El Mundo de Ayer

Acabo de terminar de leer este libro. Una lectura muy esclarecedora de uno de los grandes escritores del siglo pasado y, debido a sus opiniones antibelicistas, posteriormente olvidado. Sus libros fueron prohibidos por los nazis. Hay un episodio en el que relata las difucultades para estrenar una ópera que hizo con Richard Strauss en Dresde. El próximo martes lo recordaré mientras esté allí.

Para empezar quiero hablar de una cosa que me ha llamado muchísimo la atención. No aparece prácticamente ninguna mujer en el libro. El ser unas memorias y no hablar más que de pasada en dos ocasiones de sus dos esposas me hace ver, supongo, la diferencia entre ese mundo de ayer y el de hoy. Únicamente menciona a su primera esposa para indicar que una amigo se abalanzó sobre él y su esposa pensó que lo estaban atracando. A la segunda la menciona para decir que el día que iban a casarse por lo civil en Bath se interrumpió la boda porque empezó la segunda guerra mundial.

Y ese es otro punto que hace este libro extraordinario. Permítaseme la licencia, para nada peyorativa. Es que Stefan Zweig aparece como un Forrest Gump de su tiempo. Está siempre en todos los momentos clave en algún lugar preeminente y conoce a una pléyade de personajes, muchos de los cuales son desconocidos en la actualidad y otros siguen siendo referentes culturales. Conoció a Rilke, a Verlaine, a Mann, a Rodin, a Freud, a Shaw, a Croce, a Gorki, A Strauss, a Toscanini, a Hofmannsthal... y a muchos más de los que ahora no me acuerdo.

Es muy interesante su lucha por la paz y como finalmente termina como apátrida. Narra también la sociedad anterior a la guerra y ese afán por la cultura de la sociedad vienesa, como estudió en la universidad por deseo de sus padres y cómo el ser universitario era visto como un salto adelante en la sociedad. Describe muy bien ese cambio social en el que la seguridad era tenida como bien supremo y la experiencia como fundamental a la sociedad en la que la juventud era tenida como valor fundamental. Describe el horror de la guerra y de la posguerra, la inflación, la miseria, la especulación.

A su favor he de decir que me sorprendió su postura en su viaje a la unión soviética y el no tomar partido por el comunismo no dejándose impresionar por las cosas que vivía. Una de las cosas que destacan es su prudencia y su gran afán de conocimiento. También la libertad como máxima irrenuciable en su vida. Además llevada hasta sus máximas consecuencias, aunque eso no está en el libro. Cuando le pareció que todo estaba perdido y que nunca dejaría de ser un apátrida se suicidó.

Hay otro momento muy interesante que es cuando reflexiona sobre la libertad como bien supremo, pero por otro lado se da cuenta de que no está dispuesto a defenderla hasta sus últimas consecuencias.

Resalto aquí algunos párrafos que me han llamado la atención (he de decir que yo normalmente no subrayo los libros, pero con esto del libro electrónico me estoy animando, aunque me cuesta):

"La peor maldición que nos ha acarreado la técnica es la de impedirnos huir, ni que sea por un momento, de la actualidad"

"Todo esto está registrado no por una sola persona, sino por las miles que lo han sufrido, y llegará un día en que una época más tranquila, no moralmente cansada como ya lo está la nuestra, leerá estremecida sobre los crímenes que cometió un solo hombre, rabioso de odio, en el siglo XX" (hablando sobre Hitler).

"¿Cuándo la razón ha podido con los sentimientos?"

"Toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo éste ha vivido de verdad."

Es un libro que recomiendo. Ahora me pondré con el de Tony Judt sobre la posguerra en Europa. Me comprometí a leerlo y lo haré. Claro, que lo voy a leer en inglés por mi racanería. Me ha costado 10€ para el Kidle y me costaba 30€ en español. Así tengo una continuidad temporal, aunque me parece que no ideológica, pero como me han dicho que me lea algo de Judt y luego hablamos, pues me leo algo de Judt y luego hablamos.

Ahh!! se me había olvidado. También Zweig se preguntaba, como un servidor, por qué su destino tenía que estar en manos de una docena de personas. Por qué su existencia, su nacionalidad, su destino estaba un manos de sólo unos pocos que detentaban todo el poder. Millones de personas murieron por decisiones políticas tomadas por una cantidad no muy amplia de personas. (Perdón por el añadido, pero me he acordado después... es lo que pasa por no tomar notas)

El Diablo se viste de Pr...ivalia

Este es un post para prevenir sobre internet. En principio puede parecer que es algo bueno, que te permite comunicarte con gente, que te lleva a conocer nuevas personas, que te facilita la vida ahorrándote colas en el banco, que te permite consultar la wikipedia, que te hace más llevadero el trabajo y, en fin, que te entretiene.

Voy a mencionar un lado oscuro, un reverso tenebroso que se presenta como un pastel, cremoso y apetecible, pero que puede tener un regusto bastante amargo.

Yo mismo utilizaba internet para hacer compras, pero mis compras eran necesarias, lo hacía por el bien del universo y principalmente por el bien de los que me rodean. Ya os he contado como ya he comprado los regalos de Navidad. Bueno, me faltan algunos, pero es un uso de internet totalmente legítimo y beneficioso para todos. Bueno, es cierto que también me compro cosas para mí, pero totalmente necesarias... En fin, que no me lieis, que no he venido aquí a hablar de mí ni de mi libro... (precioso, por cierto)

Quiero referirme a algo mucho más terrible, un vórtice de maldad que emana del ciberespacio, las autopistas de la comunicación están infectadas con una serie de portales malignos sobre los que quiero preveniros, pero habéis de saber, antes de nada, que sus enviados están ya entre nosotros haciendo su labor de lavado de cerebro. Es una labor que pasa desapercibida. Es como la gota de agua que horada la roca. Son seres aparentemente normales, como los que un día hacen una locura y luego todos los vecinos salen diciendo que eran unos tíos encantadores. Estos emisarios del mal puede que se camuflen de amigos superenrrollados que hacen quedadas blogueras. Tratan de granjearse la confianza de la gente, pero en cuanto menos te lo esperas... ZÁS!!! LE HACEN A TU MUJER CLIENTA DE MEDIA DOCENA DE TIENDAS DE INTERNET!!!

Sí, señores, sí. Esos seres existen y esos portales existen. Tienes todos los días puntualmente en tu correo multitud de correos con ofertas y descuentos impresionantes a las que las nuevas captadas no pueden decir que no. Necesitan su ración diaria para quitarse el mono. Están enganchadas a las ofertas y los malignos seres que regentan estas nuevas babilonias tienen un conocimiento del alma humana, y especialmente del alma femenina, que hace que una vez captadas vayan ejerciendo el proselitismo en sus distintos grupos de amigas. Incluso - sí, amigos, hasta allí llega su osadía - entre el sacrosanto círculo de madres esperando a la salida del colegio.

Una de sus tácticas más perversas es poner en un sitio bien visible y grande no lo que llevas gastado, no, sino lo que llevas ahorrado!! Yo probé esa forma de engaño en Nueva York hace dos veranos y he de decir que es de una efectividad impresionante. Por ejemplo, me compré un jersey que ponía que costaba 500 dólares por 50. A lo mejor siempre costó 50, pero te vas supercontento. Y es que el mal no descansa nunca y ahora el mal se ha internetizado.

Dentro de esta perversa espiral de depravación, la última afrenta la puedes sufrir de una manera dolorosamente inhumana que es haberle facilitado en un descuido a tu señora esposa tu clave de paypal y recibir en tu correo a modo de guantazo los cargos de sus innúmeras compras cibernéticas. Podría cambiar la clave, pero, sinceramente, ¿vosotro os atreveríais? Yo no.

Que estas palabras sirvan de aviso. El mal habita entre nosotros al modo de telefilme con amish de Antena3 y con un título compuesto de dos palabras en el que una de ellas ha de ser justicia, deseo, traición, sospecha... y la otra un adjetivo del tipo: incompleta, mortal (o letal), ciega o algo así.

Puede haberos parecido divertido, pero, al igual que un buen telefilme siestero, está basado en hechos reales.

Romances reales

Pensaba escribir algo sobre los campos de girasoles que últimamente son fuente inagotable de, no sé cómo llamarlo, seré suave y las llamaré sorpresas. Pero es que estoy aquí, viendo la tele, hipnotizada por esta cosa tan maaaaala y se me van los dedos.

Supongo que no seré nada original y que lo que voy a decir ya se habrá dicho muchas veces y mucho mejor. La verdad es que al respecto solo he leído el comentario del Asesino en serie y acabo de descubrir que ha dedicado una entrada en exclusiva al asunto, pero no la he leído tampoco (todavía).

Pero es que tanto despropósito y tanta vergüenza ajena necesitan salir de mi cabeza. Os pido disculpas de antemano.

Para empezar ellos se parecen a los originales como un huevo a una castaña. Claro que son los mejor parados porque lo de los Reyes parece un chiste. Puigcorbé haciendo de Rey es como un mal imitador. Y Marisa Paredes haciendo de Sofía pues es, es, es.... ¡sí !es también como un mal imitador. Del Rey. ¿Y las infantas? Yo, que soy reincidente porque el martes también lo vi (lo confieso) tenía que ir diciéndole a ND que eran ellas porque era incapaz de imaginarlo. El maquillaje de la actriz sobre la que recayó el honor de interpretar a la infanta Elena creo que se llevaría un antioscar al peor maquillaje de la historia. No sé a quién se le ocurrió que una buena opción era maquillarla a manchas, ¿cuál habrá sido el proceso mental 'como es fea la maquillo como si la hubieran molido a palos y ya está'? En fin, indescriptible.

Siendo eso malo no es lo peor. Lo peor es sin duda el guión. Aunque mientras escribo esto están poniendo un documental de hace unos años en el que salían el Rey y el Príncipe, los de verdad, en uno de sus 'despachos cotidianos' y... A lo que iba, el guión es malísimo. Como casi siempre en las películas y las series españolas lleno de frases grandilocuentes y mucha tendencia a la intensidad. Vamos que no hay quien se crea los diálogos.

Ahora que gracias a este cúmulo de despropósitos he conseguido al fin entender la grandeza de Pertegaz. El caso es que en su día, el de la boda digo, a mí me pareció que el traje de Letizia tenía el escote mal hecho, que estaba arrugado y que deberían haberlo hecho para que quedara más tieso. ¡Ay, qué osada es la ignorancia! La mía y la de la diseñadora del vestuario de la serie que se decidió a enmendar el error y en la serie el escote parecía una especie de ensaladera o platillo volante encajado en el escote. El colmo de la elegancia, vamos.

También acabo de descubrir que los exteriores de la supuesta casa del Príncipe en la serie ni siquiera se parecen a la casa real, es decir, a la principesca. ¿Tan difícil era sacar la buena o hacer un decorado de una fachada parecida?

La música está, cómo no, a la altura del conjunto. Es también grandilocuente y cursi. Una delicada melodía al piano que subraya los momentos cumbre con gran sutileza (supongo que captaréis la ironía de esta frase).

Si habéis llegado hasta aquí os preguntaréis por qué, siendo libre de apagar la tele o cambiar de canal, me he visto no uno sino los dos capítulos de la serie. Pues porque posee esa capacidad de fascinación que ejercen las cosas más cutres y horteras. No puedes dejar de mirarlas, te hipnotizan. A lo mejor es porque no puedes concebir que algo tan terrible sea real. Me pasa también con la teletienda. Y a ND le pasaba con un programa que presentaba Leticia, la otra, la Sabater en el Canal 7, creo, de gente que iba a 'contar su historia' pero que eran actores malísimos que siempre acababan pegándose y cargándose el plató. (Ups, me acabo de dar cuenta que me he equivocado de imagen).

O será que soy una friki y esto solo me pasa a mí. Pero qué queréis, así me pasa y así os lo cuento. Que el blog también servirá como terapia, digo yo.

Para terminar os contaré un detalle sin importancia: los príncipes son unos copiones. En cuanto se enteraron de que nos casábamos en la primavera de 2004, ellos a copiarnos. Menos mal que no nos pisaron el día, porque a ver cómo le dices al Rey que no le puedes servir el banquete porque se casan los anijoles. Que lo nuestro sí que es un romance real.

(Mierda, leyendo el post de Efe al respecto me he dado cuenta de que se me ha olvidado comentar dos aspectos fundamentales: el Príncipe haciendo no sé qué arte marcial en una especie de porche acristalado con unos bambúes de fondo en el jardín (¿?) y el Señor Cuesta haciendo de secretario de la Reina. Son detalles fundamentales para darse cuenta de la calidad del invento.)

¿Borracho yo? Tururú

Este post viene a raíz de un malévolo comentario de Pippi (una de las colaboradoras de este blog que no se atreve a escribir) cuando quedamos para comer el pasado fin de semana.

Hablando de dónde tomarnos el gintónic de después y de tipos de gintónic le comenté que el otro día pelando una mandarina me olió tan bien que me dije que tenía que probar a echar cáscara de mandarina en el gintónic.

Una persona bien pensante maginaría algo del tipo: 'vaya afán innovador, se nota que este tío trabaja en proyectos de investigación' o del tipo 'ummmm!!! puede estar muy bueno!!!', pero lo que dijo fue: 'vaya borracho que estás hecho!!!' (o algo así, pero el mensaje estaba clarinete). Yo creo que por su boca habló la envidia porque ella ahora no puede beber...

La verdad es que yo bebo bastante poco, aunque no siempre fue así. De joven sí que bebía bastante, pero supongo que es algo que va con la edad. Ahora bebo poco, aunque cuando me lanzo, me lanzo como, por ejemplo, el otro día en León. En una hora o así me metí tres gintónics y mi cuerpo ya no está para esos trotes.

Ahora me gusta tomarme un buen copazo, copa de balón, muchos hielos, camareros que me llamen de usted, una buena ginebra...

Me gustaría imaginarme en un buen butacón, con amigos y escuchando al piano, por ejemplo, algo así:



I hate men.
I can't abide them even now and then.
Then ever marry one of them, I'd rest a maiden rather,
For husbands are a boring lot and only give you bother.
Of course, I'm awfully glad that mother had to marry father,
But, I hate men.

Of all the types I've met within our democracy,
I hate the most the athlete with his manner bold and brassy.
He may have hair upon his chest, but sister, so has Lassie!
Oh, I hate men!

I hate men.
Though roosters they, I will not play the hen.
You may be wooed by Jack the Tar, so charming and so chipper,
But if you take him for a mate, be sure that you're the skipper.
For Jack the Tar can go too far. Remember Jack the Ripper?
Oh, I hate men!

If thou shouldst wed a business man, be wary, oh be wary:
He'll tell you he's detained in town on business neccesary.
The business is the business which he gives his secretary!
Oh, I hate men!

La canción es 'I hate men', obviously, y es parte de 'Kiss me Kate' de Cole Porter. Siempre me ha gustado muchísimo Cole Porter, creo que lo descubrí gracias a mi hermano, como tantas cosas, que se compró un CD de nombre 'red, hot + blue. A tribute to Cole Porter' . Eran canciones de Porter cantadas por músicos actuales, bueno, actuales de entonces. Y había canciones maravillosas como esta Ev'ry time we say goodbye de Annie Lennox:



Acaba de llegar a mis manos un cuádruple album de canciones de Porter que es maravilloso. Se llama From this moment on: the songs of Cole Porter. Lo he estado oyendo y me veía a mí mismo tomándome un gintónic escuchando estas maravillosas canciones y me ha gustado lo que he visto.

A lo mejor eso es ser un borracho, no digo que no. Pero voy a proponer un pequeño juego, dado que tenemos bastantes visitantes ginebreros (aunque creo que sé quien va a ganar antes de empezar, pero veremos).

¿Cuántas ginebras de las que aparecen en la fotografía habéis probado?

Yo nueve.

Llaman al señor Kaplan ¿Señor George Kaplan? ¿Señor George Kaplan?

-Eh, muchacho!
-¿Señor Kaplan?
-Tengo que mandar inmediatamente un telegrama. ¿Puedes ponerlo tú si escribo ahora el texto?


Supongo que todos vosotros habéis visto esta película. Es impresionante, es una de mis películas favoritas y el arranque es trepidante y algo angustioso porque ves como a cualquiera le puede pasar algo así y te identificas inmediatamente con Cary Grant. Bueno, más quisiera yo que parecerme a Cary, pero eso es harina de otro costal.

El caso es que hay veces que un acto trivial desemboca en una catástrofe.

Todo se remonta a una semana atrás. Anniehall fue a recoger a los niños al colegio y se encontró con una madre que cuando oyó que Annie llamaba a J. le dijo:

- ¿Eres la madre de J.? Es que mi hijo D. siempre está hablando de J. Va a clase de X?
- No, va a clase de Y.
- D.? Este es J.?
- Sí...
- Bueno, es que este fin de semana celebramos el cumpleaños de D. y queremos invitaros a la fiesta en el parque el sábado.
- Bueno, gracias, allí estaremos.

El caso es que Anniehall me encomendó comprar el regalo porque dice que ella de regalos de niños no sabe. Yo creo que fue un escaqueo puro y duro porque cualquiera sabe que a un niño lo que le gustan son los coches y los animales, pero bueno, me fui a una juguetería y compré un tractor con remolque bastante apañado.

Como J. no habla mucho, aunque bastante más que antes (de hecho hace dos noches me desperté porque estaba dando voces y decía en sueños 'me lo voy a pomer toro, toro, toro!!' (me lo voy a comer todo, todo, todo!!)) no conseguimos saber quienes son exactamente sus amigos. Nos extrañaba un poco que siendo de otra clase fueran amigos, pero J. es muy simpático y juega incluso con niños de la clase de su hermana.

Nos presentamos en el parque, pero como a C. no la habían invitado, Anniehall llamó a otra madre para quedar con las niñas en los columpios. Nada más llegar nos dijo la madre: Ay, que es que hay otro J. en clase de D.!! Sólo le faltó decirnos que nos fuéramos para casa. Se notaba la tensión en el ambiente, pero como somos educados (y tontos) nos quedamos allí. Bueno, eso tampoco es cierto. Nos quedamos J. y yo porque Anniehall salió corriendo en cuanto vió a su amiga rumbo a los columpios. Eso sí, C. antes de irse arrampló con todo lo que pudo de la mesa de cumpleaños. Le dimos el regalo a D. y no quiso abrirlo. Los niños luchaban por cada juguete nuevo como si les fuera la vida en ello y muchos de los juguetes vivieron su primer y último día de uso entre la arena del parque.

Allí nos quedamos J. y yo capeando el temporal de la mejor manera posible, pero es difícil integrarte en una reunión en la que todos se conocen y tú eres el intruso. Fueron amables y hablamos de cosas intrascendentes hasta que se me acabó el carrete, lo cual no tardó mucho porque yo no soy dado al parloteo por el parloteo y no me gusta inmiscuirme donde no me llaman, aunque bien pensado, ahí sí que me llamaron...

Pasada una hora y media o así llamé a Anniehall y la conminé a que viniera a despedirse (que ni eso quería la tía). Nos despedimos y fuimos a por C. El pobre J. al llegar a los columpios no quería bajarse, pero tenía miedo de que pasaran de vuelta (ya os he dicho que estoy un poco tonto) los del cumpleaños y nos vieran ahí jugando.

En fin, una anesdotan para contar en el blog y un montón de gente más que no sé ni como se llaman a los que habrá que saludar a la salida del cole. Por lo menos, como Cary, he acabado la película al lado de la protagonista que empieza siendo mala, pero en el fondo es un cacho pan.

Risotto

Hoy me voy a referir a la cocina, que es algo a lo que no le he dedicado ningún post y ahora que vamos camino de los 200 creo que va siendo el momento.

Yo empecé a cocinar, como mucha gente, por necesidad. Cuando dejé la residencia universitaria y me fui a un piso con otros tres compañeros nos encontramos en la necesidad de tener que alimentarnos por nosotros mismos. Poco a poco le fui cogiendo el gusto a esto de la cocina y la verdad es que me encanta.

En casa cocino casi siempre yo. Con los niños nos solemos repartir la tarea dependiendo que quien tenga que secarle el pelo a C. o quien esté más cansado. Normalmente los fines de semana es cuando hacemos más platos, platos, porque la verdad es que nuestras cenas diarias son para echarse a temblar como puede atestiguar mi cada día más agrandada barriga.

Este fin de semana he hecho un risotto que es una de mis especialidades. En la foto podéis ver el tamaño de seta del que estamos hablando, una seta en la que podía vivir David el gnomo y toda su familia. Lo de la lata es para comparar, no es que luego me tomara un gintónic, porque de eso ya nos encargamos el día anterior. La seta de la foto es un boletus, bueno, medio en realidad. El otro medio y otro más pequeño lo utilicé para el risotto.


Las setas me gustan muchísimo y me gustaría tener tiempo y el campo cerca y poder recoger setas en estos días de otoño. Hay pocas setas que sepa diferenciar. Básicamente las macrolepiotas y las setas de cardo, poco más. En Ávila he ido algunas veces con mis padres que se apuntaron a un curso. Es una delicia pasear por los campos ligeramente mojados y con algo de frío mirando el suelo y encontrando alguna seta de vez en cuando. El problema son, somos, los madrileños, que lo invadimos todo en 200 km a la redonda de Madrid los fines de semana y somos como Atila y con tal de llevarnos una seta cogemos hasta la más pequeña. Por supuesto que son generalizaciones, pero el resultado es ese.

Bueno, por si a alguien le interesa la receta, os digo lo que hice (me pongo en plan Madame La Fenêtre).

Ingredientes (para dos adultos y dos niños pequeños):

  • 1 litro o litro y medio de caldo (yo usé un litro y tuve que usar un poco más, pero eso es cuestión de la altura, la presión y varios factores, así que realmente hay que echar exactamente el caldo necesario y eso se sabe probando y viendo que está el arroz entero y blandito)

  • 150 gramos de bacon cortado en trozos.

  • Una cebolla. Se puede hacer un sofrito completo con tomate y ajo, pero esta vez no lo hice.

  • Un vaso de arroz. El arroz que yo uso y que me parece fantástico es arroz del delta del Ebro que venden en el opencor y cuesta 90 céntimos el kilo. Es más caro que el SOS de toda la vida, pero merece la pena porque queda más cremoso.

  • Unas setas (unos 250 gr). Yo utilicé unos boletus que me costaron un ojo de la cara. Otras veces lo hago con setas de cardo cultivadas o con rebozuelos que son más baratos, pero hay que aprovechar la temporada de setas.

  • Un poco de queso parmesano o grana padano (30 gr). El arroz queda suficientemente cremoso sin echar queso, pero, si os gusta, echadlo, aunque no mucho para no matar el sabor de las setas.
Preparación:

Se dora la cebolla en la cazuela y cuando está translúcida se añade el bacon. Si se churrasca un poco no pasa nada, incluso puede que quede más rico. No sé que pasa con el arroz que el churrascadito de cebolla, que en otros platos te los arruina, aquí queda muy bien. En caso de que se os dispare un poco el fuego y veáis que se os quema, echad un chorrito de agua o de caldo.

Se pone a calentar el caldo en otra cazuela. Por supuesto que es mejor hacerlo, pero con la falta de tiempo, yo utilicé un caldo de pollo en tetrabrick Gallina Blanca. El caldo no tiene que hervir, pero tiene que estar caliente.

Se añaden las setas troceadas y añadimos sal. Yo, aunque sea una herejía, después de limpiar bien los boletus les pasé agua por el pie porque es muy desagradable encontrarse tierra en un risotto y además se lo iba a dar de comer también a los niños.

Después de unos minutos, cuando vemos que las setas empiezan a soltar agua, añadimos el arroz y lo rehogamos durante un par de minutos. A continuación vamos añadiendo un cazo de caldo y removemos todo el rato, cuando está casi consumido, echamos otro y así hasta que probando veamos que el arroz está tierno y entero y todo el conjunto está cremoso, tipo arroz con leche.

Retiramos del fuego y añadimos (o no) el queso parmesano. Yo recomiendo el grana padano porque es más barato y se va a fundir y el sabor es muy parecido.

et voilà:


A los niños no les entusiasmó, pero por lo menos se lo comieron. C. no se comió las setas, y J. sí.

A los mayores nos gustó mucho (al menos eso me dijo Anniehall, pero a lo mejor era para darme coba). Una pena no haber tenido más comensales a quienes agasajar. ¿Alguien se apunta al próximo?

Por cierto, si alguien tiene ideas sobre qué hacer con ese pedazo boletus que nos queda, que nos lo diga.

Cowboy Junkies

Dado que durante el fin de semana no suele haber mucha actividad blogueril, me voy a decantar por un sencillo post musical. Os voy a hablar de un grupo del que supongo que prácticamente nadie habrá oído hablar. Se llaman Cowboy Junkies y no sé si se podría traducir como algo así como los cowboys zarrapastrosos, pero eso no es lo importante. Tienen ya más de diez discos, aunque hace tiempo que no los sigo. Creo que sus mejores discos fueron los primeros. Por lo que he visto en wikipedia tienen canciones que han salido en las películas asesinos natos, la verdad sobre perros y gatos y alguna más.

El primer disco que escuché se llama The Trinity Session porque lo grabaron en esa iglesia. Tiene canciones muy buenas, como por ejemplo una versión de sweet Jane y esta canción a capella que abre el disco:



Yo los conocí un verano que pasé por tierras de Wisconsin aprendiendo inglés. Son un grupo de hermanos, los hermanos Timmings más el bajista que se apellida Anton. Son canadienses, por lo que parece también por esas tierras norteñas tienen cowboys. Yo fui a verlos a un concierto que dieron en Madrid en la sala Arena, al lado de la Plaza de España. Fue un concierto que estuvo muy bien. Había poca gente, pero más de la que yo esperaba y no me acuerdo de qué disco presentaban. De hecho, me acuerdo de que fui con mi amigo I., pero poco más. Es triste, pero no consigo recordar más que una canción de ese concierto.

El siguiente disco que sacaron se llamaba The Caution Horses y es muy bueno. Os pongo una canción que he encontrado porque el goear tampoco tiene mucho de estos chicos:



El siguiente disco es Black-eyed Man y es bastante bueno, creo que es el que más me gusta, además es un poco más alegre. Os pongo To live is to fly, que siempre que la oigo me alegra. Para mí es mucho mejor que la original de Townes Van Zandt:



Pale sun, Crescent moon fue para mí su último gran disco, pero ahora mismo no lo tengo aquí en el trabajo, así que os habéis librado. Os pongo para terminar una canción que se llama Angel Mine. Que la disfrutéis (o no, que eso va por gustos). Buen fin de semana.



Arregladita como pa' ir de boda

Como ya conté el otro día, y relató mucho mejor Amanita, mi fin de semana empezó el jueves (aunque el viernes tocó trabajar) con un plan estupendo. El viernes salimos hacia León sin despedirnos siquiera de los cachorros. Teníamos la idea, qué ilusos, de llegar pronto para poder dar un buen paseo por León. La primera hora del viaje nos la pasamos en el coche sin salir de la ciudad. Y la segunda en el atasco por las obras de la AP-6. Que digo yo que cuando hay atasco por obras deberían cobrarte, como mucho, la mitad del peaje. Pues no.

Conseguimos llegar hacia las ocho. Cuando nos dispusimos a reposar un ratito sin saber muy bien dónde ir nos encontramos que Cazurro nos había dedicado un post entero con recomendaciones gastronómicas leonesas. Ni que decir tiene que, como buenos lectores agradecidos, nos pusimos a la tarea de seguir sus sabios consejos cuanto antes. Fuimos de avanzadilla de nuestro grupo de invitados. Estuvo bien porque empezamos antes el disfrute. Como contrapartida nos tocó hacer el trayecto de la Catedral al Húmedo casi tantas veces como la Pradera ha ido del puente a la alameda repescando a los rezagados. No sé cuántas cervezas me tomé, qué bien tiradas por cierto. La compañía fue estupenda: patatas, morchilla, chorizo, pizza,… De remate nos atizamos unos gin tonics estupendos en el Haddock, también recomendación de Cazurro. La otra compañía también fue estupenda y nos reímos mucho. Conocimos además al que debe de ser el camarero más vinagres de la historia de la hostelería. No en vano el bar se llama ‘La bicha’. Os dejo adivinar a vosotros quién decidimos que es la suso bicha.

Nos recogimos tarde pero amanecí bastante fresca, la verdad. Ya conté que desde que me hago mayor el alcohol me sienta mucho peor así que me había levantado con miedo. A la resaca y a la peluquería, que la tenía a las nueve y media. Y una peluquera siempre es alguien a quien temer. Mucho más la primera vez que te enfrentas a una. Lo de la resaca fue fácil, nada que un gran desayuno y un ibuprofeno no puedan arreglar. Así que, envalentonadas después del desayuno, Tochi y yo pusimos rumbo a la peluquería mientras nuestros ingenieros reposaban en el hotel. Contra todo pronóstico nos dejaron despampanantes. No porque la materia prima sea mala, no, sino por la especial habilidad del gremio por dejarla a una con pinta de gato escaldado. Tochi con su melenón azabache deslumbrante y servidora con una coleta bastante estilosa. No os diré lo que opinó ella porque me da vergüenza (Tochi no hables) pero yo me veía como la prota de ‘An education’ una vez comienza su refinamiento. Recomendable peli, por cierto.

Gracias al madrugón nos dio tiempo a visitar la Catedral por dentro antes del bodorrio. La noche anterior nos quedamos con las ganas al verla tan espectacular (y tantas veces) toda iluminada bajo el cielo completamente negro. Si la portada es impresionante, las vidrieras son para caerse de espaldas.

Luego tuvimos que volver al hotel a terminar el acicalamiento. La ceremonia no estuvo mal salvando dos cosas: la inevitable querencia de los curas a hablar de la muerte en todas las bodas y los impresentables de atrás que no solo tenían encendido el móvil, que sonó varias veces, sino que además contestaban a las llamadas y, esto está sin confirmar, estaban comiendo kikos. No os creáis que eran unos adolescentes irreverentes, no, eran unos señores hechos y derechos que andarían cerca de la senectud.

Tras el arroz, los pétalos, los besos y las felicitaciones a los novios y toda esa otra liturgia de rigor llegó lo interesante: el aperitivo y la comida. No os lo creeréis pero las únicas no proteínas de toda la comida fueron unos vasitos de vichyssoise y la guarnición de la carne. Y vaya proteínas, hacía años que no comía una lubina tan buena y que en una boda no me daban un solomillo tan en su punto. Luego copas, puros, baile,… Lo peor de todo el disc jockey. Era terrible.

No despellejaré porque me lo estoy empezando a prohibir pero había cada unoooo: teníamos al hijo de Chencho Arias con pajarita de lunares y complejo de ‘A single man’, o sea, con gafotas de pasta negras; teníamos una enfundada en un traje que yo creo le habían cosido una vez puesto porque de otro modo era imposible meterse ahí dentro; teníamos a otra con las tetas en la garganta y compitiendo en adherencia con la del traje anterior; teníamos un vestido de comedia sofisticada de los cuarenta que tenía alas. El vestido no era feo, del tipo de los que saca Kate en ‘La fiera de mi niña’ pero claro, si no eres Kate es mucho atrevimiento. Y luego había muchos rasos que, lo tengo dicho, no son buena idea. Si llevas medias pero no combinación hacen belcro con los panties y el efecto es terrible.

Oh, vaya, si había dicho que no iba a despellejar. Bueno sigo, luego ya nos pusimos de paisano para seguir la fiesta en otro sitio. Perdí a ND en el cambio pero a cambio me gané una cena. Es curioso ver lo diferentes que somos vestidos de boda. O es eso, o muchos se colaron en el bar. El local era pequeño pero supimos buscar un buen sitio y me puse las botas para la cena. Una empañada de bonito divina. Eso sí, nada más terminar con los canapés descubrí, por enésima vez, el gran sabio con el que me casé. Me entró una envidia de él en la camita, durmiendo ya, que no lo pude remediar y me fui a hacerle compañía.

El domingo tras el gran desayuno recuperamos nuestra conciencia paterna y abandonamos León, donde espero volver a disfrutar lo que esta vez no he podido. El viaje de vuelta fue más tranquilo. La tarde del domingo transcurrió entre el sopor y la conciencia, o sea, fue agotador.

De todos modos, me ha gustado comprobar que de vez en cuando puedo volver a ser la que era y salir jueves, viernes y sábado y sobrevivir mucho más que dignamente. Qué digo, si yo nunca he salido jueves, viernes y sábado. ¡Yupiiii, estoy más joven que nunca!

Ah, y que vivan los novios.

El Kindle

Tengo una cierta tendencia a comprar cachivaches electrónicos que me parecen el no va más antes de tiempo. Compré, por ejemplo, un minidisc que me costó un pastón justo antes de que empezara el mp3 y demás zarandajas y me lo dejara obsoleto enseguida. También tuve un walkman con megabass que me compré un verano que mis padres me mandaron a Estados Unidos a aprender inglés y que se me estropeó enseguida. Fue de los primeros aparatos que abrí e intenté desmontar y con él descubrí la verdad sobre los aparatos electrónicos: 'Siempre que intentes arreglar un aparato electrónico, no lo conseguirás y, además, al tratar de devolverlo a su estado original te sobrarán piezas. Tantas más cuanto mayor haya sido tu atrevimiento'.

El verano pasado (bueno, hace ya dos veranos, sería mejor decir el verano del año pasado) estuvimos en Nueva York y me compré un libro electrónico Sony. Me encantó. Es una cosa maravillosa, admito que el libro tiene muchas ventajas, pero estos cachivaches son impresionantes. Puedes llevar cientos de libros encima y no pesa más por ello. Se leen perfectamente. La pega es que en español y por cauces legales hay muy poco que se pueda comprar, aunque eso va cambiando. Por ejemplo, la Casa del Libro vende en formato digital el nuevo libro de Ken Follet. No es que me lo vaya a comprar, pero poco a poco habrá más variedad.

Ese libro tan maravilloso murió cuando llevé a J. al hospital para que lo operaran y al entrar en el taxi me senté encima. Se me fastidió la pantalla. Ahora que veo mis accidentes tecnológicos veo que todos ellos han sido con aparatos Sony... tendré que pensar en evitar comprar más cachivaches Sony.

Quiso la fortuna que un compañero del trabajo viajara a Estados Unidos a ver a un familiar y me trajera otro. El que yo había comprado ya no existía y me tuve que contentar con uno más pequeño. Está muy bien, pero una vez que has probado el grande... se te hace pequeño, aunque puedas variar el tamaño de la letra y tal... no sé, no me acababa de convencer.

Así que quiso la fortuna que el familiar de mi compañero de trabajo (y amigo) viniera a devolver la visita a España y me haya traído un Kindle de Amazon. No tengo palabras para describirlo, pero lo voy a intentar. Es maravilloso. Es mejor que los que había probado, cambia de página más rápido, en la web de amazon te puedes comprar miles de libros gratis y otros bastante baratos. Por ejemplo, he comprado gratis Moby Dick, La Isla del Tesoro, Los Viajes de Gulliver, la autobiografía de Benjamin Franklin... y he comprado pagando 3 dólares trescientas obras de Mark Twain. Claro, todos en inglés, pero también hay libros en español y te puedes comprar, por ejemplo, el Quijote por algo más de 3 dólares. Además, los tienes en tus manos casi instantáneamente. Es cierto que la espera es parte del placer, pero hay veces que te gustaría hicarle el diente a algún libro rápidamente.

Además no acaba ahí, tiene instalado un navegador y si estás conectado a una red wifi puedes navegar con bastante soltura. No puedes ver vídeos y ese tipo de cosas, pero está muy bien y eso con un peso de menos de 250 gramos. Además incorpora de serie el Oxford Dictionary of English y The New Oxford American Dictionary con lo que leer en inglés se facilita mucho porque puedes consultar en un momento cualquier palabra que no sepas, también puedes comprar otros diccionarios. He visto que hay uno español-inglés. Tiene teclado por lo que puedes hacer anotaciones, puedes subrayar, puedes marcar páginas... incluso puedes ver lo que la gente que ha leído ese mismo libro ha resaltado. Esa es la parte un poco más tenebrosa, porque tienen información sobre lo que lees o no lees y se pierde privacidad, aunque siempre puedes desconectar la wifi y no volver a tener tratos con Amazon o sólo conectarlo cuando te quieres comprar algo.

Tiene otra cosa buenísima y es que lo puedes comprar y te lo mandan a España y lo tienes en tres o cuatro días en tu casa. Cuesta con todo incluido (tasas, gastos de envío, etc,) unos 135€. Es caro, pero bastante más barato y si tienes un amigo que vaya a Estados Unidos te lo puede traer por menos de 100€.

En fin, que estoy encantado. Es cierto que cuando lo enciendes no huele a libro nuevo, pero como decía Osgood: 'Nadie es perfecto'.

La música, el tiempo recobrado

Hacía tiempo que quería escribir sobre la música y lo que supone para mí. Al final me he decidido a raíz de los post de Juanjo y Molinos. No pretendo hacer una lista de mis discos favoritos porque me saldría muy larga y además lo estoy haciendo así, sobre la marcha, por lo que voy a hablar un poco de lo que me de la gana que es lo que hago habitualmente.

Para empezar un poco culturetamente diré que la música tiene un poder evocador inmenso. Contaba Proust (de algo tiene que haberme servido leerme En Busca del Tiempo Perdido) que, en los momentos en los que en la vida adulta recuerdas tus momentos felices cuando eras niño, el tiempo se detiene y te transportas mágicamente a esos momentos de tiempo detenido y eres feliz. Él lo descubrió, o al menos eso cuenta tras tres mil y pico páginas, haciendo equilibrios sobre un bordillo en una acera parisina. La música tiene un gran poder en ese sentido y trae, al menos a mí me los trae, muchos recuerdos felices.

Yo empecé bastante tarde en esto de la música. Normalmente era mi hermano el que compraba discos o se compraba alguna cassette en el rastro. De hecho, la primera cinta que me compré fue en el rastro y era Tunnel of Love de Bruce Springsteen. Por supuesto que escuché muchas tonterías como los Hombres G, los Max Mix (alguien se acuerda de los Max Mix?) , Pet Shop Boys (aún hoy me gustan), veía rockopop con Beatriz Pécker y esas cosas. Recuerdo un verano en el que estábamos de vacaciones en Yugoslavia (todavía era Yugoslavia, uno tiene una edad) y mi hermano compró The Joshua Tree de U2 baratísimo. También recuerdo que mi hermano le dejó a un amigo el disco de Gabinete Caligari de Cuatro Rosas y a él le dejaron los cinco LPs en directo de Bruce Springsteen que aún andan por casa, creo que salimos ganando, sobre todo yo porque a mi hermano no le ha gustado mucho Bruce.

Recuerdo mi odio visceral a Mecano que, además, les encantaba a mis hermanos. Recuerdo que no sé por qué motivo tenía una cinta de Mecano en uno de nuestros viajes veraniegos familiares por Europa y a mis hermanos se les habían roto las suyas, supongo que por rebobinarlas con el boli o algo así, y mis padres me obligaron a dejársela para ponerla en el coche... todavía me estremezco ante los acordes de Ay, Dalai.

Yo, como chico de provincias, y no sólo de provincias, sino de una provincia y ciudad muy pequeñita, fui a muy pocos conciertos hasta que me vine a Madrid. Recuerdo haber ido a un par de conciertos de Celtas Cortos y poco más. El primer concierto-concierto que ví fue en el Vicente Calderón (según internete fue el 13 de mayo del 92) y me alucinó, la verdad es que no había oído mucho a Dire Straits antes del concierto, pero desde entonces siguen a mi lado, aunque he de reconocer que los últimos discos de Knopfler no son muy allá.

El siguiente gran concierto que ví fue el de Bruce Springsteen en el Calderón en la gira de Human Touch y Lucky Town, fuen en el 93 y fue impresionante, he leído la crónica de El País del concierto y me ha sorprendido lo mal que lo valora. Para mí fue impresionante. Aún recuerdo como temblaba el suelo cuando todo el mundo se ponía a patear a la vez en el suelo. Fui con mi amigo X. que estaba mal de la garganta y terminamos destrozados. Él luego ha ido a verlo muchas más veces, pero yo no.

Una o dos semanas después tenía entrada para ir a ver a U2 en el concierto de Achtung Baby, pero antes de eso tuve un neumotórax y tuvieron que operarme y me lo perdí. Recuerdo el viaje desde Ávila al hospital 12 de Octubre con mi pulmón desinflado y pasar al lado del Calderón y ver cómo estaban montando el escenario, me entraron ganas de bajarme e ir con mi pulmón perforado y mi maletín aspirador a verlo.

Me desquité un par de años después, aunque fue un desquite un poco amargo. Fui a ver a U2 nuevamente al Calderón (no sé porqué sigo siendo del Madrid si los mejores momentos en un estadio los he pasado en el Calderón) con mi hermana en el Pop TV Tour. Fue impresionante, pero duró escasamente hora y media y no hicieron ni un bis. Me dejó un regusto amargo, aunque me compré una camiseta muy guay que me ha durado más de diez años de uso continuado, la jubilé hace ya unos añitos.

Esto me está quedando bastante largo, además no quería hablar de conciertos, sino de música. Para otra ocasión dejaré a Leonard Cohen, a Texas, a Brian Adams, a The Cure, a Oasis, A Mariza, a Chano Domínguez, a Carlos Núñez, a Mª Dolores Pradera y a alguien más que me dejo por ahí a los que he tenido la suerte de ver. También os hablaré de los que no he podido ver y me he quedado con las ganas como R.E.M., Pink Floyd, Rolling Stones...

En fin, no sé si os habrá gustado o no, pero durante el tiempo que he estado escribiendo esto, el tiempo se ha parado y durante este rato he recordado muchos momentos en los que fui feliz. Dejemos ahora que el tiempo siga su curso, aunque a lo mejor leyendo esto el tiempo se para para alguno de vosotros. Eso espero.

El desayuno de hotel

Voy a dejar a Anniehall que haga la crónica de nuestra estancia en León. Nuevamente quiero agradecer a Cazurro sus indicaciones que seguimos escrupulosamente, salvo Casa Blas que según nos dijeron cuando preguntamos en la calle '¡está en el quinto pino!'. León es una ciudad maravillosa en la que me podría ver viviendo allí y feliz. No es tan grande como Madrid ni tan pequeña como Ávila. Tiene bastantes atractivos culturales y gastronómicos y se puede ir andando a casi cualquier parte. Y sino, como dicen que dice la estatua de Guzmán el Bueno: "si no te gusta León, ahí tienes la estación".

Pero a lo que quería dedicar este post es a los desayunos de hotel y más concretamente a los desayunos de hotel con buffet libre. Es un poco como el sueño de cualquier niño de quedarse encerrado en una tienda de gominolas o de chucherías (lo de chuches me suena muy moderno, aunque es lo que dicen mis hijos). Tienes todo delante de ti para elegir y, al menos en mi caso y en el de mi señora esposa (podría poner una foto suya desayunando en el parador de Aiguablava, pero vendría a continuacion una demanda de divorcio), no nos limitamos a tomar un café, una tostada y dos cruasanes, no.

Hubo una vez, incluso, hace ya algunos años en Madeira en la que tuvimos que volvernos a la habitación después de desayunar a echarnos la siesta porque estábamos a reventar. Sé que esto nos quita un poco de glamour, pero como tenemos a raudales, pues no hay riesgo.

Cuando vamos a hoteles con desayuno incluido y estamos haciendo turismo, normalmente desayunamos fuerte para saltarnos la comida y luego cenamos pronto. Este método nos va de maravilla salvo casos como el de Madeira, pero es que hay que saber dosificarse. Ya dijo Aristóteles que en el medio está la virtud. Nuestro refranero lo dice de una manera menos sofisticada como 'ni tanto, ni tan calvo'.

Es curioso el fenómeno que se produce en este tipo de desayunos porque yo por ejemplo tengo salchichón en casa, pero no me lo desayuno, ni el jamón , ni el jamón york, ni el queso, ni huevos, etc., pero en un buffet libre hay que tomar de todo. Yo en León me dediqué al lomo ibérico porque yo, habiendo lomo, es lo que más como. Con tanta fruición que me lo acabé (me acabé hasta la primera loncha reseca) y al día siguiente no pusieron más... (a lo mejor esperaron a que me fuera para sacar la bandeja...).

También le di al queso de cabra de entrambasmestas, muy recomendable, así como a la fruta, porque hay que aligerar un poquito. Había incluso fresas, pero no estaban muy allá. El influjo de la fruta pelada es muy importante. Si pusieran un frutero con naranjas, peras, mangos, kiwis, etc. se tomaría mucha menos que poniéndola pelada. Es que la ves ahí ya partidita y te apetece. ¿Y qué decir del zumo? Me bebí cuatro o cinco vasos de zumito de naranja natural riquísimo.

A la cecina no le di en el desayuno, pero sí en los aperitivos de la boda. Está bien, pero creo que no aguanta comparación con 'o rei jamón'. Pero para gustos hay colores y para que lo vean les diré que pasamos por una tienda donde vendían chocolate con cecina.

Tema aparte es el de los productos dietéticos que siempre están puestos al lado de los bollos y mermeladas poco dietéticos. Eso es crueldad intolerable.

Lo de los huevos en el desayuno es para gente de mal vivir porque a mí a esas horas pensar en meterme una tortilla con bacon... pufff, eso para los ingleses.

Creo que hay algo que tenemos interiorizado que nos dice: si lo hemos pagado hay que aprovecharlo, rentabilizarlo. Sé que es algo bastante ruin, pero creo que somos varios los que pensamos así. Creo que habrá poca gente que se tome su café, su tostada y se vaya. A lo mejor Simeón de Bulgaria, con quién compartimos desayunos buffet en Lisboa (bueno, estaba desayunando a la vez que nosotros) es más de ese tipo, aunque me pareció que le daba bastante al embutido... está en la condición humana.

Bueno, que esto va quedando largo y alguien puede tener hambre y pasarlo un poco mal leyendo estas cosas.

The Shock of the New

Antes de nada, aviso que este post está escrito el viernes y programado para el sábado. Anniehall se me ha adelantado en publicar y no está bien publicar dos veces en el mismo día. Cada uno se merece un reconocimiento por su esfuerzo y no seré yo quién me meta en ese berenjenal de eclipsar a mi señora esposa.

Quiero haceros saber que me he comprado este libro de Robert Hughes, os pongo la versión wiki en inglés porque en español no viene nada. Dicen que es un libro muy didáctico sobre el arte en el siglo veinte (bueno, finales del XIX - finales del XX). Ya reconocí ante vosotros mi escasa inclinación hacia las moderneces en el arte. También reconocí que era culpa mía el no entender ni disfrutar de esas creaciones, así que me he puesto las pilas y me he comprado este libro para intentar disfrutar de esa parte artística que no comprendo.

El libro es impresionante y un poco intimidante porque tiene un montón de páginas y de ilustraciones. Se centra en la pintura, aunque también trata un poco de la escultura.

Vi a través de youtube un documental de Hughes que se llama The Mona Lisa Curse que recomendó Corageous en el blog de las Divas que me gustó mucho, y que recomiendo, aunque hay que reconocer que iba en contra del arte moderno de tiburones en formol y calaveras con diamantes, pero eso creo que aunque me lea doscientos libros no me gustará nunca.

Ya véis que a pesar de ser un defensor del libre mercado y del perverso capitalismo (por favor, ved este vídeo) trato de aprender y desasnarme en la medida de lo posible, que supongo que será poco, pero por ahora tengo la intención de leerlo, aunque puede que fracase que no se diga que no lo he intentado.

Cuando esto se publique yo estaré en León disfrutando de esa magnífica ciudad, además alojado en el Hostal San Marcos... ¿qué más se puede pedir?

El equipo A

Yo me ilusiono en seguida. Y cuando algo me hace ilusión, me hace tanta, que empiezo a temer que al final pase algo que lo tuerza.

Y esta semana había varias cosas que me hacían mucha ilusión. El lunes fue desalentador. Para empezar alguien se cayó de una de las convocatorias. Además por algo chungo. Ya tuve mal cuerpo para todo el día. La sensación no me ha abandonado del todo aunque me voy acostumbrando a ella. Supongo que son técnicas cerebrales para no vivir angustiado todo el día.

Hacia el final del día un dolorcito, de esos que un médico llamaría inespecífico, se me puso en una zona difusa entre los ovarios y la vejiga. Yo, siempre tan optimista, decidí que era una piedra o unas arenillas bajando por el uréter y causando estragos a su paso. Me acosté acojonada (no sería mi primer cólico nefrítico y es para temerlo) y decepcionada porque por supuesto ya me imaginé el completo: pedrusco en el riñón imposible de eliminar por las vías naturales, litotricia, y a ver ahora cómo lo hacemos con los niños, y me lo voy a perder todo con la ilusión que me hacía... En fin, un centrifugado en toda regla. Me puse a beber agua como una loca, me acosté con el miedo (y el dolor) en el cuerpo y amanecí como si nada. Ufff. Bueno, como si nada no, con dolor de garganta.

Sin embargo y para, una vez más, contradecir mis peores augurios, la semana fue pasando y llegó el jueves. Primer evento. Qué nervios, madre. Un millón de cosas qué hacer: al curro, preparar la comida para los niños del fin de semana, hacer la compra, prepararme yo para el fin de semana (depilado, pintado de uñas, mascarilla...), pensar qué me pongo esta noche, baño de los niños, vestirme, cena de los niños, maquillarme, acostar a los niños, subirme al tacón... Por supuesto no me dio tiempo ni a la mitad de las cosas pero llegué sana, salva y hasta maquillada a la hora señalada: nueve y media.

Un manojo de nervios llega (demasiado pronto) al lugar señalado preguntándose qué pasará, si habrá silencios incómodos, si cumplirá las expectativas generadas, si tendrá un momento de esos tan suyos de cagarla utilizando el plato del pan del de al lado o tirando sobre los demás comensales su cerveza (no sería la primera vez). Un poco como en las primeras citas cuando tienes mariposas en el estómago y no sabes por dónde irán los tiros.

Un entrante, un plato, un postre y dos gin tonics después he de decir que para mí fue como la seda. Hace tiempo que no me reía tanto. Estoy deseando repetir.

De nuevo parafraseando a los clásicos: me encanta que los planes salgan bien.

Con dos tacones

Debo de estar atravesando una época frivolona. Igual que Diva, hace un tiempo que me dije que ya estaba bien, que no puedo ir con esta cara todos los días, que tenía que hacer el esfuerzo de maquillarme todos los días. Gano mucho y pierdo solo unos minutos. Supongo que en esta misma línea va lo de mi flequillo.

Pero yo quería llegar a las alturas y, como siempre, me disperso. La tercera derivada de esta etapa es que, una vez más, he picado. De vez en cuando caigo. No preguntéis por qué, ni siquiera yo lo sé, pero me pasa. Yo suelo ser muy cabalita cuando me compro zapatos: nada de tacón, en invierno suela de goma, en verano suela ‘de suela’, nada que me apriete mínimamente que eso de que ceden ya sé que es mentira podrida… Si a todos estos requisitos, y alguno más, le añadimos el cuarenta y uno que calzo, la compra de zapatos suele ser un suplicio porque me cuesta muchísimo encontrar algo que los cumpla y no me haga parecer la monja alférez o una directora de cine lesbiana catalana (que no sólo usan gafas).

Sin embargo, de vez en cuando, dejando atrás mis inamovibles criterios, me compro unos taconazos. Además, con la fe del converso, me creo todas las milongas que la dependienta me cuenta ese día y que cualquier otro hubieran hecho que me diera la risa: 'no hombre, si es un tacón muy cómodo, no es muy alto (6 cm o así) y además como es cuña pues apoyas todo el pie', '¿el ante? si se limpia muy bien con una goma de borrar'...

El lunes fue la última vez que caí en la tentación. ND ya no dice nada, pero pone cara de ‘¿otra vez?’. Él sabe tan bien como yo lo que va a pasar. Me los pondré dos veces, me destrozarán los dedos, me torceré el pie cada dos pasos (quitándole a mi aspecto cualquier rastro de estilo que pudiera tener) y un día pasarán al fondo del armario para nunca más salir de allí. Intentaré ocultarlos para no enfrentarme cada mañana a la vergüenza del dinero malgastado. Pero será imposible, de soslayo me recordarán, cada vez que los desprecie a favor de unas bailarinas y mis botitas tan planas ellas, mi poca cabeza y falta de clase.

Pero como todavía no ha llegado ese momento aquí me tenéis, en la oficina estrenando zapatos. Muy optimista, esta mañana me he dicho ‘Ya que se te han pegado las sábanas y no te vas a maquillar, ponte al menos los tacones. Además así entrenas para la boda del sábado’. Se me había olvidado lo difícil que es conducir con tacones. Ya he estado a punto de esguinzarme (qué mal suena esto) varias veces y todavía no son las doce. Yo, que estaré frívola pero no gilipollas, había pensado que hoy era un buen día porque no tenía que ir a buscar a los niños al cole. Pero hete aquí que me ha fallado el plan y me toca ir. Eso va a ser la prueba de fuego. Si mis pies resisten las hordas infantiles en estampida a la salida del cole, los abrazos sin control de mis niños por la alegría de ver a su madre y además consigo agacharme dignamente a darles un beso y subirlos en el coche, entonces a lo mejor tienen futuro. Si superan eso y la prueba del algodón, o sea, la de la goma de borrar. Si no, están condenados al fondo deL armario.

De todos modos, parafraseando a los clásicos, no elegí un buen día para estrenar tacones.

Me crecen los pies

Esto, que puede parecer una tontería, no lo es tanto. Es algo bastante descorazonador. No voy a negar que tengo unos pies bastante grandes, acorde a mi altura general. Si tuviera los pies más pequeños supongo que tendría un problema de estabilidad.

Ya conté por aquí la impresión que me produjo saber que tengo un pie que mide lo mismo que una botella de vino. También es cierto que no tenemos una referencia muy clara de lo que mide un pie porque siempre los miramos desde la distancia. Siempre están abajo y la perspectiva, que es muy traicionera, nos hace percibirlos más pequeños de lo que son. Por norma general, se dice que el pie mide lo mismo que el antebrazo, desde el interior del codo hasta la muñeca. Yo he comprobado que en mi caso esto escierto. Esta referencia es muy útil para comprar calcetines.

El caso es que yo usaba hasta hace unos años un 45. Hubo un cambio para unificarnos con Uropa en el que pasé a ser agraciado con una subida de número que hizo que pasara a usar un 46, pero a veces un 45, depende, porque cada fabricante (intuyo que también en el capítulo de vestimenta debe pasar algo similiar, bueno, no lo intuyo, ya lo he sufrido en la compra de calzoncillos. Tengo calzoncillos de la talla L que me quedan bien, mientras que me he comprado calzoncillos de la talla XXL que me quedan pequeños (vaya inciso que me he marcado, ahora ya nadie va a saber por donde iban los tiros, esto ya casi parece una fórmula matemática (y vaya inciso dentro del inciso))) recibe con su título de zapatero una regla de medir que es distinta para cada profesional del ramo, lo que hace que el número de pie sea una mera aproximación. Además, para colmo de males, desde hace unos años también tenemos medios números. Ya hay 45½, y así.

Caso aparte son las zapatillas deportivas para las que siempre hay que coger un par de números más del que usas, al menos es lo que me pasa a mí. Supongo que tiene algo que ver con la hora GMT o con el camino que recorren esas zapatillas hasta que llegan a ti y, al igual que en la vuelta al mundo en 80 días, ganas un número o dos según las vueltas que den alrededor del orbe.

Este fin de semana me he comprado unas semibotas (qué nombre tan horrible para un calzado, parece un quiero y no puedo) de una marca que ya había comprado más veces y que me resultaban muy cómodas, pero de las que se me rompía la suela en menos de un año. Ví que habían cambiado la suela y me decidí a probar. El caso es que según ese fabricante mi pie ha crecido y ha pasado a ser un 47. Esto me crea un cierto desasosiego. En primer lugar porque el 47 es el limite superior de la tienda. Más allá no hay nada, así que si me crece más el pie deberé asumir que he de buscar tiendas con 'tallas especiales'. Ya da mal rollo hasta el nombre. En segundo lugar porque somos seres borreguiles y a todos nos da más seguridad estar dentro del rebaño, nos gusta encajar. Y en tercer lugar, porque si sigue creciéndome el pie voy a tener que pensar en dejar mi trabajo y empezar a buscar empleo de payaso de pies grandes, aunque bien mirado... de payaso ya trabajo. O si no, ¿por qué estoy en el trabajo cuando todo el mundo se ha ido de puente?

Correos y despedidas. El desenlace

Por aclamación popular me he decidido a contar el desenlace de la despedida. Bueno, vale, sólo me lo ha pedido la Doctora Anchoa. Pero es que últimamente no se me ocurren temas y va a parecer que me he levantado de la mesa del Blasco a comprar tabaco con el resultado de sobra conocido.

Desde aquí os aviso: este va a ser un post cebolleta. Tomo ejemplo de la doctora para avisaros. Así que si no os apetece oír mi tono Doña Rogelia no digáis que no os avisé a tiempo.

Me había quedado en que pensaba contraatacar con la propuesta del sitio ese de las pedicuras hechas por peces. Pues no hizo falta porque alguien se me adelantó. Cuando llegué a la oficina al día siguiente, entre uno de los trescientos correos sobre el particular, allí estaba la propuesta. Porque sí, queridos, a pesar de haber confirmado mi ausencia seguí recibiendo correos y correos y correos durante días.

No se atrevieron con los pies y los peces (cobardes) pero el caso es que la propuesta de la manicura ganó. ¿Por goleada? Pues no. El procedimiento de elección fue de lo más democrático. En uno de los correos, de repente, alguien se erigió en portavoz y organizadora. Lo cual a esas alturas se agradecía porque quedaba menos de una semana para el asunto y lo único decidido era la fecha. El correo hacía un resumen de la situación: va ganando la opción de spa y cena. Y a continuación: pero es que yo prefiero lo de la manicura, porque es mucho más original.

Así que después del contundentísimo argumento de la originalidad, la flamante organizadora se puso a mover el asunto de la manicura. Porque ¿qué coño importa la democracia si lo que pide la mayoría no es original? A mí este asunto de la originalidad sí que me toca los pies. ¿Es que algo original es bueno por el mero hecho de serlo? ¿Es que las cosas que ya has hecho te dejan de gustar porque ya no son originales? Pues no, a mí me gusta el jamón aunque ya lo haya comido antes. Seré la única, porque nadie de la mayoría aplastada por la novedad (y por la organizadora) protestó. Vale, yo tampoco protesté. Diré en mi descargo que ya me había descolgado de la convocatoria y pasaba de ser la típica tocahuevos 'aunque yo no voy a ir os diré que me parece una mierda eso que estáis decidiendo'. Con ganas me quedé. De decir eso y de pedir que, ya que no iba a ir, no me mandaran más correos. Pero, la verdad, no quería miradas inquisitorias durante la boda buscando a la borde que dijo 'por favor, no me mandéis más correos'.

Y menos mal que no lo hice porque lo que vino a continuación creo que compensa las semanas de correos y más correos de gente desconocida preparando algo que me parece absurdo.

Bueno no, lo que vino a continuación no, que primero vino el precio: ¡950 euros para diez personas! Yo flipé. A mí me parece una barbaridad que te cobren ese dineral por arreglarte las uñas en plan pijo mientras te tomas un cóctel con unas amigas. También me parece un poco irresponsable plantear semejante desembolso a un grupo de gente al que no conoces sin tantear un poco. No sé, decir algo como 'oye chicas, esto cuesta esto, no sé si no será demasiado'. Pues no, la diligente organizadora lo soltó sin anestesia. Y, lo que a mí me impresiona aún más, nadie protestó. Claro que, no sé, si yo fuera una de las que pensaba ir pero luego resulta que no me lo quiero o no me lo puedo permitir, a lo mejor al ver que nadie protesta pues simplemente me caigo de la convocatoria con alguna excusa para no parecer una paleta entre tan distinguido público.

Y además me parece hasta cierto punto... no sé cómo decirlo ¿inmoral? ND dice que hagan lo que quieran, que cada uno se gasta el dinero en lo que le parece. Pues sí, por supuesto, pero también cada uno piensa lo que quiere. Y yo una vez más, estoy de acuerdo con Tochi, que me dijo 'tía pero es que es... una paletada decadente, coño, de verdad, que cuando yo me hice la pedicura me pareció de lo más prosaico, es como si te hacen un brunch en el ginecólogo. Vale que a C le flipe vestirse de princesa y merendar magdalenas rosas, pero leches, que tenemos una edad, que no somos Carrie.' Yo no lo hubiera dicho mejor.

Una vez superado el susto monetario me puse a profundizar en el 'menú' del lugar (bueno nos pusimos porque en esto que va a continuación ha contribuido mucho Tochi también). La verdad es que nos dio para mucho porque no tiene desperdicio.

Puedes elegir una pedicura realizada en un ambiente tenue lleno de velas (sic). ¡Aja! eso es lo que estoy deseando, que una tía con tenazas me hurgue los pies durante ¡noventa minutos! y con poca luz. Total, ¿para qué quiero el dedo meñique? ¿para que se llene de callos y no poderme poner zapatos de punta?

Si lo de la pedicura no te seduce siempre puedes ir a depilarte. Aunque, eso sí, tienes que tenerlo claro porque hay cuatro posibilidades con las ingles: ingles (así a secas) e ingles brasileñas. Hasta aquí todo bien, lo comprendo. Pero luego vienen las ingles 'sex and the city' ¿Qué demonios será esto? ¿incluirá un servicio no del todo legal? He llegado a la conclusión de que sí porque cuesta más de sesenta euros. Y, por último ¡tachán! tenemos las ingles NY. Esta es la que me ha fascinado. Yo he decidido que te deben de dejar esculpido NY o tu edificio preferido del skyline o algo así. Aunque no he tenido narices de llamar para averiguarlo.

En manicuras y pedicuras también tienen varias opciones con nombre a cual más epatante y todos relacionados los supuestos lujos asociados a Nueva York y los neoyorquinos (ricos, claro). Lo más extraño es la 'pedicura de temporada'. No sé muy bien qué significa, ¿te dejan un dedo sin limar en primavera? ¿no te quitan las durezas en invierno?

¡Ah! Y te cobran un extra por limas nuevas. Que no sé si será que te cobran más si tú las pides o que si tienes la mala suerte de ser la que estrena pues te jodes y las pagas. Para ti y para todas las que las usen después de ti.

Además hay un menú especial para celebraciones. A Tochi le hizo mucha gracia lo de la música cuidadosamente elegida (sic). Su glosa era 'te pongo a Camela pero con mucho cuidadito'. También dicen que puedes elegirla tú. Aunque visto el tufillo que destila no sé si se reservarán el derecho de no hacerte caso si no la consideran lo suficientemente cool.

Por último añaden que se pueden contratar actuaciones privadas y preparar sorpresas. Sí, yo creo que para el que va a dar el concierto debe de ser toda una sorpresa encontrarse a una panda de pijas intentando imitar a Carrie y compañía, medio borrachas y sin poder tocar nada porque no se les han secado las uñas.

El caso es que por ahora todas mis dudas sobre el menú siguen sin resolver. Y así seguirán, me temo. La diligente organizadora tuvo la gran vista de no llamar para reservar hasta dos días antes de la fecha elegida. Así que, al final, en el pecado llevó la penitencia y tuvieron que ir a un spa porque (flipo otra vez) el sitio ese ya estaba completo. Así que he decidido llamarlo 'baño de democracia' en lugar de despedida de soltera poco original.

Ya he comprado los regalos de Navidad

Tal y como lo oís. Sí, puede parecer un poco pronto, pero ¿por qué esperar?

Empezando por el principio diré que a mí me encanta regalar. Eso de que es mejor dar que recibir es una gran verdad. Y os diré que no se me da del todo mal lo de regalar. Creo que mis regalos son apreciados. Claro, también puede ser que mis familiares y amigos me dirijan una sonrisa política y sobreactúen al recibir los regalos. Si esto es así, debo vivir en medio de una familia de actores de incógnito que podrían haber dedicado su vida al noble arte de la interpretación (de hecho, mi hermano es intérprete).

También he de admitir que regalarme cosas a mí es bastante difícil, porque tengo pocos caprichos y suelen ser baratillos. Anniehall siempre se desespera y me dice que le de pistas, pero es que aparte de libros, no sé qué pedir.

El año pasado hice la promesa de no volver a comprar ningún regalo aventurándome por el centro de Madrid en esas fechas tan señaladas. Este año ya he comprado un regalo en el centro de Madrid, aunque de manera casual, no lo iba buscando. Iba buscando un reglo para el cumple de J. que es dentro de un mes más o menos y cayó en el bote, ¡qué le vamos a hacer!

Admito que me llaméis impaciente, cagaprisas o todas las lindezas que os apetezca. El caso es que tenía una lista de regalos, principalmente libros, y, aprovechando que el euro vuelve a estar vivo frente al dólar, he dejado temblando la tarjeta de crédito. Claro que esto tiene el reverso tenebroso, pero a la vez liberador de que son regalos que no se pueden ni devolver ni cambiar. Amazon es mi muy mejor amigo que me soluciona la vida regalil. En Madrid me pasaba por la fnac o la casa del libro, pero espero que eso se acabe. Me agobia pasear por Callao o por la Gran Vía y estar inmerso en esa riada de gente. El año pasado fuimos en Navidades con los niños al mercado de la Plaza Mayor con la silla de J. y casi morimos en el intento. Por supuesto que este año volveremos a pasearnos por el centro, pero si es posible hacerlo sin ir cargado de bolsas, mejor.

Hay cosas que no entiendo como, por ejemplo, el precio del editor de los libros que es como 'Palabra de Dios'. Bajó Moisés del monte Sinaí y dijo: 'Nadie venderá los libros por debajo del precio del editor, salvo un 5% si tienes tarjeta de socio preferente. Además nadie podrá comprar nada por internet y que se lo manden a casa sin pagar unos gastos de envío estrafalarios'. Porque esa es otra. No puedo entender como me cuestan menos los gastos de envío desde USA que desde Barcelona. No lo entiendo y tampoco entiendo por qué las empresas 'de intenné' no ofrecen gastos de envío gratis cuando no tienen que pagar, entiendo, el mismo alquiler que la casa del libro porque en vez de estar en la Gran Vía, están en un polígono industrial de las afueras.

Tampoco os creáis que he sido tan cagaprisas, algunas de las estimaciones de entrega de los pedidos que he hecho tienen como fechas aproximadas de entrega hasta el 13 de diciembre, lo que ya está muy cerquita de Navidad. En Estados Unidos esto de las compras por catálogo está muy desarrollado y las empresas de mensajería y correos se quedan semicolapsadas en Navidades.

Puede que sea insolidario y que con gente como yo que se gasta el dinero fuera en vez de aquí no salgamos de la crisis, pero ofrecedme algo parecido y lo tomaré en consideración, pero ,por poner un caso, he pedido este libro que tiene una pinta impresionante (probad a buscar imágenes de David Doubilet en google) a Amazon en español y me sale más barato que comprarlo en la casa del libro y, además, me lo llevan a casa. Os pongo una fotito:


En fin, que la cuenta atrás de las navidades ya han empezado en la casa de la familia Anijol. Todavía me faltan algunos regalos, no os creáis. Si queréis consejo, no tenéis más que pedirlo, si no lo queréis, no tenéis más que no pedirlo... ¡Ho, ho, ho! ¡Feliz Navidad!

El Musical, ese gran desconocido

Después de reflexionar ayer durante más de un minuto sobre los musicales me decido a hacer un post sesudo sobre los que me gustan. Bueno, no será sesudo porque ya sabéis que donde no hay mata no hay patata.

He de reconocer que a mí de pequeño no me gustaban nada los musicales. No entendía por qué en medio de una escena se ponían a bailar y a dar saltos. Me parecía que estorbaba tanto baile, salto y gorgoritos. Hay que reconocer, por otro lado, que normalmente los doblajes no ayudaban nada al respecto. Una cosa es cuadrar diálogos y otra estrofas que rimen y que se adecuen a la melodía. Así había letras como "Busca lo que es vital no más, lo que es necesidad no más" que eran de dificil comprensión o "de chico yo me acostumbré a tartamudear, mi padre mi nariz torció para enseñarme a hablar, hasta que un día yo escuché, cuando era ya mayor, la frase con más letras, la palabra más atroz" o "Re, selvático animal". En fin, que era complicado. Peor era cuando hablaban en inglés, porque entonces no te enterabas de nada.

Yo veía películas de vídeo del oeste o así. La que más me gustaba era El Dorado que, casualidades de la vida, era también de las que más le gustaban a mi cuñado, aunque ayer Anniehall no lo mencionara. Todo esto cambió cuando aprendí inglés y fui capaz de irme internando en las películas en versión original.

La verdad es que empecé con las películas de Disney. La sirenita, la bella y la bestia, Aladdin, el rey león... Mis hermanos que viajaban traían alguna película de estas por navidad y nos gustaban bastante a pesar de ya ser talluditos. De ahí y gracias a la antena parabólica pasé a ver Siete Novias para Siete Hermanos, Un Americano en París, Brigadoon y otras. West Side Story la oí primero en disco y más tarde vi la película.

Ahora a los niños les ponemos normalmente las películas en inglés y habremos visto Mary Poppins, Sonrisas y Lágrimas, El Mago de Oz, todas las de las princesas Disney más otras parecidas una media de cien veces cada una, eso sin exagerar. Me sé de memoria las canciones, los diálogos, las imágenes... porque además muchas veces las veo. Tienen algo, algo mágico que te alegra el día, aunque es cierto que hay veces que estás atravesado y querrías matar a Fräulein María y a los siete hijos del barón.

En fin, que yo quería poner una lista de musicales que me gustan y al final, como siempre, me voy por las ramas.

Mis musicales preferidos:

  • Mary Poppins: divertida, optimista, imprescindible.

  • Sonrisas y Lágrimas: muy bonita con canciones buenísimas (esta no sé ni siquiera en qué idioma tiene los subtítulos), aunque la segunda parte se me hace un poco larga.

  • My Fair Lady: muy buena, el profesor Higgins y Eliza. 'I could have danced all night'

  • La Bella y la Bestia: creo que es la que más me gusta de Disney. Es como una opereta o una zarzuela con muchas canciones y una historia muy buena.

  • El Mago de Oz: grandísimas canciones, aunque también la segunda parte se queda algo larga.

  • La Sirenita: muy bonita, ese 'under the sea' es maravilloso y no conozco a nadie que no escuche 'kiss the girl' y no sonría.

  • Siete Novias para Siete Hermanos: maravillosa dentro de su falsedad. Esos colores, esos bailes...

  • El Rey León (y más después de ver el musical en Nueva York, totalmente recomendable): muy buena, la historia, los malos, la música...

  • West Side Story: buenísima, ayer estuve escuchando las canciones 'María', 'I feel pretty'.

  • Chicago: a mí me gustó bastante la película en la que está bien hasta Richard Gere. 'All that Jazz' es muy buena

  • The Commitments: esta historia de esa banda de soul es muy buena.

  • Cantando bajo la Lluvia: muy buena y muy divertida. La historia de la dobladora y la actriz reconocida con voz de pito.
Seguro que si lo pienso me salen más, pero 'a word of caution', no es oro todo lo que reluce. Llevé a Anniehall a ver el fantasma de la ópera en Madrid y fue algo horripilante. Yo sólo podía acordarme de lo que había pagado por las entradas mientras veía esa mamarrachada. The Producers me causa vergüenza ajena sólo el ver un trozo, nunca he conseguido verla entera ni creo que lo vuelva a intentar. Grease, le tengo un odio irracional, pero totalmente justificado porque era la que ponía mi hermana una y otra vez, a lo mejor ella odia El Dorado, me parecería lo justo.

En fin, que me gustan los musicales, que me hacen sentirme bien y que se los seguiré poniendo a mis niños... al menos hasta que me digan que quieren ver Grease, entonces les diré que hasta aquí hemos llegado y les pondré El Dorado, o me bajaré al bar a llorar mis penas.

Sunset y Candem

Él es la pasión. Yo soy la templanza.

Él es espléndido. Yo soy ahorradora.

Él es osado y valiente. Yo pacata y cobardona.

Él no para en casa. Yo soy muy hogareña.

Él es brillante. Yo soy currante.

Él es trasnochador y dormilón. Yo soy madrugadora y trasnochadora, aunque menos.

Él es de su madre. Yo soy de mi padre.

Él se acaba de poner gafas. Yo fui gafotas en seguida.

Él era el guapo. Yo era la alta. Hasta que dio el estirón. Ahora somos más o menos iguales de estatura.

Él es encantador y desenvuelto, se mete a cualquiera en el bolsillo desde el primer momento. Yo soy muy tímida lo cual, sin pretenderlo, me hace parecer borde.

Sus amigos lo son de toda la vida. Los míos son los de la carrera.

Su música es la británica, siempre lo ha dicho. Yo soy más de lo que se llaman los 'american standards'.

De niño no leía nada. Ahora devora. Eso sí, tienen que ser trilogías, tetralogías, ... algo que no se quede en un sólo volumen. Yo fui muy precoz y muy voraz en la lectura. Ahora casi no leo.

Sus pelis eran 'El mejor' y 'Teen Wolf'. Las mías 'My fair lady' y 'Sonrisas y lágrimas'. Las de los dos 'El jovencito Frankenstein' y 'Cantando bajo la lluvia'. Nos moríamos de risa en una escena, al principio, en la que Debbie Reynolds, que ha llevado a Gene Kelly en su coche, dice sujetando un volante enoooorme 'ya hemos llegado: Sunset y Candem'. No era especialmente cómica pero ella resultaba muy ridícula con aquel volante tan grande entre las manos. Lo seguimos diciendo de vez en cuando. Abrimos los brazos y decimos entre risas 'Sunset y Candem'.

Yo le saco de quicio con mi, lo reconozco, terrible defecto de interrumpir al que está hablando. Él me saca de quicio con sus exabruptos sobre la clase política, la Iglesia y sus representantes en la tierra o cualquier otro asunto de actualidad. Por cómo lo dice más que por lo que dice. Podéis ver de lo que hablo aquí. Aunque ahí se contiene bastante.

Nunca jugamos mucho juntos: yo era muy de muñecas y él muy de coches. Pero siempre fuimos cómplices. Creo que nunca nos chivamos uno del otro.

Con los años la vida nos ha juntado a los dos en Madrid, fuera de casa. Creo que ha sido aquí donde nos hemos hecho amigos. Ahora hacemos cosas que nunca habíamos hecho juntos: salimos al cine, a cenar, nos juntamos en casa de alguno para comer (desde que tenemos niños más en la nuestra), nos llamamos para ver cómo nos va la vida... ND y él se llevan muy bien y su mujer es un encanto japoxalapeño que nos enamoró desde el primer día. Son nuestros canguros oficiales. Con los niños son un amor y, muy a pesar suyo, los niños prefieren a la Japo. Él dice que es porque se pone unas pulseras que les hipnotizan. Yo creo que es porque no se echa la siesta para quedarse a jugar con ellos.

Hace unos días me he dado cuenta de que casi nunca hablo de él por aquí. Y no sé por qué. Porque a pesar de todas las diferencias le quiero con locura.

Para enmendarlo, hoy, que hace treinta y dos años que tengo un hermano, le dedico esta entrada.

A un hermano estupendo que tiene un montón de virtudes que envidio. Creo que entre los dos hacemos el hijo perfecto. Con gafas, eso sí.

Aunque creo que nunca leerás esto: ¡Muchas felicidades P!

El Jamón

Hoy voy a comprar un jamón. Yo hay una sentencia que sigo al pie de la letra que es "una casa con jamón es una casa feliz". Creo que se lo oí en alguna ocasión a Carmen Rigalt, pero puede que fuera otra persona. El caso es que creo firmemente en esa afirmación.

Me da un poco de pena el reparo que sienten mis hijos de temporada jamonera a temporada jamonera cuando se les ofrece jamón 'del bueno' y prefieren el de york. La verdad es que en casa no tenemos siempre jamón. A partir de mayo hace mucho calor y hay que terminarlo antes de Navidades porque no las pasamos en Madrid y se nos pone duro como una piedra.

Además, jamón que vuela, a la cazuela, no es así ni pienso meter un jamón en una cazuela, pero hay que aprovechar las oportunidades porque dentro de unos años me parece que va a ser algo prohibitivo para todos nosotros. No es que ahora sea barato, pero de vez en cuando se puede hacer un exceso. Ese interés en exportarlo... pero ¿estamos tontos o qué? Aquí mi liberalismo se me viene abajo. No juguemos con el jamón...

Una de las noches más surrealistas y felices de mi juventud la pasé en las fiestas de Guijuelo. Dormimos en la fábrica de jamones del padre de mi amigo rodeados de 40.000 jamones. Podéis haceros una idea de lo que se puede salivar ahí. El caso es que llegamos bastante borrachos y nos pusimos a partir jamón, aunque yo creo que más bien lo masacramos. Al día siguiente las miradas del padre de mi amigo no podían ser más explícitas.

En nuestra boda hubo jamón, aunque eso lo deben saber mejor los invitados que nosotros. Al cortador de jamón sólo lo vimos en fotos y sólo conseguimos pillar un par de trocitos al vuelo mientras nos hacían las fotos de rigor... bueno, casi de rigor mortis porque yo estaba deseando matar al fotógrafo y a la mitad de parientes que no conocía de nada y de los que no iba a guardar testimonio gráfico a pesar de estar posando con mi mejor sonrisa impostada.

En mi casa, bueno, en casa de mis padres, porque ahora mi casa es otra, siempre ha habido jamón. El jamón es algo maravilloso. Te soluciona la cena en un pispás. El mayor problema es partirlo. Nunca he sido muy ducho en la materia, aunque con el último que compramos mejoré espectacularmente debido a internet. Internet sirve igual para un roto que para un descosido. Encontré un dibujo que muestra por dónde van los juesos del jamón que ahora me pongo de chuleta al lado del susodicho y me sirve bastante.

En fin, que ya lo sabéis, que estamos de enhorabuena y que si queréis visitar a la familia Anijol, este es un buen momento. Además tenemos queso zamorano y chorizo y salchichón salmantino...

P.D: Mientras escribía esto he visto un mensaje de Anniehall conminándome a poner otro post por no sé qué cosas de unas pelucas o no sé qué. Sirva este post como homenaje a todos los cortadores de jamón con peluca.

Cambios

Yo iba a escribir una entrada sobre los cambios. Iba a empezar más o menos así:

resiliencia
.

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.


Pensaba decir que si consideramos los cambios como situaciones límite o deformaciones yo no soy nada resiliente. Que es una manera elegante de decir que soy una cobarde y que no me gustan nada los cambios.

También iba a escribir que lo soy, cobarde quiero decir, a pesar de que mis propias experiencias me muestran que muchas veces los cambios han sido a mejor. Es igual, si tengo que elegir, en general elijo la inmovilidad. Sé que es estupido además de cobarde porque me ha hecho perderme muchas cosas. Pero supongo que es algo irracional porque llegado el momento de elegir consigo siempre razonar la opción de mantenerlo todo en su sitio para que parezca la mejor.

Quería contar que por una vez he elegido cambiar. Desde hace unos meses me ronda en la cabeza y me ha costado mucho tomar la decisión. Supongo que un DIvague de hace unas semanas me dio el empujón que me faltaba. Aunque me lo he tomado con un poco de calma para aprovechar el impulso, la verdad. Además de cobardona también soy bastante lenta, alguno diría pesada.

La verdad es que este paso hacia la resiliencia ha sido en algo bastante insignificante: el flequillo. O tal vez no tanto. Se trata en realidad de la imagen que presento al mundo y aunque sí es una frivolidad también es cierto que la imagen del otro nos condiciona mucho.

Cuando sales de la peluquería después de algo así no sabes muy bien qué te parece. Incluso aunque estéticamente el resultado te agrade no estás segura de si te va o no te va esa nueva imagen. Te preguntas si no tendrás pinta de paleta, o de friki, o demasiado moderna... Y lo que estás deseando es que alguien te diga si estás bien o mal. Al menos a mí me pasa. Yo ya tengo una cierta opinión sobre el resultado pero necesito que alguien la corrobore. O discrepe, pero algo. Seré insegura además de cobarde pero lo necesito.

En fin, yo venía dispuesta a contar todas estas cosas. Una entrada pseudopsicológica dándole un poco de trascendencia a una tontería como el flequillo. Y va ND y no sólo se me adelanta sino que además publica esto. Y va el tío y lo ilustra con este horror. Y echa por tierra no solo mi post sino también mi imagen.

Como si no se lo hubiera advertido. Antes de irme ya le dije 'despídete de mi cara, porque voy a volver con otra'. Tal vez fue mi tono un poco dramático pero de coña el que le hizo tomárselo a broma. En fin, sea como sea, lo que no es de recibo es venir una hecha un hato de inseguridades y encontrarse con un 'no sé, es que parece que te has puesto una peluca'. Y, no contento con eso, va y publica lo que ya habéis leido.

Menos mal que el resto de su familia me ha dicho que estoy muy guapa y que yo creo que me queda bien.

Bueno, voy a ver si continúo con mis tareas de reeducación. Y a quitarme la peluca, que la verdad es que pica un poco.

La imagen la he cogido por ahí, no sé de quién es. Si el autor quiere que la retire o le nombre, por favor, que lo diga.