¡Viva el latín!

"Esta multiplicidad de sentidos, si bien por una parte exigía precisión y profundidad histórica y fe en el significado más recóndito y en el poder de la etimología, por otra me acostumbraba a la matización capciosa, al esplendor figurativo y, por tanto, también a la ambivalencia, a la evanescencia, al nimbo, a decir dos o incluso tres cosas en una. He aquí el ideal que aún estaba formando confusamente entre los pupitres del instituto: escribir en una lengua diáfana, pero «abismal»".
Nicola Gardini. ¡Viva el latín!

Primero de octubre y toca hablar del libro del club de lectura. Esta vez lo eligió Juanjo que, como sabéis, es muy de romanos. A mí me pareció que era una buena elección y que hablaría sobre la influencia del latín en el presente, sobre la etimología de las palabras, la manera en que ha dejado una huella en nosotros a pesar de llevar muchos siglos sin ser una lengua activa.

Desgraciadamente, y como suele suceder con los libros del club, la realidad ha sido mucho más demoledora y lo que nos encontramos es un libro escrito por un traumado pedante que hacía que me enfureciera cada vez que leía un capítulo. Tengo que reconocer que aunque al club se venga a sufrir al final no he sido tan masoquista y no lo he terminado. No he llegado ni a la mitad.  Libros como este me hacen añorar a Laura Díaz que, aunque sean un tostón, al menos tienen la excusa del 'lo he intentado' por parte del autor.

Este señor se nos presenta como un iluminado de la vida que nos explica como el saber latín es prácticamente una experiencia religiosa que te hace mejor persona y trascender a un estadío superior del ser. Hay que notar que para esa elevación no vale saber hablar un segundo idioma, no. Tiene que ser el latín. 

Según él ningún otro idioma guarda en su interior esa riqueza semántica, esa musicalidad y metonimias. Cualquier otro idioma es una mierda al lado del latín y, como son una mierda, hace que el que no sepa latín no desarrolle su cerebro y sea un infrahumano. Bueno, a lo mejor exagero un poco, pero no creáis que tanto, esa es más o menos la idea.

El libro en sí es un plomo insoportable en el que en cada capítulo se centra en un autor o en una obra latina y se pone a poner fragmentos que puede que te traduzca o no, según a él le parezca. Luego se pone a hablar de por qué el autor ha usado esta palabra o declinación y cómo se puede ver el tono arcaizante o la intención poética de enlazar con los aedos griegos. Totalmente carente de interés salvo para alguien que ya sepa latín nivel avanzado.

No es un libro de divulgación. Yo diría que es una mierda y que es de lo que más me ha enfadado leer en los últimos tiempos, pero tampoco quiero excederme porque si algo ha demostrado este club es que siempre se puede ir a peor.

En fin, si mi consejo sirve para algo os pediría que dedicarais vuestro tiempo a algo más valioso como, no sé, ver vuestra sombra en una pared durante varias horas, mirar las uñas hasta que las veáis crecer o dedicaros a algún coleccionable de estos de septiembre de montar una furgoneta por piezas semanales.