Jim Thompson de un tirón

En menos de una semana me he leído dos libros. Dos novelas de Jim Thompson. 'El Asesino Dentro de Mí' y '1280 Almas'. No es que me haya vuelto el tío más rápido del mundo leyendo, ni que no haya hecho otra cosa durante esta semana. Ya os he contado que hasta hice tiramisú y yo no soy tan avezado como para cocinar mientras leo, para eso hay que tener galones (y supongo que algunas experiencias traumáticas en la cocina). Es que son dos novelas bastante cortas. No puedo decir el número de páginas porque con el Kindle (tenía que meterlo, si no no me quedo a gusto) no te pone el número de páginas, pero no creo que sean más de 100 - 150 páginas cada novela (lo he mirado en la editorial y son más de 200 cada una... será que me han gustado).

Las dos están contadas en primera persona, te cuentan los pensamientos del protagonista que en ambos casos son representantes de la ley. En una el protegonista es un ayudante del sheriff y en la otra es el sheriff. Las dos suceden en Texas y yo no podía dejar de imaginarme a Juanjo con su sombrero tejano, que he descubierto que se llama stetson.

El contártelo en primera persona hace que sientas una cierta cercanía con un personaje que es abominable, lo que te crea una sensación rara. Por supuesto que quieres que reciban su castigo, pero quieres ver a dónde lleva. Como pone en la imagen del post es 'horrifyingly fascinating'. 1280 Almas está además contada con bastante sentido del humor. La traducción era un poco rara, utilizaba palabras como guripa que yo creo que ya nadie utiliza, pero según se dice en la introducción era difícil de traducir porque está escrita en dialecto tejano. Hay una nueva edición en Anagrama, creo, que seguramente esté mejor. La que yo leí era de RBA. Hay mucho 'yes, ma'am. No, ma'am' y cosas así:

"Llegué al portal, llamé y retrocedí un poco, con el Stetson en la mano.
Me sentía incómodo. No estaba seguro de saber qué decirle. Porque nosotros tal vez seamos anticuados, pero nuestras normas de conducta no son las mismas que las del Este o el Medio Oeste. Aquí todos dicen "si, señora" y "no, señora" a cualquier persona que lleve faldas; a cualquiera mientras sea blanca, se entiende. Aquí, si se pilla a un sujeto con los pantalones bajados, se le piden excusas... aunque inmediatamente después haya que detenerle. Aquí se es hombre, hombre y caballero, o no se es nada. Y al que no lo sea, que Dios le ampare."

"Yo sabía que Joyce alentaba lo peor que había en mí, sabía que de no detenerme pronto, jamás volvería a conseguirlo. Acabaría en la cárcel o en la silla eléctrica.
—Dilo, Lou. Dímelo, que te voy a responder.
—No me amenaces, preciosa —le dije—. No me gustan las amenazas.
—No te amenazo, sólo te digo lo que pasa. Tú crees que eres demasiado para mí y yo... yo...
—Sigue. Ahora te toca hablar a ti.
—No quería decírtelo, Lou, pero yo no te voy a soltar. Nunca, nunca. Si ahora eres demasiado para mí, ya conseguiré que dejes de serlo.
Le di un beso, un beso muy largo y duro. Porque Joyce no lo sabía, pero estaba muerta, y, sin embargo, nunca la había amado tanto como en aquel momento."

"—Mira, querida, lo que tienes que hacer es venir, porque tengo un montón de cosas que contarte. Puedes coger el correo de las cuatro y haré que Nick te lleve a casa después.
Colgó, sacudió la cabezota y murmuro:
—Pobre Rose. Pobre, querida, dulce mujer.
—Oye —dije—, Rose no es pobre, querida. La granja que tienen ella y Tom esta muy bien.
—Venga, cierra el pico —dijo—. Si fueras al menos medio hombre, hace tiempo que habrías ajustado las cuentas a Tom Hauck. Lo habrías metido en la cárcel, que es donde debe estar, en vez de dejarlo en libertad para que pegue a esa mujercita que tiene, tan desvalida la pobre.
—Oye, yo no podría hacer una cosa así —dije—. Nunca me entrometería en los asuntos de un hombre y su mujer.
—¡No podrías, no podrías! ¡Nunca puedes hacer nada! ¡Porque ni siquiera eres medio hombre!
—Bueno, mira, yo no sé de esas cosas —dije—. No digo que te equivoques, pero no estoy seguro de que digas...
—Oh, cierra el pico —repitió—. Lennie es mucho más hombre que tú. ¿No es cierto, Lennie querido? —dedico una sonrisa a su hermano—. ¿Verdad que eres el valiente de Myra? No un borrego acobardado como Nick.
Lennie barbotó una carcajada y me señaló con el dedo.
—¡Borrego acobardado, borrego acobardado! El comisario Nick es un borrego acobardado.
Le lancé tal mirada que dejó de reír y de señalarme. Se quedó mudo como una piedra y hasta palideció un tanto.
Lancé otra mirada a Myra y su sonrisa se tenso y desapareció. Y se quedó tan pálida y callada como Lennie."

Ha habido otros fragmentos que he ido poniendo en el twitter. Me parece que está bastante bien, subrayas y lo compartes a través de un enlace a Amazon que aparece en el twitter. Lo único malo es que tienes que escribir el título y el autor porque para el Kindle, al no ser un libro de Amazon, lo que estás leyendo es un documento personal y no te pone esa información.

Los dos libros me han gustado mucho, quizás más el de el asesino dentro de mí del que han hecho una película que está ahora en cartel (es la imagen de este post). Es novela negra de la buena, de la que te engancha y quieres seguir leyendo más y más. Os los recomiendo si os gustan este tipo de novelas.

Ahora volveré a la IIGM y concretamente a Berlín, la caída de Antony Beevor para prepararme nuestro viaje a Berlín de junio, bueno, y también porque ya sabéis que me gustan los libros de la segunda guerra mundial, ¡qué le vamos a hacer! Hay a quién le da por la bebida (no, no es un buen ejemplo)... Hay a quién le da por el bricolaje casero (tampoco es un buen ejemplo)... bueno, hay a quién le da por irse al fútbol los domingos (ahí sí!!) y a mí me da por la segunda guerra mundial, hay cosas peores.

Y de postre: Tiramisú (por fin)

Como ya son cienes y cienes las peticiones del leyente, accederé y pondré la receta del tiramisú. La pongo aun a sabiendas de que casi nadie lo hará, a mis experiencias pasadas me remito.<>

De lo que no os libráis es de la historia.

Yo tengo tres tías maternas. Hace muchos años, a mis tiernos dieciocho, me fui a pasar una temporada con una de ellas para aprender algo de francés. Aunque para entonces llevaba seis años estudiándolo, el poco francés que sé se lo debo a aquel curso intensivo de ya no recuerdo si un mes o quince días. Y también a aquella temporada le debo mis inicios culinarios. Gracias a ella llegué a mi 'pisito de soltera' en Madrid sabiendo cocinar al menos una tortilla de patata y un tiramisú. Y creedme que era lo único que sabía cocinar entonces. Lo curioso del asunto es que, de las cuatro hermanas, esa tía mía es la única que (casi) no ha cocinado en la vida. Cuando mi madre se lo recuerda a las demás las tres (incluso la interfecta) se asombran.

Por si no fuera suficiente motivo de agradecimiento saber que me salvo de la inanición en mis primeros pasos como mujer(cita) independiente, a este tiramisú, pero sobre todo a mi tía, le debo también numerosas felicitaciones a mis artes culinarias procedentes del uno y otro confín. Y además he ganado varios premios consecutivos de la tradicional barbacoa veraniega organizada por Tochi y esposo.

Lo mejor de todo es lo fácil que es para el gran resultado que se consigue. Sí, sí, ya la pongo, ya no doy más la lata con mis historias.

He visto muchas recetas de tiramisú, casi todas con más elaboración que esta y casi todas con peores resultados.

El tiramisú que me enseñó mi tía

Ingredientes (para al menos ocho):

- 500 gr de mascarpone

- 3 huevos

- azúcar

- café muy cargado

- bizcochos de soletilla o lady fingers

- cacao en polvo

- algún licor, creo que lo típico es amaretto, pero supongo que valdrá el ron o algo así (yo no lo pongo pero habrá quien lo prefiera con)

Preparación:

Lo primero es hacer como dos cafeteras (de las italianas de ocho tazas, por saber la cantidad) de café muy cargado, endulzarlo lo justo y dejar que se enfríe. Se añade el licor al café.

Luego hay que preparar la crema.

Se separan las yemas de las claras de huevo. Se mezcla el mascarpone con las yemas y el azúcar. La receta original llevaba seis cucharadas soperas de azúcar, yo pongo cuatro o así porque con seis me resulta demasiado dulce (y yo soy muy golosa).

Es fundamental, repito fundamental (ya se pasaban toda la peli diciéndolo en El hijo de la novia) usar queso mascarpone. Con otro queso no va a quedar tan bueno ni de lejos. Avisados quedáis.

Las claras se montan a punto de nieve muy firmes y se añaden a la mezcla del queso. Ya sabéis, con movimientos envolventes moviendo lo justo para que se mezcle todo pero para que no se bajen las claras.

Ahora queda el montaje.

La teoría dice que forres el molde con papel de aluminio para luego desmoldarlo. Mi experiencia es que si lo desmoldas se acaba desmoronando así que yo lo presento tal cual en la fuente de horno que suelo usar. Otra buena opción es hacerlo en cuencos individudales (de macedonia, consomé...). Queda mejor presentado pero es un poquito más engorroso.

Se pone una capa de bizcochos empapados en café. Con los bizcochos hay dos opciones: usar bizcochos blandos o galletas/bizcochos alargadas de esas duras que se llaman lady fingers.

A base de hacerlo vas aprendiendo cual es la cantidad justa de café para que se moje todo el bizcocho pero no suelte demasiado líquido. Lo dicho, es cosa de la experiencia y además depende mucho del tipo de bizcocho que se use.

Sobre los bizcochos se pone una capa de la mezcla de queso y se espolvorea con cacao en polvo. Sobre ellos otra capa de bizcochos, otra de queso... hasta terminar con una capa de queso que se espolvorea bien con cacao. Lo ideal es usar cacao puro sin azúcar ni harina añadidos. Hay uno de Valor muy bueno. Para espolvorear es recomendable usar un colador, así no quedan pelotillas.

Una vez montado se pone a enfriar en la nevera. Idealmente el día anterior o si no es posible desde primera hora de la mañana hasta la comida.

Y ya está, luego a disfrutar.

(¡Ah! la foto no es mía, la encontré por ahí).

¡¡Felicidades Niño Desgraciaíto!!


Son las dos de la tarde de ayer, o sea, quedan menos de veinticuatro horas para tu trigésimo octavo cumple y no sé qué demonios escribir. Pensaba hacer una respuesta a la entrada que publicaste definiéndote. Pero no me sale. Así que para inspirarme se me ha ocurrido ver lo que escribiste por mi cumple. Y ha sido peor porque no seré capaz de escribir nada parecido. Ya conté una vez cómo nos conocimos así que eso ya está explotado.

Solo sé que quiero felicitarte y seguir felicitándote siempre.

Quiero seguir notando cómo levantas el brazo para que me acurruque en tu pecho por las mañanas, cuando todavía no puedo ni hablar. Y que me cuentes todas las cosas que no me pudiste contar la noche anterior, cuando tú ya no eras capaz de hablar.

Quiero que nos sigamos riendo todas las mañanas cuando sales de la ducha y mientras te secas con tanto empeño yo canto ‘apertura en canaaaal’ con la música de Soldadito Español (el porqué me sé esta canción y otras como ésta es un misterio que no seremos capaces de desentrañar por muchos cumpleaños que pasemos juntos).

Quiero que sigas preguntándome dónde está la ensaladera blanca con el armario abierto y, desde él, la ensaladera llamándote a gritos.

Quiero que sigas poniéndote a cantar la canción que tengo metida en la cabeza sin haberte dicho que estaba pensando en ella.

Quiero seguir llamándote las cosas más absurdas cuando alguien dice, por ejemplo, palíndromo en la televisión: ‘¡mi palíndromo bueno!’.

Quiero que sigas poniendo cara de asco cuando ves mis bocadillos de salchichón con mantequilla (mmmmhhhhhhh).

Quiero que sigas metiéndote conmigo cuando llego a casa con el ¡Hola! y murmuras con sorna ‘el Hola de la boda de Azúcar Moreno…

Quiero seguir añusgándome de ternura cuando te veo con nuestros hijos.

Quiero que sigas agobiándote entre bromas y veras cuando te atosigo con besos y abrazos.

Quiero seguir riñéndote por ser capaz de desconectar las orejas y leer entre el follón de los niños, la tele, el teléfono…

Quiero seguir sorprendiéndome por tu pozo de sabiduría: ‘las elecciones norteamericanas son el primer martes después del primer lunes de noviembre’ y muchas otras cosas mucho más interesantes.

Quiero seguir siendo temperaturística y achicharrarme viva y sudar como un pollo al minuto de abrazarme tú porque estoy helada de frío.

Quiero que sigas resoplando cuando saco el embozo a la cama y que digas que vas a morir como la Bruja del Este cuando tiro de las sábanas.

Quiero que sigas siendo capaz de quitarle importancia a mis centrifugues ridículos y de poner calma en la lavadora de mi cabeza.

Quiero seguir viendo, entre divertida y enternecida, cómo luchas contra el sueño en el sofá por las noches para poder estar cinco minutos más juntos.

Quiero seguir viviendo contigo toda mi vida y felicitarte todos los cumpleaños.

¡Muchas felicidades, Niño Desgraciaíto! mi niño.



De Aves del Paraíso y pajaritos

Ya me he terminado Ave del Paraíso de Joyce Carol Oates y mi conclusión es que ni fú ni fá. No me ha llenado, pero tampoco me ha parecido un ladrillo inleíble. Es un libro que yo nunca hubiera elegido en una librería, pero me lo regaló mi hermana por navidades y lo he leído con cierto gusto. He tardado tiempo en terminarlo porque tampoco ha llegado a engancharme y son más de 500 páginas. Escribe con frases muy largas y mucha parafernalia. Habrá a quien le guste, no digo que no, pero a mí me parecía demasiado tipo novela, si se me permite, de mujeres. Tampoco es que yo sea un experto en novelas de mujeres, pero me sonaba así.

Para mí tiene un tremendo handicap y es que me recordaba muchísimo a crónica de una muerte anunciada, único libro de García Márquez que no solo no admiro, sino que detesto profundamente. No diré que no pude con él porque al final me lo leí, pero me llevó más de un año acabarlo (intercalé entre medias otras lecturas). Ya digo que es el único de los que me he leído de García Márquez que no me ha gustado. Me encantaron Cien Años de Soledad, el amor en los tiempos del cólera, el coronel no tiene quién le escriba, vivir para contarla y alguno otro de esos más cortos.

El planteamiento es parecido. Hay una muerte y se cuenta desde dos puntos de vista. Esto lo puedo contar porque lo pone en la contraportada: muere una mujer que estaba casada y tenía un amante. A partir de ahí cuenta cómo cambia dramáticamente la vida de la familia de la mujer y la de la familia del amante. Y te lo va contando con saltos en el tiempo para adelante y para atrás y luego cambia el protagonista y vuelta a empezar p'alante y p'atrás... No me acaba de gustar, me siento un poco estafado, pero a quién le guste este tipo de planteamientos, seguramente le gustará la novela.

Tampoco me gustó la traducción, bueno, más bien no me gustó la ortografía de la traducción porque se arranca con palabros como 'disyóquei' que a mí me perjudican la retina, aunque estén aceptados y recomendados por la Real Academia. Seré un antiguo, pero cuando me encuentro una palabra así tipo güisqui pienso que el que lo ha escrito está un poco pallá.

Ahora he empezado a leer el asesino dentro de mí de Jim Thompson que tiene muy buena pinta y es cortito. He vuelto al Kindle y eso me lleva a enlazar de una manera sutil con la segunda parte del post, la referente a pajaritos.


Como alguno de vosotros ya sabéis, me he abierto una cuenta en twitter, Anniehall también. Yo soy @desgraciaito y Annie es @Anijol76. A esto del twitter no le veía yo mucho la gracia, pero mira por dónde, un compañero de trabajo me ha dado un uso que yo ni siquiera sospechaba de la tecnología (es que ya voy siendo mayor y me cuesta meterme en las nuevas tecnologías). Resulta que desde el Kindle se pueden mandar a través de twitter los párrafos que subrayas en los libros. Me parece que eso puede ser interesante, aunque a lo mejor es una tontería sin más. Voy a investigar al respecto porque ese uso creo que puede servir para el bien.

Pues poco más que contar, acabo de volver de una reunión y a seguir trabajando que es por lo que nos pagan...

Los cumpleaños en el trabajo, esos grandes desconocidos

Dentro de poco será mi cumpleaños, tampoco es algo para tirar cohetes, es algo biológico, sin que uno tenga ningún mérito en ello y más bien tenga algunos deméritos. Tampoco es que sea un tipo huraño al que no le guste cumplir años, no es eso. Supongo que cuando cumpla cuarenta me sentará bastante peor. Me pasó cuando cumplí treinta. Debe ser que en mi mente ingenieril tengo desconfianza hacia los números redondos. No sé si a vosotros os ha llamado alguna vez la atención algún cartel de esos que hay en las obras en los que aparece el presupuesto total y siempre aparece un número horrible con decimales, si es el caso, no penséis que ese número sale de unos cálculos elaborados, ni mucho menos. Cuando yo tenía que poner esos precios, en lugar de ser la suma de innumerables partidas y precios unitarios, se hacía exactamente al revés. Me decían: el total tiene que ser X millones de euros y tú lo maquillas para que parezca que es otra cosa. Y yo lo maquillaba y parecía otra cosa, aunque no sé muy bien qué...

En el mundo del cumpleaños se pasa por varios estadios. De pequeño es el mejor día del mundo y el que no te inviten a un cumpleaños y a un amigo tuyo sí, es una tragedia (le ha pasado hace poco a C.). Se hacen regalos guays, se juega con ellos durante el cumpleaños y, con un poco de suerte, alguno se salvará del evento. Cuando se va creciendo, los cumpleaños siguen siendo importantes, pero menos. Se reduce el número de invitados, se tiende más al botellón que a celebrarlo en casa, los regalos no siempre son lo que se espera... El cumplir años cuando uno ya es talludito y trabaja puede ser algo que pase totalmente desapercibido o puedes llevar unos churritos y unas porras para celebrarlo o algo así. Por supuesto que no esperas ningún regalo a cambio. Es una fiestecilla. He de decir que este último paso lo digo un poco de oídas, porque en mi trabajo las cosas son de otra manera.

Aquí un cumpleaños vuelve a ser, desde el punto de vista logístico, como preparar un cumpleaños de tu hijo. Además este año se ha añadido una novedad que aún no está muy establecida, pero que se comenta, que es que al mejor celebrador de cumpleaños de este año se le regala un jamón (habrá que ver en qué queda). De manera que el nivel sube. Hasta la fecha ha habido tres cumpleaños que se hayan celebrado. dos de ellos han optado por la siempre socorrida paleta ibérica que es muy agradecida. Además dura varios días, tampoco muchos, en tres días está liquidada... El otro cumpleaños consistió en roscón y chocolate justo a la vuelta de las vacaciones de Navidad, que es algo que también se agradece bastante.

Así que hay que esforzarse para estar a la altura. Mi propuesta de este año es la siguiente: Un chorizo del pueblo de mi madre con sus correspondientes barras de pan (el chorizo pesará un par de kilos o así), dos tiramisús hechos por estas manitas y una botella de Tanqueray Ten con sus correspondientes limas, hielos y tónicas. Como véis nada que envidiar a la logística de las mediasnoches de nocilla y foiegras y de tarta de san marcos con velitas y tu nombre en chocolate junto con un Feliz Cumpleaños también chocolateado.

Respecto al gintónic tengo una cierta pesadumbre porque he sido yo el que lo he introducido entre mis compañeros de trabajo y ahora están todos un tanto abducidos por tan hermoso brebaje, de manera que hay semanas en las que el copeo fuera del finde vuelve a tomar cuerpo, incluso hay quién sólo tomaba cerveza y ya no puede pasar sin su copa de balón y su ginebra premium. Ya les he comentado que el gintónic es una bebida de gentlemen y que, como tal, no se debe abusar de ella porque tiene una resaca bastante mala, pero la juventud, ya se sabe...

Por supuesto que dicha celebración no conlleva ningún regalo para el celebrante lo que hace que juzgues con bastante severidad las celebraciones del resto, dado que ese es realmente el regalo, el que por un día no te acuerdes de la ensalada grumet, y no es poco, creedme, no es poco.

Mi infancia entre costuras

Ayer alguien se rió de mí, cariñosamente, porque hablé del plissé soleil de cierto vestido que luego al final no era tal.

Resulta que sé lo que es eso porque mi madre cose. Eso y otro montón de palabras para mí muy familiares que he descubierto que no lo son tanto para los demás. A ND le da la risa cuando me oye hablar de patas de gallo, ojos de perdiz o príncipes de gales y pone cara de pez si nombró un entredós, la entretela, el panamá , o digo que algo es evasé y está cortado al bies. Y no entiende nada cuando distingo un plisado de unas palas o unas jaretas de unas lorzas.

Mi madre siempre ha cosido. Recuerdo las tardes de invierno en el salón o en la cocina entre retales, papel cebolla, patrones, la máquina de coser, acericos, aguja, las canillas… Nosotros merendábamos, hacíamos los deberes o veíamos la tele mientras ella le daba a la máquina, calcaba un patrón, cortaba, sobrehilaba, remataba…

Durante años usó una Singer con mueble de madera y pedal en el suelo. Resuena en mi cabeza su soniquete rítmico (tacatá, tacatá, tacatá,…) y vuelvo a verla con la cabeza inclinada sobre la labor y moviendo el tronco al compás. Tras años suspirando por ella consiguió hacerse con una más moderna que le hiciera hasta los ojales. La máquina eléctrica también tiene pedal y hace mucho ruido, pero no es lo mismo.

A mí me hizo mucha ropa. Al principio la que ella quería. Luego elegía yo. Mi madre no sabe hacer patrones así que compraba revistas (Burda, Neue Moden, Patrones,…). Yo las miraba, elegía lo que quería, a veces íbamos juntas a comprar la tela y luego observaba todo el proceso.

Primero se calca el patrón en papel cebolla. Luego se corta el patrón, se prende a la tela respetando el sentido del hilo (esto es muy importante), se pintan las piezas y se cortan dejando sus correspondientes márgenes. Después se pasan los hilos. Esto consiste en repetir con puntadas largas la forma de la pieza pintada porque el lápiz o la tiza se pierden con el manoseo. Hasta aquí empecé a hacérselo yo cuando fui mayor. A continuación, por fin, se van hilvanando las piezas, haciendo los pliegues, juntándolas unas con otras y la prenda va tomando forma. Con todo hilvanado mi madre me probaba, corregía lo que hubiera que corregir y luego lo pasaba a máquina. Y después quedaban los remates: dobladillos, botones, ojales, trabillas...

Todas estas labores nos llevaban a menudo a la mercería. ¡Ay, cómo me gustan las mercerías! Ahora ya casi no quedan y las pocas que hay están vacías. Pero entonces casi siempre había cola. Mientras esperábamos me encantaba mirar todas esas cajitas llenas de botones con una muestra del contenido en el frente. Y las bobinas de hilo ordenadas por colores, un millón de cintas de distintos anchos, la pasamanería, ... Y las mujeres que llegaban con su trocito de tela 'a ver qué botones tienes para esto', 'necesito una cremallera invisible de 35', '¿a esto le irá mejor hilo verde o marrón?' La mercera se acercaba al expositor, traía dos bobinas y entre las dos decidían. No sé cuántos minutos de mi infancia pasé entre ellas, pero muchos.

De todas las cosas que me hizo mi madre recuerdo dos especialmente. Un vestido rojo de punto que a mí me encantaba y que dos idiotas del cole dijeron una vez que parecía un camisón (las habría matado). Y una chaqueta de pata de gallo con botones de cuero y cuello de ante que le dio muchos quebraderos de cabeza ('ay, hija, siempre eliges lo más difícil') pero que le quedó perfecta. Iba yo elegantísima en plena adolescencia con aquella chaqueta.

Ahora ya sabéis por qué me sé todas esas palabras casi olvidadas y también por qué conozco muchas clases de tela: popelín, villela, terciopelo, pana, pana lisa, percal, gabardina, otomán, piqué, lino, hilo, seda salvaje ...

Y lo que yo no consigo entender es cómo he conseguido no aprender a hacerlo yo.

Se me ha ido de las manos...

Lo reconozco, me ha sobrepasado. Me he vuelto un ansioso y eso mismo me reconcome por dentro, porque me doy cuenta, pero no puedo evitarlo. La carne es débil y yo tengo mucha carne... incluso mucho tocino, que es más débil aún...

Tengo en este momento en mi Kindle (ya está el pesado del Kindle!) casi 250 libros. Además ahora me ha dado por volver a la lectura analógica porque tenía varios libros atrasados de regalos de Navidad y Reyes. Los tengo divididos por temas. Hay varios libros que son difíciles de clasificar en mi rígido esquema ingenieril, pero al final caen en alguna de estas categorías:
  • Historia (25)
  • Viajes (14)
  • Ensayo (22)
  • Novela (74)
  • Novela negra (42)
  • Memorias y Biografías (15)
  • Clásicos (18)
  • Cuentos (8)
  • Scarpetta (13)
Entre paréntesis está el número de libros en cada una de las carpetas. Varios de esos libros ya me los he leído y los tengo porque me gustaron, pero la mayoría no me los he leído y tengo ganas de hacerlo. Dentro de esos números hay algunos engañosos porque cuentan como uno solo las obras completas de Shakespeare o el que tengo con más de 300 obras de Mark Twain. En el apartado cuentos tengo varios cuentos completos como los cuentos completos de Mishima o Capote, que también contarían como varios. Soy realista y sé que no voy a poderme leer todos los libros que tengo, pero aún así sigo acumulando más y más libros. Sin ir más lejos hoy he metido tres libros de Irène Nemirovski, uno de Nieves Concostrina, la autobiografía sin censura de Mark Twain (en inglés), el Caballero y la Muerte de Leonardo Sciascia, los Lobos de Kirst (que recomendó Efe hace poco), el Arte de Viajar y los cuentos completos de Poe que ya me los he leído y tengo en libro de bolsillo. Todos me apetecen, pero cuando vaya a llegar a leerlos habrá otros que me llamen más o se me habrá olvidado que tengo estos otros. Porque si echo un vistazo, pongamos por caso, a la carpeta de novelas me encuentro Fortunata y Jacinta, el Poder del Perro, Desgracia, los Girasoles Ciegos, el Último Encuentro, el Gran Gatsby, la Carretera, Botchan, Band of Brothers, Fouché, Koba el Temible, Matadero Cinco, Innocent... que tengo muchas ganas de leer. Sólo con estos ya tendría para todo el año, pero sigo echando vistazos y cuando veo algo que me gusta, pues lo añado al saco. No hay ni que decir que a la hora de leer sigo siendo igual de lento que siempre, bueno, más porque desde que soy padre encuentro menos huecos para leer y, sobre todo, tengo menos ganas.

Además, desde hace un par de semanas tengo la canción que os pongo abajo en la cabeza (gente sugestionable y con tendencia a que se le queden las canciones en la cabeza, abstenerse), me despierto con ella en la cabeza, me acuesto con ella en la cabeza, leo con ella en la cabeza y es muy molesto. Bueno, que solo quería quejarme de lo ansias que soy. Sé que no es bueno, pero no puedo evitarlo. Como dice mi jefe: 'el que nace lechón, muere cochino'. Y tiene razón. Buen fin de semana.


Ofertas

Yo antes trabajaba para una multinacional agrícola. Nosotros éramos la ingeniería que les diseñaba y construía los invernaderos. Eso tenía su parte mala y es que éramos una especie de felpudo en el que limpiar toda la mierda de sus botas y además el chivo expiatorio de todas sus cagadas, que no eran pocas, porque nosotros éramos unos mantas, claro. Porque si a ellos les hubieran dejado en lugar de contratarnos a nosotros habrían hecho unos invernaderos mucho más molones, dónde va a parar. Lo curioso es que del presupuesto cicatero con el que contábamos no se acordaban nunca cuando nos pedían imposibles. Ya sabéis, había que fabricar ferraris con presupuesto de dacia.

Hubo una época que nos creímos algo y pensamos que podíamos diversificar a la clientela por aquello de no tener todas las manzanas en el mismo cesto. Entonces se creó un departamento de Desarrollo de Negocio, se hicieron varias ofertas y, oh fatalidad, alguna se ganó. Fue entonces cuando descubrí que no me gustan nada las ofertas. Las odio. Lo bueno es que la época se acabó pronto. En seguida se dieron cuenta de que fuera del regazo de mamá multinacional hace mucho frío, los clientes exigen resultados de verdad y los retrasos cuestan dinero.

El tiempo pasó y el abrigo de mamá multinacional se quedó un poco corto. Empezaba a refrescar. Así que no me lo pensé dos veces cuando otra multinacional me ofreció cobijo. Lo bueno de esta es que es independiente, sus clientes son muchos y variados. No están todas las manzanas en el mismo cesto. Pero a cambio hay que hacer ofertas. Y aquí estamos. Aunque procuro evitarlas, en el tiempo que llevo aquí no me ha quedado más remedio que enfangarme con alguna. Llevo tres meses en un sinvivir. Yo no sirvo para esto.

La cosa es más o menos así.

Llega un día tu jefe y te dice que vas a ponerte a echar una mano a ZZ Top con unas ofertas urgentísimas de unos invernaderos. Coordina la cosa técnica Pijus Magnificus. Pasan los días y nadie me dice nada. Por fin, Pijus se digna a contarnos de qué va el asunto: Reunión de Lanzamiento. ZZ no puede ir. Resumen: Hay que hacer una oferta para dos invernaderos en una semana. En la parte de ruegos y preguntas:

- ¿Qué se va a cultivar?
- Pues fundamentalmente tomates. Pero a lo mejor también pimientos y puede que algún calabacín. Calabacines solo en algunos años bisiestos.
- ¿Cómo se va a regar?
- Pues con agua claro
- Ajaaaa, ¿pero con regadera, por goteo, por inundación? ¿va a ser automático? - Mmmm, bueno, no sé, pues... ¿cómo era en los Invernaderos Calentitos que hicimos hace tres años? Tomad eso de referencia.
- Vale ¿aquí el agua también viene del río?
- Creo que no.
- ¿De una acequia, de un lago, hay que desalar agua del mar?


Sales de allí con toda esta batería de respuestas precisas y te pones a leer las especificaciones, a preguntar a unos y a otros, a pedir ofertas casi igual de imprecisas, nadie te responde nada y van pasando los días. Cuando te pregunta Pijus le dices que con los datos que tienes no puedes hacer nada. '¿Cómo que no?¿no íbamos a tomar de referencia los Calentitos? Ya sabes, esto es una oferta, lo que no sepamos lo tendremos que estimar' Pero, ¿es que nadie se da cuenta? ¿cómo voy a hacer todo eso sin datos? ¡Soy ingeniera! Necesito datos, condiciones de contorno, números, cosas tangibles con las que preparar un buen excel lleno de datos ininteligibles (e inútiles). Bueno, Pijus también lo es (ingeniero digo), solo que seguro que ha hecho un máster de esos en los que ha aprendido que se venden lo mismo invernaderos que congeladores. Así que no parece preocuparle mucho que no tenga mis datos, solo tener los números que le debemos a tiempo.

Como los días pasan al final haces una chapuza intuyendo las respuestas que no te llegan. Pero justo el día antes de entregar ¡tachán! Llegan todas las respuestas. Y mientras estás en la duda de si merece la pena cambiarlo todo porque al fin y al cabo esto es una oferta y tú te has cubierto con un margen, Pijus te pregunta si ya lo has rehecho todo y, como al fin y al cabo eres ingeniera, pues vas y lo rehaces. Cuando lo estás acabando con más vergüenza que otra cosa y saboreando el final oferta que, para bien o para mal, está a la vuelta de la esquina, ¡zas! 'nos han dado un aplazamiento, ahora ya no te quejarás ¿no?'. Y vuelta a empezar. Porque todos nos ponemos a rehacer lo nuestro y las respuestas (pocas) que teníamos las están revisando y nosotros dependemos de los datos de otros y... esto es la historia de nunca acabar.

Pues eso, que así llevamos tres meses y creo que (por fin) no va a haber más aplazamientos. Y eso que lo peor de la oferta es lo que viene ahora. Puede que los tres meses de agobio y trabajo a marchas forzadas, de favores pedidos a unos y a otros se quedarán en nada si no la ganamos.

Eso sí, he aprendido un huevo al lado de ZZ Top. Pero eso os lo cuento otro día que ya me he alargado mucho.

Ensalada Grumet

No sé como ha podido pasar, pero me he dado cuenta de que llevamos más de 200 entradas y todavía no he hablado de la cafetería de la Escuela. Llevo más de nueve años comiendo allí. La verdad es que no soy de tupper, me falta fuerza de voluntad y clarividencia para prepararme la comida con antelación. Además, he de reconocer que la comida recalentada no está entre mis favoritas.

De todas maneras, también hay que tener estómago (estómago y una ausencia total de papilas gustativas) para tragarse todos los días el rancho que nos preparan. Todo horror tiene su asiento en el menú. Hay lugar incluso para los horrores ortográficos. Asi tenemos ensalada grumet en lugar de gourmet. No sé si esto es un error o hay un problema de copyright y la llaman grumet como los chinos tienen muñecos de Hello Katty o Snoppy o el gorro que me compré en Valencia que era de Thinsulote. También tenemos el famoso cordón blue (yo siempre había dicho bleu). Un día nos pusieron 'verduras ervidas'. Incluso un día aparecieron unas 'judías berdes' que daban gusto mirarlas.

Con todo lo peor no son esos descuidos gramaticales. Lo peor es la comida. En principio hay varias opciones de primero y de segundo. Creo que cuatro platos de cada. Además de postres y fruta. Hay platos que no puedo comer a pesar de que me gustaría como las judías verdes o las acelgas hervidas. Me destrozan el estómago, me dan unos ardores que estoy toda la tarde doblado. Que cómo es posible que una verdura hervida (o ervida) ataque de esa manera la mucosa gástrica es un misterio que no he podido resolver. Normalmente me decanto por una ensalada. Ensalada en la cafetería se llama a cualquier cosa que no esté mayormente cocinada, pero que puede contener elementos anteriormente cocinados. De esta manera una ensalada tipo tendrá lechuga, repollo, lombarda, zanahoria rallada, maíz, aceitunas, tomates, atún y cebolla como base a los que se pueden añadir sardinillas, boquerones fritos, brotes de soja, judías verdes (cocidas), huevo, jamón york, pepinillos, patatas, cebolletas, salsa de queso azul (esto ya es cuando no hay quién se lo coma), etc. Muy completito. Todos los jueves, como cualquier restaurante español que se precie, ponen paella, pero yo no puedo con ella. Sabe exactamente igual que la que me ponían en la residencia en la que estuve y supongo que igual que cualquier paella industrial. Ya no puedo con ella.

De segundo hay platos precocinados tipo sanjacobos o el ya mencionado cordón blue y algo de carne (nunca pedir la ternera, salvo guisada), pollo, cerdo y pescado. El pescado puede depararte sorpresas de todo tipo. Está el bacalao rebozado que puede estar crudo (lo odio) o seco como la estopa. Rara vez está en su punto. A veces ponen doraditas o cosas así que están comibles, otras ponen boquerones que tienen más rebozado que carne y tiesos como palos. El pollo tiene un pase normalmente, aunque dice un compañero de trabajo que él no lo come porque comiendo pollo te salen tetas.

A lo largo de los años hemos aprendido a renunciar a platos trampa que parecen apetecibles, pero que no se deben comer. Por ejemplo, tienen coliflor o brécol que parecen ricos, pero que al tocarlos con el tenedor o la cuchara se transforman en una masa asquerosa e informe que no hay quien se lo coma.

En el apartado sobre postres, creo que lo más sensato es coger un yogur y tirar p'alante, pero también tenemos postres caseros con salsas de colores fosforescentes no muy apetecibles. También hay fruta, pero eso va por rachas. Si la pillas los días en los que han hecho pedido pues no te puedes quejar, aunque al fondo de la nevera siempre deben quedar piezas escondidas y así se explica que hace un mes tuviéramos melón o que en julio tengamos naranjas, secas, claro, pero qué esperábais?

En fin, que cuando hace unos días os dije que no comía muy sano ya véis que mentí. Como tan sano que luego me entra hambrea media tarde y a la hora de cenar y ahí es donde está mi perdición.

El trato personal es tema aparte. Lo más alucinante de todo es que cuando organizamos alguna reunión de trabajo de algún proyecto europeo y pedimos que nos sirvan la comida, es algo maravilloso. Así que no es que no sepan cocinar, es que lo hacen a posta, que tiene mucho más delito. Además, siempre que aparece el cocinero a repartir platos está muriéndose de risa. Un amigo mío y yo solíamos decir que estaban descojonándose diciendo 'a que no hay huevos a poner esta bazofia?', 'a que no hay quién se coja este plato?' y cosas así, porque si no, no se entiende de qué se ríen.

Goyerías 2011

No, no voy a hablar de lo cutre que es la alfombra roja patrocinada. Que lo es. Y mucho. Ni del discurso del Presidente Saliente (toma pareado chungo), que me gustó tanto o más que el del año pasado. Ni del coñazo que fue la gala, que lo fue. Ni del discurso contenido pero emocionantísimo de Camus.

Por supuesto que no voy a hacer un despelleje porque doctoras tiene la blogosfera (¿verdad que va a haber despelleje?) y no estaría a la altura. Aunque había ahí había tema para aburrir. Creo que con la crisis decidieron aprovechar restos de vestuario y attrezzo de películas viejas. Por ejemplo, hubo dos que decidieron hacerse un traje con unas cortinas de nave espacial. ¿Y Verónica Forqué? ¿decidió sacarle partido a los restos del vestuario del Perro del Hortelano que le dejó Pilar Miró en herencia? Luego había otras dos en plan ONG y, temiéndose que la sangre llegara al río entre la Ministra y el Presidente, se llevaron puestas las vendas. Hubo también quien decidió adelantar el carnaval y disfrazarse de pavo real de luto. Y luego está Maribel Verdú, pero chica ¿es que te han amenazado los dos últimos años? ¿te han obligado a no ponerte estupenda como antes para no eclipsar a las demás? ¿No te dieron paraguas y la lluvia te fastidió un peinado espectacular para disimular lo insulso del vestido? No me lo explico. Pero bueno, que yo no quería hablar de esto.

Tampoco de la pena que me ha dado descubrir que Emma Suárez haya pasado de ser la eterna adolescente despeinada y completamente despreocupada por su aspecto a convertirse en una señorona de provincias. Maaadre mía.

Que no, que yo de lo que quería hablar es de cómo el respeto a los demás se lo puede pasar el realizador de la tele por donde mejor le parece en aras del espectáculo. Y de cómo su concepto del espectáculo deja bastante que desear.

¿Y por qué digo esto? Pues porque en todas estas galas hay un momento dedicado a recordar a la gente del cine que murió en el último año. Evidentemente, no es nada divertido ver una serie de fotos fijas acompañadas por música melancólica. Además a muchos de esos casi nadie les conoce (montadores, directores de fotografía, actores secundarios,…).

Yo entiendo que esto no interesa a casi nadie. A mí, que me leo los obituarios de los periódicos y ojeo las esquelas, reconozco que me suele interesar y me fijo. Me imagino que a los padres, hijos y amigos de toda esa gente les emociona ver que por una vez esa persona desconocida para casi todos salió en la pantalla en solitario y cómo sus compañeros les rinden tributo.

Pero esto solo me lo debo de imaginar yo. Al realizador de la gala se la traía al fresco que las personas que salían en la pantalla fueran muertos y que se les estuviera homenajeando. No, él (o ella ¿eh?) decidió que aquello era un coñazo y que luego las críticas se lo iban a comer vivo y decidió innovar.

¿Y qué gran innovación con mucho ritmo y sentido del espectáculo se le ocurrió? Pues alternar un plano fijo de la pantalla con las fotos con otro algo más lejos desde el que la pantalla se veía en escorzo, no se reconocía a nadie y, por supuesto, no se veía el letrero indicando a quién pertenecía la foto. Un hito en la historia de las galas televisadas, vamos.

Y digo yo ¿para qué? ¿para que todos nos demos cuenta de que efectivamente te importaban todos una mierda? Si decides pasar del asunto vete a publicidad (¡ah!, no que ya no hay) o haz un barrido por el patio de butacas o pon un refrito de los mejores momentos (¡ja!) de la gala, de esos que pusieron durante las pausas de no publicidad. Porque con eso que hiciste no se ganó nada en lo vistoso y sí se perdió mucho en respeto hacia la gente.

A lo mejor solo me entristece a mí. Pero lo hace. Sobre todo porque creo que es un signo de los tiempos. Estamos perdiendo lo que antes se llamaba buenas maneras, urbanidad, ¿protocolo? Que es verdad que muchas veces consiste en signos absurdos que crean cierta distancia con los demás. Sin embargo, muchas otras, y creo que esta es una de ellas, denotan cercanía hacia el otro, cierto interés y además respeto.

Será que me hago mayor. Será que soy una antigua.

Ahora ya podéis cantar: papas con arroz, bonito con tomate, cebolleta en vinagreta... todos a una.

Feo, Fuerte y Formal

El fin de semana pasado tuve que ir a cambiar el aceite del cambio de mi coche al taller de mis tíos. Por el camino iba oyendo música de Loquillo. Os pongo una de las canciones. No es de las que más me gustan, aunque está bastante bien, pero os la pongo porque el titulo de la canción "Feo, Fuerte y Formal" es el epitafio que quería que le pusieran en la lápida a John Wayne cuando se muriera, así, en español. Durante mucho tiempo yo pensé que ese era su epitafio, pero resulta que no, que cuando se murió, su tumba permaneció sin grabar durante veinte años. Es que la wikipedia acaba con los mitos! Estuve pensando y me parece una falta de respeto no cumplir la voluntad de un muerto en algo tan banal. Entiendo que si el muerto dijera en su testamento 'quiero que todos os enterréis vivos alrededor de mi ataud y cantéis salmos mientras os quede aire en los pulmones' pues que cumpla su última voluntad Rita la cantaora, pero algo sencillo como eso... no me parece correcto.

El caso es que, según wikipedia, en vez de Feo, Fuerte y Formal le pusieron de epitafio "Tomorrow is the most important thing in life. Comes into us at midnight very clean. It's perfect when it arrives and it puts itself in our hands. It hopes we've learned something from yesterday". Que puede estar muy bien, pero no es lo que él quería.

En fin, os dejo con el vídeo por si os interesa.



No vine aquí para hacer amigos
pero sabes que siempre puedes contar conmigo.
Dicen de mí que soy un tanto animal,
pero en el fondo soy un sentimental.

Mi familia no son gente normal
de otra época y corte moral.
Que resuelven sus problemas de forma natural.
Para qué discutir, si puedes pelear.

Dame una sonrisa de complicidad,
toda tu vida se detendrá.
Nada será lo mismo, nada será igual,
ya sabes... Feo, fuerte y formal.

En el calor de la noche, a plena luz del día,
siempre dispuesto para alegrarte el día.
Hombre de bien, a carta cabal
y como el Duque: feo, fuerte y formal.

Mi fama me precederá
hasta el infinito y más allá.
Y vive Dios que escrito está:
“Si te doy mi palabra,
no se romperá”.

De vuelta

Ya estoy de nuevo delante de mi ordenador, eso no quiere decir que vuelva la rutina, no. De hecho mi rutina está compuesta de una no-rutina rutinaria. Es complejo, pero lo extraño termina siendo lo habitual y la certeza que te queda es que vives en la incertidumbre. Lo fácil sería decir que he perdido dos días, dos días en los que el resto de mis obligaciones no han avanzado nada. Yo esperaba volver al trabajo y que los informes y documentos se hubieran hecho solos, pero no.

Durante dos días he visitado obras inexistentes y estaciones existentes, incluso obras existentes, ha sido muy completo. Ninguna de las comidas de los dos días ha bajado de las dos horas. Además, nuestro líder ha aprendido que hay botellas de vino mágnum y se ha dedicado a pedirlas. Ha pasado además algo bastante increíble y es que ha pagado unas copas que nos tomamos. Se hizo él mismo un recibo en el que puso 'Servicio' 50€. A mí lo de servicio me suena un poco mal, pero si él lo pasa así...

He conocido algunos sitios muy bonitos como Puebla de Sanabria. Mi madre dice que estuvimos por allí de pequeños, pero yo no me acuerdo de nada. Comimos en una especie de Posada Real o algo así que son como casas rurales de más caché. Aquí os pongo una foto de la calle donde estaba el restaurante.


De Zamora no pude ver casi nada. Llegamos tarde y ya era de noche. Cenamos en un bar unas raciones y nos tomamos unas copichuelas (es trabajo, eh!). Hice una foto de la catedral que es muy bonita, pero ha salido borrosa. Mi móvil no da para más. Me quedo con ganas de volver a Zamora y visitarla más a fondo.


La estación de Zamora es impresionante y no desentonaría en absoluto en Salamanca. La misma piedra de Villamayor, el mismo estilo, muy bonita, Os pongo una foto:



Al día siguiente fuimos viendo la línea ferroviaria entre Zamora y Medina del Campo. Vimos muchas estaciones pequeñitas y abandonadas. Da un poco de pena. Nos comentaron que habían ido empresas preguntado si se podían quedar con ellas y rehabilitarlas y que no es que se les dijera ni sí ni no, es que no se responde. Da mucha pena encontrarte con cosas como esta:


Creo que es la estación de Castronuño, aunque no estoy seguro porque no lo apunté. También nos contaron de una persona que tiene rehabilitada una estación y pidió ver si le podían mandar unos vagones para rehabilitarlos como habitaciones, pero nuevamente la callada por respuesta. Es una pena.

En fin, otro viaje más. No puedo decir que me lo haya pasado mal, pero da mucha rabia tener que ir para hacer el paripé cuando hay trabajo pendiente por hacer y que no me va a hacer nadie. Al final todo es trabajo y todo es importante y todo es urgente. Cosas que le mandé a mi jefe para que me las mirara o corrigiera estarán en su buzón de correo sin abrir. Cosas que me han pedido otras personas están sin hacer y recibo correos pidiéndomelas y sin saber qué contestar. Eso sí, hay crisis y cada vez somos menos haciendo más y debemos estar agradecidos por que nos exploten de esta manera. Algún día contaré la conversación que tuve con mi jefe no hace mucho sobre los complementos salariales de profesores que no hacen absolutamente nada en ninguno de nuestros proyectos, pero esa es otra historia.

Un día más

Nuestro héroe se levantó a una hora en la que levantarse debería ser delito. Se dirigió al baño, dio el grifo del agua caliente mientras se afeitaba, se desnudó y se metió en la ducha. Ni siquiera podía remolonear en la ducha. Se acicaló, se puso sus botas de trabajo que sabía que tendría que quitarse poco tiempo después para pasar por el arco de seguridad del aeropuerto. Dio un beso a su Penélope que se quedaba intentando apurar un poco más los últimos retazos de sueño. Con un poco de suerte su marido no haría demasiado ruido y los niños no se despertarían. Él metió en una bolsa de plástico transparente las cosas de aseo: desodorante, colonia, un peine, cepillo de dientes y pasta y lo metió en su maleta. Cogió un libro por si acaso tenía tiempo y ganas para leer algo, aunque lo dudaba. Se puso su abrigo de operario (Tochi dixit) y salió por la puerta intentando no hacer ruido.

A esas horas, a pesar de que en su trabajo le 'aconsejaban' ir al aeropuerto en transporte público, se dirigió a la parada de taxis cerca de su casa y le indicó al taxista que le llevara a la T4. Una vez allí tenía que encontrarse con varias personas a las que no había visto en la vida. A lo mejor sí que las conocía, tal vez estuvieron en alguna reunión con él, pero no le sonaban sus nombres. Lo único que tenía era un número de teléfono de uno de ellos. Se dirigió al control de seguridad donde, efectivamente, le hicieron quitarse las botas que él ni siquiera se había preocupado de limpiar y que aún tenían barro de cuando estuvo en Albacete, las metió por el escáner al igual que la maleta, el abrigo fosforescente, el cinturón, las monedas... todo de lo que se acordó, pero se le olvidó sacar de la maleta los artículos de aseo, además pitó el arco con lo que tuvo que estirar los brazos y permitir un cacheo que le pareció hecho con gran dedicación, a fondo. Le quedó la impresión de que, tras el sobe, el vigilante podría reconstruir mentalmente todos sus contornos. Se dirigió al McDonalds que es el único sitio de la T4 abierto a esas horas y, además, es el único que tiene unos precios moderados. Comprobó la puerta de embarque y la hora en las pantallas y cuando estaba cerca llamó a su contacto. Se vieron e intercambiaron algunas frases, más por cortesía que por verdadero interés.

Embarcó a tiempo y, gracias a que facturó el día anterior, pudo sentarse en un asiento junto a una salida de emergencia. Guardó la maleta, sacó el libro y se sentó. Prestó poca atención a la demostración de seguridad, pero tampoco estaba concentrado en el libro. Cerró los ojos. Pensó que era un poco absurdo que le hablaran de chalecos salvavidas cuando, aunque iba a aterrizar cerca del mar, no abandonarían tierra firme.

Llegó a una ciudad del noroeste de España, se reunió con los que serían sus compañeros durante un par de días, se dirigieron a la zona de alquiler de coches, luego al parking y salieron para un viaje de una hora hasta el punto de inicio de su visita, donde se encontrarían con más gente que se uniría a la visita. Vieron las obras, se detuvieron en los puntos conflictivos, se apuntaron los puntos kilométricos y así transcurrió la mañana. Mientras se acercaba la hora de comer, los autóctonos del lugar fueron llamando a sus amigos para invitarlos a comer, invitación que luego ellos no pagarían. Para eso estaban los chicos que viajaron desde Madrid con nuestro héroe. Él se había hecho la promesa de no pagar nada, al menos no pagar las comidas ni las cenas de gente de la que no sabía ni sus nombres y que ni siquiera le darían las gracias.

La comida se alargó por más de dos horas lo que afectaba a la programación de visitas, pero él no era tan ingenuo como para no saber que el motivo principal del viaje eran las comidas y no las visitas. Como no conducía se había tomado un par de cervezas y el chupito a los postres gentileza de la casa. Mientras se le entrecerraban los ojos se detuvo a mirar el paisaje, ese paisaje de montes verdes al que él no estaba acostumbrado. Era precioso, aunque se veían aún frescas las cicatrices que dejaba esa infaestructura moderna que tenía que atravesar esas montañas entre viaductos y túneles sin solución de continuidad. Todo sea por el progreso, pensó con cierto tono burlón.

Como se había hecho tarde, se permitieron cambiar el plan de viaje y no visitaron un par de puntos que tampoco parecían presentar mayor problema. Llegaron a una ciudad en la que nuestro héroe no había estado nunca. Era la única capital de provincia de esa comunidad que no había visitado, ahora tampoco tendría tiempo para poco más que un paseo mientras se dirigieran a cenar. Había que ser un héroe para cenar. Si por él fuera, se iría a la cama pronto, leería un par de capítulos y se dormiría lo mejor que pudiera. Pero no era por él, él tenía que hacer de comparsa y adecuarse a los caprichos de 'El Cliente' que a fin de cuentas era quién -de una manera extraña- pagaba todo aquello, aunque nuestro héroe sabía que al final salía del bolsillo de todos los ciudadanos, incluso del suyo. Llamó por teléfono a su Penélope y a sus Telémacos y se entristeció por no estar junto a los suyos, pero era su trabajo y sabía que al día siguiente, si todo iba bien, volvería junto a ellos a tiempo de darles un beso antes de acostarse.

Sabía lo que le esperaba al día siguiente. Más de lo mismo. Más visitas, más llamadas, más comilonas y, con suerte, un poco de tiempo libre para comprar a los que le esperaban en casa un par de tonterías para hacerse perdonar su marcha, aunque no fuera por su culpa, él se sentía culpable. Montó por primera vez en el tren que pasaba sobre una vía y sobre unas instalaciones que él había ayudado a levantar. Le sonaban algunas zonas, aunque ya era de noche y era difícil saber dónde estaba exactamente. Llegó a Chamartín, cogió otro taxi y llegó a casa antes de que los niños se acostaran. Los abrazó, besó a Penélope y esa noche no cenó, bueno, tomó un par de mandarinas mientras relataba sus aventuras a su esposa y ella le contaba cómo habían sido esos dos días sin él. Se fue a acostar cansado. Era difícil no pensar que había perdido un par de días, que nada de lo que había visto le iba a servir para realizar su trabajo, que tendría que mandar correos para recordar que le mandaran los planos que sí que le servirían. Por fin se durmió después de una media hora de darle vueltas a la cabeza, pero estaba en su casa, en su cama y con los suyos. ¿Qué más podía pedir?

Contra el Cambio


Me he terminado de leer este libro de Martín Caparrós. Últimamente estoy cogiendo velocidad de crucero en las lecturas, tampoco es para tirar cohetes, pero poco a poco voy aligerando el stock de libros pendientes, aunque en términos netos sigue aumentando. Voy a empezar por el final, por los últimos párrafos para que veáis de qué va.

"Yo por mi parte, a mi modo de ver, en lo que a mí respecta, personalmente y sin ánimo de ofensa, creo que la enorme atención que gobernantes y empresarios de los países más ricos le están dando al cambio climático se relaciona, sobre todo, con tres ventajas políticas y económicas que pueden obtener de esos temores:
- retrasar la industrialización de las nuevas potencias emergentes y, así, mantener su hegemonía unas décadas más;
-cambiar el modelo energético global para modificar ciertas relaciones geopolíticas, y para conseguir que nuevos actores se hagan fuertes en uno de los mayores mercados mundiales;
-ganar fortunas con el mercado de bonos de carbón

Y creo, por fin, que su mayor ganancia es ideológica: convencernos de que lo mejor es lo que ya tenemos, lo que estamos a punto de perder si no lo conservamos: que no hay nada tan peligroso como el cambio."

El argumento del libro es que hay problemas actuales mucho más graves que el cambio climático tales como el hambre en el mundo y el reparto desigual de la riqueza. No dice que el clima no esté cambiando ni que no sea por causas humanas, dice que no debería ser una prioridad dado que eso es a muchos años vista y hay ahora muchísima gente pobre. Es una cuestión de prioridades.

En otro párrafo dice: "Éste es un mundo tibio -un mundo donde pasan cosas horribles pero no tan horribles como las que solían pasar en este mundo, un mundo donde casi no hay esclavitud, donde muchas enfermedades se curan, donde muchas más personas comen, donde muchos viven mucho más, pero un mundo que tiene todas las condiciones para ser tanto mejor, tan radicalmente mejor, y no lo intenta porque sus dueños dejarían de serlo y se oponen feroces. Un mundo tibio que ve cómo millones de personas mueren de causas evitables sin preocuparse realmente pero ha conseguido movilizar una enorme cantidad de recursos frente a la amenaza de entibiarse un par de grados más. La amenaza del cambio climático puede ser cierta pero -ya queda dicho- no me termina de parecer tan importante. Sin embargo, si yo fuera un antiimperialista ferozmente decidido a atacar el poder americano, trataría de convencer al mundo de que el calentamiento global es el peor enemigo: no hay tema donde la responsabilidad de los Estados Unidos sea tan clara, tan brutal, tan abrumadora.

Pero, en general, la cuestión del cambio climático todavía me confunde. Me he pasado todo este tiempo recorriendo países, escuchando a personas, leyendo, pensando, y sigo confundido. No puedo negar -no veo por qué negar- que la atmósfera carga más gases de efecto invernadero de los que solía cargar y que la temperatura ha aumentado -muy poco- quizás por causa de ellos y que el nivel del mar puede subir y que los hielos árticos ya no son lo que eran. Entiendo que es un problema; no estoy seguro de que sea una catástrofe. La cuestión, para mí, por ahora consiste en preguntarse qué significa preocuparse por eso tanto más que por otras cuestiones.

O, por decirlo de una manera bruta: ¿cuánta más gente van a matar el hambre -y la pobreza y la violencia inútil y las enfermedades evitables- en los próximos treinta, cuarenta años, antes de que el cambio climático empiece a tener -si los tiene- efectos fuertes? Claro, los hombres y mujeres que van a matar el hambre son los que siempre mata el hambre: el hambre sabe dónde, cómo actuar, es un agente fiable. Mientras que el cambio climático es torpe, ciego, algo más democrático: corre -con distintas velocidades- para todos y entonces es más fácil que los que nunca se preocupan por las desigualdades y las injusticias y los abusos de poder se preocupen por él: es más fácil que lo teman".

Escribe muchísimas cosas interesantísimas y que yo desconocía como que fue el gobierno de Bush el que acuñó la expresión 'cambio climático', que parecía menos trágica que calentamiento global o cómo fue el gabinete de Thatcher el que impulsó la idea del peligro del calentamiento global para promocionar las centrales nucleares frente al petróleo que no tenía Reino Unido o el carbón, que sí que tenía, pero el gobierno estaba en plena guerra con los mineros. En fin, que este libro da muchos temas para pensar. Es muy recomendable. Expone las cosas desde un punto de vista algo distinto al habitual y eso te hace cambiar las perspectivas sobre ciertos puntos de vista. Además es un libro con bastante humor en el que en algunos momentos me he reído bastante.

Habla también de cómo el hombre ha ido progresando cuando se le han puesto difíciles las cosas. Cuando escaseaba la leña, descubrió como usar el carbón y cuando el carbón mostró sus limitaciones, se encontró el uso del petróleo. Habla de cómo en tiempos de la Mesta ya se decía que se estaba transformando el paisaje y se estaban acabando los recursos. Es muy interesante cuando habla de que ahora que estamos en la parte buena y que ya hemos quemado todo lo quemable queramos que las cosas no cambien para no perder nuestro nivel de vida. Cuando se propone que se preserve la naturaleza, que no se modifique, el autor propone que se devuelva Manhattan a su estado anterior al hombre.

Os pongo otro par de párrafos para que os de una idea del libro:

"Las cifras son confusas, pero hay cierto consenso en que los pedos -y eructos- de las vacas, con un sistema digestivo lento y largo, emiten gas metano que contribuye entre un 10 y un 15 por ciento al total de las emisiones de gases invernadero. Un informe reciente de la FAO calculó que como el gas metano es mucho más calentador que el CO2, los 1.500 millones de vacunos que superpueblan el mundo -y, un poco menos, las ovejas y las cabras y los chanchos- producen un 50 por ciento más calentamiento que todo el transporte mundial. Cuando la naturaleza se ataca a sí misma es complicado entrar en la pelea. Aunque se han propuesto distintas soluciones. Por ejemplo, el ajo: una vaca que come ajo reduce a la mitad sus emisiones. Y, además, está menos expuesta al ataque de los vampiros y otros dráculas."

"Es una de sus grandes ventajas: la ecología es la forma más prestigiosa del conservadurismo. La forma más actual, más activa, más juvenil, más poderosa de conservadurismo. O, sintetizado: el conservadurismo cool, el conservadurismo progre, el conservadurismo moderno. Es, en sentido estricto, un esfuerzo por conservar -los bosques, los ríos y montañas, los pájaros, las plantas, la pureza del aire- y eso, tras tantos años de suponer que lo bueno era el cambio, debe ser muy tranquilizador. Fantástico haber encontrado una forma de participación que no suponga riesgos, beneficie directamente a uno mismo y proponga la conservacuón de lo conocido. Fantástico poder sentir que uno está haciendo algo por el mundo, defendiendo al mundo de los malos, tratando de que sólo cambie lo necesario para que nada cambie. Fantástico que lleve incluso cierto tinte de insatisfacción con la forma en que el mundo funciona -capitalismo despiadado, grandes corporaciones-, tan ligero que puede ser compartido por los capitalistas despiadados, por las grandes corporaciones. Fantástico haber dado con una causa común, tan aparentemente noble, tan indiscutible -en el sentido estricto de la palabra indiscutible-. tan unificadora que pueda ser enarbolada por una jóven nigeriana que cocina con leña o el presidente de los Estados Unidos o mi tía Púpele o la Banca Morgan. Fantástico: y sirve, incluso, como materia para enseñarle a los chicos en la escuela -o como material de propaganda y, sobre todo, relaciones públicas".

Os lo recomiendo, a mí me ha cambiado, que es lo que espero que me depare cada libro que leo, aunque no siempre lo consiguen, los jodíos.

El rinconcito de Tochi (II): Soportando...

Como dijo aquella, yo iba para ingeniera y me quedé en picacódigos. La verdad es que me encanta, y cuando oigo a Annie y a mi santo contando sus historias de los huertos de girasoles y los hormigueros me dan palpitaciones. Cuánto me gustan mis programitas y mis cosas, ¡qué cosas más feas y documentosas tienen que hacer ellos!

El caso es que todo tiene su lado malo, y al final, tu bonita aplicación, a la que viste crecer desde unas pocas líneas se tiene que enfrentar a este mundo cruel y a los malvados usuarios. ¡¡Buuuuuu, qué miedo dan los usuarios, qué malvados son y qué mala idea tienen!!. Dan tanto miedo que en adelante me referiré a ellos como “los innombrables”.

Además, como la empresa es tan pequeña, nosotros hacemos todo, la propuesta, el desarrollo, la instalación, la documentación, la formación, el mantenimiento… Glamouroso no es, pero entretenido, un rato

Ayer llamó una innombrable. Que no le funcionaba un proceso. Hay que aclarar que la innombrable en cuestión es secretaria, o sea, trabaja con bases de datos, con excels de colores, con ordenadores y demás. Así que no es que yo sea una sobrada que pretende que mi abuela sepa poner comentarios en los blogs. No, es que doy por supuesto que alguien que usa herramientas informáticas sabe leer y manejar un ratón… 'graso' error!!! (eso va por ti Annie).

Innombrable: Che gorrrrda, es que no pitufa la pitufasión y es muy importaaaante y… (es argentina encima la tía, así que la tienes que dejar que te llame cualquier cosa. Aunque no sé, tal vez debería haber aprendido que en España 'gorda' no es muy amable. Menos si tu interlocutor roza peligrosamente la obesidad, como es mi caso)

Tochi: A ver, haz esto y esto y esto y SELECCIONA LA RUTA DE PITUFACIÓN


Tochi:
Sí, en personalización.. sí, dale al botoncito.. sale un diálogo de selección de archivo?… vale,... selecciona la ruta… vuelve a probar a ver si ahora pitufa

Innombrable: Escuchá boluda, que otra vez fasó

Esto dio lugar a 20 minutos de penosos intentos. Yo, en mi inocencia, trataba de conseguir que la prima sorda de Mafalda me mandase por mail unos archivos de log… pero no… “No reinicies la aplicación” es una orden demasiado complicada y al tercer intento desistí. ¿Quién necesita saber qué ha pasado para corregir un error?

Tochidesesperada:
No puede ser, no lo entiendo… Bueno, lo miro y te llamo luego

Así que me puse a repasar toooodo el proceso, de arriba abajo y de abajo arriba, intentando ponerme en la piel de la amable secretaria, tratando de entender las travesuras de la aplicación. No hubo forma, todo estaba bien, a mi me funcionaba perfectamente y la aplicación estaba siendo muy buena y obediente.

Por fin hoy ha llegado mi sufrida compañera, la Rubia, la que realmente lleva el mantenimiento de la aplicación.

Le conté mi penas. Me miró escéptica.

Rubia: Eso es que la innombrable está haciendo algo mal

Tochi: Que no, Rubia, que estuve paso por paso con ella por teléfono y lo hace todo bien, que tiene que ser cosa nuestra.

¡Ja! La Rubia tiene experiencia y consiguió conectar con el lado oculto del cerebro de la muchacha y saber lo que pasaba: la innombrable tenía que modificar una ruta, y salía un diálogo de selección de archivos… lo típico, no? tú seleccionas tu ruta alegremente y das a ACEPTAR. Pues no, ésta, que es muy lista, daba a CANCELAR que mola más, y, curiosamente, no se actualizaba la ruta y no funcionaba la cosa. Solo a mi se me ocurre que si alguien le da a “cancelar” es porque quiere cancelar lo que está haciendo. Estoy pensando que en la próxima aplicación el botón va a llamarse “Che boluda, pulsá este botón y no te recepciono los changes”.

¿Estaré a tiempo de reconvertirme en jardinera de huertos de girasoles?

Entrantes que no fallan

Dado que no me visitan las musas he decidido poner unas recetillas (aunque no la que me pidió Tochi, paciencia). Creo que estas son aptas para prediabéticos pero no para celíacos alérgicos al huevo. Si descubro veneno sobre la marcha, daré la alerta conveniente.

Hace muchos años, en un tiempo muy lejano (bueno no hace muchos años pero sí están muuuuy lejanos) ND y yo cultivábamos el noble arte de recibir en casa. Nos gustaba mucho y creo que no se nos daba mal. Recordando aquellos tiempos voy a poneros dos o tres recetas de algunos de los entrantes que poníamos y que no suelen fallar:

Pijaditas de jamón (por ponerle un nombre)
Una alternativa a poner el jamón en el plato sin más que, por otro lado, es una opción de probado éxito (la del plato).
Ingredientes:
  • Grisinis o palitos de pan un poco largos y preferiblemente finos (claramente no apto para celíacos)
  • Jamón
  • Aceite de oliva

Preparación:
Se unta un poquito, muy poco, aceite en el pan dejando una zona libre y se enrolla el jamón sobre el pan untado. Lo de la zona libre es por no pringarse los dedos.

Bocaditos de queso de cabra

Ingredientes:
  • Queso de la adrada (puede ser rulo de cabra normal y corriente pero entonces no es lo mismo)
  • Pimientos del piquillo
  • Miel (solo es un poquito ¿vale para los prediabéticos?)
Preparación:
Se pone sobre la bandeja del horno engrasada o, mejor, con un papel de horno encima, un pimiento, una gotita de miel y, encima, un trozo de queso. Se mete en el horno, caliente, unos 3 o 4 minutos a gratinar.

Se puede poner sobre unas tostas finitas al sacarlo pero debe comerse inmediatamente para que no se ablande el pan.

Si sois capaces de confitar los pimientos (que yo no) el resultado es divino. Claro que el queso de la Adrada está de muerte incluso solo.

Rulo de pizza
Esto es facilísimo y queda estupendo aunque claramente es no apta para celíacos. Se puede hacer con masa de hojaldre comprada o haciendo masa de pizza.

Se estira la masa, se le pone aceite, tomate triturado, sal, orégano, los ingredientes que se quieran (yo lo solía hacer con salami a las hierbas) y queso rallado.

Se enrolla la masa sobre sí misma y se cortan el rulo en rodajas.

Se ponen los discos sobre la bandeja del horno engrasada (o papel de cocina, que es una maravilla y se mancha menos) y se hornean a 180 ºC aprox, hasta que esté crujiente (¿10 min?).

Si te decides a hacer la masa necesitas: ¼ kg de harina, medio vaso de agua caliente, medio cubo de levadura de panadería y un poco de sal.

Se diluye la levadura en el agua caliente y se echa sobre la harina, que habremos puesto haciendo una montaña con un cráter en el centro. Se mezcla todo hasta que la masa se despega de los dedos (se echa más agua o más harina según haga falta). Se hace una bola y se mete en un bol tapado que dejamos reposar al menos dos horas en un sitio templado. Después de ese tiempo se estira y se usa.

Ahí tenéis tres, me guardo alguna otra para otro día. La foto es del queso de la adrada que os decía ¡mmmmhhhhhh!

La Fundación SHE

El viernes pasado asistí a una reunión para los padres de niños de educación primaria porque nuestro colegio ha sido seleccionado para participar en una experiencia piloto sobre salud cardiovascular dirigida por la fundación SHE (Foundation for Science, Health and Education) del doctor Valentín Fuster. El año pasado se hizo una experiencia piloto en un colegio de Madrid(que según me han dicho es el de las Infantas).

Fui yo porque Anniehall eligió hacer las maletas porque teníamos que ir a Ávila a llevar a los niños para disfrutar del fin de semana que conté ayer. Anniehall dijo que mejor hacía ella la maleta porque si la hacía yo se me iban a olvidar un montón de cosas. El resultado fue que en el neceser lo único que había mío era un peine y un cortauñas. Ni desodorante, ni colonia, ni nada, pero no he venido aquí a hablar de mi neceser, sino de Cardio, que es el de la imágen.

La idea es introducir hábitos saludables en los niños desde que son pequeños porque, según nos dijeron, cuando a una persona mayor le haces cambiar sus hábitos lo ve como una intrusión, como un ataque, mientras que para los niños es como un juego. Nosotros estamos encantados, además nos han dicho que con el programa también cambian los hábitos de padres y profesores y eso, al menos en mi caso, estará muy bien. En esta fase del proyecto participan diez colegios de la comunidad de Madrid y luego se irá extendiendo a más. Además, nuestra hija C. ha sido seleccionada para que le hagan estudios antropométricos para la parte científica. Eso, supongo que nos hará tomárnoslo más en serio.

Los niños van a traer cada fin de semana una ficha con hábitos saludables y con una receta para hacer entre todos durante el fin de semana de la que, según nos contaron, es responsable la fundación Alicia de Ferrán Adriá. Los del comedor del colegio también se han ofrecido a colaborar y hay un menú cardiosaludable y van a poner menos postres industriales (o a quitarlos del todo, no lo tengo claro). Además, dos días a la semana en lugar de comer galletas en el recreo, van a comer fruta. Fruta que cada día le toca llevar a una familia. Eso puede ser un poco complicado porque tienes que llevar como veinte plátanos y varios quilos de mandarinas peladas, o algo así, ya nos lo dirán. El lado positivo es que te toca una vez cada varios meses.

Tienen también fichas y vídeos con los personajes de Barrio Sésamo. Este proyecto empezó hace cinco o seis años en Colombia.

Lo que me dio bastante pena es que éramos muy pocos padres en la reunión. No sé si es que los hay que no pudieron ir por su trabajo, pero están interesados o, lo que me temo, es que no les importa mucho.

Nosotros estamos muy contentos de estar en el proyecto porque nos ayudará a mejorar los hábitos de alimentación tanto de los niños (que hay que reconocer que comen bastante más sano y variado que nosotros) como de los nuestros.