Décadas y propósitos


Pensaba escribir una entrada sobre por qué no voy a hacer, este año tampoco, una lista de propósitos de año nuevo. Se resumiría en que sé que no los voy a cumplir. Sería inútil hacer una lista porque soy una inconstante, me puede la desidia y sé que al llegar el fin de año la lista de buenos propósitos pasaría a ser la lista de la vergüenza. Así que paso de listas, de propósitos y de vergüenza.

Además, a mí no me suele dar por pararme a pensar cuando se acaba el año o llega mi cumpleaños. En esos momentos no me planteo todo lo que podría haber sido y no fue, ni cuáles eran mis objetivos y si se han cumplido. Será que soy irreflexiva e inconsciente. O no. Más bien será que centrifugo tanto a lo largo del año que no necesito fechas señaladas para darle vueltas al pasado y al futuro, buscar la combinación menos favorable y ‘decidir’ que eso va a ser lo que va a pasar, que irremediablemente estoy condenada a un destino miserable y que nada tiene solución. A pesar de que la realidad (y el ND), afortunadamente, se ha encargado de demostrarme que habitualmente no es así y que las cosas suelen resolverse (o suelo resolverlas) bien, siempre que se me presenta una situación peliaguda yo me entrego al centrifuguismo con verdadera devoción. Llamadme tremendista si queréis. O mejor, llamadme absurda.

Volviendo a lo de antes, en estas fechas no me da por recapitular. Sin embargo mi amigo JJ me ha hecho reflexionar. Resulta que se acaba la década y dice él que resulta curioso que siendo los diez años más importantes en su vida no tengan nombre (para los que no le leéis, que deberíais, le ha encontrado una solución buenísima: los ‘cerentas’). El caso es que esta década sin nombre ha sido también la más trascendental de mi vida. En estos últimos diez años me ha pasado todo esto:


  • 2000. Bueno en 2000 no pasó nada (ni siquiera el fin del mundo, ni el efecto 2000). Mejor, así nos ahorramos la discusión de cuándo empezó realmente la década.

  • 2001. Acabé, por fin, la carrera. Conseguir el título (bueno, el resguardo, el título en sí casi me lleva otra década) me permitió la independencia económica. Conocí al ND y esto sí que es crucial en mi década: mi vida pasa del blanco y negro al color. Ya hablé de cómo fue y cómo es.

  • 2002. Fue un año feliz con alguna que otra sombra pero sin nada reseñable que contar salvo que tres meses de expatriación me brindaron la oportunidad de conocer a mi Chisp, que es una de las personas a las que más quiero en el mundo (además de una de las pocas personas que leen estas chorradas que escribo).

  • 2003. Renunciando a todos mis principios y juramentos previos (soy una bocazas) tuve que pedirle al ND que se casara conmigo. Yo había dicho tantas veces que no me iba a casar nunca que el pobre no se atrevía. Creo que con los años ya se ha dado cuenta de que muchas de mis opiniones inamovibles son como los principios de Groucho, pero ya le tengo atrapado con mi irresistible inconstancia. O eso espero.

  • 2004. La boda y la hipoteca, ¿os parece poco para un solo año?

  • 2005. Casi al final descubrí que estaba embarazada.

  • 2006. Nació C. ¡Dios mío! Qué niña más preciosa, más buena, más lista… La responsabilidad más grande, transcendente y difícil de manejar de mi vida. Pero también la más satisfactoria hasta entonces.

  • 2007. En un acto de inconsciencia suprema me quedo embarazada y nace J. Sí, inconsciente, pero es tan precioso, tan bueno, tan dulce y, de nuevo, tan satisfactorio a pesar de todo.

  • 2008. Año de enorme falta de sueño, carreras para conseguir la bendita ‘conciliación’, mil visitas al pediatra, doscientos mil momentos estupendos con los niños y algún momento para olvidar. Pocos momentos para el ND y para mí en exclusiva. Y casi ninguno para nuestros amigos.

  • 2009. C empieza el ‘cole de mayores’, J empieza la guardería. ND y yo nos damos algún respiro más. Entre ellos un gran viaje a Nueva York.

Así se cierra esta década. Resumen: cinco años de matrimonio y dos niños. Y ahora mismo un poco de vértigo por saber si estaré a la altura de sus circunstancias, las de los niños pero también las del matrimonio.

Si en el año 2000 me llegan a decir que hoy ésta sería mi situación les hubiera dicho que estaban bajo los efectos del milenarismo (¿o era mineralismo? Arrabal dixit).

Feliz 2010 a todos.

Una 'rodríguez' de pacotilla

Como ‘rodríguez’ soy un desastre. Bueno, vale, también como muchas otras cosas, lo admito, pero ahora quiero hablar de ésta no de las otras. Estos días estoy sola en casa. Resulta que ND tiene muuuuchas más vacaciones que yo, así que se ha ido con los niños a casa de sus padres. Se supone que así le pueden echar una mano con los niños y a cambio yo me quedo sola en casa.

Cuando planeamos las vacaciones y ya sé que se va a plantear esta situación, que suele ser alguna semana del verano y algún día en Navidad (ya os digo que tiene muuuuchas más vacaciones que yo), se me parte el cerebro en dos. Por un lado me da pena quedarme sola y me siento culpable por abandonarlos. Por otro me emociono y me pongo a pensar en la cantidad de cosas que voy a poder hacer. Me pongo a pensar en cosas como dormir a pierna suelta toda la noche de un tirón y despertarme con el despertador (el de pilas); en poder llegar a casa cuando me dé la gana sin ir corriendo a todas partes porque tengo que recoger a los niños o llevarlos al médico; en comer tranquilamente sin requerimientos imperiosos para tomar la merienda o ver Caillou; en quedarme frita en el sofá sin una mano que me acaricie la cara en cuanto cierro los ojos; en quedar con esa gente a la que no veo nunca porque nuestros horarios no son compatibles o, por el contrario, en quedarme tooooda la tarde tirada en el sofá sin necesidad de levantarme para nada…

Supongo que habrá quien diga que soy una mala madre por anhelar estos pequeños placeres cotidianos pero, la verdad, esas madres me la soplan. Es que ese ‘quien’ de antes suelen ser madres súper intensas que parece que más que parir hijos se los han implantado y que no sólo no pueden estar sin ellos ni un minuto sino que además les parece fatal que tú sí te separes de ellos. Con que no digamos lo que piensan de que tú de vez en cuando incluso lo desees… Pero esa es otra historia que ya me he desviado del asunto. Yo iba a mis planes de ‘rodríguez’.

Mis planes iban en la línea de lo que os contaba arriba más o menos. Ayer fue mi primer día de ‘libertad’. Al llegar de casa de mis suegros sintiéndome súper culpable por haberme ido porque tenía que trabajar (sí, así soy) esto es lo que hice: paquetitos para congelar un lomo de cerdo entero, deshice la maleta, puse una lavadora, saqué el lavaplatos, me fui a comer con mis padres, fui a casa de mi hermano a devolverle una cosa, cambié un regalo de Navidad, hice la compra, volví a casa, quité la ropa seca del tendal, tendí la lavadora y puse una segunda, doblé la ropa seca, ordené el campo de minas que entre los cuatro habíamos hecho de la casa antes de irnos el miércoles, cené un poco, tendí la segunda lavadora. Y para esta tarde ya tengo mis planes: plancha, ir empezando con la maleta del miércoles, poner en orden los papeles del banco, de los coles… ¿A que justo esto es lo que os imagináis cuando alguien os dice que está de 'rodríguez'? Pues yo no. Yo me imaginaría alguien al que se le echa a perder el lomo que no se come en un mega bocadillo porque no lo guarda, ropa sucia tirada en la habitación entre la cama deshecha, el sofá y el salón llenos de migas, noches de farra con los amigos, siestas eternas en el sofá, ropa quedándose como el cartón porque nadie la ha recogido del tendal… Pero, qué queréis, yo nací gilipollas. O ‘cabalita’, que dice mi madre y queda mucho más fino. La única concesión que me he hecho es que sí, por fin, mañana tengo un plan para cenar con amigos. Me muero de ganas.

(Aunque también me muero de ganas de que llegue el miércoles y pirarme otra vez con mis niños, los pequeños y el ND, no creáis).

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2010

I don't want a lot for Christmas
there's just one thing I need
I don't care about presents
underneath the Christmas tree
I just want you for my own
more than you could ever know
Make my wish come true...
All I want for Christmas
Is you...

I don't want a lot for Christmas
there is just one thing I need
I don't care about presents
underneath the Christmas tree
I don't need to hang my stocking
there upon the fireplace
Santa Claus won't make me happy
with a toy on Christmas day
I just want you for my own
more than you could ever know
Make my wish come true
All I want for Christmas is you...

I won't ask for much this Christmas
I won't even wish for snow
I'm just gonna keep on waiting
underneath the mistletoe
I won't make a list and send it
to the North Pole for Saint Nick
I won't even stay awake to
hear those magic reindeer click
I just want you for my own
more than you could ever know
Make my wish come true
All I want for Christmas is you...

All the lights are shining
so brightly everywhere
and the sound of children's
laughter fills the air
and everyone is singing
I hear those sleigh bells ringing
Santa won't you bring me the one I really need
Won't you please bring my babies to me

I don't want a lot for Christmas
this is all I'm asking for
I just want to see babies
standing right outside my door
I just want them for my own
more than you could ever know
Make my wish come true
All I want for Christmas is
You
and you and you and you and you

All I want for Christmas is you

Pues eso, aunque ya sé que es imposible, este año en el que no tengo nada de espíritu navideño (y eso que a mí sí que me gustan estas fiestas y todavía me pongo nerviosa la noche de reyes) lo que de verdad me gustaría es que nos juntáramos los chicos del Blasco y nuestros alrededores: maridos, mujeres, novios, ¿novias?, bombos incipientes, niños…

FELIZ NAVIDAD A TODOS (a los de la mesa cero y a algún que otro incauto lector)

Más funciones

Pues el lunes finalmente fue. Conseguí llegar tras atravesar el caos madrileño generado por una insignificante nevada de la que se estarán riendo, supongo, en sitios como París, Moscú, Estocolmo o Washington si es que allí ha llegado tan ridícula noticia. Pero no quería ocuparme ahora de las diferentes autoridades estatales, autonómicas y municipales porque estas son fechas de paz y concordia y después de lo del lunes mis pensamientos hacia ellos van más bien hacia otros derroteros.

El hecho es que llegué a tiempo para ver la función navideña de C. No os lo creeréis pero había cola. Como somos novatos no lo sabíamos y nos tocó de pie en un lado. Así que ya he decidido que el año que viene abandono a los tres y hago noche en la puerta del cole para pillar sitio frente a las estrellas (estrellitas) cual fan adolescente de los Jonas Brothers. Porque los primeros en salir fueron los de la clase de C y la pobre se pasó todo el rato buscándonos con la mirada. No nos encontró. Aunque después le insistimos en que allí estábamos, estoy casi convencida de que no nos ha creído porque el mismo lunes, ya en casa, hizo una aparición estelar en el salón y nos recitó la poesía de la fiesta. Teniendo en cuenta que llevaban preparándola como un mes y que hasta entonces había mantenido en secreto todos los detalles de la actuación, para mí eso es una prueba irrefutable de que cree que no fuimos. Pues vaya mierda. Porque como comprenderéis a esas cosas se va para que tus hijos vean que has ido, no porque estés pensando en disfrutar del espectáculo. Seamos francos, como espectáculo deja bastante que desear. Sí, los niños son monísimos y muy graciosos: los que se aplican y se les ve todos concentrados, los que pasan de todo y siguen a su bola, los que se preocupan más por corregir al que tienen al lado que por lo suyo (yo era de estas, sí, así de miserable), los que se quedan parados mirando al infinito… Todo eso mientras cantan unos villancicos de lo más modernos donde los reyes viajan en camión, el niño Jesús tiene tres pecas y cosas parecidas. Yo que pensaba que las teretes me habían enseñado lo último en villancicos me he quedado en la prehistoria.

Sin embargo el espectáculo, el espectáculo de verdad lo dan (lo damos) padres. ¡Madre mía! Allí había clanes enteros que habían cogido filas y filas de sillas y se llamaban a voces entre sí, se avisaban cuando salían los niños, se cambiaban los sitios, comían cosas que hacían ruido… Luego estaban los que van por libre. Esos se pasaron toda la función entrando y saliendo sin importarles los niños ni la educación. Y por último estamos los pardillos, como ND y yo, que aguantamos estoicamente toda la función de pie y se nos nota un huevo que somos novatos, aquel no es nuestro hábitat y nos intimidan los otros, los padres veteranos (bueno a ND seguro que no le intimidan, pero a mí sí).

Sin embargo lo mejor de la fiesta fue después cuando tuve que ir a recoger a C en su clase y comprobé lo buenita que es. Allí estábamos todos los padres apiñados porque no se cabía y los niños, sentados en círculo en el suelo, muy revolucionados por la presencia de público. Mi C estaba tan tranquila escuchando lo que nos decía la profe. Me saludó contentísima cuando me vio pero se mantuvo en su sitio, fue a devolver su pandereta esperando su turno y ya vino a enseñarme su clase y sus trabajos toda orgullosa. Me emocionó verla tan obediente y tranquila y a la vez tan contenta. Luego lo he pensado mejor y no sé si emocionarme o preocuparme. Ser educada y respetuosa, esperar tu turno, no atropellar a los demás son cualidades con muy poco prestigio en estos tiempos. Así nos va a ND y a mí. Y es que muchas veces nos hacemos esta pregunta: ¿estaremos haciendo lo correcto intentando inculcar a nuestros hijos el respeto a los demás y las normas básicas de lo que antes se llamaba urbanidad y buenos modales? Por ahora pensamos que sí, pero la realidad desanima bastante.

Pispitos


Creo que ya lo sabe porque se lo he dicho más veces, pero me salvó la vida. Al menos la vida social. Fue el primer día de escuela. Yo llegué tarde. Bueno, llegué a las ocho en punto pero el profesor, de Teología para más señas, llegó pronto y se puso a dar clase. ¡El primer día del primer curso! Total que, para cuando llegué, me tuve que sentar al final. Rodeada de extraños y todos tíos. Las pocas chicas que había en clase se habían sentado juntas a un abismo de donde yo estaba. Cuando yo, en uno de esos actos de centrifuguismo tan propios en mí, ya había decidido que no iba a conseguir ni un amigo, y menos una amiga, en toda la carrera ella se acercó con el salvoconducto a mi vida social. Llevaba en la mano un papelito con varios nombres apuntados y, señalando uno de ellos, me preguntó si yo era yo. Más bien si yo era algo parecido a mí porque, como siempre, alguna confusión con mi apellido tuvimos. Resultaba que un tío suyo sabía que íbamos a ser compañeras y se lo había dicho.

Lo recuerdo perfectamente, aquel primer día fuimos juntas hasta el metro. En ese trayecto tan corto descubrimos que teníamos bastantes cosas en común. Para empezar éramos de fuera pero no vivíamos en colegio mayor o residencia. Esto, aunque no parezca muy relevante, es en realidad una desventaja tremenda respecto a otra gente de fuera. Tienes muchas menos oportunidades de conocer gente y el primer mes o mes y medio de cada curso no tienes con quien hablar fuera de la escuela porque las novatadas y fiestas ocupan gran parte de la vida de los colegiales. Así que ese hecho aparentemente insignificante nos unió bastante al principio. Evidentemente aquello no iba a llevarnos necesariamente a ser amigas del alma pero sí propició que nos conociéramos mejor.

Por mi parte descubrí que merecía mucho la pena su compañía. Esto ya lo sabemos todos pero no está de más repetirlo: es una tía listísima. Es verdad que bastante despistada, lo cual la hace además encantadora y muy divertida, pero muy inteligente. Con un gran sentido crítico y muchas ganas de preguntarse qué hay detrás de las cosas. Es inquieta y curiosa y yo siempre he admirado su independencia. Y con independencia me refiero a que sus ideas son propias y no se deja influir por el qué dirán. Siempre digo que me saca de quicio porque le encanta discutirlo todo. Pero últimamente he llegado a la conclusión de que a mí también debe de gustarme bastante porque no hay vez que no entre al trapo. También he descubierto recientemente que muchas de las veces que nos lleva la contraria es simplemente por el placer de discutir.

Durante los años de la escuela hablamos de todo y lo discutimos todo. Ya os digo que si no tenemos puntos de vista encontrados ella se los ‘inventa’. Cuando todavía no habíamos descubierto el Blasco nos pasamos muchas tardes haciendo problemas en el vips y discutiendo de cualquier cosa ante la mirada atónita, al principio, y desesperada, después, de nuestras compañeras de mesa y problemas.

En aquella época hablábamos mucho por teléfono. En esas conversaciones descubrí su teoría sobre la relación entre la vista y el oído. Me reí cien mil veces de su famosa frase ‘espera, que con las gafas de no ver no te oigo’ hasta que se me atragantaron las carcajadas cuando mi cegatez alcanzó a la suya. Desde aquí te lo corroboro: cuando no se ve se oye fatal.

Luego ella se fue a estudiar fuera. Allí se dio cuenta de que la vida que llevábamos era una mierda, siempre estudiando y haciendo potrocolos de laboratorio y ‘hojas b’ de problemas. Y se convirtió, al menos a mis ojos, en una intrépida excursionista que lo mismo se va a hacer rafting que a una marcha por el desierto (es que para mí tirarme de piscina a la cabeza ya es un deporte de riesgo, todo hay que decirlo).

Cuando volvió temporalmente a Madrid descubrimos con ella los ‘pispitos’ del Blasco y disfrutamos de grandes tardes de cañas que empezaban allí y no se sabía dónde acababan. Nuestros amigos de entonces recuerdan mucho más, creo, unos diminutos pantalones de cuadritos amarillos a juego con su biquini que se puso mucho en nuestro alternativo viaje de fin de carrera y que, como ya digo, causaron estragos.

Desde aquella época dorada la verdad es que disfrutamos poco de su compañía. Los gabachos, siempre ellos, se dieron cuenta del valor de su cerebro y le hicieron una oferta laboral que no pudo rechazar. Así que ahora casi no nos vemos y casi no hablamos (las dos somos un desastre para mantener el contacto a distancia) pero cuando nos juntamos es casi como si no hubiera pasado el tiempo. Y las dos sabemos dónde estamos si nos necesitamos. Por supuesto la quiero igual o más que siempre. Por todas esas cosas que he contado arriba y por muchas otras que ahora no voy a contar, que el post está quedando bastante ladrillo.

Hoy es tu cumple: ¡¡¡FELICIDADES V!!! Sé que preferirías que te llamara P pero ya sabes que los motes no se eligen y que tú te has quedado con V. Aunque es muy posible que nunca leas esto porque seguro que ya has perdido la dirección de nuestro blog: gracias eternas por salvarme la vida.

Aparatos


Creo que uno de los peores diseños de la naturaleza es el aparato genital masculino. Sí, desde aquí lo digo. Mal diseñado. Esta es otra de las múltiples pruebas irrefutables de que la Madre Naturaleza es una mujer y ese diseño es otra de sus pequeñas venganzas contra ellos.

Para empezar es feo. Pero feo de, pues eso, de cojones. A mí ver un tío en bolas me deja fría. Quiero decir completamente desnudo. No niego que disfrutaba un montón con aquel anuncio (madre, qué vieja soy) de los cuerpos danone o aquel otro del tío de la coca cola light. Pero aquellos no estaban en bolas, aquellos eran tíos con el torso descubierto. Y no voy a negar que unos buenos pectorales y abdominales acompañando a unos brazos y piernas bien torneados me encantan (He-mans vigoréxicos abstenerse). Pero a mí, que enseñe la minga o no, la verdad, me da igual. Mejor dicho, prefiero que no la enseñe por muy buenísimo que esté el colega. Salvo, claro, que sus intenciones vayan algo más allá que mostrarme meramente su cuerpo desnudo. Y creo que como a mí les pasa a la mayoría de las mujeres. Sin embargo, ¿conocéis a algún hombre heterosexual (incluso homosexual) al que no le guste una tía en bolas? Además, con tal de que esté en bolas, les gusta casi cualquier tía.

Y luego están sus, digamos, prestaciones. Antes de convivir con un hombre con el que pudiera hablar abiertamente de este tema siempre me había sorprendido que estuvieran todo el día tocándose el asunto. Después ya me han contado que es que se descoloca y entonces roza. Dejando a un lado los denostados slips o fardagüevos que, por otra parte, resolverían el problema del libre albedrío del miembro, a lo mejor lo que pasa es que la moda occidental no está pensada para los hombres. Tal vez lo que deberían hacer es llevar todos chilabas. De este modo dejaría de estar prisionera y podría moverse a voluntad sin incomodar a su portador. Francamente, chicas, preferiría que esta moda no se impusiera. Además de los motivos puramente estéticos parece que esta prenda va ligada al uso, por parte de los hombres, de diferentes métodos para taparles la cara, la boca y las ideas a las mujeres que les rodean.

Por último está lo que yo llamo el efecto diana. Que se traduce en que todos los golpes van ahí como si fuera un gran punto negro dibujado sobre su acarreador. Los niños siempre dan las patadas y los manotazos ahí. Y esto es sin duda lo peor porque esta clase de golpes suele provocar risa nerviosa en el golpeado. Inmediatamente el niño, que comprende lo de risa pero no lo de nerviosa, interpreta que ha hecho una monería así que se dedica a repetir la jugada con el consiguiente sufrimiento del interfecto.

Por supuesto todo esto se resolvería si en lugar de colgante y exterior, el aparato se encontrara bien fijo y en el interior. Pero, claro, entonces tendríamos otro pequeño problema que resolver. A saber, la perpetuación de la especie. Y para eso sí que no tengo solución. Que la Naturaleza será sabia, pero no se llama Anniehall.

Funciones


Empiezo a escribir esto antes de que tenga lugar el evento. El evento en cuestión es la función de Navidad de C. La primera noticia sobre este asunto la tuvimos hace como un mes. El acto es a las 14:30 y tiene que ir vestida de Rey Mago. Esto ya nos hizo preguntarnos varias cosas. La primera ¿es esa una hora para programar algo a lo que esperas que vayan los padres? Ni yo, con mi reducción de jornada, puedo ir sin escaquearme. Cuando yo era pequeña, este tipo de cosas las ponían a horas a las que los padres podían ir. Yo recuerdo que mi madre nos recogía en el cole, íbamos a casa, merendábamos y después de un rato se iba a lo que fuera del colegio. ¿Es que ahora todos los padres son funcionarios o empresarios que organizan su tiempo como mejor les viene? ¿O es que las madres no trabajan y los padres no van? ¿A qué se dedican esos padres? Que me lo digan, que se lo cuento a ND y que me retire. Yo me dedicaría a ir a funciones de Navidad y a ser una de esas madres dedicadas que sólo viven para la APA. Casi no, mejor sigo currando. Me encantan mis niños, pero los de los demás…

La siguiente pregunta fue: si todos van de Rey Mago ¿qué clase de función van a representar? A esta tampoco tenemos respuesta y C es como una tumba, el disfraz lleva más de una semana en el cole pero según ella no se lo ha puesto ningún día.

La siguiente noticia la recibimos ayer. C trajo del cole una carta intimidatoria, quiero decir, recordatoria. En ella nos dicen que la fiesta tendrá lugar de 14:45 a 16 horas. También nos piden que no abandonemos la sala hasta que no acaben todos para no entorpecer el acto y respetar a todos los niños. Por si con esta amenaza no era suficiente nos dicen además que a las cuatro los padres de infantil pasemos a las aulas a recoger las notas y los trabajos del trimestre. Vamos, que te tienen ‘pillao’. Para eso ya te quedas en la sala. Seguro que algún padre se sale pero como yo soy tan ‘cabalita’ y tan cobardona seguro que me aguanto hasta el final.

Total que el lunes me toca madrugón para entrar a las siete y salir a las dos para poder llegar a la función sin haber comido. Una vez allí aguantar aproximadamente una hora y diez pensando qué demonios hago allí y otros cinco minutos de completo baboseo reafirmándome en que mi niña es la más guapa, la que mejor canta y actúa y a la que mejor le sienta la corona del mundo. Así que estoy súper nerviosa, ¡la primera función de mi niña!

Las Jornadas



Ayer tuve uno de los días más aburridos de mi vida. Ayer, encargado por mi jefe, tuve que asistir a las Jornadas de Accesibilidad en el Ferrocarril. En principio el problema no está en las jornadas. Es un tema del que no esoy muy informado. Es cierto que todo el mundo tiene derecho a usar el transporte público y, por tanto, éste tiene que ser accesible. Además iba a ser un evento de relumbrón con la presencia del M. de Fomento Don José Blanco.
El problema llega cuando no puedes moverte de tu sitio durante cinco horas y te vas tragando presentación tras presentación. Además yo estaba mal situado. No podía ver el atril porque había un tío grabando las jornadas por lo que tenía que conformarme con ver los powerpoint.
En primer lugar hablaron todos los directores generales y presidentes y demás autoridades de los administradores ferroviarios, metros y demás entidades. Antes de que hablaran el moderador ofrecía un currículum de cada uno de manera que te llevabas la impresión de que habían nacido siendo directores, directores generales, directores gerentes y consejeros. Además iban rotando a lo largo de ese periplo entre una dirección y otra en un claro caso de oca a oca y dirijo porque me toca...
Te das cuenta de que nunca serás nadie en el mundo ferroviario.
Después de más de dos horas hablando de lo concienciados que son, de la cantidad de dinero que invierten, de lo bien pensado que está todo llegó el turno de preguntas y hubo un par de personas en sillas de ruedas que contaron historias en el metro de Barcelona y en el de Madrid que eran para que se les cayera la cara de vergüenza, pero (y ahí está su valía) torearon de una manera bastante digna y dijeron que si perdón, que si disculpas, pero que también hay vándalos, hay situaciones en las que no se puede prever...
Hubo otra pregunta realmente a la línea de flotación (¡olé tus güevos!), de la que ya no salieron tan airosos. Les preguntó un señor que estaba muy bien eso de meter a los discapacitados en el metro, que haya ascensores, rampas y demás, pero que ¿qué pasaba en caso de emergencia si no se podían usar los ascensores?

...

Silencio, cara de haba, hasta que alguien dijo: en caso de emergencia hay que considerar que no sería viable el rescate. Acojonante. Todo el día diciendo que qué estupendos somos, pero resulta que somos estupendos solo en situación normal, en situación de emergencia que es cuando realmente hay que dar la cara, que cada palo aguante su vela.
Después y sin ningún tipo de descanso vino el turno de las empresas. Aquí ya el aburrimiento era extremo. Hubo uno que tenía una empresa de váteres para discapacitados en transporte público que dedicó toda la presentación a mostrar fotos de váteres instalados en distintos trenes. Así, uno tras otro... y este lo instalamos en Turquía y este en Northern Ireland (textual). Entiendo que uno se dedica a lo que puede y que es importante diseñar bien todo este tipo de cosas, pero háblame de los problemas y dificultades que tiene, de lo importante que es conocer la legislación, de la innovación que supone que el dispensador de jabón esté a la altura correcta... no sé, pero desde luego no creo que a nadie le interesara saber que habían instalado 2000 váteres y nos los enseñara foto a foto!
La paciecia se agotaba. Teníamos como cebo que en el horario de las jornadas ponía 'comida'. Así que aguantamos allí como jabatos con la esperanza de que nos pusieran un piscolabis ministerial. Después de cinco horas escuchando todo lo que os he contado nos dijeron: 'Bueno, pues hasta aquí las jornadas de la mañana. Nos volvemos a ver esta tarde a las cinco'
Nuestro gozo en un pozo, nuestra indignación a flor de piel, nuestras tripas rugiendo... en fin, me fui de allí bastastante mosqueado y pensando que esa tarde al ministro le iba a ir a aplaudir... los directores generales.

Patente de bodas

Indignada estoy. Nuestra boda, no es porque fuera la nuestra pero, la verdad, fue chulísima. Nos casamos por lo civil pero queríamos hacer algo más emotivo y memorable que un alcalde desconocido leyendo dos artículos del código civil sin entonación ni emoción algunas. Tan bien nos salió que hasta el alcalde se emocionó y no fue capaz de mantener la compostura al leer los dos artículos de marras. Otra prueba es que ya varios chupópteros nos han pedido las lecturas que hicimos.

Y hasta aquí quería yo llegar. Resulta que se casa la hija de unos conocidos y va la madre de la novia y nos pide las lecturas y el orden en que las hicimos. Yo entendería que les hubiera gustado algo en particular y nos lo pidieran o que no sepan cómo organizar la ceremonia y nos pregunten cómo lo hicimos. Pero pedir las lecturas y el orden demuestra una clara intención de plagio. Me encantó tu boda, yo me caso y quiero una ceremonia bonita pero paso de currármelo. Mejor echo mano de esta jeta con la que me tropiezo todos los días y te pido tu ceremonia ‘llave en mano’ que me moló un montón. Lo siguiente será pedirnos el teléfono del alcalde llorón.

Yo me casé (vaaale, después de haber jurado durante años que no lo haría) para hacer un fiestón con mi familia y mis amigos y compartir con toda la gente que me importa (y alguno que se nos coló de rondón) lo feliz que era. Con la ceremonia pretendía hacer a los invitados partícipes de mis sentimientos. Y pensando en eso elegí las lecturas. ¿Qué van a hacer estos de la boda ‘prestada’? ¿Compartir mis sentimientos y los de mi ND con sus invitados? Bonita, si lo que quieres es una ceremonia vistosa pero que no sientas, puestos a impostar, cásate por la Iglesia que tienen el rito de lo más currao después de años de perfeccionamiento. Además, si te decides por una iglesia chula el asunto ganará un montón en solemnidad. Que no digo yo que todo el que se casa por la Iglesia sea un impostor, pero éstos creer no creen con que… Y al parecer de la ceremonia sólo les importa que quede bonita de cara a la galería. Está claro que a ellos no les resulta tan obvio como a mí (¿sólo a mí?) que la ceremonia debería ser un reflejo de ellos y su relación. Precisamente esa es la ventaja de hacerlo por lo civil, que puedes hacerlo como mejor te parezca. ¿Y lo que mejor te parece es copiar la de otros? ¿Así va a ser tu matrimonio?

Lo dicho, indignada estoy. Ahora os dejo que tengo pendiente una llamadita a Teddy para ver cómo está el tema de registrar los derechos de ceremonias y ritos. Así cuando nos lo pida el siguiente al menos podré sacarle partido a la indignación. ¿Qué te parece, ND?

Cuento las horas para que se atrevan a pedirnos también la música tan chula que ND eligió.

Las Compras Navideñas

Este fin de semana he vuelto a caer. Soy débil. El año pasado juré (y, por supuesto, perjuré) que no volvería al centro de Madrid en fechas tan señaladas, pero soy débil. El sábado, aprovechando que Anniehall se fue con su madre y los niños a ver a su abuela, yo decidí ir a la fnac a ver si compraba un par de libros. Los dejé en Ópera y me dirigí hacia Preciados. A mitad de camino, y visto que iba andando como Chiquito de la Calzada buscando el adoquín que estuviera libre, decidí meterme por las Descalzas y atrochar hacia Preciados. Como iba un poco atontado, me metí directamente en las fauces del lobo, es decir, Cortilandia. A partir de ahora, cuando piense en el infierno, pensaré en esto. No creo que esté muy desencaminado. Un sitio impregnado de olor a humanidad, con reyes magos de trapillo, vendedores de globos de bob esponja, Mickie Mouse sudamericanos,donde todo carrito de bebé tiene su asiento, pero si ¡incluso había gente en silla de ruedas! (tiene especial interés porque no creo que alguien en silla de ruedas pueda ver absolutamente nada a un metro del suelo). Al principio me quejaba cuando me pisaban (hay que tener en cuenta que calzo un 46), pero luego lo tomé como una forma de recordarme que seguía vivo. No sé como, bueno, sí sé como, me puse detrás de una vendedora de globos algo agachado para que bob esponja me dejara ver algo, conseguí llegar a Preciados. Una vez en la fnac compré lo que quería y, uno sigue siendo inocente, pensé que era hora de irme a casa.
Me dirigí a Callao para coger el 1 que me dejaría en casa. La masa humana era totalmente compacta y no me dejaba ver muy bien a donde iba. Mi intención era bordear Callao y seguir por Gran Vía hasta la Casa del Libro que es donde está la parada de autobús (aquí en Madrid la gente dice bus, pero yo todavía no tengo la suficiente confianza). Cuando ya casi había llegado a la esquina de la Gran Vía, me di cuenta de que nuestro insigne alguacil nos había preparado este año una nueva actividad tipo gymkana (alguien tiene idea de como se escribe? Mirando en google me he encontrado una entrada que es "¿HAY ALGUIEN QUE HAGA LA GINKANA DE HANNAH MONTANA?‎"... mejor no lo comento) consistente en que toda la esquina está con vallas de obra, tienes que meterte en la plaza de Callao y luego girar a la derecha y pasar por el asfalto, dado que solo hay medio metro para pasar mil personas entre la salida de metro y el andamio de al lado. Esto si que es una putada y no las pruebas del Grand Prix!! Yo se lo propongo al Ramón García o al Bertín para su programa.
Una vez superada la prueba y tras sortear a Doña Manolita y a sus acólitos (sobre todo a los acólitos, si soy sincero) llegué a la parada del autobús. Sólo tuve que esperar media hora hasta que llegó el susodicho. Me entran ganas de hablar de las barras de agarrarse y de mi altura, pero creo que eso necesito hacerlo en caliente asi que lo dejaré para otro día. De lo que sí que hablaré es del brake dance. No, no lo he escrito mal. Es un baile eminentemente urbano que se produce en el interior del autobús cuando el MC EMT pisa el freno con saña y tenemos que intentar no pisar al de al lado a la vez que intentas que no te metan una rama de abeto en el ojo. También esta prueba se la ofrezco al Grand Prix por si les parece poco lo de la vaquilla.
Finalmente llegué a mi barrio con mis regalos y con cierta integridad personal.
Una vez en casa, tendí la lavadora, me senté en el sofá y justo en ese momento vino Anniehall con los niños. Habían venido en el autobús suguiente que, obviamente, venía vacío. La suerte de los Justos.
En fin, que esto va quedando largo. Este año he hecho el 80% de las compras por internet.


Juro, sobre la tierra roja de Tara que el próximo año no volveré a comprar en Madrid.

Literalmente

Literalmente sois unos ignorantes. He dicho. No me refiero a vosotros, sufridos lectores (si es que hay alguno que espero que sí). No, me refiero a políticos y periodistas, fundamentalmente. Y, como somos así de gilipollas, copiotas e ignorantes además, pues también a los que vamos y les imitamos pensando que así embellecemos nuestro discurso.

Resulta que viniendo en el coche he oído a un político decir de otro que perdió literalmente los papeles. Aunque en la radio no lo han dicho no creo que se le haya caído nada. Pues entonces, caballero, le diré que por muy ofensivas que hayan sido o por muy fuera de lugar que estuvieran sus palabras, la única manera de perder literalmente los papeles sería que en el fragor de la discusión se le hubieran caído y luego los hubiera dejado descuidadamente allí al irse. Entonces sí, además de metafóricamente, los habría perdido literalmente.

No es la primera vez que oigo utilizar literalmente con intención de enfatizar lo que se está diciendo. Por ejemplo ‘los precios se están subiendo literalmente a la parra’ o ‘tan sorprendido estaba que se le salieron los ojos, literalmente, de sus órbitas’. ¿Pero no se dan cuenta de que es ridículo decir esas cosas? Yo oigo eso y me da por pensar en una parra con chiquiprecios colgando en lugar de racimos, o al pobre hombre llevándose las manos a la cara para que sus ojos no salgan rodando. O, peor, me imagino a un tío cuyos ojos son como los de esas gafas que tienen unos de plástico adosados a sendos muelles. Vamos, que en lugar de dramatismo, lo que consiguen con tanto falso énfasis es que me dé la risa. Literalmente.

Mi madre


Hoy es el cumple de mi madre. Le caen 60. Mi madre es una tía estupenda. Por supuesto tiene sus ‘cositas’. Es curioso cómo yo he heredado muchas de esas ‘cositas’ suyas pero pocas de las estupendeces. ¿Será que voy en contra de la evolución de las especies? A lo que iba, que mi madre es una tía estupenda. Seguramente ella jamás lea esto pero me apetece decirlo. Y seguramente también debería decírselo a ella, pero soy así.

Una de las mejores cosas de mi madre es que siempre intenta que todo el mundo a su alrededor esté a gusto. Es verdad que no siempre se consigue, entre otras cosas porque no es posible adivinar el pensamiento de la gente, pero al menos lo procura. La contrapartida es que siempre se deja a ella la última pero eso a los demás no les afecta tanto. Por ejemplo, ha intentado (y creo que conseguido) que O sienta que también aquí, tan lejos de su casa, tiene una familia. O sea, algo más que unos suegros.

Otra cosa bien buena es que mantiene la calma casi en cualquier situación. Si no fuera porque todos murieron, yo diría que entre sus ancestros estaba uno de esos músicos del Titanic que dicen que siguieron tocando mientras el barco se hundía. Teniendo en cuenta además el carácter de alguno en mi familia (y no miro a nadie porque no tengo un espejo cerca) esta virtud se multiplica por mil. Así puede analizar los problemas sin venirse abajo y si algo se tuerce siempre encuentra una solución alternativa y, generalmente, buena. Es muy consciente de que todo, o casi, se puede resolver y generalmente es capaz de hacerlo.

Con lo dicho arriba ya os imagináis que además tiene un carácter estupendo. Siempre sonríe, tiene paciencia infinita y yo la admiro mucho más desde que tengo hijos. Ella nunca pierde los nervios con los niños. Ni les grita. Es más, aunque lo intento, no recuerdo que me gritase nunca y eso que me he peleado con ella muchas veces. ¿Será súper woman? Es posible.

Además es bien guapa, bien lista, una excelente cocinera y muy divertida. Aunque no leas esto nunca, mamá, te quiero un montón.

Dos en la carretera

Fuimos compañeros de escuela y de promoción así que supongo que nos habíamos visto muchas veces antes, pero yo no le recuerdo de entonces. La primera vez que hablé con él fue en una cena a la que el colegio nos invitaba por acabar la carrera. Vino con una amiga común. Acabamos aquella cena cantando canciones de María Dolores Pradera y Carlos Cano. Yo pensé que era una pena porque seguramente nunca más volvería a ver a aquel chico tan alto y que compartía conmigo unas aficiones musicales algo raras para nuestra generación. La cena se acabó, vinieron las copas y el baile. Con la suela de su zapato llena de trocitos de cristal pisó a otra amiga mía con sandalias. Cada uno se fue a su casa. Pasaron los meses. El destino quiso que yo no tuviera plan para un, digamos, viernes y aquella amiga común me invitó al cumpleaños de una perfecta desconocida para mí. Todavía no sé porqué fui. Ir a cumpleaños de desconocidas a los que no estoy invitada no va mucho conmigo, la verdad. Pero el caso es que fui. Después de un rato en aquella fiesta preguntándome qué coño hacía allí, aquel chico alto apareció otra vez. Algo por dentro me hizo ‘click’. Me pasé la noche hablando con él y su amigo, deseando que no se acabara y alucinando por haberme encontrado con alguien así. No era posible que coincidiéramos en tantas cosas. Era el comienzo de noviembre de madrugada. Él me dejó sus guantes. Unos guantes enormes y muy calentitos. Nos despedimos. Él dice que me pidió que le acompañara a su casa que estaba allí al lado. Yo no le oí así que, decepcionada, le devolví sus guantes. Según parece con algo de mala leche. Ya no sé si me las ingenié para autoinvitarme con ellos y nuestra amiga común al cine al día siguiente o si fueron ellos los que me invitaron. El caso es que al día siguiente fuimos al cine. No nos quedó más remedio que ir a la sesión golfa, no había entradas para la anterior. No me dio ninguna pena. Estuvimos jugando al trivial y yo acabé odiando a su amigo. Se metía en todas nuestras conversaciones, no nos dejaba hablar a solas ni un minuto. Pobre A. Ahora le quiero mucho pero aquel día le hubiera matado. En el cine la ‘casualidad’, o sea sus colegas pero eso yo entonces no lo sabía, quiso que nos sentáramos juntos. Me dejó en casa aquella noche a bordo del coche de nuestra amiga común y con ella de chófer. Me pasé toda la semana dándoos la lata con el chico tan maravilloso que había conocido y, cómo no, poniendo la máquina a centrifugar. ¿Si me dijo que me iba a dejar sus discos Gershwin y Porter será porque le molo? ‘Eso es que le molas fijo’ decía Calvin. Pero entonces, ¿por qué la primera noche ni siquiera se despidió con un beso? En fin esas cosas. Y toda la semana intentado ingeniármelas para acoplarme de nuevo con ellos el fin de semana siguiente. Tuve suerte y lo conseguí. Aquella noche vimos amanecer al revés acurrucados en el sofá de su salón. Recuerdo aquellas primeras semanas en una nebulosa de emociones, falta de sueño y sms y correos electrónicos llenos de poemas.


Nunca antes había sido así de feliz y siempre, desde entonces, me ha hecho feliz.

Hace unos días leí una cita de Ortega que decía algo así como que la belleza atrae, la inteligencia encanta y la bondad retiene. No lo recuerdo exactamente pero esa es la idea. No puedo estar más de acuerdo. Mi ND desde luego es guapo. Y por supuesto, a mi me encantó su inteligencia y también su sabiduría. Sin embargo no es su belleza o su inteligencia lo que me mantiene junto a él, no. Con el paso de los años, lo que me mantiene a su lado es su bondad. Es bueno con todos, conmigo por supuesto, con sus hijos, con sus amigos, con sus padres, con sus hermanos. Por ejemplo, se organiza un maratón de ida y vuelta en el día a Roma y Nápoles para no dejarme sola una noche y dos mañanas y poder estar algo con los niños. O arregla sin perder la paciencia los desaguisados que la osadía y la ignorancia de mi padre provocan en su propio ordenador (en el de mi padre, entiéndase). Pero es que además es bueno digamos que por la calle y mantiene esos gestos que cada vez mantiene menos gente, como ceder su sitio en el autobús o no colarse en las salidas de las autopistas. Vamos que es bueno, no, buenísimo.

Por estas fechas se cumplen ocho años de aquella semana en que nos conocimos. Mi amiga, la del pisotón de cristales, ya le ha perdonado. Y a mí me vuelven las mariposas al estómago cada vez que veo un cartel de Amélie.

Gracias bueni.

Fauna

Por razones que no vienen a cuento, recientemente he estado repasando la fauna que nos rodeó durante la carrera. Supongo que nosotros también somos fauna pero no nos gusta reconocernos en ella. Al fin y al cabo, nosotros somos nosotros, nada de fauna, qué dices.

Yo tengo la sensación de que me pasé toda la carrera intimidada. Por un lado estaba toda esa gente que había crecido pensando que el dinero salía de los árboles. Supongo que muchos serían gente normal y corriente, incluso puede que simpáticos, pero a mí eso siempre me intimida. Más tonta que soy, la verdad.

Luego estaban esos otros que no sé si nadaban en billetes o no, pero lo parecía, y además te hacían sentir que tú no estabas a su altura. Pensándolo bien, a lo mejor no nadaban en billetes. A juzgar por la cantidad de marcas visibles que lucían en su indumentaria, a lo mejor lo que pasa es que hacían la carrera patrocinados. Como para no sentirse intimidado, yo jugaba el partidillo del barrio y ellos en la liga de las estrellas con sus contratos de publicidad incluidos.

Luego había un montón de mentes privilegiadas que entendían todo a la primera y aprobaban los exámenes sin despeinarse. De éstos había dos clases: los raros, de los que hablaré un poco después, y otros más majos que las pesetas que hasta salían de cañas. Los segundos me intimidaban más que los primeros. Al fin y al cabo parecían tan normales pero en realidad tenían súper poderes. ¿Cómo era posible que ellos entendieran aquellas cosas tan raras que a mí me llevaban tanto tiempo? Es más, algunas todavía no las he entendido. No se lo digáis a nadie, pero ceo que conmigo se equivocaron al darme el título. Cualquier día llaman a mi puerta unos señores de traje oscuro y me explican amablemente que han descubierto que soy una impostora y tengo que devolverles el título. ¡Si no me acuerdo de nada! Hacer un examen para mí era como formatear esa parte del disco duro. ¡Oh, Dios! después de este comentario voy a tener que incluirme en una especie que no me gusta nada.

De todos modos, sin duda, de lo que más teníamos era gente rara. Había raros para elegir. Por un lado estaban los raros con mente privilegiada que decía antes. Ésos llegaban a clase, se sentaban en primera fila, tomaban apuntes, se levantaban al acabar y se iban. Si hablaban algo en todo el día era para preguntar. Cuando yo todavía estaba intentando desentrañar la maraña de palabras en jerga desconocida de aquellos profesores (también muy raros, la verdad) ellos no sólo las habían comprendido sino que además eran capaces de tener dudas. Otra vez, qué tíos. Había otros que hacían lo mismo que ellos pero no preguntaban. A éstos, mis amigos los llaman la panda de cartón piedra de la primera fila. Y, la verdad, me parece una descripción de lo más acertada.

Pero los raros más raros eran los raros frikies. Y de estos sí que había. Yo no he visto tíos más raros en mi vida que algunos de mis compañeros de especialidad. Supongo que en general eran inofensivos pero si me los llego a cruzar una noche en una calle desierta, me cambio de acera. Solían ser tíos con bastante poco pelo. Sabían un montón de ordenadores y de internet (cuando sólo ellos sabían que eso existía), casi sólo hablaban de eso y además hacían chistes y juegos de palabras con ello. Lo cual, inexplicablemente, les hacía muchísima gracia. Aunque la fiebre de Gandalf y compañía vino después, ellos ya hablaban de Tolkien y sus personajes como si compartieran mesa y mantel con ellos todos los días. Por sus pintas no me extrañaría que fuese verdad. De su alarmante dejadez en lo que al aseo y cuidado personal se refieren prefiero no hablar. Me acordaría demasiado de un compañero de laboratorio que me tocó en gracia un curso y que si un día me cuentan que ha entrado en su curro (si es que semejante elemento ha sido capaz de encontrarlo) con una escopeta y varias granadas de mano me lo creería. ¡Menuda prenda! Ni idea de nada tenía. Pero luego le decía al profesor que no mirase mis cálculos que seguro que estaban mal. Simpático, ¿eh? Pues a pesar de eso un día intentó que fuésemos a desayunar juntos. Ése sí que me intimidaba, con la pinta de loco peligroso que tenía, en vez de decirle que yo con él no iba más allá de la puerta del laboratorio, y eso siempre que hubiera testigos, me inventé una excusa boba. Menos mal que no lo volvió a intentar.

Luego estábamos las tías. Raras desde luego éramos. Por la escasez yo diría que éramos una especie en peligro de extinción. También éramos bastante raras por el poco juicio demostrado al querer mezclarnos con alguno de los de arriba. Y, sobre todo, porque ser tía y estudiar en mi escuela era llevar el sambenito de callo, al menos, durante lo que durase la carrera. Y duraba un huevo. Y eso que tuve compañeras de promoción bastante monas e incluso alguna clasificable como buenorra. Pero daba igual. Esas buenorras entraban en la categoría de ‘diosas’, no eran tías. Así que las tías podíamos seguir siendo callos. La naturaleza, siempre sabia (y al parecer tía), en un acto supremo de justicia poética ha hecho que muchos de aquéllos que nos clasificaban como callos hayan acabado con compañeras suyas.

Por supuesto yo entro en la categoría de tía. Aunque me gustaría, no soy una diosa. Y como las categorías no son estancas y cualquier combinación es posible también entro en otra extraña especie que no se sabía muy bien cómo sobrevivía por allí, pero lo hacía. A base de convocatorias varias, montañas de fotocopias, copias de problemas ajenos, horas y horas de estudio, no menos actos de fe sobre conceptos inalcanzables a nuestro escaso intelecto y, sobre todo, muuuucha suerte conseguíamos ir pasando los cursos y hasta acabar la carrera entre gestos de desconcierto de profesores y compañeros.

Yo tuve más que mucha suerte y además, una vez superada la intimidación, conseguí camuflarme y colarme en un grupo de gente con súper poderes. Gracias a eso tengo unos amigos maravillosos y tuve unos apuntes, unos profesores particulares, unos modelos de ejercicios y unos compañeros de pispitos, cañas y cafeses en el Blasco inmejorables.

Los cumpleaños hoy en día


Antes, casi en la prehistoria, cuando éramos niños y uno cumplía años, al cole llevábamos una bolsa de caramelos y los repartíamos en clase y todos estaban (estábamos) contentos. Normalmente era una bolsa de tofes de la Vda de Solano. Grandes caramelos que se te pegaban a los dientes con lo que te asegurabas de que ya tendrías caramelo para todo el día. Sin olvidar que para muchos fue la primera vez que nos acercamos al tema de la muerte y de la trascendencia al preguntar qué era una viuda. Bueno, realmente la primera pregunta era: ¿Qué es una Vda?
No hablaré de las mediaslunas de fuagrás o de mantequilla y jamón porque eso ya lo haré cuando los niños sean mayores y podamos comparar.
El sábado fue el cumpleaños de Javi y hoy ha ido a la guardería, pero en vez de llevar la bolsa de caramelos ha llevado algo del estilo de esta foto:
Bueno, tampoco exactamente. La verdad es que la bolsa es exactamente la misma con sus dálmatas y termosellada, pero (y ahí es a donde quería llegar) bastante más cutre. Bueno, más que más cutre digamos que con menos 'marketing'. El truco está en rellenar la bolsa de morralla de manera que se vea bien llena. Cosas del tipo gorro-de-fiesta-de-cartón-con-goma-que-dura-un-segundo-puesto son auténticos best sellers dado que por diez céntimos te llenan media bolsa. También tienen gran aceptación las bolsas individuales de gusanitos aplastados y cosas que ocupen y cuesten poco. Y el caso es que los padres nos vemos, no diré obligados, pero sí 'guiados' a estos dispendios.
En mi caso me queda la sensación de ser un cutre porque la bolsa está medio vacía, aunque me gasté más o menos lo mismo que lo que costaban las bolsas llenas, pero no me convencía el que tuviera caramelos duros porque me parecía que podía haber problemas con niños de dos años y atragantamientos varios. Al final me decidí por bolsas que tenían dos aspitos (engendro que en mis tiempos no existía y es como un gusanito gigante) de los que Javi es capaz de comerse uno cada 5 segundos hasta que ya no puede cerrar la boca para masticar. También tenían una nube (o malvavisco, en versión mexicana), un chupa-chups de los buenos, de los chupa-chups, chupa-chups, dos gominolas con envoltorio y todo, un globo y algo más, pero que ahora mismo no consigo acordarme. El caso es que cada bolsa me salió por algo más de 80 céntimos de euro. La broma en conjunto fueron 17 euros y pico para 20 niños.
En mis tiempos si alguien hubiera venido al colegio con algo así hubieramos pensado que o que estaba loco, le había tocado la lotería o que sus padres creían que necesitaba hacer amigos porque ya era la tercera vez que llegaba del cole con las gafas rotas.
En fin, que me ha quedado una sensación de cutre y es que, probablemente lo sea. El próximo año les empaquetaré unas bolsas llenas de 'guntanitos', 'chupa-chaps', gorritos de cumpleaños y ladrillos de caramelo zaragozanos rotos y con trozos de esos que cortan las lenguas como espadas samurais, pero, eso sí, que ocupen.

Las muñecas de famosas

Según dice el fabricante, éstas de la foto son las muñecas de las infantas Leonor y Sofía. Qué ‘espabilao’ el tío, ¿no? ‘¡Anda!, he fabricado estas dos muñecas que parecen Nancys con los mofletes inflados. Pero no lloran, no comen, no hablan, no hacen pis ni caca…’ por esto último les alabo el gusto, la verdad. ¿A quién le parece una buena idea que un muñeco haga pis y caca? Dejando a un lado el mal gusto, ése seguro que no es padre. Volviendo a las muñequitas de marras, resulta que muy rubias y muy papotes, sí. Pero no hacen nada. Y en estos tiempos que corren a ver cómo competían con las muñequitas bebé multifunción, con las barbies y sus doscientos mil complementos o, peor, con esas muñecas con pinta de golfas tan de moda ahora. La barbie y sus tetas cruzado mágico son, las tres, unas mojigatas de tres al cuarto al lado de esas bratz que enseñan el ombligo y, supongo, también el tanga.

Total, que el tío tenía que encontrar una manera de colocarlas desviando la atención de su evidente falta de atractivo para las niñas de hoy. Y decidió que sus muñecas se parecen a las infantas. Pero por mucho que tiraba del archivo fotográfico del Hola, no había manera de encontrarles el parecido desde ningún ángulo. ‘Pues nada, ya que no hay manera de que se parezcan, pues fusilo los modelitos del posado de verano, llamo a los periódicos y los informativos de la tele (que estas chorradas les encantan) y ya tengo las muñecas vendidas’.

Tío listo, la verdad. Creo que la jugada le va a salir redonda. Seguro que mucha abuelita horrorizada por el mercado muñequil actual (no me extraña nada, la verdad) y mucha madre treintañera nostálgica de sus nancys va a picar el anzuelo. Las regaladas seguro que se quedan con las ganas de muñeca cagona, pero el señor muñequero habrá hecho el agosto en Navidad.

Sigo mirando la foto y no sé si me parecen tan terribles o más que las figuras del museo de cera de Madrid. Hace muchos años fui a ese museo. Como soy de provincias, nos traían a Madrid de viaje de fin de curso y el museo de cera estaba en el programa de festejos. No recuerdo aquella visita. Será que mi memoria y mi cerebro confabularon para que aquella experiencia no causara un efecto devastador en mi mente de adolescente impresionable. Sin embargo, de vez en cuando, los informativos nos sirven una de esas ¿noticias? según las cuales fulanito ha visitado el museo de cera para inaugurar su figura. ¿Es posible hacerlo tan mal? ¿Hay alguna figura que se parezca al representado? Y si las caras no se parecen en nada, el colmo es lo cutres que son los trajes. Hombre, por Dios, si no te puedes pagar un escultor que clave a la persona, al menos invierte algo en telas y modistas. Pues no, en eso también se ahorra. Todavía me duele el ojo por el brillo de la fibra cutrísima, digna de desfile de carnaval de tercera, del traje de novia de la Letizia de cera que nos enseñaron por la tele hace unos años. Eso sí, luego se deben de gastar una pasta en conseguir que vaya Bisbal a inaugurar su escultura y consiga disimular la cara de espanto, e incluso sonreír, frente al esperpento en cera que le han hecho. Y digo yo, ¿merece Bisbal una figura de cera? Y añado ¿merece nadie, por muy gordo que sea lo que ha hecho, que le perpetren algo así?

Lo dicho, todavía no sé qué es más terrible.

TRANSPARENTE

Nos conocimos en la escuela, claro. Habíamos hablado alguna vez, supongo que en el Blasco, como no. Esto creo que no se lo he dicho nunca pero al principio, antes de conocerle, me parecía un poco prepotente. Luego él se acercó a mí. Yo salía con un amigo suyo y, gesto que le honra, hizo por conocer a la persona que salía con su amigo. Así, a base de cafés eteeeernos en el Blasco, nos conocimos más. Eternos porque él tarda mil años en tomarse una taza de café con leche y eternos porque nos podíamos tirar una tarde entera, a veces un día, sentados en aquellos bancos tapizados de sky rojo ennegrecido. Empezábamos con el desayuno y acabábamos con unas cañitas antes de cenar. Aunque él siempre ha sido más de cocacolas que de cervezas. Y más de almendras que de pispitos, pero este asunto ya lo tenemos muy trillado.

El caso es que aquellos cafés me hicieron descubrir a alguien que yo no me esperaba. No porque se oculte, no, él es transparente, es lo que ves, y de esto también hemos hablado otras veces. Así que descubrí que me equivoqué, no es un prepotente, no va atropellando a nadie. Lo que le pasa es que se siente muy orgulloso de lo que tiene y le encanta ‘presumir’ de ello. Así, su coche (otro tema recurrente) es el mejor del mundo, su novia, que ahora es su mujer, es la mejor del mundo, su familia es la mejor del mundo y sus amigos son los mejores del mundo. Yo, que tiendo bastante a no valorar lo que tengo en lo mucho que realmente vale, siempre he admirado eso en él. Eso, y lo buen amigo que es. Porque si sus amigos son los mejores del mundo él sabe estar a la altura.

Nos hemos contado millones de penas terribles (ya sabéis, esas que nos parecían terribles cuando no teníamos hipoteca, trabajo ni otras responsabilidades). Nos hemos llenado los hombros de lágrimas. Nos hemos contado secretos inconfesables (tampoco tenemos muchos, la verdad). Hemos arreglado el mundo... Y sobre todo, nos hemos reído un huevo. Pero yo siempre me acuerdo de cuando aquel otro novio que tuve (y que tan bien os caía a Sheldon y a ti) me dejó en el mejor momento: a un mes de entregar el proyecto y de los exámenes finales del último curso. Le llamé hecha un mar de lágrimas. Casi me dejó con la palabra en la boca. Le faltó tiempo para dejar lo que estaba haciendo (y lo que estaba haciendo era estar con su novia) y venir a prestarme, otra vez, su hombro. Además él, tan transparente y muchas veces tan bocazas, consiguió contenerse y no soltar un ‘es lo mejor que te podía haber pasado’ que era lo que el cuerpo le pedía a gritos. Siempre le adoraré por aquello y a aquella novia, que ahora es su mujer, por haberlo entendido. Aunque es verdad, aquello fue de lo mejor que me ha pasado. Por un lado me permitió constatar lo que ya me olía, que es un gran amigo. Y porque además quién sabe si tendría ND ahora si no.

Desde entonces hemos celebrado ocho cumpleaños tuyos (cómo pasa el tiempo). En los últimos las obligaciones familiares me han impedido estar contigo. Dentro de nada cumples treinta y cuatro y este año tampoco lo celebraremos juntos. Así que desde este recién inaugurado espacio para encontrarnos: MUCHAS FELICIDADES. ¿Se pueden meter en el blog tirones de orejas?

El Arte de la Fotografía Infantil

Permitidme unas reflexiones sobre lo que significa la palabra 'difícil'. Difícil no es una palabra estática, va cambiando de significado y de rango según las etapas de la vida del individuo. Cuando uno es pequeño, difícil es atarse los zapatos, aguantarse para hacer pis y cosas así. Cuando uno va creciendo le parece difícil montar en bici y luego hacerlo sin patines. Más adelante es difícil la carrera y, por supuesto, es dificilísimo ligar. Luego es difícil encontrar casa, pagar la hipoteca (o hipotecas), encontrar colegio (eso se merecería un post encabronado)... Pero el súmmum de la dificultad es conseguir hacer una foto en la que dos niños miren a la vez y, el máximo de dificultad, sonrían a la vez.
A esto, desde luego, ayuda grandemente las cámaras de fotos automáticas actuales que desde que pulsas el botón hasta que dispara pasa una eternidad y tienes que intuir un par de segundos antes cuando van a sonreir. Estas cámaras se llaman en inglés Point-and-shoot, aunque yo creo que deberían llamarse Guess-and-hope.
Bueno, ahora vamos a casos prácticos:

Caso A: Tengo el zoom puesto y estoy haciendo reir al niño sin mirar el encuadre:



Caso A-2: Tengo el zoom puesto, estoy haciendo reir al niño y se me mueve:



Caso B: Disparo cuando me mira y mientras hago la foto, se mueve:



Caso C: Uno ríe y el otro mira a Cuenca:



Caso D: He aprendido como va esto y pongo cara de foto:



Caso E: Parpadeo justo cuando me hacen la foto y...



Caso F: ¡¡Os juro que en algún momento ahí había alguien!!



En fin, la lista sería interminable. Afortunadamente hay veces que los astros se alinean:



¡¡Y luego, no satisfechos con esto queremos que nos toque la primitiva!!
Saludos.

Ortografía y Chulería

Acabo de leer un documento que no tenía ni un acento (mira un pareado) ortográfico (se fastidió el pareado). Miento, el documento, ingenieril por supuesto, estaba claramente escrito a cuatro manos y, esto ya es cálculo mío, a medio cerebro. Las dos primeras manos han sido incapaces de poner ni una sola tilde en sus veinte de veintitrés páginas. Miento de nuevo, a palabras como camión sí se las habían puesto. Pero eran las únicas dotadas de lo que supongo el dueño de esas manitas considera un ‘adorno’ inútil. Dada la cantidad de maquinas (así sin tilde) que he leído he llegado a pensar que se habían equivocado y en lugar de una oferta de equipos me habían enviado un complot para desmantelar algo. A las otras dos manos no les debe de parecer tan inútil el adorno y sí se han ocupado de las tildes. A cambio me han regalado un ‘elementos ha instalar’ por el que todavía se me saltan las lágrimas.

Según escribo esto, mi Word me sugiere que transforma ese horrible ‘ha’ de ahí arriba por una mucho más elegante y sobria ‘a’. ¿Qué les pasó a las cuatro manos y al medio cerebro a los que me refiero arriba? ¿Será que escriben a máquina y luego escanean para enviar el documento por correo electrónico? No sé porqué pero lo dudo. ¿Será entonces que tienen una rara enfermedad que les impide detectar los subrayados y sugerencias ortográficas y gramaticales del Word? También lo dudo. Mucho me temo, amiguitos, que la respuesta a esas dos preguntas es no. Para mí su enfermedad, nada rara por otra parte, se llama ignorancia, pereza, prepotencia y pasotismo.

La ignorancia a la vista está. No hay más que leer el documento y darse cuenta de que desconocen las normas básicas de nuestra ortografía.

Pereza porque después de redactar no se les ocurre revisar lo escrito para comprobar si está bien. Aunque a lo mejor son súper diligentes pero mucho más ignorantes de lo que yo pensaba. Quién sabe. No sé qué es peor.

Prepotencia porque a ver quién es ese señor Microsoft que les da sugerencias a ellos sobre cómo escribir sus cositas. Deben de pensar ‘mejor quito el corrector porque me lo subraya todo en rojo y es muy incómodo escribir en estas condiciones. Si, total, el corrector ortográfico se equivoca un huevo’ (¿escribirían ellos güevo?). ¿Acaso no es eso prepotencia? Soy un ignorante de tres pares, hace tres mil años que no leo un libro o nada que no sea un documento ingenieril (horror) y para la mitad de lo que escribo el corrector me da sugerencias. Pero la culpa es del corrector, claro, que se equivoca mucho. Ni siquiera me preocupo de comprobar si de verdad es un fallo mío o del corrector. Con lo que volveríamos además a la pereza.

Luego ese medio cerebro se dice más cosas ‘si además, lo que escribo se entiende ¿no? Pues ya está’. Y aquí llegamos al pasotismo. Pues no, señores, yo hay muchas cosas que no entiendo sino que me obligan ustedes a sobreentenderlas. Lo cual en muchos casos da lugar a malos entendidos y a consultas que de haberlo escrito bien nos habríamos ahorrado todos. Y además, ¿no se dan cuenta del horrible efecto que van a causar sus faltas de ortografía en el que lo recibe? Desde luego, si de mí dependiera no les adjudicaba ni un lápiz. O sí, siempre con la condición de que los beneficios los aplicasen a cursos de lengua castellana para el personal. Y con un hito de pago y penalizaciones dependiendo de los resultados del examen final que también exigiría. Aunque creo que entonces ya no querrían vendernos nada. Bien pensado, eso tampoco estaría mal. Me ahorraría cabreos futuros por este mismo asunto.

Y es que llueve sobre mojado. Hoy es esta oferta pero ayer era un tío que hacía unos documentos que yo tenía que revisar y ¡madre mía qué documentos! Otro para el que los acentos eran meros adornos y él todo un monumento a la austeridad. Y qué frasecitas, no había manera de entender lo que quería decir. Encima el tío, sin ningún sonrojo, reconocía que no usaba el corrector y que además es que su español es distinto al nuestro. Él es latinoamericano. Y que por eso estaba bien que yo revisara sus escritos porque así lo adecuaba al español de aquí. ¿Y qué le respondes a eso? Pues yo nada, porque soy una cobarde. Que mucho escribir toda indignada pero a la hora de la verdad me achanto. Además las ideas brillantes que tengo, que no son muchas, siempre se me ocurren cuando el interlocutor al que hay que poner en su sitio ya no está presente para oírlas.

Seguro que mientras escribía esto el látigo divino ha castigado mi maldad. Seguro que he metido la pata un montón de veces y he puesto muchas faltas de ortografía que no detecto por mucho que lo repase. Seguro que vosotros sois mucho más indulgentes conmigo que yo en esta entrada (por favor).

López Vázquez


No sé si lo sabéis, supongo que sí, pero después de estrenarse y hacerse archifamoso el corto de Mercero, cuando la gente entraba en las cabinas ponía un pie en la puerta para que no se cerrara. Supongo que debió de ser, a escala nacional, una psicosis parecida a la que generó la famosa emisión de ‘La guerra de los mundos’ que hizo Orson Welles en la radio estadounidense. Aparte de la habilidad de Mercero y del estupendo guión sin palabras que, si no me equivoco, es de Garci, supongo que en aquella psicosis tuvo bastante que ver José Luis López Vázquez. Obviamente yo no formé parte de aquella psicosis porque creo que ni había nacido y además vi ese corto ya bastante mayor. Y me impresionó.

Ayer murió López Vázquez. No es que yo sea una entendida ni del cine español en general ni de López Vázquez en particular pero creo que con él se va una parte de un cine español que ya no se hace, por desgracia. Y me acuerdo de ‘Atraco a las tres’, ‘Mi querida señorita’, ‘La escopeta nacional’ y sus secuelas, ‘El pisito’, ‘Los tramposos’... A mi humilde entender, grandes películas. Pero también me acuerdo de todas esas otras que, lo reconozco, me he chupado muchos sábados tirada en el sofá viendo ‘Cine de barrio’ y que no son grandes películas, la verdad. Donde repetía una tras otra ese personaje cascarrabias y al que se le salían los ojos detrás de las suecas.

A pesar de estas últimas o incluso contando con ellas, creo que fue un buen actor. Viendo algunas de las películas en las que participó, y estoy pensando fundamentalmente en ‘La cabina’ y en ‘Mi querida señorita’, pienso que debió de ser un tío inteligente y divertido. Es curioso cómo nos creamos la imagen de un actor cuando lo único que conocemos de él son los personajes que ha interpretado. Porque cuando luego le he visto en alguna entrevista me ha parecido un tío de lo más gris y he sentido una ligera decepción. Sé que es absurdo porque ni sus películas van a reflejarle a él ni una entrevista es necesariamente el reflejo de lo que eres. Es posible que fuera gris o que fuera inteligente y divertido, que fuera todo junto o ninguna de esas cosas. No lo sé porque, obviamente, no le conocí. Y no debería importarme porque lo importante que nos dejó a los que no le conocíamos son sus pelis entre las que, como ya he dicho, hay algunas muy interesantes.

Así que Descanse en paz José Luis López Vázquez y que sigamos disfrutando de sus películas.

Buenos propósitos

He decidido escribir de vez en cuando unas líneas. Es una pena pero ahora ya no nos vemos casi nunca, así que hagamos de esto la mesa del Blasco (ya sé que algunos nunca estuvisteis allí y que otros nunca os sentasteis allí conmigo) y compartamos aquel espíritu que lo mismo nos hacía comentar las páginas del periódico, el último cotilleo de la escuela, los resultados del último examen, la peli que acabábamos de ver o el libro que nos había encantado. Como el Niño Desgraciaíto no se decide a recoger el guante que de vez en cuando le echa Sheldon comentando de soslayo lo buenos que eran aquellos correos suyos al poco de conocernos, he decidido recogerlo yo. Toda una osadía por mi parte porque no creo estar a la altura, la verdad.

En resumen, he decidido abrasaros de vez en cuando con mis cabreos absurdos, reflexiones no menos absurdas al hilo de la actualidad, la mía o la de los periódicos, y contaros las gilipolleces que se me ocurran. Si alguien no está dispuesto a escucharme que hable ahora o calle para siempre. Bueno, no, que no se calle y me ponga verde ahora o cuando me decida a escribir algo. Porque mucho buen propósito, pero precisamente hoy no doy con nada de lo que hablar.

No sé, se me habrá ocurrido lo de escribir porque hoy estoy sentimental. Una reciente temporadilla de poco curro me ha empujado a engancharme a algunos blogs y, precisamente hoy, dos de ellos eran algo nostálgicos. De una nostalgia nada cursi, muy templada pero bastante emocionante. Y aunque sus temas no tenían nada que ver con los amigos, me he puesto a pensar en lo poco que nos vemos y en que cuando nos vemos no hay tiempo para todo. Supongo que es lo natural, que ya no estamos en la edad de sabernos al dedillo la vida del otro y que la vida de cada uno se complica en direcciones distintas. Además ya no ‘convivimos’ nosecuántas horas al día y ya no tenemos novedades excitantes que contar todos los días. Pero yo lo echo de menos. Así que aquí estoy, dispuesta a daros la lata de vez en cuando con lo primero que se me pase por la cabeza. Por desgracia (o por suerte para vosotros) hoy lo primero ha decidido dar un rodeo y no pasar por mi cabeza. O tal vez todo esto es sólo una excusa para deciros que os echo de menos y que he estado un rato pensando en nosotros.

A ver lo que me dura la intención.
Bueno, pues si hay que escribir, se escribe. Espero que sea un poco como montar en bici, que dicen que no se olvida, aunque yo creo que la inspiración viene con el aburrimiento y de eso ahora no ando sobrado. Para empezar os diré que el próximo martes 10 estaré en la Universidad de Castilla La Mancha - campus de Ciudad Real - para la apasionante: "JORNADA EUROPEA SOBRE ALTA VELOCIDAD Y TERRITORIO". Así que a ver si nos podemos ver, J.

Y para continuar durante el próximo mes y medio he de estar en Londres, Roma y París haciendo entrevistas. Entrevistas ferroviarias y workshops. Además nos vamos a presentar a 6 proyectos europeos en los que el plazo de entrega termina el 14 de enero. Así que escribir, lo que se dice escribir voy a escribir un huevo, pero lo del blog... ya veremos.

Me parece una idea estupenda, a ver si sigue para adelante y nos mantenemos más en contacto. Así que...