Libros de viajes


Una de mis muchas rarezas es que me encanta leer libros de viajes. Bueno, más específicamente me gustan los libros de gente que ha viajado y luego cuenta el viaje. También me gustan los libros que cuentan historias de viajes épicos aunque el que las cuenta no haya estado allí.

Otra de las cosas que me encanta y que está en cierta medida relacionada con los viajes son los mapas, mapas antiguos. Me encanta mirar mapas antiguos, mirar los detalles, los nombres de las ciudades, los dibujos que lo adornan, lo acertado o deformado de sus contornos. Algo así como éste que tengo enmarcado en casa.

Aunque entiendo que es un tema bastante particular y que a casi ninguno de los que lean este post le interesará (aquí hay un poco de soberbia porque es dar por hecho que alguna cosa de las que he escrito es interesante), voy a dar una pequeña lista de libros de viajes que me han gustado. Los numero según voy recordando, no es un top ten.

  1. The Innocents Abroad. Mark Twain. Narra el primer viaje a Tierra Santa de peregrinos estadounidenses. Es un libro tronchante en el que decribe el choque entre el pensamiento americano y europeo. Habla de los precios, de los hábitos higiénicos, de los pobres por las calles. Divertidísimo. Acaba de salir una edición en español que se llama 'Guía para viajeros inocentes'.

  2. 'Siguiendo el ecuador'. Mark Twain. Es que para mí Mark Twain es un genio. Aquí cuenta una vuelta al mundo que dio dando conferencias. También es muy divertido. Como muestra un botón referente a Darjeeling: "I was told by a resident that the summit of Kinchinjunga is often hidden in the clouds, and that sometimes a tourist has waited twenty-two days and then been obliged to go away without a sight of it. And yet was not disappointed; for when he got his hotel bill he recognized that he was now seeing the highest thing in the Himalayas."

  3. El sueño de África. Javier Reverte. Los libros de Javier Reverte me encantan. Mezcla las historias y los relatos de los descubridores y aventureros con sus propias historias y anécdotas al visitar esos lugares. De África tiene otros tres que son muy recomendables: 'Los caminos perdidos de África', 'Vagabundo en África' y 'Dios , el diablo y la aventura'.

  4. Corazón de Ulises. Javier Reverte. Es parecido a los anteriores sólo que discurre en Grecia y Turquía. Muy bueno.

  5. El último lugar de la tierra. Roland Huntford. Cuenta la carrera por la conquista del polo sur entre Scott y Amundsen. Es fantástico. Cuenta como Scott lo hizo casi todo mal, como no tenía dotes de liderazgo, no conocía nada del polo, desdeñaba los consejos de gente que había estado y aún así casi lo logró (bueno, lo logró, llegó al polo y murió al volver).

  6. Atrapados en el hielo. Caroline Alexander. Cuenta la epopeya de Shackelton y su tripulación. Quedaron atrapados en el hielo con su barco que al final tuvieron que abandonar. Estuvieron dos años desaparecidos, finalmente construyeron una lancha y unos cuantos se internaron en las aguas del océano antértico y llegaron a una isla de balleneros. Al final no hubo ni una sola baja. Además iba un fotógrafo a bordo y las fotos son impresionantes.

  7. El Fantasma del Rey Leopoldo. Adam Hochschild. Narra como el rey Leopoldo de Bélgica se hace con el Congo. Y sí, el Congo era propiedad personal suya. Contó con la ayuda de Henry Stanley (el de 'Doctor Livingstone, supongo') que también era una persona con bastantes pocos escrúpulos. Cuenta como nace y se mantiene el Congo que describe Conrad en el corazón de las tinieblas.

  8. Pioneros de lo imposible. Javier Jayme. Cuenta relatos de exploradores algunos conocidos y otros que ignoraba. Está muy bien.

  9. Las Montañas de la Luna. Richard Burton. Viaje de Burton y Speke en el que decubrieron las fuentes del Nilo. Bueno, las descubrió Speke y Burton dijo que no estaba probado... una buena historia.

  10. A Tramp Abroad. Mark Twain. Se me olvidaba. Es un libro divertidísimo, especialmente la parte en que Mark Twain está en Alemania.

En fin, ahí los dejo por si a alguien le interesan.

Arrivederci Roma


Buenos días a todos. Ya estoy de vuelta de Roma. Para empezar diré que lo que más ganas tenía de ver, que era el Panteón, no lo he visto, pero, desde luego no me voy defraudado de la ciudad.

Visité los foros romanos. Es impresionante estar al lado del altar dónde pusieron a César asesinado, visitar la casa de Augusto, ver la columna trajana... tantas cosas maravillosas...

Aproveché de que viajaba con un compañero de trabajo italiano y anduvimos, anduvimos y anduvimos. Estuvimos desde las dos a las siete de la tarde andando y sólo nos sentamos un rato en un bar para turistas en el que nos clavaron cinco euros a cada uno por un helado. Después de visitar el foro por todas partes vimos el Coliseo, aunque sólo por fuera. Nos dirigimos a la via del Corso y pasamos cerca del Panteón, pero no quise ir porque estaba muy cansado y no quería que eso me influyera. Vimos la fontana di Trevi que es absolutamente espectacular, parece que se va a salir de la plaza. Por supuesto, todo estaba cuajado de turistas... españoles. Había manadas de chavales en viaje de lo que fuera por todas partes, había muchos que iban con banderas del Vaticano y de España, vimos a un reportero de Caiga Quien Caiga grabando un reportaje (yo ni siquiera sabía que seguía existiendo ese programa). Llegamos a la Piazza di Spagna donde se había desmayado un tipo y había más gente mirándolo que mirando la plaza. Seguimos hasta la Piazza del Popolo, vlovimos a bajar la vía del Corso y mi compañero decidió que fueramos a ver el Vaticano. cruzamos el Tíber, vimos el castillo de Sant'Angelo (Mausoleo de Adriano, cosa que no sabía el italiano) y llegamos al Vaticano que no me pareció tan impresionante como pensaba. Ves las dimensiones y sabes que es enorme, pero lo vez recogidito. Estaba una orquesta y coro ensayando para una misa, supongo que de Semana Santa. Finalmente de aquí nos fuimos al metro y a Termini. He mirado en Google Earth y el recorrido aproximado que hicimos fue de más de diez kilómetros.

Por otro lado, el hotel Champagne Palace, contra todo pronóstico, no era un prostíbulo. Era un hotel aceptable con la única contrariedad de que el agua caliente caía en forma de hilito minúsculo. En fin, hasta aquí la parte turística del viaje, ahora llega la parte dramática. La parte dramática se relaciona invariablemente con los aeropuertos. Para empezar, mi compañero tenía que facturar su maleta porque ya se iba de vacaciones a Italia. Había facturado on line y sólo tenía que facturar la maleta, pues bien, la cola de entregar maletas era diez veces más larga que la de facturar. Intenté que nos dejaran dejar la maleta en los puesto de facturación, pero fue imposible. Después tuvimos que pasar el control de seguridad. Aquí es donde te das cuentas que somos rebaños de vacas como los de las películas de John Wayne, pero, claro, sin toda la épica de Río Rojo. Te estabulan en fila como si fueras al matadero y se lucha por un hueco y por una bandeja como si te fuera la vida en ello.

Fue bastante desagradable, pero lo pero estaba por llegar, o, más bien, cuando quise volver. Llegué a Fiumicino con unah ora y cuarenta minutos de margen sobre la hora de salida. Los mostradores estaban vacíos y al facturar me dijeron que había overbooking, que si alguien fallaba tendría plaza y que si no, a esperar a otro. Me dijeron que fuera a la puerta D9 y cunado estaba yendo ví en las pantallas que la puerta era la D2, fui a la D2 y no aparecía el vuelo, fui a la D9 y no aparecía el vuelo. Volví a la D2 y... apareció!! Pero eramos solo una decena de personas, entre ellas otras tres que estaban el overbooking. Y, de repente, apareció un rebaño de unas doscientas cabezas adolescentes que echó por tierra cualquier posibilidad de que fuera a haber plazas. Esperamos a que embarcara todo el mundo y quedó una plaza que no fue para mí. Nos dieron la nueva tarjeta de embarque y nos dijeron que en media hora se embarcaba en la D3. Me fui a por un bocadillo cerca de la D9 y volví. Al rato nos dijeron que la puerta de embarque sería la D9... otra vez para allí. Cuando ya llevávamos un buen rato y estaba una azafata tecleando en el ordenador y de auqí para allá como si estuviera descubriendo la cura del cáncer nos dijeron que... fuéramos a la D8!! Nos fuimos y mientras esperábamos decidieron que tenía que facturar mi equipaje de mano. Yo ya no tenía fuerza para protestar y me dejé hacer. Me dieron una pegatina de resguardo que ponía lo siguiente:

'Equipaje facturado según tarifa incluyendo las limitaciones de responsabilidades contenidas en ella. Este no es el billete de equipaje descrito en el artículo 4 del Convenio de Varsovia y revisado por el Protocolo de la Haya de 1955'

Me recordó al no-cumpleaños de Alicia en el país de las maravillas o a Magritte con su 'Esto no es una pipa' Está bien que te digan que no es el billete descrito en el artículo 4, pero te podían decir qué es... es más fácil, porque también te podían decir que no es una lechuga ni un pokemon.

Al final embarcamos con hora y media de retraso más la hora y pico más tarde que salía este vuelo respecto al otro. Al ir a embarcar dije que si la maleta la podía meter dentro y me dijeron que no había ningún problema, que había mucho sitio.

En fin, esto va quedando largo. Como experiencia positiva está Roma. Además me estaba leyendo un libro con citas célebres de Mark Twain y aquí os dejo esta con la que me estuve riendo un buen rato:

It reminds me of the man who was reproached by a friend, who said,

"I think it a shame that you have not spoken to your wife for fifteen years. How do you explain it? How do you justify it?"

That poor man said,

"I didn`t want to interrupt her."

Librillo de estilo

Queridísimo Sr. Cachivachex,

De sobra sé que en tu mundo no hay mucho sitio para la diplomacia y que, tal vez, en esa tu burbuja la educación más básica no tenga lugar. A pesar de ello me voy a permitir hacerte una serie de recomendaciones por si quieres que en el futuro este tipo de comunicaciones, llamémosle comerciales, tengan el éxito esperado.

La primera, sobre las introducciones. Está bien ir al grano y ser directo, sí, nada peor que un rollo preliminar absurdo, falso y que resulte cansino. Pero, querido, hace años que no nos vemos ni sabemos de nuestras vidas así que no estaría de más un ‘¿Cómo estás? Te escribo este correo para…’. No hace falta entrar en detalles pero qué menos que interesarse por el que te lee.

La segunda, sobre el uso del imperativo. Obviamente el propósito de tu misiva es procurar que el mayor número de gente conozca el cachivache en cuestión. Eso lo tienes clarísimo. Pero, ¿qué tal una invitación? ¿y una sugerencia? Ya veo que no, tú como buen castellano austero y directo le das al imperativo y me conminas primero a visitar, para después apremiarme a reenviar (sobre esto hablaré después) y finalmente exigirme la adhesión. Pues, chato, conmigo en ese plan vas dado. No sé si el resto de tu lista de correo será como yo, pero de mí, si en lugar de invitarme me exiges, no conseguirás nada. Es más, hace tiempo que borré tu correo sin por supuesto visitar los enlaces. Además no tengo Facebook. Va a ser que no sabías que no estoy entre tu público objetivo.

La tercera, sobre el abuso. No contento con casi obligarme a conocer las supuestas bondades de tu producto vas y me ordenas que reenvíe tu correo a todos mis contactos. ¿Pero de qué vas, tío? Bastante tengo con aguantar yo este compendio de mala educación, concentrada eso sí, para además tenérsela que dar a conocer a mis contactos. ¿Para qué? ¿Para que vean hasta qué punto se puede llegar en falta de educación y de visión comercial? ¿Para que descubran la clase de gente que conozco? Pues mira, paso.

La cuarta, sobre la ortografía. Aquí no me extenderé. No ha mucho que me explayé sobre el tema y francamente, ya te he dedicado mucho esfuerzo hoy. En resumen, si Cachivachex se ha construido sobre los mismos sólidos conocimientos que tu correo se construyó sobre ‘empieze’, no me inspira ninguna confianza.

La quinta y última, sobre las despedidas. Del mismo modo que escatimas en introducciones también eres cicatero en las despedidas. Total ¿para qué intentar arreglarlo al final si ya la has cagado en el resto? Como no pierdo la esperanza, ilusa que es una, no dejo de recomendarte que en próximas ocasiones consideres incluir un agradecimiento y despedida del tipo ‘Agradeciendo el interés y el tiempo que me has prestado me despido y te envío un afectuoso saludo’ o algo similar. Si quieres no ya en atención al otro y su tiempo sino, con un fin del todo mercantilista, para que el que te lee se sienta al menos respetado y, tal vez, inclinado a prestar atención a tus delicadas sugerencias anteriores. A lo mejor estoy hecha una antigua pero a mí esas cosas me importan, ya ves tú.

Esperando que mis recomendaciones hagan mella en ti me despido. En caso contrario, por favor, abstente de comunicarme tus próximas aventuras patentadas.

Todo esto viene a que hace unos días recibí lo que reproduzco a continuación:

“Esto no es spam, ni ninguna cadena.

Os mando directamente este correo con un link de la página de Cachivachex para que la visitéis y la reenviéis a vuestros contactos. Parece que hay que generar tráfico en internet para que empieze a aparecer en google y se dé más a conocer. Si teneis facebook uniros al grupo.

Hay más información del invento en facebook que en la página.”

A continuación incluía el link que como ya habréis adivinado no tenía la más mínima intención de incluir en esta entrada ni en ninguna.

El contador de visitas


Estoy fascinado por el contador de visitas del blog. Bueno, por el contador y por el mapa de la gente que visita la página. Me alucina ver que gente de los más recónditos lugares se interesa, aunque sea momentáneamente por nuestra página. Tenemos un visitante de Montain View (o Mount View) que sólo por el nombre del sitio ya hay que tenerlo en cuenta. Hay otros que son bien conocidos y cuando sale (como hoy) una visita en C Real ya sabemos quién es, o no, porque esto se basa en suposiciones y sólo te da un habitante por ciudad. Hoy he sido yo el primero de Madrid que se ha metido en el blog y ya he copado Madrid para todo lo que queda del día. También tenemos algún visitante de Ávila, mi ciudad de nacimiento, aunque ya cada vez ejerza menos de abulense y más de madrileño.

Hay otras cosas que me fascinan como el tamaño que tiene la antártida en el mapa. Es más grande que todo el resto del mundo junto. Supongo que será cosas de proyecciones esféricas sobre planos y cosas así que a mí me interesan, aunque, como diría Anniehall, es porque soy un excéntrico, aunque yo diría que es por mi afición a los libros de viajes (que también es excénctrico, lo sé).

Ayer aparecía alguien de Valencia que prácticamente se revisó el blog de arriba abajo.

También he de reconocer que hago alguna trampa. Hoy, cuando he entrado el contador marcaba 999 visitantes y he recargado la página para que pusiera 1000. Es una tontería, pero uno es así.

Hay que reconocer que casi todas las visitas son de España, como es lógico. Hay veces que aparecen nombres que no sabes si el contador los ha situado bien en el mapa o es un error. Aparece periódicamente un visitante de Las Rozas, Cantabria, y yo no sé si será de Las Rozas en Madrid. También hay otro de La Mancha en Canarias, aunque no sé si se referirá a La Mancha esteparia, lo cual tendría más sentido para mí.

Hay otras veces que hay visitas fantasma. Cuando nos conectamos via 3G desde casa no aparecemos en el mapa

Es todo un entretenimiento. También culaquiera que entre puede verlo. No tenéis más que pulsar sobre el número de visitas. Que lo disfrutéis, yo ya lo hago.

Comerciales

Lo siento, no me gustan nada los comerciales. No aguanto tener que ir a que un tío me suelte un rollo, muchas veces innecesario e increíble, sobre las bondades de lo que me quiere vender y que además intente congraciarse conmigo llamándome siempre por mi nombre de pila y haciéndose el educadísimo o, peor, haciéndose el súper colegui gracioso.

Entre los que yo me he encontrado hay fundamentalmente tres tipos.

Para empezar tenemos al súper requete pijo. El pijo suele llevar el pelo engominado, ropa con buena pinta aunque sin marcas visibles (a ver cómo se ve la marca de un traje) y un reloj enorme. Puede ser comercial jefecillo acompañando al comercial al que le toca vender. Entonces habla más bien poco. Pero cuando es a él al que le toca vender soltará un rollo plagado de anglicismos, siglas y gilipolleces de escuela de negocios. Él sabe que tú probablemente no las entiendas, es más, espera que no las entiendas y pretende epatarte con eso. A mí me parecen gilipolleces y según las oigo se me van quitando las pocas ganas que me quedaban de oír lo que venía a contarme. Ya os imaginaréis el efecto que su actitud provoca en mis intenciones para comprarle lo sea que quiere venderme.

Luego está el comercial comercial, que suele llevar camisas y corbatas chillonas, traje de color indefinido (¿es a eso a lo que llaman ‘greige’? pues es horroroso) y alguna joya masculina del tipo pulsera de cuero con algún detalle en acero o plata. Además es casi seguro que llevará perilla y tupé o algo similar. Vamos, que es pelín hortera para mis cánones. Éste no mete anglicismos ni rollos de máster en el discurso. Siglas casi seguro que sí. Y luego alegra el rollo con expresiones populares, cuando no tacos, traídas por los pelos y, muchas, mal dichas, como por ejemplo ‘buscarle cuatro pies al gato’. También utiliza palabras que no sabe lo qué significan pero que le parece que quedan bien. Con éste en lugar de desconectar y cabrearme me dedico a analizar esas chorradas y me lo paso mejor. Pero no dejo de preguntarme qué ha sido del buen gusto y de la discreción. Leche, si no sabes lo que significa algo mejor no intentes colarlo no vaya a ser que el de enfrente sepa más que tú.

Como además soy mujer en un mundo eminentemente masculino, tengo la ‘suerte’ de que cualquiera de estos dos puede revestirse de un papel paternalista y condescendiente (sobre todo si se ven mayores que yo) en plan ‘no te preocupes, pequeña, que yo tengo el culo pelao de ver estas cosas y voy a enseñarte lo que de verdad necesitas saber’. Y no, no están intentando ligar. Bueno, ahora que lo releo a lo mejor sí lo intentan pero mi cerebro prefiere hacer oídos sordos y concentrarse en otras cosas, porque ¿ligar con cualquiera de esos dos especímenes? ¿También hablarán en siglas en su vida diaria? ¿Usarán las chorradas del máster para planificar el fin de semana? Por Diosssss.

Por último están esos tíos que saben de lo que hablan, te cuentan con franqueza lo bueno y lo malo de su producto (supongo que por eso hay pocos, no duran), son educados sin rozar el servilismo y además se expresan con corrección y sin concesiones a las chorradas. De estos no podría deciros la ropa que visten o cómo se peinan. Simplemente no me fijo. Consiguen que me centre en lo esencial y, a veces, hasta les agradezco lo que he aprendido.

El bocadillo, ese gran desconocido


Hoy me propongo hablar sobre algo que me puede crear conflictos familiares, pero como dijo aquel: 'Audaces fortuna iuvat'.

Yo ya sabía lo que era un bocadillo. Para mí un bocadillo es algo bastante simple. algo como dos trozos de pan y cosas dentro. Normalmente pocas cosas y sin salsas ni aderezos. Os pondré un ejemplo: un bocadillo de salchichón es pan, salchichón y pan; un bocadillo de queso es pan, queso y pan; un bocadillo de jamón es pan, jamón y pan. Admito ciertos cambios como el bocadillo de jamón con tomate o anchoas con tomate, pero no admito echarle salsa 'ranch' y demás guarrerías a las que tan aficionada es Anniehall.

Para ella un buen bocadillo de salchichón tiene que tener mantequilla (sí, como cuando éramos chavales y nos ponían las mediasnoches en los cumpleaños) y, si es salchichón ibérico, pues miel sobre hojuelas. Yo, cuando veo algo así me rebelo y me rebelo como Manolo Escobar y le digo: 'sólo pondrás mantequilla a un bocadillo de salchichón ibérico por encima de mi cadáver', aunque, claro, al final hace lo que le da la gana.

Cualquier cosa tiene cabida para un bocadillo de Anniehall. Pon tres o cuantro cosas totalmente incongruentes entre pan y para ella será delicioso. Algún ejemplo podría ser: mantequilla, mayonesa, salchichón y sardinillas; (¡uhmmm, qué delicia!) otro podría ser de lechuga, chorizo, mostaza dulce y alubias. En fin, os hacéis una idea. Cosas que para mí mancillan el buen nombre del bocadillo.

Recuerdo una vez que nos íbamos de viaje a Portugal y yo tenía que pasar por casa, prepar los bocadillos, recogerla e irnos pitando. Hablé con ella por teléfono y me dijo que quería un bocadillo de queso con aceite de oliva y tomate. Se lo volví a preguntar y me dijo que sí, que sí, que muy rico, que el queso con un poquito de tomate y un chorrito de aceite de oliva era riquísimo. Yo me atuve a su receta y se lo preparé tal y como me dijo.

Paramos en un área de servicio y cuando ve su bocadillo me dice: '¿Pero esto qué es?' en plan Matías Prats. Yo tuve fuerzas para decir: ' lo que tú me has pedido, cariño'. El diálogo siguió:

- Pero, ¿no te pareció raro?
- Pues claro que sí, por eso te lo repetí.
- Ay! Es que me equivoqué y en vez de queso quise decir jamón york.
- Si me lo imaginé, pero como insististe y te haces esos bocadillos tan raros...
- Pues está bueno.
- Pues me alegro.

Además, por si no fuera poco, me acosa y se burla de la simplicidad de mis bocadillos. Normalmente compro jamón serrano para hacerme bocadillos y miro en el súper si está muy crudo o no, si tiene un poquito de veteado, cosas así. Y ella se ríe de mí mirando los paquetes de jamón diciendo 'ya está el gourmet del jamón malo!!, si es malo no hay tanto que mirar!!'.

Lo que os dije, yo, hasta que conocí a Annie, no sabía lo que era un bocadillo, aunque ahora que lo sé prefiero aún más lo que tomaba antes. Llamemoslo... bocadillo AC (Antes de Conocer_a_Annie)?

Acabo de arreglar una DS con una goma de borrar

Pues es tal y como pone en el título del post. Hace un tiempo se le rompió la DS a mi madre y sin decirme nada la mandó a arreglar al servicio técnico y le dijeron que por arreglarla tenía que apoquinar 85€. Yo puse el grito en el cielo porque soy fan de dealextreme y hace tiempo, cuando mis vástagos rompieron la nuestra, fui capaz de cambiarle la carcasa y arreglarla. Fue una operación muy delicada porque yo nunca he sido especialmente hábil, pero lo conseguí y me quedé muy a gusto, al igual que mi señora que pudo comprobar cómo no todo lo que toco termina como el pasaplatos.

El caso es que me daba la impresión de que lo que estaba mal era la pantalla y sin necesidad de un segundo diagnóstico pedí por 14$ una pantalla a dealextreme. Llegó la pantalla y no me veía con fuerzas para intentar arreglar el desaguisado.

Cuando por fin me puse conseguí desmontarla enterita y cambiar la pantalla y soldarlo todo como un profesional. Al intentar volver a poner la carcasa me cargué el cable de un altavoz y tuve que volver a cablear y a tener más cuidado. De todas formas mis problemas no habían hecho más que empezar.

El cable (bus, que dirían los expertos) entre las dos partes de la consola es retorcido a más no poder y hay que retorcerlo aún más para hacerlo pasar por la bisagra, una vez conseguido y cuando ya me veía triunfante y había cerrado la carcasa y todo y vi que funcionaba perfectamente me di cuenta de que se me había olvidado conectar la pantalla táctil.

El conector de la pantalla táctil es del tamaño de... bueno, es tan pequeño que ni siquiera creo que tenga tamaño. Además tiene una especie de presilla que deben conectar chinos pigmeos o fábricas de esas de esclavitud infantil, porque si no no entiendo como alguien puede meterlo. El caso es que de insistir e insistir terminé rompiendo el conector.

Mi primera reacción fue de pánico, pero una vez sereno me acordé del mejor amigo del hombre chapuzas como yo: la cinta americana. Pertrechado de cinta americana intenté fijar el cable al conector y lo hice con bastante limpieza, pero no era suficiente. Pensé en buscar ayuda en el otro gran aliado del chapuzas: el superglue.

Necesitaba algo que hiciera fuerza... entonces se me ocurrió!! (bueno, es una licencia de escritor porque realmente la idea me la dio un compañero del trabajo que es un hacha). Si fuera capaz de cortar un trozo de goma de borrar del tamaño adecuado podría presionarlo entre el conector y la carcasa. ¡¡Dicho y hecho!!

Corté la goma, volví a montar la carcasa y... se me había olvidado colocar el botón del sonido.
Desmonté la carcasa, puse el botón del sonido, monté la carcasa y... no puse bien el botón de encendido.
Desmonté la carcasa, puse el botón de encendido, puse el del sonido, cerré la carcasa y... se me cayó la goma.
Desmonté la carcasa, puse la goma, monté la carcasa y... los dos botones se me habían salido.
Desmonté la carcasa, me cagué en todo, lo puse todo bien, cerré la carcasa y... el tornillo era demasiado pequeño para enganchar bien y apretar la goma.
Desmonté la carcasa, que noooooo, busqué un tornillo más grande que iría en otro sitio y... ¡¡¡FUNCIONÓ!!!

En fin, quería haceros partícipes de este pequeño paso para la humanidad pero un gran paso para mí.

Respecto a la goma de borrar, os diré que me la dieron cuando nos cambiamos de oficina hace 7 años y pico y todavía estaba envuelta en su celofán original después de dos traslados más de edificio y de despacho. Predestinación? Síndrome de Diógenes (¡qué injusticia con el pobre Diógenes!, aunque eso lo dejaré para otro post)? No sé que pensaréis, pero yo. a partir de esta experiencia ni navaja suiza ni tonterías: goma de borrar. Esto no lo supera ni McGyver!!

Estimada señora Aguirre

En primer lugar le diré que soy una de sus votantes. No le digo esto porque piense que le vaya a importar lo más mínimo, mucho me temo que no será así, sino para que no pueda objetar a las siguientes líneas que soy uno de esos sindicalistas boicoteadores de los actos de su sufrido consejero Güemes. Es curioso, porque hasta ahora el susodicho despertaba en mí cierta lástima cuando le veía peregrinar de acto en acto perseguido por los 'pancartistas' profesionales.

Supongo que debería haberme hecho sospechar la curiosa manera que tuvo de cumplir su promesa electoral de acortar las listas de espera quirúrgica por la vía del cambio en la manera de hacer el cómputo, en lugar de aplicarse en una reducción efectiva de la misma. Tal vez sea yo una excéntrica, pero si me dijeran que me tienen que operar empezaría a contar los días desde ese mismo momento. A lo mejor el común de los madrileños empieza la cuenta el día que le hacen las pruebas preoperatorias. Discúlpeme la rareza en ese caso y felicítese por su logro.

A pesar de todo pasé por alto semejante indicio y seguí haciendo uso confiadamente del Servicio Madrileño de Salud e incluso asombrándome porque hubiera gente empeñada en decir que su intención oculta no era otra que privatizarlo. Hasta ahora no he tenido que pagar ninguna de las prestaciones recibidas en el susodicho servicio y se nos atendía, a mí y a mi familia, con aceptable dedicación y profesionalidad.

Así, llegó un día en que tuve que llevar a mi hijo a una consulta de neurología infantil en el Hospital del Niño Jesús. Acudimos a la cita presos de cierta inquietud pero confiados en que algún profesional nos sacaría de dudas y tranquilizaría nuestra angustia. Nada más lejos. Allí, dos personas a todas luces inexpertas tanto en lo médico como en lo humano no sólo no nos aclararon nada sino, lo que es peor, nos generaron más desazón de la que llevábamos y solicitaron varias consultas y pruebas adicionales antes de diagnosticar nada. Con suerte, tendremos los resultados y la próxima cita neurológica cuatro meses después de la primera. Compréndame, sé que es muy probable que sean necesarias esas otras pruebas para poder hacer un dictamen acertado. No me quejo porque no tengan los datos para formarse una opinión, sino que lo que me molesta es que la actitud de los médicos ante unos padres preocupados fue la de mostrar gran inseguridad en sus propios conocimientos y en el diagnóstico que tenían que hacer, y tratar al paciente y a su familia con total indiferencia hacia sus sentimientos y preocupaciones. Tuvimos que recurrir a un neurólogo de un seguro privado para poder recibir el trato esperado y un diagnóstico profesional. Por suerte, nosotros podemos permitírnoslo.

El último de los acontecimientos motivo de este escrito terminó la pasada semana. Al principio del mes de febrero supimos que el niño debía someterse a una intervención quirúrgica. A los pocos días de saberlo pero desconociendo la fecha de la misma, mi hijo de dos años recibió una carta del señor Güemes preocupándose por su pronta recuperación e informándole de que tenía a su disposición una herramienta para seguir, a través de internet, la evolución de su puesto en la lista de espera. Dado que el paciente no entra a formar parte de la lista de espera hasta que no se le realizan las pruebas preoperatorias y que, en el caso de la operación en cuestión, dichas pruebas tienen lugar el mismo día de la intervención ¿de qué sirve la carta? Comprenda que saber si el Consejero de Sanidad espera o no la pronta recuperación de mi hijo, francamente, me importa poco (y no le digo ya al paciente de dos años) así que la carta me parece inútil.

El miércoles pasado fue la operación. En lo estrictamente médico fue un éxito, no me puedo quejar por ahora. El problema está en los protocolos y preparativos administrativos. Según nos informaron por teléfono, el niño debía estar a las nueve de la mañana en el hospital para el preoperatorio y la operación sería por la tarde. Nadie nos informó de a qué hora es ‘por la tarde’ ni de que podríamos irnos a casa entre el preoperatorio y el ingreso a la una y media. Nadie tuvo la delicadeza de informarnos con antelación para poder organizar nuestra vida de manera que perturbase lo menos posible nuestros quehaceres. Tal vez le sorprenda, pero trabajamos y a nuestros jefes les gusta ver que no nos pagan en vano.

Efectivamente el ingreso tuvo lugar hacia las dos de la tarde. Sin embargo desde entonces y hasta casi las cuatro, que fue cuando finalmente lo llevaron al quirófano, lo único que hicieron fue pesar y tomar la temperatura al niño. ¿Hacen falta para eso casi dos horas y media? Antes de las cinco estaba de vuelta en la habitación y a las seis ya había cumplido todos los requisitos exigidos para darle el alta médica. Sin embargo, hasta pasadas las nueve de la noche no pudimos salir de allí. ¿Por qué? Pues porque la anestesista estaba operando y unos protocolos absurdos indican que esa anestesista tenía que verlo para darle el alta. Esto fue lo que hizo cuando al fin terminó de operar y vino a ver al niño: ‘Bueno, ¿y J cómo está? Ya veo que muy bien'(sin haberlo tocado) '¿ha hecho pis?' (disculpe la crudeza) '¿ha bebido agua?' '¿ha comido? Muy bien se pueden ir’ ¿De verdad no había ningún otro profesional capacitado para pasarse entre las seis y las nueve de la noche a comprobar que se le podía dar el alta?

Siendo esto incómodo y desesperante, lo peor de lo que vimos no fue eso, no. El niño al que operaron justo después que J, al que se veía peor, tampoco recibió la visita de ningún médico hasta entonces. Sus padres estaban preocupados, al niño se le veía mal pero las dos personas que había atendiéndonos no hicieron nada más que decir que había que esperar a la anestesista. ¿No había nadie tampoco capaz de ver a ese niño y tranquilizar a sus padres en la medida de lo posible? Así hubieran podido instalarse antes en una habitación un poco más cómoda que ese box de intervenciones ambulatorias.

A pesar de todo lo relatado arriba sigo pensando que su intención no es privatizar nada (¿querría alguien comprar algo que funciona así?). Lo que pasa es que ya no compadezco al Señor Consejero y hasta me parecen bien las protestas a su alrededor, aunque por motivos equivocados.

Permítame señora Aguirre, para terminar, hacerle unas humildes recomendaciones: menos cartas absurdas e inútiles, menos gasto en herramientas que no servirán de nada si parte del tiempo de espera se permanece en la completa ignorancia sobre la fecha de la intervención y, sobre todo, menos disponer del precioso tiempo de los usuarios sin ninguna consideración. Y más inversión en dotar a los centros de personal capaz de tutelar a los médicos que se están formando, en replantearse protocolos francamente mejorables y en comunicar mejor y con la antelación suficiente a los pacientes cómo tendrán lugar las intervenciones que se les van a practicar.

Sin otro particular, me despido atentamente.

A las barricadas...!!!


La próxima semana son las elecciones al comité de empresa de mi... empresa. Más bien es un conglomerado tipo holding semipúblico de aspecto turbio. En total seremos unos 150-200 trabajadores de lo más variopinto. El caso es que ha habido una movida entre el comité de empresa anterior y el sindicato por el que se presentaba y ha habido una escisión y me han reclutado para la lista alternativa, así que me presento por la CGT (escisón de la CNT) que es un sindicato anarquista, libertario y solidario (como pone en su página web).

Yo me defino más bien como libertario desde el punto de vista de liberal, estoy en contra del poder omnímodo del Estado y parto de que el que mejor administra su dinero es uno mismo. Soy partidario del capitalismo, del mercado libre y de la defensa de los derechos individuales. Creo que cuanto menos Estado mejor para todos. El Estado debería procurar dar seguridad a las personas y a sus posesiones. Hace falta un Estado que imponga las reglas de juego, imparta justicia y poco más. Cierto es que hay que proporcionar otra serie de servicios como infraestructuras, colegios, sanidad, etc., aunque todos estos servicios provienen de una cesión de libertad por parte de los individuos, libertad que una vez perdida es usada por el Estado para extorsionar al individuo y crecer cada vez más a costa del individuo. No creo en la redistribución de la riqueza ni en las subvenciones, creo en el esfuerzo individual, en la igualdad de oportunidades y en la inutilidad y perversidad de la clase política.

En fin, que no soy un sindicalista tipo. Supongo que decir estas cosas no es lo que está de moda. Parece que si quieres ser 'guay' tienes que abogar por quitarle el dinero a los ricos para dárselo a los pobres y tener complejo de culpa por tener una vida más fácil que otros. No es mi caso (aunque lo fue en mi juventud).

En fin, puede que haya gente que después de leer esto me tenga en menor estima, pero es lo que hay.

Voy a ir acortando porque me está quedando bastante denso y yo, normalmente, me voy más por el campo de la anécdota. Bueno, he de decir que mis primeros días perteneciendo a la lista electoral se saldan con una mayor desilusión de la que tenía al principio. Las riñas internas por tonterías son el pan nuestro de cada día en lugar de pensar en trabajar para mejorar.

Veremos en qué acaba esto, compañeros.

Leche, cacao, avellanas y azúcar... Nos-tal-gia

Hoy me ha llegado uno de esos correos que resucitan periódicamente sobre las cosas de nuestra tierna infancia ochentera y los cambios que ha habido desde entonces. En él dicen que ahora la Nocilla se llama Nutella.


Al nombrarla, la Nocilla ha tenido un efecto magdalenoproustiano en mí y me ha retrotraído a mis años de Nocilla, por llamarlos de alguna manera. En mi casa, la que nos gustaba era la blanca. Lo sé, me llamaréis rara por esto. Lo tengo muy hablado y sé que la que triunfa en todas partes es la negra. Será que en casa éramos racistas o, que, para negros, nosotros el del África tropical del Cola Cao, quién sabe. (Vaya, alguien debería patrocinarme esta entrada, pienso).


El caso es que me he puesto a recordar cuando mi madre volvía de la compra y corríamos a ayudarla a sacar las bolsas del coche. Era imprescindible ayudar para enterarse de lo que había comprado. Si entre la compra había Nocilla entonces empezaba la competición. El primero en merendar triunfaba, porque el primero en merendar se hacía un bocadillo con tooooda la Nocilla blanca del bote. He dicho bien, toda. Luego la negra podía quedarse meses criando cristalitos de azúcar en el armario, pero la blanca duraba exactamente un bocadillo. Así que el segundo en llegar a la meta (o sea, al armario de la Nocilla) se quedaba preguntándose, y sintiéndose discriminadísimo, por qué no se hacían botes enteros de Nocilla blanca.


Años después, haciendo la compra, descubrí con alborozo que ¡por fin! alguien había atendido nuestras súplicas. Allí ante mis ojos, tenía un bote entero de Nocilla blanca, inmaculada, sin una sola motita de crema negra que la estropeara. Creo que de haber tenido móvil en ese momento habría llamado a mi hermano para participarle tamaño hallazgo. Yo, que por aquella época andaba bastante gilipollas y alejada de la verdadera percepción de mi propio cuerpo y lo compraba todo light (ahora que soy mucho más consciente y debería realmente hacerlo paso), no pude resistirme y me llevé un bote a casa.


Recuerdo ir en el autobús con las bolsas a cuestas relamiéndome por el festín que me esperaba al llegar a casa. Creo que me faltó tiempo para hacerme un delicioso bocadillo de mi añorada Nocilla blanca. ¿Delicioso? Aquello me pareció un asco. Vaya decepción entre panes me comí aquel día. Esas rebanadas cubiertas de crema blanca borraron de un plumazo mi dulce recuerdo para recubrirlo de cierta amargura. ¿Tan mal gusto teníamos? ¿Sería que habían cambiado la receta?


Desde entonces he decidido no volver a intentar revivir los momentos que nuestra memoria atesora como irrepetibles. Mejor que se queden allí. Porque como todos sean como la Nocilla blanca, me cargo mi infancia.


Y también me tomo con otro aire los correos nostálgicos que nos llegan de cuando en cuando. Sí, aquello estaba muy bien, pero también tenía un lado muy cutre. ¿O no os acordáis de los vaqueros nevados, del verdugo de lana que picaba un huevo y se quedaba helado a la tercera respiración, de la ropa interior de ganchillo que se clavaba en las partes más sensibles y de los pirulís esos que tenían barquillo por fuera y que se pegaban a los dientes como si fuera Superglue? Definitivamente alguien (que no mire el contador de visitas) debería patrocinarme esto.


Por cierto, sabed que desde aquello no he vuelto a ver Nocilla solo blanca en ningún sitio. ¿Acaso fui yo la única incauta en picar?


Nota. ¿Soy también la única que no sabía que el plural de pirulí es pirulís? Ya estaba yo despotricando contra el corrector ortográfico cuando la rae me ha cerrado la boquita. Menos mal que esta vez no me pudo la prepotencia y lo consulté.

Champagne Palace


El próximo 25 de Marzo tengo una reunión en Roma. Además, como no va mi jefe, puedo irme el día antes y así ver un poquito de Roma, ciudad en la que sólo he estado una vez, también por motivos de trabajo, y de la que no vi absolutamente nada. Bueno, miento, el taxista me señaló según íbamos de camino a un polígono industrial de las afueras la cárcel de Roma, que supongo que muchos turistas no habrán visto. Claro, yo también hubiera preferido ver el Panteón o el Coliseo, pero eso es algo bastante vulgar que suele hacer todo el mundo que va a Roma.

Hablando de taxistas de Roma, os diré también que los recibos que me dieron para justificar los gastos venían con publicidad de locales de señoritas de esas que fuman y hablan de tú a los hombres... (os pongo un recibo similar que he encotrado por internet)

Y para seguir con el tema de las señoritas... en esta ocasión me han reservado habitación en el hotel Champagne Palace. Nombre más de puticlub o de whiskeria no puede tener...

Mirando un poco en internet he visto que no tiene pinta de ser lo que el nombre augura, aunque también puede ser una tapadera, una cortina de humo de cara a la galería.

En fin, no saquemos conclusiones antes de tiempo. (Por si acaso no es lo que parece, me he apuntado las direcciones de los recibos de taxi de la otra vez y la del que he puesto aquí...)
Saludos.