Relámpagos

Me he leído en un suspiro Relámpagos de Jean Echenoz. De este autor me leí uno que escribió sobre Zátopek. Aquí usa el mismo estilo narrativo. Por ejemplo, usa mucho el nosotros. Es también muy breve (160 páginas) y también es una biografía novelada. En este caso de Nikola Tesla, uno de los inventores más carismáticos y raros que ha habido. Últimamente hay varios libros sobre Tesla y se habla de él con cierta frecuencia. De todas formas supongo que para un no-ingeniero (ese concepto tengo que explotarlo en algún post) el nombre de Tesla le dice poco.

Tesla fue el gran impulsor de la corriente alterna que hay está universalmente presente. Gracias a Tesla los generadores de electricidad pueden estar separados de los puntos de consumo, por ejemplo.

De todas maneras, en el libro se le llama Gregor e indica que, aunque basada en la figura de Tesla, es una obra sin pretensiones biográficas. Eso es totalmente falso, porque si hay una pretensión, es la biográfica. No sé si habrá algún problema de copyright o como la película que vi el otro día sobre la matanza de Columbine en la que pone que los personajes son ficticios y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia...

Tesla es el científico loco que todos podemos imaginarnos. Alto y delgado, con bigote, de difícil trato. más preocupado por sus inventos que por el dinero que puedan proporcionarle, maniático respecto a la limpieza, con una compulsión a contar todo lo que veía, incluso el tiempo, amigo de las palomas, creyente en los extraterrestres...

En fin, una joyita. Su vida también es muy interesante. Nació en el imperio Austrohúngaro, en Croacia y fue un niño prodigio desde pequeño, iba a dos cursos por año. Le gustaba desmontar y montar relojes y cuenta en el libro que "sin duda para solventar ese asunto del tiempo que le tiene obsesionado, se dedica en cuanto puede a desmontar todas las péndolas y relojes de la casa, por supuesto para montarlos acto seguido, pero observando no sin rabia que, si bien la primera etapa de tales operaciones funciona siempre, el éxito de la segunda es mucho más infrecuente". Gran verdad que sabemos cualquiera que en algún momento ha dado un paso en el vacío desmontando algo que no se sabe qué es lo que tiene dentro. Muy ingenieril también.

Se marcha a EE.UU. donde lo contrata Edison (sí, el de la bombilla). Por aquel entonces Edison proporcionaba corriente contínua a las casas alrededor de su laboratorio y el sistema parecía poco sostenible. La empresa, General Electric -a lo mejor habéis oído hablar de ella- le contrató como aprendiz y solucionó muchos problemas, pero terminó despidiéndolo cuando solucionó un problema por el que Edison le dijo que le pagaría 50.000 dólares y cuando lo hizo le dijo que estaba bromeando. Se fue a ver a otro señor de apellido Westinghouse -a lo mejor también os suena- y desarrolló el sistema eléctrico tal como lo conocemos hoy en día. Electrificó la exposición mundial de 1892 en Chicago y la primera ciudad de EE.UU., que fue Buffalo.

Una cláusula de su contrato con Westinghouse estipulaba que le deberían pagar dos dólares y medio por cada caballo de potencia instalado. Ese contrato se olvidó y un día llegó el señor Westinghouse diciéndole que si hicieran caso al contrato tendrían que pagarle 12 millones de dólares, de los de principio de siglo, y que eso significaría la quiebra de la compañía. No os digo lo que hizo el señor Tesla, leedlo.

Un libro muy interesante, muy entretenido, muy ameno y muy corto. Yo me lo he leído en un día. Y es que Tesla es mucho Tesla. Os pongo unos parrafitos:

"tiene que calcular —metódica pero instantáneamente, dado que es ducho en el asunto— el volumen exacto de cada uno de los platos, el contenido de cada vaso y la carga concreta de cada tenedor y de cada cuchara. Estos cálculos, tanto más necesarios cuanto que sin ellos estaría desganado, son incluso los que en puridad le permiten alimentarse. Porque comer, aparte de eso y de no ser por eso, tampoco es algo que a Gregor le entusiasme."

"cuenta el tiempo sin desmayo desde hace cincuenta años. Cuando mira el reloj cada treinta y tres minutos lo hace tan sólo para comprobar, pues siempre sabe con precisión la hora que es, a cada instante, posee el reloj absoluto como otros el oído."

"Cuando debe atender gestiones u obligaciones, la mujer se encarga de contestar a sus seis llamadas diarias para dar cuenta del estado de la paloma, a la que debe asimismo alimentar según un régimen cuidadosamente dosificado. Una selección de grano fresco y variado se halla depositada permanentemente en la habitación."

"Ocupan la pared de enfrente las jaulas que albergan a sus huéspedes, igualmente elaboradas por ese artesano, que incluso ha confeccionado, según los planos de Gregor, una pequeña ducha equipada con cortinas de la que disfruta cada paloma tres veces por semana."

Respecto a la traducción tengo poco que decir, salvo esta expresión que aparece: "más gilipollas que el catoblepas" que no tengo ni la más remota idea de qué puede querer decir, salvo que era muy gilipollas, supongo. ¿Alguien había oído alguna vez esa expresión? Se agradece información al respecto.

Ahora estoy empezando En el Jardín de las Bestias que es sobre el embajador americano en el Berlín de Hitler. Lo tenía en inglés desde hace más de un año con la intención de leérmelo, pero el hombre propone y Dios dispone y ars longa vita brevis y todo lo que queráis. No me da la vida para leer todo lo que querría.


Más triste que un torero al otro lado del telón de acero

Este verso de una canción de Sabina se me ha venido a la cabeza a raíz de este libro que acabo de leerme: El maestro Juan Martínez que estuvo allí de Manuel Chaves Nogales (el de la foto).

Con Manuel Chaves Nogales he ido de menos a más. El primer libro suyo que leí no me gustó excesivamente. El de Belmonte me encantó, pero este es alucinante. No aparece ese estilo apolillado que le he notado en otros libros y que me echaba un poco para atrás y es, además, interesantísimo.

Tengo que decir que me lo compré en versión de ebook en la Casa del Libro porque era más barato que en Amazon, lo cual es una buena noticia. También es una buena noticia que aunque aún me parece que se paga demasiado por la versión electrónica, han ido bajando poco a poco. Así, este libro en papel cuesta 17.95€ y en digital 7.49€. Poco a poco va habiendo unas diferencias más notables al respecto de unos y otros, aunque eso depende también mucho de la editorial.

El libro está contado en forma de autobiografía igual que el de Belmonte, de manera que el narrador es el protagonista. En este caso es Juan Martínez, bailaor de flamenco y artista de variedades de Burgos. Sí, sí, de Burgos ¿o es que en Burgos no se baila flamenco?

Está casado con Sole que es su compañera de espectáculo en esto de las tablas. El libro comienza en París donde tienen cierto éxito y a donde les llega una oferta para ir a actuar a Constantinopla. No se lo piensan mucho y para allá que se van. Ahí empiezan sus males porque al poco de llegar comienza la primera guerra mundial y tiempo después Turquía se une a Alemania y los Alemanes se hacen los amos del lugar. Después de que un jerifalte alemán le acuse de espía, cosa que no era, más por ligarse a su esposa que por otra cosa, deciden escapar. Pasan con penalidades por Bulgaria, llegan a Rumanía que aún no ha entrado en guerra y la entrada de los rumanos en harina los pilla allí. Como todo se va enloqueciendo terminan decidiendo irse a Rusia, donde está la revolución, pero que parece que no va mucho más allá.

Por supuesto que las cosas van a mucho más y esta es la parte central del libro de la que tampoco os quiero destripar mucho, pero que me ha hecho darme cuenta de que de la revolución rusa sé muy poca cosa. Yo tenía la idea de que había estallado en 1917 y que había durado poco, pero en realidad duró unos cinco años y había sitios, por ejemplo Ucrania y en particular Kiev que fueron conquistados una y otra vez por los bolcheviques, los ucranianos, los blancos e incluso por los polacos a lo largo de todos esos años.

El libro cuenta todas las andanzas, todas las veces que escapó por los pelos de la muerte (y no fueron pocas), las crueldades de uno y otro bando, el hambre, la desesperación, la injusticia y la arbitrariedad de las que fue testigo. Es un libro buenísimo del que se aprende un montón. Es ameno, tiene un cierto cinismo y humor negro, sensatez... es HIPERrecomendable. Para aquellos de vosotros que compartimos lecturas ya sabéis donde encontrarlo.

Os pongo unos párrafos, como siempre:

"¡Ah! No se sabe nunca a qué extremos puede llevarnos el instinto de vivir; hasta dónde llega el egoísmo. Nadie sabe lo egoísta que es mientras no llega el caso, y a quienes se hagan la ilusión de creer que en aquellas circunstancias hubiesen hecho algo mejor de lo que yo hice —volver la cara al otro lado—, yo les pondría en una de aquellas calles de Odesa durante los años del hambre, cuando centenares de criaturas, abandonadas por sus familiares, muertos de hambre o de tifus, esperaban a morir acoquinadas en los portales."

"Aprendí entonces que no es verdad que las revoluciones se hagan con hambrientos. Cuando se tiene hambre no se es capaz de nada. Ni de protestar siquiera."

"Había tanta hambre que cuando caía una caballería muerta en medio de la calle, los hombres, como chacales, se precipitaban sobre ella, y en quince minutos dejaban monda y lironda la osamenta de la bestia, como no lo hubiese hecho mejor una bandada de buitres."

"Le despedí amablemente. Pero procuré no darle la mano. Bolchevique o burgués, el hombre no debe hacer ciertas cosas. Y si las hace, pues eso: uno no le da la mano."

"Esta desmoralización del ejército blanco fue lo que puso a mucha gente del lado de los rojos. ¿Porque se creyera que los rojos eran mejores que los blancos, menos sanguinarios y tiránicos? No; no había que hacerse ilusiones. Sencillamente, porque los rojos pasaban hambre al mismo tiempo que la población civil y los blancos no. Esto fue, aunque parezca mentira, lo que hizo inclinarse la balanza, y, al fin y al cabo, decidió la guerra civil. A los ojos del pueblo, empobrecido y hambriento, tan feroces aparecían unos como otros; si tiranos eran los blancos, más lo eran los rojos y tanto desprecio tenían por las leyes divinas y humanas éstos como aquéllos. Pero los rojos eran unos asesinos que pasaban hambre y los blancos eran unos asesinos ahítos."

"Basta decir que las botellas de agua que teníamos debajo de la cama estallaban al congelarse mientras dormíamos."

"Yo, que no he podido nunca sufrir con paciencia esto de que un hombre pegue a otro impunemente, porque por algo soy español, y que lo que más odiaba de la Rusia zarista era la facilidad con que los de arriba pegaban a los de abajo, no me explicaba cómo después de haber hecho una revolución para acabar con el látigo de los oficiales y los aristócratas aquel japonés, hijo de mala madre, cruzaba la cara con su fusta a los pobres del mercado de Kiev en nombre del comunismo. Pero, como ya he dicho, yo las cosas de la política no las entiendo."

"Uno cree que esto de morir es más complicado y difícil. Se imagina las ejecuciones como algo terrible y solemne. No hay tal cosa. Los bolcheviques mataban, sencillamente, porque creían que había que matar, sin concederle ninguna importancia. Les aseguro a ustedes que yo ahora, al recordarlo y contarlo, me emociono mucho más que entonces, cuando lo estaba viviendo. Se han contado muchas historias truculentas de la Checa. Todas pueden ser verdad."

"Lo peor de todo era que a veces pasaban petardeando la calle unos camiones cargados de combatientes, que disparaban a granel contra la pobre gente que estaba en la cola: viejos, niños y mujeres, y algunas veces vi caer al que estaba delante de mí y al que estaba detrás, mientras yo me palpaba el cuerpo extrañado de haberme quedado en pie. Y, en definitiva, un poco contento, porque había ganado un puesto en la cola y tenía una probabilidad más de alcanzar el panecillo."

"Sospeché que lo que había hecho era suplantarme, y así se lo dije; pero me juró por la salud de su hija que no me había engañado, y tuve que resignarme. Yo no soy supersticioso, pero en Moscú dejamos enterrada a la hija. Dios le haya perdonado."

Según he encontrado en este blog, parece ser que se publicó por entregas en un periódico, merece la pena que echéis un vistazo.

Ahora me extoy leyendo Relámpagos de Jean Echenoz, del que ya me leí el de Zatopek. Este es sobre Nicola Tesla (link para los no igenieros) y creo que va a ser muy interesante, ya os lo contaré, mientras haceos un regalo aprovechando la feria del libro que muy bien podría ser este del que os he hablado.


Los sueños, sueños son

Hoy voy a contar algo excepcional, algo tal vez desconcertante. Puede que algunos de vosotros me retiréis la palabra, pero me debo a mis obligaciones y tal vez este post en un futuro, cuando vaya a la consulta del psiquiatra, pueda serme de utilidad.

He de empezar diciendo que yo prácticamente nunca recuerdo lo que he soñado. Hay gente que sí y gente que no. Yo soy de los que no. Por eso me resulta revelador acordarme de algún sueño, asomarme a ese totum revolutum que debe ser mi cerebro cuando yo mismo no estoy atento a sus evoluciones.

Lo que pasa que es que cuando consigo acordarme, como es el caso que nos ocupa, es casi para decidir que es mejor cubrir mis sueños con ese manto de misterio que provoca la ignorancia porque el sueño de hoy ha sido realmente extraño.

Para empezar he de decir que en el sueño era un director de orquesta. Estaba con una orquesta y con nuestro representante o manager o como quiera llamarse en Uzbequistán. ¿Quién no ha estado alguna vez en sueños en Uzbequistán? Eso ya empieza a sonar un poquito raro, ¿no?

El caso es que teníamos que tomar otro vuelo y yo llegué a Tayikistán, a su capital que sé que se llama Dusambé, pero en el sueño no tenía ni idea (la foto del post es un lago tayico que he buscado en google), y de allí me dirijo a una sala de conciertos y me pongo a dirigir a la orquesta mientras yo bailaba. Además cada uno iba vestido como Dios le daba a entender. El hecho de que fuera una orquesta diferente porque con los que yo iba no aparecían no me chocó como raro mientras soñaba. Llegué y me puse a tocar en un teatrillo blanco con molduras barrocas a una orquesta de unas veinte personas.

Cuando se terminó el concierto había como una recepción en el mismo escenario y había allí mismo una puerta a la calle. Yo me salí para ver si cenaba y me metí en un centro comercial que estaba cerrando y donde vendían quesos de bola grandes que estaban como en un corral, pero que no compré. Ya escamado llamé a mi mánager que me dijo que todos los demás estaban en Túnez y que cómo había ido a parar allí, que tenía que reunirme con el resto, pero que el vuelo Tayiquistán-Túnez iba a ser complicado. Que casi mejor que como tenía que ir a Estados Unidos a ver a mi madre, que ya si eso me iba desde allí directamente...

Y ahí me asaltó la duda de si sería más rápido viajar a Estados Unidos desde Tayiquistán hacia el Este o hacia el Oeste. En esas estaba cuando ha sonado la alarma del despertador de Anniehall.

A todo esto hay que sumarle una serie de visiones así tipo google earth en la que iba haciendo zoom por la ciudad, mis conversaciones con los taxistas, con la gente de la orquesta y una sensación de estar despierto y de que todo eso era totalmente cierto y factible.

No era una pesadilla, yo estaba algo nervioso porque no entendía cómo había llegado allí, pero no era agobiante. Simplemente pensaba en comer y en conseguir canjear mi billete de avión por otro. Además tenía unas panorámicas de la ciudad súpercurradas. Había edificios en obras, uno en particular que era grandísimo y con forma de espada, calles, cuestas, mercados, plazas... El sitio donde fui a tocar era algo parecido a la estación de Chamartín.

En fin, esta mañana estaba maravillado de acordarme de todo esto con total claridad. Es algo extraño y por eso lo pongo aquí. Sé que esto va a perjudicar la idea ya bastante lastimosa que tenéis de mí, pero creo que es un sueño que debe quedar aquí marcado para que mi yo futuro pueda entender de dónde le vienen los males.

Y terminaré con los versos de la Vida es Sueño que será lo más inteligente y grato de todo este post:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra una ficción
y el mayor bien es pequeño
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Yo, perdóneseme la osadía, añadiría un estrambote:

Y si estás en Tayikistán
acuérdate de llevar pan.

Por alusiones

Ayer algunos de vosotros, nunca suficientemente loados lectores, se llevó una pequeña desilusión porque el post que escribí no fuera sobre Paco de Lucía. Es mucho lo que debo a Paco de Lucía y es más que cierto que se merece un post. Además, durante el fin de semana puede que os apetezca más oir y ver los fragmentos que voy a poner.

Paco de Lucía fue para mí mi puerta de entrada al flamenco. En mi casa nunca se había escuchado flamenco y el flamenco no era algo bien visto. A mí me gustaba la guitarra flamenca, aunque no los cantes. Poco a poco eso fue cambiando y ahora el flamenco me gusta bastante, aunque he tenido épocas de más fervor que la actual.

Además llegué a Paco de Lucía por, digamos, la puerta de atrás, o no por el flamenco. A través del jazz y en concreto a través de un disco que se llamaba Friday Nights in San Francisco en el que tocaba junto a John McLaughlin y Al DiMeola. Era un disco de virtuosismo guitarril que a mí me impactó bastante:



También me hice con un disco de Paco de Lucía en el Teatro Real que he visto que en Amazon se cotiza a 80€ la pieza. Es una auténtica maravilla. Cualquiera que lo haya oído lo sabrá. Podéis poner en la página del enlace los zapateados o los fandangos y deleitaros.

A partir de ahí me fui metiendo más y más y al comprar discos, como es lógico, no todas las canciones eran exclusivamente instrumentales y poco a poco le fui cogiendo gustillo a aquello del cante. Por supuesto que empecé por Camarón, como no podía ser de otra manera. Me encanta. Os pongo un vídeo que he encontrado en youtube con una pequeña entrevista al principio con el Quintero.



Después seguí adentrándome en la guitarra flamenca con Manolo Sanlúcar, Tomatito, Vicente Amigo, Juan Manuel Cañizares... Por el cante también fui conociendo a Carmen Linares, Enrique Morente, José Mercé, El Cigala, Estrella Morente, Miguel Poveda...

También llegué a interesarme por la guitarra clásica española con Narciso Yepes y por la guitarra portuguesa con Carlos Paredes, perdonadme, pero no hay página en español en la wikipedia. Grandísimos artistas.

Aunque hace ya tiempo que no investigo mucho más, me quedo con lo que me gusta y soy poco de seguir abriéndome caminos musicales. No me pasa solo en el flamenco, es algo general.

La guitarra tiene algo que me atrae, me gusta. No sabría decir qué es, la verdad, pero estoy casi seguro de que todo lo que se le puede sacar a una guitarra se lo ha sacado este hombre:



Y yo se lo agradezco, faltaría más.

Cantes de ida y vuelta

No sé si os he comentado, seguro que sí porque ya llevamos más de 450 entradas, que yo voy a trabajar andando. Ir a trabajar andando en Madrid es un privilegio enorme. Eso lo sé y es una de las cosas que valoro para seguir trabajando aquí. Estoy cerca de casa, del colegio de los niños, en el centro de Madrid, bueno, eso es discutible porque el centro de Madrid es algo difícil de definir, pero, vamos, en la Castellana.

Todos los días voy y vuelvo andando de casa al trabajo y del trabajo a casa. Bueno, todos los días no, cuando llueve voy en metro, aunque tardo prácticamente lo mismo al menos no me mojo. Incluso cuando aprieta el calor y tengo jornada de verano, a las tres y pico, como un campeón, me enfrento a atravesar la Avenida de América a pleno sol que eso sí que es de héroes o de locos. Ni un árbol, solo unos que hay en macetas, en toda la plaza. El infierno debe ser algo parecido a atravesar esa plaza a 40 grados mientras revolotean a tu alrededor unos cientos de niños de tres y cuatro años chillando. Al menos yo no puedo imaginarme nada peor que se repita durante toda la eternidad... (tiemblo de pensarlo) y eso por no mencionar el sudor bigotil que dentro de nada será mi compañero inseparable de trayecto.

Como casi siempre me he ido por los cerros de Úbeda y no era de esto de lo que quería hablar, ustedes me perdonen, pero después de haberme tomado un montado de jamón -otro inciso, los que no tenéis jamones en el curro ¿cómo lo aguantáis?, cierro el inciso- y tengo un cierto estado de euforia matutina que tiene a mis neuronas funcionando a todo trapo. A lo que iba es a que los seres humanos somos animales de costumbres. De costumbres y de horarios. Así que en mi ruta habitual, hay puntos más o menos exactos, en los que me cruzo con personas singulares a las que les tengo echados el ojo y que cuando no me las encuentro durante un tiempo, pues las echo en falta. Hay, por ejemplo, un señor con el que me cruzo casi siempre entre el intercambiador de Avenida de América y María de Molina que me recuerda a Paco de Lucía.

Tiene su calva prominente y el pelo lacio y largo alrededor de esta. Y yo me lo imagino con la guitarra tocando unas alegrías o algo así. Además me acuerdo del sketch ese de Martes y Trece de a Paco le lucía:



Una tontería, lo sé, pero es mejor no asomarse a los abismos insondables de la mente humana porque no sabes lo que puedes encontrarte por ahí.

También me encuentro a una señora, bueno, a ver como digo esto... iba a decir mayor, pero es que nosotros también vamos teniendo una edad... diría de unos cincuenta y cinco años o así que va siempre con una cara super seria, incluso triste.

Otras veces me cruzo con camiones de reparto mal aparcados en la acera, hay uno de schweppes que deja poco sitio para pasar y siempre pienso en robarle una caja de tónicas. Al momento pienso que a dónde iba yo andando con una caja de tónicas por Avenida de América, pero el pensamiento me viene. Ya os digo que no conviene profundizar en la mente humana y menos en la mía.

Y al final vamos llegando a donde quería llegar y es que desde hace unas semanas, desde la llegada del buen tiempo, pongamos por caso, me cruzo en mi calle con una señora o señorita que tiene un escote que deja en vergüenza al de Alaska:

Y me llama la atención, ¡qué queréis que os diga! Porque recato, poco la verdad. Lleva unos escotes tremendos, tiene unas tetas tremendas y van dando unos botes tremendos y yo, que no soy muy de fijarme en la gente por la calle, en esta sí que me fijo, sí.

Y eso es lo que quería contar, ya ves tú que tontería...

35 a los 36

Le he robado esta idea a Bichejo aunque voy con un poco de retraso (casi una semana). A ver si me salen porque tengo una memoria horrible y 35 son muchas cosas:

  1. Berlín. Un viaje estupendo que se nos hizo corto. Los dos solos además.

  2. Tenerife. Otro viaje fantástico. Con muy buena compañía familiar y en un sitio espectacular.

  3. Nuevas amistades. Flechazo con Bich y N. Y mis amigas del lado oscuro, claro.

  4. Aumento de la familia. Mi cuñada aguantó el tirón y mi sobrino nació la noche que celebré mi 35 cumpleaños. Dentro de nada hace un año y está para comérselo.

  5. El lado oscuro. Lo reconozco, me ha atrapado y, sin saber muy bien cómo, me he visto ante 150 niños de entre tres y seis años vestida de zanahoria ¡dos veces! y de elefante una. Si me dicen esto hace dos años… No sé si esto me costará la excomunión del grupo bloguero pero, oye, que me quiten lo bailao.

  6. La costura. He sido capaz de hacer un vestido a C y estrenar la máquina de coser que me regalaron hace año y pico.

  7. C ha aprendido a leer.

  8. J le va cogiendo el gusto a pintar y ¡nada sin manguitos!

  9. He recuperado el ritmo lector. Con altibajos pero voy recuperándome.

  10. Abandono (casi) del blog. Mal.

  11. Mucha vida social. Estaba necesitando como respirar salir más de casa, hacer algo que no estuviera relacionado con niños, trabajo y ND. Mucha actividad sin ND, muy necesaria, y algo menos con ND. Pero iremos mejorando la proporción a favor de ND. O eso espero. Empezó el año anterior pero desde enero llevo un ritmo alucinante.

  12. Las quedadas blogueras. Merecen mención aparte porque son la risa. Aunque últimamente nos estamos desmandando y nos saltamos alguna cita mensual. Mal, chicas.

  13. Pinturitas. Aproveché muy bien uno de mis regalos del treinta y cinco cumpleaños (gracias otra vez) y me maquillo mucho mejor. La parte mala es que me ha creado necesidades que antes no tenía.

  14. Alaska y Mario. Empezó una semana antes de mi 35 cumple pero yo me enganché ya empezado. Ha sido de las cosas más divertidas que he visto. La primera temporada mucho más.

  15. Unos cuantos kilos menos. Antes del verano pasado me puse estupenda sin grandes esfuerzos. Conseguí meterme de nuevo (siete años después) en alguna talla 42.

  16. Y otros pocos kilos más. Aguanté estupenda hasta diciembre. Luego todo han sido propósitos de enmienda sin cumplir. No he recuperado mi peor talla de la historia (otoño de 2011) pero hay que mejorar.

  17. ¡¡Estuve en un Molicumpleaños!! Y sí, mola tanto como parece cuando ella los cuenta.

  18. Me cogí la peor borrachera de la historia (de mi historia, se entiende) en el susodicho Molicumpleaños. Incluyendo acabar dormida sobre la costilla de ND con las gafas puestas y la luz del baño encendida.

  19. La tableta. Ingreso en el mundo android que tantos quebraderos de cabeza me da con el teclado predictivo. Llego a casa y no me despego de ella.

  20. El curro. Por primera vez en once años, que son los que llevo trabajando, creo que se han reconocido mis esfuerzos. En el trabajo anterior no me pasó nunca. En nada haré cuatro años en este y por fin me han reconocido la responsabilidad, el esfuerzo, la dedicación y (por qué no decirlo) la buena calidad que busco en lo que hago.

  21. La cantidad de curro. He vuelto a soñar y a desvelarme por el trabajo. No por la incertidumbre, que también, sino por la cantidad de curro y algún jefecillo absurdo. No sé si no sería mejor ser masa peluda infravalorada que estrellita machacada.

  22. El acojone. Nunca había temido tanto por mi vida como este año. No físicamente sino a mi vida tal y como está ahora. Mejorable, desde luego, pero muy afortunada y envidiable en casi todo. Esta crisis en la que vivimos y la habilidad de nuestros dirigentes para manejarla me tienen en una montaña rusa que va desde la desesperanza y el no hacer nada por si acaso al viva la virgen y hagámoslo ahora que todavía podemos.

  23. La legalidad. He salido de la economía sumergida y me siento mucho más a gusto.

  24. El logopeda. Cuando ya casi no le hacía falta, mandaron a J al logopeda. Él iba a gusto pero para mí era un suplicio. Se quedaba dormido al ir y al volver, la sala de espera siempre estaba llena y hacía mucho calor, no te podías ir a ningún sitio porque era solo media hora...

  25. Sheldon Family de vuelta a Madrid. Por solo dos días puedo meter este notición en el cómputo de los treinta y cinco. Y es que me hace mucha ilusión tenerlos de nuevo tan cerca. Aunque luego nos juntaremos lo mismo o menos. Como si lo viera.

  26. Las salidas de los sábados en Ávila. No sé muy bien si quedó institucionalizado antes pero este año nos lo hemos tomado más en serio. Sábado en Ávila con niños colocados: a salir. De tapas, al cine o lo que sea pero se sale. Y está muy bien.

  27. Reposterexia: perfeccionamiento. Creo que nunca he aprendido tantas cosas sobre algo en tan poco tiempo. Y con tan buenos resultados. He encontrado un hobby con el que disfruto mucho. Y los demás también.

  28. Solterismo Premium. No es de luxe porque me toca currar, pero he aprendido a aprovechar muy bien mis dos semanas, una en verano y otra en navidad, de soltera sin compromiso.

  29. La no boda de mi ‘hermana’. Fue un fiestón que me dio mucha pena perderme pero me hizo mucha ilusión su no boda.

  30. Los tacones. Jamás pensé que diría esto pero me gustan… aunque los aguanto poco rato.

  31. Salamanca. Otra escapadita muy bien aprovechada.

  32. Soy una tuitera de pro: ya digo cosas como WTF y epic. Y ya no sé describir lo que siento si no es con :) XD o ;)

  33. La BB. Soy otra mujer desde que la uso. Una mujer con cara de no estar enferma.

  34. Sigo anclada en la prehistoria móvil ¡No tengo guasap! Para dolor de algunas y gran frustración de ND. A mí cada vez me da más rabia pero todavía no me compensa.

  35. Yipiyayeeee. Este vídeo que no sabía cómo colar en un post. No descarto dedicarle uno en solitario en el futuro. Por ahora lo dejo como colofón de un buen año. Yo pienso en él y me sonrío. Es mucho mejor que jarmoni an moistopandin



(Los retornos de carro extra en esta entrada son cortesía del cab... de blogger.)

Las cuentas aún me salen peor

Hace unos cuantos días os di la chapa con un post sobre las cuentas del Estado y el déficit y os ilustré sobre cómo me tocaba trucar números. Bueno, pues como no soy ningún experto en el tema, me la colaron y es que las argucias presupuestarias son miles. El caso tiene relación con las nuevas cifras de déficit de las administraciones públicas que se han conocido la semana pasada después del consejo de política fiscal y financiera. Ahí he caído en ver parte de la trampa, que es muy evidente, pero a la vez está muy bien escondida y es que cuando te dicen que el Estado o los presupuestos tienen un déficit del 8,9% lo que cualquier persona piensa es que gasta un 8,9% más de lo que ingresa, pero eso no es así. Resulta que es un 8,9% de déficit sobre el PIB de España. Eso significa un desajuste entre ingresos y gastos brutal.

Lamentablemente no hay muchos datos disponibles más que el resultado final, ese 8,9%, pero poco más se puede rascar. Lo más que he conseguido en internet es un pdf con la evolución de las recaudaciones entre 1999 y 2009 y es el que voy a usar de base para hacer los cálculos porque no tengo otra cosa.

El PIB de España en 2009 fue de 1.117.624 millones de euros, según esta página. Según el pdf de antes la recaudación por impuestos indirectos en 2009 fue de 71.136,3 millones de € y por impuestos directos 95.930,6 millones de €. Lo que quiere decir que los ingresos por impuestos, que al final es lo que cuenta, fueron de 167.066,9 millones de Euros.

Sobre esas cifras que son las que tenemos completas y de las que no nos habremos separado mucho, sobre todo de PIB, podemos calcular lo que significa un déficit del 8,9% sobre el PIB. Sería PIB*0,089= 99.486,5 millones de euros de diferencia entre ingresos y gastos. Es decir, que tendríamos unos gastos de 266.535,4 millones de euros con los ingresos anteriores. Dicho de otra manera tenemos un gasto del 159,5% sobre los ingresos. Es decir, gastamos un 60% más de lo que ingresamos, o lo que entendería cualquiera, tenemos un déficit, tomando los gastos como 100%, del 37,3%.

En fin, el copón bendito. Es que significa que nuestros gastos son un 60% más altos que nuestros ingresos. Poniendo por caso que cumpliéramos lo que dicen nuestros próceres que vamos a cumplir, esto es, un déficit del 4,4% del PIB... este año deberíamos 49.175,5 millones de euros más. O tendríamos un desequilibrio de cincuenta mil millones entre gastos e ingresos. Eso es austeridad y contención. Eso es esfuerzo. Lo digo con rechifla porque ese dinero que gastamos y no ingresamos alguien lo tendrá que pagar, por supuesto nosotros y por supuesto nuestros hijos. A lo mejor poniéndolo en pesetas nos hacemos una idea más cabal, a mí me pasa con los números grandes, el desajuste de este año es de más de ochocientos mil millones de pesetas.

¿Qué quiere decir? que o reducimos el gasto o subimos los impuestos. Si solo subiéramos los impuestos, para cuadrar este año, sigo refiriéndome a cifras de recaudacion del 2009, deberían incrementarse los impuestos (directos e indirectos) un 30%. Imaginaos la vida con un 30% menos de lo que ganáis ahora mismo. Con eso solo conseguiríamos equilibrar las cuentas. Luego nos intervendrán y ya sabéis lo que nos va a tocar porque, lamentablemente, nada sale gratis. ¿Austeridad? perdonad si me río.

Luis Cernuda

Voy a poner un poema de Luis Cernuda que me gusta mucho. Es uno de sus poemas más famosos y hoy me ha llegado un link retuiteado a un vídeo de youtube en el que el propio Cernuda lo recita.

Uno de los primeros libros que me regaló Anniehall cuando nos conocimos fueron las obras completas de Cernuda. Libro que, lamentablemente, está cerca de donde habite el olvido. Antes leía bastante poesía, pero hace tiempo (y por tiempo me refiero a años) que no cojo un libro de poesía y me dedico a leer y releer versos. Me he acordado de eso al oir este poema y os lo pongo por ver si os emocionáis al escucharlo como yo lo he hecho.




Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

When you wish upon a star




When you wish upon a star
Makes no difference who you are
Anything your heart desires
Will come to you

If your heart is in your dream
No request is too extreme
When you wish upon a star
As dreamers do

Fate is kind
She brings to those who love
The sweet fulfillment of
Their secret longing

Like a bolt out of the blue
Fate steps in and sees you through
When you wish upon a star
Your dreams come true

Fate is kind
She brings to those who love
The sweet fulfillment of
Their secret longing

Like a bolt out of the blue
Fate steps in and sees you through
When you wish upon a star
Your dreams come true

Pues eso, que pidáis un deseo. A veces se cumple, incluso sin haberlo pedido. Yo lo sé porque me ha sucedido.

¡¡¡Muchas felicidades, Bueni!!!

Que tengas un día maravilloso. Para mí todos los días contigo lo son.

Sí nos representan

Me vais a perdonar un post un poco cabreado, no siempre está uno para reírse. Además, mañana tocará post almibarado porque será el cumpleaños de Anniehall.

Tampoco voy a contar nada nuevo, nada que no haya dicho muchas veces, pero a cuenta del aniversario del 15M se dicen muchas cosas y yo voy a decir las mías.

Una de las que más me indigna es lo de "no nos representan" como si los políticos fueran una casta aparte de seres viles, ególatras, ladrones y embusteros que nos hubieran obligado a aceptar como en tiempos tuvimos que tragar con Fernando VII, por poner un ejemplo.

Yo pensaba que era así, que no nos representaban, que no eran el reflejo de nuestra sociedad, pero estaba totalmente equivocado. Los políticos son un espejo perfecto de nuestra sociedad. La foto del post es el estado en el que me encontré el parque de al lado de casa la mañana de San Isidro cuando fui con mis niños a jugar a los columpios. Todo invadido por plásticos, cristales, botellas y mierda a raudales. No me extrañaría que alguno de los que han dejado el parque así estuvieran indignados con los políticos sin pararse a ver la clase de ciudadanos que son. Sí, sé que serán chavales, pero eso no es excusa. Esos chavales tienen padres y me cuesta creer que en otros países esa sea la imagen que tiene la gente cuando se levantan por la mañana para ir a comprar pan o a correr unas cuantas manzanas o al ir al parque con sus hijos. No me lo imagino en Holanda o en Suecia, la verdad.

El caso es que somos una sociedad podrida de la que los políticos son nuestro perfecto escaparate, pero cuando nos vemos reflejados, nos negamos a ver la realidad y decimos que habría que acabar con todos, que había que cerrar las puertas del Congreso y prenderle fuego, que ya está bien de tanta tontería. Y creemos que eliminando los efectos, se acabará con las causas. Es lamentable, pero es así. Somos tan orgullosos que preferimos autoengañarnos y pensar que el reflejo que nos llega es una imagen deformada y grotesca de la realidad como los espejos del callejón del gato o los de las ferias.

Pero no, somos una sociedad en la que el escaqueo, el robo, la insolidaridad, la estafa, el amiguismo, la egolatría, la exigencia de derechos y omisión de deberes está a la orden del día y eso se calca en nuestra casta política.

Me leí hace unos años un libro que se llamaba La Casta en el que se relatan todos los gastos suntuarios e irracionales de los políticos en España. Creo recordar, aunque quizás la cifra no sea exacta, que decía por ejemplo que en España hay más vehículos oficiales y chóferes que en EE.UU., siendo este país 6 o 7 veces mayor en población y no sé cuantas en riqueza. Cuenta cómo se blindan, cómo se jubilan en las cajas de ahorros o en los consejos de administración, cómo se protegen unos a otros... Pero creo que el gran error es pensar que son la escoria de la sociedad y que nosotros somos otra cosa. Somos eso. Si tuviéramos ocasión, haríamos lo mismo.

Ya he contado como en una reunión de un proyecto europeo estaba hablando con un griego quejándonos de la mierda de políticos que tenemos y que nos han puesto en una situación que ninguno de nosotros considerábamos que fuese justa. En eso llegó un sueco y nos hizo ver con un "We the people" que somos nosotros los que permitimos que suceda, que estamos cómodos así. Que se puede demostrar que un señor recibía regalos en forma de trajes y saca aún más votos en las siguientes elecciones. Que un partido que ha repartido más de 600 millones de euros en pagar jubilaciones a amigos y simpatizantes vuelve a ganar las elecciones en su región. ¿Por qué? Porque no le damos importancia, porque entendemos que si estuviéramos en el cargo haríamos lo mismo, porque nos parece más importantes otras cosas en vez de la integridad o la obligación de decir la verdad.

Esto es algo recurrente y siempre que pasa algo así se dice en un país como EE.UU, algo así no se permitiría, o a los tres días estarían en la cárcel. No sé si sería así. El caso es que el otro día pillaron mintiendo en el currículum al actual consejero delegado de Yahoo. Y parece ser que tiene los días contados. Aquí en España el actual presidente del Gobierno mintió en la campaña electoral sobre sus medidas y en la última encuesta del CIS, el PP sacaría un 40 y pico por ciento de los votos sin resentirse en casi nada por el hecho de haber hecho lo contrario de lo que prometió en campaña.

Así que sí, somos así. Sí, sí nos representan y sí, la imagen que nos devuelve el espejo da asco, pero no es la de otro, es lamentablemente la nuestra.

El Chico Centella

Bueno, mientras disfruto de mi puente de una manera bastante absurda, que es ir a hacer la compra y guardar los edredones, aprovecho para hablar un poco de Las aventuras y desventuras del chico Centella de Bill Bryson que me acabo de leer y que me ha encantado. Debo ser el último que me lo he leído de por aquí. Anniehall se murió de risa leyéndolo. Se lo dejó a mi padre, aunque creo que a él le gustó menos. Se lo regaló a su padre de cumpleaños y también le encantó. De hecho nos contaba la madre de Anniehall que la despertaba por las noches con las risas mientras lo leía. Molinos y Bichejo también han hablado de él.

Bill Bryson me encanta. Bueno, tengo que hacer una confesión sobre una excepción que seguramente provocará que haya una desbandada de seguidores del blog. Hay un libro de Bryson con el que no he podido, un libro que he intentado leerme un par de veces, pero que me interesa cero: Una breve historia de casi todo. No veo por donde hincarle el diente. Me aburre. Debe ser que el espacio nunca me ha llamado la atención, supongo. Es cierto que me he reído algunas veces en las cincuenta páginas que me habré leído, pero en términos generales las distancias siderales me abruman y me entristecen. Ya sé yo de mi propia insignificancia sin tener que leer al respecto. Todos tenemos taras, yo tengo muchas y una de ellas es ser tío e ingeniero y que no me interese ese libro.

El libro es divertidísimo. Cuenta la infancia de Bill Bryson en la América de los 50 en lo que para él fue el paraíso de la infancia.

Y seguramente lo fuera. Supongo que es inevitable sentirte nostálgico cuando miras hacia atrás, hacia tu infancia. La infancia te marca y realmente es de donde eres, de donde has crecido. De eso ya he hablado en otros posts, así que tampoco voy a hablar sobre ello.

Ha habido muchas veces que me he reído a carcajadas, que se me saltaban las lágrimas de reir y eso ya es un libro que da mucho. Los episodios con su madre y la comida, con su padre haciendo ejercicios en el avión, intentando entrar en una carpa de strip tease en la feria... Os pongo algunos párrafos que me han hecho reir mucho:

"Bajo el fregadero, mi madre tenía una extraordinaria colección de tarros, incluido uno al que llamábamos el «tarro del titi». «Titi» era lo que decíamos en casa para referirnos al pis, y durante mis primeros años de vida el tarro del titi salía a la palestra siempre que el momento de salir de casa coincidía con la súbita necesidad de alguien de hacer pis.
-Vaya. Tendrás que hacerlo en el tarro del titi -decía en tales ocasiones mi madre, un tanto exasperada, echando un rápido vistazo al reloj de la cocina.
Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que el tarro del titi no siempre -ni siquiera a menudo- era el mismo. Si en algún momento llegué a pensar en ello, supongo que imaginé que el tarro del titi se desechaba regularmente para sustituirlo por uno nuevo; al fin y al cabo, teníamos cientos de ellos.
Así pues, podéis imaginar cuál sería mi consternación, seguida por diversos grados de preocupación, cuando una tarde fui a la nevera a por una segunda ración de melocotones en almíbar y me di cuenta de que estábamos comiendo de un tarro que pocos días antes había contenido mi orina."

"los servicios del Bishop's contaban con los únicos retretes atómicos del mundo, o al menos los únicos que yo he visto. Cuando tirabas de la cadena, el asiento de levantaba automáticamente y desaparecía en un hueco en la pared con la forma del asiento, donde caía sobre él un baño de luz ultravioleta, cálido, higiénico y científicamente avanzado; luego emergía de nuevo impecablemente higienizado, calentito y vibrando casi con termoluminiscencia atómica. No quiero saber cuánta gente de Iowa murió de cáncer de nalgas en las décadas de 1950 y 1960, pero valía la pena, cada nalga desinflada valía la pena."

"Buddy fue mi mejor amigo durante aquella primera época de mi vida. Estábamos extremadamente unidos. Es la única persona cuyo ano he contemplado atentamente (el único que he mirado, punto) solo para saber qué aspecto tenía uno (rojizo, prieto y ligeramente fruncido, según recuerdo con una claridad algo preocupante)."

"Más tarde, otro gran innovador creó unas bandejas plegables especiales de loas que podías comer mientras veías la televisión, y aquélla fue la última vez en que un niño (e incluso un hombre adulto) se sentó voluntariamente a la mesa del comedor."

"De camino al cine, mi hermana me contó que muchos personajes de la película (probablemente la mayoría) se dedicarían al sexo. En aquel entonces, mi hermana era la primera autoridad mundial en cuestiones sexuales, por lo menos en lo que a mí concernía. Se había especializado en descubrir a homosexuales famosos. Sal Mineo, Anthony Perkins, Sherlock holmes y el doctor Watson, Batman y Robin, Charles Laughton, Randolph Scott, Liberance, por supuesto y un tipo en la tercera fila de la orquesta de Lawrence Welk que a mí me parecía de lo más normal..., a todos los desenmascaraba con su penetrante mirada. Me reveló que Rock Hudson era homosexual en 1959, mucho antes de que nadie lo imaginase. Supo que Richard Chamberlain era gay antes incluso que él mismo, creo. Era Increíble."

"Se quedó en un tanguilla azul de lentejuelas, y llevaba cubiertos los pezones con chapitas con borla, pero aún así fue una experiencia divina; y cuando a modo de clímax (un término que uso conscientemente pero con cierta precisión científica) se inclinó sobre los presentes, a menos de dos metros de mis arrobados ojos, y con un gesto experto puso a girar las borlas en direcciones opuestas durante diez segundos (¡qué talento!), creí que había muerto y estaba ya en el cielo.
Sigo firmemente convencido de que será muy similar a aquello, si es que llego a entrar alguna vez. Y, como lo sé, apenas ha habido un instante en todos los años transcurridos desde entonces en el que no haya sido extremadamente bueno."

Tengo otro libro de Bryson esperando su turno: "notes from a small island" que me ha regalado una bloguera majísima, pero de momento me he enzarzado a leer "tenemos que hablar de Kevin", que no sé yo si me va a gustar. En esta época de descreimiento se sustituyen las promesas a la virgen de Fátima (que fue ayer) o de Lourdes por promesas en tuiter. Se lo prometí a Livia (Bichejo también) y me lo leeré y hablaré de él aquí.


Lugares que no quiero compartir con nadie

Durante la semana de vacaciones también me leí este libro de Elvira Lindo. Para esa semana me llevé dos libros, de los que ya he hablado, y el kindle. Pero Anniehall se enganchó a un par de libros del kindle (a lo mejor termina cogiéndole el gustillo...) y yo me quedé sin lectura, así que aproveché que este libro se lo había dejado a mi madre y lo llevó para devolvérselo y me lo leí.

Está bastante bien, aunque a mí me engañó un poco. Me esperaba algo más en plan sitios especiales de Nueva York, o historias de restaurantes o sitios famosos. Un poco más en tono Enric González. Pero son más pensamientos y estados de ánimo, reflexiones sobre su vida y sobre Nueva York en los que aparecen muchos sitios y sí habla de ellos, pero de una manera distinta a la que me esperaba.

Habla sobre la soledad, sobre los nuevos amigos, sobre la gente de Nueva York, los distintos barrios, sus visitas al psiquiatra, sus miedos, sus momentos divertidos. Sobre la vida, la vida en Nueva York.

Es un libro bastante cortito y se lee en un volao, en mi caso literal porque me lo leí casi todo en el vuelo de vuelta a Madrid.

Además, al final viene un listado de los locales de los que se habla en el libro por si tienes interés y la suerte de ir a Nueva York.

En un momento comentan lo que sería el día perfecto para gordos, para los que lo son en el presente y para los que tienen el corazón de un niño gordo latiendo dentro. Yo, desde luego, es lo que llevaré apuntado para la próxima vez que vaya a Nueva York.

Unos parrafitos:

"Cuando vivía en el lado este, recalaba aquí para tomarme un café y un bizcocho de zanahoria, esa masa sólida y mullida, algo húmeda y coronada por una crema dulce de queso, deliciosa, que me hace preguntarme siempre a qué viene la sequedad de los bizcochos españoles, que si no se mojan en la leche se quedan pegados al paladar."

"Tras la cena, como si fuéramos espectadores sentados en un palco ante el mismo teatro de la vida, vemos desde nuestra mesa de advenedizos cómo van saliendo los elegidos. Los hombres visten un poco a lo capitán de yate: botonadura dorada sobre un blazer azul marino y esos zapatos que parecen zapatillas rancias de andar por casa con un escudo bordado en el empeine y que los hombres ricos algo extravagantes consideran el colmo de la sofisticación. [...] Entre las señoras hay dos tipos: las que fueron operadas drásticamente en la época en que los cirujanos plásticos cortaban por lo sano, y esas otras que han conservado sus arrugas y parecen hermanas gemelas de Coco Chanel. Son ricas con pieles acordeónicas. Ante nuestros ojos desfilan chaneles, sí, chaneles que tienen ya varias décadas y que visten a ancianas amojamadas que tiemblan siempre un poco al andar, como si en el techo de esta pequeña pasarela que va del salón de los habituales a nuestra mesa al lado de la puerta, estuviera un titiritero moviendo los hilos de estas mujeres con movimiento de marionetas que aún parecen más viejas cuanto más operadas están."

"Hay una camarerita feucha que me conoce. Una y otra vez le pregunto su nombre porque siempre se me olvida, como ahora, que también lo he olvidado, y ella me lo recuerda siempre con una sonrisa, y de nuevo me dice lo que significa, algo así como rica en belleza, y luego hace una ligera inclinación de cabeza como si se disculpara por estar en la vida con un nombre que no le corresponde."

"...como en la zona de Prospect Park, en Brooklyn, en donde las madres constituyen un lobby amenazante, inspiradas por un espíritu castrense de entrega a la crianza y convencidas de que la maternidad ha sido inventada por ellas, o mejor dicho, la verdadera maternidad, la de la leche a demanda, la teta sin límite de edad, las hamburguesas veganas, los alimentos orgánicos y una entrega insensata a sus bebés a los que más que inculrcarles con cariño un sentido de la independencia, se les instruye en la dependencia y el rechazo a los extraños. Un trabajo en balde, porque la inercia sociel aquí es tan poderosa, que sea como sea, el bebé habrá de convertirse en ese joven estudiante que se ha de marchar de casa a los dieciséis o diecisiete años para no volver jamás."

Os lo recomiendo. Lectura entretenida e interesante.


Juan Belmonte, matador de toros

Por fin me he leído Juan Belmonte, matador de toros de Manuel Chaves Nogales. Hubo un tiempo en que por alguna razón quise comprarme el libro y no lo encontraba en ninguna parte. Recuerdo que lo compré en la feria del libro en el puesto de Alianza Editorial. Es de los pocos libros que he comprado en la feria del libro, feria que no me gusta nada y me hace ponerme violento y nervioso. Cosas mías y de mi misantropía que ahora no vienen al caso. Después de recorrerme varias librerías sin encontrarlo porque estaba agotado, conseguí hacerme con él allí. Y parece que eso fue todo porque una vez que lo tuve no me animé a leerlo. De esto habrán pasado tres o cuatro años. Calculando así, a vuela pluma.

Ese sentimiento de querer tener un libro a toda costa debe ser algo parecido a una adicción. Es ser un poco yonqui de los libros. A mí me pasa, lo reconozco. Últimamente me ha pasado con el del exterminio de los judíos europeos, que, al igual que este que os comento, una vez conseguido sigue esperando en una balda a que le dé una oportunidad.

El caso es que al final me lo llevé a mi retiro paradisíaco (¡¡qué lejos ya!!) y eso de que cada libro tiene un momento en este caso es cierto. Me ha encantado.

Tengo que decir que a mí los toros me gustan. No voy a justificarme y no encuentro causas para defenderlos. Entiendo que terminarán desapareciendo y entiendo a quienes les parece una tortura cruel e innecesaria a animales que sienten y que sufren. Pero a mí me gustan. Cuando hay una faena de esas buenas, puedes notar cómo se detiene el tiempo. Unas buenas verónicas, unos buenos pases, una buena faena de muleta, una sincronización del torero con los movimientos del toro. Hay algo bello, emocionante, grandioso en ello, al menos para mí. Cierto es que eso pasa muy pocas veces.

Chaves Nogales escribió este libro sin ser aficionado a los toros, ni con intenciones hagiográficas de perpetuar el mito de Belmonte y creo que es uno de los grandes aciertos del libro. Aunque eso no quiera decir que no te meta dentro del mundo del toro, que no hable con propiedad ni que no tenga simpatías por la figura que retrata. Chaves Nogales hace un gran trabajo y se nota que fue un gran escritor. Yo le pongo la pega, que ya comenté respecto al libro de la guerra civil, de que es un estilo que se ha quedado un tanto anticuado.

Dentro de las figuras del toreo pocas hay tan atracivas como Juan Belmonte. Belmonte fue autodidacta en el toreo y en la vida. Se iba junto a otros amigos a torear en las noches de luna llena a las dehesas para practicar, tenían que ir desnudos porque cruzaban a nado el Guadalquivir y, después de separar un toro o una vaca y terminar con el cuerpo ensangrentado por los raspones con los cardos y hierbas, toreaban con una chaquetilla. Tenían que zafarse de los guardas y de los guardias civiles. Según él de ahí viene esa manera suya de torear que cambió el mundo del toreo y que es la que aún hoy se entiende como torear "de verdad". Quieto, llevando al toro tapado con la muleta y guiándolo muy cerca del torero exponiéndose a una cornada. De hecho, en sus tiempos se pensaba que moriría en la plaza, que esa forma de torear era temeraria y que Belmonte buscaba la muerte. Rafael Guerra, un famoso torero anterior a Belmonte, decía: "Darse prisa a verlo torear, porque el que no lo vea pronto no lo ve".

Este libro me ha hecho admirar más la figura de Belmonte y profundizar en su vida. Es uno de esos españoles con un sentido del deber, un orgullo, un carisma y una determinación que te hacen desear que ojalá hubiera habido muchos más de ellos. Desde este punto de vista, el toreo saca del torero mucho más de lo que sacaría otra profesión. El estar enfrentado a la muerte día a día forja el carácter de una manera que no veríamos sin ese jugueteo con el riesgo y la muerte. Algo así me pasó también al leer las memorias de Alonso de Contreras, vida de este capitán. Son un tipo de español que ya no existe ni volverá a existir. Tal vez sea mejor así, pero eso no quita para que yo admire a ese tipo de personas, esa heroicidad.

Belmonte fue poco a la escuela y trabajó con su padre en un puesto de quincalla que tenía, pero pronto lo dejó y se hizo amigo de compañías poco recomendables. Tenía una existencia bastante miserable y calavera y veía que así no iba a ningún sitio, pero siguió por ahí y poco a poco se fue haciendo un nombre como novillero hasta que se hizo torero y fue ganando dinero y fama.

Sufrió muchas cornadas en una época en la que los antibióticos aún no estaban inventados. Sufrió varias cornadas en la cara que se la dejaron bastante perjudicada, teniendo en cuenta que el tampoco era guapo. Muy pronto se estableció una rivalidad entre gallistas y belmontistas. Joselito "el Gallo" era el torero más famoso entonces. Había tenido una vida mucho más fácil que Belmonte y su hermano mayor, Rafael "el Gallo" era tambien torero de fama. Ellos se llevaban bastante bien y se tenían en gran estima. De Joselito se decía que nunca le cogería un toro, justo lo contrario que de Belmonte, y por esos azares del destino, Joselito murió por una cogida en Talavera y Belmonte se retiró de los toros vivito y coleando y tuvo varias vueltas a los ruedos tras sus retiradas.

Belmonte viajaba siempre con una espuerta con los trastos de torear y otra llena de libros. Cuenta en un apéndice del libro Josefina Carabias que le contó Rafael el Gallo que "lo primero que hizo Belmonte cuando empezó a ganar dinero fue instalar en su casa un biblioteca y poner un cuarto de baño. Nunca se ocupó de tener buena ropa ni alfiler de corbata. Pero un torero más bañado y más leído no lo hubo ni lo habrá". Se cuenta incluso que en alguna ocasión en la que estaba muy enfrascado en la lectura de un libro le dijo a su mozo que dijera que estaba indispuesto y que se suspendiera la corrida.

Esto lo hace una persona muy atractiva a mis ojos de lector impenitente, me siento cercano a él. También compartió amistad con muchos intelectuales de la época como Julio Camba, Pérez de Ayala o Valle-Inclán. Fue este último el que le comentó, en una de las anécdotas más conocidas de Belmonte, que "¡Juanito, no te falta más que morir en la plaza!" a lo que Belmonte contestó: "Se hará lo que se pueda, don Ramón".

Se casó con una peruana a la que le hicieron la vida imposible en Sevilla donde Belmonte era casi un dios. De hecho, en una de las salidas a hombros en una tarde triunfal intentaron sacar las andas del "Cachorro" para llevarlo en ellas por Triana. Finalmente se trasladó a Madrid buscando más tranquilidad, aunque allí también era acosado. Ahora se nos hace difícil pensar en alguien con tantísima fama. De hecho, hasta fue portada de la revista Time.

Finalmente se retiró y se compró un cortijo, y fue criador de reses bravas. Su mujer enfermó y la trasladó a Suiza. en España ya estaba la República y, como terrateniente, tuvo problemas, aunque los intentó solucionar de la mejor manera posible. Recompraba las aceitunas que le robaban los antiguos jornaleros al precio que le pedían que, curiosamente, era más bajo que el que él les pagaba en condiciones normales, y evitaba que lo malvendieran a los que se atrevían a comprar aceitunas robadas.

Rafael "el Gallo" le llamaba "este" y decía que era como un hermano chico; a lo que Belmonte decía "querrás decir un hemano grande" porque él se había hecho cargo de el Gallo y sus finanzas procurando que viviera con dignidad a pesar de que el Gallo casi se había arruinado.

Ya mayor, con casi setenta años, se suicidó en su cortijo después de haber pasado el día con el ganado y recorriendo su dehesa. Al final no fue un toro, sino él mismo, cuando quiso, el que se lo llevó por delante.

Un libro buenísimo. Me llamó la atención que el libro está escrito como una autobiografía, contado en primera persona, menos las primeras quince páginas y cambia a primera persona así sin más ni más, es chocante.

Además, como, gracias al kindle y a molinos, que me lleva por el camino de la perdición, voy doblando esquinitas de las páginas, me he dado cuenta de que este es un libro con un montón de esquinitas dobladas. todas no puedo ponerlas aquí, pero os voy a poner como siempre algunos párrafos:

"Años después, estando en Norteamérica, fui interviuvado por un periodista yanqui, que mientras hablábamos no hacía más que mirarme de arriba abajo y remirarme con una insistencia y una estupefacción francamente molestas. Me observaba atentamente y luego preguntaba en inglés al amigo que nos servía de intérprete: «¿Y este es el rey de los toreros?». volvía a mirarme de una manera impertinente, me confrontaba con un retrato mío que llevaba e insistía: «¿Está usted seguro de que es este el rey de los toreros?». Me di cuenta de su estado de ánimo y me puse de mal humor. Me levanté dando por terminada la entrevista, y pedí al amigo que traducía la conversación: «Dígale a usted a ese tío que sí, que soy el rey de los toreros... ¡Qué no me mire más! Dígale también que los toreros no tienen que matar los toros a puñetazos, y, por si es capaz de comprenderlo, dígale, además, que el toreo es un ejercicio espiritual, un verdadero arte. Y que se vaya»."

"Nueva York no me gustó. Demasiado grande y demasiado distinto. Ni aquellas simas profundas eran calles, ni aquellas hormiguitas apresuradas eran hombres, ni aquel hacinamiento de hierros y cemento, puentes y rascacielos era una ciudad. Va un hombre por una calle de Sevilla pisando fuerte para que llegue hasta el fondo de los patios el eco de sus pasos sonoros, mirando sin tener que levantar la cabeza a los balcones, desde donde sabe que le miran a él, llenando la calle toda con su voz grave y bien entonada cuando saluda a un amigo con quien se cruza: «¡Adios, Rafaé...!», y da gloria verlo y es un orgullo ser un hombre y pasear por una calle como aquella y vivir en una ciudad así."

"Cuando me arrimé a una vaquilla con la muleta en la mano le oí gritar a mi espalda:
-¡Por ahí no, muchacho, que te va a coger!
No volví la cabeza ni rectifiqué una línea, y cité de nuevo a la vaquilla.
-¡Que te va a coger! - repitió Joselito.
Dio el animal una arrancada y, efectivmente, salí volteado. Me levanté renqueando; recogí del suelo la muletilla y, por el mismo sitio y en la misma forma, volví a la carga.
-¡Ju, vaca!
Ocurrió que, tal y como yo quería, pasó la res sin tocarme, obligada por los vuelos del engaño, y, en aquel mismo terreno le di cinco o seis pases que emocionaron a los espectadores. Solo entonces alcé los ojos hacia donde estaba Joselito y le dije:
-¡Que me iba a coger, ya lo sabía yo! ¡La gracia estaba en torearla ahí!
No supo perdonármelo, y me volvió altivamente la espalda."

"Esa cornada que yo he deseado siempre con ferviente anhelo ha sido la que me ha librado de muchas auténticas cornadas. Mi más firme convicción, mi superstición si se quiere, es esta: no vale escurrir el bulto. Hay que ofrecer gallardamente al Destino el sitio por el que pueda herirnos."

"El día que se torea crece más la barba. Es el miedo. Sencillamente, el miedo. Durante las horas anteriores a la corrida se pasa tanto miedo, que todo el organismo está conmovido por una vibración intensísima, capaz de activar las funciones fisiológicas, hasta el punto de provocar esta anomalía que no sé si los médicos aceptarán, pero que todos los toreros han podido comprobar de manera terminante: los días de toros la barba crece más aprisa."

"Y esa emoción que le hace a uno acercarse al toro con un nudo en la garganta, tiene, a mi juicio, un origen y una condición tan inaprehensible como los del amor. Es más: he llegado a establecer una serie de identidades tan absolutas entre el amor y el arte, que si yo fuese un ensayista en vez de ser un torero, me atrevería a esbozar una teoría sexual del arte; por lo menos, del arte de torear. Se torea y se entusiasmaa los públicos del mismo modo que se ama y se enamora, por virtud de una secreta fuente de energía espiritual que, a mi entender tiene allá, en lo hondo del ser, el mismo origen. Cuando este oculto venero está seco, es inútil esforzarse. La voluntad no puede nada. No se enamora uno a voluntad ni a voluntad torea.
En Lima yo me encontré en uno de los momentos de más exuberancia de mi vida. Toreé nueve corridas, alternando en casi todas ellas con Fortuna, Chiquito de Begoña y Alcalareño. Fueron otros tantos triunfos. Un revistero de Lima escribió que yo salía a torear como si fuese a conquistar a una mujer. Y, efectivamente, conquisté una: la mía."

"Este pintoresco concepto del dinero del torero está tan arraigado que hasta el mismísimo Estado lo comparte. Hace poco quise impugnar unas tarifas de contribuciones que me habían impuesto arbitrariamente. Me quedé estupefacto cuando oí al recaudador que me decía como todo el mundo:
-«Pero, hombre, a usted ¿qué más le da? ¡Si con torear un par de corridas más tiene todos los problemas resueltos!»
Y por esto sí que no paso. Me niego a que el Estado y el Municipio y la Diputación tengan ese concepto liberal de mi dinero. Pase que haya que torear para ayudar a unos infelices que, en fin de cuentas, forman el pedestal del torero. ¡Pero me niego a dar una sola verónica en beneficio del Estado!"

Y ahora que lo sabéis, ¡a ver si lo leéis!


Cosas sorprendentes de un hotel de lujo

Como ND ya ha hecho un resumen de las vacaciones yo voy a detenerme en lo mío, o sea, las chorradas.

No sé si es que soy demasiado ajena al mundo del lujo o es que hay cosas incomprensibles incluso para los versados y viajados en estas condiciones inalcanzables para mí habitualmente. El caso es que ha habido ciertas cosas desconcertantes que no he podido más que escudriñar hasta que, gracias a mi fina capacidad de análisis, he llegado a ciertas conclusiones al respecto.

Para empezar el mundo del lujo no es uniforme. También hay clases de ricos. Sí, queridos. Tú llegas al hotel pensando que vas a tener a tu alcance todo lo que puedas desear y resulta que no. Que ahí también (o tal vez más) eres de los mindundis. Y que muchos de los que te cruzas tienen a su disposición cosas que ni sabías que existían hasta que llegaste allí. Es más, a muchos ni te los cruzas porque ellos tienen sus zonas privadas.

El hotel tenía código de etiqueta para los restaurantes. Esa cosa que los angloparlantes llaman dress code. Yo pensaba que en este tipo de hoteles se daba por supuesto. Lo del buen gusto, digo. Pues no. Vista la fauna que me cruzaba y a juzgar por los cochazos que llevaban, he llegado a la conclusión de que a más superficie tatuada más pasta. Lo que no he conseguido saber es si te pagan por tatuarte o si al ganar tu primer millón te obligan a hacerlo en plan penitencia (ahora ya sabéis por qué los ricos llevan siempre camisa de manga larga). Sea como sea, no estaré suficientemente agradecida a la dirección del hotel por el código de etiqueta. Si ya era bastante malo cruzárselos en la piscina, no quiero ni pensar en los efectos indeseables sobre mi digestión de la visión de una barriga cervecera cubierta de dragones multicolores, pongamos por caso.

Desde aquí también les agradezco lo de las zonas privadas para los ricos. La de visiones horripilantes que me he tenido que ahorrar si es cierta mi teoría sobre la relación entre los tatuajes y el poder adquisitivo.

Por otro lado, el dichoso código tenía sus efectos colaterales. Así, supongo que por ahorrarse el sobrepeso de las maletas, te encontrabas a una señora en plena mutación a gamba ataviada para el desayuno con un vestido de raso rojo de escote asimétrico por el que asomaban los tirantes del bikini. Todo glamour y sofisticación, sí, pero cumpliendo a rajatabla las normas del hotel.

También he descubierto que a los ricos, más bien, a las ricas, les importa una mierda su pelo o tienen una mierda de pelo. Que no es lo mismo. Si no, no sé cómo, no habiendo peluquería en el hotel, a nadie más que a mí parecía importarle que el secador de la habitación tuviera unos míseros 1200 W. Un horror, secarse el pelo allí era un horror. (Lo sé a vosotros también os da igual pero yo he sufrido mucho).

Como veis todas sesudas teorías sobre el comportamiento humano. Solo me ha quedado una duda ¿realmente les gusta que les traten con una amabilidad que roza el servilismo y el agobio? No lo entiendo. A mi me gusta que me traten con educación y me saluden cuando me cruzo con alguien en un pasillo. Ahora, cuando, para saludarme se llevan una mano al pecho y la otra a la espalda y amagan una bajada de cabeza me parece un exceso. Pues eso hacían algunos empleados del hotel.

Además, todas las tardes nos llamaban para preguntar si todo estaba a nuestro gusto. A la tercera te dan ganas de responder 'pues hombre, todo es estupendo. Todo, menos que me estés llamando cada dos minutos para interesarte y para saber cuándo me haces la cobertura!!'.

La cobertura, otro misterio. ¿A quién demonios se le ha ocurrido llamar cobertura la hecho de abrirte la cama por la tarde y ponerte una alfombrita y las zapatillas a los pies de la cama? A mi me dicen la cobertura y pienso cosas feas como que me quieren espiar... o cosas peores. Me lo expliquen.

Mientras tanto voy a ir pensando dónde hacerme el primer tatuaje para comprobar si es cierta mi teoría. Si mi cuenta corriente empieza a engordar inexplicablemente ya os avisaré. Por si acaso me lo haré en una zona donde el escote asimétrico no llegue.


Yo no quiero volver...

No, no quiero volver a trabajar. Tampoco quiero que me despidan. Lo que quiero es ser rico y poder quedarme a vivir en un hotel como el Palacio de Isora. Estos son los ramalazos de vuelta de vacaciones. La verdad es que ha sido una semana maravillosa con buen tiempo, o por lo menos mucho mejor que el que ha habido en Madrid la semana pasada. Hemos estado todos juntos, nos hemos bañado, hemos tomado el sol (yo el que menos), nos hemos relajado, incluso hemos hecho un poco de turismo, aunque muy poco, la verdad. Hemos estado casi todo el día vagoneando en el hotel.

Hemos salido para hacer compras, más que nada alimentarias y de ropa para C (es que crecen a una velocidad...). Hemos ido al Loro Parque con los niños y de paso hemos visto en vista panorámica esa parte de la isla (la noroeste) bastante bonita y hemos ido al Teide. La subida desde Tamaimo hasta el teleférico es espectacular, la verdad. Luego bajamos hacia Arona, pero la niebla solo nos permitió intuir algún pino, poca cosa más. La subida es impresionante y es un paisaje tan de otro planeta, tan desolado que sobrecoge. Subimos en el teleférico y vimos la isla rodeada de nubes que es también bastante bonito. No hicimos muchas travesías porque ya sabéis que nosotros somos poco de campo y no tenemos calzado apropiado (¿verdad, Tochi?). La verdad es que fuimos unos cuantos minutos por el sendero y cuando vimos que todo el paisaje era parecido, el cráter gigantesco y nubes alrededor, pues nos volvimos después de hacer unas fotos.


El Loro Parque está muy bien, aunque es muy caro, pero los espectáculos de orcas, delfines y leones marinos están muy bien y les gustan mucho a los niños. Además están los pingüinos y los acuarios y es todo bastante frondoso y agradable.

En el hotel tuvimos una suite enorme. Los niños tenían una habitación aparte con su sofá-cama y su televisión independiente. Y nuestra cama era enooooorme. A Anniehall le parece que demasiado porque echaba la mano hacia mi lado y no me pillaba. A mí me pareció que estaba bastante bien ;-)

La comida del hotel era bastante buena e hicimos la típica estrategia del que no le sobra el dinero que es desayunar un montón y cenar pronto. En el hotel había varios restaurantes y nosotros teníamos incluidos tres en la tarifa, entre ellos el de buffet libre que es el que más visitamos, aunque estuvimos en los tres. Ese ansia buffetil es uno de los claros síntomas de que no eres alguien pudiente. Me encantaría alguna vez llegar a un buffet y tomarme solo un té y un zumo, pero eso está lejos de suceder. En un golpe del destino, me mandaron un mensaje al móvil desde loterías y apuestas del Estado diciéndome que me había tocado un premio en la apuesta del euromillones que jugamos en internet y no pudimos mirar hasta que volvimos. Sospechábamos que no nos íbamos a hacer ricos y así ha sido, solo nos tocaros 7 euros, así que nuestro sueño de no volver a trabajar se va posponiendo...

Los niños se lo pasaron estupendamente y el hotel tiene un "mini club" en el que se apuntan a actividades y al que estaban encantados de ir. C ha aprendido a tirarse de cabeza perfectamente y a bucear y J a nadar sin manguitos y a tirarse a bomba. Ellos llevaban peor lo de atiborrarse en el desayuno y luego les dábamos unos sandwiches y fruta al medio día. No somos tan ogros como piensa Eliahh!

La semana se me ha hecho larga y reparadora. No lo esperaba. Hace mucho que no tenía una semana de vacaciones suelta y la sensación en las vacaciones de verano es que se pasan mucho más deprisa, aunque sean más días.

Hemos disfrutado, hemos cargado las pilas, estamos (un poquito) menos blancos y a todos nos dio pena tener que volver. Así que el resultado final puede considerarse como un completo éxito y nos quedamos con ganas de volver a ese paraíso.

Yo no

Bueno, pues ya de vuelta de estas súper vacaciones toca hablaros de... ¡¡¡LIBROS!!! Sí, sí, tranquilos, no os pongáis nerviosos, ya sé lo que os gustan mis diatribas sobre libros. Tranquilos, ¡que habrá varias!

El primer libro se llama Yo No y es de Joachim Fest. Son sus memorias sobre la época del nazismo y la segunda guerra mundial y cómo su familia se opuso al nazismo. Más que yo no, deberían haberse llamado mi padre no, porque el autor es un chaval y solo al final de la guerra es llamado a filas. Su padre era director de escuela y se negó a aceptar las órdenes que los demás sí que aceptaban, aunque fuera solo por aparentar, por no meterse en líos. Eso le costó su cargo de director, el de profesor y la imposibilidad de trabajar en cualquier otra cosa. Él se mantuvo firme. Es interesante porque gran parte del auge del nazismo se basó en dejar hacer. Convencidos, convencidos había bastantes, pero su gran éxito fue que la gente se puso de perfil para que no le tocaran lo suyo, para que no los señalaran. Hace un par de años salió Günter Grass diciendo que él había sido de las SS, pero que no lo hizo voluntariamente, cosa difícil de creer, siendo las SS el cuerpo de élite del ejército nazi. Cierto es que tenía 17 años. Por contra, Joachim Fest cuenta como sus padres intentaron por todos los medios que no los reclutaran y cómo cuando el propio Joachim elige voluntariamente el ejército como mal menor para no tener que alistarse en el partido nazi, su padre se enfada por haber elegido el mal menor, siendo las dos opciones malas.

Claro, que a su padre finalmente lo obligan a alistarse y lo mandan al frente ruso de donde vuelve hecho una ruina. Fest también cuenta su estancia en un campo de prisioneros en Francia y como tuvo que soportar que le llamaran nazi. También cuenta como los americanos que eran los que llevaban el campo de prisioneros quisieron pasárselo a los franceses y como se negaron e intentaron escapar porque sabían que los franceses no iban a mostrarse 'cariñosos' con ellos. Más aún cuando aparecían como potencia ganadora no habiendo ganado nada, como comenta en el libro, allí, una vez acabada la guerra es donde se forja la "heróica Résistance".

Me ha gustado, aunque he tardado un montón en leérmelo. Me pilló después del atracón de Semana Santa y estaba un poco saturado. Además no caí en su momento, pero este escritor es el autor de El Hundimiento, libro en el que está basada la película de hace unos años sobre los últimos días de Hitler y que me pareció horrorosa y aburridísima. Este libro está bien. Permite ver, además, lo repipis que nos parecen los jóvenes de no hace tanto tiempo. Ese ponerse a hablar de la delicadeza de las rimas de Schiller, o de Goethe con doce o catorce años resulta impensable hoy en día.

Es otro punto de vista. El de un alemán que dijo no al nazismo. También los hubo y conviene no perderlo de vista para no generalizar. Os dejo unos parrafillos para ver si os animáis a leerlo:

"Muchos contribuían a esta obra de destrucción, envalentonados por las consignas de la época, que en conjunto apuntaban al precipicio y a la ruina: crepúsculo de la humanidad, tormenta de acero, apocalipsis o hundimiento de Occidente. «Los procesos de decadencia -decía un amigo de mis padres, el diputado centrista Richard Schönborn- empiezan siempre por el mundo de los conceptos. Un país y una sociedad que utilizan semejantes vocablos como palabras de última moda no pueden sobrevivir mucho tiempo»".

"Delante de los pequeños tenía que refrenarse, al igual que hacía al entrar en cualquier tienda, ante el más ridículo empleado de taquilla o desde hacía ya dos años -por ley- al recoger a sus hijos al colegio. No lo soportaba, y finalizó con las siguientes palabras: «Un Estado que convierte todo en una mentira no debe entrar en nuestra casa. Al menos en el seno de mi familia no quiero estar sometido a la tan extendida costumbre de mentir»".

"Él siempre llevaba un objeto en cada mano para evitar tener que hacer el saludo hitleriano, que siempre le exigían, aunque solo fuera levantando el brazo hasta el hombro. Yo no saludo cuando tengo una mano libre -repliqué yo con aire jactanciosos, y anadí-: mi padre tampoco lo hace, ni siquiera cuando tiene las dos manos libres".

"...cada uno de nosotros recibió en ese paseo una especie de reglas de conducta. A mí me dijo mi padre que él solía dividir a las personas en los que preguntan y los que responden. Los nazis, por ejemplo, eran gente que siempre tenía una respuesta. Yo debía procurar estar siempre entre los que preguntan".

"Los extravíos de los gestos dictados por el espíritu de los tiempos eran claramente visibles para cualquiera que supiera entender las señales del propio tiempo. Ya en los años treinta, el comunismo y su imitador, el nacionalsocialismo, deberían haber puesto en guardia a todo observador imparcial frente a los radicalismos. Las atrocidades resultantes de las fórmulas de interpretar el mundo del uno y del otro eran demasiado evidentes. Pero muchos no podían resistirse a la seducción de una utopía muy alejada de la realidad. Incluso hoy sigue habiendo no pocos habladores retóricos que conservan un apego sentimental a un Ismo ideologizado y deplorable de uno u otro signo. En cambio, ya en mi época en la RIAS tenía muy grabada una cita de Henry David Thoreau, mucho más inteligente, el cual, ante un visitante que decía que le quería hacer el bien, le contestó que él prefería escapar y vivir su vida".

"El pasado es siempre un museo imaginario. Con posterioridad, uno no escribe lo que ha vivido, sino lo que el tiempo, el cambio de perspectiva y la propia voluntad que se imprime a las formas han hecho en el caos de las vivencias medio sepultados. En conjunto, uno es menos fiel a cómo pasaron las cosas que a cómo era él, a quién es. Ésta es no solo la flaqueza de los libros de memorias, sino también su justificación".