Entre copas... por Madrid

Aviso a navegantes: si creéis que este post va a ser igual de impreciso que el primer Entre copas estáis en lo cierto. Creo que no voy a ser capaz de poner ni un solo nombre.

Los avezados lectores de este blog, si han hecho cálculos, habrán deducido ya que esta florecilla llegó a Madrid medidados los noventa a unos tiernos dieciocho años.

También creo que conté en la prehistoria del blog que hacer amigos al principio aunque fue difícil, ellos andaban ocupados con novatadas y otros asuntos colegiales, pero no imposible. Es más, creo que ya el primer viernes nos juntamos unos pocos y salimos por ahí.

De aquellos primeros años recuerdo que íbamos a bares y antros varios por Moncloa, no me hagáis precisar más que ya os avisé. Y supongo que enseguida escubrimos Cats. A mí nunca me gustó pero supongo que era donde había que ir porque allí te encontrabas con 'todo el mundo'. Qué por qué no me gustaba, no sé, supongo que demasiado pijo para mí. Aunque también me temo que cualquiera que me vea pensará que de qué me quejo si soy una de ellos (¿verdad Gonzalo, o sea?). En fin, que no me gustaba e intentaba no ir pero al parecer no había, ejem, muchas más opciones.

Es curioso, no es que saliera yo muchísimo (siempre he sido un poco coñazo yo) pero salir salía y sin embargo no recuerdo dónde íbamos aparte de eso. Recuerdo también un bar en los bajos de Moncloa al que nos llevó alguna vez uno que resultó ser un impresentable de marca mayor. Era un bar de heviorros cuya principal característica es que te ponían pipas con el mini de cerveza y el suelo del local estaba cubierto de cáscaras. Si tenía nombre no lo sé, lo que sí sé es que para todo el mundo es 'El pipas'. Hace poco salió casualmente en una conversación en la oficina y uno de los que me oía no daba crédito a mi oscuro pasado. Al parecer debe de ser de los únicos de estos bares que sobreviven. Los heavies son tipos fieles.

Luego se puso de moda el botellón en un parque en particular. Pufff, qué pereza me ha dado siempre el botellón. ¡Yo tenía un piso de soltera con un salón enorme! ¿Por qué nadie quería hacer el botellón en mi casa? Pues nada, no había manera. Intemperie para empezar la noche y, peor, intemperie para acabarla. Porque las del colegio mayor si se quedaban más allá de las dos no podían volver al colegio hasta las siete. Y tampoco querían venir a dormir a mi casa. Empiezo a sospechar que mi casa olía mal o algo.

Casi al final de la carrera vinieron las cañas que empezaban en el Blasco, iban subiendo por Argüelles (La Fragua, Riaño...) y acabábamos en algún bar de copas. Por allí o por donde fuera. Por entonces íbamos bastante a uno que había en la calle Ruiz, ya no existe, donde tenían rones muy buenos. Todavía era de ron. Esa fue una gran época. En la que también descubrí el sitio que más me gustaba, y al que menos fui. Que era El Sol. Sí, ese El Sol, la sala de conciertos de la movida donde pinchaban una música espectacular. Cómo me lo pasaba bailando allí. Además mi amiga P conseguía que no nos cobraran la entrada. P es mucha P.

Y aquí lo dejo que me alargo. Voy a tener que hacer más 'Entre copas... por Madrid' porque me he dejado mis grandes borracheras y las etapas más divertidas: los primeros años con ND y otra más reciente de grandes descubrimientos gintoístas y gastronómicos. Seguiremos informando.

Mi jefe

Hoy voy a hablar de mi jefe. He hablado tangencialmente de él y de los embrollos en los que me mete, pero no he dedicado una entrada a hablar sobre él. Ha llegado el momento.

Mi jefe es un tío muy listo, inteligentísimo, de las personas más listas que conozco. Tiene un dominio sobre lo que sabe totalmente apabullante. Es capaz de acordarse de códigos que programó hace más de diez años e indicarte dónde tienes que mirar sin releerse el código. Es un experto en muchísimos campos ferroviarios. Su padre fue ferroviario y los trenes para él son su pasión y su trabajo.

Tiene el don de salir prácticamente siempre victorioso de las reuniones. Cuando voy con la sensación de que vamos al matadero a que nos canten las cuarenta de lo mal que lo hemos hecho, llega él en plan Houdini, hace un par de trucos, se pone a hablar de otro tema y consigue salir de allí entre vítores y aplausos.

Por supuesto que tiene un lado oscuro y es mucho más grande que el lado bueno. Es imposible para él decir que no sabe de algo. De todo sabe y de todo opina lo que hay veces que te provoca cierto embarazo cuando ves que ni una de las cosas que dice es verdad en reuniones en las que estás presente. Es un mentiroso compulsivo. Miente a cerca de todo y a cada uno le cuenta una versión distinta, lo cuál es muy embarazoso cuando vas a sustituirle a una reunión y te preguntan por él tipo 'cómo está de lo suyo?' y no sabes qué es lo que habrá contado. Recuerdo una vez que me fui a Copenhague ida y vuelta en el día para asistir a una reunión en la que me dijo que si no me importaba sustituirle porque su hijo estaba mal. Le dije que no había problema y hablé con él mientras me iba y me contó que a su hijo le estaban haciendo en ese momento una diálisis. Cuando volví, llamé a un compañero del trabajo y le pregunté que había pasado y me dijo que nada, que ni diálisis ni nada. Hablé con mi jefe y me contó lo mismo, que no había sido nada, que ni siquiera lo habían ingresado... Yo como soy de natural apocado y educado no le dije nada, pero eso se me ha quedado grabado. Además, aprovechó mi viaje a Copenhague para contarle a otro tío que no podía ir a una reunión y que iría yo porque le había dado una lumbalgia yendo a Copenhague. Tío con el que me encontré en la reunión y me preguntó que qué tal estaba mi jefe de su lumbago del viaje a Copenhague...

Tampoco voy a decir que yo sea una persona íntegra. Yo también he contado mentiras, pero son más del tipo 'si eso te lo mandé ayer... ¿no lo has recibido? pues te lo vuelvo a mandar, no sé que habrá pasado!!' Aunque hay que reconocer que muchas de las veces ha sido por cubrirle las espaldas a mi jefe o por que él ha prometido algo que era incumplible.

Tiene tendencia a dar la espantá en cuanto pinta negro y debe ser, de creer sus palabras, la persona de España que más tiempo pasa en los hospitales, más que los que trabajan allí.

Tiene un afán desmedido por aparecer en todos los papeles, salvo en los que son comprometedores, de ahí desaparece diciéndo que él es incompatible por su cargo de profesor. Ahora mismo quiere aparecer él como nuestro representante en un stand de una feria en Francia y, como no le gusta viajar, quiere que vayamos cada día uno (billete de avión ida y vuelta a Francia en el día) para hacernos pasar por él.

Como gestor es un desastre. Quiere aparecer en todos los correos, quiere ser la cara del departamento para todos los asuntos y es quien tiene que autorizar y firmar todos los gastos. A eso se uno que más de la mitad de los días no está aquí lo que hace que vivamos en un caos total. Cualquier crítica es algo que se toma de manera personal. A la mitad de las reuniones a las que te envía no te dice de qué son hasta unos minutos o, como mucho, un día antes. Se compromete a plazos absurdos y vamos pasando de proyectos estables de largo plazo a ñapas de aquí te pillo, aquí te mato que, además, cobra a precios ridículos. Se está quejando todo el día de que somos muy caros y se ha recortado en todo, se ha ido yendo gente y no se han contratado a nadie nuevo, se ha ahorrado hasta el ridículo en material de oficina y en control del gasto. Por ejemplo, para que me paguen un billete de cercanías para ir a visitar a un cliente, hay que hacer una hoja de gastos que debe ser firmada por mí, por mi jefe y presentada a su jefe para que se me paguen los 2,90 €. Casi te dan ganas de no pasarlo... Eso sí, para que cada día vaya uno al stand de Francia, para eso sí hay dinero...

Es cierto que nos da bastante manga ancha en otros aspectos, yo creo que por sentimiento suyo de culpabilidad, y nos permite ausentarnos siempre que tengamos algún motivo y no nos hace recuperar las horas. Por ejemplo, cuando tuve que ir antes de ayer al hospital para pedir cita para J, no tuve ningún problema.

En fin, es el jefe que me ha tocado esto años. Seguro que los hay mejores y seguro que los hay peores, pero no estoy muy contento con él. Me dejo en el tintero cientos de situaciones absurdas como cuando nos hizo ir a todos a unos grupos de trabajo en el que todos aparecíamos con su nombre (como quince o veinte) o la que ya conté referente a un compañero de trabajo.

Némesis

Pues otra entrada sobre libros. Al tener la inventiva tan poco fresca es una alternativa para por lo menos poner algo. Me he leído este libro de Jo Nesbø que es el siguiente a Petirrojo. Son los mismos personajes, el mismo protagonista y un nuevo caso. Sigue apareciendo esa trama de la que nosotros somos conscientes, pero los protagonistas no, pero tampoco se resuelve. Es una especie tensión sexual no resuelta, solo que en este caso es una tensión criminal no resuelta, pero el efecto es el mismo. Lees y lees a ver si pillan al malo que sigue haciendo maldades, pero nada de nada. Parece que sí, pero no.

Espero que no me tenga que leer diez libros para saber cómo terminan pillando al malo, pero se lee muy bien, es entretenido y te hace querer leer más. Para aficionados a la novela negra es un buen libro. Más corto que Petirrojo (unas 500 páginas) y algo peor, pero es que Petirrojo era muy bueno.

Es cierto que tiene algunas cosas que no casan muy bien como una compañera de Harry Hole, el protagonista, que tiene no sé qué historia en el cerebro de manera que reconoce todas las caras que ve en su vida. No dudo que exista esa cualidad, pero al ser ficción es de lo que cuando lo lees dices 'anda ya!'. La historia trata sobre un ladrón de bancos que asesina a una dependienta y otro asesinato en el que puede estar involucrado el protagonista, pero no consigue acordarse porque es alcohólico y se levanta con resaca y no sabe lo que pasó. Aparecen gitanos, hackers informáticos, la trama se complica bastante y al final se aclara casi todo.

He estado mirando en wikipedia sobre el autor y resulta que también tiene una banda de rock. En las fotos que he visto suyas, aparece como con pinta de estar pensando que no hay nadie en el mundo que mole más que él. Aparecen referencias musicales en el libro, aunque no son mis referencias algunas sí que las conozco. En teoría el protagonista es más o menos de mi edad, pero está tan derrotado que me parece mucho mayor. Serán cosas del alcoholismo (el suyo, eh? que sois muy mal pensados) que aja mucho.

Desde luego son libros para pasar el rato. No tienen trascendencia ni seguramente los recuerde dentro de tres o cuatro años más que vagamente, pero cumplen su función. Te mentienen entretenido y queriendo saber qué pasa. Los capítulos son más largos que en Petirrojo.

El siguiente se llama 'la estrella del diablo' y ya lo tengo esperando turno. Creo que no hay más traducidos suyos, así que más vale que por fin se desvele el enigma. Claro, que mirando en la wikipedia parece que hay otras cuatro novelas más por venir. Si os gusta la novela negra, creo que os gustará, aunque mejor Petirrojo.

Ahora me estoy leyendo 'Chocolate Wars' que es una historia de las empresas chocolateras con especial atención a los Cadbury. Está escrita por una descendiente de los Cadbury y es muy interesante. Aparecen el señor Nestlé, el señor Lindt, el señor Suchard, Los Cadbury, otros que no me suenan de nada, pero que algo aportarán. Aparecen los cuáqueros, el capitalismo, las condiciones de vida de los trabajadores. Cuenta cómo compiten unos contra otros y cómo se van haciendo avances para hacer al chocolate más y más delicioso. Como comentaba con Amanita en Twitter, de momento no han aparecido los belgas, pero me da a mí que este libro va más de morralla tipo tableta de nestlé de las que te rascan el paladar al tragarlo que exquisitez tipo bombón belga, pero es muy interesante. Ya os contaré más cosas sobre el chocolate.

Había (hubo) una vez un blog...

...que alegraba siempre el corazón. Lleno de color, un mundo de ilusión pleno de alegría y emoción.

Había, o más bien hubo. Hubo una vez un señor que empezó participando en este blog y que luego decidió donarnos sus acciones blogueriles e irse a fundar una nueva empresa de ocurrencias. Desde luego era un tío con un montón de ellas. Listo, divertido, irónico. En fin, que lo tenía todo para triunfar en el mundo bloguerístico. De hecho triunfó como pocos lo han hecho con sus dos primeros posts. Blogueros de prestigio comentaron en esos prometedores posts. Tuvo un número de comentarios que en nuestro blog no se alcanzan a no ser que hablemos de política o de cosas serias.

Prometió (hace más de dos años) un post sobre la ciudad de las calles sin nombre. Un post, que ya solo con el título tenía la mitad hecho. Un post que no nos gustaba a nadie, pregunte, pregunte.

Dado que este individuo es una persona muy ocupada le sugerimos que se hiciera una cuenta de twitter para por lo menos saber algo de su vida. Lo cogió con mucho impulso e incluso nos retransmitió casi completo el parto de su primera hija a través del móvil, incluso nos puso alguna foto. Incluso apareció sheldonwoman como ente twitero, aunque con mesura.

Es cierto que sus obligaciones paternales le han de quitar mucho tiempo, pero eso no es óbice para que las únicas señales de vida que de sean para confirmarme que a él también le clavaron al cambiar las escobillas de los limpiaparabrisas. Lo digo desde el cariño y el respeto, pero hazte más presente, coño! Escribir un tuit no cuesta nada y un post de vez en cuando, aunque sea para limpiar las telarañas tampoco estaría mal...

Anímate, cuéntanos tus experiencias paternales, si viste o no el partido del Madrid, si se te ha vuelto a caer el iphone dentro del motor del coche o si tienes una nueva aplicación. Si te han vuelto a denunciar los sindicatos, si se te ha roto otra botella de vino o si se va a celebrar san canelón en la ciudad de las calles sin nombre. Que conste que este deseo, casi exigencia, también se lo transmito a Sheldonwoman. Que escriba, que comente, que dibuje. Manifestaos. Contadnos alguna cosilla para saber que seguís vivos. Os echamos de menos, al menos en esta que fue vuestra casa y lo será siempre que queráis.

Así que deja de ser huevón y escribe!! (o es que no hay huevos...)

La Política de la Memoria

No tengo palabra, perdón por adelantado. Dije que no iba a comentar el libro que me estaba leyendo, pero sí que lo voy a hacer. Esto se debe a que en la entrada de ayer dije que esto del blog me está haciendo escribir conclusiones, pensar en lo que he sacado de los libros que leo y expresarlo. Eso no puede ser malo. Además es un libro que está bastante bien. Pensaba que me iba a durar toda la Semana Santa y me ha durado 3 días.

Es un libro de memorias, pero son unas memorias cortas y referentes en su mayoría a un libro que no he leído. De su vida personal habla poco. En el primer capítulo cuenta cómo vivía en Viena, cómo su padre vió que con el ascenso de los nazis lo iban a pasar muy mal, de hecho lo detuvieron, pero lo liberaron por ser veterano de la primera guerra mundial, y cómo viaja a Nueva York donde estaba parte de la familia de su madre. Habla un poco de su infancia y juventud, de su intervención tardía en la segunda guerra mundial y de sus estudios universitarios. A partir de ahí se centra en la obra de su vida que es 'La Destrucción de los Judíos Europeos' y de eso trata el resto del libro.

Raul Hilberg no tiene pinta de ser el amigo que te llevarías a una fiesta. Habla sólo sobre un par de amigos y no creo que tuviera muchos más. En una línea de las memorias nos dice que se había casado y en otra que se había divorciado. No nos dice ni el nombre de su esposa ni nada sobre su vida con ella.

Él, como Francisco Umbral, viene a hablar de su libro y es lo que hace. Desde que se le ocurrió la idea de emprender ese estudio sus mentores le dijeron que adelante, pero que eso acabaría con su carrera académica. Tuvo muchísimos problemas para conseguir publicar su libro, incluso pagando parte de la impresión y cuando finalmente lo consiguió recibió críticas por todas partes.

En su libro analiza el proceso burocrático que se puso en marcha para llevar a cabo la 'Solución Final'. Como ese proceso necesitó la colaboración de muchísima gente y departamentos y que la obtuvo y cómo no hubo prácticamente ningún tipo de oposición a la misma, ni siquiera por parte de los judíos. Esto levantó ampollas entre los alemanes y entre los judíos. Muchos alemanes se resguardaban diciendo que ellos siguieron órdenes y que no sabían lo que pasaba. Tuvo que llegar la generación de la posguerra para que alguien se atreviera a publicar en Alemania el libro de Hilberg.

Respecto a los judíos el tema era también peliagudo. Los judíos supervivientes tuvieron que hacerse una imagen de héroes y de resistencia en muchos casos no real. A los sobrevivientes se les acusó de ser débiles y haber dejado que pasara lo que pasó. Ellos se defendieron magnificando las acciones de resistencia. Hubo héroes, hubo resistencia, pero no fue mayoritaria. Además los judíos se centraban casi exclusivamente en las víctimas y no prestaban atención a los verdugos. Además se centraban en las memorias de los supervivientes, lo que era una visión parcial de lo que pasó. Dice Hilberg que está en la ideosincracia judía a través de centenares de años de experiencias el vivir de manera gregaria y plegarse a las decisiones de sus instituciones y, en cierta medida, del destino. Colaborar y hacerse útiles. Eso les permitió salir airosos en muchas situaciones del pasado, pero fue fatal para seis millones de ellos en esta ocasión. Cuenta como la participación de la burocracia judía en el exterminio fue necesaria para que se llevara a cabo, lo que no debió ser muy agradable de leer entre los judíos.

Habla bastante mal de Hannah Arendt. Habla en un tono despectivo de 'los Orígenes del Totalitarismo' del que dice que es una recopilación de tesis sin ninguna originalidad y lleno de lugares comunes. Respecto a 'Eichmann en Jerusalén. La banalidad del mal' sobre el juicio a Eichmann indica cómo ella le mencionó varias veces en tono elogioso, pero que no identificaba cuando eran tesis de Hilberg y cuando de Arendt por lo que en la opinión pública (más bien académica) eran una especie de tándem, cosa que a él no le gustaba nada. Más teniendo en cuenta que él no compartía ese análisis sobre la banalidad, sino todo lo contrario.

Se posiciona totalmente en contra de las maniobras para manipular la memoria de lo que pasó. Es consciente de que al final lo que queda son los libros que interpretan los hechos y no los hechos mismos por lo que si los libros están manipulados, lo estará la opinión de quienes los lean y se basen en ellos para sus trabajos o estudios. Esto se manifiesta especialmente cuando empiezan a aparecer diarios de víctimas y el empeño en que desaparecieran ciertas páginas y datos incómodos. Pone como ejemplo la dificultad que tuvo para conseguir tener acceso al diario de Czerniakow y para publicar una traducción del mismo en inglés.

En fin, que es un libro que da que pensar y que se lee en un pispás. Lo he dejado inmaculado, como nuevo, como es mi costumbre. Ah! no he dicho que me lo he leído en inglés. Según he visto en internet debe de haber alguna versión en español, pero yo no la he encontrado. Tampoco se lee mal en inglés, aunque tiene una estructura gramatical distinta a la habitual que me ha hecho releer alguna frase para enterarme. No sé si es por el estilo académico o por su origen germánico, pero me resultaba extraño. Tampoco es que yo sea lingüista ni filólogo, pero es lo que me ha pasado.

Creo que ahora me voy a poner a leer la novela que sigue a Petirrojo. Echaré un vistazo al kindle y veré si hay algún otro libro que me llame más.

Leer, ese gran desconocido

Los que seguís con alguna asiduidad este blog habréis notado que últimamente leo bastante más, mi ritmo lector se incrementa poco o poco y últimamente estoy leyendo a un ritmo de un libro cada dos semanas, más o menos. Tampoco creo que vaya a incrementar mucho más mi velocidad porque ni voy en transporte público al trabajo, ni vivo solo como un ermitaño. Tampoco lo lamento. Estoy mucho más feliz rodeado de mi familia y de mis amigos que rodeado de libros, aunque la lectura es un vicio que espero no abandonar nunca.

Ars Longa Vita Brevis, decían los latinos queriendo indicar que hay mucho que hacer y poco tiempo para ello. Que no hay tiempo para leer todo lo que me gustaría lo he visto muy clarito gracias al Kindle. Tengo esperando para leer más libros de los que podría leer en varios años y la cuenta sigue aumentando. Además hay que sumar mis pedidos transoceánicos, aunque es bastante posible que estos últimos lleguen después de que haya acabado con el kindle e, incluso a este paso, con la Biblioteca de Congreso.

He decidido hablar de cómo leo, tampoco creo que sea algo especialmente interesante, pero últimamente he comentado algunas de mis manías y voy a hacer una recopilación de ellas y de mis costumbres.

Ya he comentado la gracia que le hace a Anniehall y a mi hermano la manera en la que cuido los libros. Ellos dicen que no los abro más que un par de centímetros y leo así, como intentando atisbar lo que pone. Eso no es en absoluto cierto, es una indignidad y, además, tampoco creo que lo que me haya dejado de leer fuera importante, si no no lo pondrían tan al fondo de las páginas, digo yo...

Llevo a gala haberme leído bastantes libros de bolsillo, de esos que se desmenuzan con mirarlos y no dejar ni una marca en el lomo. Me gusta cuidar las cosas, eso es todo. Tampoco es que sufra ni nada si dejo un libro y me lo devuelven usado. Tampoco sé por qué lo hago, porque tampoco es que lo quiera dejar en herencia ni nada así. Es algo que me sale de dentro y no lo puedo hacer de otra manera. No escribo nada en la primera página, ni apunto quién me lo regaló o dónde lo compré ni doblo esquinas.

No tengo un sitio especial para leer. No tengo butaca de leer, ni sillón, ni silla, ni nada. Puedo leer en cualquier parte y en cualquier posición, aunque nunca le he pillado el gusto a leer en la cama. Me parece muy incómodo, aunque para un ratito no está mal. Y ligado con eso está mi poder de concentración desarrollado durante mis años en la residencia donde todo ruido tenía su asiento y luego perfeccionado por cuatro años de paternidad de manera que puedo leer aunque a mi alrededor se esté montando la marimorena. Eso también le parece increíble a Anniehall. Increíble y molesto porque muchas veces se tiene que ocupar ella porque yo estoy absorto. Creo que los dos superpoderes míos que le gustaría tener son el de no pensar en nada y el de concentrarme a pesar del jaleo. Sí, ya sé que como superpoderes son poca cosa, pero como un gran poder conlleva una gran responsabilidad, supongo que un poder absurdo no conlleva responsabilidad ninguna.

Me gusta dejar de leer al final de un capítulo, o de un subcapítulo y no dejarlo a medias si es posible. Y si no lo es, leo hasta el primer párrafo entero de la página par. Ésto es más que nada un método para saber por dónde leer después de dejarlo durante un tiempo. Tampoco suelo dejar los libros apartados mucho tiempo, pero ha habido casos como Crónica de una Muerte Anunciada que me duró un año en el que cuando volvía no sabía por dónde iba.

Como separador utilizo cualquier cosa: el recibo del libro o del Dia, una carta del banco, una publicidad o, incluso, un marcador de libros. Cuando el libro tiene cordelillo (supongo que tendrá un nombre más técnico, pero lo ignoro) tengo que poner el cordelillo sin que se enrolle, que quede plano sobre la hoja.

No suelo subrayar nunca ni tomar notas. Alguna vez anoto algún párrafo en un papel que llevo en la cartera, pero normalmente no. También eso va cambiando porque con el kindle subrayo bastante y también lo voy haciendo en libros. Creo que eso se debe a que al principio leía bastantes novelas y cuentos y ahora leo bastante más 'ensayos' que son más dados al subrayado, por lo menos por mi parte. Tampoco he hecho nunca un resumen al final, ni nada así. Gracias al blog lo estoy haciendo por primera vez y creo que está bien para recapitular y amueblar mis ideas, lo que me ha aportado, lo que he sacado de él, pero no sé si lo mantendré como costumbre.

Respecto a cómo elijo los libros que leo, no tengo un método, aunque el libro tiene que llamarme de alguna manera. Es raro que me regalen libros que me llamen, salvo que sea que los he sugerido yo, aunque casos se han dado. Hay veces que ya tengo elegido el que me voy a leer a continuación antes de terminar el que estoy leyendo y otras veces echo una hojeada cuando termino a la librería y elijo uno. No los tengo separados entre los que ya he leído y los que no y además, como los libros van ganando espacio, los tengo en la librería en doble fila por lo que hay muchos que quedan ocultos hasta que hago una revisión más a fondo.

Respecto a qué me gusta leer... pufff, eso es difícil de explicar. Ya sabéis algunas de mis preferencias como la segunda guerra mundial, la novela negra, las curiosidades, los viajes. Empecé leyendo cuentos y novelas, aunque yo creo que realmente me hice lector leyendo Mortadelo y Filemón y Astérix. Ahora me gustan más los libros de historia, de memorias, de análisis. También me gustan los libros de mapas, de fotografías, de arte. Me gustan los libros de humor, ya sabéis que adoro a Mark Twain. Me gustan los libros de exploraciones polares o africanas. Me encantan los diccionarios y las enciclopedias. Me gustan los libros de Dumas... Casi sería más fácil decir los que no me gustan.

No me gusta leer libros muy viejos amarillentos y llenos de polvo, de esos que atesoran las bibliotecas y que huelen a rancio y me encanta el olor a libro nuevo. Es casi afrodisiaco.

Pues, hale, ya os he soltado el rollo. Si queréis, nos contáis vuestras costumbres lectoras y si no, pues aquí paz y después gloria. Podéis dejar de leer al final del capítulo o del párrafo...

Ofertas. Desde el otro lado

El otro día hablé del horror que es para mí hacer una oferta. De aquello no he salido todavía del todo pero ahora estoy también metida de lleno en revisar las ofertas que otros me mandan para las cositas que llevan nuestros campos de girasoles. Y eso es otra fuente inagotable de cabreos y hostilización.

Llevo dos meses con cuatro pedidos de cositas: que si los medidores del caudal para el riego, que si los de humedad para no pasarnos regando, que si los de temperatura para no cocerlos antes de recogerlos… En fin cosas así.

Nosotros, que somos una ingeniería seria, mandamos una preciosa y completísima especificación. En ella decimos qué queremos y cómo. Qué nos tienen que mandar, qué perrerías les tienen que hacer a las cositas para comprobar que funcionan y no se rompen, qué libracos de instrucciones con planos y demás parafernalia deben acompañar a los cacharros… Además adjuntamos unas hojas de datos donde se describe con pelos y señales cada cosita en particular. No cada tipo de cosita, no, cada uno de los cien termómetros que queremos poner, por ejemplo.

Para mantener la transparencia del proceso y no ensuciarnos las manos con el polvo del camino (y se han dado casos, creedme), las ofertas las recibe el personal de compras. Dos ofertas, una técnica y otra económica. Y el de compras nos reenvía solo la técnica. Aquí suele llegar el primer problema. Porque algún suministrador piensa que el técnico no tiene por qué saber la garantía de los equipos, por ejemplo, o si nos van a dar planos. Tonterías comerciales, vamos. Así que me paso el día haciéndoles preguntas que se responden solas viendo la oferta económica. Pero como yo no la puedo tener pues trabajamos veinte veces todos. ¿No sería más fácil mandar exactamente lo mismo solo que borrando los precios? Debo de ser la única en el planeta que lo piensa viendo las veces que son diferentes.

Eso sería ya por si solo un coñazo pero lo que lo convierte en una versión light del infierno es que además los suministradores por lo general no se leen nuestra preciosa especificación o, lo que es peor, se la leen y se la pasan por el forro. Deben de pensar ‘ah, que quieres los chismes amarillos. Pues mira, no, hoy no tengo yo cuerpo de amarillo así que te los voy a poner verdes’. Y entras en una espiral ridícula de preguntas y repreguntas:

'Aclárese por qué han ofertado el chisme verde. Se requiere amarillo

Una semana (o dos) y varias reclamaciones intermedias después el tío va y contesta:

Verde es nuestro estándar. Podría ser amarillo si así se requiere. Por favor, confirmar que se requiere amarillo.’ ¿Pero qué pasa? ¿Por qué no te vale con verlo en la especificación, en las hojas de datos y en la pregunta anterior?

Total que cuando consigues cerrar las aclaraciones puede pasar, fácil, un mes. Y todo por no leer. A veces les preguntas por qué hacen estas cosas y van y te dicen que para ser competitivos. Pero ¿qué coño competitivo? ¿no ves que si yo quiero medir la temperatura de la tierra y tú me das un cacharro para medir la del agua, por mucho más barato que sea no me sirve? (en la viñeta se explica mejor lo que quiero decir).

Pero esto no es todo. Después hay que escribir un informe diciendo que te gusta más fulanito que menganito porque sus equipos son mejores. Lo malo es que normalmente los equipos son iguales y la única manera de preferir a fulanito es que se leyó la especificación y te dio lo que querías a la primera. Y que el otro es un elemento que sabes que te la va a clavar igual que ha intentado engañarte durante la evaluación de la oferta. Pero, claro, poner que un tío es un pirata con parche en el ojo y pata de palo no se entiende como criterio técnico objetivo. Pues vaya mierda.

Hoy me tocaba empezar con la última. Las tres ofertas, las tres, han pasado de toooodo lo que les pedimos y nos dan solo una lista de los cacharros que nos venden. Pero de documentación, garantías, soporte técnico… nada. Así que he decidido que no me voy a leer las ofertas y les he escrito algo así:

Buenos días,

Les informamos de que la información contenida en su oferta de chismes número XXXOOOXXX, con fecha del 12 de abril de 2011, es insuficiente para su evaluación.

Debe revisarse la oferta, tan pronto como sea posible, e incluirse en ella información detallada sobre el alcance de los servicios incluidos en el alcance de la misma. Deben tener en cuenta todos los requisitos exigidos en la especificación y describir o listar (según corresponda) en la oferta el alcance en lo relativo a:

- Calidad,
- Documentación (lista de documentos incluidos en el alcance y forma de entregarlos),
- Inspecciones, ensayos y certificados incluidos,
- Garantía de los equipos suministrados,
- Lista detallada de excepciones a la especificación.

Quedamos a la espera de sus prontas noticias.

Saludos,

Anniehall.

A los tres. Tal cual con el subrayado incluido y con ganas de decir: leed la especificación, vagos. A las once y media de la mañana del último día antes de las vacaciones. Y me he quedado como una reina.

Lo malo es que luego he reenviado el correo a otro que nos tiene que dar cacharros en lugar de chismes sin corregirlo y me ha sacado los colores. Nadie es perfecto.

Mucha Ignorancia

Ya he terminado los dos libros de la ignorancia. Los que me seguís en twitter los habéis sufrido de manera moderada, creedme. Porque, aunque os he abrasado a citas del libro (tampoco es necesario leerlas, que además es lo más sensato) podría haber puesto muchísimas más porque son libros muy buenos. El segundo es más corto y los temas los trata de una manera más extensa, mientras que en el primero trata casi infinitos temas y los despacha en una página o dos.

Ya comenté que es un libro muy de ingenieros. Con muchos datos, con explicaciones sencillas y tocando casi todos los campos. Además, como dice en el subtítulo, todo lo que creías saber es mentira (ellos lo dicen más 'polite' como buenos british diciendo que está equivocado). Y parece que es cierto, claro que tampoco se sabe si lo que ellos cuentan es verdad, pero se pasa un rato muy entretenido leyéndolos. Está en español y se llama 'El pequeño gran libro de la ignorancia', hay algún otro sobre temas concretos, pero no sé si son extractos de éstos o no. De hecho, entre el primero y el segundo hay algunas entradas que se repiten, al menos tangencialmente. Hay otras que para mí tienen poco interés como las que se refieren a dichos ingleses o personajes que no sé quienes son, o canciones infantiles... pero en general son muy interesantes.

Los libros parten de un concurso de la BBC que se llama Qi (Quite Interesting) y que presenta Stephen Fry que es el Peter de los amigos de Peter. Está contado con cierto sentido del humor tipo british que al que le guste le parecerá divertido y al que no le puede llegar a cargar un poco. Yo soy de los que sí que me hace gracia.

Me he enterado de que the V-sign, que es como el signo nuestro de los cuernos en la inglaterra no tiene nada que ver con los arqueros de la batallas de Agincourt, que el primer presidente de USA no fue Washington, que Buffalo Bill no mató un solo búfalo, sin bisontes, que la mayor construcción del hombre es el basurero de Staten Island, que las perlas suelen tener en su núcleo no un gano de arena, sino un gusano, que Atlas no lleva a hombros el mundo, sino el firmamento, que el champán fue inventado por los ingleses y que Dom Perignon no quería que el champán tuviera burbujas y estuvo toda su vida intentando que no aparecieran, que la penicilina no la inventó Fleming, que el primer hombre en circunnavegar la tierra fue un esclavo de Magallanes, que la bebida preferida de James Bond es el whisky (no podré güisqui ni aunque me maten), cómo las cucarachas serían de los primeros insectos en morir en caso de holocausto nuclear, cómo no hay relación entre el tamaño del pie y el del pene (aunque eso ya lo sospechaba...), que las gotas de lluvia según caen son redondas, que el vículo del bebé con su madre (no al revés) se establece a los dos o tres meses de haber nacido, que para dormir los delfines desconectan medio cerebro y medio cuerpo alternativamente, que el primer vuelo en aeroplano no fue el de los hermanos Wright, que el polvo de casa tiene muy poca piel humana, que Molotov no inventó el cóctel que lleva su nombre, sino que fueron los finlandeses para atacar a los tanques mandados por Molotov, que las rayas que te hacen parecer más delgado son en horizontal en vez de en vertical, que cuando ves que se empieza a poner el sol en realidad ya se ha puesto del todo y es un efecto óptico por la refracción del aire, que lo que la mayor parte del calor corporal se va por la cabeza es mentira, que Nadia Comaneci no fue el primer deportista en conseguir un 10 en las olimpiadas, que el alcohol no afecta a los antibióticos ni viceversa (esto también lo sospechaba, aunque no diré por qué...), que el gótico lo llamó así por primera vez Vasari de manera despectiva, cuándo se mostró el primer canalillo en televisión y cómo apareció la palabla cleavage...

En fin que hay cienes y cienes de cosas curiosas y si sois de los que os gustan este tipo de cosas, pues que ahí tenéis una sugerencia que os gustará, creo.

Ahora me he puesto con las memorias de Raul Hilberg, pero como veo que los libros de la segunda guerra mundial os tiene un poco fritos no os aburiré comentándolo cuando lo acabe. Sé cuando aburro, o al menos cuando aburro mucho y tampoco quiero eso, aunque os resulte sorprendente...

Shoah

Sí, ya está aquí de nuevo el pesado de la segunda guerra mundial y del holocausto. Al que no le interese, que deje de leer. El otro día terminé de ver Shoah de Claude Lanzmann. Es un documental de más de nueve horas sobre el exterminio de los judíos. Shoah es una palabra hebrea que quiere decir exterminio, holocausto.

Por supuesto que no es nada alegre. Conviene acercarse al documental con un estado de ánimo no tendente a la depresión. El formato del documental son entrevistas a los supervivientes judíos, historiadores, testigos y a algunos alemanes implicados. Estas entrevistas son acompañadas por imágenes de los lugares que se describen, pero imágenes actuales, bueno, de cuando se hizo el documental que fue a finales de los 70 y principios de los 80. Tardó unos 10 años en realizar el documental.

No hay imágenes de cuerpos destrozados, ni de cadáveres, ni nada visualmente impactante. Solo las entrevistas y las imágenes, pero eso no impide que se te pongan los pelos de punta ante los relatos que van sucediendo. Hay por ejemplo un momento en el que un antiguo SS, Franz Suchomel, que estuvo en Treblinka, canta una canción que le obligaban a aprenderse a todos los judíos que llegaban a trabajar allí (no a los que exterminaban directamente) y termina diciendo que lo que ha cantado es una exclusiva, dado que no queda con vida ningún judío que pueda recordarla o cuando Filip Müller, sonderkommando (del grupo de trabajo que incineraba los cadáveres) recuerda cuando llevaron a las cámaras de gas a unos compatriotas suyos checos y decidió meterse con ellos porque ya no aguantaba más y le dijeron que saliera de allí porque tenía que dar testimonio de esas barbaridades. Otro libro que apunto al carro de lo que me queda por leer.

Sale Raul Hilberg, que es un tío que te hace querer saber más, se le entiende perfectamente y a raíz de verlo y de la recomendación de Mamá en Alemania me he comprado dos libros suyos. Sus memorias, que ya las tengo conmigo y me leeré en Semana Santa, y La Destrucción de los Judíos Europeos en inglés y que todavía no me lo han mandado. La parte en la que cuenta la relación entre las SS y la empresa ferroviaria del Reich y la agencia de viajes del Reich es espeluznante. Cuenta como las SS pagaban a los ferrocarriles el transporte de judíos y como los menores de 10 años pagaban la mitad y los menores de 4 viajaban gratis hacia su exterminio. Cuenta como consideraban los envíos a través de la agencia de viajes como 'charter' y les hacían un descuento del 50% y cuenta como el viaje se pagaba con todas las pertenencias que les quitaban a los judíos antes de meterlos en los trenes. Así que ellos se pagaban su propio viaje hacia la muerte. Espeluznante.

Hay otro testimonio de un polaco que visitó el gheto de Varsovia antes de las deportaciones que también es impresionante, como describe los cuerpos apilados en las calles, la suciedad, el olor, su repulsión y cómo les dijo a los que iban acompañándolo que le sacaran de allí que ponen los pelos de punta. Otro libro que tengo que leer es el diario de Adam Czerniakow que fue el líder del Judenrat (cosejo judío) del gueto de Varsovia y que se suicidó al día siguiente de comenzar los transportes a Treblinka y después de intentar salvar a los huérfanos. Cuando le dijeron que todos serían transportados al Este se fue a su casa y se suicidó.

También aparece el testimonio de dos judíos que salieron del ghetto para pedir armas a la resistencia polaca durante el alzamiento del gueto de Varsovia y cuentan cómo escaparon a través de las alcantarillas y cómo los polacos que los vieron los persiguieron para entregarlos a los nazis y como les sorprendía que allí la gente siguiera paseando por la calle, yendo a las cafeterías y a las tiendas cuando a 200 metros la civilización se había acabado.

Aparece aún el antisemitismo en los campesinos polacos que entrevista y se comenta cómo no fue casual el que la gran mayoría de campos de exterminio como Treblinka, Sobibor, Auschwitz estuvieran en Polonia, sino que los propios polacos eran bastante partidarios de la 'solución final'.

El documental hay veces que se hace un poco pesado cuando traducen del polaco o el hebreo al francés y además hay que leer los subtítulos, pero considero que es necesario verlo. Los diálogos en francés, alemán, inglés o italiano son mucho más ágiles.

Hay muchos momentos en los que se te encoge el corazón, cuentan experiencias tan atroces que es imposible imaginárselas, pero aún así lo que te imaginas es terrible.

Por último, también apunto este libro a la larguísima lista. Son las memorias de Lanzmann que tienen pinta de ser interesantísimas. En fin, asomarnos a los abismos del ser humano da miedo, pero no hace tanto que pasó. Conocer los horrores me hace ser más consciente de la suerte que tengo, que tenemos. Y siempre hay que tener presente que puede volver a repetirse.

Día negro

Supongo que conocéis este diálogo

- Escuche. ¿Conoce usted esos días en que se ve todo de color rojo?

-¿Color rojo? Querrá decir negro.

-No, se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué. ¿Le ha ocurrido a usted alguna vez?

-Si...

-Cuando me pasa lo único que me va bien es coger un taxi e irme a Tiffany's. Me calma enseguida la tranquilidad y el aspecto lujoso que tiene. Nada malo podría ocurrirme allí.


Es de 'Desayuno con Diamantes', claro. Antes o después tenía que poner un diálogo de esta película. Y mucho he tardado en poner una foto de Audrey. Hoy me viene al pelo porque ayer tuve un día negro. No me pasó nada gordo, solo un millón de tonterías pequeñas que hicieron de mi día un mini inifierno.

Es una suerte no haber tenido un día rojo porque yo tendría que hacer algo más que ‘coger un taxi’ para irme a Tiffany’s. Y, no, Suarez no vale por mucha Preysler que lo anuncie. Ni desde luego el Tiffany’s de consolación que pusieron hace unos años en Madrid.

Pero me desvío, como siempre.

Supongo que el principio de mi día negro empezó en realidad el domingo por la noche. A lo mejor, igual que un cristal roto trae siete años de mala suerte, un bizcocho roto al desmoldarlo trae un día negro. Así me acosté, enfurruñada porque el molde tan chuli que me había comprado por internete tiene el defectillo (nada despreciable si se pretende desmoldar algo) de tener el tubo central más alto que el resto del molde. A lo mejor hasta tiene una explicación y todo, pero yo no lo entiendo.

El lunes me levanté con dolor de cabeza. La mañana transcurrió sin sobresaltos reseñables. Muchas chorradas del trabajo pero nada fuera de lo común. El dolor de cabeza se mantuvo, incluso aumentó, a lo largo de la mañana. Luego decidí que al salir me iba a pasar a comprar, por fin, los limpias del coche. Que el sábado nos vamos a tierra de aguas y conviene tenerlos bien. Resulta que los limpias son dificilísimos de encontrar y habíamos conseguido que nos dijeran dónde pudiera ser que tal vez acaso los tuvieran.

Así que salí del trabajo, recogí a Tochi, y allí que nos fuimos ‘que hoy te dejo en Nuevos Ministerios ¿eh?’. Íbamos charlando tan ricamente. Tan ricamente que puse el piloto automático y me pasé la salida. ‘Mecagoentó’. Ale, a dar la vuelta por Chamartín. Pero no, amiguitos, ayer era un día negro y no podía ser tan fácil. Para conseguir volver a la Castellana, sentido de entrada, casi tengo que irme a Burgos. Día negro de torpeza infinita. El dolor de cabeza, por supuesto, no se había esfumado, progresaba adecuadamente.

Lo siguiente fue aparcar. A Dios pongo por testigo de que no volveré a ese sitio en coche particular. Nunnnnca. Ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré en coche! Imposible entrar en el aparcamiento (o imposible para mi infinita torpeza porque no fui capaz de encontrar la entrada). Así que me tuve que ir a otro algo más lejos con una salida a una zona pelín siniestra. Caminata hasta el gran centro comercial. ¿Os he dicho ya que me dolía la cabeza? ¿y que no había comido y eran las cuatro de la tarde? ¿y que llevaba mis taconazos de siete centímetros y medio? (Sí, he dicho taconazos, qué pasa).

El lugar es un laberinto infernal de edificios comunicados entre sí por pasillos oscuros, salidas a patios que no llevan a ninguna parte, secciones absurdas,… Cómo será que una dependienta a la que pregunté no supo indicarme el camino. La sección de desaparecidos de la Policía debería peinar la zona, seguro que la lista de desaparecidos adelgazaba.

Por supuesto ‘Repuestos del automóvil’ era la más lejana al sitio por el que entré y por supuesto me perdí varias veces. Lo cual no significa que al final no fuera a parar más o menos al lado de mi coche en el parking, que todo es posible. Como ya imaginaréis, siendo el día negro, no podían tener lo que buscaba. Ahora a intentar deshacer el camino ‘tac, tac, tac, tac…’ mis tacones. ‘Bum, bum, bum, bum’ mi dolor de cabeza.

Ya me las prometía yo tan feliz volviendo en coche cuando el destino me tenía reservada una (otra) broma macabra. El aparcamiento va a salir a los túneles de azca. Nooooo, ¿por qué a mí? Desistí de buscar una salida que se adecuase a mi destino así que emergí a la superficie por donde pude. ‘Esto no puede ser muy difícil, ya buscaré el camino una vez fuera¡JA! Las direcciones y giros prohibidos, los sentidos únicos me la jugaron otra vez y estuve dando vueltas en círculos varios minutos hasta que conseguí enfilar el camino conocido hasta casa. El dolor de cabeza, por supuesto, allí seguía. Cabrón un rato sí pero a fiel pocos le ganarían.

Consigo salir del coche, subo a casa… Maldición, no hay fruta. ¿Qué demonios van a merendar mañana los niños? Pues eso, la fruta que tenía que bajar a comprar. ‘Si quieres te acompaño, aunque no me apetece nada’ ‘¿para qué vas a venir? ¿para fastidiarnos los dos?’ Pues a lo mejor para darte cuenta de que al jodío del frutero se le olvidó meter en la bolsa los plátanos que sí cobró y que me hicieron dar el segundo paseo a la frutería.

Para cuando llegué a casa lo único que pude hacer es bajarme de los tacones y tirarme en la cama. A llorar. Sí. Yo lloro de agotamiento. Y de pensar en la hora del horror que se acercaba inexorablemente. Y del dolor de cabeza. Y del dolor de pies. Y del dolor de pensar en todo ese martirio sin ningún resultado porque seguía sin tener las malditas escobillas del limpiaparabrisas.

Señores del recambio del automóvil, por caridad, ténganlas para la próxima vez.

Miren que si no las tienen volveré a usar el blog como paño de lágrimas. Y eso no está bien, que nos voy a dejar sin parroquianos. Aunque, qué coño, también para esto está el blog ¿no?

Veinticuatro horas después el dolor de cabeza sigue conmigo. Por si teníais dudas.

Menos mal que alguien me hizo un regalo estupendo porque es lo único que salva uno de esos días para borrar del calendario.

¡Ah! y si tenéis pensado un viaje a Nueva York ni se os ocurra saltaros la planta Weddings and Engagements de Tiffany’s. Eso sí que es un museo.

Mi casa

Me acabo de dar cuenta de que hace unos días hizo veinticinco años que mi casa es mi casa. Es decir, hace todo ese tiempo que me fui a vivir con mis padres a la casa en la que viven ahora y a la que yo sigo llamando mi casa aunque lleve más años viviendo fuera que los que realmente la habité.

Antes de vivir en esa casa, yo había vivido en dos pisos. Del primero no me acuerdo así que, a efectos prácticos, yo había vivido toda la vida en un piso. Era un buen piso. Tenía cuatro habitaciones muy grandes, un salón grande y una cocina normalita. Claro que entonces yo no lo podía apreciar. A mí me parecía lo normal, pero viendo ahora cómo son y cuánto cuestan los pisos, os aseguro que es muy grande. Estaba en un barrio normal, de clase media, como nosotros. Estaba (y allí sigue) en la trasera de una calle transitada así que era tranquilo. Teníamos una placita pequeña entre los dos portales del bloque donde solíamos jugar con otros vecinos. Detrás había un descampado en el que con el tiempo hicieron una cancha de baloncesto, fútbol… Además estaba en cuesta, así que recuerdo una nevada (LA nevada) en la que salimos con plásticos a tirarnos cuesta abajo. Mis tíos vivían, y allí siguen, en el portal de enfrente así que me críe casi con mis primas.

De repente, un día, mi madre decidió que había que buscar algo más grande. Ella quería un piso de cinco habitaciones para que pudiesen venir mis abuelos y todos estuviéramos cómodos. Mi madre siempre piensa en todo el mundo, menos en ella… Cinco habitaciones, eso sí que es un lujo. Entonces no lo parecía tanto, la verdad. Quería algo céntrico.

Al final, a través de alguien se enteraron de una cooperativa que iba a hacer unas casas en un sitio súper céntrico y, no sé muy bien cómo, yo era muy pequeña, entraron en la cooperativa.

Entonces empezamos a ir a visitar un prado. Todavía me acuerdo. A mí me parecía una gran excursión por el tiempo que tardábamos y porque salíamos de la ciudad. Llegábamos, mirábamos un prado con flores, paseábamos un rato, mis padres hablaban con un tío muy raro con un perro que había allí y nos íbamos. Con el tiempo, mucho tiempo, aquello empezó a tomar forma y ya íbamos a visitar la casa. La casa es un pareado y recuerdo unas visitas en las que la casa estaba casi lista pero había zonas todavía comunicadas con los vecinos y mi hermano y yo pasábamos divertidos de una a otra.

Luego llegó ese tiempo desesperante en el que ya nos íbamos pero no nos mudábamos nunca. Yo tenía elegida mi habitación y tenía la secreta esperanza de, cuando fuera mayor, irme al ático que es una planta diáfana enorme.

Hasta que por fin, y porque nos echaban de nuestro antiguo piso, nos fuimos. Un 28 de marzo de 1986. Yo tenía nueve años. Nos fuimos con agua y luz de obra y con las calles de la urbanización sin asfaltar. Eran de tierra, imaginaos lo que es eso en Santander. Recuerdo como si fuera ayer cuando asfaltaron las calles y todas las vecinas salimos a patinar emocionadas.

La casa es mucho más grande que la otra. Mi hermano y yo dejamos de compartir cuarto (al final él se quedó con el ático, aunque al principio tuvo otra habitación). Tenemos un jardín enorme. Y un porche para salir a tomar el aperitivo cuando hace bueno (ay, esas rabas). Tenía muchas vecinas de mi edad y nos lo pasábamos fenomenal. Patinando, montando en bici, yendo a la playa, que está al ladito y se puede ir andando, celebrando San Juan (aunque no nos saquen en las noticias, en el norte también se celebra mucho)... Hay una cancha de tenis donde algún profesor y mucha práctica no consiguieron sacarme de mi innata torpeza para los deportes.

Allí viví mi adolescencia. Un poco fastidiada por los horarios de los autobuses, que eran cada media hora. Yo me tenía que ir a coger el autobús de las diez y mis amigas tenían hora hasta las diez y media. Ya sabéis, gran tragedia, tooodo pasaba en esa media hora.

Y después, o mejor durante, a los dieciocho me vine a Madrid. Poco a poco nos fuimos desperdigando y fui espaciando las visitas. La verdad es que ya voy muy poco. Ahora los niños duermen en la que fue mi habitación y ND y yo en la que vivió mi abuelo sus últimos años. Mientras yo vivía mis primeros en la que había sido su casa en Madrid.

Yo sigo sintiendo que esa es mi casa y al volver también vuelvo a ser, un poco, la niña de dieciocho que se fue a empezar otra vida en Madrid.

En este tiempo, el pueblo ha cambiado mucho. Han construido urbanizaciones de chalés alrededor. La nuestra fue la primera y en Santander debían de pensar que estábamos locos, que nos íbamos al fin del mundo. Están empezando también a hacer bloques de pisos. Qué pena. Han puesto al lado varios centros comerciales y un gran parque tecnológico que no sabemos muy bien qué tecnología albergará. Han adecentado el camino a la playa y la han arreglado. No sé si no la prefiero como antes, más salvaje, más mía. Y el autobús municipal de Santander casi llega hasta mi casa.

El sábado supongo que llegaremos al aperitivo. Tal vez tendremos rabas (calamares), quisquillas y bígaros (caracolillos) del bar de al lado.

Y el lunes, o a lo mejor el martes, ese tío tan raro con un perro con el que hablaban mis padres en el campo donde ahora está mi casa, nos despertará de la siesta para que le invitemos al café. Es P, el hijo de la dueña del prado, que se lo vendió a la cooperativa con la condición de que contratara a su hijo de guarda. Y también un poco de niñero de todos nosotros.

¿Dónde están mis libros?

La verdad es que el título de esta entrada es equívoco porque yo sé perfectamente dónde estám mis libros. El problema es que no están conmigo, sino en la fría y oscura aduana.

Todo se remonta a cuando compré varios libros en una librería estupenda argentina, la librería Santa Fe. Pedí unos libros. algunos que están agotados en España y otros que me salían más baratos, incluso incluyendo los gastos de envío. Ya había hecho algún otro pedido y nunca había tenido ningún problema. El caso es que hace tres días recibí una llamada de la empresa de mensajería en la que me indicaba que el pedido estaba retenido en aduanas y que tenía que pagar más de 45 euros si quería que me enviaran los libros. Me pareció una barbaridad porque el coste de los libros que había encargado sin gastos de envío eran sesenta y pico euros, así que era más de la mitad de lo que había comprado. Se lo dije a la persona que me llamó y me dijo que intentarían contactar con la filial argentina y ver qué pasaba. Yo, por mi parte mandé un correo a la librería contándoles mi caso. Como está el problema de la diferencia horaria esperé un día sin resultados y llamé con el Skype a la tienda a ver si me lo aclaraban o qué podía hacer al respecto.

Me atendieron muy amablemente y me indicaron que incluso, aunque hubiera que pagar impuestos, estos los pagarían ellos. Yo no tendría que pagar nada. Tomaron nota del pedido y me dijeron que ellos se ocuparían de todo. Esto me tranquilizó bastante, además me hizo mejorar mi imagen de los argentinos que, en general, no es especialmente complaciente. Ya sé que no se debe prejuzgar, pero sigo teniendo cierta precaución...

Volví a llamar a la señorita de la empresa de mensajería que me había atendido para comentarle todo esto y me dijo que muy bien, pero que ellos no podían hacer nada hasta que se lo comunicaran desde Argentina porque por defecto los gastos de aduana los paga el destinatario. Así que mis libros están en algún frío almacén en Barajas (yo me lo imagino frío y oscuro, aunque a lo mejor es confortabilísimo y luminoso) esperando a que se arregle el asunto. Tal vez tenga algo que ver con esto, no lo sé.

En fin, habrá quién diga que es culpa mía por comprarlos por internete en el extranjero y no comprarlos en la librería a la vuelta de la esquina. Tienen razón, pero el que nace lechón, muere cochino. Asi que yo seguré comprando donde me convenga y me plazca porque para eso es mi dinero y si no fuera por esta anécdota no hubiera sabido sobre qué escribir hoy.

Supongo que esto es una buena noticia para los que no os gustan los libros de la IIGM porque significa que durante unas semanas no os daré la brasa con lo que leo. Por otro lado tengo otros libros pedidos a Amazon y todavía tengo algunos en el Kindle, pero ahora estoy atrapado, los que tenéis twitter lo sabéis, por The Book of General Ignorance. Es el libro perfecto para un ingeniero. Ya se lo he recomendado a los del trabajo. Son todo curiosidades científicas o históricas con la particularidad de que en la mayoría de los casos la respuesta habitual no es la correcta. Tengo además la segunda parte esperando para cuando termine ésta, así que de momento puedo ir tirando.

Por cierto, ¿habéis visto la librería de la foto? ¡Yo quiero ir a Buenos Aires ya!

Petirrojo

No, no aprovecho la estela documentalista que inició Molinos ayer, aunque bien podría, pero quiero hablar del último libro que me he leído. Se llama Petirrojo y está escrito por un autor noruego que se llama Jo Nesbø.

Los que me seguís en twitter ya sabéis que me ha gustado. Es de las novelas negras actuales que más me ha gustado. No está a la altura de un Dashiell Hammet, pero ¿quién lo está?

Últimamente hay un boom de novelas negras nórdicas que a mí me dejan un poco frío (me ha salido un chascarrillo sin buscarlo). Me pasó con Stieg Larsson, no me gustó su saga, aunque me la leí. Ya comenté la impresentable novela del islandés ese que me leí hace un par de semanas. Me he leído otra de éxito ya hace un tiempo que se llamaba Aurora Boreal de una tal Asa Larsson. Me he leído varias de Anne Holt que están bien, pero en general no van muy allá. No sé dónde oí que la novela negra es la primera o segunda 'empresa' tras o delante de Ikea en Suecia.

El caso es que ésta llevaba tiempo queriéndola leer y al final ha caído. Es bastante larga. En la casa del libro pone que el libro de bolsillo tiene 600 páginas y un precio de 17 euros, que para un libro de bolsillo ya está bien. Tiene capítulos más o menos cortos y eso para mí es importante. Anniehall se ríe mucho de mí porque tengo que dejar el libro al final de un capítulo. Bueno, tampoco es que tenga que dejarlo y muchas veces no lo hago, pero me gusta dejar de leer en un punto identificable y no en medio de la acción. Cuando no termino de leer el capítulo lo dejo o en una división de subcapítulo (ese doble espacio que ponen de vez en cuando) o al empezar el primer párrafo de la página de la izquierda. En el Kindle, como solo tiene una página, lo dejo simplemente al inicio del primer párrrafo de la página. Locuras, manías, tonterías que no hacen daño a nadie.

Tampoco quiero contar mucho de la trama para no destripar nada, pero empieza con la cumbre de Oslo entre judíos y palestinos y la llegada del presidente de EE.UU. Por una circunstancia, y para quitárselo de enmedio, ascienden a Harry Hole, el protagonista, a comisario en el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) a un puesto sin mucho trabajo. Allí empieza a seguir la pista de una serie de hechos en contra de la opinión de sus superiores. No cuento más.

Ya os dije que aparece la segunda guerra mundial, aunque no es el tema principal. Aparecen soldados voluntarios noruegos en las Waffen SS luchando contra los rusos. Una historia de amor con una enfermera en Viena. Un médico malo que la quiere para él. En fin, bastante trillado, pero igualmente interesante.

Cada capítulo empieza indicando el día y el lugar donde sucede la acción. A mí no me viene muy bien, porque cuando hay saltos en el tiempo en días cercanos no me acuerdo de qué día era el del anterior capítulo o si era antes o después, pero eso es por mis limitaciones y mi memoria de pez (luego volveré sobre esto).

La investigación se mueve entre neonazis, la pista de un rifle para matar hipopótamos, un inspector malísimo, que nosotros lo sabemos, pero nadie más, en fin, que engancha. Harry es un poco desastre con su vida. Es alcohólico intentando rehabilitarse. Nos lo encontramos casi rehabilitado, pero ocurre algo que le hace volver a beber. También conoce a una mujer de la que se enamora y que no entiende por qué ella se fija en él. Le gusta ver Supervivientes y va al gimnasio por consejo de su compañera de trabajo. Cuando lo ascienden deja de tener compañera, pero sigue llamándola y molestándola a horas intempestivas.

Bueno, que no quiero dar más pistas para no desvelar nada, pero que es un libro muy entretenido, de esos que enganchan y que no puedes dejar de leer, cómo vas viendo lo que va a pasar en algunas ocasiones, en otras te sorprende, te lleva por pistas falsas... va habiendo crímenes que no se sabe si están relacionados o no. Lo que se espera de una novela negra. El final es un poco peor, aunque está bastante bien, es un poco endulzado.

Ya estoy viéndo cómo hacerme con el siguiente libro de la serie. Ahora me estoy leyendo 'The General Book of Ignorance'. Éste me llamó la atención porque en la portada ponía que la nueva edición tiene un '27% más de ignorancia' y me hizo gracia. Es un libro de estos de curiosidades en el que descubres que casi todo lo que sabías es falso y te descubre cosas sorprendentes. Un libro muy para ingenieros. Según parece este libro está hecho a partir de un programa de la BBC que se llama Qi y debe ser un concurso. Parece ser que lo presenta el Peter de 'los amigos de Peter', Annie os diría su nombre, pero yo no tengo ni idea de cómo se llama.

Cuenta cosas como que los peces tinen una memoria bastante más larga, de varios meses, y no de segundos, cuál es el animal más peligroso, ¿matan las marmotas a personas?, de dónde era Marco Polo, quién inventó el Champán, cuál es el material más abundante en el mundo, a qué huele la luna, qué animales están mejor dotados sexualmente... En fin, muy divertido y se aprende (o desaprende) mucho. Según dicen el libro está traducido al español, pero yo me estoy leyendo la edición en inglés. Ya os hablaré de él a no mucho tardar.

Begin the beguine

Nuestra casa da a dos patios. Un patio grande, creo que ya lo he contado, que a mí me recuerda al de ‘La ventana indiscreta’. Es silencioso. Desde el sofá del salón vemos un montón de ventanas y la gente que pulula al otro lado. Es curioso y a veces divertido. Tenemos fichados algunos personajes dignos de observación.

El otro patio es pequeño. A él dan la cocina y la habitación de los niños. Limitamos con nuestros vecinos de escalera y con otros desconocidos del portal de al lado. Este patio es más pequeño y, por ello, más ruidoso. Se oyen los coches que suben por la rampa del garaje, las lavadoras que acaban, los teléfonos que suenan... Tampoco es que sea un follón con un ruido insoportable, vecinas que se hablan a voces mientras tienden o gente que discute a gritos, no. Solo es que a través de él se oyen las rutinas ajenas. Hay unos niños que cenan más tarde que los nuestros y suelo oírles cenar cuando me preparo la mía.

Ayer, curiosamente, había más calma de la habitual. Buscaba qué cenar mientras recogía algo y se coló 'Begin the beguine' por la ventana del patio. Un vecino silbaba. ¿Un vecino? Tal vez fuera una vecina pero no sé por qué siempre que oigo un silbido pienso que será un hombre. A lo mejor es porque desde que me pusieron los brackets ya no sé silbar, y eso que hace años que me los quitaron. El caso es que oírlo me hizo ponerme a tararear. Él silbaba y yo tarareaba. Cada uno a su ritmo.

Supongo que a estas alturas ya sabéis cómo me gusta Cole Porter. Esta canción me encanta. He conseguido desengancharla de la peli de Garci, que me parece un petardo (esa peli en particular). Así que al oírla me envuelvo de su aire melancólico y me doy un punto peliculero. Y pienso en que, al menos una vez, me gustaría vestirme como se vestían entonces (la canción es de 1934), cogerme del brazo de ND e ir a algún sitio de esos con orquesta en vivo, rodeados de gente elegantemente vestida, sentarnos en una mesa de cara a la orquesta y beber champán y salir a bailar. A bailar 'Begin the beguine', claro.

Y allí estábamos, yo tarareando y él silbando. Y se me ocurrió que si yo supiera escribir tal vez sería bonito hacer una historia de dos vecinos desconocidos que cada noche dan un recital de Cole Porter mientras preparan la cena. Cada uno en su cocina. Y cómo van pasando los días y aumentando su repertorio de dúos. Y cómo poco a poco se dan cuenta de que esperan cada noche que llegue ese rato. Y que tal vez algún otro vecino les escucha y se sonríe. Y piensan que puede que se hayan visto las caras muchas veces por el barrio pero no saben que ese que se cruzan en la panadería es quien les acompaña cada noche un ratito mientras se imaginan vestidos de largo en una sala de baile de los años cuarenta, casi en blanco y negro.

Pero como no sé, pues aquí os dejo la letra y la canción. Tararará rarararaaaa…

When they begin the beguine
It brings back the sound of music so tender,
It brings back a night of tropical splendor,
It brings back a memory ever green.
I'm with you once more under the stars,
And down by the shore an orchestra's playing
And even the palms seem to be swaying
When they begin the beguine.
To live it again is past all endeavor,
Except when that tune clutches my heart,
And there we are, swearing to love forever,
And promising never, never to part.
What moments divine, what rapture serene,
Till clouds came along to disperse the joys we had tasted,
And now when I hear people curse the chance that was wasted,
I know but too well what they mean;
So don't let them begin the beguine
Let the love that was once a fire remain an ember;
Let it sleep like the dead desire I only remember
When they begin the beguine.
Oh yes, let them begin the beguine,
make them play Till the stars that were there before return above you,
Till you whisper to me once more, Darling, I love you!
And we suddenly know what heaven we're in,
When they begin the beguine

Mi Madrid

Ya he comentado más veces que llevo más años viviendo en Madrid que en Ávila, pero que no me siento madrileño. No es que no me guste Madrid, que tampoco es que me arrebate. Me gusta, desde luego me gusta más vivir aquí que vivir en Ávila. Lo que digo es que no me siento madrileño. Puede parecer algo raro, es que yo lo soy, aunque de eso ya os habéis dado cuenta y, si no, es que vosotros también sois raros. Me pasa un poco como a los catalanes o vascos que salen diciendo que no se sienten españoles (y yo suelo contestar a la televisión (Sí, es un síntoma de locura), pero es que lo eres!!).

Pues eso, soy madrileño sin sentirme madrileño. No sé explicarlo mejor, pero cuando era pequeño en Ávila, la ciudad me pertenecía de alguna manera y además tenía anclajes emocionales que en Madrid no tengo. Bueno, voy teniendo, pero no los mismos que tengo con Ávila. Tengo amigos en Madrid que son de Madrid y que son de fuera de Madrid. Al principio casi todos eran de fuera, otros estudiantes de Ávila, los compañeros de la residencia. Mis suegros son de Madrid, aunque no vivan en Madrid y mi madre quiere comprarse una casa aquí.

He vivido en varias zonas de Madrid. Cuando vine a estudiar estuve en una residencia universitaria cerca de la plaza de Cristo Rey, en Cea Bermúdez. Estuve allí varios años y mi Madrid era la zona de Moncloa, los cines de Gran Vía (entonces había muchos más), la plaza de los cubos y Fuencarral. La casa del Libro, la fnac. Bilbao, Malasaña. En fin, mi radio de acción era más bien limitado y casi nunca pasé al este de la Castellana. De la residencia me fui a un piso por allí cerca, al lado de lo que ahora son los teatros del canal, aunque entonces era un solar. No cambió mucho los sitios por los que me movía. Seguía al oeste de la Castellana. Entonces conocí a Anniehall y pasé al otro lado de mi frontera madrileña, al lado desconocido. Vivimos al lado del Retiro, en donde ahora viven mis cuñados, pero poco tiempo porque el piso lo iban a arreglar y nos fuimos a la zona de Colombia, cerca de la plaza de José María Soler. Una zona totalmente nueva en la que no hicimos mucha vida de barrio. Todavía no estábamos casados, sino arrejuntados y el piso lo compartíamos con P., que creo que nunca ha entrado en el blog.

Volvimos al apartamento frente al retiro y estuvimos allí un tiempo. Los padres de Anniehall nos vendieron un piso en el barrio de Prosperidad que había comprado el abuelo de Anniehall mostrando una gran clarividencia. Es el piso en el que vivimos ahora, al lado de la A-2 y de la M-30. Es un barrio, barrio con sus tiendas, sus supermercados, sus parquecitos, sus cervecerías con terraza... esa parte me gusta mucho. No me gustaría (así, a priori, a lo mejor luego me encantaba) vivir en un barrio residencial en el que hubiera que ir en coche a comprar el pan o unas cervezas. Incluso ahora voy al trabajo andando, cosa que en Madrid es extrañísima.

No he vivido mal en ninguna parte y he sido más que moderadamente feliz en todas ellas, pero creo que me faltan vínculos emocionales con todas ellas. Es un poco extraño y creo que no me explico bien, lo cual no es ninguna novedad. Creo que lo que me falta es relaciones personales en Madrid, amistades en mi barrio, amigos-vecinos o cosas así. En mi edificio la media de edad deben ser 60 y pico años y, aunque sé el nombre de algunos vecinos y los saludo a todos (no todos me saludan a mí) y hay un buen trato, nunca serán mis amigos. Es rarísimo ir por la calle y saludar a alguien. Ahora con los niños y el cole no es tan raro, pero sigo sin sentir 'raíces madrileñas'. Por otro lado es una de las grandes cosas de Madrid, que a nadie le importa lo que hagas, que no hay murmuraciones ni cotilleos constantes como en Ávila.

Releo lo que he escrito y no parece que nadie vaya a entender lo que quiero decir. Estoy a gusto en Madrid, pero a la vez no siento que sea mi ciudad, o lo que yo siento cuando estoy en Ávila o, más bien, lo que yo sentía cuando vivía en Ávila.

En fin, que tampoco es una angustia existencial, ni que me moleste el aire contaminado, no. No sueño con irme a un pueblo perdido y abrir una vaquería y cortar mi propia leña ni cosas así... yo soy bastante urbanita, por no decir que totalmente, pero el madrileñismo es un sentimiento que no tengo. Soy así, ¿qué le vamos a hacer?