La entropía, esa gran desconocida


Definición de entropía:

(Del gr. ἐντροπία, vuelta, usado en varios sentidos figurados).

1. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.

2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.

3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.



La Entropía parece un concepto difícil de entender, pero es muy fácil. A mí, que soy muy torpe me costó tres años de la carrera hasta que conseguí aprobar Termodinámica. Cuando se habla de entropía normalmente se habla de desorden, de estado de mínima energía, de irreversibilidad... todas estas cosas son ciertas, pero yo creo que la entropía como mejor se entiende es yendo al supermercado. Sí, sí, no me he vuelto loco.

Os pondré un ejemplo: ¿quién no ha ido a la charcutería o a la carnicería y no le han puesto en una bolsa todos sus paquetitos de salchichón, jamón, filetes o mortadela? ¿Qué dónde entra aquí la entropía? No, no es un fiambre más. La entropía aparece cuando abres el paquete. ¿Hay alguien en el mundo que haya logrado volver a cerrar decentemente el paquete de chopped? Es imposible, pero no por tu torpeza, sino por la entropía.

Os pondré otro ejemplo: ¿quién no ha comprado una bandeja de filetes o de plátanos?, una bandeja de esas de poliespán. Bueno, aquí vuelve a encontrarse uno con la entropía al intentar quitar el film de plástico de manera que no se rompa y se pueda volver a usar. Imposible. Y no es porque seas un manazas. Es la entropía.

¿Queréis más ejemplos? Está bien. Nunca pensásteis que la entropía pudiera acechar detrás de una caja de galletas surtidas, pero ahí etá en su salsa. ¿Quién no ha abierto el papel de celofán por el borde de la bandeja, ha sacado un poco de la bandeja y ha intentado luego volver a meter la bandeja en el celofán y se le ha roto aunque lo haya hecho con todo el cuidado del mundo?

La entropía, amigos míos, la entropía.

Podría poneros más ejemplos como reutilizar el papel de aluminio o la imposibilidad de llenar de agua el depósito de los hielos y meterlo en el congelador sin que se te caiga el agua.

La entropía es muy suya y nos acecha. Así que: Tengan mucho cuidado ahí fuera.

Coplas de ida y vuelta

Por la mañana voy sola al trabajo. Son unos pocos kilómetros acompañada por la radio matutina y mis pensamientos. Se me ocurren un montón de ideas estupendas para el blog que olvido en el momento en que saco la llave y pongo el pie en el suelo. Me gusta ese rato de soledad que suele ser el único del día, salvo que me acueste más tarde que ND. Pienso en mis cosas, ya os digo que muchas serían dignas de un post pero se me olvidan, me cabreo con los torpes y los listos del camino, comento las noticias con el locutor, zapeo entre las emisoras, … Muchas veces no soy consciente de cómo he llegado hasta el aparcamiento.

Luego llego a la oficina, me pongo a los campos de girasoles y se me va la jornada. Generalmente volando.

La vuelta es distinta. A la vuelta muchas veces me acompaña E. En realidad me acompaña durante toda la jornada porque tenemos un chat permanentemente abierto, pero su presencia física sólo se materializa en el viaje de vuelta a casa. E no conduce, vive cerca de mi casa y las dos trabajamos en el mismo lugar aunque no en la misma empresa. Así que la llevo de vuelta. Ella llega antes a casa (a mesa puesta en casa de mamá, qué envidia), se ahorra a la gente del metro que huele tan mal (E dixit) y yo llevo una estupenda conversación de vuelta.

Conozco a E desde la carrera. Yo tenía mi grupo y ella el suyo, al que yo me apuntaba de vez en cuando. Luego coincidimos en clase de francés. O más bien deberíamos llamarlo club del libro en la mesa cero porque debimos de ir a menos de la mitad de las clases y solíamos hablar de libros. Al empezar a trabajar las dos inauguramos un chat estupendo. Nos sabemos nuestras vidas al dedillo aunque hasta hace dos a lo mejor nos veíamos una vez al año. Coincidimos en un montón de cosas y llevamos vidas parecidas. Lo cual no quita para que nos pongamos cabezotas y de lo más reiterativas cuando no estamos de acuerdo, cada una erre que erre a lo suyo. Casi nunca ya hablamos de libros porque nos tiene comido el seso el lado oscuro de la maternidad. A veces volvemos a hacer novillos y nos vamos de compras al salir de currar.

Me encanta volver acompañada casi todos los días. Matizo. Me encanta volver acompañada por ella casi todos los días. Se empeña en pagarme en especie, léase desayuno, sin saber que ese ratito de conversación me compensa de lejos.

Lo malo para mí es que E también tiene veraneo franquista y se me ha ido hasta septiembre. Hasta pronto E.

¡Ah! Y si no la llevo a la ida es porque ella no quiere, que conste.

En estos meses de soledad de vuelta me dedico a recuperar el tiempo perdido con los Cowboys de Medianoche que oigo en el coche gracias a los podcasts y que os recomiendo fervientemente. Y tengo mucho que recuperar, porque todavía estoy escuchando un programa de enero.

Me he quedao sin concierto...

Es lo que tiene el trabajo. Por un lado te proporciona unos billetitos a final de mes que vas gastando poco a poco (mucho a mucho sería más acertado) a lo largo del mes y te permite tener tus pequeños caprichos. Por otro lado te exige estar en Vitoria una vez compradas las entradas para el concierto de Mariza y Ricardo Ribeiro (que, por cierto, se parece un montón a Falete) del 13 de Julio en Madrid.

Cosas del directo. Además coincide que es la semana en que mis suegros se llevan a los niños a Santander. El hombre propone, Dios dispone y el toro descompone, que dice la sabiduría popular. El que hace lo que puede no está obligado a más, aunque, por otro lado, si hiciera menos, tal vez fuera lo suficientemente inútil para que no me mandaran justo esa semana. Por otro lado, Anniehall no tendrá que apechugar ella sola con los niños esa semana como suele suceder cuando me voy a 'hacer las américas' cual folclórica de tres al cuarto.

Para terminar de rematar la faena, resulta que justo esa semana es el festival de jazz de Vitoria y hay un concierto, el mismo día 13, de homenaje a Django Reinhardt, gutarrista de jazz que me gusta bastante. ¿Seré capaz de tropezar dos veces en la misma piedra y comprar entradas para otro concierto el mismo día y que tampoco pueda ir por estar trabajando? ¿Será verdad que el martes y trece trae mala suerte? ¿Encontrará Anniehall un sustituto a mi altura para ir al concierto? ¿Irá con 'el otro'? ¿Desvelaré mi altura para que encuentre alguien que esté a la altura después de haber desvelado indiscretamente el tamaño de mi pie? Ya que parece estar de moda ¿pondré una foto de mi pie (no sé si egipcio, romano, celtíbero o massai) en el blog? ¿Cabrán mis pies del 46 en una foto? ¿en dos? ¿una por pie? Ya véis que hay muchas dudas.



Lo que más me fastidia es dejar nuevamente sola a Anniehall. Al final se va a echar un amante que esté más con ella que yo. Castigo de Dios, castigo de Dios es la crucecita que llevas a cuesta, María de la AnijOl.

Southern Harmony & Musical Companion

Hacía muchísimo que no escuchaba este disco. Creo que desde que estudiaba para ingeniero. Y hoy, que estoy bastante liado, me lo he puesto como banda sonora. Son buenísimos. Te alegran el día. Además de ser una música guitarrera, también tienen unas letras que están bastante bien y unos títulos muy buenos. En una de ellas (Bad luck blue eyes goodbye) hay un par de líneas que dicen:

'I'dont trust no one who don't
Take their own advice'

Otra que se llama Sometimes Salvation empieza así:

'To lessen my troubles
I stopped hanging out with vultures
and empty saviours like you.
Oh, I wish I had a nickel for every miracle
that you easily tricked me into'

Está grabado como los discos antiguos con unos intrumentos por la izquierda y otros por la derecha en un 'semi estéreo' bastante desconcertante.








Espero que os guste y yo vuelvo a trabajar, que alguien tendrá que levantar España!!

No me gusta el calor

Ya están las señoras del tiempo (yo no me acostumbro a decir meteorólogas y me parece que queda mejor señoras del tiempo que mujeres del tiempo, aunque eso, como todo, es cuestión de gustos) diciendo que ha llegado el buen tiempo.

¡El calor no es buen tiempo! Más de 30ºC es una barbaridad que le pasa factura al cuerpo humano. Hay una regla elemental para saber si hace más calor de la cuenta o no: si sudas es que hace demasiado calor.

El sudor es un mecanismo de defensa del cuerpo humano para no colapsarse. Es un mecanismo para no morir. Así que si estás sudando es porque tu cuerpo no quiere despedirse del mundo de los vivos.

Yo entiendo que 20ºC para pasarte el verano en la piscina puede no ser adecuado. Entiendo que haya gente que quiera irse a torrarse encima de un trozo de arena ardiendo, bueno, no lo entiendo, pero lo respeto. Que notes el asfalto blandito bajo tus pies, no es buen tiempo. Es el infierno.

Eso por no hablar de las noches. Como buen macho tengo en mi casa una estación meteorológica. A prácticamente todos los tíos nos gusta tener esa información de temperatura, humedad y demás datos absurdos tanto dentro como fuera de casa. Esa estación meteorológica marca en verano a las 4 de la mañana temperaturas por encima de los 30ºC fuera y un poquito más suaves dentro de casa. El aire acondicionado es una bendición, pero tiene su lado oscuro: irritación de garganta, sequedad, ruido...

Llega la época en la que dejaré de dormir medianamente regular para casi no dormir cocinado en mi propio jugo, que es algo bastante asquerosito. He tenido que pasar ya a mi desodorante de verano. Sí, sí, tengo desodorante de verano y de invierno. El de verano es bastante asquerosito, pero hace que no huela como un babuino del zoo, porque otro de los problemas del sudor son los olores inenarrables que te encuentras, sobre todo en el transporte público.

Ahora, con la jornada de verano tengo que pasar andando a las 3 de la tarde por la Avenida de América, que es una plaza gigantesca en la que solo hay unos mini árboles en tiestos porque no hay tierra porque debajo hay una estación de autobuses. Me armo de valor y me imagino como Lawrence de Arabia penando en el desierto.

Todo esto son minucias comparadas con lo más horrible de todo. Es algo tan desagradable que casi no me atrevo a decirlo... ¡En verano me suda el bigote! Bueno, no es que tenga bigote, lo que me suda es la parte de la cara entre la nariz y el labio. Es algo desagradabilísimo. Además es algo relativamente reciente. Hace 10 años no me pasaba. No sé si tiene que ver con mi tonelaje actual o con el hehco de acercarme a la vejez, pero antes no me pasaba y no consigo acostumbrarme.

El verano tiene una parte positiva, aunque también la podría tener sin hacer tanto calor y es el tomarte cervecitas en las terrazas. Eso es lo único positivo que le encuentro al calor.

¡Que muera el calor y viva el buen tiempo!

Mi querida O:

Sirvan estas breves líneas para mostrarte mis condolencias. De sobra sabes que esto de la corrección en el habla es una de mis obsesiones.

Así muy a mi pesar cada día compruebo que nadie te comprende. No se recuerda ya tu espíritu libre e independiente. Muchos se empeñan en tildarte pues desconocen que, salvo entre números y para no confundirte con ellos, no necesitas de tocados para distinguirte. Además casi todos se empeñan en acompañar tu carácter disyuntivo de una presencia copulativa completamente innecesaria. Me irrita comprobar cómo parece todo el mundo olvidar que una de las grandezas de nuestra lengua es la economía. Pero atravesamos tiempos difíciles y ostentosos, querida, en los que un buen circunloquio es mucho más apreciado que encontrar el término preciso.

Hay quien dice que todo es culpa del inglés, que por aquellos lugares tienes carácter exclusivo. Aunque fuera cierto, a mí me cuesta creerlo, no deja de parecerme absurdo. Si hasta resulta difícil decirlo.

Supongo que ya habrás perdido la esperanza de librarte de tan pegajosos compañeros. Yo, la verdad, temo que todos acabaremos sucumbiendo a la estupidez. Es posible que llegue el día en que me sorprenda preguntándole a alguien ‘¿Quieres leche y/ó azúcar?’ Y, lo que es peor, la RAE acabará por sancionarlo. Al fin y al cabo, es el uso el que configura la lengua. Aunque a veces nos duela.

Voy a ir terminando. Sé que sabrás disculparme por las incorrecciones que haya podido cometer en éste mi, supongo, vano intento de defenderte.

Has de saber que resistiré mientras pueda.

Tuya siempre.

(¿De verdad tan poca gente se da cuenta de que es muy fácil distinguir por el contexto si ese ‘o’ que estás diciendo es exclusivo? ¿es que alguien piensa que si te ofrecen ‘leche o azúcar’ con el café no tienen intención de darte de las dos en caso de que así lo desees? ¿es que a ellos no se les descoyunta la boca al decir ese horrendo ‘y/o’ tan ridículo e innecesario? ¿serán pedantes o serán ignorantes? Habéis acertado, amiguitos: son ignorantes y pedantes, que no es imposible).

At Home

Ya me he terminado de leer este libro. Es un libro fantástico. El libro trata sobre las casas. Por qué son como son, de donde viene las cosas, como vivía la gente en los distintos momentos de la historia. Habla de por qué los tenedores tienen cuatro puntas, de dónde vienen los botones de las mangas de las americanas, los problemas que hubo cuando se instalaron en Londres los váteres con cisternas...

Habla de todo. Su teoría es que la historia de la humanidad está entre esas cuatro paredes que llamamos casa. Parte de su casa en Norfolk en Reino Unido. Era una casa que mandó construir un cura en 1851, una rectoría (no sé si esta palabra existe). Empieza hablando de la exposición universal de 1851, del éxito que fue, le la reina Victoria, de los cristales, de las condiciones de vida, de la contaminación, de la piedra, de los ladrillos...

Ya os digo que es un recorrido exhaustivo y muy ameno. Es un libro de curiosidades. Habla de cómo a él le contaron en el colegio (yo también lo recuerdo así) de cómo el hombre dejó de ser nómada y cazador y se hizo sedentario y se dedicó a la agricultura. Resulta que entre que se hizo sedentario y empezó a dedicarse a la agricultura pasaron miles de años. Además que el paso de nómada a sedentario llevaba implícita una dieta mucho más pobre, la proliferación de enfermedades, la posibilidad de quedarte sin alimento... y a pesar de eso se quedaron en sus casas.

Habla de cómo gran cantidad de alimentos vienen de América y de que no se sabe como se llegó a ellos. El maíz parte de una planta cuyo poder alimenticio es menor que el de un solo grano de maíz. Al maíz se llegó por manipulación humana sin que se sepa como sabían que se iba a llegar a buen puerto. Con la patata pasa lo mismo. Las patatas es de una familia en el que los tubérculos son venenosos. Tampoco se sabe cómo se pusieron a cultivar patatas eliminando las toxinas para que al final fueran nutritivas.

Habla de la discriminación de la mujer, de las condiciones higiénicas, de las pelucas, de las especias y de la sal, del crecimiento de América como nación, del té, de cómo se inflitró un inglés en China para enterarse de cómo se cultivaba. De cómo nacieron las grandes mansiones, la llegada de la electricidad, del teléfono.

Bueno, el número de historias interesantísimas que aborda es interminable y, además, es muy ameno. Por ponerle un pero, habla al final de que nos estamos cargando el mundo y un poco ese retrato que ya es casi un cliché del hombre desarrollado como destructor de todo lo que toca.

Marcados a fuego

Hoy quiero hablar de libros. Yo empecé a leer muy tarde. Bueno, me refiero a leer libros. De hecho, a leer aprendí muy pronto. Según mis padres a los 3 años sabía leer. Durante toda mi infancia leí un montón de tebeos. Me encantaban Mortadelo y Filemón. También leía mucho a Astérix. Pero libros, lo que se dice libros no leía muchos. Algunos del Barco de Vapor y cosas así.

Os voy a hablar de libros que me han marcado y que me han hecho querer leer más. No son los de más calidad o los más sesudos (aunque algunos sí que lo son), sino los que me metieron el gusanillo de querer leer más, los que me hicieron ver que leer podía ser algo maravilloso.

He de decir que no he leido, por ejemplo, "El señor de los anillos". No sé si en mi cargo o en mi descargo. He de decir que lo intenté. Mi hermano me trajo el segundo

El primer libro que recuerdo haber leído de un tirón fue ''La Historia Interminable". Recuerdo estar malo en casa y que me lo terminé en un día y medio. Me encantó. También recurdo que me gustó muchísimo Momo.

El siguiente libro que me absorbió completamente fue "El Perfume". Me atrapó y ha sido de los pocos libros que he releído. Hay que decir que la segunda vez con menor fortuna.

Estos libros fueron islas en el mar del cómic. El libro que me hizo querer más y más fue "La Casa de los Espíritus". Me lo dejó mi madre cuando estábamos de vacaciones en Suecia y me hizo querer leer más y más. Supongo que si hora lo leyera no me gustaría; o, al menos no como entonces. A partir de ahí los libros han sido mis muy mejores amigos durante mucho tiempo. Recuerdo fascinado el verano en que me leí el Quijote. Ya estaba en la universidad. Supongo que tendría unos 20 años. Recuerdo lo que me reí leyéndolo. Me encantó.

Recuerdo también, aunque eso es más reciente, pero aún estaba en la universidad, leer y quedárseme grabado a fuego "En Busca del Tiempo Perdido". Tocho de unas 3500 páginas que me hizo ver que una cosa es ser Escritor y otra escribidor. Cada página de 'Á la recherche', como dicen los pedantes, merece un monumento.

Por esa época también me leí 'Ulises' de Joyce. Me reí muchísimo, me pareció maravilloso e inteligentísimo. La idea de que el día de una persona normal y corriente puede ser identificado con la epopeya de la Odisea, me parece brillantísima.

Recuerdo que me gustaron mucho, pero como mi memoria no tiene poder de retención no me acuerdo de muchos en concreto, los relatos de Cortázar (la colección de cuentos completos de Alianza) y de Borges. También recuerdo con cariño Rayuela, aunque no lo he releído.

Recuerdo un libro bastante corto de Italo Calvino que se llamaba 'Si una noche de invierno un viajero' que me impactó muchísimo. Es uno de los pocos libros que puedo recordar que está escrito en segunda persona. Muy interesante.

El último libro que me ha dejado marcado de los que puedo recordar es 'Intelectuales' de Paul Johnson. Me hizo enfrentarme con la idea general del intelectual como persona buena y beneficiosa. Impagables los retratos que hace de Rousseau, Marx o Bertold Brecht. Ver cómo trataron a sus hijos, mujeres y allegados... pone los pelos de punta. De Paul Johnson me he leído los otros dos libros que conforman la trilogía que son 'Creadores' y 'Héroes'. Buenísimos.

No os voy a dar más la lata con más libros. Estos son los que recuerdo especialmente. Los que me han marcado de manera significativa. Realmente, todos los libros que lees te marcan, pero siempre hay alguno especial y éstos que os he puesto son los míos. Para terminar un aviso ('a word of caution'): leer es maravilloso, aumenta tus límites. te hace crecer como ser humano, te enfrenta con 'el otro', aumenta tu empatía... pero aisla. Eso hay que tenerlo claro. Te incapacita para hablar de 'Gran Hermano' y de cosas insustanciales. Te hace sentirte más solo en la sociedad, te acerca a gente que no conoces y te aleja (normalmente) de gente que sí conoces.

Palabras

Desde que hace unos días no tuve más remedio que cambiar un informe técnico porque alguien se empeñó, tengo en la cabeza esta preciosísima canción de Mariza. Así que en lugar de detallaros un momento lamentable de mi vida profesional os pongo la canción y la letra. Seguro que lo disfrutáis más. Y yo también.



Como se eu mandasse nas palabras
Pediram-me que a dor fosse um sorriso
Como se eu mandasse nas palabras
Disseram-me ser louca e ser juízo

Como se eu mandasse nas palabras
Falaram-me que a água era o deserto
Como se eu mandasse nas palabras
Disseram ser o mesmo o longe e o perto

Palabras não são só aquilo que eu oiço
Não peçam que eu lhes ganhe ou não as sinta
Palavras são demais para o que posso
Não queiram que eu as vença ou que lhes minta

Como se eu mandasse nas palabras
Quiseram que trocasse Sol por Lua
Como se eu mandasse nas palabras
Disseram-me que amar-te era ser tua

Como se eu mandasse nas palabras
Quiseram que emendasse o que está escrito
Para quê? Se eu mandasse nas palabras
Daria agora o dito por não dito.

Palabras não são só aquilo que oiço
Não peçam que eu lhes ganhe ou que não as sinta
Palavras são demais para o que posso
Não queiram que eus as vença ou que lhe minta.


El que es torpe, es torpe.

Y, no hace falta que lo aclare más, el que soy un desastre soy yo. También he de decir que el azar ayuda. Hoy he tenido que ir a una jornada sobre el transporte de mercancías en USA y en Europa. Apasionante, lo sé. Además me había comprometido a ir al cole de C. a por las notas y las fichas del último trimestre.

En teoría para cumplir todas mis obligaciones debería abandonar la conferencia antes de que terminara. Cuando llegué a la sala había poca gente, aunque los mejores sitios para escapar ya estaban cogidos. Me fui al lado contrario justo al lado de un pasillo y esperé a que empezara la charla. Al final empezó y siguió llegando gente, de manera que empezaron a poner sillas en el pasillo y fui quedando sitiado. De manera que lo que pensaba que era un sitio perfecto para irme sin que se notara se convirtió en una trampa mortal. Para poder salir tenía que levantar de su sitio a media sala.

Al final ha tenido que ir Anniehall a la reunión perdiendo horas de trabajo que tiene que recuperar. Ya le he dicho que lo siento, pero creo que con eso no basta. Soy un desastre. Un montón de veces se me olvida que tengo que he quedado en hacer algo, pasarme a por algo o recoger algo. Muchas veces Annie me lo recuerda. He intentado ponerme avisos en el correo, alarmas en el móvil, pero aún así muchas veces se me olvidan las cosas. No creo que sea falta de interés. Tampoco es escaqueo, porque yo quiero hacer esas cosas, pero no doy más de mí. Intento mejorar, pero los resultados a corto plazo no son muy alentadores.

Es cierto que hay veces en las que no me entero, principalmente cuando estoy haciendo otra cosa (ver la tele, leer) y me dice algo Anniehall. Aunque atienda, se me olvida al momento y cuando llega desesperada y me dice: ¿pero no te dije que...? es como si un mazo mental bajara y dentro de mí me digo mientras lo recuerdo: ¿pero como puedo ser tan tonto? Otras veces, según Annie, me ha dicho lo que sea, pero yo soy incapaz de recordarlo, de hecho, muchas veces le digo que eso no me lo ha dicho, supongo que tendrá razón y me lo ha dicho, pero para mi yo consciente es una novedad.

No quiero que esto parezca una justificación de mis actos (o no actos, mejor dicho). Es una explicación de lo que me pasa en esos momentos. Lo siento, lo siento infinito. Intento cambiar y ser multitarea, enterarme de las cosas y ser mejor individuo, pero los éxitos son escasos. Y, lo que es peor, los fracasos son muchos. Lo siento.

Glasgowalot

Ya estoy de vuelta de Glasgow. Ha estado bien. Glasgow es un ciudad bonita, tampoco es que sea la caña, pero me esperaba algo más feo. Tiene un montón de casas de piedra bastante señoriales, lo que por un lado le da 'carácter' y por otro hace que sea chocante es que todas son distintas en tipo de piedra, altura, estilo, etc. Asi que es una mezcla bastante ecléctica (qué cultureta quedo!!).

El primer día nos dio poco tiempo a ver nada. Dimos un paseo por la ciudad y cenamos. Cenamos un buen entrecot de vaca escocesa con patatas de esas que tienen la piel y que están riquísimas. También me metí un par de pintas. He mantenido un consumo constante durante los dos días de cuatro pintas al día. Yo creo que es una buena proporción.

Al día siguiente tuvimos la reunión que nos tuvo encerrados hasta las dos o así. Terminada la reunión nos fuimos a comprar entradas para ver Spamalot que estaba de gira esa semana en Glasgow. Nos fuimos dos de los cuatro españoles. Los otros dijeron que no se iban a enterar de nada. Uno de ellos ni siquiera sabía quienes eran los Monty Python. Varios de los de la reunión querían ir a ver un edificio de Norman Foster que se llama el armadillo. Yo lo vi desde el taxi al venir y ni siquiera sabía de su existencia. Yo, para la arquitectura moderna soy un poco más receptivo que para el arte moderno, pero soy desconfiado por naturaleza (iba a poner una imágen, pero me da error interno de blogger).

Luego me llevé una decepción muy grande porque traía la idea de comprar shortbread. El shortbread, para el que no lo sepa, son una especie de pastas de mantequilla riquísimas típicas escocesas, o al menos eso pone en las cajas. El hecho es que no hay shortbread 'tradicional'. En las pastelerías no lo venden. Lo encontré en una que me recomendó el escocés del proyecto, pero no puedo decir que sean mejores que los industriales.

Compré unos que ponía en la caja 'hand made' que eran con pepitas de chocolate, con jengibre y con chocolate y naranja. Espero que estén buenos. Glasgow tiene un montón de tiendas y un par de calles peatonales muy chulas. Nos acercamos hasta la catedral por insistencia de mi jefe, porque está en las afueras de Glasgow, que es de las más antiguas de RU, aunque cuando llegamos estaba cerrada. Yo me vengué haciendo andar a mi jefe entre las lápidas del cementerio adyacente. Es que él es un poco escrupuloso con esas cosas.

De vuelta a la civilización nos tomamos un par de pintas y luego me fui a ver la función. Me encantó. Me reí muchísimo. Me encantan los Monty Python desde siempre. Me compré una camiseta bien chula. Recomiendo a quien pueda que vaya a verlo. Sobre el montaje español no puedo hablar porque no lo he visto, pero este merecía la pena. Divertidísimos los trozos originales de la película y y también los añadidos. Recomendabilísimo.

A la salida (21:30) nos las vimos y nos las deseamos para encontrar un sitio para cenar. Todos tenían la cocina cerrada. Hasta que encontramos un restaurante griego que nos acogió. Me pedí un cordero con tomate que estaba buenísimo. Al final nos acostamos tarde y me tuve que levantar a las 4:20 para ir al aeropuerto para volver.

Hicimos escala en el London City Airport, tuvimos que salir al exterior y volver a pasar el control de acceso y me tuvieron 20 minutos sacándome todas las cosas de la maleta. Me pasaron un detector de no sé qué por la máquina de afeitar. Me dijeron que la bolsa de plástico en la que llevaba la pasta de dientes y el desodorante era demasiado grande. Me movieron todo de sitio y hurgaron en mis ropas sucias hasta que encontraron... mis shortbread. Entonces volvieron a pasar la maleta por el escáner y ya me dejaron pasar.

Llegué a tiempo para lo de siempre, para ver como España la caga desde el principio.

P.D: Ya podéis formaros una imagen de lo mal padre que soy. Mientras Anniehall pasaba sus experiencias que os ha relatado, yo me daba a las cervezas y a los musicales rodeado de mujeres que fuman y hablan de tú a los hombres.

Un día cualquiera

Hoy ha sido un día raro y difícil. Sin embargo, además de agotada, estoy contenta.

Cuando ND viaja me toca a mí despertar a los niños y darles el desayuno hasta que llega la persona que lleva a los niños al cole, entre otras muchas cosas. No se me ha dado mal, he conseguido que J se tome la leche en un vaso en lugar de en el biberón (estoy deseando quitarme otros trastos más de en medio y además va ya camino de los tres años), C ha desayunado estupendamente (cosa rara) y hasta yo he podido desayunar. No todo ha sido un camino de rosas. También me ha tocado aguantar una rabieta de J que de repente ha decidido que ya no quería el yogur que previamente había estado reclamando como si fuera le fuera la vida en ello.

Lo malo es que como salgo más tarde me toca sufrir el atasco y aparcar en el quinto infierno. Con la lluvia se pone peor.

Por si esto fuera poco, nada más llegar me ha tocado pelearme sin éxito con un indeseable que tiene más poder que yo. Una hora después de llegar a la oficina ya estaba vencida. Uno de los campos de girasoles en los que ando metida está bajo mínimos de personal y el indeseable de antes no hace más que dar la lata a los pocos que quedamos en pie. Me encantaría poder echar una mano a los que intentan capear el temporal pero el campo que da sus últimos estertores me tiene absorbida con chorradas insoslayables. A última hora me entero de que hoy han despedido a otra persona. Con antigüedad, trabajo en curso y proyectos en lontananza. No tiene sentido.

Al cansancio, la derrota y la impotencia se le suman la angustia y el atasco de vuelta a casa bajo la lluvia.

Me han fallado los canguros y C tiene cumple. Me da vergüenza colar a J en la fiesta pero qué remedio. Qué oportuno, hoy es el primer día que J sale de la guardería sin pañal. Me armo de valor y decido que venga, que sí, que puedo, que me llevaré ropa de cambio por si acaso. Despertar a C de la siesta me cuesta un triunfo, una rabieta y unos vaqueros meados de J. A la mierda mis buenos propósitos. Pongo a J un pañal y nos vamos de cumple. Se lo han pasado estupendamente y yo bastante mejor de lo que esperaba. Noto que voy deslizándome irremediablemente por ese lado oscuro de la maternidad que dicen por ahí. Ese de correos de madres del cole, regalos colectivos y charletas de parque. Y, lo que es peor, no me disgusta. Además resulta útil. Me he enterado de que otra jornada de exhibiciones infantiles planea sobre mi jornada laboral. Si no es por puro azar, me acabarán echando por no cumplir el horario. Y encima será procedente.

La hora del baño y la cena ha ido casi como la seda. Estoy empezando a pensar que el aparato digestivo de Javi se extiende por sus piernas. Desde que llegó a casa a las tres ha comido media pera, media manzana, pan, dos galletas, unos chismes de esos de pollo de los burguers, patatas fritas, un yogur, un poco de tarta, tres sugus y un plátano!!!

Hemos leído un cuento.

Ahora los niños duermen y ND debe de estar pasando un buen rato. Ha conseguido entradas para Spamalot en Glasgow. Yo leo los blogs y repaso el día y el correo. De fondo una tertulia en la tele. Podría tenerla sin voz. En cuanto les ves ya sabes lo que va a decir cada uno casi palabra por palabra. Desde la bandeja de entrada una madre me agradece el regalo y la asistencia. Me parece todo un detalle.

Estoy contenta, los niños se lo han pasado bien y yo he aguantado el tipo.

Todo esto existe, todo esto es triste, todo esto es fado

Nos encanta Portugal. Es el país al que más veces hemos ido desde que nos conocemos. La primera vez que fuimos juntos a Portugal fue a Oporto. Nos fuimos un puente con el fiat punto de mi madre. Lo que más nos gustó fue Guimaraes (debería poner un palito de esos de la ñ encima de la a, pero no lo encuentro). Es una ciudad pequeña, de calles empedradas y ambiente antiguo, no diría medieval, aunque tiene castillos antiguos, pero sí que es muy bonita. también nos gustó Viana do Castelo que, además, estaba de fiestas. Oporto nos dejó un poco desilusionados porque estaba (y sigue estando) muy descuidado y medio en ruinas.

La siguiente vez encontramos en la página de pousadas (el equivalente a los paradores españoles) una especie de bancotel para pousadas y estuvimos en Elvas, muy cerca de la frontera con España. Ahí probamos su porco preto (cerdo ibérico) que no tiene nada que envidiar al nuestro, aunque sus embutidos son algo distintos, con mucho pimentón. Desde allí fuimos por los alrededores a Évora, Estremoz, Marvao, Castelo de Vide. De todos estos sitios, Marvao nos encantó. Es un pueblecito muy pequeño en lo alto de un monte con murallas y con castillo realmente precioso. Os pongo una imágen (algo pequeña, es verdad):


Luego volvimos con otro pasaporte de esos que incluía dos noches en Lisboa en el hote Pestana Palace. Supongo que nunca volveré a dormir en un sitio tan lujoso. Era un palacete impresionante. Con un lujo que en algunas ocasiones nos parecía absurdo como cuando te abrían la cama por la noche y echaban pétalos de rosas en el váter. Los desayunos los teníamos incluidos. Todos los cubiertos eran de plata y teníamos desayunando en otra mesa a Simeón de Bulgaria y esposa. Cenamos una noche allí y Anniehall se indignó mucho porque en su carta no venía el precio de los platos y en la mía sí. Os pongo una foto del sitio:


Otra noche fuimos a un sitio del barrio alto de esos para turistas en los que cantan fados. Fue una experiencia horrorosa. Lo mejor era cuando dejaban de cantar y ponían un DVD de Mariza en la tele. Además la comida también fue infame.

Pero bueno, todo este rollo venía realmente porque quería deciros que el fado nos gusta muchísimo. Fado quiere decir hado, destino. Normalmente son canciones tristes, sobre amores rotos. Pero mejor que yo os lo puede contar Amalia Rodrigues en esta canción preciosa:



El estribillo dice:

Almas vencidas
Noites perdidas
Sombras bizarras
Na Mouraria
Canta um rufía
Choram guitarras
Amor, ciúme
Cinzas e lume
Dor e pecado
Tudo isto existe
Tudo isto é triste
Tudo isto é fado

Cierto es que también hay canciones más alegres. También nos encanta Mariza. Fuimos a verla actuar una vez hace un par de años y fue impresionante. Mariza normalmente tiene canciones menos tremendas como, a petición de Anniehall, Transparente:



Que disfutéis del fin de semana.

Nuestro viaje a Londres, y las mías



Siempre me ha gustado Londres. Supongo que desde la primera vez que vi ‘My fair lady’, lo cual sucedió muchos años antes de descubrir mi fascinación por Audrey. O tal vez porque a mi padre le gusta mucho también. O porque la primera vez que me sentí mayor fue el año que mis abuelos decidieron llevarnos de viaje a las dos primas mayores. Precisamente a Londres.

Esta era mi cuarta visita y ha confirmado mis expectativas. Tenía mis dudas de si ese gustarme Londres que decía arriba en realidad se debía más a las películas y mis recuerdos sentimentales que a la ciudad en sí misma. Pues no. Sigo pensando que Londres me gusta más que París. Sí, París es grandiosa, chic, elegante… todo eso y mucho más. Pero a mí me resulta más fría y distante, qué le vamos a hacer. Me veo viviendo en Londres y sin embargo me cuesta imaginarme una vida cotidiana para mí en París. Aunque supongo que pensar que viviría en barrios y casas como las de ‘Cuatro bodas y un funeral’, ‘Notting Hill’ o ‘Love Actually’ no es muy realista. Supongo que con mi sueldo sería más aproximado el cuchitril que abandona Eliza cuando se va a vivir a casa del Profesor Higgins.

ND ya os ha contado muchas cosas: el British, la otra British (library) y sus mapas congelados, las librerías, las compras… Intentaré no repetir.

Estuvimos en Covent Garden. A mí me hacía ilusión una foto en la columnata de la Ópera, cual Eliza ‘cómprele unas flores a esta probe chica’ así que allá nos fuimos paseando desde el British. Pero no hay foto. Está todo convertido en un gran centro comercial (tanto Covent Garden como la columnata) y así pierde su gracia.

Estuvimos en Westminster que, por si no lo sabéis, alberga la puerta más antigua del Reino Unido. Os imaginaréis algo grandioso y digno de muestra. Pues no. Es una puerta corriente y moliente, más bien pequeña y que ya no cabe en el marco. Pero allí la tienen con cartelito, cinta para que no te acerques demasiado y pista propia en la audio guía. Con un par.

Estuvimos en la Torre. Supongo que sabréis que la Torre guarda las joyas de la Corona. ¡Virgen Santa, qué pedruscos! Eso sí, para que no pegues la nariz al cristal hay pasillos rodantes a ambos lados de la vitrina.

Vimos el Puente de la Torre desde argentino estupendo al anochecer y tuvo la deferencia de abrirse y cerrase al paso de un barco mientras disfrutábamos de suculentos manjares. ¡Qué ceviches, qué carne tan sabrosa y tan tierna!

Estuvimos en un musical, ‘Wicked’. Interesante argumento, bonitas canciones, buenas interpretaciones, grandes voces, vestuario, montaje y decorados espectaculares. Pero no emociona. Todavía nos acordamos de ‘El rey león’ que vimos en Nueva York y ‘West Side Story’ que vimos en Madrid, ambas el año pasado. ‘Wicked’ no está a su altura en emoción ni en canciones. Lo disfrutamos mucho pero le falta algo.

Estuvimos también en la National Gallery. El problema es que llegué agotada. Así estaba yo, al borde de las lágrimas de puro agotamiento, cuando me senté a descansar. Decidí escribir las cosas del día en mi cuadernillo para aprovechar el rato. Cuando levanté la cabeza, ya algo recompuesta, descubrí que estaba sentada frente a dos fascinantes marinas de Turner con una luz de atardecer preciosa. Como bien dice Juanjo, el Prado le da sopas con honda a la National Gallery. Pero oye, aquí también tienen sus cositas.

Y habiendo estado muy bien los museos, monumentos, librerías… a mí lo que más me ha gustado es pasear por sus calles. Tenemos grandes pendientes como Notting Hill y los parques. Los que nos recomendó Di y Hyde Park, que sólo lo vimos por fuera. Pero también los que nos dejaron con las ganas porque eran privados (eran gardens entonces ¿no?). Aunque me temo que esos también nos estarán vedados en próximas visitas.

Me ha encantado callejear. Últimamente me pasa mucho. Me cansan los museos grandes y los monumentos pero me encanta ver las calles, imaginarme cómo se vivirá allí o descubrir detrás del arco de una fachada corrientucha una placita llena de flores. Por ejemplo, paseando cerca del Albert Hall pensaba que una de esas calles podía ser perfectamente aquélla en la que Freddy cantaba ‘The street where you live’. O yendo por Mayfair, con sus casas imponentes, me preguntaba dónde hará la compra la gente que vive allí. (Lo sé, lo sé, la gente que vive allí no necesita pensar en esas cosas, alguien las piensa por ellos). Y en Chelsea, me imaginaba lo bien que se debe de pasar una tarde como aquélla tirado en el césped de uno de esos maravillosamente cuidados jardines privados.

También hemos hecho grandes descubrimientos. Gracias a mi asalto a la sección lencera de Marks & Spencer (lo sé, cero glamour, qué más quisiera yo que decir que asalté Harvey Nichols) ahora sabemos que la pechuga inglesa puede llegar a requerir artefactos que ND o yo podríamos usar de sombrero. Nosotros, que nunca encontramos talla de gorra, boina, barretina o Panamá. Siendo A la más pequeña, en España es difícil encontrar una talla C de copa. Esto lo explicó brillantemente Molinos hace un tiempo. Pues allí tenían hasta GG. No es para hacer risas, lo había.

Voy a ir dejándoos que esto más que un post parece una fachada victoriana. Por los ladrillos digo. Entraré en los detalles cuando por fin me decida a pasar las notas de mi moleskine (me moría por decir esto) a un cuaderno de viaje en condiciones con sus fotos, sus entradas a los museos y sus billetes de metro. Pero no me haré ilusiones. Ahora mismo Londres comparte espacio con Nueva York, que en septiembre hará un año lleva que esperando su transformación / traducción. Pueden pasar muchos años y muchos viajes hasta que el cuaderno cobre vida.

Gracias a Di, Juanjo y Diego por las recomendaciones. También a Enric González (y a Molinos que nos habló de él aunque en su vertiente neoyorquina) que jamás leerá esto, supongo.

Nuestro viaje a Londres, mis impresiones

Una vez pasados unos pocos días y después de esas primeras reflexiones sobre el especímen 'inglés'. Llega el momento de relatar nuestras experiencias londinenses. En primer lugar, tengo que decir que he vuelto de Londres encantado y con ganas de más. Está claro que no se puede inferir desde unas vacaciones lo que sería realmente una vida con trabajo, con niños, con facturas, etc, pero sí que te queda esa impresión, ese trato con la ciudad que, en mi caso, ha sido muy amable. Algo similar me pasó con Seúl hace un par de años. Allí tal vez fue más notable,porque no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme y me fascinó.

Os diré que volvimos con la maleta bastante abultada y fundamentalmente de libros. Según los sacamos conté once, aunque puede que hubiera alguno más (menos supongo que no, porque aunque vaya perdiendo neuronas, creo que hasta once llego (incluso hasta cuarenta y diez que dice C.). Referente a los libros, a pesar de que Londres tiene librerías magníficas (nos gustó especialmente Foyle's) recordaba que los precios eran bastante más baratos que en España, sobre todo referidos a los clásicos, pero nos encontramos con unos precios bastante 'españolizados'. A continuación os pongo la lista de libros sin mucha exhaustividad:

  • Un libro de postres, tartas y demás llamado Laidies, a plate, lo vimos en una tienda de decoración y nos pareció caro y luego lo buscamos en las librerías y cuando lo encontramos costaba lo mismo que en la otra tienda. Es de una neozelandesa y vienen esas recetas tradicionales de pastas, magdalenas, tartas con muy buena pinta.
  • Un libro específico de muffins. Veremos si los hacemos o no. Para empezar viene como ingrediente en casi todas 'buttermilk', que es algo así como el suero de la leche... veremos como lo conseguimos. Si fracasamos, dará lugar a posts risibles.
  • Un diccionario de electrónica. Esto es para el trabajo, porque los americanos tienen una obsesión con las siglas que hace que muchas veces leer un artículo sea más dificil que descifrar los jeroglíficos.
  • Para los niños compramos tres cuentos preciosos: Stick Man, The Three Billy Goat Gruff y Each Peach Pear Plum. A los niños les han gustado bastante.
  • Compramos dos libros de Bill Bryson, bueno, el mismo libro dos veces. Se llama At Home y me tiene completamente absorbido. Es la historia de los distintos elementos de la casa, desde su creación hasta nuestros días. Cuenta cosas interesantísimas y de una manera muy amena. Lo recomiendo vivamente. Anniehall también se lo está leyendo y deberíamos haber comprado tres. Por cierto, no es que leamos estereofónicamente y necesitemos dos libros, o que cada uno se vaya a un rincón de la casa a leer, el otro es para regalárselo a mi hermana para su cumpleaños.
  • Compramos otro libro para mi hermana, que es matrona, que es la historia de una matrona en el Londres de la postguerra.
  • Compramos el libro de la exposición de mapas de la British Library, pero de eso hablaré luego.
  • Compré un libro de trenes (uno tiene su lado oscuro, como todo el mundo), aunque al buscar el link he visto que me hubiera salido mucho más barato pidiéndolo a Amazon :´(
  • Y no me acuerdo de más, tal vez Anniehall se acuerde de alguno y pueda ponerlo.
Como he hablado de la British Library, os hablaré de la exposición. Yo soy un fan de los mapas antiguos, creo que ya lo había comentado otra vez, pero por si no lo sabíais, os lo vuelvo a decir. Llegamos a la exposición por puro azar: el hotel estaba al lado de la Biblioteca. Es una exposición fantástica, maravillosa, impresionante, imprescindible y, además, gratis. El único pero que puede ponérsele es que el aire acondicionado terminaba poniéndote amoratado. Yo, que soy de constitución más adiposa pude aguantar, pero al final ya casi no notaba los brazos. Annie se salió antes. En fin, que os la recomiendo, pero, si váis, llevaros el abrigo.

Fuimos también al British Museum. Nunca defrauda. Vimos los relieves asirios, vimos el Partenón casi entero, la cariátide que tienen del erektión. Vimos el mausoleo de Halicarnaso... estos tíos se lo llevaban todo. Cierto es que a mí me viene mucho mejor ir a ver estas cosas a Londres que a Iraq, pero ¡vaya morro que tienen!. En la explicación de la cariátide ponía que gracias a Lord quienfuera, esta cariátide se ha conservado mucho mejor que las otras tres que se quedaron en Atenas porque 200 años más de exposición a las inclemencias las ha dejado maltrechas. No dicen que, a la hora de elegir, seguramente escogió la que mejor estaba de todas y que doscientos años frente a 2500 que llevaban puestas ahí no es como para deshacerlas como un azucarillo. También pude descubrir que mi cerebro es totalmente falible. El primer recuerdo que tengo de la piedra roseta es el de una piedra bastante grande. y blanquecina La vez que fui hace medio año la vi mucho más pequeña y verde y ahora me ha vuelto a parecer bastante grande y negra. O mi cerebro falla, o la cambian por otra diferente cada tanto (estos ingleses!!).

Paseamos por King's road gracias a Di y asaltamos una tienda de Gap. También fuimos a Mount street, pero no encontramos el jardín que nos dijo. Sí vimos la zona de tiendas, pubs y restaurantes. Por cierto, las tiendas eran de esas en las que parece que te van a clavar por mirar. La arquitectura es maravillosa, una lástima que la calle estuviera levantada por obras. Así que, Di, nuevamente gracias por tus consejos. Para ser totalmente sinceros, he de decir que fuimos también por la zona de Oxford street a ver Hamley's para mirar los juguetes. En el pecado llevamos la penitencia, porque hasta que encontramos un autobús que nos sacara de allí lo pasamos fatal.

Y creo que, de momento, es suficiente. Habrá nuevas entregas (espero).

Platos Rotos

Es, de lejos, el tío más rápido que conozco. De mente, porque su cuerpo va a otra velocidad. Más de disfrutar el paisaje, digamos. Pero su mente y su lengua, ¡ah!, eso es otra historia. Y lo mejor es que no se da ninguna importancia. Como mucho, después de uno de sus golpes maestros, levanta un poco la cabeza y abre mucho los ojos a la espera de que los demás caigamos. Entonces asiente. Porque vamos un poco por detrás siempre, sí. Entre otras cosas porque, aunque ya son muchos años, no dejamos de pararnos a sorprendernos por cómo se puede tener esa cabeza. Calvin y yo solemos mirarnos y poner cara de ‘¿pero de verdad este tío tan listo se junta con nosotros?’. Yo a veces sigo sin creérmelo.

Según él, nuestra historia empezó gracias a un plato roto. El que él se ocupó de romper después de haber quedado intacto tras haberme cargado yo todos los demás de una vajilla. Y es que debe de haber pocas cosas que le molesten más: si haces algo, hazlo bien y, por lo que más quieras, nunca lo dejes a medias.

Es verdad que entonces fue cuando nos conocimos pero yo creo que cuando de verdad empezamos a querernos fue algo después, en una época de lo más golfa que tuvimos. De noches y noches de salir a tomar una copa tranqui y acabar no se sabe muy bien cómo: en un karaoke cantando ‘Resistiré’ sin sabérsela, haciendo mojitos con tropezones, o visitando a su prima que había madrugado para estudiar (Dios, todavía me sonrojo cuando me acuerdo de eso o veo a tu prima).

Luego llegó ND y congeniaron. Tanto que yo pasé a ser la novia de ND, como le gusta decir para picarme. Y lo consigue.

Un poco después llegó Pipi y también congeniamos. Oh, vaya, ¡Pipi es genial! Y vuelve a casa por fin. Qué gran regalo, ¿no?

Después el tiempo y la vida nos han ido serenando y él nos riñe por irnos después, a veces incluso antes, de la primera copa.

Pensando en qué demonios escribirle hoy me ha dado cuenta de que los grandes momentos de mi vida, de una u otra manera, están ligados a él:

  • En su cama de soltero hace unos siete años por estas fechas le tuve que pedir a ND que se casara conmigo.
  • Leyó en mi boda un discurso precioso con esa forma tan suya de hacer las cosas importantes: a lo grande pero sin darse importancia.
  • Tiene en su poder los muñecos de la tarta que NO cortamos con un sable. (vaya, creo que la tarta y el sable son los personajes más nombrados de este blog).
  • Pero sobre todo mi J, además de por lo obvio, se llama J también un poco por él.

Me parece que nunca nos hemos dicho lo que nos queremos con palabras. Supongo que porque él es sobrio, como buen castellano, y porque yo… ¡qué coño!, yo también soy castellana y sobria a pesar de haber nacido en una tierra que reniega de su innegable castellanidad.

Últimamente suena en la radio ese anuncio que dice que estar en el mejor equipo te obliga a ser mejor, pero que también te ayuda a serlo. Pues eso es más o menos lo que me pasa con él: me siento como Alonso conduciendo un Ferrari aunque en realidad sea mucho más parecida a Pierre Nodoyuna a bordo de un seiscientos.

¡Felicidades, Sheldon!

¡Ah! Además es el artífice de ésta, mi nueva vida bloguera. Él abrió este blog que se supone que compartimos. Gracias.


Los ingleses, esos grandes desconocidos

Saludos de nuevo. Ya estamos de vuelta después de casi cuatro días por Londres. Nos lo hemos pasado genial, hemos visto un montón de cosas, hemos comido muy bien, hemos paseado. Nos hemos comportado como auténticos turistas. Ya hablaremos del viaje en sí más adelante, ahora os quiero hablar de los ingleses, así, en general.

Para empezar, lo primero que se nos viene a la cabeza pensando en un inglés es que suelen ser extravagantes. Realmente es que hacen lo que les da la gana. No les importa lo que puedan pensar de ellos porque realmente a nadie le importa. Es algo admirable.

Los ingleses, y me refiero a los de una cierta educación, tienen la capacidad de convencerte de cualquier cosa. Les deben de enseñar retórica en el colegio o cosas así porque son capaces de llevar una conversación a donde les da la gana y que creas que te están alabando cuando realmente te están poniendo a parir. Esto me ha pasado con un inglés que trabaja con nosotros en un projecto europeo. Fue capaz de quitarle el liderazgo de una tarea a otro español, darmelo a mí y que el otro ni se enterara de nada y se quedara tan contento.

Juntando estos dos primeros elementos podemos encontrarnos con alguien vestido como un adefesio y al que no se puede llevar la contraria. El domingo, mientras íbamos en el metro se quedó un sitio libre al lado de una anciana que iba con abrigo, guantes y bufanda. Hacía un calor impresionante, pero ella iba bien tapada. Se quedó el sitio libre y murmuró algo como que había un sitio libre. Yo no me senté por si quería sentarse otra persona. Entonces subió el tono de voz y me dijo que me sentara. Me lo ordenó y yo le hice caso sin rechistar. Aquí en Madrid, si una vieja con la ropa raída y abrigo y guantes me dijera que me sentase pasaría olímpicamente. Es la forma de decirlo (o también que soy un calzonazos y en cuanto me dicen algo, lo hago).

Otra característica de los ingleses es su visión de aprovechar la oportunidad. De todo de lo que se pueda sacar beneficio, se saca. Las tiendas están abiertas todos los días, te cobran un pastón por entrar en los sitios (las 17 libras por entrar en la Torre todavía me duelen). Tienen parques privados, cosa que llama la atención. Pasar al lado de uno de estos parques hace que te entren unas ganas locas de entrar. Seguro que si estuviera abierto no querrias entrar. Los sitios públicos como las estaciones están llenos de tiendas. Las tiendas de souvenirs están todavía llenos de toda clase de merchandising con Lady Di.

Otra de las cosas que me chocó es que en bastantes pubs hay ofertas en la puerta de 'English breakfast served all day'. Que quieres tomarte un desayuno a las 10 de la noche? ningún problema. Saqué una foto de uno de esos carteles y ya la he puesto.

Otra cosa curiosa es que, por ejemplo, el Travel Pass que compramos se estropeaba a los dos o tres viajes y tiene en todas las salidas a un par de personas para abrir y cerrar las puertas automáticas. Supongo que sería mejor hacer mejores tarjetas, pero si no lo han hecho será porque no.

Llama la atención con lo aparentemente educados que son, lo guarros que son. Fuimos a ver un musical y al terminar e ir a salir, el suelo estaba lleno de botellas vacías de agua y de cerveza rodando cuesta abajo. Anniehall notó que hay muchas inglesas con el pelo bastante grasoso y el Domingo vió que muchas iban con el pelo mojado por la calle por lo que dedujimos que lo de la ducha semanal sigue siendo realidad.

Tienen orgullo de ser británicos. El domingo fue el aniversario del desembarco de Normandía y había bastantes banderas inglesas en las ventanas (aunque a lo mejor era por el mundial...). Homenajean a todos sus héroes, no se olvidan de su pasado y lo exponen como ejemplo. Gente como Livingstone, Cook, Nelson, los más dudosos Drake o Rhodes, todos tienen sus monumentos. Eso es algo que da una cierta envidia. Son conscientes de la importancia de la tradición. Imborrable la imágen del soldado en la Torre de Londres con ventimuchos grados y una humedad del 100% con su gorro que no le dejaba ni ver y que tiene que dar un calor de desmayarse ahí plantado.

Bueno, son gente peculiar, pero te hace sentir envidia de no ser británico. Además ya no se puede poner como excusa el jamón para no irse allí, porque hay un montón de pubs y restaurantes con el jamón ahí puesto. La próxima semana tengo que irme a Glasgow por trabajo, veremos si este post lo hago extensivo a los escoceses o hay diferencias...

Escribiendo a pachas

Aunque el espíritu con el que nació este blog era otro al final ha resultado que, salvo en dos excepcionales ocasiones que ya me gustaría a mí que fueran más, los únicos que escribimos aquí somos ND y yo.

Por suerte varias personas ya nos han comentado que está bien esto de escribir a medias con el pariento. Además parece que poco a poco vamos ganando lectores así que tan mal no lo estaremos haciendo.

Sin embargo a mí a veces me parece que damos un poquito de grima. Para empezar yo últimamente sólo escribo cosas lacrimógenas y esa vena sarcástica que conseguía sacar antes a veces parece que ahora esté esclerótica. Luego me da por sacarnos parecidos y esto es lo que se me pasa por la cabeza:
  • Cuando nos ponemos tiernos me da la sensación de que somos peor que el algodón de azúcar. Una versión bloguera del colmo de la ñoñería: la pareja retratada por la Basilio en ese gran hito del ridículo amoroso ‘Juntos’. Ay, Dios, cosa más cursi no se ha escrito ni se ha cantado. Resulta de lo más osado ‘colarnos juntos en el autobús’ y ‘saltar en rojo los semáforos’. Sí, esto va a ser lo que los franceses llaman ‘amour fou’.



  • Cuando nos recriminamos cosas pienso más en Pepe Blanco y Carmen Morell en plan ‘me debes un beeeeso, no te lo perdoooono’. No chicos, no, como Pimpinela, no, me niego. Nuestros gustos son mucho más cañís (y también mucho más antiguos) que esos dramas de culebrón de los hermanos incestuosos de los cardados y la barba tipo Parada. Qué grima los tres, madre. Parada y Pimpinela. Si ya le añadimos a Marujita Díaz y el famoso ‘pero que paquetón tengo, Machús, mira mi paquete’ Aaaaarrrrgggg (de esto os ahorro el vídeo).



  • Y siendo lo anterior malo, la peor de las comparaciones se me ocurre cuando recuerdo asuntos como el del sable que NO usamos para cortar la tarta nupcial. Entonces pienso que somos igualitos que Pepa y Avelino en Matrimoniadas. Vale que ND no es calvo y que a mí me faltan todavía unos kilillos pero… al tiempo.


Con lo que a mí me gustaría que nos pareciéramos a Kate y Spencer en ‘La costilla de Adán’, a Bogie y Lauren en cualquiera o a Cary y Audrey en ‘Charada’…

Pero, chicos, la cruda realidad es la que es. Terrible.

Aquí os dejo esta reflexión gilipollesca para que votéis por el parecido más razonable. Se admiten aportaciones innovadoras.

Nos vamos a Londres!!

Así es. Huimos a Londres unos días. Aprovechando que en Madrid el jueves es fiesta, nos hemos agenciado un viajecito de jueves a domingo sin niños. Mañana vamos a dejárselos a mis padres. Estas van a ser nuestras vacaciones 'alone'.

La verdad es que Londres lo hemos elegido un poco forzados por la situación, la situación económica. Era el vuelo más barato, dentro de que es carísimo, pero parece que a pesar de la crisis, de los parados, de las angustias, aquí todo el mundo se va de vacaciones. Parece que salimos escopetados al grito de 'maricón el último'. Miramos también París y Berlín, pero eran precios prohibitivos.

Estamos muy contentos de irnos, aunque la verdad es que no hemos preparado casi nada. Normalmente somos super meticulosos y miramos un montón de información, llevamos una lista con lo que queremos hacer. Os diré, por ejemplo, que los billetes del viaje que hicimos a Nueva York el verano pasado los compramos en abril y el viaje fue en agosto. Hemos comprado entradas para ver un musical, una 'precuela' del mago de Oz que se llama Wicked y hemos reservado en un restaurante que nos ha recomendado mi hermano. Restaurante de un precio un poco subidito, pero si te vas de vacaciones, te vas.

Fuera de eso, queremos ir a ver la abadía de Westminster, a la National Galery, el British Museum, la Torre... ya veremos. He tenido ocasión de asomarme a la mentalidad inglesa a través de la página de transportes de Londres. Es imposible enterarse de qué ticket comprar o cuál es la mejor opción (y eso que tienen una herramienta para ayudarte a elegir).

Hemos cogido un hotel algo apartado del centro, pero con buena pinta. No llevamos desayuno incluido, pero creo que lo pagaremos. Nosotros normalmente nos atiborramos en el desayuno y aguantamos hasta la cena, salvo algún picoteo. Esa técnica te permite ahorrar algo de money. También tiene su reverso tenebroso: en un viaje a Madeira, el primer día en el hotel me pegué tal atracón que me tuve que ir a dormir la siesta a continuación. Es que soy un tragaldabas.

Supongo que también iremos de compras. Yo no tengo nada pensado, pero al final seguro que cae algo, seguro que algún libro (allí tienen precios decentes).

Yo he estado muy poco tiempo en Londres. Estuve día y medio con mis hermanos hace varios años y hace poco en un viaje de trabajo. Esta última vez vine con mi jefe y vimos el British Museum en media hora mientras él hablaba por teléfono. Espero que esta vez tenga un poquito más de tranquilidad. He mirado las páginas meteorológicas y nos da una probabilidad de precipitación del ¡0%!, a ver si se cumple.

Bueno, para ir terminando y dado que tenemos nuestra agenda bastante despejada, aceptamos sugerencias y consejos de otros avezados viajeros. Supongo que durante unos días no habrá post nuevos, pero a lo mejor me equivoco...