Fantasma

Llega el otoño y llega la entrega anual de nuestro detective favorito, Harry Hole. Este es el noveno libro de la serie escrita por Jo Nesbø.

Harry vuelve a Noruega después de varios años en Hong Kong. Ya no es policía, pero uno nunca deja de serlo y se encarga de una investigación usando sus antiguas influencias y bordeando la legalidad.

Tampoco voy a contar más porque en los libros de novela negra cuanto menos se sepa, mejor. No hay nada peor que un libro de misterio en el que el misterio se descubre antes de tiempo. Cuando consigue mantenerte hasta el momento exacto preguntándote quíen habrá sido o por qué es algo maravilloso. A mí el señor Nesbø me ha dejado muchas veces así. Y por eso sigo leyendo sus libros. Son entretenimiento puro.

Es cierto que el glamour está bastante ausente y pocas personas hay más hechas polvo tanto física como moralmente que Harry. Pero aún así sigue luchando por lo que él considera justo. Un policía siempre es un policía.

Esa Noruega bastante alejada del norueguismo es también algo chocante porque siempre te imaginas a los noruegos como más o menos avanzados. El mundo que retrata en esta ocasión del tráfico de drogas es bastante duro.

Yo os lo recomiendo. He visto que hay un libro más de la saga, aunque no sé por dónde va a salir después de este, la verdad. A lo mejor lo busco en inglés para no esperar tanto para saber cómo continua. Porque esa es otra, desde que este hombre publica hasta que lo podemos tener en español pasan años y años.

Perdón también por actualizar tan poco, pero es que uno no da más de sí y el tiempo que antes le dedicaba a buscar historias o ideas que desarrollar ahora no lo tengo. Y sé que se nota y me gustaría poder escribir más en el blog, pero no está por el momento fácil lo de pasarme a contar tonterías.

Contra toda esperanza


"Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.

Pero cuando a medias al hablar nos atrevemos
al montañés del Kremlin siempre mencionamos.

Sus dedos gordos parecen grasientos gusanos,
como pesas certeras las palabras de su boca caen.

Aletea de risa bajo sus bigotes de cucaracha
y relucen brillantes las cañas de sus botas.

Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea,
infrahombres con los que él se divierte y juega.

Uno silba, otro maúlla, otro gime,
sólo él parlotea y dictamina.

Forja ukase tras ukase como herraduras
a uno en la ingle golpea, a otro en la frente,
en el ojo, en la ceja.

Y cada ejecución es un bendito don 
que regocija en ancho pecho del Osseta."
Ósip Mandelstam. Poema sobre Stalin.

Hace mucho que me terminé de leer este libro y he ido dejando pasar la reseña pensando en dedicarle más tiempo que el habitual, pero, ya sabéis, la vida...

Este libro son las memorias de Nadiezhda Mandelstam, esposa de Ósip Mandelstam, poeta, comunista y, finalmente, escritor perseguido por el régimen que él había apoyado y que finalmente lo condenó y terminó muriendo en un campo de concentración en Vladivostok.

Es un libro muy, muy bueno y que está lleno de verdad. De lo que fue ese infierno para un buen número de personas. En este caso se centra en los Mandelstam y la gente que estaba a su alrededor como Ajmátova, Pasternak,  Tsvietáieva... incluso aparece Solzhenitsyn. No os digo más que me han entrado ganas de volver a hincarle el diente a Archipiélago Gulag... a ver si lo intento por tercera (y espero que última) vez.

Cada vez leo más de esta época de la URSS y cada vez leo menos de la segunda guerra mundial. No sé qué es exactamente lo que me hace leer y leer de esta época, pero me resulta especialmente espeluznante. Fue la realización en la tierra de la negación del hombre. Es lo más cerca que hemos estado de El Proceso de Kafka. Una sociedad en la que no se sabe si eres culpable o no, ni de qué delito, una sociedad de la que no puedes esperar justicia y que, a pesar de todo, duró durante décadas y décadas ante un pueblo aterrorizado, sumiso y lleno de miseria.

En este caso asistimos al sufrimiento de un poeta y de su mujer. Un poeta que no puede callar, que no puede dejar de crear aunque sabe que eso le va a llevar exactamente a dónde terminó: al Gulag. Y tiene miedo, y pasan penurias, e intentan luchar por su vida y atesoran momentos de felicidad con la convicción de que seguramente sean los últimos, de que su vida puede terminar en cualquier momento.

El libro está muy bien escrito. Nadiezhda no es solo la esposa de Mandelstam, sino una mujer con una gran cultura y con gran facilidad para expresar sus recuerdos, temores y análisis de las situaciones por las que pasaron. Una mujer con mucho coraje y que dedicó la vida a preservar las poesías de su marido que han llegado hasta la actualidad por su constancia y también gracias a una buena dosis de suerte.

Por ese poema con el que he comenzado la entrada ese hombre fue condenado a muerte. Fue un poema que nunca fue publicado, solo recitado. Y el poeta no pudo guardárselo, sentía esa necesidad de que era lo que tenía que hacer y lo dijo, lo recitó. De persona en persona fue viajando hasta que seguramente le llegó al propio Stalin. Y el poeta murió en un campo de concentración víctima de tifus y aún hoy no se sabe muy bien dónde ni dónde está enterrado.

De los muchos párrafos que me han gustado y de las muchísmas esquinitas que he doblado solamente os pongo esta cita:
"De los manuscritos de Mandelstam salvamos un pequeño número de borradores correspondientes a diversos periodos de su vida. A partir de entonces, jamás los guardamos en casa. Los llevé a Vorónezh en pequeños paquetes a fin de reconstruir los textos y confeccionar una lista completa de poesías no publicadas. Fue una labor que ambos hicimos poco a poco. Mandelstam cambió radicalmente de actitud ante los manuscritos y papeles; antes no quería saber nada de ellos y siempre se enfadaba conmigo cuando, en vez de romperlos, los depositaba en el baúl amarillo de mi madre, traído del extranjero. Después del registro comprendió que era más fácil conservar un manuscrito que a una persona y dejó de confiar en su memoria, que, como es sabido, desaparece al mismo tiempo que el ser humano. Algunos de esos manuscritos se han conservado hasta hoy, pero en su mayor parte se perdieron durante las dos detenciones. ¿Qué hacían en las profundidades de nuestros juzgados con los papeles que al principio llevaban en carteras y luego en sacos? Pero ¡a qué hacer conjeturas respecto a los papeles si no sabíamos lo que hacían con la gente! El hecho de que se hayan conservado testigos de aquella época y un puñado de manuscritos debe ser considerado como un milagro".
Creo que es un libro que hay que leer, pero también entiendo que precisamente por eso muy poca gente se lo leerá. Porque es incómodo, es escalofriante, te hace pensar y recordar de lo que ha sido capaz el ser humano. Y eso no gusta, claro.



Otro viaje

Sé que hace mucho que no escribo en el blog. La verdad es que no me da el tiempo para muchas florituras y estoy muy, muy liado en el trabajo con un montón de líos y frentes abiertos. Pero, en fin, más vale tarde que nunca.

Pues he tenido que hacer otro viaje. Este ha sido un viaje relámpago aunque la verdad es que ha tenido su miga. He ido a ver al equipo que tenemos en UK que son más majos que las pesetas.

El caso es que para ir a verlos elegí volar y luego alquilar un coche. Yo no sé si lo sabíais, pero en Reino Unido circulan por el lado contrario y eso me tenía bastante preocupado.

De hecho llegué al depósito de coches de la empresa con la que lo alquilé, me fui al coche y me preparé concienzudamente. Puse los retrovisores, ajusté el asiento, puse el google maps... y me puse en marcha. Iba dispuesto a comerme el mundo. Nada podía pararme, salvo el guardia del parking que me dijo que me había equivocado de coche. Era cierto, claro. Con el ansia me había equivocado de coche. Volví por donde había venido y cambié las cosas de sitio y me fui -esta vez sí- en el coche que me habían asignado.

Ya por la autopista no tuve mucho problema salvo el irme un poco hacia la izquierda. Parece ser que esto es habitual. Es difícil hacerte una idea de por dónde va el coche distinta a la que tienes en tu cabeza cuando llevas toda tu vida conduciendo al otro lado.

Pero, vamos, bien. El problema llegó cuando llegué a la ciudad destino que se llama Swindon. Allí estuve más de una hora dando vueltas hasta que conseguí encontrar la oficina. Google maps no me ayudó mucho y tardé un montón en encontrarla. Pasé varias veces por esa rotonda de la imágen que desafía las leyes de la probabilidad porque parece que no todos los días hay accidentes, ni mucho menos.

Salí victorioso, pero me confié en exceso y en uno de mis callejeos por la ciudad me cargué el retrovisor izquierdo por acercarme demasiado a los coches aparcados... en fin, si hubiera encontrado la oficina en una de las primeras cuatro o cinco veces que pasé por ella esto no hubiera pasado, pero... pasó.

Finalmente llegué a la oficina y pude dejar el coche allí aparcado hasta que tuviera que irme. Sentí una gran liberación. Me sentía ligero al caminar sin el yugo de la responsabilidad. Bueno, o a lo mejor la ligereza venía porque como pude comprobar me había dejado la cartera en el coche que dejé en Heathrow, en el que había cogido equivocadamente.

Sí, amigos. Allí estaba yo con un retrovisor roto, sin cartera, teniendo que pagar un hotel y teniendo que comer y cenar. Todo un plan. La verdad es que de que no pasara ni hambre ni sed se encargaron mis compañeros (y sin embargo amigos) y la gente con la que tenía que reunirme. Sin haberlo preparado resulta que me habían pagado el hotel, nos invitaron a cenar y me invitaron entre todos a unas cervezas. A veces la vida te sonrie, aunque sea un poco. Porque además llamé a la oficina de alquiler y me dijeron que sí que tenían mi cartera allí.

En fin, que pasé un día bastante agradable. Es una ciudad que está bastante mejor de lo que me esperaba. Fue un día soleado de otoño que daba gusto. Los compañeros que están allí están bien. Bueno, bien... ¡viven como curas! Y, la verdad, es que estoy contento de como nos van saliendo las cosas.

El viaje de vuelta fue bastante más normalito sin tener ningún problema reseñable. La verdad es que ya había gastado todas las catastróficas desdichas para la ida.

Y poco más tengo que contaros. Espero poder pasarme un poco más por aquí de vez en cuando, aunque hay que reconocer que cada vez voy teniendo menos tiempo y el poco tiempo libre que tengo lo paso haciendo otras cosas antes que escribir en el blog. Sad, but true. La vida, supongo.

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote (2)

Bueno, pues esta vez con retraso, aquí presento mi reseña de este libro del club de lectura que eligió Juanjo.

La verdad es que ya me lo había leído hace un par de años y me lo he vuelto a leer durante este mes. Me gustó entonces y me ha vuelto a gustar ahora.

La verdad es que es muy entretenido y cuenta historias interesantes. Lo que no me acaba de gustar (por hablar un poco de lo malo) es que hace una especie de misterio intentando ocultar de quién está hablando, pero muchas veces es evidente desde el principio, por lo que cuando desvela al personaje oculto es bastante... anticlímax.

Pero eso es lo único malo que puedo decir del libro. Es entretenido, cuenta anécdotas de escritores o del proceso de escritura de los libros. Son capítulos muy cortos (originalmente por lo que cuenta fueron publicadas en el periódico) y eso también hace que sea muy fácil de leer.

Yo no he leído nada más de este señor. Yo no soy de romanos, al contrario que Juanjo y además son unos tochos de páginas y más páginas y para completar el cuadro, son normalmente trilogías y, la verdad, a estas alturas de la vida pensar en meterme dos mil o tres mil páginas es algo que tiene que llamarme mucho, pero que mucho la atención. No es el caso. Seguramente si me hubiera pillado más joven sí que podría ser público objetivo de este señor.

Bueno, si queréis leer la reseña que ya escribí aquí la tenéis. Y si queréis leer otras más interesantes, pues no tenéis más que pasaros por los blogs de Paula, Carmen, Bichejo y Juanjo.