Girasoles y Criterios

En este mundo de los que proyectamos y plantamos campos de girasoles (¿qué pasa? todo el mundo se inventa profesiones de camuflaje en su blog así que yo no iba a ser menos) suceden cosas de lo más absurdas y te llaman borde por la más mínima chorrada.

Proyectar un campo de girasoles es mucho más difícil de lo que parece: hay que elegir el lugar adecuado, escoger primorosamente las semillas, colocar las plantas de modo que aprovechen al máximo la luz del sol, poner los elementos accesorios (qué se yo, el sistema de riego, los medidores de humedad del suelo y radiación solar, el almacén de abonos, pesticidas y herramientas) donde menos estorben y mejor se aprovechen… Así que, como ya imaginaréis, hay un montón de gente implicada que se dedica a su parcelita y se pone muy celosa de lo suyo si hay injerencias. Además, como ya tenemos experiencia en esto, también hemos adquirido cierta inercia y mucho sentido de la propiedad sobre lo que está en ‘nuestro’ ámbito de responsabilidad (que dicen ahora).

Así las cosas, resulta que en este nuevo campo de girasoles que empezamos a proyectar se ha decidido que debe ser el departamento de supervisión y control de campos de girasoles el que establezca los criterios que deben usarse para vigilar el campo. Todo el mundo sabe que hasta ahora eran los de adquisición y supervisión de los accesorios del campo de girasoles los que establecían los criterios (curioso, ¿no?).

Así que los de supervisión y control nos hemos puesto a la tarea. Como no se debe desperdiciar nada, para definir los criterios hemos partido de los del campo anterior. Y, dado que los señores de los accesorios también se ven afectados por los criterios, se los hemos enviado para que nos digan qué les parece. Su comentario principal ha sido ‘se debe establecer un criterio común para la vigilancia del campo y los accesorios’.

Vamos a ver, yo entiendo que no estés de acuerdo con los criterios que hemos establecido. Y que puedes tener muchas razones para discrepar, como que los criterios sean incompatibles con las propiedades de los accesorios o que te resulta muy difícil cambiar lo que llevas años haciendo igual. Puedo llegar a comprender que sólo sea porque te jode que te hayan quitado un trocito de lo ‘tuyo’. Me costaría, al fin y al cabo es menos curro para ti, pero lo entendería. Así que hubiera esperado comentarios con justificaciones absurdas para volver a lo anterior. (Aunque seamos francos, generalmente nuestro trabajo consiste en copiar de lo anterior y procurar que no se note mucho, así que no se puede decir que hayamos inventado nada ni cambiado muchas cosas.)

Pero que el comentario al documento que establece los criterios sea ‘hay que establecer un criterio’, eso no me lo hubiera esperado nunca. Ante tan sesuda observación y tras una carcajada pelín indignada, se me ocurrieron respuestas de lo más elaboradas e hirientes. Sin embargo me contuve y, tras darles las gracias por su trabajo, les indiqué ‘entre vuestros comentarios decís que debe establecerse un criterio común […]. Nuestra propuesta es la que indicamos en el documento’.

Pues me han llamado borde por responder eso, ¿os lo podéis creer? Yo no lo entiendo.

Lo que pasa por trasnochar

Esta noche me he despertado hacia las 3:30 sin que llorara ningún niño ni nada. Creo que ya tengo incrustado un despertador en mi cerebro que me hace despertarme sin oir llorar ni nada. El caso es que me he levantado y me he puesto a ver la tele. A esas horas la oferta es infumable, pero conseguí parapetarme en los juegos olímpicos de Vancouver. De paso dejarme decir que Vancouver lo descubrió un español (Juan Francisco de la Bodega y Quadra) y que la isla se llamaba isla de Quadra y Vancouver.

Bueno, dejando a parte esas disgresiones voy a entrar en materia en el noble deporte del patinaje artístico que es lo que tocaba esta noche. Yo no tengo nada en contra del patinaje artístico, me parece muy difícil, espectacular y bonito. Contra lo que me voy a meter ahora es contra los trajes en su vertiente masculina. Además que deberían ser los que primero se dieran cuenta de la imagen que dan. Si quieres que te respeten, empieza mostrando una imagen respetable y no esto:

A mí diréis lo que queráis, pero me parece que vestimentas así distraen más que centran. Además, que en pedrería deben gastarse lo suyo. El que tenga la tienda de lentejuelas en Vancouver se tiene que estar haciendo de oro.

Hay más casos. Pasemos al siguiente: bueno, aquí la verdad es que son los dos. Imaginación hay que tener, pero... ¿dónde queda la dignidad? ¿dónde?

Y es que no hemos hecho más que empezar. Os advierto de que os quedan por ver cosas que os pondrán los pelos de punta. Yo lo advierto porque no quiero que sobre mi conciencia caiga esa carga.

Para muestra, un botón: O acaso no parece el mismo Drácula preparado para darle un mordisco a la sujeta? La verdad es que con este he dudado porque si te metes un viernes por la noche en el metro ves cosas mucho mas horrendas.

En fin, sigamos en nuestro camino de perdición.


Este va más de Freddy Krugger, pero, la verdad, da un poco de lástima por muy sueco que seas, pero en fin, en su casa seguro que están muy orgullosos de que su hijo sea olímpico.

Vamos a por el siguiente: De este hay poco que decir. La verdad es que es un fantoche con todas las letras. No haré chistes fáciles, pero alguien que se viste así los merece. Esterotipo, que eres un estereotipo!!



Sigamos avanzando por la senda del despropósito:


Este es cierto que le han pillado en medio del giro y tiene una cara chunga, pero aunque no estuviera girando va vestido de tío chungo. Yo si me cruzo con alguien así por la calle sentiría miedo.

Ya vamos terminando.


Aquí tenemos a uno vestido de romano que siempre luce mucho. Si vas a ir disfrazado, pues ve disfrazado. Este por lo menos no lleva a equivocaciones ni dobles sentidos.

La penúltima foto es ésta:
Tampoco lleva a ningún equívoco. Puestos a hacer el payaso, la mejor forma es vestido como tal. Este es un hombre que se viste por los piés, aunque en la foto no se ve si los zapatos son también de payaso o no...

En fin, es costumbre dejar lo mejor para el final. Llevo un buen rato mirando y no he conseguido saber si es un tío o una tía. Si es un tío, sobran los comentarios y si es una tía... sobran los comentarios.

E(u)logio. Desagravio

Se ve que una no puede tomarse una licencia poética en forma de sable. Os lo tomáis todo taaan a pecho y taaan literalmente. En fin, ante la lluvia de críticas, asombros y vergüenzas se me ha sugerido aclarar el asunto en forma de post en lugar de como respuesta a otro ya olvidado (ND avergonzado dixit).

Al grano, el hecho es que NO hubo tal sable. Cortamos la tarta, sí, pero con un cuchillo. El caso es que a mí me sorprendió tanto tener que cortarla (jamás pense que tendría que hacerlo, ni se me ocurrió preguntar, pensé que en semejante sitio no nos someterían a tamaña cosa) y me parece tan terrible haber caído en el fragor del momento (yo me bloqueo con los nervios) que para mí lo de menos era el tamaño del instrumento. De haber sido un bisturí estaría igual de avergonzada.

Pero parece ser que a ND sí le importa el tamaño (¡hombres!) así que aquí dejo la aclaración. Para que jamás oséis dudar de su buen gusto de nuevo (del de ND, claro) aquí os dejo otra de las perlas de Eulogio. Al final de la velada un emocionado Eulogio se acercó a mi ND, que había elegido la música de la ceremonia, a felicitarle y, conmovido, le dijo lo bonito que había sido todo pero que 'ya, con Boccherini, me has conquistado'.

P.D. Peter, estuve a punto de dedicarte el post. No me atreví entonces, así que te dedico ahora la aclaración.

IF

Hoy he vuelto a releer este poema que me parece épico. Os lo pongo por si os gusta.

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies,
Or being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise:

If you can dream - and not make dreams your master;
If you can think - and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build 'em up with worn-out tools:

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: 'Hold on!'

If you can talk with crowds and keep your virtue,
' Or walk with Kings - nor lose the common touch,
if neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that's in it,
And - which is more - you'll be a Man, my son!

Rudyard Kipling.

Pues, eso, you'll be a Man, my son.

E(u)logio

No sé si conoceréis a muchos Eulogios. Yo sólo a uno y he de decir que es único e incomparable.

Eulogio es todo un tipo. Gracias a él mi boda ganó muchos puntos. Lo encontramos por casualidad, nos lo recomendaron. Yo creo que no hubiéramos dado con él por nuestra cuenta. Es más, no sé cómo no salimos corriendo de su ¿estudio? después de nuestro primer encuentro. Supongo que fue porque con tanto preparativo pasábamos de complicarnos más la vida. Menos mal que no lo hicimos.

En ese primer encuentro nos enseñó cientos de fotos de boda de esas terribles del tipo novia agachada sobre un arroyuelo y tomando agua con sus manos (lo juro, había una) o pareja dándose un beso bajo un arbusto en forma de corazón. Todo esto con mucha parsimonia. Porque él es así, tranquilo. Ponía una foto sobre la mesa, la dejaba unos segundos, nos miraba, la retiraba, tomaba otra foto… Se me hizo eterno.

Pero no acabó ahí la cosa, no, es que además me preguntó si tenía maquilladora. Porque su mujer lo es. Así que también nos hizo un despliegue de fotos de novia antes y después. ¡Dios mío! Aquello sí que era para echar a correr. Yo concluí que las novias, además de viejas (¿no os parecen últimamente las novias muy viejas?) estaban maquilladas también para la foto del antes. No he visto nunca tanto grano, arruga e imperfección facial juntos.

Así, en estado de shock tras tan tremenda experiencia, no nos quedó más remedio que contratarle. Y tan tranquilos nos quedamos. ‘Otra cosa más que tenemos cerrada’. Eso sí, mi cara no cayó en manos de su mujer. Me dan escalofríos sólo de pensar que ahora mismo otra pareja horrorizada podría estar viendo un retrato mío antes de con ojeras falsas hasta la barbilla y una cicatriz recorriéndome la cara.

Así, despreocupados por el fotógrafo, fueron pasando los meses y llegó el ‘gran día’. No sé vosotros pero yo en las bodas me he encontrado dos tipos de fotógrafos: el profesional-profesional que lleva un traje decente y discreto, como todo él, sin estridencias; y el ñapas, que lleva un traje que heredó de alguien dos tallas más grande, un pelo ni largo ni corto recogido en una coleta que agarra menos pelo del que deja suelto y, generalmente, deportivas. Supongo que el segundo además se cree un ‘artista’.

Pero no, Eulogio no es de ninguno de los dos. Él llevaba una chaqueta sport en pata de gallo de un color marrón indefinido, unos pantalones beige y una camisa blanca. Así que no me extraña que mi suegra pensara que se trataba de un curioso del pueblo cuando, supongo que hecha un manojo de nervios, nota cómo alguien le coloca la chaqueta por detrás y, al volverse asustada, se encuentra a un perfecto desconocido que le dice en algo similar al francés ‘impeccable’. Resulta que Eulogio tiene pasado: antes de fotógrafo fue modisto.

Durante la ceremonia se mantuvo muy profesional, tomo sus fotos y no estorbó. Lo que cabe esperar de un fotógrafo en una boda. Lo bueno vino después, en la inevitable y eterna sesión de fotos fue cuando descubrimos al auténtico Eulogio. Además de modisto resulta que debió de ser también clown. Quién nos lo iba a decir a nosotros tras su calma y seriedad durante la 'contratración' ¡Qué payaso! Para cada foto colocaba al grupo por colores, atusaba pelos, recomponía trajes… y finalmente ponía las caras más absurdas para conseguir que todo el mundo apareciese sonriendo en la foto. Cualquier cosa para conseguir un grupo armonioso y feliz. Un genio. A mí me recolocó el vestido mil veces y hubo quién me preguntó que qué hacía el fotógrafo metiéndome mano. Pues arreglar el desaguisado que me hicieron en el vestido, que en las fotos ni se nota.

Sin embargo lo mejor de Eulogio vino al final. Llegado el momento de la tarta y cuando ya estábamos dispuestos para cortar, sable en ristre (¿por qué no me negué a lo del sable?), y con todo el mundo mirando, se oyó a Eulogio decir ‘un momento’. Entonces abandonó su puesto y se me acercó. 'Ya está, aquí viene otra vez a meterle mano a mi escote', pensé yo. Pues no, se puso a desplegar una especie de joyero de viaje de esos que se enrollan sobre sí mismos y de allí sacó un papelito de arroz ¡para quitarnos los brillos de la cara! ¿Es o no es Eulogio un profesional?

Como imaginaréis las fotos son perfectas y nos las dio en un álbum que guardó en una bolsa/bolso de piel que fue otro de sus toques de maestro. Eso sí, las fotos tienen un formato cuadrado para el que no existen marcos. Ya sabéis ‘nadie es perfecto’.

Dresde desde el recuerdo


La semana pasada no pude torturaros con nada debido a que estuve de viaje de trabajo en Dresde. Con el reposo que da el recuerdo tengo que confesaros que lo de viaje de trabajo define casi perfectamente lo que fue: viaje y trabajo.

Durante el viaje de ida hicimos escala en Múnich y tardamos una hora más en salir porque tenían que deshelar los motores y las alas. La verdad es que muy tranquilo no te dejan esas palabras. Finalmente llegamos a Dresde y nos encaminamos al hotel NH Dresde que estaba ubicado en un precioso polígono industrial entre una subestación eléctrica, las vías del tren y un Lidl. El hotel estaba bastante bien, pero alejado de todo (excepto del Lidl). Decidimos irnos al centro de Dresde y dar una vueltecita. Había nieve y hacía bastante frío. Después de dar un par de vueltas por el centro y ver que a las 7 ya está todo cerrado nos metimos en un restaurante a cenar. La cena estuvo bastante bien: cerveza, carne y patatas además de una especie de torrijas alemanas que tienen su puntillo. Visto que no había nada que hacer por ahí volvimos al hotel a dormirnos y preparar la reunión del día siguiente.

Cuando os he dicho que el hotel estaba bien he omitido un detalle trascendental que es común en todos los hoteles alemanes. Todos tienen en la cama un 'enredón' que tiene exactamente el tamaño del colchón, sin que caiga nada por los lados. Supongo que es cosa de la eficiencia germánica. El problema aparece cuando uno se mueve por la noche o tiene, como es mi caso, más tamaño que el colchón. Decidí meter el edredón por debajo del colchón para no quedarme con los piés al aire teniendo como consecuencia que el edredón no me llegaba más allá del ombligo. Capítulo aparte merecen las almohadas, son de plumas ypor más almohadas que apiles (tres en mi caso) sigues dando con la cabeza en el colchón, eso sí, bastante más axfisiado que si no tuvieras ninguna. En fin, que dormí fatal.

Durante los dos días siguientes el plan fue reuniones y más reuniones además de una cena de inicio del proyecto a la que nos invitaron los alemanes. Tengo que hacer una loa a las sopas que nos pusieron para comer en las reuniones porque yo hacía mucho que no probaba sopas tan ricas. De hecho el segundo día sólo comí sopa, dos platos.

Veréis que no hablo mucho de Dresde, pero es que pudimos ver muy poco, aunque lo que vimos por fuera tiene muy buena pinta. Es una ciudad muy bonita. Paseamos entre las tiendas cerradas y nos maravilló encontrarnos una tienda de porcelanas en la que el perro de la foto de unos 20 cm de altura, que en mi casa el único sitio en el que la pondría sería debajo de la cama, tenía un precio de... 3800€

Notamos que estaba llena de policías y nos comentaron los alemanes que el sábado era el aniversario del bombardeo y que había manifestaciones de nazis y de antifascistas.

Finalmente llegó la hora de regresar. En primer lugar he de reseñar un detalle del líder del proyecto que no me gustó nada. Sabía que había problemas en los aeropuertos y no dijo nada para que nos centráramos en la reunión. Claro, como él se iría a dormir a su casita con su edredoncito...

Con la incertidumbre de si saldríamos o no nos marchamos al aeropuerto de Dresde y cuando llegamos nos comunicaron que los vuelos a Múnich estaban cancelados. Nos cambiaron el vuelo por uno a Frankfurt y otro de allí a Madrid. Tuvimos que esperar casi cinco horas para salir de allí viendo por la ventana estampas como esta:


No teníamos muy claro que fueramos a salir de ahí, pero cosas del azar, de la tecnología o simplemente de la suerte terminamos aterrizando en Frankfurt de donde os puedo mostrar este otro documento:

En fin, tampoco quiero aburriros. El caso es que no llegamos a Madrid hasta las 2 de la mañana. No pude comprar salchichas, no pude prácticamente cenar y luego en casa no pude prácticamente dormir, pero eso es otra historia y esto va quedando largo. Para terminar sólo os diré: ¡Viva la sopa y la cerveza alemana! (no necesariamente en ese orden)

El passe-partout, ese gran desconocido


Hoy os voy a hablar de otro gran desconocido, bueno de cientos de desconocidos, que son las palabras en francés relacionadas sobre todo con la costura y las telas, pero que se extiende a todo un vasto universo de conocimientos. Respecto a la foto del post, es que no he podido resistirme. Puse en google 'paspartu' y me apareció el gran Camilo. ¿A que mola?

Entrando ya en materia os diré para los que seáis igual de ignorantes que yo, que el passe-partout es ese añadido, normalmente en colores crema, que se sitúa entre el cuadro y el marco. Vamos, un reborde, pero más fino. Os diré también, aunque de eso me acabo de enterar, que el diccionario lo recoge como paspartú.

He de reconocer ante vosotros que Anniehall me asombra cuando empieza a hablar con todos estos palabros con su madre o con la mía.

Me estoy refiriendo a palabros como 'evasée', 'lamé', 'canotier', 'drapeado', 'macramé', 'cretona', 'organdí', 'plisé', 'cheviot' y yo que sé cuantas cosas más. Eso por no hablar del ojo de perdiz y de la pata de gallo términos para mí totalmente incomprensibles por no hablar de tejido 'príncipe de gales' porque a mí que no me vengan a decir que el Príncipe de Gales no vistió en su vida nada más que un traje.

Es algo que me maravilla. Simplente me parece algo maravilloso y, por supuesto infinitamente más interesante que una charla en jerga de informáticos o que la jerga del mundo del deporte.

El problema viene cuando me dice alguna frase del tipo: '¿Me puedes pasar la falda esa de cheviot, la de ojo de perdiz?' que a mí me suena como'¿Me puedes pasar la falda esa de ese señor con pico de gallo y ojo con las perdices?'. Me quedo paralizado (supongo que con cara de terror) poniendo una cara de 'si me hubieras explicado la teoría de cuerdas lo habría entendido mejor'.

No estoy hecho para este tipo de cosas. Me encantaría saber qué es un cheviot o qué aspecto tiene una falda príncipe de gales evasé, pero no puedo. Muchas veces Annie me explica las cosas y yo soy incapaz de imaginarme lo que dice. Supongo que soy incapaz porque cuando me pongo a imaginarme algo con esas palabras me salen engendros estrafalarios tipo 'fura dels baus'. Me dice algo como he visto una chaqueta de chinilla con unas presillas y algo evasé pero no me la he comprado porque parecía de rayón (o algo parecido) y me imagino algo así:


Como sé que Annie tiene buen gusto (excepto conmigo) entiendo que es simplemente un problema de mi ignorancia y de mi imaginación. Esa incapacidad de imaginarme la ropa por las explicaciones que da creo que es algo que siempre tendré. Es como lo de 'Amanece que no es Poco': 'Cojito para toda la vida'.

En fin, os dejo que he quedado con el príncipe de gales para ver si con unas patas de perdiz y un poco de canotier nos damos un plisé de tres pares de cheviots y nos encotramos en el organdí una cretona que tenga los ojos de gallo.

Casi 20 cosas que me hacen pensar que me hago mayor

  1. Desconfiar cuando me encuentro a un profesional (qué sé yo, un médico) que me parece un crío y asombrarme cuando compruebo que sabe lo que se hace.

  2. Cabrearme porque todos los dependientes, camareros… son unos maleducados y ofenderme cuando no me tratan de usted.

  3. Rara vez escuchar música en la radio y casi siempre noticias o tertulias.

  4. Sentirme incómoda al acostarme en una cama sin hacer. Hacer la cama sólo para cambiar las sábanas ya no mola nada (de esto ya os habló ND).

  5. Levantarme más tarde de las diez y tener la sensación de haber perdido el día.

  6. Darme cuenta de que hace tiempo que los años dejaron de empezar en septiembre y acabar en junio.

  7. Comprobar, gracias a ND, que los que empezaron este año la universidad nacieron ¡en los noventa!

  8. No enterarme en absoluto de cómo va el sistema educativo actual. ¿Primaria? ¿Bachillerato? Ya me veo preguntándole a C ‘Entonces ahora, ¿qué te toca? ¿la reválida?

  9. No encontrar en las tiendas de ropa nada que no me parezca un zarrio.

  10. Utilizar palabras como ‘zarrio’.

  11. Haber dejado de ser capaz de comerme una pizza familiar y un helado de litro yo sola y de una sentada. Si pido entrante no llego al postre y viceversa.

  12. Comprobar con tristeza que, misteriosamente, ahora que como menos la comida engorda mucho más.

  13. También incomprensiblemente sufrir en mis carnes que el alcohol emborracha más. Así me pasan cosas absurdas como emborracharme después de la segunda caña antes de comer. Igualito que mi madre cuando dice ‘ay, hija, me parece que estoy piripi’. Con lo que yo he sido.

  14. Teñirse el pelo ya no es un capricho para cambiar un poco. No, ahora es un cuidado de primera necesidad como cortarse las uñas o lavarse los dientes. Creo que la única razón por la que me alegro de no haber tenido mucha vida social en los últimos meses es el haber ahorrado a mis conocidos mis pintas cabelliles hasta la semana pasada. Decir que parecía la novia de Frankenstein, Antoñete o, peor, El Puma, sería llamarme sofisticada. Mi imagen era más bien la de una de esas locas que escarban en los contenedores para llevarse más guarrerías a su casa hedionda infestada de gatos.

  15. Siguiendo con los pelos, ahora cuando entro en la peluquería rezo por salir pareciéndome más a la vieja con cardado sentada a mi derecha que a la adolescente desganada que tengo a la izquierda.

  16. Pensar que es imposible que el tanga y la hucha que se le ven a la adolescente desganada por encima de los vaqueros le resulten sexies a nadie sobre la faz de la tierra.

  17. Estar tentada de ofrecerle mi bufanda para que se tape la lorza que dejan al descubierto unos vaqueros demasiado bajos y un plumas demasiado corto. Si llevas plumas, gorro, bufanda y guantes, ¿por qué coño te dejas la panza al aire?

El Gin Tonic, ese gran desconocido


Este fin de semana me he tomado dos gin tonics en Ávila. Ni puedo recordar cuanto hace que no me tomaba dos gin tonics fuera de casa. Tampoco creáis que en casa me los atizo uno detrás de otro, pero dado que lo de ir de bares en Madrid es algo que está desterrado hasta, supongo, que me toque ir a por uno de mis vástagos que esté en algún bar en un estado lamentable, pues tenemos la botella de ginebra y las tónicas junto con alguna lima roñosa en el frigorífico.
Precisamente mientras nos tomábamos el gin tonic pensábamos en que esta es una bebida que está asociada a nosotros más o menos desde que nos conocimos. Yo me inicié en la bebida con el ron. Siempre me gustó mucho el ron con limón. Luego, por razones de botellón y de que a la mayoría de mis amigos les gustaba el DYC, me pasé al DYC, pero con limón. Por aquellos entonces la ginebra quedaba para cuando se acababa cualquier otro tipo de bebida. Poco a poco le fui cogiendo gustillo. La verdad es que molaba en los tugurios esos por los que iba pedirse un gin tonic y ver como resplandecía con la luz negra discotequera. Me gustaban siempre que no me pusieran nordic mist, tónica que aborrezco profundamente.
Poco a poco fuimos retirándonos de la vida del bar de copas y apreciando más un gin tonic en copa de balón. Al principio, el colmo de la sofisticación era pedirse un bombay sapphire. Yo me aficioné a hacer de barman en casa y los preparaba con un poquito de zumo de lima o de limón o de los dos en vasos llenos de hielo. No es por presumir, pero a mí me parecía que estaban muy buenos.
El cúlmen del gin tonic de bombay sapphire se produjo durante una memorable cena en el restaurante Viridiana al que, por cierto, vamos a volver con mis padres el próximo sábado, regalo de navidades de mi hermano. Fue memorable, en primer lugar, porque en pocos sitios he cenado tan bien como allí, fue memorable porque coincidimos casi todos de los de la mesa cero del blasco y fue memorable porque nos encasquetamos un gin tonic cada uno por el que nos clavaron 18 € por barba. El gin tonic fue de bombay porque no me atreví a pedirme uno de tanqueray ten porque no fuera demasiado caro. Ahí fue donde probé por primera vez la tónica fever tree y la verdad es que estaba buenísimo.
Una vez que entras en el mundo del sibaritismo del gin tonic te das cuenta de que es un mundo sin límites en el que el número de ginebras y de tónicas así como los aditivos más o menos extravagantes son innumerables. El siguiente paso fue descubrir gracias a Sheldon la ginebra Martin Miller's una auténtica obra de arte. Yo sigo pensando que es la que más me gusta, sobre todo en el bar de Ávila donde nos la ponen a 5,5€ la copa de la versión cara. En ese mismo bar tomé el sábado una G'Vine con fever tree y pepino. Sí, pepino del de las ensaladas. Buenísima. El caso es que nos quedamos con ganas de más y nos fuimos a otro sitio en el que nos pedimos otra. El camarero nos iba a poner el gin tonic de toda la vida, con su rodaja de limón incluida, y un compañero suyo le echó la bronca porque así no se hacía, que había que machacar unas uvas en la copa en lugar del limón...
Hay que reconocer que estaba buenísimo y que es una ginebra que tiene algo especial, pero ya se me va alejando de lo que considero un gin tonic. Estas navidades mis suegros me regalaron una botella de Hendrick's que todavía no he estrenado, pero entre cuyos ingredientes están el pepino y las rosas, seguro que está buenísima.
En fin, que esto va quedando largo. Para resumir, como ya habéis notado, me gusta el gin tonic. Me gusta tomármelo con mucho hielo en una copa ancha y con una rodaja de lima exprimida, pero estoy abierto a otras propuestas y sugerencias...
¡Salud!