Año nuevo, pelo corto

Por fin lo he conseguido!! Ayer me corté el pelo tras dos meses intentándolo infructuosamente. Ha sido un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la capilaridad. Por fin!!

No creáis que es cosa baladí. Tampoco es que lo haya intentado todos los días durante dos meses, eso sería exagerar y ya sabéis que yo soy una persona moderada y tendiente a la ecuanimidad. Para entrar en harina os diré que Anniehall no ha tenido ninguna culpa en este retraso. Culparla sería lo fácil y no sería nada elegante. Podría decir que se me colaba siempre en lo de ir a la peluquería (dos veces en los últimos dos meses) o podría decir que me encalomó el cambio de ruedas del coche, el arreglo de un chinazo en la luna delantera, el darnos de baja en el club de deportes, el hacer la revisión de los 60000 kilómetros (del coche, yo todavía estoy en garantía). Podría decir que me dejó aquí con los dos niños mientras ella se volvía de rodríguez a Madrid a pasearse por exposiciones y palacios rococó con goteras. Podría decir que me hizo llevarle el coche una vez reparado a Madrid casi en plan paseando a Miss Daisy, pero no lo voy a hacer.

Es cierto que hubo fines de semana de compras y de intentos, bastante lamentables en general, de divertir a nuestros vástagos e, incluso, culturizarlos un poquito.

Otra posible causa en el retraso de mi disminución capilar pudiera ser el hecho de que no me corto el pelo en Madrid, sino en Ávila. Ya os he dicho que no me siento madrileño, aunque eso no sé si tiene mucho que ver, pero el hecho es que normalmente me lo corto en Ávila (al igual que Anniehall, que conste). Es más barato y contamos con la ayuda de los abuelos que siempre es más relajado. Además, al no tener padres ni suegros en Madrid, aprovechamos un poco para que viertan mimos sobre sus nietos cuando los visitamos. Como además hemos pasado a ser also starring también con nuestros propios padres que sólo tienen ojos en primer lugar para sus nietos, aprovechamos el anonimato para comprar en el Carrefour (aunque no uvas con oro), ir a cenar o al cine. Annie aprovecha especialmente para ir de compras. Está encantada con el comercio abulense y supongo que el comercio abulense con ella, pero ese es otro tema.

Intenté ir a cortarme el pelo el miércoles, pero no pudo ser, había mucha gente y finalmente el jueves fue el dia. El caso es que me tomaron el pelo pero bien... me han dado un rape que se me transparentan las ideas. Incluso se me queda de punta el pelo. Eso nunca me ha gustado, pero como dice el dicho: burro mal esquilado, a los dos días igualado. Ahora me doy un aire a Loquillo una vez enmochado (creo que utilizo bien el concepto de Molinos), por el pelo y por el enmochado, pero con el pelo de arriba de la cabeza más corto, de hecho creo que tengo un aire similar al Loco de la foto. No me echo gomina ni me gusta que se me quede de punta, sobre todo en las zonas de transición hacia el pelo cortito de los laterales. Cuando me despierto parece que me asoman un par de cuernos.

Ya he conseguido que mi madre no me llame gitano (dicho con todo el respeto), como ha hecho en alguna ocasión. Cosa rara porque yo soy rubio (más o menos) y con ojos azules (esos sí que 100% azules). Ya puedo dar la bienvenida al año 2011 en condiciones.

Así que aprovecho este post, junto con Anniehall, para desearos un

MUY FELIZ AÑO 2011

La caída del imperio romano

Antes que nada no tenéis de qué asustaros, no voy a hacer un post histórico ni nada que se le parezca. Esos los hace infinitamente mejor Juanjo en su blog. El título me vino a la cabeza ayer mientras compraba una piña en el Carrefour. Tampoco es que me la vendiera una señorita con túnica romana ni un fornido legionario. El que a estas alturas siga leyendo seguro que se pregunta por mi salud mental. Lo que me hizo pensar en la decadencia absoluta y en que esto ya no da para mucho más fue que al lado de las básculas de pesar la fruta había unas cajas con las uvas preparadas y un cofrecito de ¡ORO! para comérselo todo ello por el módico precio de 12 euros. Ahí es donde me he dado cuenta de que estamos cerca del fin.

Por supuesto que defiendo que cada uno haga lo que le de la gana con su dinero, pero una sociedad que se dedica a comer y a cagar oro ya es que está en las últimas y ahí es donde me vino la referencia a la caída del imperio romano, la decadencia absoluta. Puedo entender que se coma caviar, que se coman huevos de caracol o que alguien se meta entre pecho y espalda unas botellas de vino que valgan lo que gano en un año.

Entiendo, y envidio, que haya gente que coma todos los días jamón del bueno, e incluso que tengan quien se lo parta. Dentro de lo que cabe son cosas que puedo comprender, aunque seguramente si yo tuviera el dinero para hacer esas cosas, no las haría. Ya había oído que había gente que metía una joya en la copa de champán, cosa que me parece un poquillo asquerosita, salvo que la laves bien primero, y absurda, pero sea.

Además con la que está cayendo! sin saber si el próximo año vas a tener trabajo o no, porque los que compramos en Carrefour no somos los Abramovic de turno, somos más bien los que recibimos una nómina a final de mes. Y que sea gente como yo la que se compre esas cosas... puff, me da una especie de escalofrío. Porque eso habla de inconsciencia, de irreflexión y de lo absurdos que podemos llegar a ser. No es ya que ni un átomo de ese oro vaya a ser absorbido por nuestro cuerpo (y mejor que no lo sea), es que es tan, tan, tan absurdo que me alucina.

Es que, a veces, tenemos lo que nos merecemos. Me ha recordado a algo que no sé si ya he contado aquí o no, pero, por si acaso, lo vuelvo a contar. La señora rumana que tenemos en casa y que nos hace esos regalos tan extraordinarios le ha regalado a su hijo que acaba de cumplir 18 años un coche nuevo. Ella está aquí limpiando casas y su marido trabajando en la construcción no por gusto, sino porque en su país no tienen trabajo o ganan muy poco, por eso me resulta totalmente absurdo que se gasten el dinero que daría para pagarle la universidad al chaval en comprarle un coche nuevo, con ese dinero podría haberse vuelto antes a su país, podría comprarse un coche de segunda mano, podría hacer tantas cosas... y entre todas ellas elige el coche nuevo. Desde luego que han tenido muy mala suerte en la vida, pero es un poco como el chiste ese de:

-Señor, Señor, que me toque la lotería!
-Hijo, yo hago lo que puedo, pero por lo menos compra un billete!

Al menos así es como lo siento. La mala suerte existe, es indudable y nos pasan cosas malas sin buscarlas, pero hay veces que también nosotros ponemos bastante de nuestra parte.

Entre copas

Normalmente vengo oyendo la radio, con las noticias digeridas y dirigidas por el opinante de turno. Esta mañana se ha puesto solo el disco con el que me devolvió ND el coche y no lo he quitado. Ya me dio muy buen rollo ayer por la tarde y esta mañana igual. También un poco de nostalgia recordando los tiempos en los que descubrí y más disfrute a Loquillo. Escuchando ‘Un hombre puede llorar’ o ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’ (es un disco en directo con amiguetes) me he acordado de cuando hace poco menos de (¡Dios!) veinte años empezaba a salir.

Así que Di, recojo el guante, y voy a hacer unos (mis) ‘Bares, qué lugares' tal como sugeriste el otro día. Aunque lo voy a retorcer un poco. El guante, digo. Porque supongo que la mayoría de ellos ya no existen, al menos no como eran entonces, y tampoco sirven como plan recomendable para la gente de edad provecta en que nos estamos convirtiendo.

Por ejemplo, por mucho que os llueva en alguna visita a Santander, no creo que os dé por ir a beber claro con limón a ‘La Helmántica’ mientras jugáis al quinito, al duro o a cualquier otro de esos juegos cuyo propósito no era otro que emborrachar al de enfrente. El atractivo de aquel bar consistía en que, además de los precios baratos, su puerta daba a un aparcamiento medio privado donde nos podíamos sentar en el suelo. Algunas empezaban a fumar, nos contábamos todas aquellas cosas de vida o muerte a los quince, nos llorábamos porque fulanito ni nos miraba... Y, sobre todo, nos dedicábamos al fiche. (Véase la perfecta definición de Molinos al respecto).

Después de aquello solíamos ir a ‘La liga’ a jugar al futbolín. Bueno, más bien a seguir fichando (y bebiendo) y ver cómo jugaban otros. En la puerta de ese bar, con diecisiete abriles, dejé al que fue mi novio. Aunque él ya me había dejado a mí mucho antes, la verdad, y tuvimos varias recaídas bastante ridículas. Recuerdo que después canté boleros a voz en grito con mis amigas, haciéndome la fuerte pero pensando por dentro que jamás, nunca, nadie más iba a quererme y que, como Cecilia, ‘meeee quedaré solteraaaaaa, aunque yo no quieraaaa’. Pero esa es otra historia.

En la ruta entraban también ‘La pirula’ y otro que había enfrente y que no recuerdo cómo se llamaba donde se tomaba Cointreau con mosto.

Otras veces íbamos a tomar un pincho de tortilla al ‘Peter Pan’, patatas a ‘La rana verde’ (éste sigue siendo recomendable aunque la decoración es horrorosa) y a beber un brebaje indefinido al que llamaban ribeiro en el ‘Centro Gallego’.

Después solíamos ir a otro tipo de bares, entre el pub y la discoteca, a bailar y apestarnos de humo. Recuerdo los sitios exactos en los que estaban aunque, qué horror de memoria, no consigo dar con los nombres de muchos. La última vez que pasé por delante de uno de ellos se llamaba ‘Indian’, otro puede ser que se llamara ‘Japan’. También íbamos al 'Nuvolari' y a uno que había al lado. De este último el nombre no me viene ni por aproximación.

La verdad es que en casi ninguno de esos bares ponían a Loquillo. Como mucho ‘Cadillac Solitario’. Allí bailábamos como locas ‘Sabor de amor’, ‘Pasión’ (sí, lo sé, Modestia Aparte es terrible pero nos encantaba), ‘Ritmo de la noche’, ‘Mil campanas’, ‘Escuela de calor’… Pero para mí es todo de aquella época. Cuando nos creíamos tan mayores.

Y además todo eso lo hacíamos antes de las diez de la noche, que era cuando me tocaba coger el autobús de vuelta a casa siempre pensando en lo injusta que era la vida y que me perdía la mejor media hora de toooda la ‘noche’.

Cuando, por fin, pude salir de verdad por la noche ya vivía en Madrid. En las vacaciones en Santander se solía acabar subiendo el Río de la Pila. Es una cuesta muy pindia (palabro santanderino) llena de bares de copas. Cuanto más tarde se te hacía más arriba llegabas. Casi siempre se acababa en ‘La finca’. Pero a nosotras nos gustaba quedarnos en uno en el que ponían mucha música española. Por supuesto tampoco recuerdo el nombre.

Será el alcohol que hace estragos en mi memoria. Aunque la verdad es que nunca he bebido mucho. Ni siquiera entonces. Jamás tuvieron que darme café con sal, ni tónica, ni hacerme vomitar, ni llegué a casa intentando disimular un estado a todas luces lamentable. No, yo me reservé para ND que es el que ha vivido mis dos únicas borracheras espectaculares (en las que tuvieron que llevarme a casa).

Pero lo de Madrid lo dejaré para otros ‘Bares, qué lugares’. Eso sí, prometo las mismas imprecisiones y falta de rigor que aquí. ¡Ah! y la narración de mi otra borrachera bastante lamentable, que la acabo de recordar.

Lo último que he oído antes de bajarme del coche ha sido ‘Carne para Linda’ que es una gamberrada de canción que siempre me gustó y que cantábamos además, guitarra en ristre, en los ratos de ocio durante nuestras reuniones pías con las teretes (léase ‘miembras’ de la Institución Teresiana a la que debo parte de mi educación más elemental).




(Espero que sea esta porque desde donde escribo no lo puedo comprobar).

Postwar (2/2)

En este segundo post hablaré de lo que dice el libro, de lo que me ha gustado y de lo que no, así que, de acuerdo a la definición de Amanita de spoiler de historia, este post es un post spoiler de Postwar.

He tomado un montón de notas y subrayados según leía y no los voy a poner todos aquí porque sería un post larguísimo. Eso da una idea de que es un libro muy interesante, pero creo que no es ameno y de ahí que lo dejara mi hermano. La estructura del libro son cuatro grandes capítulos: postguerra 1945-1953, prosperidad y descontentos 1953-1971, recesión 1971-1989 y después de la caída 1989-2005.

En cada uno de esos grandes capítulos va exponiendo país por país los hechos más relevantes de esos años. Eso hace que repita varias veces lo mismo cuando se refiere a dos o más países. Eso estará muy bien cuando se utilice como libro de consulta, pero hace que sea un poco pesado de leer. De igual manera cuando empieza un nuevo capítulo hace una recapitulación de lo anterior que nuevamente está muy bien para cuando hace tiempo que no lo lees, pero entorpece la lectura lineal.

Hay muchas cosas que no sabía interesantísimas. Creo que ya he dicho aquí que me llamó la atención lo que indica de que mientras Estados Unidos inyectó en los paises beneficiarios del plan Marshall catorce mil millones de dólares (de los de entonces), la URSS a través de indemnizaciones, entregas forzadas y tratados de comercio ventajistas extrajo de los paises del este aproximadamente la misma cantidad.

Habla de los acuerdos de Bretton Woods, con el omnipresente Keynes, donde se decidió abandonar el patrón oro y hacer una economía menos rígida (esto no lo dice el señor Judt, pero eso implica el meter mano el gobierno y convertir a la economía en subsidiaria de la política con las consecuencias que padecemos en nuestros días). El afán de centralización y colectivismo de los primeros años de posguerra fue impresionante. El señor Judt indica cómo los gobiernos occidentales vieron como su máximo oponente no a los comunistas sino a los liberales en favor del libre mercado. También indica que una de las razones para crear estos superestados que eran como el primo de zumosol fue las barbaridades de la guerra cometidas por los propios poderes del Estado tales como venganzas, corrupción, violencia y abuso por parte de las fuerzas del orden durante la guerra. Según Judt la respuesta de la sociedad ante los abusos pasados por parte del Estado fue más Estado. Que fue así es historia, pero la explicación no me parece convincente porque es si no quieres caldo, toma dos tazas.

Habla del primer estado del bienestar que fue el británico laborista de 1945. Como buen socialdemócrata, Judt es un enamorado del Estado del bienestar, pero reconoce que es insostenible y lo da por muerto o por lo menos herido de gravedad. El estado del bienestar se sustenta en crecimiento económico continuo y creación de empleo (y por lo tanto ingresos del Estado) además de tasas de natalidad altas para que nuevos pagadores de impuestos pagaran los servicios de sus padres y abuelos.

También da bastante estopa a los intelectuales franceses, especialmente a Sartre. Salva a Raymond Aron y, parcialmente, a Camus. Sobre la relación del comunismo con los intelectuales escribe (perdón por la traducción porque es mía): ' El comunismo obraba de acuerdo al principio de que los escritores no necesitaban pensar, solamente necesitaban entender. E incluso entender requería poco más que compromiso, que era justamente lo que los jóvenes intelectuales estaban buscando. [...]Pero el entusiasmo por la teoría del comunismo estaba presente de manera característica en proporción inversa a la experiencia directa de él en la práctica'.

Escribe sobre Sartre y Camus que para Sartre el primer deber de un intelectual radical era no traicionar a los trabajadores, mientras que para Camus la cosa más importante era no traicionarse a sí mismo. Judt ha escrito un libro sobre los intelectuales franceses de posguerra que puede ser muy interesante.

Ya conté la parte en la que describe los movimientos de decenas de millones de personas tras el fin de la guerra. También habla sobre la dicisión forzada de Alemania en Länder de manera que se debilitara la estructura del Estado y las rencillas entre territorios debilitaran a Alemania. Nosotros en España, así nos va, lo hemos copiado sin que nadie nos lo impusiera.

Habla sobre los trabajadores emigrantes a los paises ricos principalmente de Italia, Yugoslavia, España y Portugal y como no tenían cobertura social. Habla de cómo en los paises del este no había prácticamente ningún comunista ni ningún interés en serlo y que una vez que se vio que disimulando no se iba a ninguna parte, Moscú impuso sus gobiernos y purgó a todo el que se puso por delante.

En fin, podría estar hablando todo el día porque mil páginas dan para mucho. Da cera a Thatcher. Habla de los sesenta como una época estéril y de lo absurdo de los niños de papá del 68 tirando piedras a los policías que sabían mucho mejor que ellos lo que eran injusticias, muchos de ellos de clase baja defendiendo al Estado.

Es muy interesante la parte de la caida del comunismo. Se ve claramente como muchos comunistas se cambiaron la chaqueta y se convirtieron en nacionalistas de la noche a la mañana. Como se enriquecieron, creo que cita a Abramovich, que era gobernador de no sé donde y se quedó con yacimientos de minerales y petróleo. Indica como los paises donde la oposición al comunismo terminó triunfando (Polonia y Checoslovaquia) tuvieron una transición a la democracia mucho más firme que en los que los que heredaron el poder fueron los propios comunistas.

Termina el libro con un capítulo muy interesante en el que expone la tesis un poco rara en principio de que es europeo el que reconoce la magnitud del holocausto. Según él después de la guerra se olvidó todo lo que se hizo para después ir recordando más y más y reconociendo la culpa de casi todo el mundo para finalmente olvidar y perdonar. Desde ese punto de vista entiendo que para España serviría la guerra civil.

Respecto a España hace una serie de afirmaciones que no me cuadran mucho, pero puede que sean verdad. Habla de la subyugación de Cataluña durante la dictadura y su desprecio por parte de Franco, cuando tengo entendido que la, digamos burguesía catalana, (de donde salieron casi todos los políticos democráticos) fue tremendamente profranquista. También dice sin ningún disimulo que González promovió y alentó al GAL. No es que sea nada nuevo, pero verlo escrito sin ningún disimulo y que aquí en España se siga considerando que eso era algo necesario no habla muy bien de nosotros, creo. También dice que los españoles no tenemos un espíritu crítico con nuestros políticos, que estamos cómodos dejando que otros tomen decisiones por nosotros (no lo menciona, pero me acordé de los del río diciendo que había que vota sí a la constitución europea a pesar de no habérsela leído porque unos señores muy listos decían que era bueno para todos).

En fin, podría extenderme mucho, me quedan muchas cosas en el tintero. Es un libro muy recomendable, aunque no ameno, repito. Yo lo compararía con Tiempos Modernos que es también un recorrido por el siglo XX que me gustó bastante.

Postwar (1/2)

Ya hace unos días que acabé de leerme Postwar de Toni Judt. Voy a hacer dos post sobre el libro. El primero va a ser más o ménos técnico. Es el primer libro que he comprado y me he leído en Amazon pagando(tengo varios que son gratuitos y también compré las obras completas de Shakespeare y más de 300 libros de Mark Twain, que ya sabéis que es mi debilidad) y creo que puede merecer la pena hacer un análisis de lo que pagas y lo que te ofrecen. En el segundo entraré en materia sobre el contenido (al final voy a tener que hablar de política).

La diferencia de precio entre la edición kindle en inglés y el libro de carne y hueso en español es muy grande. A mí me costó 10 euros, mientras que el libro en español en la casa del libro cuesta 30 euros aproximadamente. Es un motivo a tener en cuenta, aún así, esta diferencia no está tan clara si lo comparas con el precio de la edicion de bolsillo (hay que tener un buen bolsillo para que te quepa) de amazon. El precio es el mismo, pero si lo quieres en bolsillo hay que sumar los gastos de envío. En total te saldría por unos 16 o 17 euros más o menos.

Leer en el kindle en inglés es mucho más fácil que leer un libro de papel. Buscar palabras en el diccionario es facilísimo, solo tienes que poner el cursor sobre la palabra y te pone en la pantalla el significado. Yo utilicé el diccionario collins inglés y lo consulté mucho más que si tuviera que ir al diccionario de papel a buscar las palabras que no entendía.

El libro es bastante largo, aunque en el kindle el significado de página desaparece porque puedes cambiar el tamaño de letra, el espaciado, incluso el tipo de letra con lo que para cada una de esas combinaciones tendrá un número de páginas diferente. En la edición de papel de bolsillo el número de páginas es de casi 1000 (960) y supongo que en una letra diminuta. Es un pedazo de libro que abarca la historia europea desde 1945 hasta 2005. Por supuesto que lo hace centrado en la posguerra europea por lo que paises como España tardan en aparecer en el libro.

El libro tiene mapas que puedes ampliar, pero aún ampliados no se ven con mucho detalle. Creo que tendrían que poder ampliarse más y no creo que haya impedimentos técnicos para hacerlo.

Otro tema que me parece penoso, y más en una gran editorial como Penguin, es que haya un montón de errores de edición como palabras pegadas (estoy hablando de que hay más de cien), palabras que deberían ir separadas y aparecen juntas. Las notas son fácilmente segubles porque vienen con un hipervínculo en el número que te lleva directamente a la aclaración, pero hay notas que no están hipervinculadas, ni siquiera siguen el mismo orden de numeración, por lo que es imposible saber a qué venía la nota. Creo que son errores fácilmente solucionables, pero no lo han solucionado. De todas maneras el mayor despropósito se da con las fotografías. Aparecen los créditos de las fotografías, pero no aparece ni una sola fotografía en todo el libro. Que sea un error o algo hecho a propósito no puedo saberlo, pero es un fallo importante cuando precisamente podía ser uno de los puntos fuertes. No sé si a vosotros os pasa, pero a mí una de las cosas de los libros con fotos que me gusta y a la vez me desconcierta es esas hojas cada x páginas en las que se agolpan todas las fotografías de varios capítulos y que siempre ves a deshora (o cuando ya has leído el capítulo o cuando aún no has llegado). Ahora se podía solucionar fácilmente poniendo cada foto en su sitio porque no hay que poner papel especial ni nada así.

En fin, es un libro muy interesante y ya entraré en lo que dice y no sólo en cómo está editado, pero como experiencia digital deja bastante que desear frente a los libros 'manuales'.

Ahora me he decidido por algo más ligerito porque hay que darse de vez en cuando alguna frivolidad y me estoy leyendo "Vida y Destino" de Vasili Grossman. De momento me está encantando.

Se me había olvidado

Como ya os dijo ND, estamos en Ávila. Pasaremos aquí desde Nochebuena hasta Año Nuevo. Ya estamos (casi) todos. Hasta la última incorporación a la familia, nuestra sobrina G, que tiene poco más de un mes.

Y a ella quería yo llegar. Cuando llegamos los niños se quedaron fascinados. Desde el primer momento C está pendiente, preguntando cosas, intentando ayudar, haciéndole cariños... un amor. J, como hace siempre, estuvo un tiempo observando desde una distancia prudencial, no se quería acercar y parecía indiferente. Nada más lejos. Cuando le llevé al baño me dijo 'es pequeñita, se llama G'. Luego ya se atrevió a acercarse. Ahora la mira con ternura y, como con cuidado, nos pide permiso con los ojos antes de tocarla y le da besitos. Es tan dulce.

Yo también he sucumbido. La he cogido, le he dicho tonterías, la paseo cuando está nerviosa... Y he recordado cosas que se habían quedado en un sitio extraño de la memoria. Creía que las recordaba, pero no. Al menos no en su dimensión real. Al ver a mis cuñados esa cara de feliz agotamiento, estar pendientes todo el tiempo y no tener ni dos horas de calma he recordado lo terribles que son esos dos o tres primeros meses. El no dormir tres horas seguidas, la preocupación por no saber qué demonios les pasa cuando lloran, si tienen hambre, si estarán mojados, si serán gases...

Y eso que yo no opté por la tan en boga lactancia a demanda. Ya sin ella me sentía un poco esclava de los niños, sin poder estar a más de dos horas de ellos al menos una vez en tres meses. No quiero ni pensar lo que hubiera sido estar obligada a no separarme del bebé ni media hora porque, claro, a ver si va a querer comer entonces.

Yo no sé si son las hormonas o la falta de sueño, el caso es que la memoria no fija esos recuerdos. Y menos mal. Porque si lo hiciera creo que la especie humana no habría sobrevivido tanto tiempo.

Lo bueno es que esta vez lo veo desde la barrera. Disfruto de las cosas buenas, echo una mano en los ratos malos y me voy a la cama tan contenta porque sé que los cambios de pañales, los vómitos, los gases y los llantos nocturnos les tocan a otros. Los pobres.

Así que he decidido dedicar mi post de Navidad a todos los (inconscientes) padres inminentes y a los recientes. Sabed que por muy buenos que sean, por muy bien que crezcan, por muy sanos que estén, por muy bien que coman... será agotador. Feliz, sí, pero agotador.

Feliz Navidad a todos.

Crueldad Intolerable


Hoy es mi primer día de vacaciones y en este momento he conseguido sentarme más de dos minutos seguidos. He llevado a los niños al colegio. He llevado los libros de C. del próximo trimestre. He llevado los sobres con las notas firmadas de los dos niños. He ido a comprar el regalo de mi abuela. He ido a comprar unos tornillos porque se nos ha caído el toallero. He comprado tres rollos de papel de envolver regalos. He puesto el toallero a mano porque el destornillador eléctrico no tenía batería y a partir de ese momento he estado envolviendo regalos. Eso es lo que es una crueldad intolerable por parte de Anniehall.

No el que me tenga toda la mañana envolviendo regalos, no. Eso es una crueldad, sí, pero a eso ya estoy acostumbrado. La crueldad intolerable es con los destinatarios de los regalos porque mi habilidad en el arte de envolver regalos deja mucho que desear. Tampoco pretendo que los regalos me queden envueltos como les quedan a las dependientas de El Corte Inglés. Habéis visto qué bien lo hacen? A mí me alucina y eso que lo hacen así como a la virulé, sin ángulos rectos ni cartabón...

Yo me conformaría con que no pareciera que una manada de búfalos haya pasado por encima de ellos o que he cogido el papel del contenedor de reciclaje. Además he gastado casi cinco rollos y todavía quedan varios regalos por empaquetar, pero me niego a seguir. Los regalos de mi familia política que los envuelva Annie!! Allí me tienen en bastante estima y no hay razón para hacerles cambiar de opinión, vamos, creo yo...

Como será la cosa que el año pasado se me olvidó en Ávila un regalo que le iban a llevar los reyes magos a Anniehall a Santander y le pedí a mi madre que me lo mandaran por mensajero hasta allí. Al verlo mi madre me preguntó por teléfono que si era el gurruño de papel que estaba dentro de una bolsa y cuando le dije que sí me dijo que si lo podía envolver ella antes de mandarlo...

Tengo cierta capacidad para algunas cosas. Por ejemplo, soy bastante bueno ordenando y calculando el espacio libre en el maletero del coche de manera que hago que quepan más cosas de las que parecería posible a primera vista. Supongo que es una reminiscencia de esos fines de semana jugando al Tetris en los recreativos. También tengo cierta maña arreglando cosas, pero ahí hay veces que traspaso la delgada línea roja y la no tan delgada pared del pasillo. Tengo muy buena orientación y aunque no haya estado en un sitio no suelo perderme y si, además tengo un mapa, soy invencible. Tampoco se me da mal la cocina, ya os he comentado que suelo ser el que cocina en casa. Además preparo unos gintónics que la gente suele apreciar. Algunos incluso han repetido más de una vez.

Ante tal dechado de virtudes, es lógico que también tenga mi reverso tenebroso. Claro, que mejor tener el reverso tenebroso de no saber envolver regalos que ser Darth Vader. Claro, que cuando me enfado guardo bastante parecido con él, pero eso sucede de higos a brevas... igual que navidades, que tienen la buena costumbre de ser sólo una vez al año, gracias a Dios!! No sé si mi familia soportaría varias oleadas de envoltorios cutres al año...

P.D: En otro orden de cosas os voy a recomendar que os paséis por el nuevo blog de Sheldon. Él es el que abrió este blog que pretendia ser un espacio para contar todas esas tonterías que nos mandábamos por correo o para intentar estar más en contacto. Al final ha pasado a ser el blog de la familia Anijol (Consuelo's dixit) y parece que hayamos echado al pobre Sheldon. Nada de eso, él se ha abierto su propio blog porque tiene muchas cosas que decir. Así que ya estáis tardando!!

Último día


No, no es el último día del mundo, ni el último día del blog (más quisiérais), ni siquiera es el último día del año. No, es el último día que trabajo hasta el 10 de enero. Sé que esto levantará muchas envidias entre muchas personas, pero como la mayoría sois gente de buen corazón os alegraréis sinceramente por mi bien merecido descanso. De las pocas cosas por las que no puedo quejarme en mi trabajo es por las vacaciones. Tengo 22 días laborables de vacaciones más la semana de Navidad más la Semana Santa (se seguirá escribiendo en mayusculas o la habrán degradado como al papa). Además, como en mi trabajo no pagan horas extra, hemos conseguido llegar a un acuerdo por el que por cada noche a la intemperie trabajando nos dan día y medio de vacaciones por lo que empiezo este próximo año con 29 o 30 días laborables (dependiendo de si el 7 está como fiesta en el calendario laboral o no) más los que nos darán cuando a la vuelta tengamos que ir a medir a Barcelona y Gerona.

Además, mi jefe le ha dicho a mi compañero italiano que por cada día que vamos al extranjero, también nos cojamos un día y medio de vacaciones. Yo eso nunca lo he hecho porque considero que es mi trabajo, aunque no me guste dejar a Anniehall y a los niños. Además, Anniehall solo tiene los días que tiene con lo que aunque yo tuviera cien días de vacaciones me los tendría que pasar en soledad, lo que no es muy agradable. He estado pensando que debería haber unos bonos de vacaciones así en plan ticket restaurant de manera que le pudiera pasar unos cuantos tickets a Annie y nos pudiéramos ir de viaje o algo así, porque además Annie se queda con los niños y tiene mucho más trabajo que el habitual cuando yo me voy. Sería justo que ese esfuerzo pudiera ser recompensado convenientemente. Me parece una buena idea y, como tal, estará condenada al fracaso, pero por soñar...

Hoy tenemos un ágape en la Escuela (creo que sigue siendo con mayúscula), aunque a estas alturas del mes todavía no nos han pagado ni la extra ni la ordinaria. Esperemos que el Gordo (con mayúscula, como no podía ser de otra forma, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo...) se acuerde de nosotros...

La impresión que damos en esos eventos es bastante lamentable. Se nos debe conocer como las hienas de los trenes o algo así porque comemos como si no hubiera mañana, lo que puede suceder si alguno nos atragantamos... Creo que en el mundo del ferrocarril está la gente con más saque del mundo. No sé si os he contado que en una mariscada (yo no estuve, me lo han contado) un tío se pidió percebes de postre, con eso os lo digo todo.

En fin, todos estos acontecimientos y este periodo de cambio te llevan a proponerte nuevas intenciones, retos, ilusiones... yo de momento he decidido no tomar cocacola normal el próximo año, a ver si lo cumplo. También quiero leer más, los libros se me acumulan en el Kindle. Ya estoy en el último capítulo de Postwar, a ver si lo termino (es que va desde 1945 hasta 2005, una posguerra un poco extensa...). Supongo que me regalarán libros estas navidades, aún tengo alguno sin leer de la pasada Navidad y de la anterior... tener hijos no facilita la culturetez.

Bueno, aprovecho para desearos una Navidad feliz con los que más queréis. (Yo la tendré)

El valor de un antivirus

He de reconocer que soy de esos tíos raros que tiene un antivirus por el que paga cada año su licencia e, incluso, pago de mi bolsillo la de mi ordenador del trabajo. Esto puede parecer extraño, pero mi inquietud no viene por perder mis informes y documentos del trabajo. Eso me importa poco, y si no le importa a los que me contratan y no son capaces de pagar por un antivirus, menos debería importarme a mí.

Lo hago por mis pagos por internet, por poder consultar la cuenta del banco o hacer una transferencia sin tener que irme a la oficina, bueno, cosas de esas que te facilitan algo la vida. Además en el ordenador del curro tengo casi todas las fotos de los niños y las vacaciones. No me gustaría perderlas porque si no ¿de qué manera amargaría la vida a los amigos que vienen a vernos a casa? ¿Qué haría sin los vídeos de cuando J. empezó a andar? ¿Qué clase de anfitrión sería sin regalar nuestros momentos de felicidad playera a quienes nos visitan?

De hecho no solo tengo un antivirus, tengo un 'internet security' que tiene todo lo que puedas desear y más. Tiene firewall, tiene anti spam, tiene vigilancia de aplicaciones. Buff!!! y un montón de cosas que no sé ni lo que son.

Como le regalé a Anniehall el año pasado un portátil por Navidad, pues ya me está saltando el aviso de que se va a caducar y que me entrarán todos los males si no renuevo la licencia. El caso es que renovar la licencia no es tan fácil. Bueno, renovar la licencia en la página de España es muy fácil, pero es muy caro.

El antivirus que uso es el Kaspersky Internet Security y es ruso. Siempre he pensado que es bastante bueno, sobre todo porque Rusia es tierra de hackers y me parece que deben saber mucho también de como combatirlos. Desde luego, a mí el único virus que me ha entrado ha sido por desconectar el antivirus porque no me dejaba abrir una carpeta y, efectivamente, tenía virus...

Renovar la licencia es que tú pagas y te mandan por correo un código de activación. Tú te descargas la nueva versión por internet y arreando que es gerundio. El caso es que el código es eso, un código y no entiendo por qué en España ese código para tres ordenadores cuesta 55€, mientras que, pongamos por caso, en la página rusa te cuesta 24€. No es exactamente comparable porque la rusa es para dos ordenadores, que por otra parte es justo lo que necesito.

Navegar por una página rusa es una experiencia interesante y ya de año en año voy aprendiendo lo que quieren decir los botones... No vale traducir la página con el google porque los enlaces dejan de funcionar y no se puede ir abriendo una con traductor de google y otra sin él, porque te lleva a páginas distintas y no hay manera. Es complicado lo de comprar y no os digo ya lo de pagar con tarjeta. Te aparece un menú deplegable lleno de caracteres cirílicos y de vez en cuando aparece VISA o MASTERCARD, pero hay varias opciones dentro de cada una y, hasta que aciertas con la que es, tardas un rato. Después de un tiempo consigues que en tu pedido te aparezca 'Да' (da), que, como todo el mundo que haya visto una película de rusos sabe, quiere decir 'sí'.

Lo he hecho ya varias veces y es complicado, pero por ahorrarme 30 euros yo soy capaz de eso y de mucho más porque no creáis que mi antivirus viene en ruso o algo así, nada de eso. Me descargo la versión en español, meto el código de activación y p'alante.

Simplemente termino diciéndoles cпасибо и до свидания, que para los que no sabéis lo que quiere decir os lo traduzco: 'adiós y gracias'. O como decimos los semirrusos con acento de Ávila: 'spasibo i do svidaniya'.

Ah! por cierto y en otro orden de cosas os dejo este enlace por si os fuera de utilidad en estas tan señaladas fiestas. Seguro que a casi ninguno os hace falta porque sois gente comedida, pero siempre hay alguno que lo puede necesitar...

Mis 'potato skins'

Continuando la estela iniciada por ND y su risotto voy a poner hoy una receta que cogí hace mil años de El País Semanal. Tantos que todavía vivía en Santander.

Siempre que la preparo tiene mucho éxito. Yo he hecho alguna pequeña adaptación pero esencialmente es la misma.


Ingredientes (dará como para seis personas):
  • 1 kg de patatas (yo cojo cuatro grandes si voy a ponerlas como plato principal o pequeñas si las voy a poner de entrante).
  • 1 Tarrina de queso de ese con nombre de ciudad con campana famosa que fue capital de los Estados Unidos (pongo el circunloquio para que no nos visite).
  • 2 lonchas de bacon gruesas en tacos (o una tarrina pequeña de tacos de bacon).
  • Media cebolla o una cebolleta o un poco de cebollino.
  • Queso rallado para gratinar.
  • Sal
Preparación:

Se lavan bien las patatas. La idea es comerse la piel así que yo las cepillo fuerte debajo del grifo.

Se les dan unos pinchazos, se envuelve cada una en papel de aluminio y se asan en el horno. Si son grandes tardan más o menos una hora y media a 200 ºC con aire. Lo mejor es comprobar si están hechas con un palillo. Tienen que estar completamente asadas.

Una vez asadas y atemperadas se vacían con cuidado de que la piel no se rompa. Tampoco hay que esperar a que se enfríen del todo porque entonces es muy dificil trabajar con ellas.

Se sala tanto la pulpa como el interior de la piel. Sin pasarse porque aunque las patatas son muy sosas el queso no.

Según la receta original ahora hay que freir las pieles. Yo de eso paso porque bastante curro y grasa lleva la receta como para añadirle más. Además, sin freirlas ya quedan riquísimas.

Lo que sí frío es el bacon y la cebolla o cebolleta. Y escurro bien la grasa en un colador. Si uso cebollino lo pongo crudo.

Se mezcla la patata con el queso, el bacon y la ceboloquesea. Si queda demasiado inmanejable añado un chorro de leche entera (lo que me parece).

Se rellenan las patatas con la mezcla, se echa el queso rallado por encima y se gratinan a unos 180 ºC con aire.

Supongo que esta receta admite muchas variaciones. Yo las he preparado solo con queso y patata y también están buenas. Se me ocurre que champiñón, jamón york, atún, ... Es cuestión de probar. De hecho lo del cebollino es una novedad de hoy.

Tampoco hay que preocuparse si se rompen un poco porque el relleno es muy denso y no se escapa.


Nosotros ahora mismo las tenemos gratinando. Ya os dirá ND qué tal.

Tengo que salir más

Este post está 'ligeramente' inspirado en este de Moli.




Tengo que salir más. TENGO QUE SALIR MÁS. Tengo que Salir más. tengo que salir más. Tengo que salir más. TENGO QUE SALIR MÁS. Tengo que Salir más. tengo que salir. TeNgO qUe SaLiR mÁs. TENGO que salir MÁS. TENGO QUE SALIR. Tengo que Salir más. tengo que salir más. tengo que salir más. TENGO QUE SALIR MÁS. Más. tengo que salir más. tEnGo QuE sAlIr MáS.

Y por supuesto no vuelvo a acostarme con cinco caldos del Chipirón y la canción del vídeo en la cabeza.

A falta de una, dos

Hoy me voy a comer con mis compañeros de trabajo en la primera de una serie de dos comidas que continuará mañana. Puede parecer excesivo y seguro que lo es, pero yo no soy de piedra. No he querido podido resistirme.

Como mi vida social es similar a la de una ameba he decidido aprovechar. Hay dos turnos porque unos no podían un día y otros el otro. Aunque no soy el único que se apunta a los dos turnos, somos cuatro o cinco.

Hoy nos vamos a un gallego en Usera que es espectacular en cantidad y espectacularmente barato (dentro de un orden, claro). Hemos ido un par de veces a un gallego que está cerca de la calle Fuencarral y se llama ribeira do miño o algo así (seguramente NáN lo conozca porque está por su barrio) y que está bien, pero este nuevo está mejor, aunque hay que darse el paseo hasta allí, pero el esfuerzo merece la pena. La página web es esta y dicen cosas como :"El estilo de antaño sigue permaneciendo intacto a través de los años, entendido como un perfecto trinomio, entre productos de la tierra gallega de 1ª calidad, cantidades ingentes de comida perfectamente cocinados, y sobre todo, un excelente y cercano servicio al cliente". Así que dentro de unas horas le estaré dando al pulpo, a los berberechos, a los langostinos y a la cerveza. Yo soy mucho más de cerveza que de vino. Al menos para comer. El vino me da ciertos sofocos, aunque reconozco que el vino es una buena cosa. Pero yo prefiero jarrearme bien a cervezas, en fin, soy así.

Mañana nos vamos a la Panza es Primero que es un clásico de nuestras comidas navideñas. Ya hemos ido varias veces. Hemos ido a la de la calle Segovia, a la de Chueca y a la de Santa Engracia, que es a la que volveremos mañana porque es la que más cerca está de nuestro trabajo. Perdón a los que no son de Madrid, pero puede ser un pasatiempo meterse en google maps e investigar o, simplemente, pasar de calles y barrios, que es otra opción.

La Panza está muy bien, aunque con el tiempo han ido subiendo los precios y aligerando los platos, pero vamos a un menú cerrado por 36 euros todo lo que puedas comer y todo lo que puedas beber (yo me decantaré por la Pacífico hasta que se acabe la que tengan fría). Recomiendo también el helado de mango con tequila que me encanta. El único pero es la racanería con las tortillas que tienen que hace que haya un montón de tiempos muertos.

En el trabajo cada vez somos menos, cosas de la crisis, pero bastante bien avenidos. Nos llevamos perfectamente, cada uno con sus cosas (hay que tener en cuenta que a los más jóvenes les saco más de diez años), pero hay un ambiente muy bueno y nos lo pasamos bastante bien. Además los jefes nunca aparecen lo cual es un detalle por su parte. Bueno, hubo un año que sí que hubo comida institucional pagada por la empresa y discursos y cosas de esas, pero aunque seguramente les costó un dinero, no nos lo pasamos tan bien.

En otras ocasiones éramos unos 20 - 25 y en esta ocasión no paseremos de 10. Así está el patio, aunque hay que decir que a ninguno se le ha echado. En nuestro trabajo es normal que entre gente, esté dos, tres, cuatro años y luego se vayan a otra empresa. Lo que se ha hecho es no contratar a gente nueva e ir dejando salir por el otro lado. Una pena, pero así es la vida. No pretendo tener siempre a los mismos compañeros, pero de los que tengo y he tenido no puedo quejarme. En fin, aunque suene a tópico, puede ser verdad eso de que siempre son los mejores los que se van. Hoy les echaremos un poco de menos, pero hacerlo entre pulpo, pimientos y cerveza lo hace más llevadero. Ya os diré si sobrevivo o no. Bueno, realmente sólo os lo diré si sobrevivo...

Si me pierdo no me busquéis ahí...

Todos metemos la pata alguna vez y la mayoría metemos la pata alguna vez bastantes veces y muy a menudo. Esto tampoco es ningún descubrimiento ni una elucubración extraordinaria. Si lo fuera os extrañaríais y pensaríais estar en otro blog más sesudo (ECDC diría gafotas).

Durante el puente pasado intentamos hacer algunas cosas con los niños a parte de lo habitual. No sé por qué estas cosas siempre se piensan en fechas señaladas. Para empezar decidimos ir el sábado a la Puerta del Sol y a la plaza Mayor para comprar una estrella para el árbol de Navidad. Nada original, puedo dar fe porque esa misma idea la tuvimos nosotros y cientos de miles de personas más. Era imposible andar, tuvimos que sujetar bien a los niños para no perder a ninguno. A pesar de todo no nos arredramos y conseguimos llegar a la plaza e, incluso, comprar dos estrellas. El problema fue conseguir volver porque encontrar un taxi o un autobús para volver a nuestro hábitat fue dificil y más con los niños quejándose porque estaban cansados. En esas ocasiones te gustaría no haber crecido y poder ser tú el que se queja.

Como no aprendemos, el lunes nos fuimos a Cosmocaixa en Alcobendas. Estuvimos allí a una hora bastante decente, pero cuando aún nos quedaba cola para media hora vimos que ya no podíamos tener entrada para ninguna de las actividades para los niños. Espero que podamos ir en otro momento, con menos gente y espero poder ver los dinosaurios del Gobi que tienen en exposición. ¡Bueno, sí, vale, también espero que haya plaza para las actividades de los niños!...

Nos dimos la vuelta y entre el ir y el venir se nos fue la mañana. Intentamos mirar si había alguna película para ir al cine, pero la cartelera era un desierto de arena infantil. No había ninguna película para niños pequeños, así que nuevo fallo. Es que somos un quiero y no puedo, pero es por nuestra mala cabeza porque improvisamos y en el mundo infantil no se puede improvisar.

Esto lo digo porque lo peor estaba por llegar. El miércoles me llamó mi amigo P. y me dijo que iban a ir a una cosa que le habían recomendado que se llamaba Diverfam y que era algo similar a Juvenalia. Una especie de feria en la que hay un montón de actividades para los niños. Algo así como el paraíso infantil en un pabellón de ifema. Le hice caso y nos fuimos para allí a pesar de que mi amigo nos llamó diciendo que no iba a ir porque se le habían puesto malos los niños.

Nos presentamos en la entrada y tras pagar 30 euros pudimos entrar para encontrarnos lo más parecido al infierno sobre la tierra. Atracciones a las que cualquier feria de segunda dan mil vueltas nos esperaban con unas colas de horas para montarse en cada una de ellas. Había castillos hinchables, camas elásticas, una cancha de minibasket y otra de futbito. Había una especie de coches a pedales, un escenario, unas pelotas de esas hinchables de niño burbuja y varias consolas para jugar, que digo yo que para qué van a pagar 30 euros para jugar a una consola que ya tendrán en su casa...

Y eso era todo. Mejor nos lo hubiéramos pasado en la típica feria con sus caballitos, el tren de la bruja, los camellos a tutti jorobi, el algodón de azúcar y la tómbola. Nos hubiera salido más barato, no habríamos tenido colas y nos hubiéramos ido contentos a dormir la siesta, pero no, después de haber estado un rato en la cola de la cama elástica nos dieron un tique para que volviéramos cuatro horas más tarde. Estuvimos casi una hora esperando a que empezara una función de magia con un mago que ponía que era premio nacional de magia infantil y de magia cómica y que nos hizo pensar (a Annie y a mí, ¿eh? porque los niños se lo pasaron bien) que si ese es el premio nacional qué es lo que habrá por detrás...

Salimos de allí maldiciendo en voz baja y no tan baja (Annie tuvo que reconvenirme porque se me escapaban exabruptos delante de los niños) jurando no volver a poner un pie en semejante absurdidez. En honor a la verdad, y aunque nos parecía imposible, he de reconocer que había gente que parecía que se lo estaba pasando bien, disfrutando de las colas, del calor, de los apretujones, de no poder sentarse y de pagar a precio de oro las consumiciones del bar. Pero como dijo dijo el Gallo cuando le presentaron a Ortega y Gasset: 'hay gente pa tó'. Y nosotros somos muy gente.

Así que:

Diverfam lindo y querido,
si muero lejos de ti
es porque no me he dormido
y he huido muy lejos de ti.

Gracias, Maestro

Parece ser que Enrique Morente está en estado de muerte cerebral. Decir que es uno de los más grandes es poco. Hoy el mundo es un sitio peor.



Gracias, Maestro.

Búsquedas y Cuentos

Hay veces que es la mala suerte la causante de la desgracia, sin más. Pero hay otras veces en las que el azar es simplemente un ingrediente más de la receta. No creáis que voy a hacer un post melodramático, ni mucho menos. Es simplemente una reflexión que me ha rondado por la cabeza desde ayer.

Ya sabéis que yo soy muy de comprar por internet. Generalmente en el extranjero, pero también compro cosas en España. Hasta naranjas he comprado. Normalmente me indigna el hecho de que los gastos de envío que me cobran por mandarme cosas desde el extranjero sean menores que los que me cobran en España. Hace poco me sustituyeron mi Kindle por uno nuevo y me pidieron que les mandara el viejo y que me abonarían los gastos de mi envío. Mandar el Kindle a USA me costó nada más y nada menos que 62 euros y pico cuando comprar uno nuevo sale por 130, más o menos.

Comprar en tiendas como Amazon es una delicia. Tienes comentarios de la gente que se ha leído el libro, puedes ojear los libros, puedes incluso descargarte los primeros capítulos gratis. Además te relacionan artículos similares al que estás mirando y muchas veces descubres nuevos libros o artículos que ni sabías que existían, pero que muchas veces son lo que realmente estabas buscando. Por supuesto que es mejorable y, como cabía esperar, te ponen las críticas más elogiosas primero y las peores hay que buscarlas.

Hace poco, Amanita dijo que había leído un artículo sobre qué es lo que tiene Amazon que Zara ignora o algo así. En él se decía que internet es un canal de dos direcciones en el que tienes no sólo que dar explicaciones sino entender qué es lo que quieren los clientes, escuchar lo que dicen y reaccionar en consecuencia. Todo eso ha hecho que Amazon en el trimestre veraniego pasado vendiera artículos por más de 7500 millones de dólares. Espero que, como insisten los rumores, pronto haya un amazon en España.

Esto lo digo porque he estado navegando por la web de la casa del libro. La casa del libro real es un caos absoluto donde es prácticamente imposible encontrar algo por ti mismo, salvo los inevitables best sellers apilados a la entrada. Eso puede tener su encanto, a mí también me gusta ir recorriendo mesas y estanterías buscando una cosa y acabando con otra diferente. Pero internet no funciona así. Si, por ejemplo, decido buscar en su web Antonio Muñoz Molina creo que está más o menos claro que quiero ver los libros de Antonio Muñoz Molina, pero el primer libro suyo que aparece está en el octavo puesto. Es cierto que podría irme a búsqueda avanzada e introducir el autor, pero con eso ya has perdido clientes.

Ayer me metí en el sitio para buscar un libro que nos han dicho en el colegio que le tienen que regalar a C. los reyes magos o papá Noel. El libro es este. Me parece una buena idea. Luego tienen que compartir el libro con sus compañeros de clase. Me metí para ver si era fácil de encontrar porque a otro niño de clase de C. le pidieron uno que está descatalogado. Aparece el libro, pone que está en stock, pero lo que ya empieza a ser surrealista es cuando empiezas a ver las asociaciones que te hace la página. Hay un apartado que dice 'inseparables, no te los puedes perder' en el que te sugiere que compres este libro infantil junto al nuevo de Paul Auster. Curioso. No veo la manera de relacionar una novela de Paul Auster con un cuento infantil, pero vale, habrá a quien le parezca bien.

También me sugieren que compre un pack que incluye Nacida de la Vergüenza (las hermanas Concannon III) que suena a novela rosa y que lo confirma esta frase que viene en la sinopsis del libro '...sueños que se repiten continuamente desde su llegada y que le hablan de su destino junto a un entregado caballero irlandés, fuerte, tierno y osado… Shannon no cree en el destino, pero la magia del amor puede obrar milagros… ' Bueno, tampoco parece muy infantil... y además supongo que antes tendrás que leerte las hermanas Concannon I y II. No acabo de ver la relación, pero ahí queda la sugerencia.

El último pack que me sugieren es El Club cuya descripción empieza como 'Un lugar de peligrosa lujuria… En un mundo donde gobiernan el pecado y el escándalo, puede que acaben por difuminarse las barreras que separan los placeres prohibidos de los juegos demasiado arriesgados'. Aquí la relación con el libro infantil se torna definitivamente extraña. Desde luego parece que en el libro nos van a explicar como se hace para tener (o no) niños de una manera bastante gráfica, pero el hecho es que yo los niños ya los tengo, pero... bueno... podemos guardar la referencia por si acaso...

Luego te conminan a comprar el libro junto con una agenda del 2011 de Benedetti o de Sabina. Nada tengo en contra de ello, ambos me gustan bastante, pero tampoco encuentro ninguna relación con el libro infantil. Después viene un apartado que dice 'clientes que compraron este libro también compraron...' en el que vienen varios libros de la autora, lo cual tiene bastante lógica y es de lo más sensato de la página.

A continuación viene una serie de libros que también me pueden interesar entre los que están `las edades de Lulú', 'nunca te olvidé', 'mapa de los lugares sin nombre' y 'después de amar te amaré'. Si alguien encuentra algún nexo con el cuento, por favor, que me lo diga. Lo único que se ve es una cierta tendencia a la novela erótica y al culebrón rosa que me hace pensar que si eso es lo que piensan que puede querer quien compra libros infantiles no están muy centrados, ¿o sí?

Así no se puede esperar vender nada. De verdad, ¿cómo pretenden que alguien les tome en serio? Y eso que no hablo de gastos de envío y demás zarandajas ya archisabidas.

Pues eso, que llegará alguien y les quitará el pastel y luego dirán que si se pierden puestos de trabajo que si competencia desleal, que si los libros electrónicos, que si patatín, que si patatán, pero de su propia incompetencia seguro que no hablan. A lo mejor, y eso es lo grave, ni siquiera la conocen.

Rituales

Desde hace unos años, lo reconozco, mi piel no es la que era. En realidad nunca ha sido nada del otro mundo. Y nunca le he prestado demasiada atención tampoco, lo cual puede ser parte del problema, claro. Pero es que yo soy de natural bastante dejada para estas cosas. Aparte de los potingues varios para intentar burlar al acné adolescente y el dentífrico, jamás he usado cremas con regularidad. El caso es, sin embargo, que hace tres o cuatro años mi cuñado, todo un cosmopolita y viajero impenitente, gran conocedor de las últimas tendencias y las marcas más in, me premió con un estuche de cremas y tratamientos faciales varios tras uno de sus viajes.

Después de vencer mi proverbial desdidia me decidí a probar la crema. ¡Oh! qué descubrimiento. Mi piel no había lucido tan radiante desde mucho antes de los estragos hormonales causados por los embarazos y de los propios de no ser ya lo que se dice una jovencita.

El caso es que me aficioné a la crema y, además de hacer encargos a todo el que hacía un viaje internacional para ahorrarme unos eurillos, poco a poco, fui incorporando a la toilette matutina pequeñas mejoras: tónico antes de la crema diaria, exfoliante cada dos o tres días, ... Tengo la rutina perfectamene incorporada: salgo de la ducha, cojo un algodón, lo empapo en tónico, ...

Sumida como estaba en la frivolidad, llegó el momento hace unos meses en que decidí que tal vez no me vendría mal empezar a maquillarme. La verdad es que en esto no soy tan constante como en lo de las cremas. Ni tan disciplinada. Entre otras cosas me da una pereza terrible desmaquillarme por la noche. Así que este otro ritual no lo tengo tan bien asimilado como el matutino.

Así las cosas, el otro día sucedió el desastre. La verdad es que lo llevaba temiendo días. Entré en casa sigilosa, me metí en el baño, abrí el armario, saqué un algodón, lo empapé en ¿pero qué demonios es esto? ¿desde cuándo el desmaquillador de ojos escuece? Sí, amigas, no hagáis como yo. No desdeñéis el riesgo que supone guardar en el mismo estante el desmaquillador de ojos y el tónico facial, compuesto casi exclusivamente por alcohol.

Bueeeeno, vaaaale, tampoco hay que subestimar los riesgos asociados a las catas de gin tonic a las que las obligaciones laborales prenavideñas nos abocan. Gran cata, eso sí.

Ni por supuesto tampoco hay que olvidarse de mi torpeza. Pero eso ya lo conté y no hay por qué insistir, ¿no?

(Por cierto, una ginebra más de las de la foto y otra que no consigo encontrar)

Cuando fui nómada

Yo, como todos, tengo un pasado y, también como todos, cada vez más grande. Me he dado cuenta de que mis posts en el blog son de cosas bastante inmediatas, cosas que se me ocurren y las lanzo sin más y que he hablado muy poco de mi pasado. Hoy pretendo hablar un poco de los veranos de cuando era un adolescente, o ni eso.

Todo empezó cuando un día mis padres decidieron comprar una caravana. Fuimos a Valladolid y compramos una que era mucho más barata que las demás, pero que nos parecía que podía servir. El propósito de mis padres era recorrer Europa durante un mes de veraneo. Como toda Europa en un mes iba a ser demasiado, decidieron planear viajes de un ámbito más reducido. Así que mis padres durante todo el año, en especial mi padre, se dedicaban a comprar mapas, guías (no había internet), trazar rutas, calcular kilómetros, días de estancia, sacarse el carné internacional de campista, etc.

Nada se dejaba al azar. Incluso poco antes de irnos mi padre iba a Navaluenga, un pueblo de Ávila, donde unos conocidos le enlataban, en latas de melocotón en almíbar o judías, lomo chorizo y salchichón en aceite. Os puedo asegurar que unos huevos fritos en ese aceite en un día de lluvia en Alemania eran una bendición.

El primer viaje lo hicimos cuando yo tenía, creo, 12 años. Yo soy el mayor de tres hermanos así que mi hermano tendría 10 y mi hermana 8 más o menos. Fuimos al sur y este de Francia, a suiza, al sur de Alemania y creo que a Austria, La verdad es que lo tengo un poco mezclado en la cabeza y eso que yo era el mayor. Mi hermana le echa en cara a mis padres que ella era tan pequeña que no se acuerda de nada y es como si no hubiera ido. En fin haré una lista de países sin ponerlos por orden cronológico porque será más fácil. Estuvimos en Francia, Bélgica, Holanda (pasamos por Luxemburgo, pero no paramos así que no creo que cuente), Dinamarca, Alemania, Suiza, Austria, Hungría (cuando todavía era comunista), Italia, Yugoslavia (cuando era Yugoslavia antes de la guerra), Suecia, Noruega y creo que ya. Hubo un par de veranos en los que yo no fui porque estuve estudiando inglés y el resto de mi familia estuvo en Alemania del Este poco después de la caída del muro, Checoslovaquia e Inglaterra (además del oeste de Francia).

Tengo bastantes recuerdos, pero menos de los que me gustaría. Hay veces que me acuerdo más de un parque acuático al que nos llevaban mis padres que de las ciudades, pero es que muchas de aquellas iglesias o museos no tenían mucho sentido para mí. Recuerdo las noches en julio en Suecia y Noruega y cómo no se hacía de noche nunca. Recuerdo una tormenta en Alemania en la que no se podía ver la carretera del agua que caía. Recuerdo la belleza de Dubrovnik antes de que la destrozaran a cañonazos, el puente de Mostar, el carillón del ayuntamiento de Múnich, la limpieza casi enfermiza de Suiza, la belleza de Venecia, de París, de Viena... en fin, un montón de cosas.

También recuerdo viajes interminables, peleas en el coche, averías, cómo bajaba rápidamente a bajar la rueda de la caravana y a desengancharla y luego a ponerla en su sitio, montar el avance (el toldo) y todas las cosas que hacíamos juntos. No tengo más que palabras de agradecimiento a mis padres por todo ello y me gustaría alguna vez poder hacerlo con mis hijos (y con Annie, por supuesto), pero creo que va a ser bastante difícil porque todo eso cuesta un dinero y, sobre todo, un montón de días de vacaciones que de momento no puedo más que soñar en tener algún día para poder enseñarles a mis hijos todas esas maravillas. Esa es una auténtica herencia que permanecerá en mí mientras pueda recordar. Gracias, papás!

El día que me di de baja de un club que no me aceptaría como socio

Perdón por un título tan largo y por el claro plagio (referencia) a Groucho Marx y su nunca pertenecería a un club que me aceptara como socio.

Para poneros en antecedentes os diré que cerca de donde yo vivo hay escasísimos parques que puedan tener tal nombre sin caer en el sonrojo. a mí no me vale como parque cuatro columpios y una pista de fútbol dentro de una rotonda, para mí eso no es un parque. Además de pocos parques (el único realmente bonito y grande es el parque de Berlín, pero nos pilla lejos para ir con los niños) hay pocas instalaciones deportivas, casi ninguna. En la calle Pradillo hay una piscina cubierta y unos cuantos campos de fútbol y de pádel. Mira por dónde ahora me acuerdo del polideportivo Vallehermoso a donde íbamos los de la residencia a jugar al baloncesto y tuvimos que dejar de hacerlo porque cambiaron las canchas de baloncesto por las de pádel. Que me parece muy bien que a la gente le guste jugar al pádel o al tenis, pero el tamaño de una cancha de baloncesto es el mismo que el de una pista de tenis y en una juegan diez personas y en la otra dos. En fin, se me ha ido la pinza. Es lo que pasa por escribir sobre la marcha.

Bueno, ante esa escasez de instalaciones y de parques y gracias al comentario, y a la recomendación, de una conocida (la mujer del jefe de mi cuñado, jefe que tiempo después despidió tanto a mi cuñado como a su mujer) recaímos como alumnos en la escuela de deportes Apóstol Santiago. Esta conocida nos informó de que eran algo tradicionales, por no decir con principios que hace un par de siglos ya eran antiguos.

El caso es que pensamos en que podría estar bien para los niños el poder tener una piscina cerca de casa para sobrellevar los rigores veraniegos madrileños que son muchos. La verdad es que lo pensamos con vista al futuro, pero las ganas se nos han ido cayendo por el camino.

Par que os hagáis una idea os diré que las piscinas están separadas por sexos de manera que no podemos ir todos a la piscina. Me parece una cosa absuda, además según su registro como fundación tiene declaradas como actividades la 'Promoción, desarrollo y ejecución de actividades teóricas y prácticas de la cultura física y deportiva, en el marco de principios de inspiración cristiana a través de suu escuelas de deportes'. Parece que la familia no es una de las cosas que haya que promocionar, salvo la homosexual, que esos sí podrán ir todos a la misma piscina. El separar a los hijos un poco mayores de sus padres o madres también parece bastante cristiano. Sólo se puede jugar al tenis si se va completamente de blanco. Creo que puedes usar calcetines de deporte con rayas, pero no estoy seguro. Hasta las zapatillas tienen que ser blancas. El separarse, o divorciarse es motivo de baja inmediata. Las instalaciones están en un estado lamentable. Las pistas de tenis son de arena, no de tierra batida, sino de arena. Hay un blog, por si a alguien le interesa estremecerse en el que se cuentan todas las tropelías de la familia Lazcano, que son los dueños del chiringuito.

El caso es que hemos cotizado durante tres o cuatro años, aunque llevábamos tiempo queriendo darnos de baja, pero esto tenía otro problema y es que tienes que hacerlo en horario laboral porque debe estar pensado, eso creo yo, para familias en las que la mujer no trabaja. No puedes ir por la tarde, ni en un día que no sea día laborable porque están cerradas las oficinas, aunque para ser sinceros la mayor parte de las veces que he ido he tratado con la señora conserje de la entrada y no he pasado más allá de la garita.

Darse de baja requiere pedirte un día de vacaciones e ir un par de veces, porque el teléfono nunca lo cogen y tienes que ir primero a preguntar qué es lo que hay que hacer y luego otra vez a hacerlo. Por otro lado, la cuota te la pasan a principios de año, en la primera semana. Por lo que si se te ha pasado, ya estás otro año afiliado.

Así que este martes aprovechando las innúmeras tareas que Anniehall me dejó encargadas tales como llevar a arreglar un chinazo en la luna del coche, hacer la comida, comprar la comida para el día siguiente e irla a recoger cual chófer al trabajo (es broma... no tuve que ponerme librea) aproveché para darme de baja por fin. Intuí que tendría que escribir una carta de renuncia y eso hice por anticipado. Así que cuando la conserje, en medio del diluvio universal, me dijo que tenía que traer una carta le dije 'como esta!', se la dejé en la casetilla y puse, espero que por última vez, mis pies en esa cristiana institución.

Supongo que al final lo que están intentando es que se venga abajo para contruir pisos en esa zona bastante jugosa de Madrid. Lo han ido vendiendo por partes. De hecho, el hotel Puerta de América, superfashion, se ha edificado sobre terrenos que eran de la escuela. He leído en el blog ese que en tiempos había competiciones de hípica y todo.

En fin, que nos hemos dado de baja. Que yo, siguiendo con Groucho, hubiera podido decir lo de señora, estos son mis principios, si no le gustan tengo otros y tragar por unas instalaciones deportivas decentes, pero ni siquiera me han dejado la opción. Tendré que dejar aparcada mi pasión por la hípica para otra ocasión.

Navidades madrileñas

Estos días de no-puente frío y lluvioso los hemos dedicado a actividades prenavideñas con los niños: fuimos al mercadillo de la Plaza Mayor, a ver el árbol de la Puerta del Sol y las luces de la calle, hemos puesto el árbol en casa... Pero no os voy a hablar de eso. No, no voy a hablar de cómo un año más hemos picado y hemos sido el colmo de la originalidad yendo al centro de Madrid el mismo día que el resto de España, ni del presunto árbol de Navidad (Agatha, querida, ¿realmente era necesario?), ni de la odisea para volver a casa... No, hoy voy a hablar de los recuerdos que todas esas actividades con los niños han traido a mi memoria.

Porque, durante dieciocho años, Madrid, en concreto el centro de Madrid, y Navidad, eran la misma cosa para mí. Solo veníamos a Madrid en Navidad a pasar las fiestas con la familia. De Nochebuena a Nochevieja nos pasábamos los días de la plaza de la Ópera, donde vivían unos abuelos, al Retiro, donde vivían los otros.

Al principio veníamos en el coche-cama. En dos compartimentos comunicados por una puerta. Cuando llegabas solo había un sofá y luego venía un mozo y sacaba las literas. Por supuesto, nos peleábamos por la de arriba y nos parecía toda una aventura. Me encantaba. Recuerdo bien el calorcito dentro del compartimento y el frío cuando tocabas la ventanilla.

Dormíamos en casa de mis abuelos maternos. De niños, luego no lo recuerdo, mi hermano y yo compartíamos una cama plegable, uno a los pies y otro a la cabeza. Todas las noches mi abuela nos cantaba 'Don Fernandito' que, según mi tía, es una versión cántabra del romance del Conde Olinos. No sé cómo éramos capaces de dormir después de tanta truculencia pero supongo que bien porque se la pedíamos cada noche. Al despertarnos, mi abuelo repetía el ritual de las vacaciones veraniegas con el jabón de afeitar y luego desayunábamos churros o tostadas que hacía mi abuela.

Y después del desayuno un montón de cosas. Nos dedicábamos a disfrutar todo lo que podíamos la gran ciudad y lo que no teníamos en casa. Mi otro abuelo nos llevaba al Rastro y acabábamos en Sol, donde su amiga María, cocinera en la Menorquina, nos regalaba alguna exquisitez. Mi tío nos conseguía entradas para Juvenalia. Íbamos al cine o al teatro, ya de más mayores. En mis años de canasta, nos desgañitábamos en el Torneo de Navidad. Visitábamos, porque lo que se dice comprar, poco, el corte inglés o la vaguada obnubilados cual Paco Martínez Soria. Y eso que por entonces ni siquiera había cortilandia. También nos tocaba alguna visita familiar o a viejos amigos de los padres que no nos apetecían nada.

De todas esas salidas a mí lo que más me gustaba eran los paseos bien abrigada. Caminar con el frío seco dándome en la cara y ver las luces. Me encantaban unas que había en Cibeles, aunque supongo que ahora me parecerían horrorosas, y los árboles de Alcalá y Menéndez Pelayo llenos de bombillas. Creo que entonces las ponían con más arte pero a lo mejor la memoria me traiciona. A veces, las menos, íbamos andando de una casa a otra rodeando el Retiro y por Álcala y Arenal y era estupendo.

Mi padre nos llevaba a la cuesta de Moyano o a tomar un gofre en la calle del carmen o un pincho de bacalao en Labra o un sandwich de salami en Ferpal o, esto ya me gustaba menos, a McDonald's. Que ahora parece una chorrada, pero hace veinticinco años en Santander casi ni sabíamos lo que era.

Las noches de fiesta las pasábamos con la familia de mi madre en Ópera. Los días en el Retiro. De las noches me acuerdo mejor, supongo que porque somos más y se montaba más lío. Y también porque, como dice el dicho días de mucho, vísperas de nada.

A media tarde iban a llegando mis dos tías de Madrid para preparar la cena entre las cuatro hermanas. Cuando se juntan son terribles, hablando a gritos todas a la vez. A mí me gusta verlas, aunque es verdad que es un poco estresante, así que mi padre intentaba escaquearse un rato. Ese rato lo aprovechaban para darse sus regalos. Los más interesantes eran siempre los de mi tía C, que vivía en París, y traía cosas súper modernas y, generalmente, carísimas que nosotros ni catábamos. Cuando no querían que nos enteráramos de algo hablaban en francés entre ellas.

En la cena nunca faltaba foie y salmón que esa misma tía se encarga de traer con toda la parafernalia: mermelada de cebolla y sauternes para el foie y alcaparras, huevo y cebolla para el salmón. ¡Ay de ti como quieras tomarlo de otra manera y te cace! El plato fuerte ha ido cambiando con los años, unos cordero, otros solomillo, otros pescado... Pero de postre siempre, siempre sopa de almendra que preparaba mi abuela.

Nos poníamos de tiros largos y los últimos años mi abuelo organizaba una rifa en Nochebuena. Una especie de lotería con premio gordo, pedrea y premio de consolación para todos.

Al día siguiente, antes de comer en casa de los otros abuelos, íbamos a Santa Bárbara a tomar el aperitivo. Allí quedaban mis padres con sus compañeros de la facultad. Entonces era de los pocos sitios abiertos en Madrid el día de Navidad.

En Nochevieja el ritual era más o menos el mismo solo que sin regalos ni sorteos. Había siempre un momento de tensión en el que los yernos tenían todo el protagonismo: había que mover la tele hasta el salón y conseguir que se viera antes del momento sagrado del especial de Martes y Trece. La famosa empanadilla de Móstoles la vi allí, con todos ellos. Luego venían las campanadas. La tradición familiar es mi madre diciendo 'esto es imposible' en la tercera, más o menos. Supongo que es una táctica para no ser la única que no consigue comérselas. El fin de fiesta consistía en devolver la tele a su lugar y sintonización original para que mi abuelo pudiese ver el concierto de Año Nuevo la mañana siguiente.

Y el nuestro era la vuelta en el tren con algo de pena. Tampoco mucha porque todavía nos quedaban los Reyes. Y en mi casa los Reyes son todo un acontecimiento. Lo dejaré para otro día.

Encapsulado

En el principio creó Dios los cielos y la tierra, pero no me voy a ir tan hacia atrás. El caso es que no es ese el principio que quería así que empezaré otra vez.

En el pricipio Nestlé creó las cápsulas y vio que era bueno y Nestlé separó el café en cápsulas del café molido y del descafeinado. A las cápsulas las llamó nespresso, al café molido, Bonka y al descafeinado, nescafé.

Fuimos los últimos en caer. Primero cayó mi hermano, luego mis padres, después los padres de Anniehall. Mis cuñados cayeron en el reverso tenebroso de Dolce Gusto y nosotros caímos finalmente. Nos compramos una máquina nespresso hace un año o así (o medio, la verdad es que no me acuerdo). Al principio pensamos que era una bobada. El café estaba bueno, sí, pero era muy caro y nosotros solo tomamos café en casa los fines de semana para desayunar. Además, a mí el café no me gusta especialmente. Teníamos una cafetera italiana de dos tazas y le echaba casi todo el café a Anniehall y yo me echaba un chorrillo para teñir la leche nada más.

A pesar de todo caímos gracias a un vale descuento de 70€ que me dio un compañero de trabajo. Nos compramos la máquina de marras y entramos en la secta, ehh... quiero decir el club. Aunque os parezca increíble, no puedes ir a una tienda Nespresso y decir deme veinte cápsulas, no, tienes que ser del club, si no, no hay cápsulas. Las tiendas Nespresso son capítulo aparte. No voy a entrar en ese tema porque me perdería, pero valga como apunte que los dependientes son de una artifiosidad y repulimiento que me provocan una gran sensación de incomodidad. A mí, como a cualquier hombre, me gusta comprar sin que reparen en mí, cojo una cosa sin que me atienda nadie, ni me haga sugerencias y punto, pero en estos sitios no es posible.

Volviendo al asunto del café, Nestlé a conseguido que mantengamos conversaciones absurdas que normalmente terminan en tragedia. Por ejemplo, cuando alguien viene a tu casa.

-¿Queréis un café?
-Sí, gracias.
-¿Lo queréis fuerte o suave?
-Mejor descafeinado.
-Vale, pero ¿lungo fortíssimo o cosi allegro?
-Mejos tráenos un vaso de agua... y del grifo.

La excepción a esto es que ya estén iniciados en el club y entonces, inevitablemente, te piden un tipo de café que no tienes. Antes no pasaba. Tenías tu café molido, ponías la cafetera y ya está. A lo más tenías un tarro de cristal de nescafé con su tapa roja y que llevaba en el armario desde antes de que te mudaras a esta casa y que era del anterior inquilino.

Porque esa es otra. Hay como veinte tipos de cafés distintos, cada uno con su leyenda absurda tipo "Su tueste delicado revela un cuerpo sutil pero contundente, notas suaves que recuerdan los cereales, y una nota equilibrada y fresca. El carácter de Volluto es reforzado por una pizca de acidez.". En fin, una vez que entras no hay marcha atrás, estás atrapado.

Por suerte, una vez al año estas buenas gentes tienen una idea fantástica para los que no nos gusta demasiado el café. Sacan sus cápsulas especiales de navidad. Este año son de vainilla (ya lo he probado y está buenísimo), de caramelo (es el que desayunaré hoy) y de almendra (no me apetece nada, pero Annie ha dicho que le gustaría probarlo). El año pasado eran de pan de gengibre, pero llegué tarde para hacer acopio y me quedé si ellos. Este año no me pillan. Ya me he hecho con un alijo y cuando me decida entre caramelo o vainilla me haré con un cargamento que me dure hasta las próximas navidades.

En fin, que estamos contentos de tener una cafetera de estas que te hacen un café en un pis pás. Así que si venís a tomar un café a nuestra casa no nos tengáis en cuenta las tonterías que os preguntaremos, lo hacemos sin mal intención, es que somos del club...



Este episodio de los simpsons me encanta.

El señor antena y doña interferencia

El señor antena y doña interferencia eran una pareja un tanto excéntrica que vivían su amor un tanto atolondrado. Se casaron, tuvieron dos hijos y eran felices, aunque no comían perdices porque eran un tanto caras y entre el gasto en pañales y en frutas (hay que ver la cantidad de fruta que comen los bebés!) se les iba el presupuesto para volátiles.

A raíz de una serie de cadenas de correos y de quejarse amargamente de que quedaban muy poco con sus amigos decidieron que sería una buena idea hacerse un blog en el que pusieran sus tonterías y les hiciera estar un poco más juntos. La idea era buena, pero luego resultó que los únicos que escribían con regularidad eran el señor antena y doña interferencia. Así poco a poco nuevas personas fueron entrando en su vida. Hacía ilusión ver que les seguía alguien más, que cada vez les hacían más comentarios, que subía el número de visitas, en fin ¿qué os voy a contr que no sepáis?

Esto les planteó un problema porque en su casa no tenían ordenador. Vivían alejados de la cibernética y se conectaban a las autopistas de la información en el trabajo. En casa tenían un viejo ordenador de la señora interferencia con un modem de 56kbps que usaban cuando no tenían más remedio.

Finalmente el señor antena le regaló a doña interferencia un ordenador portátil y un modem 3G con una tarifa asequible. De esta manera el blog entro en su casa y ya podían consultar, ver estadísticas y responder a los comentarios no sólo en el trabajo, sino también en su humilde morada.

El problema es que su pequeña tarifa 3G hacía que tuvieran que cortar la actualización del antivirus o ignorar los avisos tremebundos de que su sistema operativo se colapsaría si no lo actualizaban. Además el ordenador tenía la fea costumbre de intentar hacer una copia de seguridad online que consumía ancho de banda como quien come sopa. Estuvieron pensando en ponerse un router wifi como hace la gente de bien, pero investigando las redes que detectaba su ordenador vieron que había una sin seguridad y de acceso libre. Con pocos escrúpulos morales se conectaron a esta red y actualizaron su antivirus, su sistema operativo e incluso comenzaron a navegar usando esta red que tan amablemente les cedía su dueño.

Esto no era tan sencillo como pueda parecer porque había que poner tanto al ordenador como a sí mismos en unas posturas y contorsiones que amenazaban con dejarles sin ordenador y con la espalda lisiada.

Poco a poco fueron buscando sitios de la casa donde fuera más fácil la conexión y finalmente el señor antena descubrió que sentado cómodamente en su sillón podía conectarse, aunque a veces tenía problemas, principalmente cuando doña interferencia estaba por los alrededores. Además, doña interferencia estaba indignada por el mal gusto que demostraban las ondas hercianas al preferir a su marido que a ella. Su marido se disculpaba y le decía que no era cosa suya, que las ondas tienen mucho carácter y que podía ser que doña interferencia las ahuyentara leyendo el hola y la yo dona, pero doña interferencia no se quedaba satisfecha. Ella quería poder disfrutar de las ondas gratuitas a pesar de que su marido dejaba libres los suficientes megas como para que ella pudiera disfrutar del pincho 3G con total libertad, aunque sin ver vídeos, que ocupan mucho.

Viendo como solucionar el problema, el señor antena se acercó por la noche a la señora interferencia y le puso una mano en la espalda a la altura de los riñones mientras ella jugaba al buscaminas y de repente sucedió. La señora interferencia estaba conectada a la red gratuita y podía navegar sin restricciones. Así se quedaron los dos juntos y navegando hasta que al señor antena le entró sueño y se tuvo que ir a dormir. Se levantó del sofá, se fue a la cocina y doña interferencia perdió su conexión, pero ya habían descubierto que del roce nace el cariño y el internete.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.



Mis problemas en la cama

Antes que nada os digo que este post no va a ir sobre disfunciones ni eyaculaciones que sé que sois muy mal pensados y eso es lo que vais buscando, carnaza, que sois muy de carnaza.

Además voy a aclarar que por prescripción facultativa de mi santa esposa no voy a poner más post políticos. No puedo prometer que no entre al trapo en otros blogs, porque yo enseguida me meto en todos los fregaos... pero lo voy a intentar.

De lo que quiero hablar es de mis problemas no sexuales en la cama. Para empezar os diré que mi principal problema es ese ángel que tengo como esposa, Anniehall. Annie tiene sangre fría como los reptiles y bastantes mujeres (no digo que ella lo sea, reptil, quiero decir...). Yo digo que Annie es temperaturística, esto es que no conserva su propia temperatura, sino que se aclimata a la que tenga a su alrededor. En términos ingenieriles podríamos decir que tiene poco calor específico. Yo entiendo que eso es un fastidio, pero a mí también me toca mi parte.

Un caso típico es que yo me acueste antes, incluso cuando nos vamos a la vez a la cama, porque Annie siempre tarda más en acicalarse o desacicalarse (cosas de mujeres). Yo me pongo en mi ladito de la cama y me echo el edredón por encima. En esas llega Annie y me planta sus pinreles helados encima e intenta no tocarme con sus manos que en esos momentos podrían ser perfectamente de un muerto. Además lo adereza de comentarios tipo 'qué calor tienes!', 'si es que a ti te sobra calor', 'hay que saber compartir', 'si lo hago por tu bien para regularte la temperatura', etc. (sé que aquí caerán chistes zafios, pero lo asumo)

Ahí no acaba la cosa porque como es temperaturística enseguida se cuece de calor y quita el edredón, no solo su parte, no, quita todo el edredón. Ahí empiezo a entonar el 'apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así...', pero lo dejo pasar y me echo a dormir. Ahí es donde veo la utilidad a esos edredones enanos de los hoteles alemanes que me causan tanto asombro. Los alemanes que son gente práctica han encontrado la solución. Cada uno tiene su edredón y está jodido porque se le salen los pies por todos los lados, pero está contento.

El caso es que Annie no se queda a gusto y espera a que me duerma (cosa que suele suceder a los pocos minutos) y entonces empieza a golpearme con algún palo o instrumento contundente (yo creo que es el tubo del aspirador) porque si no no me explico como es posible que me levante con las piernas destrozadas. Annie lo niega, pero yo no encuentro otra explicación.

En verano pasamos calor los dos, eso no nos lo quita nadie, pero ahí también consigue quitarme parte de mi fresco natural y se lo apropia.

Al final todo lo bueno compensa y con innúmeras creces la parte mala de Anniehall y ya sabéis que no hay pie frío que cien años dure (espero).