Ciudadano del mundo

Bueno, pues aquí sigo de momento. Intentando ganarme el pan en la nueva empresa. El pasar de un departamento de una decena de personas a una empresa de más de cuarenta mil tiene ciertas implicaciones. Ya os conté como me sentía como Paco Martínez Soria entre newsletters, partes de trabajo, números para imprimir y demás zarandajas.

Pero una de las cosas, que yo diría buenas, es que te hace tener que dar respuesta si quieres ganarte el pan. Y eso hace que desde que estoy allí haya tenido que participar en una oferta en Oriente Medio, bueno, en dos. Éstas en inglés; haya tenido que presentar nuestro departamento a unos compañeros de Rusia, también en inglés; haya hecho una oferta para Brasil, en español, pero leyendo los documentos en portugués; y ahora esté haciendo una oferta en español a partir de unos pliegos en francés para un trabajo en Canadá. El por qué unos canadienses prefieren que les demos los documentos en español en vez de en inglés daría para hablar largo y tendido, pero no voy a eso. También podría hablar de los documentos en rumano que he tenido que mirar, aunque ahí he de reconocer que me he enterado de bastante menos.

Y eso me gusta. Me gusta ver que sin haber dado en mi vida una clase de francés o de porugués soy perfectamente capaz de entender lo que me piden. Eso viene, está claro, por que la parte técnica utiliza terminología similar. También porque además de la terminología, los ingenieros tenemos una manera cuadriculada de trabajar por lo que la estructura de los documentos, de las memorias técnicas, es similar. Y también hay algo más que tiene que ver con la experiencia personal que se adquiere. Conozco a mucha gente a la que le parece increíble la facilidad que tengo para redactar documentos, estructurarlos y, en definitiva, contar una historia. Una historia que no tiene por qué ser entretenida, pero sí coherente, con su planteamiento, nudo y desenlace. Bueno, sí, también tiene que ver con que el francés y el portugués son parecidos al español... claro. Ya me pueden dar un documento en chino que por muy estructurado que esté...

Ser consciente de que se me da bien contar esas historias es algo que tenía más o menos claro. Y que es algo que se aprende y perfecciona con la experiencia también lo sé. Además me gusta pensar que es algo que puedo enseñar. Creo que hay gente en el circo que ha aprendido a redactar documentos o que ha mejorado en ello gracias a mí. Y eso me hace un poco feliz. Tampoco sé muy bien por qué, la verdad. Tampoco es que sea un superpoder ni nada parecido.

También me gusta eso de cruzarte correos con gente de medio mundo. Es cierto que también tiene su lado malo como las diferencias horarias o las distintas normativas o los plazos infernales o el pedir la luna pagando casi nada... pero en general me gusta esto de toquetear por aquí y por allá. Al menos de momento.

Para remate del tomate me han llamado de un proceso de selección en el que me estuvieron haciendo cienes de entrevistas (psicotécnicos incluidos) y que quedó en nada y ahora se ha reactivado. He dicho que sí. Creía que todo se limitaba a una llamada telefónica con unos holandeses, pero no. Quieren que vaya a Utrech a entrevistarme con ellos, aunque eso lo dejo para otro post porque últimamente mis ideas escasean. Será que las gasto todas en el trabajo...

Ingeniería para dummies (IX)

He pensado sobre si escribir esta entrada o no, pero al final creo que después de leer tantas cosas por ahí sobre el accidente algo sí que habría que decir. Lo primero es expresar mi consternación por el accidente y mi tristeza por todas las víctimas. Ha sido un accidente terrible. A eso se ha unido el desconcierto y el lento conteo de muertos. Cuando me acosté se hablabá de veinte o treinta y al despertar ya eran más de setenta.

Además yo trabajo en el ferrocarril. Llevo más de doce años metido en este mundo y me apasiona. Me encanta el mundo de los trenes con toda su complejidad y sus condiciones particulares. Su historia, sus sistemas, sus historias... tampoco soy ningún friki de los trenes. De pequeño no creo haber tenido ninguna maqueta ni voy comprando libros sobre ellos en cuanto tengo ocasión (a lo mejor en eso no estaba de acuerdo Anniehall, pero los libros que compro normalmente son para el trabajo).

Además he estado un montón de veces cerca de esa línea desde su innauguración. Habré ido como seis o siete veces a Orense, Lalín, O Irixo, A Susana (de ahí es la foto del post que juro que no está trucada) y Santiago, además de a algunos tramos de vía. Nuestro trabajo tenía que ver con lo que la línea nueva podría afectar a la línea antigua. Recuerdo perfectamente esa curva y como la veíamos desde la autopista cuando íbamos y volvíamos de trabajar. Yo estuve midiendo muy cerca de ahí.

Y, bueno, quería haceros algunos comentarios sobre lo que sé de trenes y sobre lo que intuyo que ha pasado, aunque cada día se conocen nuevos datos y lo que pasó es algo, en cualquier caso, difícil de entender.

Empezaremos por las señales. En el mundo del ferrocarril también hay "semáforos", pero su funcionamiento es distinto al de los de las calles. Hay que decir que primero se inventaron las señales semafóricas ferroviarias y luego los semáforos de coches. El sistema de señales en el ferrocarril nació de la necesidad de avisar con antelación al maquinista de lo que se iba a encontrar en el siguiente tramo porque un tren es un artefacto muy difícil de parar. De esta manera, la luz verde significa que puede seguir a la velocidad indicada para el tramo y para el tipo de vehículo del que se trata. La luz amarilla no significa precaución o que se tenga que ir más despacio, sino que la siguiente señal estará en rojo. Por supuesto que el maquinista tendrá que ir frenando porque en frenar un tren se tardan kilómetros, pero no significa precaución o toma esta curva más despacio. Para eso están las limitaciones de velocidad que son similares a las señales de la carretera, solo que en este caso suele haber varias dependiendo del tipo de tren y del itinerario que esté recorriendo.

La relación entre las señales, las agujas y los movimientos del tren se realizan mediante un equipo que se llama enclavamiento. Es el que permite o no que se abran las señales para permitir al tren realizar un recorrido e impide que se establezcan otras rutas que puedan provocar un accidente. De igual manera impide que los elementos de esa ruta (principalmente agujas) puedan moverse mientras está pasando el tren. Este es un elemento de seguridad. Básicamente es donde radica la seguridad ferroviaria. En el mundo de la seguridad, el nivel de seguridad de un equipo como un enclavamiento es SIL 4 que no voy a explicar, pero que viene a decir que a probabilidad de que el equipo provoque una situación en contra de la seguridad debe ser de una entre mil millones más o menos. Esto se consigue verificando todas las partes del diseño y realizando pruebas en las que literalmente se desmenuzan los ordenadores viendo lo que pasa al cortar cada uno de los cables o desconectar cada uno de los componentes y subcomponentes y analizar las consecuencias. De esa manera, entre el análisis de procedimientos y el resultado del mal funcionamiento del equipo se construye lo que se llama un árbol de fallos. No voy a seguir por aquí, pero que os quede la idea de que un sistema ferroviario no es un scalextric.

Ni que decir tiene que el maquinista tiene mucha responsabilidad al respecto. Es el encargado de hacer que el tren se ajuste a las velocidades de cada tramo según el tipo de tren en el que vaya. Según fue evolucionando el mundo del ferrocarril (y según se fueron sucediendo accidentes terribles) se vio que el maquinista a veces se despistaba, o se podía morir, o le podía entrar carbonilla en un ojo y no ver la señal... en fin, muchas veces el desarrollo en seguridad se produce para evitar causas que no se habían previsto en un principio. Se crearon sistemas para aumentar la seguridad. Uno de estos sistemas son las balizas ASFA de las que habréis oído hablar estos días. Son un sistema de balizas puestas en el medio de la vía y que mandan una señal al tren que pasa por encima indicándole el estado de la señal y, si esta es amarilla o roja y el maquinista no actúa, hace que frene el tren automáticamente. De esta manera, si el maquinista se despista o le da un ataque, el tren se para por sí solo. Este sistema no regula la velocidad de manera directa, solo en caso de que no se pare delante de una señal en rojo o de que pase a más velocidad de la cuenta una señal en amarillo. Es un sistema pensado para que no se sobrepase una señal, no para que el tren regule la velocidad en una curva.

Avanzando en el tiempo, llegamos a un nuevo concepto de sistemas en los que se automatiza el movimiento de los trenes de manera que el maquinista solo está ahí para el caso en que haya alguna avería o pase algo excepcional. En estos sistemas, un ordenador de a bordo controla la velocidad del tren y en caso de que se sobrepase, frena. Son sistemas complejos, y por lo tanto caros, en los que se puede regular la marcha en función de atrasos o adelantos, de las condiciones de la vía, de los trenes que hay por delante y por detrás... por ejemplo, muchas líneas de metro los tienen (creo que todas en Madrid) y si os fijáis cuando entran en la estación podéis ver muchas veces a los maquinistas leyendo el periódico o sin tocar los mandos para nada. Bien, esos sitemas se llaman ATO y un ATO estandarizado para toda Europa (Comunidad Europea, mejor dicho) es el llamdo ERTMS, aunque realmente el sistema de control se llama ETCS.

Un sistema así es el que está instalado en el Orense ― Santiago hasta unos seis kilómetros antes de entrar en Santiago. No está claro si ese sistema estaba funcionando a bordo del tren o no. Lo que está claro es que el maquinista tenía el control del tren desde ya hacía varios kilómetros cuando se produjo el descarrilo. Así que por esa parte yo tengo claro que el maquinista tiene bastante responsabilidad en el accidente. La posibilidad de que las balizas hubieran frenado el tren dependía de la posición de las señales y del aspecto de las mismas (de qué foco estaba luciendo) porque como ya os he dicho su función es impedir que el tren se salte una señal en rojo, no que regulen su velocidad y no sé si habitualmente el maquinista se fiaba de que le avisara de que tenía que frenar. Para saber por qué no frenó tendremos que esperar.

Es posible que algo más haya fallado. Yo creo que el maquinista se distrajo o confió en que el sistema del tren frenaría por sí solo o le avisaría al rebasar la señal, o creía que estaba en otro punto de la línea. En esa línea es difícil saber dónde estás porque prácticamente toda está formada por túneles y viaductos. Se habla de muchas cosas sin saber (para muestra, un botón, incluso aparece el concepto de libro de abordo que no sé si será un libro para piratas o qué). Lo que también quiero dejar claro es que los sistemas ferroviarios se diseñan siempre con la vista puesta en la seguridad. Normalmente se supone que el maquinista respetará los límites. Un maquinista tiene que estar autorizado para hacer un recorrido concreto, lo que quiere decir que ha hecho muchos viajes estudiando el trayecto y que prácticamente se lo conoce de memoria. Y además se tienen sistemas para que los trenes no se salten las señales, que es lo que provoca la mayor parte de los accidentes ferroviarios. El tren es un medio seguro de transporte en el que se gasta mucho dinero para realizar pruebas y estudios que permitan tener una cierta garantía de que no se vayan a producir accidentes.

A lo mejor fue justo el error entre mil millones, pero no parece que esos sistemas hayan fallado.

Quizá este accidente de Santiago sirva para reforzar aún más la seguridad en el ferrocarril e inventar otros nuevos sistemas que impidan que desgracias así vuelvan a producirse. De todas formas, aquí en España somos mucho más del vocerío y del tertulianismo ilustrado que de analizar los datos y sacar consecuencias. Así nos va, claro.

Del vértigo y su tratamiento

Si me conocéis ya un poco os habréis dado cuenta de que muy osada e intrépida no soy. Más bien soy tirando a cagada. En lo físico quiero decir (en lo otro es otra historia que puede que cuente otro día). No me van las montañas rusas, no me he tirado jamás en paracaídas, no me llama el puenting ni ninguna otra actividad que acabe en ing (incluyendo entre ellas el coachsurfing)… Y, sobre todo, tengo un miedo atroz a las alturas.

No sé de niña, pero sí recuerdo que ya de preadolescente me pasaba. En aquella época, de todos modos, hubo una temporada en la que me hacía la valiente y, cagada por dentro, me subía donde fuera intentando mantener la sonrisa y la naturalidad (no sé si con éxito). Luego se me pasó el arrebato y decidí que pasarlo mal porque sí no era lo mío.

Lo del miedo a las alturas además, y parece que es lo habitual, ha ido aumentando con la edad. Dentro de lo malo tengo suerte, porque hay gente a la que el miedo le hace sentir la necesidad de tirarse al vacío. Suena raro, sí, pero conozco a varias personas a las que les pasa. Lo mío es más normal. Yo ‘sólo’ me quedo paralizada. Se me bloquean las piernas, intento agarrarme a algo y me quedo petrificada donde me sobreviene el ataque de pánico.

Esto ha dado lugar a situaciones que podríamos calificar como… ¿interesantes? Por ejemplo, una vez en el Guggenheim en Bilbao, en una de esas pasarelas sobre el vacío, me quedé parada a la mitad y tuvo que venir ND al rescate y yo salir andando con más miedo que vergüenza y todo el cuerpo temblando. Y no estaba muy alto, es la sensación de vacío. Otra vez que fuimos a Madeira no pudimos bañarnos ni una vez en la piscina de agua de mar del hotel porque se llegaba usando un ascensor al que se accedía a través de otra pasarela estrecha ‘en el aire’.

En el trabajo también he tenido mis momentos. Supongo que imagináis que para calentar un invernadero combinado, hace falta una caldera un poquito más grande que la de casa. Pues acertáis. La que había en el pinche desierto tenía, si no recuerdo mal, cinco tramos de escalera. Y ahí me fui yo un día toda decidida en plan ‘a Dios pongo por testigo que esto no va a poder conmigo’… Y pudo. No llegué ni al segundo tramo.

Otra vez, en un invernadero mucho más antiguo que ni siquiera era combinado ni nada, me quedé bloqueada al salir del ascensor que nos subió a lo alto de la caldera (sí, era de aquellos otros tiempos, cuando consideraban que los ingenieros no podíamos subir a la caldera andando y nos ponían ascensores, ‘ah! the old golden days’…). El caso es que al salir del ascensor el suelo era ¡de rejilla! Y la barandilla muy endeble. Total, que allí me quedé, aferrada a la pared del ascensor cual Spiderman, mientras los otros veían lo que se supone que yo tenía que ver. Fenomenal.

(¡Ostras! Esto iba a ser una introducción y casi me sale un post).

Todo esto viene a que ayer me tocaba disfrutar ¡por fin! de uno de mis regalos de cumpleaños. El concierto de Diana Krall en el Price. Y resultó que nuestros asientos estaban un poco arriba. Y pegados al borde. Y con una barandilla muy alta. Y con mucho hueco entre la barra de la barandilla y el pretil. ¡Ay! Que me da… llegué al asiento pensando que no me movía y que si venía alguno iba a tener que saltarme aun a riesgo de poner en peligro su vida porque yo de ahí ya no me levantaba más que para irme.

Una vez pasada la primera impresión mi mayor miedo pasó a ser hacer un Ben-Hur y salir condenada a galeras por haber tirado el móvil o el bolso abajo y darle en la cocorota brillante a su señoría Gómez Bermúdez que estaba entre el público. A galeras, o a escarnio tertuliano por boca de su señora opinadora profesional, también entre el respetable.

Luego vino ella: Diana (no la Beni, quita de ahí). ¡Ay! Casi dos horas de hipnosis sin vértigo ninguno. Qué maravilla. Puesta en escena escasa, por no decir nula. Y para qué. Los músicos, sus instrumentos y las luces. Empezó con unas canciones de su último disco, versiones de la música que ponía su padre en casa, de los veinte los treinta del siglo XX, acompañada por sus cinco músicos: contrabajo, percusión, guitarra, cuerdas varias (a lo largo del concierto usó guitarra, banjo, ukelele, ese violín plebeyo que los anglosajones llaman fiddle…) y teclado. Esa primera parte la terminó con una versión espectacular de Temptation de Tom Waits donde cambiaron por completo el tono inicial y lo dieron todo.

Luego se quedó ella sola al piano. Empezó bien y después decayó un poco, sobre todo con una de Neil Young que me aburrió mucho pero enseguida volvieron los músicos y se recuperó la cosa. Ya no sé si fue en los bises o cuándo, pero hacia el final tocaron una versión fantástica de Boulevard of broken dreams.

En total unas dos horas de hipnosis y disfrute absoluto de sus manos al piano y su voz un poco grave y lo justo de ronca. ¡Ah! y ningún vértigo. Me quedo con las dos versiones que he mencionado.

Estuvo simpática en las introducciones a las canciones y entendí todo todo todo todo lo que dijo y eso que no habló ni una palabra en español más allá de ‘buenas noches’ (punto para el señor V).
Eso sí, Diana, amiga, dos cosas te voy a decir. Botas por encima de la rodilla a cuarenta grados ¡mal! Y falda corta si tienes que tocar dos pianos y te cambias veinte veces de postura está muy bien si te importa un bledo que se te vean las bragas. Si te preocupa y tienes que andar recolocándote la falda en cada movimiento cambia de estilismo.

Pues eso, que ya he encontrado cura para mi vértigo. Lo que pasa es que va a ser un lío organizar mi agenda con la de la Sra. Krall cuando me toque subir a la caldera de algún invernadero o similar. Y además no sé yo si  luego sabré meter su caché en la nota de gastos. Qué dilema.

Así que, chicas, os tengo que dar las gracias dos veces: por un concierto fabuloso y por descubrir la cura de mis males. Aunque sea accidentalmente. Gracias dobles entonces a @AmanitaPhaloide, @BeQaD, @esemarron y @molinos1282.

(Crítica autorizada aquí, soy incapaz de encontrarla en El Mundo y la de abc solo está disponible con suscripción. Luego si puedo os pongo un vídeo que grabó ND piratamente).




P.D: No he podido subirlo (Blogger me odia), así que os pongo este que está bastante mejor grabado... (ND)

Flor de estufa

Soy bastante de interior, creo. A ver, no, nací en la costa cantábrica, sí, y viví dieciocho años por allí. No me refiero a eso. Me refiero a que soy más de actividades de interior. En general.

Por ejemplo, Tochi, no pierde ocasión de cachondearse de mí porque jamás voy al campo desde que descubrió horrorizada que no tengo calzado campestre. Que digo yo, si no voy al campo ¿para qué demonios lo quiero?

Tampoco soy deportista. Bueno esto tampoco es muy definitorio de mi predilección por los interiores, podría hacer halterofilia o futbol sala (por poner dos ejemplos que me pegan mucho) que son bien de interior. El caso es que no salgo a correr, ni a montar en bici o patinar… Nada de eso.

No tengo un jardín que cuidar y, si lo tuviera, me horrorizaría tener que cuidarlo. Claro que de las plantas de interior mejor no hablamos tampoco, que os cuente ND si no le da mucha pena.

En fin, eso, que me gusta más estar dentro que fuera de los sitios. Pero si te gusta la playa, diréis. Pues sí. Y pasear por las ciudades que visitas. Pues también. De hecho cada vez me gusta más eso que ir a los museos, iglesias o similares cuando voy de viaje. Pero me gusta pasear por ellas, no quedarme quieta en la arena.

Y todo esto a qué viene, diréis. Bueno, pues para empezar porque hace mucho que no publico y de algo hay que hablar. Y también a que no entiendo el éxito de terrazas y chiringuitos. Si me dan a elegir yo siempre prefiero comer dentro.

Fuera entiendo una cerveza o un aperitivo en esos primeros días de la primavera cuando empieza a hacer sol y antes de que empiece el infierno veraniego. Pero solo si la vista lo merece. Por ejemplo, me parece una delicia tomar el aperitivo en el porche de la casa de mis padres los días de sol. Viendo el jardín, que ya tiene árboles grandes, y disfrutando del solecito. O tomarme una caña en el Grande de Ávila, viendo las murallas. O en una de las múltiples plazas que optan a más bonita plaza mayor del mundo (aquí que cada uno ponga la que quiera: Grand Place, Salamanca, Madrid, su pueblo o ciudad…, no he venido yo a pelearme por eso hoy), de cara a una playa espectacular o cualquier otro paisaje de quitar el hipo. Me vale, sí, por un ratito y si no hay mucha comida.

Lo del chiringuito me parece comprensible, claro, pero no lo más deseable. Es decir, estás en la playa, no tienes comida, quieres seguir en la playa por la tarde. Vale, se admite chiringuito. Entiendo que sea una opción de comodidad. Pero ya.

Lo que me cuesta mucho más entender son esas terrazas en la acera, al borde de la calzada por donde están pasando coches constantemente, en mitad de una calle anodina, a treinta grados a la sombra. La terraza abarrotada (que esa es otra) y el local vacío. ¿Por qué prefieres tomarte la caña ahí fuera en lugar de dentro? Dentro no tienes el humo de los coches y suele haber temperaturas compatibles con la vida inteligente. La vista puede que sea igual o peor sí (esas decoraciones de los bares, Chicote, no has hecho ningún bien en eso por mucho que tú creas que sí), pero al menos no te van a cobrar el extra de servirte en la terraza ¿cómo es posible que te cobren más por eso?

Si de lo que hablamos además es de comer (o cenar, vaya), ahí soy radical. Si me preguntan, dentro, siempre dentro. Es que no le veo la gracia. Las sillas suelen ser más incómodas, es muy posible que el sol se te esté metiendo en el ojo durante toda la comida, tendrás frío o calor casi seguro, te pasarás la comida espantando moscas y avispas, la gente que pasa por la calle se te quedará mirando como si fueras un bicho del zoo… Y si además eres como yo, con el súper poder de quemarte con tres rayitos de sol durante cinco minutos mejor lo dejamos. Que una comida es más larga que un aperitivo y además es mucho más difícil moverse según se mueve el sol arrastrando platos, cubiertos, a los demás comensales... Es que no le veo la gracia, oye.

El paisaje, me diréis. Pues mira, el paisaje lo ves antes o después ¿o es que llegas al sitio con los ojos vendados? Que, además, comer es una cosa muy seria y no hay que distraerse con el panorama. He dicho. (Y si Tochi no estuviera de vacaciones me llamaría abuela cebolleta y me cantaría papasconarrozbonitocontomate… después de esto, ya me lo canto yo).

Que lo mismo me lo explicáis y lo entiendo… bueno, no creo, que ya tengo manías de señora de mediana edad.

Mi abuela


He tenido que reeditar el post que había escrito esta mañana porque esta tarde mi abuela ha muerto. Cumpliría 93 años en septiembre, el día de San Miguel.

Llevaba un par de años bastante mal, necesitaba oxígeno contínuamente y este último año prácticamente no podía andar. Dentro de sus achaques y deterioro, ha mantenido la cabeza bastante bien hasta el final. Últimamente confundía a la gente o no se acordaba de quién era. La última vez que la vi consciente, hace un mes, no se acordaba de mí. Luego, cuando se recuperó un poco, se acordaba de que no me reconoció y le daba mucha rabia.

Ha sido una paciente un poco mala. Cuando estaba bien dejaba de tomar las pastillas o se medicaba según le venía en gana por lo que estos dos últimos años ha tenido que estar ingresada bastantes veces. Y muchas veces comentaba que estaba cansada y que para qué iba a seguir viviendo, que ya no podía esperar nada de la vida más que ir a peor y ser una molestia. Por supuesto que le decíamos que no, que estaba bien, que tenía a sus biznietos -cinco y otro en camino- y que había muchas cosas por delante. Pero ella sabía que no. Y frente a eso hay poco que hacer, creo yo. Si te cansas de vivir poco queda por delante, supongo.

Ha sido la única de mis abuelos que ha conocido a sus biznietos. Los ha conocido y los ha disfrutado. Era la típica abuela que los pillaba por el brazo y no les soltaba hasta que les daba un beso que casi los dejaba axfisiados. Siempre les traía un paquete de caramelos werther, aunque solo se comían uno y después de sobraba todo el paquete. Estuvo haciendo faldones y gorritos de ganchillo para C que solo se los pusimos un día para hacerle una foto y

Yo recuerdo que siempre me pareció una abuela super mayor y, echando cuentas, tenía 52 años cuando yo nací, o sea que era mucho más joven que mis padres cuando fueron abuelos y yo les veo mucho más jóvenes. Serán cosas de la edad, aunque también pienso que ha cambiado lo que es ser mayor. Para bien, me parece.

Recuerdo dormir en su casa del pueblo con los colchones de lana en los que te quedabas empotrado y amanecías teniendo que trepar por la cama. Recuerdo el orinal debajo de la cama y las bolsas de agua caliente que había que meter para no morirse de frío. Recuerdo las gallinas e incluso algún cerdo. Luego, cuando a mi abuelo le prohibieron comer embutido por el colesterol dejaron de tenerlos. Recuerdo una matanza a la que me llevaron. Recuerdo los chillidos del cerdo y a un señor con un barreño bajo el cuello cogiendo la sangre y recuerdo también el olor a piel quemada.

Recuerdo la gloria, que era una calefacción bajo el suelo, una especie de hoguera subterránea que calentaba el suelo y que lo dejaba tan caliente que tenías que tener cuidado de que no se te quemaran los zapatos. Recuerdo el brasero y luego las estufas de butano.

Recuerdo el desván donde hacía jabón y como lo guardaba entre papeles de periódicos que luego no había manera de quitar hasta que de usarlo se le iban borrando las letras. Recuerdo como jugábamos ahí entre polvo y maderas crujientes. Recuerdo el pajar, donde no nos dejaban entrar más que acompañados porque podía caerse en cualquier momento.

Recuerdo su arroz con leche que era de una densidad incompatible con la salud y que me gustaba bastante. Cierto es que desde que me atreví a probarlo porque al principio me parecía una masa grumosa poco apetecible y ella me hacía natillas en vez de arroz con leche.

Recuerdo cómo cuando empezaba a contar una historia o algún chascarrillo del pueblo nunca terminaba, iba enlazando unas historias con otras de una manera arborescente en la que terminaba por perderse el hilo de lo que realmente quería contar.

Recuerdo lo contenta que estaba en nuestra boda en la mesa presidencial...

En fin, son muchos recuerdos. Aunque es cierto que tampoco teníamos una relación muy cercana porque ella vivía en el pueblo y no nos veíamos más que unas cuantas veces al año. La relación con mi padre tampoco era la mejor del mundo, a mi padre le cargaban mucho todas sus historias y el que metiera baza sin saber de qué se estaba hablando y que siempre tuviera una excusa para todo. Supongo que tendrá que ver con cosas pasadas de esas que uno entrevé, pero no se atreve a preguntar. O es simple manera de ser.

A mí también me cargaba a veces y algunas perdía los nervios. Es verdad y lo siento mucho. Supongo que ella se sentiría mal a veces, pero nunca lo hizo notar.

Yo estoy triste, pero por otro lado creo que es lo que ella quería, o al menos no le veía mucho sentido a seguir viviendo. Para mí es difícil de entender, pero supongo que el que todos tus conocidos y familiares se hayan muerto tiene bastante que ver en eso. Sentirse en un mundo en el que ya no encajas.

Espero que no haya sufrido estos últimos días y que estos recuerdos y otros muchos que tengo sigan conmigo y les pueda hablar a mis hijos de su bisabuela, la única que llegaron a comocer.

Sit tibi terra levis, avia.

Rodrigo Leão

Creo que no hemos hablado en el blog de Rodrigo Leão y supongo que es una pena. Es un compositor e intérprete maravilloso. Tiene canciones que me encantan y prácticamente ninguna que no me guste aunque sea un poquito.

Fue parte de Madredeus hace ya muchos años. Tampoco eran de mis preferidos. Le gustaban a mi hermano. A mí me parecían demasiado... no sé, trascendentes y repulidos. No sé, eran demasiado modernos siendo a la vez antiguos.

Luego, el señor Leão se fue a componer y a tocar por su cuenta y yo creo que hizo bien. Me gustan mucho más sus trabajos solo que acompañado del resto de la banda.

Tiene un disco que se llama Cinema en el que hace un homenaje a las películas y directores que le gustan (y que por lo general a mí me horrorizan como Felini, por ejemplo) que está bastante bien.

Y tiene otro que se llama Alma Mater en el que está esta canción que se llama Pasión y que es maravillosa. Es una mezcla entre tango, por los ritmos, y fado por la tristeza y desesperanza que me encanta. A mí me gusta mucho la voz de Lula Pena en esta canción. Espero que os guste tanto como a mí.


No me olvides,
que me muero.
Amor, mi vida es sufrimiento.
Yo te quiero en mi camino,
Por vos cambiaba mi destino.

Ay, abrázame esta noche
y, aunque no tengas ganas,
prefiero que me mientas,
tristes breves nuestras vidas.
Acércate a mí,
abrázame a ti por Dios,
entrégate a mis brazos.

Tengo, un corazón penando.
Yo sé que vos lo estas escuchando
Con mil lagrimas te quiero.
Pasión sos mi amor sincero.

Ay, abrázame esta noche
y, aunque no tengas ganas,
prefiero que me mientas,
tristes breves nuestras vidas.
Acércate a mí,
abrázame a ti por Dios,
entrégate a mis brazos.

La realidad y la ficción


Sí, lo habéis adivinado. Vamos a hablar de tonteridas. Pero ¿qué queréis? Desde que trabajo de verdad llego a casa sin muchas ganas de ponerme a teclear. Eso por no hablar del calor que hace, que aunque sea menos que la semana pasada aún es bastante... de verano.

Voy a hacer una reflexíón de todo a cien sobre lo que somos y lo que creemos que somos. Hay estudios que indican que nos mentimos a nosotros mismos (más los hombres que las mujeres) para que tengamos el ego subidito. Las razones yo no las tengo tan claras. Hay quien dice que es para que nuestra posición dentro del grupo o de la manada sea más alta, creyéndonos mejores de lo que somos arriesgamos más y tenemos más posibilidades de prosperar en el grupo.

También hay quien dice que ese creernos mejores de lo que somos nos hace emprender misiones arriesgadas o ciclópeas misiones como pueda ser escribir un libro o dejarlo todo e irse a las antípodas a ver si allí mejoran las cosas laborales... Y que junto con esa mala valoración de nuestras capacidades tenemos una innata capacidad para infravalorar el tiempo que nos va a llevar hacer esas cosas. Esto también es interesante. Estamos genéticamente programados para sobrevalorar nuestras capacidades y para infravalorar el tiempo que nos va a llevar. Eso por no hablar cuando, por azares del destino, tienes una cierta facilidad para programar tareas de una manera realista, pero tu jefe quiere que las cosas se hagan por el mismo dinero en la mitad de tiempo y... cuando no se puede te echa la bronca y te dice que qué pasa con la planificación esa que hiciste TÚ...

Según parece, hay gente más dispuesta a asumir riesgos y otra más dispuesta a asumir penalidades, quedándose donde está, conformándose con lo que tiene antes que tener que arriesgarse a poder perder lo que se tiene. Dicen que de esa manera es como es más viable que triunfe una especie. Unos se quedan en lo que conocen y otros se arriesgan. Si los que se arriesgan no triunfan, quedan los que no se arriesgaron y habrá otros que lo intenten. Mientras que si triunfa, establecerá una nueva colonia o ciudad donde crecerán a su vez gentes que se arresgarán y otras que no.

Ahora, el caso es que me he ido totalmente del tema. Estaba pensando en poner un par de vídeos sobre lo que creemos ser y sobre lo que somos. Porque, por ejemplo, cuando el Príncipe Gitano canta, se piensa que lo hace así:


Pero la realidad es algo diferente:


¿Cuál es la lección que hay que sacar de todo esto? Ninguna importante, pero yo me pregunto: Si Elvis canta así de bien... ¿Cómo demonios se creería él que lo estaba haciendo? Si él también se sobrevaloraba, lo que escuchaba en su cabeza tenía que ser la leche! Esa versión es la que me gustaría oir. Una lástima que no se pueda saber como se oía Elvis a sí mismo... Supongo que a lo mejor le pasaba lo que a todos cuando nos escuchamos grabados. a lo mejor decía ¿de quién es esa voz tan horrorosa?

Bueno, es lo que nos ha quedado. Todo esto os lo cuento porque estos últimos días les he estado poniendo Elvis a mis hijos y les está gustando. Bueno, ¿y a quién no?

Branding Soberano

Bueno, ya os dije el otro día que en la nueva empresa pasan cosas muy raras. Al menos a mí me lo parecen.

Ayer tuvimos una reunión de toda la oficina de la que no podías escaquearte y si te escaqueabas tenías que conectarte online para verla y si te estabas muriendo... bueno, si te estabas muriendo no tenías por qué ir.

Según parece a alguien se le ha ocurrido que no somos muy conocidos. O que podríamos serlo más. O que no nos diferenciamos del resto... En fin, estas son cosas de márketing y de esas cosas yo sé poco, la verdad y me gustaría seguir sabiendo poco porque ya sabéis que según los budistas la felicidad está en la ignorancia. En no preguntar más que en encontrar respuestas.

Según parece nosotros somos la caña, pero no se lo transmitimos al mundo. Y para eso han montado un sarao (el primero de varios, por cierto) en el que se nos instruye sobre cómo transmitir estas ideas con los clientes de manera que nos asocien favorablemente a través de nuestras historias ingenieriles de éxito. Estas historias serán tema de la próxima sesión así que de momento no puedo adelantaros mucho al respecto. Eso sí, me hizo ilusión que mencionaran a nuestro departamento con cierto orgullo.

A mí todo esto me parece bien, aunque yo, en mi sencillez (o garrulez si preferís) empezaría haciendo tarjetas de visita para darse a conocer, principalmente a quien va a tener trato con clientes, aunque sea de manera ocasional. Yo, por ejemplo, no tengo tarjetas de visita y es bastante violento que te den una tarjeta y tú no puedas responder. Como mucho le podría dar mi correo escrito en un postit o en la esquina de un folio y partirlo. Mi número de móvil no se lo podría dar, principalmente porque todavía no me lo sé. Es difícil contar una historia de éxito para terminar diciendo "lo siento, no tengo tarjeta porque en mi empresa solo se las dan a las personas importantes. Yo soy un mierdecilla, eso sí, de éxito. Encantado de conocerle, a ver si nos encarga algún trabajo". No sé, me parece que, como decía José Mota, al final son las gallinas que entran por las que salen. Todo lo que se hayan currado nuestro brain washing se va por el retrete ante la declaración de que somos tan mindundis que no tenemos tarjeta, no porque se nos hayan acabado, sino porque no somos dignos de ella.


Estuve a punto de plantearlo en la ronda de preguntas, pero dado que solo llevo un mes y medio me pareció algo prematuro y a lo mejor sí que me daban la tarjeta o la carta, pero de despido.

Tampoco os creáis que me parece mal. Me parece estupendo. Y los valores que sacaron como ideas resumen me parecen espléndidos. Incluso nos dijeron que parece que el jefazo de Europa dijo que se sentiría fracasado si no conseguía una empresa en la que nadie quisiera irse y que todo el mundo estuviera supercontento. Yo firmo por estar supercontento y no querer irme. Faltaría más.

Lo que yo creo es que la felicidad o como conseguirla parecen tomar trayectorias diferentes según el observador. a mí me gustaría trabajar en una empresa que no me hiciera trabajar los fines de semana para poder ser feliz con mi familia y a la empresa le gustaría que yo estuviera tan involucrado que no me importara trabajar los fines de semana para sacar adelante los proyectos... sin ver a mi familia... veo difícil que conviniéramos en una misma definición de felicidad, aunque a lo mejor no es imposible...

Podría llevarme a mi familia a la oficina el fin de semana y que nos dieran ticket restaurant para el burger king de al lado, por ejemplo... es una idea de esas de conciliación, ¿que no?

Bueno, después del evento hubo un aperitivo en un sitio que parecía un invernadero y en el que hacía un calor que se fundían hasta los canapiés. De eso no tiene la culpa nadie, pero permanecer allí casi una hora como estuvimos para que no nos tomaran por rancios fue algo bastante meritorio, creo yo. Porque la solana que hacía era del diez.

Tampoco quiero revelaros cuales son las ideas que van a cambiar la forma en que nos percibís porque si ni siquiera sabéis donde trabajo, ¿cómo váis a cambiar la forma en la que me percibís? ¿no?

En fin, que volviendo al principio, yo con esto del branding he terminado pensando que el branding que nos viene bien es el branding soberano, que es cosa de hombres... que, por lo visto, tienen tiempo que perder...

Un hombre afortunado

Pues me he terminado de leer este libro de John Berger y con fotografías de Jean Mohr. Me lo compré en un impulso a partir de un email de Amazon en el que me sugería productos similares... sí, de esos que te mandan cuatro cada día. Casi nunca los veo, pero no me acuerdo muy bien por qué, éste sí que lo vi.

Y al leer la reseña decidí comprarlo junto con un libro de helados que me había dicho Anniehall que le encargara cuando hiciera un pedido.

El punto de partida es el de contar la vida de un médico rural en la Inglaterra de 1966. Hace casi cincuenta años. El libro nos muestra su día a día y va acompañado de fotografías en blanco y negro sobre ese periodo.

Es un libro extraño. No puedo decir que me haya gustado y tampoco puedo decir que no. Mi principal problema con él es que es muy difícil saber dónde terminan las opiniones y elucubraciones del señor Berger y donde las de Sassall, el médico sobre el que se basa el libro. Creo que eso es importante, o creo que sería importante saber qué parte de lo que se nos cuenta es lo que piensa el médico y qué parte es lo que piensa el autor. Parece que es mucho más lo segundo que lo primero. Y, además, tengo la sensación de que él ya sabía lo que iba a decir antes de realizar ese viaje y el reportaje del que se compone el libro.

Desde ese punto de vista me ha decepcionado. En un libro que no es ficción hay que saber qué es lo que cada uno aporta y, por ejemplo, cuando el autor dice que curando a los demás el médico se cura a sí mismo, o algo parecido, no encuentro la cita exacta, no sabemos si esto se lo inventa el autor o es así como se siente el médico y para mí es necesario saber qué es de quién. Porque, si no, estamos leyendo una ficción. Y es una ficción muy peligrosa porque trata de hacer pasar por cierto lo que no es más que una elucubración.

Manías mías, supongo. Por otro lado, en el libro hay muchas reflexiones muy válidas sobre lo que es ser un buen médico, sobre cómo encaja el médico en ese ambiente rural, sobre los límites de la medicina, sobre la depresión, la impotencia, la cercanía... en fin, sobre la vida, nuestra sociedad y la muerte.

Es un libro corto (180 páginas de las que veinte o treinta son de fotografías), pero bastante denso. Empieza como la crónica de unas visitas médicas y va virando hacia esas reflexiones filosóficas que os comentaba. Tiene reflexiones interesantes, yo creo que apriorísticas y algunas equivocadas como cuando sostiene que la generación de chavales de los años 60 tendrán una vida peor que sus padres. No creo que haya sido así.

Os pongo algún párrafo:

"A Sassall le influyeron mucho de niño los libros de Conrad. Contra el aburrimiento y la complacencia de la vida de la clase media inglesa en tierra firme, Conrad le ofrecía lo «inimaginable», cuyo instrumento era el mar. La poesía que se le ofrecía , sin embargo, no era amanerada o poco viril; muy al contrario, los únicos hombres que se podían enfrentar a lo inimaginable eran duros, taciturnos, mesurados y tenían un aspecto del todo normal. La cualidad contra la que Conrad previene constantemente es al mismo tiempo la cualidad a la que apela: la imaginación. Se diría que el mar es el símbolo de esta contradicción. El mar apela a la imaginación, pero para enfrentarse al mar en su furia inimaginable, para hacer frente a sus retos, uno ha de abandonar la imaginación, pues conduce al temor y al aislamiento".

"Toda cultura actúa en general como un espejo que permite al sujeto reconocerse, o, al menos, reconocer aquellas partes de sí mismo socialmente aceptables. Quienes sufren las carencias culturales tienen menos oportunidades de reconocerse. Para ellos, una gran parte de su experiencia ―especialmente la emocional y la introspectiva― no tiene nombre. Por consiguiente, se expresan sobre todo a través de la acción; de ahí, entre otras cosas, que los ingleses tengan tantos pasatiempos, que les gusten tanto las manualidades de todo tipo. El jardín o el banco de carpintero se convierten en lo más parecido a un medio de introspección satisfactorio".

"Sassall es, sin embargo, un hombre que está haciendo lo que quiere hacer. O, para ser más precisos, un hombre que sabe lo que busca. A veces la búsqueda entraña tensión y contrariedades, pero constituye su única fuente de satisfacción. Al igual que los artistas a que cualquiera que crea que su trabajo es la justificación de su vida, para los estándares miserables de nuestra sociedad, Sassall es un hombre afortunado".

El libro termina con un añadido en 1999 en el que nos da cuenta resumida de lo que pasó desde que se editó el libro hasta ese momento. En fin, ni lo recomiendo ni lo condeno. Es un libro extraño que hace pensar aunque muchas veces de una manera que calificaría de tramposa, pero el que nos haga pensar es bueno, ¿no?

  

Piensa mal y acertarás...

Piensa mal y accertarás siempre me ha parecido de los dichos más terribles que hay. Es la esencia de España. Vete preparado porque te la van a colar, si ese triunfa será porque hace algo ilegal. Si a alguien le va bien en la vida será porque ha hecho algún trapicheo. Nadie juega limpio... Es terrible.

No sé si hay dichos similares en otros países, pero me atrevo a suponer que no somos únicos, aunque creo que cuanto más libre y abierta es una sociedad, también hay más confianza en el prójimo. La sociedad, los negocios, la vida en común funciona mejor cuando crees que el otro, por lo general, no va a jugártela. Eso está bastante claro, creo yo.

España es un país terrible en ese aspecto. Y lo más terrible no es el dicho, sino los hechos que están detrás de él. Muchas veces es cierto. Muchas veces tienes que pensar lo peor. Si no de todas las personas, sí de algunas.

Toda esta diatriba que me ha salido tiene un por qué, aunque es un por qué algo doloroso y que me gustaría que no hubiera sucedido, pero a lo hecho, pecho (qué de de frases hechas me está quedando esto...).

El caso es que en el circo las cosas no van bien. Ahora, después de prácticamente cargarse nuestro departamento, han empezado con el otro. Se veía venir. Al menos nosotros lo veíamos venir, aunque no todos los del otro departamento lo tenían claro. Había algunos que pensaban que lo nuestro era por nuestras razones específicas y que a ellos les iría mucho mejor.

Bueno, pues no. Me da mucha pena. De momento parece que van a renunciar a su paga extra de navidades, aunque, si es cierto el estado de cuentas que utilizaron para justificar nuestro despido, no se pararán ahí. Este es solo el primer paso. Paso al que nosotros nos negamos, hay que decir, cuando nos dijeron que nos bajáramos el sueldo un 25%.

En fin, que así está la situación, malamente. Supongo que la estrategia es ir apretando las clavijas para que la gente se vaya yendo, soltar lastre, que al final es lo que somos cuando los señores no pueden llevarse sus complementos a cargo de quién trabaja, no sé si esto ya lo he explicado, pero yo tenía que ganar el sueldo de tres personas: el mío propio, el de los malabaristas y el del personal administrativo del circo que no saben ni la programación por la que se les paga. Así es difícil ser rentable, claro.

Pero tampoco es de esto de lo que quería hablar. Queria hablar de que mi nombre ha salido en todo este berenjenal para ponerme a parir. Resulta que corre el rumor, o lo hacen correr personas concretas, de que yo estaba conchabado con el Malabarista para forzar mi despido y llevármelo crudo. He sido una mala persona que he maniobrado maquiavélicamente a espaldas de esta gente tan estupenda y no se merecían esta afrenta por mi parte.

El caso es que me ha sentado mal, claro. Según parece lo que tendría que haber hecho es no demandar por mi despido, supongo que devolver el dinero que ya me han dado y aparecer en la puerta del circo vestido con un saco y echándome ceniza en la cabeza, golpeándome el pecho diciendo "por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa...". Soy malo y en vez de asumir ese papel, voy y encuentro trabajo a los dos días de que me echen...

Por otro lado también estará el Malabarista intrigando y diciendo, como dice de todos los que nos hemos ido, que es él el que nos ha encontrado trabajo a todos. Que todos tenemos trabajo gracias a él. No sé si os he comentado que el Malabarista está un poco mal de la cabeza y ya no tiene solución. Por ejemplo, cuando le dije que había encontrado un trabajo, me dijo que ya lo sabía (cosa imposible porque mi amigo J de mi nuevo trabajo y del anterior, me comentó que mi actual jefe le dijo unos días después que se le había olvidado llamar al Malabarista para decirle lo mío y que a lo mejor se enfadaba) y me dijo que sabía lo que iba a ganar y mis beneficios sociales. Yo le dije que ya sabía más que yo y de momento no tengo ningún beneficio social y no tendré casi ninguno hasta que lleve allí más de cuatro años desde que me hagan indefinido. Así que sí, el Malabarista tiene una capacidad prospectiva bastante grande.

Con todo, esto ―el que el malabarista fuera alardeando― entraba dentro de lo previsto. Lo que no entraba, o al menos no para mí, es que gente a la que yo tenía por sensata se haya tragado esas bolas después de estar prevenido al respecto o, en el caso de que no se las hayan tragado, las utilicen para hacerme quedar mal. Tampoco me importa especialmente. Quien me conoce sabe lo mal que lo he pasado los últimos cuatro meses que he pasado en el circo. Las noches sin dormir por la preocupación. La angustia que se te agarra y hace que te lata el corazón deprisa cuando menos te lo esperas.

También tengo que agradecerle a @TontoLapidas que saliera a desmentir esos rumores sobre mí. Eso es un amigo y yo se lo agradezco sinceramente. Y me da pena por la gente que queda que sigue pensando que están así de mal por pagarnos a los vagos del otro departamento que los hemos llevado a la ruina. Espero que se quiten las orejeras antes de que se las quiten de golpe y se den cuenta de quienes son las sanguijuelas que chupan sin hacer nada.

Y, al final, lo que me queda es esa amarga impresión de que en España el piensa mal y acertarás sigue estando muy vigente. Demasiado, diría yo. Una pena que un dicho tan terrible siga siendo cierto.

La huída

"Huir significa muchas cosas. Algo limpio y ligero, como el deslizarse de un pájaro a través del cielo. O algo sucio y rastrero; una serie de movimientos de cangrejo a través del fango, un proceso de trepar hacia adelante, de saltar hacia un lado y correr hacia atrás. Es dormir en prados y en orillas de ríos. Es arrastrarse durante millas a lo largo de acequias. Huir significa caminos perdidos, trenes apartados, camiones destartalados, coches robados y dos amantes muertos en cualquier calleja perdida. Es comida sisada de los supermercados, vestidos robados en la sección de ropas; es robo y asesinato, sudor y sangre. La complejidad se vuelve simple por la alquimia de la necesidad"
Jim Thompson, La Huída.

Pues este es el segundo libro de Jim Thompson que me leo del tirón, algo muy recomendable que os animo a hacer de vez en cuando.

Este libro también tiene sus películas asociadas. Como dijo Anniehall en el post de los timadores, hay una de Steve McQueen y Ali McGraw y otra de Alec Baldwin y Kim Basinger. Yo solo he visto la última y era bastante mala, la verdad. No llego a afirmar que es de las peores que he visto como hace Anniehall, pero eso es porque ella tiene mucho mejor gusto que yo.

Incluso le gustan películas como Antes de que lo que sea, así que tiene cierta clase cinéfila. Yo, en cambio, he ido al cine a ver películas de Dolf Lundgren. Sí, era un chaval con poco criterio, pero el pasado no puede cambiarse.

Bueno, este tampoco es un post para hablar de esas cosas vergonzosas. Seguramente a vosotros os gustaría, pero creo que a mí no.

Bueno, el caso es que es otro libro bastante bueno. Otra novela negra para devorar (a mí me ha durado un día). Cuenta la historia de un atraco y una huída de los dos protagonistas: Doc McCoy y su esposa Carol. Es un libro violento y con un final casi de ciencia ficción. Desconcertante, al menos para mí. No recuerdo muy bien la película, pero me cuesta creer que acabe así.

 En fin, que me ha gustado. Ya os he dicho que Thompson me encanta y este libro es estupendo para el verano.

"No se le conocía con un no en la boca, ni siquiera cuando era requerido por el populacho para que les entregara un prisionero. Estaba dispuesto en todo momento para hacer de figurante en una boda o para velar un cadáver. Ninguna sesión de póquer, de peleas de gallos o tertulia se consideraba completa sin su presencia; incluso era asiduo a la iglesia e invitado inevitable en los más elegantes guateques sociales. Inevitablemente se convirtió en el hombre más querido de la comarca, un hombre a quien todos consideraban sinceramente como a un amigo. También era el más incompetente y costoso adorno de la política local".

"Todo encaja, pensó Doc. Pieza por pieza, punto por punto, todo encajaba. Sin embargo, no podía dejar de pensar en ello. Su mente daba vueltas y más vueltas en un círculo, sintiendo escepticismo al tiempo que creía a ciegas. Estaba dispuesto a admitir que su débil fe era un asunto personal. Como profesional del crimen, se había enseñado a sí mismo a no confiar por completo en nada. Y como criminal, había aprendido a vincular la infidelidad con la traición. Aquello revelaba una peligrosa falla de carácter o una igualmente peligrosa vacilación en la lealtad. En cualquier caso, la mujer era un mal riesgo en un juego en el que no se podía tolerar riesgo alguno".

"—No tiene por qué disculparse, ha sido muy amable de su parte —dijo Doc—. Espere un momento y...
—No, ya está bien, Mr. Kramer. Ya me ha dado más que suficiente. 
—Insisto... —dijo Doc amablemente—. Espere un momento aquí, Rosie. 
Dejó la puerta entornada, volvió a cruzar la habitación y levantó el rifle, preparando la puntería en el camino. Mack Wingate estaba cruzando en aquel momento el umbral del banco, casi había desaparecido en el oscuro interior. Doc disparó y se produjo un sonido silbante, como un súbito suspiro. No esperó a ver si el guardia caía; cuando Doc disparaba, daba en el blanco. Con un rifle más potente su puntería hubiera sido exactamente la misma a una distancia de quinientas yardas de lo que lo había sido a cincuenta. Dio un dólar a la doncella, agradeciéndole otra vez su cortesía. Cerró de nuevo la puerta con llave y llamó al portero del hotel por teléfono: 
—Charlie, el tren ¿sale a las nueve y veinte o a las nueve y media? Gracias, eso pensaba. No, no quiero coche, gracias. Me gustará dar un pequeño paseo."


Los Timadores

"Bajó a la cafetería del hotel y se tomó unas tostadas y café. Pero lo hizo exclusivamente por disciplina, por costumbre. Pasase lo que pasase la noche anterior, un hombre desayunaba por la mañana. Desayunaba, con hambre o sin ella; de lo contrario se vería inevitablemente envuelto en problemas"
Jim Thompson. Los Timadores.

He vuelto a la lectura. Me he leído Jane Eyre en cuatro días y esta novela de Jim Thompson en dos. De Jane ya hablaremos cuando toque en el Club de Lectura. Hoy toca Thompson.

Thompson es uno de los mejores escritores de novela negra. Sin duda. Sus libros son incómodos, todos los personajes son malos. Tiene descripciones de dos líneas precisas y apabullantes. Y no hay redención, aunque siempre haya alguien que gane o... que no muera.

Esta es una de sus novelas más famosas. Tal vez porque se hizo hace unos años una película con John Cusack, Annette Bening y Angelica Huston. La película está muy bien y por lo que he podido ver es bastante fiel al libro.

Thompson es un genio. Y como genio que es nos presenta una novela en la que todo es preparación para un final de infarto y amargo. No es muy larga, pero durante toda la novela se nos describen los personajes, sus ambiciones y sus miserias, los callejones en los que se van metiendo, los líos que van creciendo sin que nadie tenga especial culpa. Han elegido ser timadores, pero a lo mejor no podían ser otra cosa ¿o sí?

Con esto quiero decir que no es el típico libro en el que hacen un plan para un robo o un timo y luego algo sale mal, no. En este caso se nos cuenta cómo son los personajes, su catadura moral. Poco a poco se nos van dando detalles hasta que se llega al final y todo se precipita.

Bueno, eso está planteado en el libro, que es muy bueno. Es el típico libro para llevar a la playa y leértelo de un tirón mientras te tuestas. Bueno, eso para el que vaya a la playa, que yo prefiero leer a cubierto. Si no lo habéis leído o recordáis vagamente la película, os recomiendo que lo leáis. Si ni siquiera habéis visto la película, os recomiendo que lo leáis y si os acordáis de la película, también os recomiendo que os lo leáis para comparar.

Como casi siempre que me leo un libro de Thompson, tengo que leer otro a continuación. Crea dependencia. Y ya he empezado con La Huída. Por cierto, que nuevamente os he puesto la portada de una edición americana que me parece flipante. Si queréis ver la española la tenéis en el link al final del post.


"Se dirigió a la puerta. Con mirada salvaje y rostro enrojecido por la rabia, ella se precipitó a cortarle el paso.
—Es tu madre, ¿no es eso? ¡Claro que sí! ¡Que todo quede en familia!, ¿no? ¡Por eso actuáis de modo tan extraño el uno con el otro! ¡Por eso vivías en su apartamento!
—¿Quééé? —Se detuvo en seco—. ¿Qué estás diciendo?
—¡No te hagas el inocente, joder! ¡Tú y tu propia madre! ¡Conozco tu juego, debería haberme dado cuenta antes! ¡Cerdo hijo de puta! ¿Cómo es? ¿Te gusta...?
—¿Te gusta a ti esto? —dijo Roy. De repente le dio una bofetada y luego otra con el reverso de la mano. Ella se tambaleó. Se lanzó sobre él mostrándole las uñas y Roy la tomó por el pelo y la arrojó al suelo. La miró un poco sorprendido mientras ella levantaba su enrojecido rostro hacia él.
—¿Ves? —le dijo—. ¿Ves por qué no funcionaría, Moira?
—¡Asqueroso hijo de puta! ¡Te vas a enterar!
—Lo siento, Moira —dijo él—. Buenas noches y buena suerte".

"—Hueles bien, Moira. Como una puta en un invernadero.
—Cariño, ¡qué cosas tan bonitas dices!
—Tal vez no huelas bien.
—Pues claro que sí. Acabas de decirlo.
—Puede que sea tu ropa.
—¡Soy yo! ¿Quieres que te lo demuestre?
Él quiso y ella se lo demostró".

Pues, hala, ya os lo he contado. Hacía mucho que no escribía un post de libros, quitando el de como hablar de los libros que no se han leído. Ahora me voy a por más.

  

Manos

Siempre le sorprendía la suavidad de sus manos.

Al principio, en la época de las mariposas en el estómago, acabó por acostumbrarse a aquellas manos grandes sin apenas vello, fuertes pero delicadas y con el dorso de una piel delicadísima y excepcionalmente suave. Y él se asombraba también siempre que se lo decía ‘¿suaves yo? Qué tontería, pues como todo el mundo’.

Con el paso del tiempo: la rutina, los años, los niños… no sabía bien por qué ya no se cogían tanto de las manos. Más bien ya no se cogían nunca de las manos. Había otros gestos: pasear cogidos del brazo, un abrazo y un beso que sorprenden los niños divertidos, un azote en el culo al pasar uno por delante del otro…

Así que en esas raras veces que se volvían a tocar las manos volvía a sorprenderse como las primeras veces de lo suaves que eran. Y se preguntaba por qué no lo hacían más. Y otra vez lo de siempre ‘suaves, qué tontería’.

Y cada vez se volvía a olvidar. Hasta la siguiente vez que volviera a encontrarse por casualidad con el dorso de su mano.

Perdido en la gran empresa

Pues ya llevo un mes en el nuevo trabajo. He cobrado mi primera nómina y veo que mi jefe me tiene en estima y confía en mí. Por otro lado hago más horas de las estrictamente necesarias y tardo más en llegar y en volver por lo que estoy menos tiempo en casa. El lunes empecé la jornada de verano y veremos cómo se da el asunto.

Pero, vamos, de lo que quería hablaros es de algo que me ha sorprendido y que a Anniehall le da mucha risa y dice que parezco Paco Martínez Soria cuando hablo de la empresa. Tendrá razón, seguramente. Pero yo es que he pasado de una empresa, por llamarlo de alguna manera, en la que tenía que hacérmelo todo desde intalar el ordenador y la red hasta gestionarme los viajes o agenciarme bolígrafos en los congresos y exhibiciones del circo; a verme ahora en una empresa con nosecuantosmil empleados y en el que los programas tienen licencia (¿sabéis que la de AutoCAD va por horas de uso? Fascinante, ¿verdad?), hay quien te los instala, incluso el ordenador de repente te manda un mensaje de que tiene que actualizarse y que guardes las cosas que estás haciendo, hay quien se encarga de recordarte que tienes que hacer el parte, hay un departamento de ofertas que te revisa los documentos en inglés, otro donde puedes pedir un pilot o unos postit, uno de calidad, otro de prevención de riesgos que te manda correítos cada dos por tres y te informa de si ha habido algún accidente en alguna parte del orbe en la que trabajamos... en fin, cosas que a mí me sorprenden. Tenemos un sistema de chat, una especie de messenger corporativo que está integrado con el Outlook y que te permite saber quién está disponible o no para atenderte. Me han dicho que tengo que hacer cursos de ética en el trabajo en el que decirle a una compañera qué guapa has venido hoy o tocarle un hombro es un semáforo rojo. Tampoco es que sea yo mucho de piropear y tocar, pero así está el tema.

Por otro lado, creo que el servidor de internet de la empresa está en la India. Eso explicaría por un lado la lentitud de internet y por otro el que me aparezcan en la publicidad del correo personal anuncios de esos de buscar novia... india. Así día tras día me presentan a Kanika de 21 años y diseñadora que viven en UK, Khushboo que tiene 24 y es banquera en Nueva Dehli o Sheena que tiene 24 y es arquitecta en Canadá.

Todo eso me causa perplejidad, aunque lo que más perplejidad me causa es el tema de las news letters. En veinte días que llevo trabajando he recibido más de 30 news letters de España, de Europa, de todo el grupo... incluso una en la que sale una foto mía en el capitulo de nuevas incorporaciones. Además, todas de las cosas más variopintas: de qué contratos se han ganado, de quedar para comer con el director para hablar de la marcha de la empresa, de redes internas de capacidades para poner las cosas que sabes hacer tú o tu departamento, de cursos para formación y que una vez que los has hecho te mandan un certificado desde EE.UU. con créditos universitarios convalidables...

El viernes me llegó una que me ha dado bastante miedito. Es sobre no sé qué de branding y resulta que nos obligan a todos a mandar un logotipo que nos inspire y decir el porqué. Además tendremos una puesta en común dentro de un par de semanas con aperitivo incluido en un local fuera del trabajo y a la que es obligatorio ir. El objetivo es hacernos uña y carne con la empresa y, supongo, que hacer alguna ofrenda o sacrificio en loor del líder. Esto me da mucho miedito, la verdad, y creo que será objeto de otro post específico. Yo por si acaso ya he rellenado mi hojita y he puesto, mintiendo claro, qué es lo que me inspira de un logotipo. ¡Un logotipo, por Dios! ¿Es que nos hemos vuelto tontos?

Por cierto, que hay unos branding managers o algo así para proyectar la imagen del grupo hacia dentro y hacia afuera... Lo de proyectar la imagen del grupo hacia dentro me da cuqui.

Todo esto me desarbola, como el tener un número personal que tengo que introducir para poder recoger los documentos de la impresora, o las claves del ordenador que cambian cada tres meses, tienen que tener letras, números y mayúsculas y no pueden tener letras dobles. O la clave para el parte, que tiene que ser distinta a la del ordenador y también cambiarla cada tres meses, aunque en este caso no es case sensitive.

Así que sí, que soy un poco Paco Martínez Soria en la oficina no es para mí, o algo así. Ahora, que muchas modernidades, muchas gestiones y muchas tontás, pero la silla en la que me siento es de antes de la gran guerra y me está dejando el culo dolorito. Parece ser que las van a cambiar porque para más inri estamos de obra en la oficina.

Y bueno, pues que en este mes he hecho ofertas y documentos para Argentna, Brasil, Qatar, Arabia Saudí, Australia, Letonia y asoman por el horizonte Rusia y un proyecto para Colombia. Me va a tocar viajar, eso ya os lo aviso. Voy reservando la navaja y un queso que nunca se sabe lo que te puedes encontrar por ahí...

Como hablar de los libros que no se han leído

'Classic.' A book which people praise and don't read
Mark Twain
 
"I never read a book I must review; it prejudices you so"
Oscar Wilde.

Bueno, un mes más nos toca el libro del Club de Lectura 2.0. Este libro lo he elegido yo, de hecho lo cambié sobre la marcha en cuanto empecé a leerlo y les dije emocionado al resto de integrantes del Club que por favor lo cambiáramos. A mí me ha fascinado hasta extremos que creo que me van a ser difíciles de describir. Me parece uno de los libros más maravillosos que he leído últimamente. Me ha encantado, me parece fabuloso y se lo regalaré a quien pille desprevenido. Nuevamente, la portada en inglés es diez mil millones de veces más bonita que la portada en español en la que sale una especie de gallo portugués que no sé qué pinta encima de unos libros.

Pues eso, que me ha fascinado, así que seguramente a los demás del Club o los ha aburrido, o les ha horrorizado, o les habrá gustado moderadamente. Eso es así, y es así; es la condena del Club de Tortura Lectura.

Bueno, a lo que iba. La línea argumental del libro es una mera excusa para hablar de libros, de imaginario colectivo y de metaliteratura. Una delicia para un amante de los libros, o al menos a mí me lo ha parecido. Como dice el propio Bayard "es totalmente posible tener una conversación intensa sobre un libro que no se ha leído — incluso, y quizá especialmente, con alguien que tampoco se lo haya leído. Aún más, como justificaré, a veces es más fácil hacer justicia a un libro si no se lo ha leído completamente —o que ni siquiera se ha abierto. A lo largo de este libro insistiré en los riesgos de la lectura —tan frecuentemente infravalorados— para alguien que trata de hablar de libros, e incluso más aún para aquellos que planean reseñarlos".

Uno de los puntos en los que estoy muy de acuerdo con él es en la necesidad que sentimos todos de aceptación y en ciertos ambientes esto va asociado a las lecturas consideradas imprescindibles, los grandes clásicos. Es una tarea imposible porque nuestra biblioteca particular nunca encaja en la biblioteca general, como no podía ser de otra forma. Y aquí es donde vienen los consejos para encajar.

Da consejos sobre como hablar de libros que no se han leído. Mintiendo, claro. Porque se puede hablar de un libro, pongamos por caso Hamlet o el Quijote, sin haberlo leído. Pero ¿para qué mentir?, bueno, Bayard nos dice que "estas mentiras que les contamos a los otros son en primer lugar y sobre todos mentiras que nos contamos a nosotros mismos, porque tenemos dificultades para reconocer incluso a nosotros mismos que no hemos leído los libros que son tenidos por esenciales. Y aquí, como en tantos otras situaciones de la vida, mostramos una pasmosa habilidad para recontruir el pasado de la manera en la que mejor se adapte a nuestros deseos". De esto ya he hablado a propósito de los libros de Pinker y de Mlodinow, así que tampoco voy a seguir por ahí, pero es habitual terminar enzarzado en una conversación en la que se da por supuesto que has leído tal libro, has visto tal película o tal serie; y, por no decir que no (por vergüenza, por ganas de encajar, por no interrumpir) te ves hablando de algo que no conoces. A mí me ha pasado y es cierto lo que dice el señor Bayard. A lo mejor es porque soy medio lelo, pero seguramente fuera por inseguridades o por ganas de agradar o encajar.

El libro está estructurado en capítulos y en cada capítulo utiliza, a modo de ejemplo ¿lo habéis adivinado?... libros. Bueno, y también alguna película como Atrapado en el tiempo. Me parece fascinante la manera tan amena en la que habla de nuestra relación con los libros; cómo cualquiera, incluso el lector más voraz, es un absoluto no lector respecto al 99,99% de los libros. O qué pasa con los libros que hemos leído y hemos olvidado o los que hemos olvidado parcialmente y de los que hablamos basándonos en recuerdos que pueden haber cambiado respecto a cuando lo leímos. O también de los libros de los que hemos oído hablar. Prácticamente todos reonocemos, yéndonos al mundo del cine, frases de películas como "Luke, yo soy tu padre" o "Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad" o "Le haré una oferta que no podrá rechazar" sin haber visto esas películas. Es perfectamente posible saber a qué se refieren sin haber visto las películas. Son parte de nuestra cultura social.

Eso por no hablar de lo que cada uno entiende al leer un libro. Hay una parte divertida en la que comenta sobre cómo hablar con un autor sobre un libro suyo que no se ha leído y cómo muestra que eso es muchísimo más fácil que si sí que se ha leído. También menciona que de lo que uno lee a lo que otro escribe hay un abismo. Como él dice, no hay nada más incómodo para un escritor que hablar con un fan de su obra: "lo que se ha descrito en este pasaje hasta la caricatura es una experiencia familiar para todos los escritores, en la que se dan cuenta que lo que se dice de sus libros no se corresponede a lo que ellos creen que han escrito. Todo escritor que ha conversado en algún momento con un lector atento, o haya leído un artículo más o menos largo sobre él, ha tenido la extraña experiencia de descubrir la ausencia de cualquier conexión entre lo que quería conseguir y lo que se ha entendido". Y como muestra podéis ver las otras cuatro reseñas del libro que seguro que son muy distintas a esta.

Y ya para terminar, porque no pararía de hablaros de ese libro, quiero pararme en el proceso creativo que se da entre personas que hablan de libros. Porque hablar de libros es un proceso creativo, dado que solo recordamos parte de lo que referimos. El olvido y la confrontación de ideas y de recuerdos lleva a un proceso creativo maravilloso. "Son estos libros interiores los que hacen que nuestros intercambios sobre libros tan complicados, volviendo imposible el establecer una unanimidad acerca del objeto del la discusión. Hay partes de lo que he llamado en mi estudio de Hamlet, un paradigma interior —un sistema para percibir la realidad tan idiosincrático que hace que dos paradigmas no puedan comunicarse realmente. La existencia del libro interior, junto con la no lectura y el olvido, es lo que hace que nuestras discusiones sobre libros sean tan discontinuas y heterogéneas. Lo que consideramos que son los libros que hemos leído es de hecho una acumulación anómala de fragmentos de textos, reelaborados por nuestra imaginación y no relacionados con los libros de los demás, incluso aunque esos libros sean exactamente iguales a los que tuvimos en nuestras manos".

Podría seguir y seguir. Me ha parecido un libro genial y maravilloso y os lo recomiendo con todas mis ganas. Tengo que decir, en honor a la verdad, que me lo he leído en inglés. Algo un tanto absurdo siendo el autor y el libro francés, pero al final la pela es la pela y lo encontré de estraperlo en inglés. No me arrepiento, salvo, tal vez, por las traducciones que he hecho para ponéroslas aquí. Si os resultan extrañas, haced como que las habéis comprendido si alguna vez hablamos del libro... y no lo habéis leído...

Tenéis reseñas del libro en los blogs de Newland, Bichejo, Carmen y Livia. Además estaremos hablando durante este mes sobre libros que no hemos leído en el Club de Lectura.