La identidad cultural no existe

"la relación del sujeto con la cultura es, sin duda, de aprendizaje y de adquisición, pero no de auto-justificación: porque la cultura no debe servirle para construir una imagen de su yo en busca de reconocimiento —si eso ocurre, se trataría de un uso pervertido de la cultura (el nazismo procedió de esa perversión)—. La cultura apunta, en la medida en que es un conjunto de recursos, a promover la capacidad existencial como sujeto, que es, ante todo, la de separarse, de la cual viene la conciencia: apunta a afirmar precisamente al sujeto llevándolo tanto a sobrepasar el cerco de su yo como a extraerse de la integración en un mundo; la cultura tiende, en consecuencia, a situarse «fuera» (ex) de ambas condiciones para lograr una libertad —lo que yo llamo propiamente «ex-istir»".
François Jullien. La identidad cultural no existe.

Durante mi último viaje me he leído este libro. Es de un filósofo francés llamado François Jullien y del que no había oído hablar nunca hasta que leí una entrevista en el Mundo sobre este nuevo libro del que os hablo y que parece bastante pertinente en estos momentos en los que parece que es mucho mejor ser turba que individuo.

Es un libro corto, pero bastante denso. Es un libro de filosofía y no sé si el autor ha hecho un esfuerzo por facilitar la expresión de sus pensamientos para que sean accesibles al gran público, pero no lo parece. Es bastante oscuro sobre todo en los primeros capítulos. Además, desafortunadamente, gran parte de la tesis del libro se basa en un concepto que el traductor ha dejado en francés, écart, que tal vez sea difícil de entender para un no-francófono. Ese concepto se puede traducir como brecha, pero él lo utiliza más en el sentido de crisis, no como la conocemos sino como disputa, confrontación.

Lo que Jullien propone es que la cultura no es algo estático sino que se crea a partir de confrontaciones entre lo establecido y lo nuevo y que es en ese poner en tela de juicio el conocimiento preestablecido de donde nace el progreso cultural.

Entonces nos dice que "no hay una identidad cultural francesa o europea sino recursos (franceses, europeos, y también de las otras culturas). Cuando una identidad se define, aparece un inventario de recursos. Tales recursos se exploran y se explotan —lo que yo llamo activar—. Así, la exigencia de universal es sin duda un recurso (incluso si el pensamiento de lo universal no es, como sabemos, universal sino singular), y esto se puede constatar en su capacidad «reguladora»: su capacidad para promover indefinidamente lo común en la Historia y mantenerlo abierto en ella, pues él tiende siempre a cerrarse y aislarse. Lo propio del recurso es pues su capacidad de promoción". Eso indica que dependiendo de tu ámbito cultural te será más fácil o más cercano acceder a unos o a otros, pero que no son exclusivos de una cultura en particular. Seguramente un francés lea más a Pascal que un español y un español mucho más que un chino, pero eso no quiere decir que sus "recursos" no sean accesibles a todo el que esté interesado.

Es un libro muy muy recomendable, aunque no es una novela ni para pasar un buen rato, sino para pensar:
"Tampoco defenderé una identidad cultural, francesa o europea, como si esta pudiera ser definida por diferencia y ser fijada en su esencia. O como si la cultura pudiera tratarse en términos de pertenencia. Como si poseyera «mi cultura». Sin embargo, defiendo fecundidades culturales francesas, europeas, tal como se han desplegado en Francia, en Europa, mediante brechas inventivas. Las defiendo porque estoy en deuda con ellas, por mi educación y porque en consecuencia soy responsable de su desarrollo y transmisión. Pero no por eso las poseo
[...]
Defiendo con mayor razón esos recursos sabiendo que están hoy amenazados, y porque es necesario resistir en dos frentes que ya mencioné: por un lado, donde lo uniforme sirve de apariencia y de simulacro de lo universal; por otro, donde lo común que ya no es promovido por lo universal se convierte en su contrario (el «comunitarismo»). Hay que resistir, en efecto, contra el empobrecimiento de las culturas, contra el aplanamiento generado por la uniformización mundial y comercial".
Si os convence, pues leedlo, es un recurso más para armar vuestra identidad, pero si no y preferís ver first dates, pues ahí también tenéis un recurso. No hace falta que os diga cuál os va a hacer ciudadanos más libres y selectivos.


La Sed

Harry Hole es mi debilidad. Ha salido otro libro de la serie cuando ya pensaba que no iba a haber más y a leerlo que me he lanzado. Creo que es el 12 de la serie y me los he leído todos menos el número 2.

Creo que ya os conté que en España empezaron a publicarlos desde el número 3 en adelante y ya más tarde publicaron los dos primeros.

Como hay una parte en la que Hole va haciéndose viejo, achacoso y a la vez va madurando no sé si me leeré alguna vez ese segundo libro. Es posible que sí.

Este libro no es una continuación en sí, pero sí que aparecen personajes que aparecieron en libros anteriores, especialmente del anterior, Policía.

En este caso, y es desvelar muy poco, se va tras los pasos de un extraño asesino que se bebe la sangre de sus víctimas. Harry está retirado del servicio activo y trabaja como profesor en la academia de policía y la comisaria responsable del grupo de delitos violentos es Katrine Bratt. A partir de ahí se va liando la madeja y, como siempre, el señor Nesbø va engañándonos de manera continua y nosotros cayendo en el engaño. Otra vez lo consigue y te va haciendo creer que sabes quién es el asesino para darte cuenta de que te equivocas.

También repito que esto es lo que me pasa a mí, a lo mejor hay quién lo lee y a la primera caza al asesino. Entonces este tipo de novelas pierden toda su gracia y se vuelven aburridas.

No sé si el autor seguirá escribiendo libros de esta serie, espero que sí. Ha escrito también uno que se llama el Hijo y que quiero leerme antes de que salga como película en los próximos meses.

En fin, si no me habéis hecho caso hasta ahora después de reseñar 9 libros suyos no me lo vais a hacer ahora, pero si alguno ha seguido mi consejo y le han gustado los anteriores que no dude en leerse este: Harry Hole sigue vivito y coleando.

Séptimo año de la era Kindle


Llega noviembre y con ello mi resumen anual de lecturas. Ya es la séptima vez que lo hago en el blog. Este año no va a haber sorpresas y ya sabía que este año he leído mucho menos. Al final he conseguido mi objetivo de leer menos. Menos de 30 libros al año que es dónde yo pongo el límite (totalmente arbitrario, claro) de la higiene mental. Más de 30 libros es una barbaridad y se corre el peligro de que se te derritan los sesos como a Don Quijote.

Sé que hay gente que lee mucho más y que está encantadísima con ello. Me parece bien. Mejor leer que darse a las drogas o ver sálvame, eso está claro, pero leer es un acto que te aisla del mundo, te mete en una burbuja y hace que te pierdas cosas. Otras las ganas, claro, pero visto que uno nunca leerá todo lo que de bueno ofrece el mundo hay que conformarse con ser mortal y dedicar a la lectura un tiempo adecuado.

También es cierto, y esta es la mala parte, que leo menos porque trabajo más y me canso más. Hay parte del tiempo que dedicaba a leer que ahora dedico a otras cosas como, por ejemplo, ver más series o cocinar, pero también dedico más tiempo al trabajo debido al incremento de mis responsabilidades. Tengo que trabajar en mejorar eso y delegar más, pero de momento ahí estoy dando quizás más de lo que debiera por el trabajo.

En cuanto a números, este año he leído

Esta es la lista de este año:
 En total salen 26 libros. De promedio uno cada dos semanas. Creo que está bastante bien. A ver si lo mantenemos el próximo año y no la fastidiamos leyendo más.

En cuanto a qué ha sido lo mejor y lo peor... claramente lo peor ha sido The member of the wedding que es algo terrible. Tampoco me ha gustado Nudos y Cruces. Hay otros que están ahí en el filo entre el bien y el mal, pero en general se salvan.

En cuanto a lo mejor, tenemos, como siempre, a Dickens. Las aventuras de Martin Chuzzlewit es buenísimo, también lo es Shakespeare, claro. La tormenta de Isaac de Larson tampoco falla. Radical Candor me pareció bastante inspirador y ya os he dicho que quiero ponerlo en práctica en el trabajo.

He leído bastante más ficción que otros años y eso, claro, es un error. Más ensayo y menos ficción será mi lema para este próximo año.


Y termino, como siempre, pidiendo recomendaciones para este año.

Felices lecturas, pero con moderación.