Love & Math

"No creo que haya una fórmula que explique el amor. Cuando hablo de una conexión entre amor y matemáticas no quiero decir que el amor se pueda reducir a matemáticas. Mi idea es más bien que hay mucho más en las matemáticas de lo que la mayoría de nosotros percibe. Entre otras cosas, las mátemáticas nos dan la comprensión y una capacidad adicional de amarnos a cada uno y al mundo a nuestro alrededor. Una fórmula matemática no da una explicación del amor, pero puede llevar una buena dosis de amor".
Edward Frenkel. Love and Math.

Me he leído este libro entre viajes y aviones. Está escrito por Edward Frenkel que es un matemático ruso que emigró a Estados Unidos. Actualmente vive en California.

Este libro es realmente interesante. Es una mezcla de sus memorias y de lo mal que lo pasó en la Unión Soviética debido a sus raíces judías y de cómo fue sobreponiéndose a todos los problemas por su amor a las matemáticas y las ganas que tenía de aprender y entender mejor ese mundo y, por otra parte, explica las matemáticas modernas y la belleza que encierran. Esta segunda parte creo que está parcialmente conseguida. La manera en la que explica la belleza de estos desarrollos está muy comprometida por el alto nivel de abstracción y la dificultad de los conceptos que maneja.

En teoría el autor se dirige a un público no relacionado con las matemáticas, pero yo he tenido bastantes dificultades en entender los conceptos que explica. Yo soy ingeniero y tengo una formación en matemáticas que un lector medio quizás no tenga y me ha costado entender bastantes cosas. También es cierto que me he leído el libro en inglés y puede que, aunque el lenguaje de las matemáticas es universal, haya tenido problemas con eso.

La parte que más me ha interesado es la de su experiencia personal. Es cierto que su biografía y los descubrimientos matemáticos que ha hecho van ligados y la forma en que lo mezcla todo es muy interesante. Se ve su amor por las matemáticas y sabe transmitirlo. Es un libro muy interesante y te entran ganas de saber más de matemáticas para poder apreciar mejor sus explicaciones. Además, Edward Frenkel tiene muchas otras aficiones. Por ejemplo, ha dirigido e interpretado un cortometraje que se llama Rites of Love and Math del que os pongo el trailer debajo.



La verdad es que después de ver el trailer no dan ningunas ganas de ver el cortometraje, pero ese es otro asunto. Es un apasionado de las matemáticas y transmite ese amor y las ganas de aprender más.

En fin, yo os lo recomiendo, aunque aviso que sin una cierta base matemática hay toda una parte del libro que será muy difícil de entender. A lo mejor no, yo hablo de lo que me ha pasado, pero, claro, yo tampoco soy ninguna lumbrera matemática. Es cierto que intenta hacérnoslo lo más accesible posible como cuando habla de la fibración de Hitchin "como una caja de donuts, solo que no hay donuts solo asociados a la rejilla de puntos de la base de la caja, sino a todos los puntos de la base. Así que tenemos un número infinito de donuts – ¡a Homer Simpson seguro que le encataría algo así!"

Otro párrafo:

Heinrich Hertz, que probó la existencia de las ondas electromagnéticas y cuyo nombre se usa como la unidad de la frecuencia, expresó su asombro de esta manera: “a uno no puede escapársele la sensación de que estas fórmulas matemáticas tienen una existencia independiente y una inteligencia propia, que son más sabias de lo que nosotros somos, más sabias que sus descubridores”.


Donde todo empezó

Sigo de viajes. Esta semana casi ha rozado el absurdo y querían que estuviera a la vez en Londres, en Copenhague, en Madrid, en Polonia y en Manchester. Yo pongo buena voluntad, pero la verdad es que a todo no puedo llegar. No tengo el don de la ubicuidad, ni siquiera el de la bilocación.

Así que de toda esa agenda tuve que estar en Madrid, Polonia y Manchester. Eso me suponía seis aviones de martes a viernes. Muchos, sí. Estoy viajando tanto con la maleta de mano y el ordenador que me han salido callos en la mano derecha de arrastrar la maleta y de subirla a pulso por escaleras. Es algo que ya te dice que o estás viajando mucho o que tu maleta no es muy buena. O las dos cosas, claro.

De Poznan vi muy poco, por no decir nada. Llegué al hotel cerca de la medianoche y al día siguiente estuve reunido hasta que tuve que coger el vuelo a UK. Hacía frio, pero menos de lo que parecía cuando miré la previsión meteorológica que daba un grado de máxima. He podido comprobar cómo los polacos son de la misma tradición que los alemanes y son muy fan del edredón enano. Ese con el que puedes cubrirte o los pies o los hombros y que en cuanto te mueves y se te sale un pie te despiertas de frío. Yo creo que todos ellos duermen como el conde Drácula sin moverse.

Cambié demasiados Zlotis y tuve que tomarme unas cervezas en el aeropuerto para gastarlos.

Ese día, el miércoles, usé tres monedas distintas a lo largo del día. Zlotis en Polonia, Euros en Alemania y Libras en UK. Yo creo que es la primera vez que me pasa desde que trabajo, pasar por tres monedas en el mismo día en viajes por Europa.

De Manchester tampoco pude ver prácticamente nada. También llegué muy tarde y lo único que me dio tiempo a hacer el día siguiente antes de ir al trabajo fue ir a visitar por fuera la estación de ferrocarril más antigua del mundo, la de Liverpool Road a donde llegó el primer tren de pasajeros de la historia, en 1830. 

Estaba lloviendo, una especie de calabobos que hizo honor a su nombre y me dejó empapado para medio día. Fue un momento de mucha emoción. Unos van a la Meca o a Tierra Santa. Yo he tenido mi momento de peregrinación estando justo en ese punto donde todo empezó en el mundo del ferrocarril. Ahora esa estación es parte de un museo, el MOSI (Museum of Science and Industry) que me quedé con muchas ganas de visitar, pero que tendrá que esperar mejor ocasión.

Me hice unos selfis y me sentí medio gilipollas. No sabía dónde mirar, qué cara poner, como os dije estaba empapado, con el portátil colgado, las gafas quitadas porque estaban empapadas de agua e intentando poner una cara que no fuera ridícula. No lo conseguí. Sé que querríais que pusiera esas fotos, pero os lo ahorraré. Os he puesto las de las placas conmemorativas del lugar.

Bueno, venga, si insistís...


Bueno, como os dije, estaba lloviendo.

Las reuniones estuvieron bien y luego quedamos para tomar unas cervezas y cenar. Bien, la verdad es que tampoco es que seamos amigos, pero pasas un buen rato y es infinitamente mejor que cenar solo.

El viernes me volví en un extraño trayecto Manchester - Dublín, Dublín - Londres, Londres - Madrid. Esto se debe, sobre todo, a que perdí el enlace en Dublín dado que el enlace que me había dado British Airways era de solo venticinco minutos en los que debía salir a la calle, cambiar de terminal, conseguir la tarjeta de embarque, pasar de nuevo el control de seguiridad y subir al segundo avión. No lo conseguí, claro.

La posibilidad que me dieron fue coger otro avión a Londres y de allí a Madrid. Al no haber otra solución, la cogí, pero ya veía yo que el día iba torcido. En Londres me encontré a mis compañeros (y sin embargo amigos) de manera totalmente casual que también estaban de vuelta. Yo iba en un vuelo anterior... que finalmente llegó después que el otro...

Todo muy estupendo. Si Iberia ya era mi compañía más odiada, este viaje no ha ayudado a que cambie de opinión. Por otro lado, mi opinión de Lufthansa ha mejorado mucho. Iban camino de iberizarse, pero han dado marcha atrás y tienes más sitio, te dan de comer y de beber (sobre todo de beber) varias veces en el viaje y de esa manera se hace bastante más ameno.

Así que, en resumen, una semana movidita. Reuniones que tenía que hacer y que creo que han sido positivas, pero que cansan bastante. En el horizonte tengo otro viaje a Londres la semana del puente y la siguiente. Ya os diré.

A cien millas de Manhattan

Nos acercamos a la recta final del año y con él llegan las últimos candidatos del club a los prestigiosos premios naranja y limón.

Este mes tocaba este libro que a principio de año yo vaticinaba como posible premio naranja. Ahí están mis palabras en el podcast.

Y me equivoqué, claro. Tampoco sé si será el premio limón (la competencia es muy dura este año), pero desde luego no será premio naranja.

Este libro tienen tres problemas muy graves (al menos para mí):
  • Tiene errores gramaticales
  • Tiene errores ortográficos
  • Tiene errores históricos, geográficos y de cualquier tipo que se quiera buscar en las historias que cuenta.
Con estos mimbres es difícil que salga algo bueno. A eso hay que sumar un tonillo de tratar al lector de estúpido que terminan de conformar el libro que tenemos ante nosotros. Y es una pena, porque las historias que cuentan podrían ser muy interesantes si no fuera por todo lo anterior.

Cuando empiezas a subrayar los errores y pifias en un libro es porque ya la cosa va mal y te has tragado antes una buena cantidad de ellas. Simplemente como ejemplos os pongo las siguientes perlas:
 "Sunny sujeta con firmeza un rifle mágnum del 44. El arma que portaba Clint Eastwood en el papel de Harry el Sucio".

 "En la orilla han aparcado decenas de coches con matrículas de Nueva Jersey. ¿Capital? Hartford".

"La compramos por galones en garrafas de plástico blanco. Cuatro litros y medio que hay que levantar a pulso cada vez que le rellenas a una criatura el vaso".

"Mercurio. ¿No era este el mensajero de los dioses encargado de conducir las almas al infierno?"
Además hay otras palabras mal escritas como "Deustch Bank" o "Guayamas" entre muchos horrores de todo tipo. No puedo dejar de mencionar el uso de revelar en vez de rebelar.

Un despropósito que, de alguna manera, reafirma lo de 'Manolete, si no sabes escribir, ¿pa qué te metes?'

Ya os he dicho que a todo esto se une un tonillo de voy a explicarles las cosas a estos imbéciles junto a una especie de intento de hacer una película de Frank Capra que queda bastante abusrdo. 

Una pena, lo cogí con ganas, pero es que donde no hay mata no hay patata. Aunque bien pensado, este libro es una patata de las gordas.

Tendréis reseñas de más nivel en los blogs de Bichejo, Carmen, Paula y Juanjo. Y a lo mejor en algún momento grabamos otra vez algún podcast.

Yes please

"Ganarse la vida haciendo comedia es, en muchos aspectos, como un pony y un camello que intentan escapar de un zoo. Es un propósito ridículo y tiene muy pocas posibilidades de éxito, pero lo más importante es que es mucho más fácil si lo haces con un amigo".
Seth Meyers en este libro. Yes Please.

Empezamos el sexto año Kindle con este libro. Es de Amy Poehler. Actriz, guionista, cómica. Es una señora bastante divertida. Yo realmente sólo la he visto en el Saturday Night Live, pero tiene la serie Parks and Recreation y más cosas de las que habla en el libro.

El libro es un batiburrillo de asuntos entre consejos y memorias de los temas más diversos. Tiene una estructura bastante caótica y cualquier atisbo de propósito, fuera del de escribir el libro, no parece presente.

Me ha gustado. Es entretenido, a ratos divertido y en general bastante loco, que es la impresión que da esta señora de ser en su vida real. Una especie de torbellino con ideas interesantes y absurdas a partes iguales y que revoluciona cualquier sitio por donde pasa.

Claro que está a años luz por detrás de Bossypants, el libro de Tina Fey, compañera y amiga de la autora, y con el que yo me lo pasé mucho mejor.

Es un libro entretenido, se lee muy fácil. Hay veces que vuelve sobre lo mismo en plan leitmotiv y te sientes un poco perdido no sabiendo a dónde va. Yo os lo recomiendo si queréis pasar un buen rato.

Un par de párrafos:
"He pensado mucho acerca de mi propia muerte, que junto a mirar tu cara en un espejo aumentador es probablemente lo peor que te puedes hacer".

"Trata a tu profesión como a un novio malo. Es así. Tu profesión no te cuidará. No te llamará para presentarte a tus padres. Tu profesión flirteará descaradamente con otra gente que está a tu alrededor. Se olvidará de tu cumpleaños y te estropeará el coche. Tu profesión te dará de lado si exiges mucho de ella. Nunca va a dejar a su mujer. Tu profesión está jodiendo a otras personas y todo el mundo lo sabe menos tú. Tu profesión nunca se casará contigo".

"Tienes que preocuparte por tu trabajo, pero no por el resultado. Tiene que importarte lo bueno que eres y lo bien que te sientes, pero no lo bueno que la gente piensa que eres o lo guapa que estás".

I love Paris

He estado en París un montón de veces. Es la ciudad a la que más he tenido que ir por trabajo. No sé calcular cuántas veces habré estado, pero creo que más de quince y seguramente más de veinte.

He estado solo y acompañado. Por trabajo y como turista. He visto exposiciones como las de Manet y Monet. He estado en el Museo D'Orsay o en el de arte medieval de Cluny. He subido a la Torre Eiffel. He visto por fuera el Instituto Pasteur. He visto sus cementerios.

He visto el Bon Marché antes de saber que fueron los primeros grandes almacenes del mundo. Casi mato a mi amigo P. haciéndo que se comiera un macaron sin saber que tenía almendra. He quedado con mi hermano algunas tardes en los que los dos coincidíamos en París.

He comido galletes y crêpes en Montparnasse por encima de mis posibilidades. He ido al restaurante más caro al que seguramente vaya en mi vida e intenté pedir una cerveza y me miraron como si fuera un extraterrestre. He sufrido huelgas de prácticamente todos los transportes. He visto las dos óperas, aunque solo por fuera.

Me he pateado el Bouleverd Magenta viendo los trajes más horrofascinantes de boda y ceremonia que os podáis imaginar. He paseado por los Campos Elíseos y le compré a Anniehall otra taza para diestros como la que se había roto y que le había comprado en Dresde.

Les he comprado a los niños casi la colección completa de Barbapapás y luego tuve que contárselos sin tener ni idea de francés. He sufrido retrasos en vuelos, aunque no recuerdo haber perdido ninguno. He montado en los trenes de cercanías, en el metro, en tranvías y en autobuses. Incluso en el Orlyval que es algo que no sé cómo calificar.

He visto París desde el Sacré-Cœur. He comprado kilos de macarons y no sólo con ánimo homicida. Incluso tengo unos favoritos que no son los de Ladurée, aunque alguna vez me han fallado. He estado en bastantes Gares, incluída la Gare de L'Est que es preciosa y la Gare du Nord que es un horror y están una prácticamente al lado de la otra.

He visitado monumentos y recordatorios del Holocausto y me he asombrado de la capacidad de los frances para echarle toda la culpa a la ocupación. He paseado por L'Ile de la Cité y he visto la Sante Chapelle. He comprado foie que luego estaba malo y otros que han sido deliciosos.

He tomado cervezas que cuestan barbaridades para lo que son. He leído sentado en parques mientras esperaba la hora de irme al aeropuerto. He comprado pasteles y me he maravillado de que en cualquier pastelería tengan los mejores pasteles del mundo.

Me he extrañado de la costumbre parisina de sentarse en las braseries viendo pasar a la gente por la calle. He dormido en hoteles que parecen salidos de una película de pesadilla. He subido en ascensores en los que tenía que poner los pies como Charlot para que pudieran cerrar las puertas.

He visto una exposición de Canaletto absolutamente impresionante. He ido a ver una exposición de mapas antiguos a la Biblioteca Francesa a la que arrastré a Anniehall, aunque a ella no le apetecía mucho. He pasado frío de verdad.

En fin, he hecho muchísimas cosas en París. Incluso hablar de atentandos justo el viernes pasado a la hora de comer y un poco antes de montarme en un avión para enterarme más tarde de lo que había pasado justo cuando yo ya no estaba allí. La tristeza es enorme. Justamente ese día en el aeropuerto de Orly rellené una encuesta sobre París y una de las cosas que destaqué es lo seguro que me siento. Casualidades de la vida.

En fin, he hecho muchas cosas en París y me quedan muchas más por hacer. Nuestra empresa ha suspendido los viajes que teníamos la próxima semana. Lo cual no sé si es bueno o malo. Y es que si una cosa he aprendido a lo largo de todos estos viajes es a amar París. Cole Porter lo escribió en esta canción:



Every time I look down on this timeless town
whether blue or gray be her skies.
Whether loud be her cheers or soft be her tears,
more and more do I realize:

I love Paris in the springtime.
I love Paris in the fall.
I love Paris in the winter when it drizzles,
I love Paris in the summer when it sizzles.
I love Paris every moment,
every moment of the year.
I love Paris, why, oh why do I love Paris?
Because my love is near.

Quinto año de la era Kindle

Pues otro año más que pasa. Otro año de lecturas que voy a intentar resumir en números y en experiencias lectoras. Un año más he leído bastante. No todo lo que querría, pero supongo que para eso tendría que tocarme la lotería y aún así no sé si en algún momento mi lista de libros que quiero leer pordría hacerse más pequeña. Cuanto más se lee más consciente se es de lo mucho que te gustaría leer y no vas a poder.

Echando mano de blogger y de la etiqueta de libros veo que este año he reseñado:

  1. El Terror
  2. La larga marcha (sin terminar)
  3. Cosecha Roja
  4. La urna rota
  5. El libro de los vicios
  6. La liebre de la Patagonia
  7. El líder que no tenía cargo
  8. La sociedad literaria y el pastel de patata de Guernsey
  9. Peste & cólera
  10. Entre limones
  11. Lists of note
  12. Ahogados en la orilla
  13. El Hambre
  14. Por amor a la física
  15. Rituales cotidianos
  16. Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre
  17. El tiempo de los regalos
  18. La Isla del Tesoro
  19. Swimmer in the Secret Sea
  20. Entre los bosques y el agua
  21. Imaginary friends
  22. Canciones de amor a quemarropa
  23. Cartas memorables
  24. Dead wake
  25. El murciélago
  26. La isla de los Pingüinos
  27. Title deeds
  28. El libro tachado
  29. Back to the USSR
  30. All my friends are superheroes
  31. Honrarás a tu padre (sin terminar)
  32. Is Gwyneth Paltrow wrong about everything?
  33. Why civil resistance works
  34. Enterrado en vida
  35. Sonata de otoño
  36. Fouché
  37. La fiesta de la insignificancia
  38. To the edge of the world
  39. El lugar más feliz del mundo
  40. Donde la eternidad envejece
  41. Vestido de novia
  42. Sex on Earth
  43. El país imaginado
  44. Un otoño romano
  45. La noche en que Frankenstein leyó el Quijote
  46. Contra toda esperanza
  47. Fantasma
  48. Un árbol crece en Brooklyn
  49. I tried to run a railway
Bueno, casi cincuenta. Da un poco de pena no llegar a los 50 y dejarlo en números redondos. Aunque hay dos que he abandonado y no sé si deberían contar, supongo que no. También tengo a medias el libro Viajar de Robert Louis Stevenson. Creo que en líneas generales he leído menos que otros años. No he contado el número de páginas, pero creo que serán menos. Tengo la sensación de que leo menos y de que tengo menos tiempo para leer. A lo mejor es solo eso, una sensación. De estos, veintiuno son de ficción, aquí he contado Honrarás a tu padre que se anuncia como ensayo y no he metido a el líder que no tenía cargo que aunque es ficción se vende como ensayo o no ficción.

Muchas novelas. Demasiadas. Por eso puede ser que al volver la vista atrás vea muchos horrores y muchos menos libros estupendos.

De lo peor de este año, sin duda, canciones de amor a quemarropa, entre limones, por amor a la física y el libro de los vicios. Todos, casualmente, del club de lectura más famoso de estos lares.

Y entre lo mejor tengo que destacar la liebre de la Patagonia, el Hambre, contra toda esperanza, is Gwyneth Paltrow wrong about everything? o sex on Earth.

Mención especial merece el libro de Loque: Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre que es un libro fantástico y con el que me reí mucho. He dejado dos libros sin terminar (del club, claro) y otro sin siquiera empezarlo (sí, lo habéis adivinado, del club).

También tengo que añadir a esta lista los 30 números de the Amazing Spiderman que me he leído durante este año. A este ritmo dentro de unos 20 años calculo que me pondré al día.

Aprovecho, como todos los años, para pediros recomendaciones de lectura para incorporarlas a mi interminable lista de libros pendientes, aunque la lista y su orden es bastante anárquico y los títulos van encontrando su hueco de una manera bastante impredecible.

I tried to run a railway

"Poco a poco fui adquiriendo los tres principios del trabajo ferroviario: sentido del orden, sentido del tiempo y sentido del dinero".
G. F. Fiennes. I tried to run a railway.

Con el retraso que llevo, hace un par de semanas que tenía que haberos hablado de este libro. Es el último del quinto año de kindle y es un libro de ferrocarriles.

Gracias a Wikipedia he podido saber que este señor Fiennes es familia de los otros Fiennes, pero no he podido saber en qué grado de cercanía.

Este señor terminó la carrera (en Oxford, claro, los Fiennes son gente de posibles) y se metió en el mundo del ferrocarril. Allí fue pasando por un montón de puestos hasta que llego a dirigir los ferrocarriles británicos.

Le echaron precisamente por escribir este libro. O más exactamente por no dejar que supervisaran y revisaran la edición de este libro ya hace más de cuarenta años.

Y ya hablando del libro os puedo decir que es un libro difícil de leer porque utiliza muchísimas siglas que no explica en ninguna parte y porque hace referencia a todas las personas con las que trabajó en su vida y eso muchas veces no aporta nada y es un poco pesado. Yo me lo compré pensando que iba a ser más un libro de ferrocarriles que una biografía y me equivoqué. El libro es una autobiografía que sucede entre trenes. Así nos lo recuerda el autor: "Once again let me make it clear that this book and my career are nothing to do with how to run a railway but everything to do with what fun it is to be a railwayman" (una vez más déjenme aclarar que este libro y mi trayectoria no tienen nada que ver con cómo gestionar un ferrocarril y sí con lo divertido que es ser ferroviario).

Aún así me ha gustado, aunque debe ser un libro que, fuera de los que estamos en el mundo del tren, puede causar poco o ningún interés.

Describe a personas o tipos de personas con los que yo me he encontrado, algunas de las cuales querría llegar a ser. Por ejemplo habla de un jefe suyo que "cuando iba a verlo yo era la única persona que él quería ver, el asunto del que quería hablar era el único que le interesaba; y tenía todo el tiempo del mundo. Todas esas afirmaciones eran falsas, pero reconfortantes". Mi jefe es así y yo también querría tener siempre tiempo para los demás que vienen a preguntarme algo o a contarme los problemas que tienen. También comenta que "es por esto por lo que ningún sistema de gestión debe intentar convertir a un ejecutor en un consultor. Ni tiene la paciencia ni el talento para ser la persona que convenza sino que más bien va dando vueltas aporreando puertas y lanzando insultos a la gente que se encuentra dentro".

Termino con esta otra que también es aplicable a muchas situaciones: "‘cuando te reorganizas, sangras' nos dijo un orador invitado a nuestro colegio profesional. Durante muchos meses las pocas personas en las alturas que mantienen todo funcionando están distraídas de su propio trabajo. La puntualidad se va al carajo. La seguridad empieza a perderse. No os reorganicéis. No. No. No".


París, o cerca de


Pues he vuelto a París, no con la frente marchita ni con las sienes plateadas (o al menos no mucho). He estado revisando el blog y hay un montón de entradas sobre París. Y sí, es que en París siempre hay algo de lo que hablaros.

En este caso no estuve realmente en París, sino en una ciudad que se llama Issy les Moulineux y que está al lado, no hay separación, no hay campo. Está al lado del Sena y a tres paradas de RER (el cercanías francés) de la torre Eiffel.

El motivo era trabajo, claro. Y un trabajo bastante aburrido. Básicamente era estar allí por si acaso. Que no se diga que las cosas se retrasan por tu culpa. Eso da pie a bastantes instantes de aburrimiento. Y además he podido comprobar que esos por si acaso suelen pasar a la hora de irte cuando ya estás recogiendo el ordenador.

Dentro de lo que cabe, la parte buena fue que fui con bastantes compañeros de la oficina y algunos amigos del circo que seguimos juntos después de todos estos años. Fui con ellos a comer galletes y crepes bretonas en Montparnasse. Los dos días. Y tengo que reconocer que me he vuelto adicto a las crepes de caramel au beurre salé.

También hemos dado largos paseos, también los dos días prácticamente el mismo, entre Montparnasse y La torre Eiffel. Los campos de Marte son una explanada de botellón. Algo más de glamour porque llevan mantas y demás, pero algo parecido al Parque del Oeste de mi juventud. Además hemos visto que el autobús turístico ha pasado a un nuevo nivel y nos encontramos con el bus gastronómico (aquí).

En general ir de viaje de trabajo es un rollo: muchas horas, se duerme mal, no tienes casi ni tiempo para comer, estás lejos de casa... pero también tiene cosas buenas y que ya que estás hay que aprovechar: pasear, cenar con amigos y, sobre todo, ¡¡hablar mal de los franceses!!

P.D: este post se publica cuando estoy de nuevo en París. C'est la vie.

Un árbol crece en brooklyn

Llega el día de difuntos y toca hablar del club de lectura. O más bien del libro del club de lectura de este mes que, como podéis ver, es este un árbol crece en Brooklyn de Betty Smith.

Lo primero que hay que decir es que es laaaaaargo. Son setecientas páginas o así lo que no lo hace muy ideal para leerlo en un mes, pero así somos en el club, indomables.

Por lo que también he visto de su biografía (en wikipedia, tampoco creáis que me he ido muy lejos),  parece que lo que nos cuenta es bastante autobiográfico. Lo cual no es ni mérito ni demérito ni del libro ni de la autora.

El libro, por entrar en materia, nos cuenta la historia de una saga familiar que vive en Brooklyn pasando bastantes penalidades. Una familia como supongo que hubo muchas y que estaba siempre en el borde del precipicio viviendo en la mera subsistencia.

Desde ese punto de vista el libro describe toda esta miseria de una manera bastante detallada. De hecho son páginas y páginas y páginas de desdichas. Es un libro de esos que podríamos llamar melodramáticos en los que entre tanto drama hay lugar para la esperanza y para la superación de las dificultades.

Para mí el principal problema (supongo que ya sabíais que tratándose de un libro del club tenía que haber problemas, ¿verdad?) es que esta muy mal escrito. Le falta nervio, le sobran páginas y está bastante falto de calidad literaria. Está cargado de moralina, es condescendiente y los pensamientos o diálogos interiores son de soltar una carcajada de lo malos que son. La verdad es que podía haber subrayado alguno, pero no. He buscado en el libro a ver si encontraba alguno y os pongo este como referencia:
«Mis hijos —reflexionaba Katie— tienen más instrucción a los trece y catorce años que yo a los treinta y dos. Y no sólo eso. Cuando pienso lo ignorante que era yo a su edad. Sí, y aun casada y con una criatura. Quién lo diría. Yo creía en brujerías: lo que me dijo la partera sobre la mujer de la pescadería. Ellos han empezado muy por encima de mí. Jamás fueron ignorantes a tal extremo. Conseguí que obtuviesen su primer diploma. Yo no puedo hacer más por ellos. Todos mis proyectos... Neeley médico... Francie en la universidad... no los puedo realizar yo. Laurie... ¿Tendrán la voluntad y el tesón para llegar solos a ser algo? No lo sé. Shakespeare... la Biblia... Saben tocar el piano, aunque ya no lo practiquen. Les enseñé a ser limpios, a no mentir y a rehusar la caridad. ¿Será eso suficiente? Pronto tendrán un jefe a quien satisfacer y entrarán en contacto con extraños: Conocerán distintas costumbres. ¿Buenas? ¿Malas? No pasarán las tardes conmigo si deben trabajar todo el día. Neeley andará con sus amigos. ¿Y Francie? Leerá... irá a la biblioteca... al teatro... a una conferencia de entrada libre o un concierto de la banda. Claro que tendré a la niña... la niña. Ella se iniciará mejor. Cuando obtenga su primer diploma, quizá los otros dos la ayuden a estudiar en el instituto. Debo hacer por Laurie más de lo que hice por ellos. Ellos nunca tuvieron suficiente para comer, nunca fueron bien vestidos. Hice lo que pude, pero no fue bastante. Y ahora tienen que salir a trabajar, siendo niños aún. ¡Ah! Si los pudiera mandar al instituto este otoño. Permítelo, Dios mío. Renunciaré a veinte años de mi vida. Trabajaré noche y día. Pero no puedo, naturalmente. No tengo quien cuide de la niña.»
Bueno, también creo que lo de que esté bien escrito no es algo que hoy por hoy debamos exigir a ningún autor, así que tampoco me pondré tan severo. Es un libro que se puede leer. A mí me ha robado tres semanas de haber podido leer otra cosa más interesante, pero tampoco es la abominación que podría haber sido.

Es un libro que supongo que tuvo su público, parece ser que fue un best seller en la segunda guerra mundial, pero que a mí se me queda muy corto. Yo le pido más a un libro que esto. Espero que a los demás miembros del club les haya gustado más que a mí. Podéis leer sus reseñas en sus blogs: Juanjo, Carmen, Paula y Bichejo. Y en algún momento intentaremos grabar otro capítulo de nuestro exitoso podcast literario.


Fantasma

Llega el otoño y llega la entrega anual de nuestro detective favorito, Harry Hole. Este es el noveno libro de la serie escrita por Jo Nesbø.

Harry vuelve a Noruega después de varios años en Hong Kong. Ya no es policía, pero uno nunca deja de serlo y se encarga de una investigación usando sus antiguas influencias y bordeando la legalidad.

Tampoco voy a contar más porque en los libros de novela negra cuanto menos se sepa, mejor. No hay nada peor que un libro de misterio en el que el misterio se descubre antes de tiempo. Cuando consigue mantenerte hasta el momento exacto preguntándote quíen habrá sido o por qué es algo maravilloso. A mí el señor Nesbø me ha dejado muchas veces así. Y por eso sigo leyendo sus libros. Son entretenimiento puro.

Es cierto que el glamour está bastante ausente y pocas personas hay más hechas polvo tanto física como moralmente que Harry. Pero aún así sigue luchando por lo que él considera justo. Un policía siempre es un policía.

Esa Noruega bastante alejada del norueguismo es también algo chocante porque siempre te imaginas a los noruegos como más o menos avanzados. El mundo que retrata en esta ocasión del tráfico de drogas es bastante duro.

Yo os lo recomiendo. He visto que hay un libro más de la saga, aunque no sé por dónde va a salir después de este, la verdad. A lo mejor lo busco en inglés para no esperar tanto para saber cómo continua. Porque esa es otra, desde que este hombre publica hasta que lo podemos tener en español pasan años y años.

Perdón también por actualizar tan poco, pero es que uno no da más de sí y el tiempo que antes le dedicaba a buscar historias o ideas que desarrollar ahora no lo tengo. Y sé que se nota y me gustaría poder escribir más en el blog, pero no está por el momento fácil lo de pasarme a contar tonterías.

Contra toda esperanza


"Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.

Pero cuando a medias al hablar nos atrevemos
al montañés del Kremlin siempre mencionamos.

Sus dedos gordos parecen grasientos gusanos,
como pesas certeras las palabras de su boca caen.

Aletea de risa bajo sus bigotes de cucaracha
y relucen brillantes las cañas de sus botas.

Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea,
infrahombres con los que él se divierte y juega.

Uno silba, otro maúlla, otro gime,
sólo él parlotea y dictamina.

Forja ukase tras ukase como herraduras
a uno en la ingle golpea, a otro en la frente,
en el ojo, en la ceja.

Y cada ejecución es un bendito don 
que regocija en ancho pecho del Osseta."
Ósip Mandelstam. Poema sobre Stalin.

Hace mucho que me terminé de leer este libro y he ido dejando pasar la reseña pensando en dedicarle más tiempo que el habitual, pero, ya sabéis, la vida...

Este libro son las memorias de Nadiezhda Mandelstam, esposa de Ósip Mandelstam, poeta, comunista y, finalmente, escritor perseguido por el régimen que él había apoyado y que finalmente lo condenó y terminó muriendo en un campo de concentración en Vladivostok.

Es un libro muy, muy bueno y que está lleno de verdad. De lo que fue ese infierno para un buen número de personas. En este caso se centra en los Mandelstam y la gente que estaba a su alrededor como Ajmátova, Pasternak,  Tsvietáieva... incluso aparece Solzhenitsyn. No os digo más que me han entrado ganas de volver a hincarle el diente a Archipiélago Gulag... a ver si lo intento por tercera (y espero que última) vez.

Cada vez leo más de esta época de la URSS y cada vez leo menos de la segunda guerra mundial. No sé qué es exactamente lo que me hace leer y leer de esta época, pero me resulta especialmente espeluznante. Fue la realización en la tierra de la negación del hombre. Es lo más cerca que hemos estado de El Proceso de Kafka. Una sociedad en la que no se sabe si eres culpable o no, ni de qué delito, una sociedad de la que no puedes esperar justicia y que, a pesar de todo, duró durante décadas y décadas ante un pueblo aterrorizado, sumiso y lleno de miseria.

En este caso asistimos al sufrimiento de un poeta y de su mujer. Un poeta que no puede callar, que no puede dejar de crear aunque sabe que eso le va a llevar exactamente a dónde terminó: al Gulag. Y tiene miedo, y pasan penurias, e intentan luchar por su vida y atesoran momentos de felicidad con la convicción de que seguramente sean los últimos, de que su vida puede terminar en cualquier momento.

El libro está muy bien escrito. Nadiezhda no es solo la esposa de Mandelstam, sino una mujer con una gran cultura y con gran facilidad para expresar sus recuerdos, temores y análisis de las situaciones por las que pasaron. Una mujer con mucho coraje y que dedicó la vida a preservar las poesías de su marido que han llegado hasta la actualidad por su constancia y también gracias a una buena dosis de suerte.

Por ese poema con el que he comenzado la entrada ese hombre fue condenado a muerte. Fue un poema que nunca fue publicado, solo recitado. Y el poeta no pudo guardárselo, sentía esa necesidad de que era lo que tenía que hacer y lo dijo, lo recitó. De persona en persona fue viajando hasta que seguramente le llegó al propio Stalin. Y el poeta murió en un campo de concentración víctima de tifus y aún hoy no se sabe muy bien dónde ni dónde está enterrado.

De los muchos párrafos que me han gustado y de las muchísmas esquinitas que he doblado solamente os pongo esta cita:
"De los manuscritos de Mandelstam salvamos un pequeño número de borradores correspondientes a diversos periodos de su vida. A partir de entonces, jamás los guardamos en casa. Los llevé a Vorónezh en pequeños paquetes a fin de reconstruir los textos y confeccionar una lista completa de poesías no publicadas. Fue una labor que ambos hicimos poco a poco. Mandelstam cambió radicalmente de actitud ante los manuscritos y papeles; antes no quería saber nada de ellos y siempre se enfadaba conmigo cuando, en vez de romperlos, los depositaba en el baúl amarillo de mi madre, traído del extranjero. Después del registro comprendió que era más fácil conservar un manuscrito que a una persona y dejó de confiar en su memoria, que, como es sabido, desaparece al mismo tiempo que el ser humano. Algunos de esos manuscritos se han conservado hasta hoy, pero en su mayor parte se perdieron durante las dos detenciones. ¿Qué hacían en las profundidades de nuestros juzgados con los papeles que al principio llevaban en carteras y luego en sacos? Pero ¡a qué hacer conjeturas respecto a los papeles si no sabíamos lo que hacían con la gente! El hecho de que se hayan conservado testigos de aquella época y un puñado de manuscritos debe ser considerado como un milagro".
Creo que es un libro que hay que leer, pero también entiendo que precisamente por eso muy poca gente se lo leerá. Porque es incómodo, es escalofriante, te hace pensar y recordar de lo que ha sido capaz el ser humano. Y eso no gusta, claro.



Otro viaje

Sé que hace mucho que no escribo en el blog. La verdad es que no me da el tiempo para muchas florituras y estoy muy, muy liado en el trabajo con un montón de líos y frentes abiertos. Pero, en fin, más vale tarde que nunca.

Pues he tenido que hacer otro viaje. Este ha sido un viaje relámpago aunque la verdad es que ha tenido su miga. He ido a ver al equipo que tenemos en UK que son más majos que las pesetas.

El caso es que para ir a verlos elegí volar y luego alquilar un coche. Yo no sé si lo sabíais, pero en Reino Unido circulan por el lado contrario y eso me tenía bastante preocupado.

De hecho llegué al depósito de coches de la empresa con la que lo alquilé, me fui al coche y me preparé concienzudamente. Puse los retrovisores, ajusté el asiento, puse el google maps... y me puse en marcha. Iba dispuesto a comerme el mundo. Nada podía pararme, salvo el guardia del parking que me dijo que me había equivocado de coche. Era cierto, claro. Con el ansia me había equivocado de coche. Volví por donde había venido y cambié las cosas de sitio y me fui -esta vez sí- en el coche que me habían asignado.

Ya por la autopista no tuve mucho problema salvo el irme un poco hacia la izquierda. Parece ser que esto es habitual. Es difícil hacerte una idea de por dónde va el coche distinta a la que tienes en tu cabeza cuando llevas toda tu vida conduciendo al otro lado.

Pero, vamos, bien. El problema llegó cuando llegué a la ciudad destino que se llama Swindon. Allí estuve más de una hora dando vueltas hasta que conseguí encontrar la oficina. Google maps no me ayudó mucho y tardé un montón en encontrarla. Pasé varias veces por esa rotonda de la imágen que desafía las leyes de la probabilidad porque parece que no todos los días hay accidentes, ni mucho menos.

Salí victorioso, pero me confié en exceso y en uno de mis callejeos por la ciudad me cargué el retrovisor izquierdo por acercarme demasiado a los coches aparcados... en fin, si hubiera encontrado la oficina en una de las primeras cuatro o cinco veces que pasé por ella esto no hubiera pasado, pero... pasó.

Finalmente llegué a la oficina y pude dejar el coche allí aparcado hasta que tuviera que irme. Sentí una gran liberación. Me sentía ligero al caminar sin el yugo de la responsabilidad. Bueno, o a lo mejor la ligereza venía porque como pude comprobar me había dejado la cartera en el coche que dejé en Heathrow, en el que había cogido equivocadamente.

Sí, amigos. Allí estaba yo con un retrovisor roto, sin cartera, teniendo que pagar un hotel y teniendo que comer y cenar. Todo un plan. La verdad es que de que no pasara ni hambre ni sed se encargaron mis compañeros (y sin embargo amigos) y la gente con la que tenía que reunirme. Sin haberlo preparado resulta que me habían pagado el hotel, nos invitaron a cenar y me invitaron entre todos a unas cervezas. A veces la vida te sonrie, aunque sea un poco. Porque además llamé a la oficina de alquiler y me dijeron que sí que tenían mi cartera allí.

En fin, que pasé un día bastante agradable. Es una ciudad que está bastante mejor de lo que me esperaba. Fue un día soleado de otoño que daba gusto. Los compañeros que están allí están bien. Bueno, bien... ¡viven como curas! Y, la verdad, es que estoy contento de como nos van saliendo las cosas.

El viaje de vuelta fue bastante más normalito sin tener ningún problema reseñable. La verdad es que ya había gastado todas las catastróficas desdichas para la ida.

Y poco más tengo que contaros. Espero poder pasarme un poco más por aquí de vez en cuando, aunque hay que reconocer que cada vez voy teniendo menos tiempo y el poco tiempo libre que tengo lo paso haciendo otras cosas antes que escribir en el blog. Sad, but true. La vida, supongo.

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote (2)

Bueno, pues esta vez con retraso, aquí presento mi reseña de este libro del club de lectura que eligió Juanjo.

La verdad es que ya me lo había leído hace un par de años y me lo he vuelto a leer durante este mes. Me gustó entonces y me ha vuelto a gustar ahora.

La verdad es que es muy entretenido y cuenta historias interesantes. Lo que no me acaba de gustar (por hablar un poco de lo malo) es que hace una especie de misterio intentando ocultar de quién está hablando, pero muchas veces es evidente desde el principio, por lo que cuando desvela al personaje oculto es bastante... anticlímax.

Pero eso es lo único malo que puedo decir del libro. Es entretenido, cuenta anécdotas de escritores o del proceso de escritura de los libros. Son capítulos muy cortos (originalmente por lo que cuenta fueron publicadas en el periódico) y eso también hace que sea muy fácil de leer.

Yo no he leído nada más de este señor. Yo no soy de romanos, al contrario que Juanjo y además son unos tochos de páginas y más páginas y para completar el cuadro, son normalmente trilogías y, la verdad, a estas alturas de la vida pensar en meterme dos mil o tres mil páginas es algo que tiene que llamarme mucho, pero que mucho la atención. No es el caso. Seguramente si me hubiera pillado más joven sí que podría ser público objetivo de este señor.

Bueno, si queréis leer la reseña que ya escribí aquí la tenéis. Y si queréis leer otras más interesantes, pues no tenéis más que pasaros por los blogs de Paula, Carmen, Bichejo y Juanjo.

Un otoño romano

Pues aquí vuelvo. Tengo varias reseñas atrasadas, pero no encuentro el momento de escribirlas. Estoy saturado de trabajo y es difícil estar centrado para escribir. Pero, bueno, aquí estoy para hablaros de uno de mis escritores favoritos, Javier Reverte, y de uno de sus peores libros (al menos de los que me he leído yo). Una pena, sí. No sé si es que se ha vuelto peor escritor, si es que a mí se me ha pasado el enamoramiento, o si es que el mejor escribano echa un borrón.

Y el caso es que lo tenía todo para que me encantara. Roma, Reverte, viajes e historia. Pero tiene un tonillo de superioridad y de desprecio que echa para atrás. No desprecio de los romanos, o no de todos, sino que es un ejemplo de la ley del embudo que me ha dejado patidifuso.

Que alguien escriba cosas como estas: "En cierta forma, los romanos, acosados como todos los europeos del sur por los desmanes del capitalismo salvaje, han decidido instalar por su cuenta espacios en donde reina el estado de bienestar; esto es, la cultura de lo gratuito. Y en buena medida, el gobierno municipal colabora en el empeño, ya que encontrar un sitio en el que puedan comprarse los billetes de autobús o tranvía —en quioscos de prensa y estancos— es una tarea ardua: casi siempre están agotados. Además de eso, los autobuses son pocos y tardan mucho en llegar a las paradas, a veces más de media hora. De modo que, a mal servicio, menos obligaciones y mayor burla de la ley. Es justo, ¿no?" (referido a no pagar los transportes público) habla bastante mal de quién usa así el término justicia. Supongo que hará lo mismo cuando va a un restaurante y le parece caro lo que hay, coge y se va. O le parecerá muy bien que si alguien lee sus libros y no le parecen buenos, no pague. Además que ese no pagar es bastante relativo. Porque todos los romanos lo pagan, ya lo creo que lo pagan, y de esta manera tan particular terminan pagándolo más quienes menos lo usan.

También se tira el pisto en situaciones hipotéticas como cuando nos cuenta una anécdota con Alberti y su gato: "—¿No te gusta mi gato? —me preguntó, malévolo. —Me da miedo. —Déjalo un rato a su aire y se irá. Te empieza a apreciar. Era mentira, por supuesto. Y Alberti siguió a lo suyo con las chicas, echándonos al minino y a mí, de cuando en cuando, una mirada de satisfacción. Yo era un veinteañero tímido y él un celebrado poeta. Hoy habría estrangulado al gato y hubiera tirado el cadáver a las narices de Alberti". Ni lo mató entonces ni no mataría ahora. Es pura autojustificación dándoselas de duro que no tiene ningún sentido.

Tiene también un aire de sofismas absurdos que, aunque alguna vez aparecían en sus libros, en este son legión: "San Beda, un sacerdote británico, dijo solemne: «Mientras exista el Coliseo, existirá Roma. Y si existe Roma, existirá el mundo». No sé muy bien si eso quiere decir que, mientras se torture y se asesine, seguiremos siendo humanos". WTF? O este otro: "si un día se fabricasen cámaras que lanzaran balas en lugar de recoger instantáneas, el mundo sería el escenario de una carnicería semejante a la de la Gran Guerra". Pero, ¿de qué vas, Javier?

También falta un poco de revisión y correcciones como cuando dice que se está leyendo Cosecha Roja de Raymond Chandler confundiéndolo con Dashiell Hammett.

Y ya llegamos al esperpento cuando dice cosas como estas: "El jazz es la música de Nueva York. [...] Y ahora, oyendo a los viejos músicos del Trastevere, me doy cuenta de que Roma es una ciudad melancólica y de que el jazz es una música de melancolía. Encajan jazz y Roma. Más que Nueva York, que es la metrópoli más alejada de la melancolía de todas las que conozco". Todo en esas frases es apriorismo y lugares comunes. Se ha convertido en un escritor sentencioso y aburrido.

Ya no llama la atención cuando dice "Notará el amigo lector mi escrupulosa manía por el rigor en la investigación histórica". Cosa que es cierta, o lo era, pero no añade: "y el poco rigor de ms opiniones de embudo king size".

En fin, no quiero meterme con ese rigor histórico como cuando dice que en el hombre de Vitruvio "el artista quiso retratar las medidas ideales del hombre, lo que los clásicos llamaron «proporción áurea»" confundiendo la proporción áurea con el canon de Vitruvio.

Que no me ha gustado, vamos. Espero que sea un borrón en el camino y que pueda seguir disfrutando de sus libros, algunos de los cuales he reseñado aquí, aquí o aquí (en este último ya decía que me empezaba a no gustar con su condescendencia y superioridad). Creo que me he leído todos sus libros de viajes y este es el que menos me ha gustado.

De todas maneras entran muchas ganas de estar en Roma, de visitarla, patearla y difrutarla.

El país imaginado

En el sprint final de este verano de lecturas sin fin hoy nos toca hablar de este libro que propuso Carmen. Yo no había oído hablar del autor ni del libro, pero estar editado por Impedimenta era un augurio prometedor.

El libro nos cuenta la historia de una niña china y de su familia. Está situado a principios del siglo pasado (o a lo mejor mediados). Está contado a través de los ojos de su protagonista ya mayor recordando su adolescencia y juventud y sobre todo su amistad con Xiaomei, la hija de un pajarero ciego y la relación con su abuela que se le aparece en sueños.

El libro se lee con gusto. Está bien escrito y no es muy largo. Yo echo en falta algo de interés en la historia, algo distintivo. Porque creo que es un libro del que no recordaré nada dentro de no mucho. No hay nada malo que se pueda decir de él, pero (y esto también es un drama) nada especialmente bueno fuera de que no es un bodrio.

A través de la lectura conocemos un poco más esa sociedad china llena de tradiciones, muchas de las cuales se nos hacen incomprensibles. Las relaciones, la delicadeza estética, la brutalidad aceptada de las bodas concertadas, los esperpentos aceptados por todo el mundo se muestran con un toque... digamos occidental. Al menos eso es lo que he percibido yo. Los pensamientos de la protagonista, llenos de ideas propias y algo modernas no parecen cuadrar con la idea que tenemos de China.

El autor es argentino y creo que ha tenido que estudiar y leer bastante sobre China y la época.

Después de todo no sé si es un libro para recomendar o no. No hace daño, desde luego, pero a mí me ha dejado un regusto a pan sin sal.

Tendréis reseñas de mucha más enjundia en los blogs de Paula, Carmen, Juanjo y Bichejo y si los hados son propicios dentro de poco tendremos nueva entrega de ese podcast de moda del club de lectura.

 

Sex on Earth

"Algunas ballenas tienen hasta 7.500 piojos viviendo en ellas, así que se puede decir que son bastante comunes, pero la precariedad de su existencia se puede apreciar en esta cita, una de mis preferidas en un informe de conservación: ‘Los piojos del cachalote no están considerados como amenazados o en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a pesar de que su único hábitat, el cachalote, está en la lista de especies en peligro o afrontando un alto reisgo de extinción’".
Jules Howard. Sex on Earth.

Me he leído con mucho gusto y provecho este libro. Me interesé por él cuando leí en alguna parte que llamaban a Jules Howard el Bill Bryson de la zoología. Ya sabéis que en este blog somos mucho de Bill, así que no me costó mucho ponerlo en mi lista de lecturas para estas vacaciones.

Sé que lo han sacado en español hace poco y seguramente sea un regalo estrella para estas navidades, que ya están ahí a la vuelta de la esquina...

Por hablar un poco del libro, Jules Howard nos propone hablar de sexo, pero no como habitualmente sale en la televisión tipo: el animal que tiene el pene más grande, o el pene más grande en relación a su tamaño, o el animal que más veces lo hace o cosas así que realmente tienen poco interés desde el punto de vista científico o de divulgación.

Él pretende mostrar lo maravillosa que es la naturaleza y cómo el sexo es una lucha continua entre machos y hembras en la perpetuación de la especie conjugando las ganas del macho de tener el mayor número de hijos posible con el de la hembra de tener el número adecuado y del mejor 'linaje' posible. Y, por si fuera poco, también entran en la historia los parásitos y enfermedades y explica cómo el sexo es una arma contra ellos.

De esta manera nos encontramos a osos panda, a peces, a insectos, a patos, a la homosexualidad en la naturaleza o a parejas monógamas. De todo esto nos habla con una pasión y un gran nivel de humor el señor Howard que me ha convencido como divulgador y del que me leeré más libros, seguro. Incluso se le coge gusto a una babosa terrible que según parece está asolando media Europa y que se llama babosa española... y es que a mí ya solo por el hecho de ser española se me hace simpática.

Tengo que reconocerle que además avisa, como cuando dijo que se le quedó grabado el siguiente vídeo para siempre en el cerebro (gente impresionable abstenerse):



En fin, que es un libro muy interesante, muy divertido y con el que se aprende un montón así que si no sabéis qué leeros, no lo dudéis, Jules Howard es vuestro hombre.

Algún párrafo más (la traducción es mía):
"También recuerdo a un hipopótamo que una vez vi cuando era pequeño en un zoo. Mientras el joven cuidador estaba dando una charla a su público expectante, el hipopótamo macho procedió a ponerse detrás de él y a hacérselo con media sandía. Fue una escena extraña que, quizás no sorprendentemente, se me ha quedado grabada desde mi infancia. Al final de la charla, cuando el cuidador preguntó al público ‘¿alguien tiene alguna pregunta?’, cerca de treinta manos se levantaron. Añadió tranquilamente: ‘que no sean sobre lo de la sandía, por favor’".

"Esos fueron siglos largos y duros para que el sexo ganara impulso como una materia digna de estudio científico. Estabas prácticamente imposibilitado salvo que conocieras a la gente adecuada, fueras miembro del club de caballeros adecuado y pudieras leer sin problemas latin o griego. El sexo era el equivalente biológico a la materia oscura. Ahí, pero... bien, teórica. De alguna manera intocable. Intesteable".


Vestido de novia

Aquí estamos de nuevo los pesados del club de lectura con un nuevo libro en este verano en el que aparecemos más por aquí que Castle en Divinity.

En esta ocasión para hablaros de este libro de Pierre Lemaitre y, en mi caso particular, para contravenir la opinión de Paula de que nuestro problema es que vamos a leer con opiniones preconcebidas y en contra del libro.

En mi caso y con este autor era así. El año pasado me leí Nos vemos allá arriba y no me gustó. Me aburrió soberanamente y tenía la idea de que este libro iba a ser por el estilo.

Pero no, me ha gustado, la verdad. Al menos me ha entretenido. El libro es una novela negra con crímenes y dos protagonistas: Sophie y Frantz. Por contar el principio de la novela para no revelar nadad más, Sophie es una persona con problemas mentales que trabaja de canguro con un pasado que se va contando poco a poco. Sophie mata al hijo que está cuidando sin recordar cómo lo ha hecho. Y bueno, a partir de ahí si estáis interesados tendréis que leer el libro.

Es una novela negra y como en toda novela negra si le ves las tripas te aburre, si no se las ves te tiene buscando el por qué hasta casi el final.

También tengo que decir que no es el top over the top. Para mi gusto se lía demasiado y da demasiadas vueltas a la trama que hace que vaya perdiendo interés a medida que avanza, pero eso no quita para que sea una novela que se lee bien y yo ya poco más le pido al club.

No he subrayado ni un solo párrafo lo que también da idea de que no he encontrado ninguna frase brillante o bien escrita que me haya llevado a querer recordarla.

Tenéis reseñas de mucha más enjundia en los blogs de Paula, Carmen, Bichejo y Juanjo y en algún momento hablaremos de los libros del club de este mes de agosto y podréis escuchar nuestras opiniones sobre los libros, sobre el club, sobre la vida.


Donde la eternidad envejece

"A mediados del siglo XIV se inventó un viaje fabuloso por el mundo. Abarcaba lugares tan remotos como China e India. Todo lo mencionaba como visto y vivido. ¿Por qué la utopía no puede ser también una realidad? La imaginación no debería ser el único Non plus ultra. Shangri-la, como el jardín de las Hespérides o las islas de los Bienaventurados, ya existe en nuestro imaginario emocional. Todo lo que permanece en la imaginación es eterno. La literatura y el cine forman parte de la imaginación. Más eterno que lo humano, pues, como el verso de Píndaro, lo mortal va alumbrando por delante a los mortales".
César Antonio Molina. Donde la eternidad envejece.

He aprovechado estas vacaciones para leerme este libro del señor que camina. Realmente este es el libro que quería haber propuesto, pero no estaba en digital. Poco hubiera cambiado, también hay que decirlo, porque es esencialmente igual que el otro. Cuenta las reflexiones del autor mientras visita distintos monumentos o sitios relevantes para él a lo largo del mundo.

A mí me gusta muchísimo. Me parece una persona muy culta y aprendo mucho leyendo sus libros. Tiene una delicadeza especial y se nota su amor por los sitios que visita, por la historia y por los libros.

En esta ocasión nos lleva por Francia, Italia, Egipto, España, y por muchos sitios más. Es un libro largo en torno a las 600 páginas y lo recomiendo teniendo en cuenta que me ha gustado un montón, pero entiendo que no todo el mundo es target de este señor. Los miembros del club pueden estar tranquilos porque no volveré a proponer un libro de este señor... salvo que me obliguen... Hay que decir que tiene cinco libros de memorias de momento, así que aún queda carne en el asador.

Leyéndolo me han entrado unas ganas locas de ir a Egipto o a Capri, o a casi todas partes, la verdad. Me gusta la literatura de viajes, me gusta la literatura sobre literatura y me gusta la forma de contar las cosas de este señor.
"Pero, poco a poco, apenas sin uno darse cuenta, cada libro te roba tu propia vida, 'mientras más leas menos sabes y menos quieres vivir'. Es cierto, cada libro te abre nuevas incógnitas. Todos los libros son un solo libro, todos los autores son un solo autor, todos los lectores son un solo lector. Es cierto, después de haber leído miles de libros reconozco que sé menos que cuando empecé. Simplemente porque tengo más preguntas sobre la vida que entonces. Más preguntas sin respuesta. 'Los libros son la perdición'. El que ha leído mucho no puede ser feliz, ya que la felicidad es inconsciente, es sólamente la inconsciencia'. Entiendo lo que dice Marina [Ajmátova], pero no estoy del todo de acuerdo. Los libros dan otro tipo de felicidad, más consciente, más comprometida, nos ayudan a entender el destino de la existencia y a saber naufragar con honor y dignidad".
En fin, para el que le interese ahí está el señor Molina. Tengo que decir una cosa y es que se me hace difícil de leer los fragmentos de poesía que pone en el texto separados por / en lugar de por saltos de línea. Es así, no estoy acostumbrado a ello y hubiera preferido que los versos aparecieran separados.


El lugar más feliz del mundo

"[...] entre todas ellas solo una permanece invariable tal como la describió Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag: la línea divisoria que separa el bien del mal en las personas y que el escritor ruso creía que no pasaba a través de los estados, ni de las clases sociales, ni tampoco entre los partidos políticos o las ideologías, «sino directamente a través de cada corazón humano». Para evitar cruzar esa frontera interior que nos separa de lo peor de nosotros mismos hemos levantado un muro construido a base de cultura, sociedad civil, educación y leyes. Cuando alguno o varios de esos elementos se debilitan, si la defensa cede, en Phnom Penh o Berlín, Kigali o Sarajevo, el cartero que repartía el correo puede transformarse en el francotirador apostado en la azotea, el vecino de toda la vida en nuestro verdugo, el profesor universitario en propagandista del exterminio y el guerrillero con causa en un asesino en serie".
David Jiménez. El lugar más feliz del mundo.

En este verano de lecturas continuas debido a nuestra ansia lectora del club nos tenemos que ver este mes con este libro de David Jiménez, corresponsal de El Mundo durante muchos años en Asia y ahora director del periódico.

David ha estado en muchas guerras y desastres naturales. Ha informado sobre unas noticias que nos muestran cómo es el ser humano en situaciones límite. Lo bueno y lo malo.

Este libro es -creo- una recopilación de artículos que ha escrito a lo largo de sus años de reportero o corresponsal. Los hay muy duros, los hay tiernos y los hay esperanzadores. Hay que decir que abundan de los primeros.

El libro me ha gustado. Yo pensaba que iba a ser un poco más tipo libro de viajes, un poco más libro y menos recopilación, pero eso no quita para reconocer que es un libro muy interesante y que , aunque sea duro -o quizás por eso-, tiene mucha verdad en su interior.

También hay que decir que tiene algo de impostura. Hay algo en el retrato que hace de él mismo que no me acabo de creer. Esos consejos para sobornar a los policías de los controles, ese aire de estar de vuelta de todo y un poco por encima, esas ganas de epatar... no sé, me parece que sobra. Para eso ya tenemos a Pérez Reverte.

Algunos párrafos:
"Camino del hotel, el taxista me cuenta que es ingeniero. Al día siguiente, en la pagoda de Shwedagon, otro taxista dice que le falta un año para terminar Medicina. Subo a taxis conducidos por arquitectos, biólogos y profesores universitarios. Es posible que no haya, a finales de los años 90, una ciudad con taxistas mejor preparados que los de Rangún. Para cualquier cosa menos para conducir taxis".

"Más que nunca, tengo la sensación de que el viaje no termina hasta que vuelves. No a los lugares visitados, sino a las gentes que conociste en ellos".
Un buen libro. Este segundo semestre del club está siendo mucho mejor. Parece que levantamos el vuelo. No hay que confiarse, pero de momento, paso a paso, vamos leyendo libros buenos. Eso que no debería ser tan difícil así, en general, pero que en este nuestro club se vuelve prácticamente imposible.

Tenéis reseñas mejores en los blogs de Carmen, Paula, Juanjo y Bichejo y en la barra de la derecha tenéis los podcasts en lo que tan bien nos lo pasamos hablando de libros.


To the edge of the world

"Tan desesperados estaban los ferrocarriles que muchos de los vigilantes contratados para proteger por la noche las propiedades habían sido mandados a Siberia como castigo por robar. Otros a los que se les dio trabajos que requerían tratar con los pasajeros habían cometido crímenes violentos, mientras que los asesinos y violadores eran empleados en labores de mantenimiento".
Christian Wolmar. To the edge of the world.

Después de unos cuantos días sin pasarme por el blog -debido principalmente a que estaba en Portugal sin conexión a internet- vuelvo para iros contando lo que me estoy leyendo estas vacaciones. De momento éxito total en todo cuanto he leído empezando por este libro que me ha dejado mi amigo I, que a su vez se lo compró después de que yo le pasara este libro del mismo autor. I, además, está aprendiendo ruso y tiene ganas de visitar esta parte del mundo. No quiero decir nada, pero es muy posible que lo consiga ahora que estamos trabajando juntos de nuevo.

En fin, que me desvío. Este libro nos cuenta la historia del transiberiano, la línea ferroviaria más grande del mundo. Nos habla del inicio del ferrocarril en Rusia, de los distintos intentos hasta que se comenzó su construcción, de los problemas de las distintas secciones, del error de atrochar por terreno chino hacia Vladivostok, y de su historia desde allí hasta nuestros días.

Está claro que es un libro para gente a la que le gustan los trenes (¡y a quíen no!). Este señor escribe bastante bien y va contando anécdotas y sucesos que son en general muy interesantes. Por ejemplo, cuenta con bastante grado de detalle el papel del transiberiano en la primera guerra mundial y especialmente en la revolución Rusa. Me ha hecho gracia cómo cuenta que un batallón que mandaron los ingleses a Vladivostok con gente que había sido clasificada como no apta para la guerra lo llamaron el batallón de la hernia.

El Transiberiano es un tren que cambió Rusia, que provocó guerras, que se utilizó con fines militares y penales, que pasa por sitios en los que construir la vía fue un infierno y que, como dice el autor, "es la mejor cosa que le ha pasado a Siberia, una región que no ha sido bendecida con muchos más acontecimientos felices a lo largo de su historia".

En fin, gracias a I por dejármelo, me ha gustado mucho y ya estoy mirando cuál será el siguiente libro de este señor que me leeré. Y yo os lo recomiendo a todos los que tengáis interés en leer algo de historia viva y conocer un poco más sobre uno de esos nombres míticos cuya sola mención suena a aventura: Transiberiano.


La fiesta de la insignificancia

"La novela, construida sobre la base de contigüidades y continuidades, y compuesta como un puzle que el lector ve completarse pieza a pieza a través de episodios que un cronista autoconsciente va presentando desde una farsante posición cenital enfatizada por una metaficción apetitosa (“para todos mis personajes, esa velada se ha teñido de tristeza”, “éstas son las palabras que escribí en el último párrafo del capítulo anterior”), hincha como globos detalles minúsculos para darles un protagonismo inusitado, pues Kundera finge como nadie la banalidad para esconder en ella la gravedad".
Crítica absurda de El País sobre la fiesta de la insignificancia. 

Hoy toca hablar del libro del club de lectura. Este libro lo elegí yo, pero antes de hablar del libro querría fijarme una vez más en la absudidez de la crítica literaria que en esta que he leído de El País llega a nuevas cimas. Solo hay que volver a leer lo que he seleccionado para ver que la crítica se acerca a la ficción, incluso a la poesía, de una manera peligrosa. Creo que es cavarse su propia tumba, pero allá cada uno. Yo cuando leo una reseña (cada vez menos) es para saber de qué va el libro y si merece la pena o no. No para enterarme de que la novela está construida sobre una bease de contigüedades y continuidades que el cronista autoconsciente va presentando desde una farsante posición cenital enfatizada.

Y ya respecto al libro empezaré diciendo que Kundera es un autor que me gusta mucho. Entre otras cosas admiro que escriba en un idioma que no es el suyo materno. También me pasa con Conrad. Y me encanta su mezcla de novela y profundidad filosófica. Son novelas que tienen una estructura compleja en la que el narrador vuelve a la historia, a episodios concretos, que le sirven para narrar la vida de los personajes de la novela. Siempre tiene presente esa repetitividad de la historia.

Y este libro sigue el mismo esquema. Es un buen libro, sin duda. El problema es que me parece que es inferior a otros como la Inmortalidad o la insoportable levedad del ser. Me parece que es un libro que tenía en un cajón, un bosquejo de novela, que ha publicado sin que estuviera muy acabado. Y eso es lo que no me ha gustado. Está esa parte histórica en la que habla de Stalin y de Kalinin, esa parte filosófica en la que habla del vacío vital moderno y lo liga con la narración de unas vidas que pueden parecer insignificantes, pero únicas. Y parece que podría funcionar, pero a mí me pierde en la historia (o en sus detalles), Por mencionar uno, hay un personaje que le dice a otro que se va a morir de cáncer cuando es mentira y se termina el libro y no sabemos por qué ni qué pasa con él. No se desarrolla, no tiene ningún impacto en la historia. Y eso no me gusta. Me hace no conectar.

Es un libro que es infinitamente mejor que muchos de los bodrios que hemos leído este año. Es literatura de verdad de un gran escritor. Ahora, yo recomiendo otros libros suyos mucho antes que este.

Unos párrafos:
" —Pero ¿qué es la humanidad? No es nada objetivo, no es sino mi propia representación subjetiva, a saber: es lo que he podido ver a mi alrededor con mis propios ojos. ¿Y qué vi todo el tiempo con mis propios ojos, camaradas? ¡Os he visto a vosotros! ¡Recordad el baño donde os encerrabais para arremeter contra mi historia de las veinticuatro perdices! Me divertía mucho en el pasillo oyéndoos aullar, pero al mismo tiempo me decía: ¿habré gastado todas mis fuerzas para semejantes gilipollas? ¿Habré vivido para ellos? ¿Para esos miserables? ¿Para estúpidos tan exageradamente ordinarios? ¿Para esos Sócrates de alcantarilla? Y, al pensar en vosotros, sentía que flaqueaba mi voluntad, que se cansaba, se hartaba, y la ensoñación, nuestra hermosa ensoñación, al dejar de sostenerla mi voluntad, se ha desmoronado como una inmensa construcción cuyos pilares se han derrumbado".

" —¡Míralos, míralos a todos! Al menos la mitad de los que ves son feos. ¿También forma parte de los derechos humanos ser feo? ¿Sabes tú lo que significa cargar con tu fealdad toda la vida? Tampoco has elegido tu sexo. Ni el color de tus ojos. Ni tu siglo. Ni tu país. Ni tu madre. Nada de lo que realmente cuenta. Los derechos de los que puede disponer el ser humano sólo se refieren a nimiedades por las que carece de sentido luchar unos contra otros o escribir solemnes declaraciones".

"La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento. Está presente incluso cuando no se la quiere ver: en el horror, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Se necesita con frecuencia mucho valor para reconocerla en condiciones tan dramáticas y para llamarla por su nombre. Pero no se trata tan sólo de reconocerla, hay que amar la insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí en este parque, ante nosotros, mira, amigo mío, está presente con toda su evidencia, toda su inocencia, toda su belleza. Sí, su belleza. Como has dicho tú mismo: la animación es perfecta, y totalmente inútil, los niños que ríen, sin saber por qué, ¿acaso no es hermoso? Respira, D’Ardelo amigo mío, respira esta insignificancia que nos rodea, es la clave de la sabiduría, es la clave del buen humor".
Tenéis otras reseñas de este libro en los blogs de Juanjo, Bichejo, Carmen y Paula. Me parece que una vez más no va a haber unanimidad...