?) que la ceremonia debería ser un reflejo de ellos y su relación. Precisamente esa es la ventaja de hacerlo por lo civil, que puedes hacerlo como mejor te parezca. ¿Y lo que mejor te parece es copiar la de otros? ¿Así va a ser tu matrimonio?

Lo dicho, indignada estoy. Ahora os dejo que tengo pendiente una llamadita a Teddy para ver cómo está el tema de registrar los derechos de ceremonias y ritos. Así cuando nos lo pida el siguiente al menos podré sacarle partido a la indignación. ¿Qué te parece, ND?

Cuento las horas para que se atrevan a pedirnos también la música tan chula que ND eligió.

Las Compras Navideñas

Este fin de semana he vuelto a caer. Soy débil. El año pasado juré (y, por supuesto, perjuré) que no volvería al centro de Madrid en fechas tan señaladas, pero soy débil. El sábado, aprovechando que Anniehall se fue con su madre y los niños a ver a su abuela, yo decidí ir a la fnac a ver si compraba un par de libros. Los dejé en Ópera y me dirigí hacia Preciados. A mitad de camino, y visto que iba andando como Chiquito de la Calzada buscando el adoquín que estuviera libre, decidí meterme por las Descalzas y atrochar hacia Preciados. Como iba un poco atontado, me metí directamente en las fauces del lobo, es decir, Cortilandia. A partir de ahora, cuando piense en el infierno, pensaré en esto. No creo que esté muy desencaminado. Un sitio impregnado de olor a humanidad, con reyes magos de trapillo, vendedores de globos de bob esponja, Mickie Mouse sudamericanos,donde todo carrito de bebé tiene su asiento, pero si ¡incluso había gente en silla de ruedas! (tiene especial interés porque no creo que alguien en silla de ruedas pueda ver absolutamente nada a un metro del suelo). Al principio me quejaba cuando me pisaban (hay que tener en cuenta que calzo un 46), pero luego lo tomé como una forma de recordarme que seguía vivo. No sé como, bueno, sí sé como, me puse detrás de una vendedora de globos algo agachado para que bob esponja me dejara ver algo, conseguí llegar a Preciados. Una vez en la fnac compré lo que quería y, uno sigue siendo inocente, pensé que era hora de irme a casa.
Me dirigí a Callao para coger el 1 que me dejaría en casa. La masa humana era totalmente compacta y no me dejaba ver muy bien a donde iba. Mi intención era bordear Callao y seguir por Gran Vía hasta la Casa del Libro que es donde está la parada de autobús (aquí en Madrid la gente dice bus, pero yo todavía no tengo la suficiente confianza). Cuando ya casi había llegado a la esquina de la Gran Vía, me di cuenta de que nuestro insigne alguacil nos había preparado este año una nueva actividad tipo gymkana (alguien tiene idea de como se escribe? Mirando en google me he encontrado una entrada que es "¿HAY ALGUIEN QUE HAGA LA GINKANA DE HANNAH MONTANA?‎"... mejor no lo comento) consistente en que toda la esquina está con vallas de obra, tienes que meterte en la plaza de Callao y luego girar a la derecha y pasar por el asfalto, dado que solo hay medio metro para pasar mil personas entre la salida de metro y el andamio de al lado. Esto si que es una putada y no las pruebas del Grand Prix!! Yo se lo propongo al Ramón García o al Bertín para su programa.
Una vez superada la prueba y tras sortear a Doña Manolita y a sus acólitos (sobre todo a los acólitos, si soy sincero) llegué a la parada del autobús. Sólo tuve que esperar media hora hasta que llegó el susodicho. Me entran ganas de hablar de las barras de agarrarse y de mi altura, pero creo que eso necesito hacerlo en caliente asi que lo dejaré para otro día. De lo que sí que hablaré es del brake dance. No, no lo he escrito mal. Es un baile eminentemente urbano que se produce en el interior del autobús cuando el MC EMT pisa el freno con saña y tenemos que intentar no pisar al de al lado a la vez que intentas que no te metan una rama de abeto en el ojo. También esta prueba se la ofrezco al Grand Prix por si les parece poco lo de la vaquilla.
Finalmente llegué a mi barrio con mis regalos y con cierta integridad personal.
Una vez en casa, tendí la lavadora, me senté en el sofá y justo en ese momento vino Anniehall con los niños. Habían venido en el autobús suguiente que, obviamente, venía vacío. La suerte de los Justos.
En fin, que esto va quedando largo. Este año he hecho el 80% de las compras por internet.


Juro, sobre la tierra roja de Tara que el próximo año no volveré a comprar en Madrid.