SMERSH

Pues ya me he leído este libro del doctor Vadim J. Birstein. Lo ví en una de mis librerías preferidas (Foyles) cuando estuve en Londres. No me lo compré entonces esperando que pudiera comprarlo para el kindle. Prefiero leer los libros en inglés en el kindle porque es mucho más fácil buscar las palabras que no sabes en el diccionario. Pierdes menos tiempo y no se te va el santo al cielo.

Al final no lo había y me lo tuve que comprar en papel, aunque por una de esas cosas extrañas de internet me salió más barato que habiéndolo comprado en Londres y además no tuve que cargar con él.

Smersh es un acrónimo de 'Smert Shpionen' que quiere decir muerte a los espías. Smersh fue una organización de contraespionaje de la URSS creada por Stalin para la detección de espías y de desertores durante el avance del ejército rojo al final de la segunda guerra mundial.

Su jefe fue Viktor Abakumov, un personaje despiadado a la vez que mujeriego y con una infancia algo turbia sin saberse muy bien ni cuando nació ni quiénes eran sus padres. Es un personaje del que yo no sabía nada, pero que es bastante intrigante e interesante.

El libro está muy bien. En algunos momentos te pierdes entre tantas siglas, directorados, grupos de acción y demás, además de la cantidad de personas y cargos que aparecen, pero eso no es lo más interesante. Lo interesante es el conocimiento de cómo funcionaban el NKVD, el NKGB y Smersh y como fueron creándose, fusionándose, separándose y reciclándose en su cadena de horrores.

Da un visión bastante clara de cómo era el proceso judicial en la URSS y cómo ya estaban escritas las declaraciones de los detenidos antes de que los interrogaran. Se utilizaba la tortura hasta que o bien firmaban o bien morían y todo esto a una escala industrial.

Lo más terrible de todo esto es que según cuenta el autor, hoy en día en Rusia todos los poderosos provienen del KGB y hay una apología de Stalin y de los distintos criminales que le rodeaban como Beria o el propio Abakumov. Por ejemplo cuenta como la televisión rusa en 2007 emitió una serie documental de cuarenta episodios que se llamava 'Stalin vive' en la que se le presenta como un intelectual de altura y en donde incluso Beria, comisario del NKVD desde 1938 hasta 1946 y cuyo nombre era sinónimo de terror en la unión soviética es retratado como el mejor gestor del siglo XX y no hay ni rastro de las atrocidades cometidas por ambos.

 Smersh, al igual que el NKVD o el NKGB o luego el KGB son meras armas de Stalin para eliminar a los disidentes o enemigos o gente de la que solo se tenía la sospecha. Se creaban tramas y complots de una manera totalmente arbitraria. Se subía en el escalafón siendo el más sanguinario, el más complaciente con el poder o el que mejor torturaba. Y eso, que era lo que te hacía subir, era también lo que hacía que más tarde fueras eliminado por saber demasiado.

El libro también describe a los servicios secretos de los nazis, la Abwehr de Canaris y su trabajo infiltrando rusos en las líneas de sus frentes como espías y las crueldades de uno y otro bando. También cuenta los montajes que hicieron los rusos para engañar a los nazis y que les salieron bastante bien.

Los números que da son terribles como los de los más de dos millones y medio de militares juzgados y condenados durante la guerra por crímenes contra la madre patria, por desertar y haber tenido contacto con el enemigo o colaborar con ellos. También cuentan como a los prisioneros de guerra recuperados los mandaban en unidades especiales como carne de cañón que eran los primeros en morir.

A través de Smersh fueron investigados formalmente más de cinco millones y medio de civiles rusos de los que 600.000 fueron juzgados y condenados como colaboradores y criminales de guerra. No es raro leer que la colaboración de los rusos con los nazis en las zonas conquistadas fue grandísima. Solo hay que ver lo que te esperaba si volvían los soviéticos.

Cuenta también como los militares muchas veces eran fusilados delante de sus compañeros. Da una visión de Zukhov que es bastante distinta a la que tenía de él como sanguinaro e indisciplinado y dado a las ejecuciones sin juicio, un pájaro de cuenta, vamos. También cuenta su caída en desgracia y como Abakumov estuvo detrás de ella.

Habla de los juicios de Nuremberg, de los nazis que capturaron, de la limpieza racial de después de la guerra y de los millones de prisioneros de guerra que utilizaron los soviéticos como mano de obra esclava. En fin, de todas las atrocidades que ya me eran conocidas y otras nuevas.

Un libro muy recomendable, pero supongo que solo para 'iniciados', gente a la que os gusta leer sobre la segunda guerra mundial y bucear en ese pozo de maldad en la que fueron atrapados y murieron millones y millones de personas. Conocer la parte oscura de la especie humana es uno de mis objetivos, pero con libros como este se abren aún simas más profundas y horrores mayores.

Odio el entretiempo

Sí, ya lo he dicho. ¡Odio el entretiempo! Lo odio con todas mis fuerzas (que tampoco son muchas). Odio especialmente la llegada del otoño. Odio el tiempo que tenemos ahora. ¿Y por qué este odio desmedido? ¿Por qué esta animadversión descarada? Pues muy fácil: no sabemos tratar con el entretiempo.

Realmente el problema se da tanto en primavera como en otoño. Hay un momento del año en primavera en el que todavía no te atreves a quitar el edredón de la cama por si refresca... Hay veces que esperar tiene su recompensa porque refresca, pero si no te estás muriendo de calor una semana por si acaso un día tuvieras frío a las tantas de la mañana. Somos así y con eso tenemos que vivir.

En otoño pasa una cosa distinta: nos da apuro poner el aire acondicionado. "Es que ya es otoño", "es que a finales de septiembre y con el aire...", "es que hay que ahorrar", "es que tampoco hace tanto calor". ¡Cómo que no hace tanto calor". Hace un calor de morirse, pero ya no tenemos aire acondicionado en el metro. Hace un calor de morirse en la oficina, pero el aire ya no está puesto todo el día. Hace calor de morirse en casa, pero en vez del aire, abrimos una ventana y que haga corriente... ERROR.

Igual que el amor que no tiene horario ni fecha en el calendario, el tiempo es muy cuco. Y si hay treinta grados en septiembre, pues a refrescarse, ¡aunque sea octubre!

Por la mañana hace más o menos fresquete, pero a partir del mediodía vuelve a ser un infierno. La vuelta en metro a las seis de la tarde en la línea 4 es el horror. El infierno tiene que ser algo parecido solo que con más olor a azufre y menos a sobaco.

Y además, al contrario que el entretiempo de primavera, que es un visto y no visto; el entretiempo de otoño puede llegar tranquilamente hasta navidades. También puede que se vaya (ojalá), pero su duración es imprevisible y suele tener reentrés como el veranillo de San Miguel o el de San Martín. Ese papel de malo que retorna... el entretiempo sería un magnífico 'also starring' de un culebrón meteorológico.

Y no me cae bien. Yo sufro. Es cierto que sufro más en verano, pero como que entonces tengo ya cuerpo de Góngora y ya sé lo que se me viene encima, sudor de bigote incluido.

Yo creo que en otros países más desarrollados como Alemania o Suecia el entretiempo no existe. En un par de días llega el otoño y todos ya saben que toca abrigo y paraguas. Aquí siempre nos pillan los cambios de tiempo a trasmano. No sabemos a qué atenernos.

En fin, resumiedo y volviendo a lo que es importante: ¡ODIO EL ENTRETIEMPO!

P.D: La foto del post la he encontrado poniendo entretiempo en google y resulta que pertenece a este blog en el que sale una señorita muy cómoda y sin renuncias, según dice. A lo mejor la solución a mis problemas con el entretiempo es hacerle caso y vestirme como ella... Voy a ver si tiene más fondo de armario...

Ir al cine da asco

Sí, no me voy a ir por las ramas. Hace poco conté lo andrajosa que me pareció una sala de los cines Acteón. Estaba raída y con la mitad de las bombillas fundidas. El caso es que normalmente los cines de los centros comerciales están mejor. Bueno, o no. Nosotros vamos normalmente a los cines del Plenilunio, que es un centro comercial de las afueras de Madrid. El sábado fuimos a ver Epic.

Los cines han pasado de ser una especie de palacios que se fueron quedando viejos (Palacio de la Prensa, Palacio de la Música, Proyecciones, Coliseum...) a desaparecer o a transformarse en muticines. Poco a poco han ido cerrando casi todos y ahora si quieres ir al cine tienes que ir a un centro comercial. Esos cines están bien, o estaban bien... Son cómodos, suelen ser pantallas muy grandes, hay un montón de pases.

El caso es que no debe ser tampoco algo muy rentable porque la sala del sábado tenía la moqueta completamente raída a la altura de los pies y tenía las butacas destrozadas, como si a alguien le gustara el poliespán ese y le fuera dando mordiscos.

Y eso por no hablar de lo que la gente come. Antes eran palomitas, luego gominolas y ahora... puedes comer nachos, hamburguesas, incluso cervezas (a 2€ la coronita en el cine el otro día). No voy a entrar en que comer una hamburguesa a oscuras o unos nachos con queso tiene que ser un reto digno de Ramón García y los de la vaquilla (ahí lo dejo como idea), pero es que hay un olor completamente asqueroso a pepinillo rancio y a lo que se haya caído por debajo de los asientos. Repugnante.

Entiendo que al cine le ha hecho mucho daño la piratería, internet y los canales de pago, pero es que yo creo que se están cavando su propia tumba. Dentro de poco pondrán copas y te pondrán un pediluvio de esos con peces que comen pieles durante la película. Ahora ir a un cine que esté bien es difícil y más difícil lo será con el paso del tiempo porque creo que van en la dirección equivocada. Cobran por el servicio que dan mucho más de lo que vale. A nosotros nos costó cerca de 30€ la entrada para 4. Mucho más que lo que valdría el DVD que lo tienes para toda la vida. Si a eso le sumamos las gominolas y el menú del Burger King se nos acerca a los 50€. Cierto es que eso no es obligatorio, ni tiene por qué estar incluido. Aún dejándolo solo en los 30 euros, es una barbaridad por ver una película en un sitio que huele mal, tiene la moqueta raída y con los asientos agrietados y mordidos.

No sé, a mí me da pena porque a mí siempre me ha encantado ir al cine, pero eso ya no es el cine, es una pocilga y una pocilga muy cara para lo que dan.
 

He's back

Ha vuelto. No sabemos como, creíamos que nos habíamos librado de su presencia, pero supongo que es lo que pasa cuando eres inmortal, que tienes toda la eternidad para aparecer cuando menos te esperan.

Creíamos que nos habíamos librado, creíamos habernos libramos de tu rostro desagradable gracias a un acto de coraje que puso a Anniehall a la altura de heroínas como Lara Croft o Mulán o alguna del señor de los anillos que sea muy heróica (es lo que tiene no haberlo leído). Su valor legendario fue seguido por una larga tarea de disimulo y de camuflaje para que aquel crimen, justo, pero crimen, pasara desapercibido.

Pero como el corazón delator de Edgar Allan Poe, la víctima vuelve a reclamar venganza. Da igual tu aspecto bigotudo, da igual el insufrible relieve de tu rostro, da igual ese gorro como medio de esquiar y de campo de batalla. Da igual que seas recordado por la brutalidad de tus historias. Da igual. Por lo visto aprendiste cual Voldemort a esconder tu presencia malvada en varios horrocruxes y esperaste tu oportunidad para volver a sumirnos en las sombras de la desesperación.

No necesito imaginarte, no me hace falta. Puedo verte perfectamente mirándome desde lo alto de tu reino de terror. Cual dementor, un halo de frío y de desesperanza se alza a tu alrededor. Tal vez por eso te encuentras más cómodo cerca del frigorífico, donde tus frías entrañas se sienten como en casa. Tal vez hayas tenido ya demasiado infierno y no quieres más calor. Tal vez.

El por qué has vuelto no es ningún misterio. Has vuelto para buscar venganza. Para vernos sufrir cada vez que nos cruzamos contigo en la cocina. Tu media sonrisa te delata. Y también la sonrisa de tu sierva a la que parece que chupaste la sangre y que te idolatra y hace una pequeña reverencia cada vez que pasa a tu lado.

No sé cuánto tiempo podremos aguantar. Parecemos fuertes pero no lo somos tanto. A fin de cuentas somos humanos, no como tú que tienes la piel como de plástico y un corazón que parece imbuído de poder magnético con el que desafías la ley de la gravedad que fue la que te venció en el pasado. Has vuelto. Has aprendido. Eres un enemigo formidable.

Y si la valía de uno se mide por la fuerza de sus adversarios, nosotros debemos de ser estar forjados del mismo material que Excalibur.

Contemplad a la Bestia y decidnos si no somos dignos de conmiseración:



Para los que no conozcan la historia pueden pinchar aquí y aquí

Y ahora decidme: ¿creéis en el mal... gusto?


P.D. explicativa para los que no hayáis seguido la serie de catastrófocas desdichas: Anniehall en un 'descuido' rompió accidentalmente el plato de los episodios anteriores comentados en los enlaces. Una heroína, sin duda.

El talento de Mr Ripley

"Odiaba volver a su auténtica personalidad del mismo modo que hubiese odiado tener que ponerse un traje viejo, manchado y sin planchar, un traje que ni cuando era nuevo valía nada"
Patricia Highsmith. El talento de Mr. Ripley.

Pues entre ida y vuelta a Londres y un poco más de lectura he terminado este libro de Patricia Highsmith del que se han hecho, que sepa, dos versiones para el cine.

Nunca me había leído ningún libro de Ripley y me ha gustado. El comienzo de la trama, por así decirlo, es un padre que anda deseperado porque su hijo no quiere volver a América y que se encuentra con Ripley al que recuerda como amigo de su hijo y le pide que vaya a Italia a que intente convencerlo de que tiene que volver.

(SPOILERS) Yo creo que la cuestión es que el protagonista es malo y, de alguna manera, se libra, triunfa. Creo que esto es lo que hace a estos libros un poco distintos a la mayoría de las novelas negras en las que al final el criminal es descubirto y el delito no queda sin castigo. Desde ese punto de vista, este cambio de desenlace creo que es lo que hace que los libros funcionen.

Tampoco es que te sientas del lado del protagonista, pero tampoco estás deseando que lo pillen y vaya a la cárcel. Estás a la expectativa viendo como intenta salir de los aprietos.

Ripley es un superviviente. Aunque también vive en ocasiones atormentado, más que por lo que ha hecho, por las consecuencias que puedan tener sus actos. Hay veces que se arrepiente de haber matado, aunque culpa más bien al otro de haber fisgado o de despreciarlo o no estarse quieto y cómo a partir de ahí ya no había otra solción más que matarlo.

También hay veces en las que se va creando la tensión y piensas que va a matar a alguien más y luego no pasa. Ese juego está muy bien disimulado, al menos para mí, de manera que estás en tensión y no sabes qué va a pasar.

Tengo que reconocer que he visto las dos películas por lo que la historia más o menos me la conocía, pero eso no me ha impedido disfrutar del libro. Tengo que advertir que el laísmo sigue en boga y me he encontrado con cosas como "después de escribirla..." o "oyéndola hablar de su vida en Inglaterra". Nada nuevo, por otra parte.

Me ha gustado. Creo que me leeré alguno más de la saga. Este no es muy largo, deben ser como doscientas y pico páginas y se lee bastante bien. Si os gusta la novela negra y no lo habéis leído, os recomiendo que le déis una oportunidad.

Sin gafas

Se acaba el día. Me siento en la cama. Me quito las gafas. Me tumbo y ruedo hasta su hombro. Él ya tiene el brazo preparado para recibirme. Muchas veces le pellizco sin querer (¡ay!) mientras encuentro la postura. El lugar de mi cabeza en ese hueco que parece hecho para ella entre el pecho y el hombro. Decimos tonterías y comentamos el día, las cosas importantes y las intrascendentes. Generalmente si hay alguna decisión que tomar la tomamos entonces. Alguna caricia, alguna carantoña y, un ‘me voy a poner para dormir, vete a tu cama’. O no.

Suena el despertador. Muy pronto. La mayoría de los días durante minutos, muchos minutos, soy incapaz de hablar. Sin embargo a veces sí puedo rodar hasta su brazo, de nuevo preparado para que me acurruque a su lado. Una pierna estirada sobre el colchón, la otra doblada por encima de él, en un lugar difícil de encontrar. Lo suficientemente debajo de la tripa para no aplastarla pero no tanto como para aplastarla. Suelo seguir en silencio. A veces él me cuenta cosas, es alondra al fin y al cabo. Yo asiento o niego con la cabeza. Si puedo. Cuando junto fuerzas o ganas suficientes me incorporo (a veces no las encuentro y entonces es cuando ya no queda más remedio). Me siento en la cama. Me pongo las gafas. Empieza el día.

Son dos ratos felices y perezosos que parecen fuera del tiempo, una especie de propina que le ganamos al día. Sin gafas. Y algunos días todo lo demás parece sólo el peaje que pagamos por ellos.


Creo que estos momentos es a lo que los angloparlantes llaman "the wee small hours" así que el título de la canción nos viene al pelo (aunque la letra no tanto).

Blood, iron and gold

Hoy os voy a hablar de este libro que me he leído durante las vacaciones. Es una historia del ferrocarril, aunque más que desde el punto de vista técnico, desde el punto de vista sociológico y cuenta cómo el mundo cambió de manera radical con la aparición del ferrocarril.

El autor tiene otro libro, que a lo mejor me leo, sobre los trenes en Gran Bretaña, así que esa primera parte sobre los primeros trenes está un poco resumida. Cuando George Stephenson contruye en 1830 la primera línea de ferrocarril comercial entre Manchester y Liverpool, el mundo cambió.

Hay que situarse en el tiempo, entre las personalidades asistentes estaba el duque de Wellington que había vencido hacía nada (15 años) a Napoleón en Waterloo y era a la sazón primer ministro. Muchas carreteras eran meros barrizales y en el mejor de los casos una sucesión de baches.

Y, de repente llega el tren a ¡50 kilómetros por hora! La gente estaba encantada. De hecho, esa primera línea se construyó pensando en el transporte de mercancías, pero la gente quería viajar y era muchísimo más rápido y barato ir en tren que por carretera, así que fue un éxito inmediato. Bueno... ya el primer día murió una persona arrollada por el tren, un ministro inglés que se acercó a saludar al duque y fue arrollado por otra locomotora. Ese primer tren tenía una pinta tal que ésta:


Se contruyeron un millón de kilómetros de líneas férreas desde su innauguración hasta el final del siglo XIX. Fue un boom impresionante y a escala global. Hubo problemas en todas partes, hubo que ir inventando sobre la marcha los billetes, los coches, las estaciones, las señales...

Y es que desde el principio el tren ha tenido que ir mejorando en seguridad y en prestaciones. En el libro se cuenta por capítulos los desarrollos en Reino Unido, en Europa, en América... Es un libro muy interesante, si os gusta el ferrocarril, claro.

Aparecen los trenes de cercanías y las ciudades se hacen más grandes. Desaparecen las vacas del centro de las ciudades porque la leche ya puede venir por tren, se usa el tren para unificar países como Alemania o Italia, también se utiliza con propósitos militares y se extiende por todo el mundo.

La parte en la que se habla de los trenes transcontinentales es impresionante. El ferrocarril desde el principio fue una fuente constante de corrupción y la avaricia en muchos casos es lo que movió su desarrollo. El resultado general fue positivo, creo yo, pero también hubo muchísimas muertes, sobre todo por la contrucción, en todas partes. La descripción del tren de Panamá, anterior al canal, es espeluznante. También había trenes impulsados por presos, como este de Tasmania:


También te das cuenta de que hay cosas que no cambian. Así dice el autor que "sloppiness or incompetence was a cause of many early crashes. So was tiredness, as railway workers were expected to put in very long hours, frequently without extra pay for overtime and with little supervision" (la torpeza e incompetencia fueron la causa de muchos de los primeros accidentes y también lo fue el cansancio, dado que los trabajadores tenían largas jornadas, sin horas extra y con poca supervisión). Así que cuando yo me quejaba de que no me pagaban las noches en la vía no sabía que estaba siguiendo una ilustre tradición que parte desde el inicio del ferrocarril: no pagar horas extra. De torpeza e incompetencia no voy a hablar que me conozco.

En fin, que a mí me ha encantado, claro que a lo mejor yo no soy muy imparcial, pero se trata de leer lo que nos gusta, ¿no? Que para leer lo que no nos gusta ya tenemos en club de lectura...


Dos por uno


Pues la semana pasada estuve en Londres por trabajo y tuve dos reuniones. Londres es una ciudad maravillosa y aunque no tuve mucho tiempo libre, el solo hecho de estar paseando por sus calles y poder tener unas horas de tiempo es suficiente. Por supuesto que hubiera querido alguna hora más, pero no puedo quejarme.

El viaje ha sido realmente un dos por uno y en dos aspectos. En primer lugar tuve dos reuniones de dos proyectos distintos. Fue el típico caso de 'ya que estás' y me tocó adelantar un día mi viaje para poder ir el lunes a una reunión de un proyecto muy grande que nos hemos llevado del que parece ser que yo no voy a hacer nada. Entre otras cosas porque no sé, no es mi campo de experiencia. Estuve allí en una reunión de unas treinta personas y pude ver que, como decía el antiguo jefe de Juanjo, las reuniones hay que ir a ganarlas. Nosotros no llevábamos ese colmillo retorcido y creo que los ingleses nos robaron la cartera, aunque puede que no, porque hablaban de arquitectura y de diseño de estaciones y yo tampoco podía meter mucha baza ni me enteraba de muchas de las cosas de las que discutían. Pero visto desde fuera, yo daría trabajo a los ingleses y no a nosotros.

Luego quedé con unos americanos para cenar, porque ellos estaban en el centro de Londres al igual que yo, y fuimos a este restaurante. El plato principal más barato debía de estar en el entorno de los 35 euros. Menos mal que pagó un americano... La comida, muy rica; y las vistas espectaculares con la cúpula de Saint Paul al fondo que parecía que en cualquier momento se iba a oir a Mary Poppins cantar feed the birds. La foto no hace justicia porque el móvil por la noche tiene muchas limitaciones, pero era una imagen maravillosa.

Al día siguiente tuve otra reunión, esta para presentar nuestras capacidades a unos banqueros que quieren invertir en alta velocidad. Gente loca hay en todas partes y gente dispuesta a ser sus asesores técnicos... pues ¡nosotros! Si se hubiera organizado correctamente, podría haber estado bien, pero esta primera reunión era para coordinarnos para la reunión del día siguiente y no empezó hasta las dos de la tarde y no terminamos hasta las ocho... en fin... las ocho de Londres no son las ocho de Madrid. Pudimos cenar, al menos.

La reunión del día siguiente estuvo bastante bien y los de inversión habían estudiado y sabían cosas técnicas que eran de agradecer. Yo creía que mi presentación no fue muy allá, pero el caso es que me he ganado un nuevo viaje en algún momento no muy lejano a... !Moscú! Un jefe de nuestra empresa de Rusia dijo que era yo el que tendría que ir a Moscú a contarlo.

Y eso no es todo, de la otra reunión de la que no sabía muy bien de qué hablaban me he ganado otro viaje a... ¡Riad!

Puestos a elegir, mejor Moscú, pero no voy a tener esa suerte y parece que me van a tocar los dos...

El jueves tuve unas tres horas libres y aproveché para visitar el British Museum con cierta calma, tampoco mucha, porque quise ver la exposición sobre Pompeya y Herculano que me dejó impresionado. Los frescos, los mosaicos, las hogazas de pan carbonizadas, los muebles, las frutas, los adornos... impresionante. He de decir que parece que los romanos eran mucho de penes. Había una estátua de un fauno tirándose a una cabra, una lámpara con forma de pene, un móvil también de penes voladores y una escultura sobre un pilar en la que estaba el busto del señor y, a la altura requerida de la columna, sus genitales.

Me quedo con unos frescos de una taberna en el que se cuenta como se pelean dos clientes jugando a los dados y los graffiti en latín en los que se llamaban maricones y tramposos. Fantástico. Me pasé, como no, por los bajorrelieves asirios y me quedé un buen rato viendo los de la cacería de leones que son fascinantes. Se hicieron hace más de 2500 años y siguen siendo perfectos en su sensación de poder.



En fin, un buen viaje, del que, como en las bodas, salen otros. Aunque como siga en esa proporción me parece que voy a tener que pedir una subida de sueldo sin tardar mucho...

Héroes, aventureros y cobardes

Pues durante estas vacaciones me he leído este libro de Jacinto Antón. Jacinto Antón es un periodista de El País especializado en historia y cultura. Sobre todo en historias curiosas, hazañas de exploración y viajes o episodios históricos.

El libro es una recopilación de sus reportajes, artículos y entrevistas publicados durante los últimos años. El libro me ha gustado mucho. Es muy interesante, he descubierto historias que desconocía y mi lista de libros pendientes de leer se ha incrementado más de lo razonable.

Si tenéis afición por la historia, por los descubrimientos geográficos, por la aventura o por la naturaleza creo que este libro os gustará. También tiene un sentido del humor que no está siempre presente, pero que te hace soltar alguna sonrisa cuando menos te lo esperas.

Al leerlo he recordado varias de sus entrevistas que ya había leído hace tiempo. Como la que le hace al egiptólogo Zahi Hawass o al esgrimista Richard Cohen del que me leí su maravilloso Blandir la espada, que es una historia de la espada, aunque fatalmente traducida, pero es que eso está a la orden del día en España.

Casi todos los personajes son ingleses que son los que han aprovechado mejor su historia para forjar héroes. Además no aprovechan ocasión de meterse con los frances, algo siempre muy saludable. Así por ejemplo, Robin Lane Ford, autor de una biografía de Alejandro, cuenta como le invitaron a participar como extra en la película de Oliver Stone y el autor le pregunta que cómo era matar persas y él comenta: "Eran figurantes franceses, así que era fácil matarlos".

Hay historias sobre tigres y leones, sobre héroes de guerra, sobre arqueólogos, sobre oficiales de caballería, sobre exploradores y aventureros, sobre el mar...

En fin, que tiene de todo. Os pongo unos párrafos, aunque he estado viendo que la mayor parte de las esquinitas dobladas son por referencias a libros o a documentales que quiero leer y ver.

"Tengo un interés obsesivo y morboso por medallas, copas y trofeos de cualquier especie, heróicos, deportivos, militares: los veo todos tan fuera de mi alcance... Bien, eso no es del todo cierto. Poseo una nadie despreciable cantidad de esos premios —incluso ¡una Cruz de Hierro!—, otra cosa es que los haya ganado yo, o que los pocos que sí lo he hecho, ganarlos, tengan algún valor.
[...]
No era difícil engañar a la gente inventando relatos que endrandecían mis logros y mis trofeos. Cuando tienes labia y buen cuerpo —perdonarán la inmodestia—, todo cuela. Lo he hecho siempre y ya ni me avergüenzo, ¡lo que he ahorrado en psicólogos! Son mentiras piadosas, me digo: piadosas conmigo.
[...]
Todas las casas tienen un rincón en el que los trofeos reunidos en décadas de noble esfuerzo dormitan acumulando polvo y recuerdos en su metal viejo. La estantería del coraje, el altar del valor. No sé, hockey, atletismo, lucha libre, golf, lacrosse. Cuesta desprenderse de ellos, los arrastramos tintinando traslado tras traslado. Nos evocan lo que fuimos y realizamos. Por qué luchamos. Es curioso, soy capaz de emocionarme yo mismo a pesar de saber que mi propia colección es un canto a la falsedad. Amañado valor plateado. En su estante mis trofeos amontonan identidades nuevas. Es lo que tiene no haber ido a Eton: una ética relajada. Con el tiempo, es más fácil adjudicarles mejores logros, se vuelven más y más gloriosos. La tentación es grande. ¡Hay tantas gestas que usurpar! Un día, me digo, yo habré ganado la salobre Copa América y mis nietos creerán a pies juntillas que la vieja medalla de consolación en judo es en realidad el oro ardiente de alguna olimpiada".

 Lo compré pensando que iba a acertar, y acerté.


La última noche en Twisted River

"¿Porque acaso los miembros de los clubes de lectura no eran normalmente mujeres de cierta edad?"
John Irving. La última noche en Twisted River.

Bueno, pues un mes más toca hablar de los libros del Club de Lectura 2.0. En esta ocasión nos hemos leído (creo que no todos) este libro de John Irving. El libro lo propuso Bichejo que es muy fan.

Yo empecé a pensar que podía no gustarme cuando Juanjo estaba entusiasmado y Bichejo poco después también hablaba muy bien de él. Si hay una cosa que vamos teniendo claro los del club es qué nos gusta y no nos gusta a unos y a otros.

A mí me ha horrorizado. He estado muchas veces tentado de dejarlo y no lo he hecho. Una vez intenté empezar a leer el libro de Principes de Maine del mismo autor que tenía Anniehall en casa y lo dejé a las veinte o treinta páginas.

Irving me parece de lo peor que he leído en el club de lectura, si no el peor. Es un tío que escribe fatal, dándose autobombo de lo bien que (según él) ambienta sus libros y haciendo que partes de la historia que podrían tener un pase se pierda en cientos de páginas absurdas en las que se suceden las cartas de los restaurantes en los que trabaja el padre, o las mismas recetas que cocina, seguidas de las distintas historias sin ningún propósito a lo largo del libro. Creo que sin destripar nada... me puede decir alguien ¿qué aporta el capítulo y pico que se pasan en medio de una especie de comuna china u oriental en Iowa? Son personajes que no aportan nada y que no vuelven a salir en el libro ni su historia tiene nada que ver con la que cuenta el libro.

Leyendo el libro nos podemos encontrar joyas de la literatura como "También se mofaban del niño por la corrección con la que invariablemente hablaba. La prosodia del pequeño Dan era precisa; su dicción nunca adoleció de los vicios propios de los niños de Paris, como comerse consonantes o abrir demasiado las vocales, y ellos lo maltrataban por eso". Puede que él lo escribiera con un doble sentido intentado reírse de sí mismo, pero a mí no me lo parece.

Un defecto enorme que le veo y que es un rasgo claro de ser un mal escritor, es lo que presume de su trabajo de campo y de describir con minuciosidad lo que debería ser el trasfondo del libro. No sé si me explico. Está bien que uno investigue para que luego, cuando describas sitios o situaciones todo dé una sensación de verosimilitud. Incluso de verdad. Eso pasa en Galdós, por ejemplo. Tenía una ambientación de sus Episodios Nacionales perfecta sacada a base de estudiar periódicos de la época, anuncios y crónicas, pero todo eso está al servicio de la novela, no para sacar pecho y decir qué bueno soy.

En este caso es totalmente al revés. Todo el trasfondo ahoga a la novela. Algo parecido pasa con las descripciones de Antonio Muñoz Molina, que ya critiqué en su momento, pero ¡bendito escritor comparado con este! Nos podemos encontrar con descripciones como esta: "A la lavaplatos la llamaban Jane la Piel Roja, pero nunca en su presencia. Danny Baciagalupo le tenía aprecio y, en apariencia, ella adoraba al niño. Tenía al menos diez años más que su padre (era mayor incluso que Ketchum) y había perdido a un hijo, ahogado posiblemente en el Pemigewasset, si Danny no había oído mal. O quizá Jane y su difunto hijo fueran de la Reserva Natural de Pemigewasset —es posible que procedieran originariamente de esa zona del estado, al noroeste de los aserraderos de Conway— y el malhadado hijo se hubiera ahogado en otra parte. Existían espacios naturales aún más extensos, inconmensurables, al norte de Milán, donde se hallaba la serrería de píceas: allí había otros campamentos madereros, y muchos lugares donde podía ahogarse un joven ganchero. (Jane había explicado a Danny que Pemigewasset significaba «Paso entre pinos retorcidos», lo que indujo al impresionable niño a imaginar un lugar donde había muchas posibilidades de ahogarse.) Lo único que el pequeño Dan recordaba, de hecho, era que había sido un accidente durante el acarreo de una maderada en medio de un bosque, y por el cariño con que la lavaplatos miraba al hijo del cocinero, podía ser que el hijo perdido tuviera poco más o menos doce años cuando se ahogó" que te hacen querer tirar el libro a la basura.

 Mirad otro ejemplo: "(Una vez más, el cocinero fue incapaz de instruirse en materia de postres; jamás dominó la tarta tatin con sabayón al calvados.)" Qué tragedia, por Dios. Sí que consiguió dominar la tarta tatín con sabayón de pacharán, pero la del sabayón de calvados se le resisitió, mira tú... para llorar.

Eso por no hablar de las veinte, bueno, exagero, son once, que las he contado, veces que aparece en un capítulo "las dos comadres viejas y malas". Un truño, vamos. ¿Que no?:

Las obesas mujeres de los trabajadores de la serrería —Dot y May, esas comadres viejas y malas— aprovechaban la menor ocasión que se les presentaba, por muchos kilómetros que tuvieran que recorrer, para abandonar el pueblo y a sus inaguantables maridos.

Más o menos cuando las dos comadres viejas y malas dejaban atrás Mclndoe Falls en la 1-91, el cocinero y su personal terminaban su comida de primera hora de la tarde en el Avellino.

de modo que últimamente el Coci les rondaba a las dos comadres viejas y malas por la cabeza.

Danny no tenía la más remota idea de quiénes eran aquellas dos comadres viejas y malas.

—Son un par de comadres viejas y malas, si quieres que te diga la verdad... De aquí o de donde sea —contestó Celeste.

—¿Son de por aquí las señoras, si no es indiscreción? —preguntó Danny a las dos comadres viejas y malas.

—Nuestro cocinero se llama Tony —insistió Celeste con cierta desesperación, dirigiéndose a las comadres viejas y malas.

¿Cuánto pasaría hasta que esas comadres viejas y malas se cruzaran con Cari?

Cuando las comadres viejas y malas se fueron, Danny se dirigió a los inquietos y desatendidos clientes del restaurante.

¿Habían avisado ya Dot y May a Cari? Pero las dos comadres viejas y malas no sabían dónde vivía Danny

...aquellas comadres viejas y malas, Dot y May.

¿Queréis más? pues tomad: "Durante los primeros años. Patrice —el nombre y, en menor medida, el restaurante— cuajó. Arnaud y el cocinero enseñaron a Silvestro algunas de las especialidades de Marcel: la langosta con sabayón a la mostaza, la sopa de pescado de Bretaña, la tarrina de foie-gras de oca con una cucharada de gelatina de oporto, el halibut en papillote, la cote de boeuf para dos, el hígado de ternera enlardado a la parrilla con cebolletas y una demiglace balsámica. Naturalmente, Silvestro añadió sus propios platos a la carta: raviolis con caracoles y mantequilla a las finas hierbas con ajo, escalopa de ternera con salsa de limón, tagliateíle caseros con confit de pato y setas porcini, conejo con ñoquis de polenta".

O como esta otra: "Si uno bajaba por Main Street y dejaba atrás el Latchis, llegaba a Canal Street y el mercado donde el cocinero hacía casi todas sus compras. Desde allí, saliendo del pueblo, se accedía al hospital y a unas galerías comerciales, y si continuabas por la Interestatal 91, te encontrabas con unas cuantas gasolineras y los habituales establecimientos de comida rápida" en la que se ve que se ha refrenado y lo que de verdad le pedía el cuerpo es listarnos todos los establecimientos que se encuentran continuando por la Interestatal 91 hasta donde diablos termine.
En fin. Tuve, además, la 'buena' suerte de, una vez terminado el libro en el avión a la vueltade mi viaje a Utrecht, ponerme a leer un libro de un tal Antonio Pereira que me recibió así: "Al cruzar por entre los arriates, Desiderio atusó el ramaje de una hortensia alicaída; dio dos pasos atrás y, los brazos en jarras, contempló la planta con ternura materna. Luego subió las escaleras, en busca de su habitáculo, y hallose en el pasillo, largo, demasiado largo, que corría por el frente del caserón revelando la idea de su piadoso alarife: llevar las habitaciones hacia dentro, asomándolas al pudor monástico de la huerta, mientras a la calle se medio abrían los huecos indispensables para tomar un poco de luz y aire. Alguna de estas celosías dejaba ver, no obstante, un trozo de carretera por donde sonaba el palpitar del pueblo". Hete aquí el John Irving español, me dije. Lo dejé instantáneamente, claro.

Bueno, tal vez me haya quedado algo duro, pero es que me parece de lo peor. Tal vez debería no habérmelo leído, pero lo he hecho y me ha quedado una reseña que puede ser injusta, pero es que ha sido ponerme a revisar las notas y encendérseme otra vez la sangre.

A otros miembros del club, especialmente a Juanjo, les ha encantado. Tenéis las reseñas en los blogs de Juanjo, Carmen, Livia y la de Bichejo está en la página del club de lectura por esas cosas suyas de llegar a mil posts y no escribir más.

Para el próximo mes tenemos Como una novela de Daniel Pennac que espero que me guste más que este. Eso espero, porque además he sido yo el que lo eligió... por lo menos son solo cien páginas.