No es lo mismo ostentoso que ostentóreo

"Púsose el sol; mas no, que no se puso;
¡oh qué pronto que he dado en el abuso!
Dime, inventor de frase tan maldita,
¿Cómo se pone el sol, cuando se quita?"
Antonio de Solís, referido en el libro.

"En el maravillosamente hermoso mes de mayo, como en cualquier luminosa mañana de verano o atrapados por el frío y la lluvia que nos acecha en febrero, siempre está la lengua a nuestra disposición. Podemos maltratarla o llenarla, por el contrario, de todos nuestros cuidados y lograr así que suene lo mejor posible; podemos emplearla con desinterés y desgana o buscar ser creativos con ella, y hasta hacernos cómplices suyos. Todo se justifica, menos el silencio a que nos llevan las críticas desmesuradas que se nos hacen cada vez que nos equivocamos".
José Antonio Pascual. No es lo mismo ostentoso que ostentóreo. 

Me he leído este libro de José Antonio Pascual sobre el uso del idioma. Está bastante bien, aunque hay que avisar que a pesar de que el autor lo presenta como un libro de divulgación, hay veces que se hace un poco oscuro. Sobre todo al principio. Me pasó un poco como cuando ves una película argentina o mexicana, que hasta que pasan 10 minutos te parece que están hablando en otro idioma. No pillaba el ritmo ni entendía de qué me estaba hablando. Afortunadamente eso pasa y queda un libro en el que se nos muestra un poco el proceso por el que se forman las palabras, su historia, y por qué hablamos como hablamos.

Yo, a José Antonio Pascual lo veía en la tele junto a José Manuel Blecua en un programa que había que se llamaba "Al Habla" que era una cita semanal que teníamos en mi casa con la televisión. No he encontrado ningún vídeo, pero sí de un concurso que se llamaba "Hablando claro" que también veíamos. O a lo mejor es que yo los confundo en la cabeza...


Además fue profesor de mi hermano en Salamanca y mi hemano hablaba bastante bien de él.

A mí siempre me ha gustado la lengua, la gramática y los diccionarios. Seguramente mucho más que la ingeniería, así que así estamos: con la ingeniería me gano la vida y con la literatura y la lengua me divierto y solazo.

En este libro el autor quita dramatismo a los errores que podamos cometer y nos anima a arriesgarnos en el uso del idioma, aunque nos equivoquemos. El dicho de que quien tiene boca, se equvoca es totalmente cierto y no hay quién esté libre de error, ni siquiera los escritores o académicos como muestra en el libro. Además, nuestro idioma, igual que todos, se está creando contínuamente y gracias a los errores es lo que es. Eso no quiere decir que haya que hablar mal, sino que intentemos utilizar los recursos que tenemos a nuestra disposición. Sin ejercicio no hay perfeccionamiento. En la lengua y en la vida. Eso es así y es así. Así dice que "no debiéramos tomar la lengua como si se tratara de un terreno minado de trampas para que caigan en ellas los hablantes, sino como algo que estos han ido creando aplicándole toda la fuerza de su imaginación, bien pertrechados por su manejo de las metáforas. No hemos de vernos por tanto más coaccionados por las constricciones de los usos heredados que dispuestos a poner todo nuestro empeño en aprovecharlos, y en ampliarlos también. [...] Como ocurre con muchos otros ámbitos de la vida, nuestro hablar se desarrolla con la práctica; en este caso hablando, escribiendo y leyendo, leyendo, leyendo. Pero además hemos de estar dispuestos a confundirnos, igual que cuando aprendemos a conducir un vehículo o a ejercitarnos en un deporte".

A lo largo del libro nos muestra la vida de las palabras que ha elegido, como fueron cambiando, como se crean nuevas palabras a través de los prefijos y sufijos, como aparecen y desaparecen y como de poco sirve oponerse a lo que la gente ha decidido que es el uso de esa palabra.

Esa lengua que utilizamos la describe de la siguiente manera: "La lengua puede contemplarse como un mapa o como una casa en la que aparecieran muebles y objetos de diferentes épocas, adquiridos a lo largo de muchos años por familias de muy distinta mentalidad, restaurados unos, arrinconados otros en el desván... La forma como están distribuidas todas estas cosas puede parecer absurda, pero existe una explicación para cada una de ellas que puede animarnos, si la conocemos, a no reírnos de las fotos de los bisabuelos y a no desprendernos de ellas ni de unos cuadros que compraron nuestros abuelos, y a no vender la biblioteca de un tío nuestro, heredada por nuestros padres".

Otro párrafo para terminar:

"En nuestras manos está no solo llenar el diccionario con palabras corrientes, dotándolas de los sentidos con que realmente se emplean, sino hacer corrientes tantas otras que no lo son, solo por nuestra incuria. Para ello tenemos un apoyo en el diccionario, pero solo si lo tomamos como un complemento de la lectura y el diálogo; solo si no hemos perdido el gusto por tratar de hablar bien y nos empeñamos en leer, leer, leer".

Eso es lo que yo recomiendo: leer, leer, leer. También os recomiendo que os leáis este libro si os gusta saber más de nuestra manera de decir las cosas y de donde viene. Aquí se explica, por ejemplo, que bomba y bombardear no tienen el mismo orígen, aunque pudiera parecer que sí. Muy interesante.


Sensación de fin

Pues sí, de momento seguimos sin tener ni idea de cuando nos echarán. Casi es peor la incertidumbre que la certeza. Podríamos ir diciéndonos 'pues una semana más que seguimos', pero eso tampoco sirve de mucho. La incertidumbre es lo que estoy llevando peor.

La semana pasada estuve en Bilbao y en Málaga. El viaje a Bilbao fue ir y volver para asistir a una reunión. Me tocó hacer la presentación para que luego fuera mi jefe el que la contara. Eso da un poco de rabia porque ves que mete la pata y tú te tienes que morder la lengua... Aunque tampoco salió mal y todo el mundo nos felicitó por nuestro trabajo, incluso los amigos de Eliahh. No tuvimos prácticamente nada de tiempo libre y sólo pudimos dar un pequeño paseo desde Atxuri hasta el teatro Arriaga y por ahí comimos. En un sitio de esos de Prada a Tope que es a donde nos llevaron los anfitriones. Yo hubiera esperado algo más vasco, pero donde manda patrón no manda marinero...

En fin, que fue mucha paliza para poca cosa. Muchas conmiseraciones por nuestra situación y alabanzas a nuestro trabajo y que es una pena que desaparezcamos, pero es lo que hay.

En Málaga sí que estuvimos más, tres días y dos noches. Estuvimos en el NH Málaga y ahí es donde me vino la sensación de fin de ciclo porque en ese hotel me hospedé cuando empecé a viajar más en serio en el trabajo hace ya diez años. Lo he visto como un cierre de círculo, una vuelta al origen.

Málaga es una maravilla. El clima, el mar, la gente, los bares, la zona peatonal, la alcazaba... si hubiera menos Cruzcampo sería perfecta. Eso sí, la gente por allí es muy exagerada y a pesar de estar por la noche a ¡18 grados! tenían encendidas las estufas eléctricas en las terrazas... No pude quedar con Phaskyy porque al final iba a trabajar y no tuve mucho tiempo libre y no coincidimos, pero lo dejo pendiente para la próxima vez. Coincidimos con el festival de cine y... con la derrota del Madrid. Todo un drama.

Comimos muy bien. Un día nos comimos un calamar al espeto que de igual manera nos podía haber comido a nosotros. Era casi como los que atacan al capitán Nemo en 20.000 leguas de viaje submarino:


¿Exagerado? Apenas. Mirad:


A petición de Dr Fiestas añado otra imagen que da más idea de la magnitud del cefalópodo:


Ahí lo tenéis. Por la foto podéis ver como era más grande que la moto que estaba al lado y que fácilmente podía comerse al señor despreocupado que iba por el paseo marítimo.

El trabajo estuvo bien. A mí se me olvidó llevarme la protección solar y acabé como un cangrejillo. Como normalmente trabajamos de noche... En fin, hicimos nuestras medidas y toma de datos con una pequeña imprevisión que nos hizo que tuviéramos que volver al día siguiente y es que, amigos míos, el carril se dilata, que lo sepáis. Es algo que tendríamos que haber tenido en cuenta, pero nadie es perfecto... en teoría teníamos que medir un trozo de vía aislado, pero se nos pegó con los otros por la dilatación por el calor. Así que tuvimos que madrugar y estar allí a las 7 de la mañana al día siguiente para que volviera a estar encogido. Así que ya lo sabéis. Consejo: si mides un trozo de vía aislado, hazlo cuando hace frío.

Salimos pitando cuando terminamos y llegamos a comer a Córdoba a Pepe el de la judería, sitio al que también fui en el mismo primer viaje a Málaga, cuando se estaba haciendo la línea de alta velocidad, Ya os lo digo, un cierre de ciclo. Comimos bien y tardamos media vida en salir con el coche del centro de Córdoba porque todas las calles estaban mal en el GPS, había un montón de obras y otras zonas en las que no se puede entrar; un lío. En el camino de vuelta paramos en Andújar a comprar aceite y allí nos preguntaron que si veníamos a ver a la virgen... nos extrañó un poco, pero es que resulta que era la romería de Nuestra Señora de la Cabeza que es la más antigua de España. Seguimos camino y paramos en Tembleque a comprar queso y nueces y así cargados llegamos a Madrid.

En fin, pena infinita, es un trabajo que me gusta, que sé hacer y que debería ser rentable. El problema es el que tan bien describe Forges en esta viñeta:


El libro de Moli, o sea, Una madre sin superpoderes

¡Ay! Esto es muy difícil. No he hecho nunca (creo) una reseña en el blog, bueno ni en ninguna parte. Además sé que no lo voy a hacer bien no soy capaz de esos análisis tan sesudos que hacéis los demás. A mí los libros me gustan o no, sin muchas más profundidades. Así de simple soy. O sea que no esperéis mucho de aquí. Lo siento por la autora sobre todo.

Dicho lo cual, como lo prometido es deuda, aquí va mi reseña del libro de Moli.

No creo que haga falta que os presente a Molinos porque prácticamente todos los que nos leéis también la leéis a ella. Y si no lo hacéis no sé a qué esperáis.

Tampoco creo que os tenga que explicar que el libro de Molinos es una recopilación de sus entradas etiquetadas como Maternity en el blog. Por supuesto no están puestas sin más ni más, no. Las ha corregido, ordenado por tema y adaptado teniendo en cuenta que, lógicamente, un libro no es un blog. Y precisamente esto último es lo que más me chocaba al empezar a leerlo. Acostumbrada a leerla en el blog y siendo como soy una boca chanclas, se me hacía muy raro no tener la opción de comentar. Supongo que a lector que llega al libro sin conocer al blog esto no le pasa, claro.

El libro concentra todo eso que me enganchó de Moli cuando me la recomendó Sheldon. Porque sí, Molinos es más, mucho más que sus maternities pero yo me enganché a su blog por ellos. Recuerdo perfectamente uno de los primeros posts que leí cuando la descubrí, antes incluso de la saga MAK y de leerme todo el blog. Fue este. Esa mezcla de ternura, mala baba y sensatez me enganchó. Me gustó mucho la ausencia de cursilería, su manera de explicar las cosas como son. Nada de maternidades edulcoradas donde todo es perfecto y sientes una conexión con la naturaleza desde el momento en que 'el predictor se tiñe de rosa en el cuarto de bañooooo' (ella diría 'A Rizzo le han hecho un bombo' pero yo me moría por colar este horror de verso).

Porque cuando empecé a leer a Moli C tenía tres años y J dos, empezábamos (ND y yo) a levantar cabeza después de una temporada horrorosa en la que no dormíamos prácticamente nada y la paternidad absorbía cada neurona y cada segundo. Cuando ir a la oficina era una bendición porque podíamos descansar. Y cuando me sentía un bicho raro por no sentirme permanente y absolutamente feliz y completa con la maternidad que sí, tenía cosas estupendas pero también un lado oculto del que nadie te hablaba nunca. Otros padres, solo algunos, de soslayo y las publicaciones del ramo ni por asomo.

Así estaba yo cuando me encontré a la tal Molinos que hablaba de esto, que era sensata y pensaba que educar educan los padres, que hay veces que la tarea es un coñazo y parece que nunca dé satisfacciones, que hemos perdido el norte en muchas cosas, que ser padre no significa cambiar radicalmente de vida y olvidar tu pasado para siempre. Todo con mucho sentido del humor y también mucha vehemencia. Es la marca de la casa. Si quieres mesura y contemporización busca en otro sitio.

Pues eso es lo que vais a encontrar en el libro y además algunas historias de las princezaz, la propia Molinos, el Ingeniero y Molimadre que siempre son divertidísimas. A mí me gusta especialmente ese capítulo en el que el Ingeniero se queja de que no le dejen opinar. Ojalá fuera yo capaz de hacer algo semejante llegado el caso.

Si le tengo que poner alguna pega... bueno, venga, una, la idea 'antes de ser padre no tienes ni idea de lo que será' se repite muchas veces formulada de diferentes formas. Creo que habría que haberla eliminado de alguno de los sitios en los que aparece.

Espera, no, dos pegas. ¡Controlar esfínteres! ¿Por qué, eh? Con lo sensata y poco dada a los lugares comunes y los eufemismos, por qué usar esta chorrada que se han inventado los dueños de las guarderias (ahora escuelas infantiles, claro) para no decir lo que es, nada más y nada menos que quitar el pañal. Y ya que no queda más remedio por qué no añadir un artículito de nada, ¿eh? o una preposición al menos: 'controlar los esfínteres' o 'control de esfínteres'. Sí, lo sé, se nota que esto lo llevo guardado desde hace tiempo, siempre que lo veo en un post, sí. Cada vez que me lo encontraba en el libro me decía 'esto va de cabeza al post' (y casi se me olvida).

Como ya he dicho antes Molinos no son solo sus maternities así que espero que este solo sea el primero de muchos más libros, recopilatorios, originales, no ficción, ficción... Lo que sea.

Y cuando vengan más espero vivirlos igual. Porque además he tenido la suerte de vivir esto desde el principio gracias a que tras los comentarios en los blogs vinieron las cenas, las cañas, los GTs, los correos electrónicos... y ha sido muy emocionante que compartiera las distintas etapas, las ilusiones, alguna decepción, el curro tremendo que se ha tomado en la selección, ordenación, correcciones sucesivas... ¡Lo que me ha costado guardar el secreto! Gracias por compartirlo conmigo.

Y ahora lo estoy disfrutando a lo grande. En modo fan fatal además. Cualquier día me retira el saludo por loca pero siempre podré decir eso de '¡ah! sí, Molinos, yo ya la leía en 2009'.


Día del libro


Bueno, advierto que esta entrada no tenía muy claro si quería hacerla o no porque yo no soy nada de memes, pero como esta semana estoy de viaje y no voy a tener mucho tiempo para escribir nada, pues la dejo programada para el día del libro. Espero que os entretenga. La idea me la pasó Bichejo y a ella se la sugirió Sil. Gracias a ambas.


1. El último libro que he leído. 
Todo empezó con Obdulio de Bosco Esteruelas.

2. Un libro que cambió mi forma de pensar. 
Bueno, esta es difícil y polémica, pero diría que los mitos de la guerra civil de Pío Moa. Me hizo ver que no siempre lo que piensa la mayoría es lo que tiene sentido. También Intelectuales de Paul Johnson.

3. El último libro que me hizo llorar. 
Quemar la noche de Lizz Murray. Sé que no es un gran libro, pero cuando llega la gente a ayudarla... se me cayó la lagrimita. Yo soy mucho de llorar, así que tampoco es que tenga nucho mérito.

4. El último libro que me hizo reír. 
 Una madre sin superpoderes de Molinos.

5. Un libro prestado que no me han devuelto. 
Varios, pero en especial los tomos del 3 al 6 de en Busca del Tiempo Perdido de Marcel Proust.

6. Un libro prestado que no he devuelto. 
Creo que ninguno. Eso espero porque me sentiría muy mal si no lo hubiera devuelto.

7. Un libro que volvería a leer. 
No sé, no soy mucho de releer... tal vez los cuentos de Borges o de Cortázar.

8. Un libro para regalar a ciegas. 
No creo que ese libro exista. Hay tantos lectores como personas y el qué nos gusta es algo muy personal. Uno que me ha gustado mucho y que he regalado a varias personas es En Casa de Bill Bryson.

9. Un libro para colorear. 
Puff, ¡ni me acuerdo! Además yo siempre he coloreado fatal!

10. Un libro que me sorprendió para bien. 
La Belleza y el Dolor de la Batalla de Peter Englund. Me lo compré de oferta en Amazon y me encantó.

11. Uno de los primeros libros que leí en la escuela. 
Orzowei. Además recuerdo que teníamos que cambiarlo con los de la otra clase cuando lo hubiéramos leído y el niño al que se lo dejé no me lo devolvió nunca. ¡Rencor eterno!

12. Un libro que robé. 
Yo no soy de esos...

13. Un libro que encontré perdido. 
Tampoco soy de perder libros, la verdad.

14. El autor del que tengo más libros. 
Pues seguramente Joseph Conrad.

15. Un libro valioso. 
¿Que valga dinero? Pues no sé, tengo uno de atlas antiguos que es muy bonito y pesa un montón, aunque tampoco valdrá más de 200 euros.

16. Un libro que llevo tiempo queriendo leer. 
Puff, legión, pero por decir uno diré Mis Páginas Mejores de Julio Camba. Ya me lo he comprado, así que me lo leeré dentro de poco... espero.

17. Un libro que prohibiría. 
Está muy feo eso de prohibir, pero hay uno de Winnie the Pooh con piano y música que nos regalaron unos amigos que... #irayfuego

18. El libro que estoy leyendo ahora mismo. 
No es lo mismo ostentoso que ostentóreo de José Antonio Pascual.

19. El próximo libro que voy a leer. 
No lo sé, tal vez el de Julio Camba o el siguiente del Club de Lectura 2.0

20. El libro que no leeré jamás.
Pues supongo que suena raro, pero no creo que me vaya a leer el Señor de los Anillos. No por nada, sino porque se me ha pasado el arroz, creo. Ya he contado que mi hermano me regaló el segundo y tercer libro porque el primero estaba agotado y yo me empecé a leer el segundo, pero no entendía nada y lo dejé por imposible.

Todo empezó con Obdulio

Pues me he devorado este libro que me regaló Bichejo por mi cumpleaños. Bueno, realmente me lo regaló hace dos semanas, pero era por circunstancias. Es un libro escrito por Bosco Esteruelas (creo que por eso me lo regaló Bichejo, por lo de Bosco) y que tenía en mi lista de libros que ARDO en deseos de leer. El caso es que es un libro que no ha sido muy publicitado y las claves están en el propio libro (y en la portada, porque no se puede hacer una portada más fea, la verdad).

Empezando por el principio os diré que es una novela, pero no lo es. Realmente son unas memorias de cómo un periódico como El País destrozó a una persona, en este caso al propio señor Esteruelas, que trabajó en el periódico durante más de veinte años.

Todo empezó con Obdulio. Obdulio es el personaje de un cuento que escribió. Era un cuento en el que, aunque el autor lo niegue, pintaba de manera bastante descarnada principalmente a Juan Cruz y a Juan Luis Cebrián. Eso no se le escapa a nadie por más que él diga que es casual. Porque describir a alguien como canario, con voz de pito, que se parece a Joselito, que dirigió la editorial del grupo (Anagrama), que era un lameculos de 'El académico' y aparecía en radio y televisión del grupo... vamos, blanco y en botella. Por otro lado está don Amadeo que es el acedémico, consejero delegado del grupo, que pone como director a un hombre de paja y que lleva a la empresa con mano firme. En fin, no hay que ser muy hacha para ver ahí a Cebrián.

Pues eso, pasa el cuento a algunos compañeros, se filtra y el director (Javier Moreno) le dice que se coja una baja sin sueldo. Todo muy de libertades y eso porque que te estigmaticen por lo que hagas en tu tiempo privado y que no pretendes difundor... Él se toma la baja y ahí empiezan los problemas. El mobbing, la invisibilidad para el resto de compañeros, las traiciones, el silencio de la redacción, la espiral por la que se hunde psicológicamente...

En el libro se junta por un lado el relato de Obdulio y por otro lo que pasó después. En ambos casos utiliza nombres figurados y los que aparecen en el relato y en la novela tienen dos nombres distintos, lo cual es un poco lioso, pero tampoco tanto.

Ya digo que aparecen un montón de gente reconocible, aunque el autor diga que es ficción cuando dice que le pasa el cuento a un novelista que publica en el periódico, que está casado con una novelista que también trabaja para el periódico... en fin, a mí solo se me ocurren Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo.

En fin, entiendo que es un ajuste de cuentas con su antigua empresa de la que salió bastante mal. Porque además se une el hecho de que era "El País", la cumbre de las cumbres y ¿cómo iban a hacerle eso a alguien en El País? Todavía si fuera en un periódico casposo como La Razón o el ABC... Eso no se dice con esas palabras, pero esa identidad de somos los mejores y no me merezco que me pase esto está por ahí en medio. Algo de ajuste de cuentas similar, pero mucho más amargo que el que hizo Enric González en sus Memorias Líquidas.

Es un libro interesantísimo y del que yo todo lo malo he pensado que era verdad. Desde luego que el final (que no voy a contar) es novelado y supongo que es la manera del autor de hacer justicia, aunque sea ficción. Me lo he leído en día y medio y me ha encantado. Os lo recomiendo vivamente. Os encontraréis con cosas como:

"El gran hacedor, el insoportable Diéguez (Cebrián), en el ocaso de su vida profesional, debió de sufrir un ataque de amnesia histórica pues todas sus explicaciones parecían siempre concluir con que el éxito, indudable, de la empresa se debía única y exclusivamente a él. Apenas llegado al puesto de director, el ínclito Tony confesaba a su estrecho círculo de amistades que le reían sus gracietas que en pocos años sería ministro y quizá jefe de gobierno, y ya puestos director del New York Times. Aunque para eso tendría antes que hacer esfuerzos extraordinarios para dominar el inglés, lo que no parecía sencillo, dadas sus modestas capacidades lingüísticas".

"Naturalmente Diéguez hizo honor a su apelativo de gran hacedor y no se dignó siquiera a dar acuse de recibo a la misiva ni transmitió nunguna órden a su vicario director Nules para que convocara al apestado Sanchiz. ¿Pero cómo se atrevía ese pigmeo que no superaba un palmo a exponerle abiertamente sus quejas a él, rey de reyes y guía máximo de un periódico que gracias a su cerebro y sus manos, y la impagable colaboración de otros muchos, fue idealizado como referente de la justicia y la verdad".

"―¡Es la leche! ¡Estoy delante del tío al que el director le está haciendo la puñeta! ¡Cuando me lo contaron no lo podía creer! Que ocurra eso en una empresa que siempre se ha arrogado ser de izquierdas es sencillamente increíble. Es un asunto rocambolesco, siniestro como de una sociedad sin libertades".

Un libro poco conocido y que os recomiendo si os interesan las interioridades de un periódico como El País, el mobbing y hasta donde se puede llegar para acallar rumores y preservar la buena imagen del periódico. Gracias a Bichejo por regalármelo. Y vosotros ¡a leerlo!



¿Iguales? ¡JA!

Ayer tuve la ocasión de comprobar que no somos iguales. Para nada. No es que no lo supiera ya de antes solo que ayer lo tuve ante mis ojos (hasta que decidí no asomarme más para no sufrir tanto) claramente.

A ver, a ver, no os sublevéis. Yo no digo que no debamos tener las mujeres las mismas oportunidades y los mismos derechos (ni más ni menos). Es decir, que somos iguales ante la ley lo defenderé con uñas y dientes. Ahora que somos iguales así sin más. ¡JA! ni de broma.

Ayer me traje a pasar la tarde en casa a tres amigos de J. No, todavía no sé en qué grado de enajenación mental me encontraba cuando lo planeé, pero visto el resultado diría que nivel señores acercándose a mí muy amables con una camisa rara en las manos.

Qué queréis, soy toda inocencia y candor. Recordaba una tarde parecida no hace mucho en que vinieron tres amigas de C. Llegamos a casa andando sin el más mínimo sobresalto, merendaron a toda prisa y se metieron en la habitación a disfrazarse dándome casi tres horas de relax total. Bueno, no, hubo un intermedio de unos diez minutos en los que tuve que hacerles caso. Solo para maquillarlas a cambio de secuestrar la caja de maquillaje y que no acabaran las paredes de purpurina rosa. Y ya. Lo más difícil fue que encontraran su ropa entre el maremágnum de disfraces en el suelo de la habitación. Y recogieron todo sin protestar.

Igualito igualito que lo de ayer. Algo debía de temerme en mi fuero más interno cuando, una vez cursadas las ‘invitaciones’, J me dijo que quería ampliar el cupo a I. Me hice la longuis hasta el día antes en que toda contenta le anuncié ‘¿Sabes quién va a venir mañana a jugar contigo?' ‘N, A y I’ (mierda, se ha acordado) ‘Bueno, verás… es que a I no se lo he dicho… que vais a ser muchos y es mucho lío’ ‘Jooooooo, cuando vinieron las amigas de C, eran cuatroooooo’ Dijo muy lastimeramente y nada desmemoriado. Así que me desarmó, porque yo soy muy cabalita y muy justa… y porque confiaba en que con menos de veinticuatro horas de antelación había muchas opciones de que I tuviera otros planes. Pero no, a primera hora de la mañana recibí la confirmación. Demonios.

El segundo indicio que debería haberme hecho poner en guardia fue la profesora. Cuando los recogí me dijo algo así como ‘que te sea leve’ y yo despreocupadamente (qué ignorante) ‘no, si luego juntos se portan fenomenal’. Y así empezamos nuestra subida a casa. Madre mía, ¿alguna vez se os ha roto un termómetro de mercurio? ¿habéis visto como se dispersan las bolitas plateadas? Pues el mismo efecto produjo en los cuatro atravesar la puerta del patio del colegio.

Nunca he hecho los mil doscientos metros que separan el colegio de nuestra casa en semejante estado de nervios. Qué manera de correr, que agonía pensando en si se pararían al llegar al siguiente cruce, qué salida al sprint imposible de seguir con cuatro mochilas en la mano. (Nota mental: para la próxima vez que cada uno lleve la suya, ¡qué coño! si no va a haber próxima vez…). Mis reprimendas en cada cruce (sí, se pararon en todos, menos mal) sirvieron básicamente de nada. Para cuando llegamos al último tramo de acera tenía el corazón en la garganta.

Una vez en casa ya no pusieron más en riesgo sus vidas. Bueno, o sí, pero no me acerqué a verlo para no poner en riesgo la mía. Merienda aderezada por un ‘a mí no me guztan laz frezaz y por ezo mi mamá no me laz pone’ de A (Moli, deberías regalarme un libro en plan labor social para esta madre) y algunos amagos de pedorretas y guarrerías varias muy propias de su edad. Bueno, ni tan mal.

Luego se metieron en la habitación y ahí empezó la batalla campal. Resultado: un avión y un submarino de lego tullidos antes de que me diera tiempo de llevarlos a lugar seguro; tooodos los bloques de lego tirados por una habitación; toooodas las fichas de un circuito de dominó (al que hasta ayer J no le había hecho ningún caso) tirados por la otra; tres flechas rotas, una de ellas y la única no reparable de C; A, que vino al salón tan campante preguntando dónde estaba la maquinita de J que quería jugar; flechas y pelotas de pistola en los lugares más recónditos de la casa; la casita de lego de C deshecha por un exceso de celo por su parte… llegó un momento en que me abstuve de asomarme a ver qué pasaba. Si nadie gritaba sangre o lloraba es que todo iba bien. Hasta me quedé un poco traspuesta y todo, tal fue mi relajación llegado el punto de no retorno.

Luego llegaron los ‘yo no me quiero ir’ o, como hizo A, los no hay mayor desprecio que no hacer aprecio cuando su madre le decía de irse.

Cuando llegó la madre con la que tengo un poco de confianza me encontró un poco en shock post traumático y protesté un poco demasiado me temo. Pobre, se debió de ir con la idea de que se portaron fatal y en realidad su hijo fue el que mejor se portó.

En fin, que no, que no somos iguales. En virtud de tan claras diferencias a J ya le hemos dicho que sus amigos de uno en uno. A C no le hemos dicho nada, por mí que vengan en tropa, la verdad. Aunque mejor no diré nada, no vaya a ser que la fastidiemos.

Y al próximo que me diga que somos iguales les llevo a cuatro niñas un día y a cuatro niños el siguiente a ver qué piensa. Si llevo primero a los niños no va a querer terminar el experimento. Eso seguro.

De la libertad

"A la larga, el valor de un Estado es el de los individuos que lo componen; y si pospone los intereses de expansión y elevación intelectual de sus individuos, que sólo se obtiene por la práctica, porque prefiere una pequeña habilidad administrativa o su apariencia, entonces es un Estado que impide el crecimiento de sus personas para hacerlas instrumentos más dóciles en sus manos, aunque sea con fines benéficos, y descubrirá que con personas pequeñas no se puede alcanzar nada grande, y que la perfección de la máquina, por la que sacrificó todo, al final no valdrá para nada por falta del poder vital que prefirió quitarle para que trabajara con mayor fluidez".
John Stuart Mill, de la libertad.

Pues ya me he terminado de leer este libro de John Stuart Mill. Este libro lo compré en la librería de culturetas a la que fui con Bichejo y que ella contó así de bien. Como Novio no me chantajeó para que no comprara allí, pues caí en la tentación y compré un libro poco gafapastil como recuerdo de la experiencia. Es muy cortito, pero es muy denso. De las 158 páginas he doblado esquinitas en más de 30 y en otras muchas no lo he hecho porque me parecía someter a torura al libro.¡ Que uno no puede cambiar de un día para otro!

Tengo pensado hacer un segundo post relacionado con este libro y con un tema que dejé en el tintero cuando hablé de La Tabla Rasa. Pero vayamos por partes.

Este es un libro que es un clásico de la teoría de la libertad y hasta donde debería llegar el Estado (o la sociedad) para limitar la libertad del individuo. Parte del principio de que el hombre es libre para todo lo que le afecte únicamente a él. Así advierte:

"Pero, además, las personas reflexivas percibieron que, cuando la sociedad es el tirano -la sociedad colectivamente, más allá de los individuos aislados que la componen- sus medios de tiranizar no se limitan a los actos que puede llevar a cabo mediante sus funcionarios políticos. La sociedad puede ejecutar, y lo hace, sus propios mandatos; y si dicta mandatos errados en lugar de razonables, o mandatos que se entrometen en cosas en las que no debería mezclarse , lleva a la práctica una tiranía social  más formidable que muchas clases de opresión política, porque, si bien no se apoya en sanciones tan excesivas, deja muchas menos vías de escape, penetra mucho más en los pormenores de la vida y llega a esclavizar incluso el alma".

Ve claramente las dos fuerzas en conflicto. La del individuo que no quiere que los demás se metan en su vida y la de la sociedad que quiere meterse en todas partes. Ante esta dicotomía, él opta por la libertad del individuo como bien que debe ser preservado en casi todos los casos. " No hay, en efecto, ningún principio reconocido por el que la mayor o menor oportunidad de la intervención gubernamental sea habitualmente juzgada. La gente decide conforme a sus preferencias personales. Algunos, allá donde ven algún bien por hacer o algún mal por remediar, incitarían al gobierno a hacerse cargo de la tarea; otros ,en cambio, preferirían soportar casi cualquier clase de mal social antes que aumentar, ni siquiera en uno, el número de sectores de actividad humana susceptibles de control gubernamental".

El libro, depués de la introducción, habla de la libertad de pensamiento y de discusión, de la individualidad como uno de los elementos del bienestar, de los límites a la autoridad de la sociedad sobre el individuo y aplicaciones de esos principios.

El capítulo más largo es el de la libertad de pensamiento y discusión. Está principalmente centrado en el tema de la religión. Su planteamiento (que comparto) es que las ideas se hacen fuertes y el progreso se consigue confrontando ideas y sin prohibir ninguna opinión que las desafíe. Como dice muy sabiamente, lo más habitual es que todas nuestras ideas tengan algo de verdad, pero no toda; por lo que solo mediante la discusión y confrontación se pueden enriquecer esas verdades. Sus cuatro razones para defender la libertad de opinión son:

"Primero, porque hasta donde podemos conocer con certeza, cualquier opinión silenciada podría ser verdadera. Negarlo es arrogarnos infalibilidad.
Segundo, aunque la opinión silenciada sea un error, puede contener una parte de verdad, y así sucede de manera muy usual. Y, como la opinión general o prevaleciente en cualquier cuestión rara vez, o nunca, es toda la verdad, sólo mediante la colisión entre opiniones encontradas hay alguna probabilidad de que el resto de la verdad salga a la luz.
Tercero, incluso si la opinión establecida fuera no sólo verdadera, sino la verdad entera, será sostenida por la mayor parte de quienes la profesan como un prejuicio, con escasa comprensión y sentimiento de sus bases racionales, a no ser que se permita y, en efecto, se lleve a cabo un debate fuerte y serio. Y no sólo eso, sino que, en cuarto lugar, el propio significado de la doctrina estará en riesgo de perderse, o debilitarse, y se le privará de su efecto sobre la vitalidad y el carácter: el dogma se convertirá en una mera profesión, incapaz de ningún bien".

También es consciente de la diferencia de fuerzas cuando se atacaa una opinión preponderante: "En general, las opiniones contrarias a las comúnmente establecidas sólo pueden hacerse oír con una estudiada moderación del lenguaje y el mayor cuidado en evitar toda ofensa innecesaria: el mínimo desvío de esa línea redundará en una pérdida de terreno. En cambio, el vituperio sin mesura, si está usado a favor de la opinión dominante, disuade a la gente de profesar opiniones contrarias y hasta de escuchar a quienes las defienden". Es necesario, o es más necesario, proteger a quienes sostienen opiniones distintas que a quienes sostienen las opiniones preponderantes. Esto sigue siendo así, aunque sea en esta época de vocingleros y de algaradas en las que si no se grita no existes.

Respecto a la libertad individual, su límite es que no perjudique a otros. "Pero, si se abstiene de molestar a otros en lo que les concierne, y meramente actúa de acuerdo con su propia opinión y criterio en cosas que sólo le afectan a él mismo, las mismas razones que demuestran que la opinión debe ser libre prueban también que se le ha de permitir, si no incomoda, llevarla a la práctica y a su costa". Y también nos dice que "las facultades de percepción, de juicio y de discernimiento, la actividad mental e incluso la preferencia moral, sólo se ejercitan en la elección. Quien hace algo porque es la costumbre, no elige. Tampoco adquiere práctica en discernir o en desear lo mejor. Los poderes mentales y morales son como los musculares: sólo mejoran con el uso".

Ahora que me estoy leyendo el de Algo va mal de Tony Judt, veo que soy mucho más partidario de lo que propone este señor que de un Estado que sabe lo que es bueno para ti y te lo embute, quieras o no. Como podéis suponer, de decidir lo que es bueno para ti al totalitarismo hay muy pocos pasos.

En fin, podría seguir y seguir. Podría poneros la dedicatoria del libro a su mujer que es muy bonita, pero mejor, simplemente os voy a recomendar leerlo. Es un libro muy interesante. Además es corto, bien escrito y bien traducido. Aunque tal vez tenga una pega: hace pensar.

De exposición

Desde que se enteró de su existencia, hace ya un tiempo, llevaba ND queriendo ir a esta exposición. Normalmente aprovechamos para hacer estos planes cuando estamos sin niños pero esta vez pensamos que ya van siendo mayores y que era el momento de estrenarse con ellos en estas lides. No es que no les hubiésemos llevado nunca a un museo, pero había sido a museos digamos más... (apropiados no es la palabra) más ajustados a los intereses de los niños. Como el museo de ciencias naturales o el del ferrocarril.

Por otro lado con el colegio llevan yendo a museos de arte desde los tres años así que no iba a ser tampoco una novedad. Sin embargo todos sabemos de la fuerza del grupo y la autoridad de la profesora (hablando de niños de cinco y seis años, no de preadolescentes) así que tampoco las tenía todas conmigo y suponía que no iba a ser un camino de rosas. Por ello decidí preparar un poco la excursión ¿Cómo? Pues recurriendo a los expertos. Mi experta favorita para estas cosas ocio-educativas es Moli, y en esta entrada explica maravillosamente cómo hacerlo.

Paso primero: elegir algo entretenido, variado y adecuado. Está claro que los impresionistas y postimpresionistas dan suficiente variedad y son entretenidos y adecuados siempre que obviemos la parte de Van Gogh y su oreja. Las putas de Tolouse Lautrec, la verdad, viéndose lo que se ve ahora por ahí son más bien pacatas.

Paso segundo: adecuar las expectativas a la situación actual. Bien, aquí hubo un pequeño problema de planificación completamente ajeno a los niños. No es que fuéramos a una hora incómoda para ellos, que no, a las diez y media de la mañana ellos están frescos como una lechuga.

Paso tercero: vender la moto. Aquí lo mismo nos excedimos un poco. Yo creo que ND recurrió a las mismas fuentes que yo así que para cuando el viernes por la tarde les empecé a vender el plan molón que teníamos para el día siguiente me respondieron con ese tonillo: 'sí, a un museo, ya nos lo ha dicho papáaaaaa' (tuvieron el detalle de no añadir 'pesados, que sois unos pesados').

Paso cuarto: tener un plan para cumplir las expectativas. Cogimos folletos, les dijimos que buscaran a ver si cada cuadro salía en el folleto y que eligieran cuál era su favorito para pintarlo después. C 'yo no quiero esto, toma'.

Paso quinto: pasearse orgullosa de que su plan está funcionando. Empezamos bien orgullosos, La gente nos miraba con sonrisas comprensivas y un poco... ¿cómo se llama lo contrario a la vergüenza ajena? ¿orgullo ajeno? Pues eso, esas miradas de 'no todo está perdido cuando todavía quedan padres de estos'.

J iba buscando aplicado cada cuadro en el folleto, sí, y se ponía contento si lo encontraba. Fenomenal. La parte mala es que si no estaba en el folleto, pasaba del cuadro.

C, por su parte, decidió su cuadro preferido en la primera sala. Bien si no fuera porque su interés empezó a decaer bastante a partir de entonces.

Nuestro orgullo paterno de todos modos perdió muchos enteros en cuanto nos dimos cuenta de que J estaba más preocupado por leer los carteles con el título y el autor que por ver los propios cuadros. Y cayó al subsuelo cuando le tuvieron que reñir por tocar las letras de los carteles (menos mal que no fue un cuadro).

Paso sexto: no entretenerse. Comprenderéis que a partir de entonces le cogimos fuerte de la mano y no nos entretuvimos lo suficiente como para despistarnos y que se acercara a tocar nada más.

Paso séptimo: fijarse en el cuadro que han elegido los churumbeles. Esto lo hicimos fenomenal y hasta ellos se acordaban. Bueno J... 'A ver, ¿te acuerdas del cuadro que más te ha gustado?' 'Sí.... ese de... ese que viste tú' Ejem.

Paso octavo: babear de orgullo maternal cuando su hija haga esto. Este lo cumplo a rajatabla. Mirad, mirad lo que hizo C el domingo:



Mi balance es que estuvo muy bien para ser la primera vez. Mantuvieron el interés un rato, se fijaron en las cosas que les explicábamos mientras estuvieron atentos y luego tampoco se pusieron pesados cuando se cansaron. Eso sí, por mucho que nos esforzamos en que apreciaran lo que tenían delante lo que más les gustó con diferencia fue la tienda, en particular los caleidoscopios... supongo que será cuestión de tiempo.

¿Y a mí qué me pareció? Pues me gustó mucho. Es muy grande y por ir con los niños no me pude entretener lo que me hubiera gustado. Así que os recomiendo que vayais si no lo habéis hecho aún.

Dejo para otro día otros grandes momentos de este mismo sábado, que los hubo, pero serán objeto de otro post. Y le agradezco a Moli la preparación de la visita y también que gracias a ella la entrada ha salido sola.

Una madre sin superpoderes

Bueno, pues tarde, pero acosado por los deberes lectores del club y con una planificación un tanto defectuosa... me he leído el libro de Molinos, a quien sigo prácticamente desde que empecé en esto del ciberespacio bloguero aconsejado por Anniehall y por Sheldon (sí, me hace gracia poner un enlace a su blog con dos posts y el último de hace ya dos años). Esta es una reseña especial, por supuesto. Porque es un libro que prácticamente ya había leído antes de que se publicara y porque conozco a la autora. Pero mi labor de juez lector se impone de manera absoluta y lo que os tengo que decir es que... corráis a comprároslo!!

Es un libro muy divertido, muy sensato y muy de padres desnaturalizados como debo ser yo. En este caso sí que da gusto estar en un club en el que te acepten como socio. El de los padres que pensamos que ser padres es fantástico, pero que hay más cosas y que, a pesar de que estamos llenos de responsabilidades que nos abruman, entendemos que no deben dominar nuestra vida hasta el punto de convertirnos en apéndices lobotomizados de nuestros hijos.

El hecho de haber organizado los posts de Maternity por temas hace que se lea de una manera distinta. Por un lado le da unidad a las distintas partes y por otro lado... bueno, hay veces que hay una cierta sensación de repetición. Hay posts que fueron escritos en momentos distantes entre sí, pero que están ahora uno al lado del otro y se notan ideas y gracias repetidas. Es lo que tiene el que sea una recopilación, ¡haber elegido muerte! Desde aquí te lo digo, Molinos, tus fans esperamos un libro enteramente original, que lo sepas...

El libro está dividido, como decía, por temas. Tenemos aterrizando, próxima parada: el planeta maternal; vamos al cole: usos y costumbres; sorteando peligros con laz princezaz en el mundo exterior; los padres, esos animales mitológicos; con laz princezaz en la intimidad y ¿qué viene luego? En todos hay post graciosos y hostilizados y hostilizados y graciosos que, por supuesto, son los más divertidos.

Leedlo y disfrutadlo. Aunque antes tengo que poner lo que echo en falta o lo que me ha gustado menos. En primer lugar, hay un exceso de leísmo que creo que tendría que haberse revisado un poco. Todos metemos la gamba y yo mismo no soy ningún ejemplo de corrección y muchas veces ha sido Moli la que me ha corregido en el blog. Y por otro lado esperaba un prólogo y epílogo del Ingeniero y Molimadre (en ese orden o al revés) porque no salen muy bien parados en el libro, no así en el blog en el que hay veces en las que Moli muestra su amor y admiración por su madre y por su marido. Pero en el libro, normalmente quedan mal parados o en situaciones de escaqueo (mayormente el Ingeniero) o de comparaciones indeseadas (Molimadre) y deberían haber tenido derecho de réplica, aunque la mayoría de los pasajes estén cargados de humor. Creo que quien compre el libro y no conozca el blog se llevará una imagen un tanto sesgada de ambos.

Unos párrafos:

 "Cuando no tienes hijos y en un extraño momento de rapto mental te pones a elucubrar sobre cómo sería tenerlos, te visualizas llegando a casa y disfrutando de esa cosa que parece tan molona que es bañar al bebé, jugar con los enanos, preparar la cena mientras ellos juegan o charlan y cenando todos en armonía familiar, para que luego ellos se despidan rollo los hijos del capitán Von Trapp en Sonrisas y lágrimas y tú puedas dedicarte a disfrutar del planeta del amor con tu pareja, o a atontarte delante de la tele, o a leer o bailar una sardana... Lo que sea, pero sin tus hijos. Vale, pues tengo malas noticias: eso es pura fantasía. Es como creer en el Ratón Pérez, la chica de la curva o el alargador de pichas".

"Otra cosa que me horroriza es que en el Chupipandi Genial hay un sitio reservado para padres que normalmente tiene el aspecto de una cafetería donde no entrarías ni aunque estuvieras herido de muerte. Allí hay unas mesitas donde los padres se sientan mientras sus hijos/hámsters sudan y hacen pandilla. Yo no. No sé quiénes son, no los conozco, así que me lo perdono. Si voy a tener que beber en vasos de cartón a 3 euros la consumición en un sitio asqueroso, quiero por lo menos elegir la compañía. Seguro que sois majos, pero no".

En fin, creo que es un libro que disfrutaremos más los que somos padres que los que no, pero vete tú a saber... lo mejor que podéis hacer es comprároslo y leerlo y ya si eso luego os hostilizáis o aterrizáis en el planeta del amor... por Moli.


Los años con Laura Díaz

"Conocía la historia. Ignoraba la verdad. Mi presencia misma era, en cierto modo, una mentira".
Carlos Fuentes, los años con Laura Díaz.

Pues un mes más nos ponemos a hablar del libro del Club de Lectura 2.0. Esta vez el libro lo ha elegido Livia que ya lo había leído y le apetecía releerlo. El libro es Los Años con Laura Díaz de Carlos Fuentes. Yo, de Carlos Fuentes, solo me había leído Gringo Viejo y no me acuerdo mucho, pero creo que me gustó.

En este caso no ha sido así. Me parece que es un libro fallido. Y ¿por qué? Bueno, empezando por el principio, el libro trata sobre la vida de Laura Díaz que transcurre a lo largo del siglo XX en México. A la manera de la literatura sudamericana mezcla una especie de realismo mágico, cuentos y relatos de su propia familia y personajes pintorescos, pero, al contrario que en la gran literatura sudamericana, ni las digresiones de la trama tienen ningún interés, ni la trama en sí la tiene. Se va por las ramas, pero esas ramas no llevan a ningún sitio y, generalmente, terminan con la muerte de ese protagonista así, sin más ni más ni que eso afecte de alguna manera a la historia. Es bastante desconcertante. De igual manera, hay historias que están presentes y, según nos cuenta el autor al final, verdaderas que tampoco llegan a nada. Por poner un ejemplo: al principio del libro llega la abuela de la protagonista, una alemana que va a casarse con otro alemán en México, y se encuentra con un bandolero que le corta los dedos de una mano porque ella se negaba a quitarse los anillos que llevaba. A partir de ahí hay continuas referencias a "el guapo de Papantla" que es como le llaman en el libro, pero ni vuelve a aparecer, ni hay ninguna relación con ese incidente, ni hay un familiar que tenga alguna relación... nada. Como escena queda efectista y pinturera, un bandolero que le corta los dedos a una señora, pero ¿y qué?

A mí se me viene la comparación con Cien Años de Soledad donde las historias que la componen son maravillosas y aportan todo un universo personal, mágico y evocador que hace que sea el libro que es. En este caso nos quedamos poco más que con una especie de Forresta Gump mexicana que está con Diego Rivera y Frida Kahlo, que pasa por la buena sociedad xalapeña y veracruzana, que ve la transformación de su país, las protestas y las matanzas estudiantiles del 68... pero sin sentimiento, sin interés. Y es algo raro, porque este señor escribe muy bien y te preguntas a lo largo del libro si los personajes son reales o inventados, la cantidad de detalles, los diálogos, las recreaciones están muy bien, pero falla la historia o la empatía con los personajes y yo creo que es problema del escritor, de no haberlo hecho bien.

Cuando digo que está bien escrito me refiero a párafos como este: "Podían tomarse a cualquier hora en el célebre Café de la Parroquia donde un avispero de mozos con delantal blanco y corbata de palomita corrían entre el zumbido de los clientes sirviendo molletes y huevos rancheros mientras combinaban, como magos mal remunerados en un carnaval sin horarios, el café y la leche servidos en vasos de vidrio y derramados con una simultaneidad asombrosa desde alturas acrobáticas. Todo lo presidía la gran cafetera de plata, importada desde Alemania, que ocupaba el centro y el fondo del café como una reina argentina condecorada de llaves, grifos, espuma, humos y sellos de fábrica. Lebrecht und Justus Krüger, Lübeck, 1887".

O este: "Laura hizo una pequeña reverencia, lección de las señoritas Ramos, y se dispuso a descubrir el lugar tan mencionado y admirado por la sociedad xalapeña. Se unió al embeleso que le producían, es cierto, los plafonds pintados de un verde pálido, los florones de las paredes, los tragaluces multicolores y afuera, en el corazón de la fiesta, la terraza ceñida por sus balaustradas adornadas de urnas, la orquesta de músicos vestidos de smoking y la concurrencia, juvenil sobre todo, de muchachos de frac y muchachas con una variedad de modas, que en Laura produjeron la certeza de que un hombre vestido con un uniforme negro, una corbata blanca y una pechera de piqué siempre se vería elegante, nunca expondría nada —en tanto que cada mujer estaba obligada a exhibir peligrosamente su personal, excéntrica, conformista aunque siempre arbitraria, idea de la elegancia".

Para más inri, es un libro de alguna manera experimental y se cambia de capítulos escritos como narraciones a otros en los que se cambia a diálogos, en el capítulo siguiente se completa el anterior, se va del pasado al presente y al pasado y vuelta hacia adelante... un desbarajuste. Ya he dicho varias veces que eso a mí no me gusta. Si tienes un estilo, adelante con él, si no lo tienes, lo buscas y, cuando lo hayas encontrado, escribes y publicas, no antes.

Otros párrafos:

"«No lo odio, me fatiga, me quiere demasiado, un hombre no debe querernos demasiado, hay un equilibrio inteligente que le falta a Juan Francisco, tiene que aprender que hay un límite entre la necesidad que tiene una mujer de ser querida y la sospecha de que no lo es tanto»".

"Laura Díaz recordaba las palabras de Jorge Maura, no hay que cambiar la vida, no hay que transformar al mundo. Hay que diversificar la vida. Hay que perder la ilusión de la unidad recobrada como llave de un nuevo paraíso. Hay que darle valor a la diferencia. La diferencia fortalece la identidad. Jorge Maura dijo encontrarse entre dos verdades. Una, que el mundo va a salvarse. Otra, que el mundo está condenado. Ambas son ciertas. La sociedad corrupta del capitalismo está condenada. Pero la sociedad idealista de la revolución también lo está".

Como siempre en el club habrá diversidad de opiniones y si queréis leerlas podéis pasaros por los blogs de Bichejo, Carmen, Livia, Mirichan y Juanjo.

El próximo libro se adelanta al día 1 de Mayo. Ya sé que esto os interesa poco, pero por si hay algún alma descarriada que no tenga nada mejor que hacer que leerse los libros que proponemos, que sepa que se adelantan las fechas y a partir de ahora será a principio de mes.

Yo medí un puente

Bueno, pues entre que nos despiden o no, aquí estamos. Durmiendo mal, pensando, recordando los buenos momentos del trabajo, lo que me llevo conmigo y lo que he aprendido. Lo bueno del trabajo en el que he estado es que no ha habido lugar al aburrimiento. He hecho prácticamente de todo. He estado debajo y encima de trenes. He estado dentro, he estado fuera. He arrastrado equipos por vías, he visitado obras, he leído y evaluado ofertas. He hecho informes, muchos informes, y algunos muy injustos. He viajado y he conocido a gente excepcional. Bueno, eso ya os lo he contado más veces, así que tampoco voy a dar mucho más la brasa al respecto.

El caso es que he recordado un episodio bastante pintoresco de hace ya bastantes años en el que me metieron en un proyecto para medir las vibraciones en un puente ferroviario al paso del tren. La verdad es que tuve una imagen de mí descolgándome por unas cuerdas haciendo una especie de puenting. Todos sabéis de mi agilidad tipo guepardo, así que el reto en sí no me asustaba, pero no entendía cómo lo íbamos a hacer. El objeto del proyecto era medir la frecuencia natural de oscilación del puente y su amortiguamiento. No voy a hacer aquí un post de ingeniería para dummies, pero básicamente era registrar mediante láseres las vibraciones del puente al paso de los trenes y luego analizarlas.

Ya había otros compañeros míos trabajando en el proyecto, pero estaba empantanado. No salía adelante porque mis compañeros eran muy buenos sensorizando y registrando datos, pero a la hora de interpretarlos se perdían en un mar de cálculos. Hay una diferencia entre datos e información. Lo que vale dinero es la información, los datos son la materia prima de la que se extrae esa información. La información son las pepitas de oro que se extraen de la montaña de mineral (¡qué metáforas!, ¿eh?). Tampoco digo que yo fuera la materia gris, pero como tal fuimos.

Así que allí nos marchamos frederick_jm y yo a intentar aportar algo de cordura. Nos pertrechamos con nuestros chalecos fluorescentes y nuestros cascos pensando que iba a ser un trabajo más físico que técnico. Los otros compañeros nos miraban con una cierta socarronería que me mosqueaba, creía que se imaginaban lo patosos que íbamos a mostrarnos, imagen que no sé de dónde pudieron sacar, dado que mi agilidad es legendaria. Por si acaso llevábamos el casco para protegernos de algún golpe por las alturas o por si nos caíamos, he de confesar que en algún momento de debilidad ya me veía yo nadando contra corriente en el Guadiana intentando llegar a la orilla.

El caso es que llegamos al puente y es una pena que no tenga las fotos, pero era algo de este estilo:


Sí, amigos, el casco era necesario para no golpearse la cabeza contra el tablero del puente. Había que agacharse para poner los equipos debajo y estaba completamente seco. Bueno, eso de seco es relativo porque el Guadiana es un río bastante extraño y aparece y desaparece de un día para otro. No era la zona de los famosos Ojos del Guadiana, pero para el caso era lo mismo. En unas horas empezaba a subir el agua y había que salir pitando. Al menos eso me contaron de otras veces. Cuando yo estuve allí el único riesgo de morir ahogado era por tu propio sudor porque hacía un calor como para morirse. Yo terminé colorado como una gamba.

Buscando, buscando he encontrado esta imagen el la página web del trabajo. Es muy pequeña, pero se puede ver que el puente era una mierdecilla:


Además podéis ver lo que hacíamos luego con los datos, tontás de ingenieros. Porque, como buenos ingenieros subcontratados, hicimos un informe a gusto del cliente diciendo que había que derruir el puente y hacer otro nuevo para que pudieran pasar los trenes de alta velocidad a Jaén. No sé qué fue del puente, no sé si allí sigue o lo han cambiado por uno nuevo más resistente.

Lo que sí que os puedo contar es que yo medí un puente... teniendo cuidado de no golperme la cabeza...

Paquita la del Barrio

Estoy absolutamente desolado y no es por la muerte ni de Sara Montiel (de la que hace poco puse un vídeo con su famosa saeta -espero que no tenga nada que ver con el fatal desenlace), ni por la muerte de Thatcher, ni de Sampedro. Estoy desolado porque ayer me di cuenta de que en la ya avanzada historia de este blog no hemos hablado ni una sola vez de Paquita la del Barrio y cualquier día se nos muere (aunque aún es joven) y entonces sí que no tendríamos perdón de Dios por no haber hablado antes de ella.

Para empezar hay que decir que tanto Anniehall como yo somos fans de esta señora. Es una cantante mexicana de fama internacional, aunque antes de seguir me gustaría poneros una canción que pusimos en nuestra boda para que veáis de qué hablamos:


Esta es Paquita, va un paso más allá de la típica ranchera en la que se sueña con despreciar al antiguo amor para despreciarlo de verdad y dejarlo como un trapo. Sí, tal vez podéis pensar que no es una canción para una boda y así debío de pensarlo el pinchadiscos que puso una cara que aún recuerda Anniehall cuando empezó a escuchar la letra después de haber hecho una introducción pensando que iba a ser una ranchera tipo Rocío Dúrcal.

Paquita lleva el desprecio a una categoría que está muy cerca de poder ser considerado arte. Con todo, además de que sus canciones son muy buenas, su fuerte son las parrafadas que se echa en medio de las canciones en las que se oyen expresiones como "méndigo gusano", "¿me estás oyendo, inútil?" y demás lindezas que a mí me hacen muchísima gracia. Parece que su especialidad es dejar a los hombres a la altura del betún, cosa seguramente merecida para muchos de nosotros. Así tiene canciones como "Pobre pistolita" (¿me estás oyendo, inútil?, ¡qué ingrata fue la naturaleza contigo!), "Chinga tu madre... ¡inútil!" (por ahí ya se rumora que andas metiendo la cola en la cama de otra casa), "Pa puras vergüenzas" (todas tus bajezas, tus malas acciones, mataron mi amor), "Que me perdone tu perro" (perdón, perdón, querido amigo, que me perdone tu perro por compararlo contigo)...

Tiene otras grandes canciones, su repertorio es muy grande, pero para terminar me gustaría recomendaros que mirárais esta joya de nombre "Me saludas a la tuya":




Os recomiendo que miréis en youtube o similar y os dejéis atrapar por esta enorme artista que espero que se pase en algún momento por Madrid para poder ir a verla. ¿Os apuntáis?

La mega reunión

El mundo de la ingeniería, como tantos otros, atraviesa tiempos difíciles. Supongo que también como en otros campos, han pasado los tiempos de apreciar el trabajo bien hecho para preferirse ahora las cosas rápidas y baratas.

En este mundo del que os hablo, y sé que suena muy feo, lo único que podemos ofrecer son, ni más ni menos, que horas hombre. Como mucho un cerro de papel o de bits de información. ¿Quién, entonces, me diréis, construye los campos de girasoles, los invernaderos combinados o los aserraderos súper eficientes? Pues otros, los constructores. Ese es otro mundo, mucho menos elegante y mucho más sucio donde se vende barato para cobrarse caras después las horas y los trabajos extras.

Así pues hasta hace unos años, como os decía, en este mundillo se nos permitía vender muchas horas a un precio más que razonable. Donde yo trabajo, por razones que desconozco, se ha conseguido prolongar, mal que bien, esta forma de hacer hasta que la crisis ha llamado a nuestra puerta. Y no ha sido hasta ahora cuando empezamos a notar los cambios. Algunos, porque hay otros que o no se enteran o no se dan por enterados.

En aquel mundo ideal de señores muy listos con gafas muy gordas a los que se permitía que se tomaran su tiempo para diseñar cosas que funcionaran muy bien, era más fácil distraer horas y dedicarlas a cosas menos útiles. Y así nació la mega reunión.

La mega reunión es una encerrona congregación de gente a la que se cita en fecha y hora concretas en un lugar determinado con cualquier objeto siempre que éste sea poco concreto. Son reuniones sin agenda, solo con un tema general, donde todo el mundo opina (que no necesariamente aporta) de lo suyo y lo de sus compañeros. Y no suelen tener hora de finalización, sobre todo si el que la dirige es de esas extrañas personas que no tienen necesidades básicas como comer o mear (con perdón). Así que pueden prolongarse hasta rozar la eternidad.

Aunque no solo ellos, en particular son muy dados a la mega reunión esa subespecie del mundo laboral que yo llamo el jefecillo (o jefazo) con necesidad de corte. No para reírles las gracias, ni para encomendarte tareas que consideran indignas de su elevada condición (aunque aficionados tanto a lo uno como a lo otro también hay). Muchas veces solo requieren corte para hacer bulto, bien sea para disimular su ignorancia, bien para ganar reuniones sólo por superioridad numérica, bien porque si de los otros vienen taitantos aquí no vamos a ser solo dos monos.

En resumen, tanto por sus características como por sus fomentadores, las mega reuniones son un coñazo completamente inútil en la mayoría de los casos. Cuando no altamente nocivas. Porque si al hecho de no aportar prácticamente nada le añades el tiempo que pierdes para hacer lo que tienes encomendado y que, en este nuevo entorno siempre es escaso, un proyecto con una sola persona aficionada a las mega reuniones puede suponer ir de cabeza y con la lengua fuera desde el principio hasta el final.

Como habréis adivinado, odio odio odio las mega reuniones. Prefiero decidir yo cuándo y cómo pierdo mi tiempo en cosas inútiles. Siempre que puedo intento zafarme con un ‘cuando vayáis a hablar de lo mío me avisais’ y, una vez he terminado digo ‘bueno, pues lo mío ya está visto, si no os importa os dejo’. Pero no siempre me dejan y he tenido que tragarme muchas de muy variado pelaje (todas igual de inútiles y además sin portátil o móvil para mandar correos o tuitear por lo menos).

Así que ante cualquier convocatoria con tufillo a mega reunión me pongo en guardia. Según me llega respondo inmediatamente ‘¿Qué agenda hay para la reunión?’. A los poco duchos en la materia con esto los desactivo pero hay auténticos profesionales del asunto que a vuelta de correo te endilgan a ti la agenda, al menos tu parte. Y luego están los completamente inconscientes de la situación en la que nos encontramos, a los que no les duelen prendas las horas asignadas, ni el dinero en juego en un desplazamiento (o varios) que te contestan con un ¿desvergonzado? ¿sin complejos? ‘Sería bueno que os pasarais por aquí, seguro que algún tema de los vuestros surge’. Como diría N: OLÉ TUS COJONES.

No se nota nada que me han convocado a una reunión que me parece ridícula y en la que tengo poco o nada que aportar, ¿verdad?

Pensar el siglo XX

"La lección berliniana más pertinente al análisis y el debate político cotidiano consiste en el recordatorio de que todas las opciones políticas llevan asociadas unos costes reales e inevitables. La cuestión no es si hay una decisión correcta o equivocada que tomar, ni siquiera cuando uno se enfrenta a una elección en la que la decisión «correcta» consiste en evitar los peores errores. Cualquier decisión —incluyendo cualquier decisión correcta— implica sacrificar ciertas opciones: privarse del poder de hacer ciertas cosas, algunas de las cuales bien podrían haber merecido la pena. En resumen, hay elecciones que tenemos razones para hacer pero que implícitamente implican rechazar otras cuyas virtudes sería un error negar. En el mundo de la política, como en casi todos los ámbitos de la vida, todas las decisiones que merecen la pena conllevan pérdidas y ganancias importantes".
Tony Judt, Pensar el Siglo XX.

Pues ya me he leído este libro de Tony Judt y Timothy Snyder. Es un libro muy muy bueno que os recomiendo que os leáis cuanto antes. De Tony Judt ya os he comentado Postguerra (aquí y aquí) y El Refugio de la Memoria y de Timothy Snyder os había hablado de su libro Tierras de Sangre.

Este libro está a medio camino entre el Refugio de la memoria y Postguerra. Yo, como me empecé leyendo Postguerra, pues luego ya el resto me parece ligerito. Este libro se realizó cuando Judt ya sabía que tenía ELA. El formato es de charlas grabadas entre los dos y luego transcritas. Al principio de cada capítulo hay una especie de recuerdos o memorias de Judt de una parte de su vida y a partir de ahí van profundizando en los diversos temas sobre la historia del siglo y sus ideas personales al respecto.

El libro me lo compré en ebook y me costó unos 10 €, mientras que en papel cuesta veinte y pico. Además, no tiene fotos ni imágenes ni gráficos con lo que pienso que merece la pena tenerlo en digital.

Leer a Judt siempre hace pensar y eso es muy bueno. Tiene una mente muy aguda y sabe plantearte cosas en las que tú no habías pensado o no habías llegado a expresarlas de esa manera tan clara. Además su vida es bastante interesante en sí. Criado en una familia del este de Europa en Londres creció rodeado por las ideas marxistas, creo que dice en el libro que se había leído el Capital a los catorce años o algo así. Luego se hizo sionista y estuvo trabajando en kibutz en Israel e incluso se alistó como conductor de camiones, aunque luego tuvo que ser traductor, en los altos del Golán en la guerra de los seis días. Vivió en Francia mucho tiempo y escribió varios libros sobre los intelectuales franceses y en especial sobre el socialismo francés. Ha estado casado tres veces (creo). En un determinado momento se cansa de Francia y se dedica a estudiar checo y a interesarse por la historia de la Europa del este. Se hizo ciudadano americano y protagonizó una fuerte oposición a la guerra de Iraq. Todo esto aparece en el libro y también aparece en otros libros como en el refugio de la memoria.

Lo que más me gusta de él es su respeto por las ideas y su análisis de las mismas. Él tiene claras sus preferencias: las socialdemocrácias del norte de Europa. Y también se ve su admiración por Keynes, ahí es donde no estoy casi nada de acuerdo con él. Tampoco soy economista (Dios me libre), pero hay algo en eso de gastar lo que no tienes que no acabo de ver nada claro. En este libro, como he puesto en la cita del principio, cuenta algo que me parece muy interesante y es que todas las opciones tienen pérdidas y ganancias, no hay una ideología o una decisión política sin contrapartidas y en ambos bandos (básicamente liberalismo y socialdemocrácia) hay soluciones imperfectas a los problemas. No se puede nadar y guardar la ropa; aunque eso ya lo sabíamos, está bien verlo escrito. Es ese aspecto también comenta: "Si no existe un bien único, entonces es probable que no exista una forma de análisis única, que capte todas las diversas formas de bien, ni una lógica política única, que pueda abarcar todas la éticas. Esta no era una conclusión fácilmente accesible a través de las categorías o métodos del pensamiento político contemporáneo. En esta tradición, el concepto dominante era el de unos beneficios absolutos y unos costes asumibles: el debate político, en esta clave, equivalía a un resultado de suma cero. Había sistemas y objetivos buenos y malos, elecciones correctas y equivocadas derivadas de sus premisas no menos correctas o equivocadas. Según esta forma de pensar, reforzada en el pasado reciente por la experiencia de la guerra total, la política se describía y trataba en realidad como un juego de todo o nada, de ganar o perder, de vida o muerte. El pluralismo constituía por definición un error categórico, un engaño deliberado o una vana y trágica ilusión".

Ese pluralismo que defienda a ultranza es en el que yo me siento también representado: "Pese a mi rigurosa atención a un momento y lugar histórico determinados, mi argumento era esencialmente conceptual e incluso ético: la incorrección intelectual y la imprudencia política de asignar a ninguna institución, a ningún relato histórico monopolista, a ningún partido político o persona en concreto, la autoridad y los recursos para regular y determinar todas las normas y formas de una vida pública bien ordenada. La buena sociedad, como la bondad misma, no puede reducirse a una sola fuente; el pluralismo ético es la condición previa y necesaria para una democracia abierta".

También hay una parte en la que hablan sobre la democracia que es bastante interesante. Porque la democracia es el resultado de una serie de requisitos previos. Es un resultado, no una causa: "Si uno se para a pensar en la historia de las naciones que maximizaron las virtudes de lo que nosotros asociamos con la democracia, se da cuenta de que primero vino la constitucionalidad, el Estado de derecho y la separación de poderes. La democracia casi siempre llegó lo último. Si por democracia entendemos el derecho de todos los mayores de edad a tomar parte en la elección del gobierno que va a dirigirles, eso llegó muy tarde".

Algunos otros párrafos, aunque tendría para llenar varios posts:

"La democracia de masas en la era de los medios de comunicación de masas hace que, por un lado, se pueda poner al descubierto de inmediato que Bush robó las elecciones pero, por otro, que a gran parte de la población no le importe. En una sociedad liberal con un sufragio más restringido, como las viejas sociedades del siglo XIX, le habría sido más difícil robar las elecciones: a las relativamente pocas personas verdaderamente implicadas les habría preocupado mucho más. De modo que debemos entender que la masificación de nuestro liberalismo conlleva un precio. Con ello no quiero decir que debamos volver al sufragio restringido, o a dos clases de votantes, los informados o los desinformados, ni mucho menos. Pero el argumento sirve para comprender por qué la democracia no es la solución al problema de las sociedades que no son libres".

 "La máxima de Churchill de que la democracia es el menos malo de los sistemas posibles alude a una cierta verdad, aunque limitada. La democracia ha sido la mejor defensa a corto plazo contra las alternativas no democráticas, pero no constituye una defensa frente a sus propias taras congénitas. Los griegos sabían que no es probable que la democracia sucumba a los encantos del totalitarismo, el autoritarismo o la oligarquía; es mucho más probable que lo haga ante una versión corrupta de sí misma. Las democracias se corroen muy rápidamente, se corroen lingüísticamente, o retóricamente si lo prefieres, eso es lo que Orwell quería señalar respecto al lenguaje. Se corroen porque la mayoría de la gente no se preocupa mucho de ellas. [...] La democracia no es condición necesaria ni suficiente para una sociedad buena y abierta. No quiero parecer excesivamente escéptico respecto a la democracia, como si en realidad prefiriera las sociedades aristocráticas, liberales, del siglo XIX. Pero sí quiero hacer una observación en la línea de lo que decía Isaiah Berlin. Simplemente tenemos que reconocer que algunas sociedades anteriores no democráticas fueron en ciertos aspectos mejores que democracias posteriores".

"Kraus ya supo ver esto hace un siglo. Cuanto más democrática es una sociedad, más limitada es la influencia de los verdaderos intelectuales. La crítica inteligente, literaria o impresa, de los que ostentan la autoridad funciona mejor cuando la influencia y el poder son gestionados dentro de un círculo restringido".

"El Estado del bienestar no es fundamentalmente, excepto en Escandinavia, obra de los socialdemócratas".

"Y me pregunto si hoy en día no se ha perdido esa misma voluntad o capacidad de los intelectuales para formular qué es lo que realmente va mal en la economía y en la sociedad. Esa capacidad se ha perdido en dos etapas. La primera, que data de finales de la década de 1950, fue el autodistanciamiento de los intelectuales con respecto a la preocupación por las injusticias claras y observables de la vida económica. [...] En época más reciente, yo creo que en realidad hemos sido víctimas de un giro discursivo, desde finales de la década de 1970, hacia la economía. Los intelectuales no se preguntan si algo está bien o mal, sino si una política es eficaz o ineficaz. No se preguntan si una medida es buena o mala, sino si mejora o no la productividad. La razón por la que lo hacen no es necesariamente porque no estén interesados en la sociedad, sino porque han llegado a asumir, de forma bastante acrítica, que el sentido de la política económica es generar recursos. Hasta que no se hayan generado recursos, viene a decir el estribillo, no tiene sentido hablar de distribuirlos. Desde mi punto de vista, esto se acerca mucho a una especie de chantaje: ¿no vas a ser tan poco realista o tan espiritual o idealista como para establecer los objetivos antes que los medios, no? Por tanto, se nos recomienda que todo parta de la economía. Pero esto reduce a los intelectuales —no menos que a los trabajadores de los que están tratando— a ratones que corren sobre una rueda que no para de girar".

En fin, un libro muy bueno que os recomiendo si os interesa la historia y, sobre todo, pensar.


El Asombroso Spider-man


Spider-man mola infinito. Eso es así. Es el mejor superhéroe del mundo. El único que le hace algo de sombra es Batman. Tiene todas las dificultades del mundo para ser superhéroe y aún así renuncia a todo lo demás para poder ayudar a los demás. No es multimillonario como Stark o Wayne, no viene de otro planeta, no va en pandilla como los X-Men, los 4 fantásticos o los Vengadores (al menos no siempre). Ha visto morir a su tío, a su novia, al padre de su novia... la lista es larga, pero aún así sigue luchando y se sobrepone una y otra vez. Y además lo hace con humor. Hay quien dice por ahí (léase Bichejo y Anniehall) que es un sosainas, pero eso son habladurías.

Todo esto viene a cuenta de que Newland23 me regaló por mi cumpleaños (espléndido que es él) un libro de Spider-man. En concreto este. Me lo he leído durante la Semana Santa y me ha encantado. He de empezar diciendo que yo nunca he sido mucho de cómics, bueno, nunca he sido de cómics de superhérores. Durante muchos años lo único que leía eran cómics, pero eran básicamente Mortadelo y Filemón (aún hoy me muero de risa con ellos) y Astérix. Tenía algún cómic de Superman que sí que me gustaba, pero tampoco era de mis preferidos y recuerdo que alguien llevó a casa algunos cómics de Conan de los que yo entendía poca cosa de la historia porque eran números sueltos, pero salían unas señoritas bastante aparentes.

Mis problemas con los cómics son dos: en primer lugar este tipo de cómics suelen tener una distribución espacial no lineal que los hacen difíciles de leer. Las viñetas no siempre van de izquierda a derecha y de arriba abajo y los bocadillos con los diálogos también son a veces algo embrollados de leer. El segundo es que en cada cómic que te lees te salen referencias a otros diez que no te has leído. Entiendo que una vez que te tienen enganchado con las historias todo esto es muy bueno para la editorial porque hace que estés todo el día queriendo comprar cómics, pero a mí me distanciaba bastante porque veía que no me iba a dar la vida para enterarme de casi nada.

Alguna vez he intentado leerlos en el kindle, pero es un lío. Ahora con las tablets se ha solucionado mucho la cosa, aunque como yo no tengo ninguna pues tampoco me ha dado por ahí, de momento...

Centrándonos en el libro en sí, recoge dos años de la serie de El Asombroso Spider-man que dicen que son de los mejores. El guionista de casi todos es Roger Stern y el dibujante, John Romita Jr. Las historias son muy buenas. Y el formato está muy bien, son casi 700 páginas de historias que se leen con mucha rapidez. Me ha venido bien para intercalarlo con el libro de este mes del Club de Lectura 2.0 y con el bodrio del que hablé ayer. Aparece el Duende, el Buitre, el Juggernaut, la Gata Negra (con amores incluidos)... en fin, que es un libro estupendo y que de nuevo le doy las gracias a Newland23 por habérmelo regalado.

Leedlo, porque ya sabéis que un gran poder conlleva una gran responsabilidad...