Love & Math

"No creo que haya una fórmula que explique el amor. Cuando hablo de una conexión entre amor y matemáticas no quiero decir que el amor se pueda reducir a matemáticas. Mi idea es más bien que hay mucho más en las matemáticas de lo que la mayoría de nosotros percibe. Entre otras cosas, las mátemáticas nos dan la comprensión y una capacidad adicional de amarnos a cada uno y al mundo a nuestro alrededor. Una fórmula matemática no da una explicación del amor, pero puede llevar una buena dosis de amor".
Edward Frenkel. Love and Math.

Me he leído este libro entre viajes y aviones. Está escrito por Edward Frenkel que es un matemático ruso que emigró a Estados Unidos. Actualmente vive en California.

Este libro es realmente interesante. Es una mezcla de sus memorias y de lo mal que lo pasó en la Unión Soviética debido a sus raíces judías y de cómo fue sobreponiéndose a todos los problemas por su amor a las matemáticas y las ganas que tenía de aprender y entender mejor ese mundo y, por otra parte, explica las matemáticas modernas y la belleza que encierran. Esta segunda parte creo que está parcialmente conseguida. La manera en la que explica la belleza de estos desarrollos está muy comprometida por el alto nivel de abstracción y la dificultad de los conceptos que maneja.

En teoría el autor se dirige a un público no relacionado con las matemáticas, pero yo he tenido bastantes dificultades en entender los conceptos que explica. Yo soy ingeniero y tengo una formación en matemáticas que un lector medio quizás no tenga y me ha costado entender bastantes cosas. También es cierto que me he leído el libro en inglés y puede que, aunque el lenguaje de las matemáticas es universal, haya tenido problemas con eso.

La parte que más me ha interesado es la de su experiencia personal. Es cierto que su biografía y los descubrimientos matemáticos que ha hecho van ligados y la forma en que lo mezcla todo es muy interesante. Se ve su amor por las matemáticas y sabe transmitirlo. Es un libro muy interesante y te entran ganas de saber más de matemáticas para poder apreciar mejor sus explicaciones. Además, Edward Frenkel tiene muchas otras aficiones. Por ejemplo, ha dirigido e interpretado un cortometraje que se llama Rites of Love and Math del que os pongo el trailer debajo.



La verdad es que después de ver el trailer no dan ningunas ganas de ver el cortometraje, pero ese es otro asunto. Es un apasionado de las matemáticas y transmite ese amor y las ganas de aprender más.

En fin, yo os lo recomiendo, aunque aviso que sin una cierta base matemática hay toda una parte del libro que será muy difícil de entender. A lo mejor no, yo hablo de lo que me ha pasado, pero, claro, yo tampoco soy ninguna lumbrera matemática. Es cierto que intenta hacérnoslo lo más accesible posible como cuando habla de la fibración de Hitchin "como una caja de donuts, solo que no hay donuts solo asociados a la rejilla de puntos de la base de la caja, sino a todos los puntos de la base. Así que tenemos un número infinito de donuts – ¡a Homer Simpson seguro que le encataría algo así!"

Otro párrafo:

Heinrich Hertz, que probó la existencia de las ondas electromagnéticas y cuyo nombre se usa como la unidad de la frecuencia, expresó su asombro de esta manera: “a uno no puede escapársele la sensación de que estas fórmulas matemáticas tienen una existencia independiente y una inteligencia propia, que son más sabias de lo que nosotros somos, más sabias que sus descubridores”.


Donde todo empezó

Sigo de viajes. Esta semana casi ha rozado el absurdo y querían que estuviera a la vez en Londres, en Copenhague, en Madrid, en Polonia y en Manchester. Yo pongo buena voluntad, pero la verdad es que a todo no puedo llegar. No tengo el don de la ubicuidad, ni siquiera el de la bilocación.

Así que de toda esa agenda tuve que estar en Madrid, Polonia y Manchester. Eso me suponía seis aviones de martes a viernes. Muchos, sí. Estoy viajando tanto con la maleta de mano y el ordenador que me han salido callos en la mano derecha de arrastrar la maleta y de subirla a pulso por escaleras. Es algo que ya te dice que o estás viajando mucho o que tu maleta no es muy buena. O las dos cosas, claro.

De Poznan vi muy poco, por no decir nada. Llegué al hotel cerca de la medianoche y al día siguiente estuve reunido hasta que tuve que coger el vuelo a UK. Hacía frio, pero menos de lo que parecía cuando miré la previsión meteorológica que daba un grado de máxima. He podido comprobar cómo los polacos son de la misma tradición que los alemanes y son muy fan del edredón enano. Ese con el que puedes cubrirte o los pies o los hombros y que en cuanto te mueves y se te sale un pie te despiertas de frío. Yo creo que todos ellos duermen como el conde Drácula sin moverse.

Cambié demasiados Zlotis y tuve que tomarme unas cervezas en el aeropuerto para gastarlos.

Ese día, el miércoles, usé tres monedas distintas a lo largo del día. Zlotis en Polonia, Euros en Alemania y Libras en UK. Yo creo que es la primera vez que me pasa desde que trabajo, pasar por tres monedas en el mismo día en viajes por Europa.

De Manchester tampoco pude ver prácticamente nada. También llegué muy tarde y lo único que me dio tiempo a hacer el día siguiente antes de ir al trabajo fue ir a visitar por fuera la estación de ferrocarril más antigua del mundo, la de Liverpool Road a donde llegó el primer tren de pasajeros de la historia, en 1830. 

Estaba lloviendo, una especie de calabobos que hizo honor a su nombre y me dejó empapado para medio día. Fue un momento de mucha emoción. Unos van a la Meca o a Tierra Santa. Yo he tenido mi momento de peregrinación estando justo en ese punto donde todo empezó en el mundo del ferrocarril. Ahora esa estación es parte de un museo, el MOSI (Museum of Science and Industry) que me quedé con muchas ganas de visitar, pero que tendrá que esperar mejor ocasión.

Me hice unos selfis y me sentí medio gilipollas. No sabía dónde mirar, qué cara poner, como os dije estaba empapado, con el portátil colgado, las gafas quitadas porque estaban empapadas de agua e intentando poner una cara que no fuera ridícula. No lo conseguí. Sé que querríais que pusiera esas fotos, pero os lo ahorraré. Os he puesto las de las placas conmemorativas del lugar.

Bueno, venga, si insistís...


Bueno, como os dije, estaba lloviendo.

Las reuniones estuvieron bien y luego quedamos para tomar unas cervezas y cenar. Bien, la verdad es que tampoco es que seamos amigos, pero pasas un buen rato y es infinitamente mejor que cenar solo.

El viernes me volví en un extraño trayecto Manchester - Dublín, Dublín - Londres, Londres - Madrid. Esto se debe, sobre todo, a que perdí el enlace en Dublín dado que el enlace que me había dado British Airways era de solo venticinco minutos en los que debía salir a la calle, cambiar de terminal, conseguir la tarjeta de embarque, pasar de nuevo el control de seguiridad y subir al segundo avión. No lo conseguí, claro.

La posibilidad que me dieron fue coger otro avión a Londres y de allí a Madrid. Al no haber otra solución, la cogí, pero ya veía yo que el día iba torcido. En Londres me encontré a mis compañeros (y sin embargo amigos) de manera totalmente casual que también estaban de vuelta. Yo iba en un vuelo anterior... que finalmente llegó después que el otro...

Todo muy estupendo. Si Iberia ya era mi compañía más odiada, este viaje no ha ayudado a que cambie de opinión. Por otro lado, mi opinión de Lufthansa ha mejorado mucho. Iban camino de iberizarse, pero han dado marcha atrás y tienes más sitio, te dan de comer y de beber (sobre todo de beber) varias veces en el viaje y de esa manera se hace bastante más ameno.

Así que, en resumen, una semana movidita. Reuniones que tenía que hacer y que creo que han sido positivas, pero que cansan bastante. En el horizonte tengo otro viaje a Londres la semana del puente y la siguiente. Ya os diré.

A cien millas de Manhattan

Nos acercamos a la recta final del año y con él llegan las últimos candidatos del club a los prestigiosos premios naranja y limón.

Este mes tocaba este libro que a principio de año yo vaticinaba como posible premio naranja. Ahí están mis palabras en el podcast.

Y me equivoqué, claro. Tampoco sé si será el premio limón (la competencia es muy dura este año), pero desde luego no será premio naranja.

Este libro tienen tres problemas muy graves (al menos para mí):
  • Tiene errores gramaticales
  • Tiene errores ortográficos
  • Tiene errores históricos, geográficos y de cualquier tipo que se quiera buscar en las historias que cuenta.
Con estos mimbres es difícil que salga algo bueno. A eso hay que sumar un tonillo de tratar al lector de estúpido que terminan de conformar el libro que tenemos ante nosotros. Y es una pena, porque las historias que cuentan podrían ser muy interesantes si no fuera por todo lo anterior.

Cuando empiezas a subrayar los errores y pifias en un libro es porque ya la cosa va mal y te has tragado antes una buena cantidad de ellas. Simplemente como ejemplos os pongo las siguientes perlas:
 "Sunny sujeta con firmeza un rifle mágnum del 44. El arma que portaba Clint Eastwood en el papel de Harry el Sucio".

 "En la orilla han aparcado decenas de coches con matrículas de Nueva Jersey. ¿Capital? Hartford".

"La compramos por galones en garrafas de plástico blanco. Cuatro litros y medio que hay que levantar a pulso cada vez que le rellenas a una criatura el vaso".

"Mercurio. ¿No era este el mensajero de los dioses encargado de conducir las almas al infierno?"
Además hay otras palabras mal escritas como "Deustch Bank" o "Guayamas" entre muchos horrores de todo tipo. No puedo dejar de mencionar el uso de revelar en vez de rebelar.

Un despropósito que, de alguna manera, reafirma lo de 'Manolete, si no sabes escribir, ¿pa qué te metes?'

Ya os he dicho que a todo esto se une un tonillo de voy a explicarles las cosas a estos imbéciles junto a una especie de intento de hacer una película de Frank Capra que queda bastante abusrdo. 

Una pena, lo cogí con ganas, pero es que donde no hay mata no hay patata. Aunque bien pensado, este libro es una patata de las gordas.

Tendréis reseñas de más nivel en los blogs de Bichejo, Carmen, Paula y Juanjo. Y a lo mejor en algún momento grabamos otra vez algún podcast.