Décadas y propósitos


Pensaba escribir una entrada sobre por qué no voy a hacer, este año tampoco, una lista de propósitos de año nuevo. Se resumiría en que sé que no los voy a cumplir. Sería inútil hacer una lista porque soy una inconstante, me puede la desidia y sé que al llegar el fin de año la lista de buenos propósitos pasaría a ser la lista de la vergüenza. Así que paso de listas, de propósitos y de vergüenza.

Además, a mí no me suele dar por pararme a pensar cuando se acaba el año o llega mi cumpleaños. En esos momentos no me planteo todo lo que podría haber sido y no fue, ni cuáles eran mis objetivos y si se han cumplido. Será que soy irreflexiva e inconsciente. O no. Más bien será que centrifugo tanto a lo largo del año que no necesito fechas señaladas para darle vueltas al pasado y al futuro, buscar la combinación menos favorable y ‘decidir’ que eso va a ser lo que va a pasar, que irremediablemente estoy condenada a un destino miserable y que nada tiene solución. A pesar de que la realidad (y el ND), afortunadamente, se ha encargado de demostrarme que habitualmente no es así y que las cosas suelen resolverse (o suelo resolverlas) bien, siempre que se me presenta una situación peliaguda yo me entrego al centrifuguismo con verdadera devoción. Llamadme tremendista si queréis. O mejor, llamadme absurda.

Volviendo a lo de antes, en estas fechas no me da por recapitular. Sin embargo mi amigo JJ me ha hecho reflexionar. Resulta que se acaba la década y dice él que resulta curioso que siendo los diez años más importantes en su vida no tengan nombre (para los que no le leéis, que deberíais, le ha encontrado una solución buenísima: los ‘cerentas’). El caso es que esta década sin nombre ha sido también la más trascendental de mi vida. En estos últimos diez años me ha pasado todo esto:


  • 2000. Bueno en 2000 no pasó nada (ni siquiera el fin del mundo, ni el efecto 2000). Mejor, así nos ahorramos la discusión de cuándo empezó realmente la década.

  • 2001. Acabé, por fin, la carrera. Conseguir el título (bueno, el resguardo, el título en sí casi me lleva otra década) me permitió la independencia económica. Conocí al ND y esto sí que es crucial en mi década: mi vida pasa del blanco y negro al color. Ya hablé de cómo fue y cómo es.

  • 2002. Fue un año feliz con alguna que otra sombra pero sin nada reseñable que contar salvo que tres meses de expatriación me brindaron la oportunidad de conocer a mi Chisp, que es una de las personas a las que más quiero en el mundo (además de una de las pocas personas que leen estas chorradas que escribo).

  • 2003. Renunciando a todos mis principios y juramentos previos (soy una bocazas) tuve que pedirle al ND que se casara conmigo. Yo había dicho tantas veces que no me iba a casar nunca que el pobre no se atrevía. Creo que con los años ya se ha dado cuenta de que muchas de mis opiniones inamovibles son como los principios de Groucho, pero ya le tengo atrapado con mi irresistible inconstancia. O eso espero.

  • 2004. La boda y la hipoteca, ¿os parece poco para un solo año?

  • 2005. Casi al final descubrí que estaba embarazada.

  • 2006. Nació C. ¡Dios mío! Qué niña más preciosa, más buena, más lista… La responsabilidad más grande, transcendente y difícil de manejar de mi vida. Pero también la más satisfactoria hasta entonces.

  • 2007. En un acto de inconsciencia suprema me quedo embarazada y nace J. Sí, inconsciente, pero es tan precioso, tan bueno, tan dulce y, de nuevo, tan satisfactorio a pesar de todo.

  • 2008. Año de enorme falta de sueño, carreras para conseguir la bendita ‘conciliación’, mil visitas al pediatra, doscientos mil momentos estupendos con los niños y algún momento para olvidar. Pocos momentos para el ND y para mí en exclusiva. Y casi ninguno para nuestros amigos.

  • 2009. C empieza el ‘cole de mayores’, J empieza la guardería. ND y yo nos damos algún respiro más. Entre ellos un gran viaje a Nueva York.

Así se cierra esta década. Resumen: cinco años de matrimonio y dos niños. Y ahora mismo un poco de vértigo por saber si estaré a la altura de sus circunstancias, las de los niños pero también las del matrimonio.

Si en el año 2000 me llegan a decir que hoy ésta sería mi situación les hubiera dicho que estaban bajo los efectos del milenarismo (¿o era mineralismo? Arrabal dixit).

Feliz 2010 a todos.

3 comentarios:

  1. Creo que no volverás a tener otra década tan emocionante en tu vida, a no ser que en un ataque de inconsciencia te de por tener otro par de críos :)
    En resumen, creo que somos una generación rara de cojones.
    Feliz 2010

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  2. Se ha publicado, yupiiiii!!! No creo que me de otro arrebato. Por si acaso empezaré a plantearme que los ¿decentas? sean la década de la ligadura, mmmmmhhhhh, no sé.

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  3. Quédate tranquila, que estarás a la altura de todas las circunstancias que se presenten, en el 2010, en el 2011 y en los que sigan. Estoy segura ;o)
    Ays... Yo también te quiero mucho, mucho, mucho, Chispi.
    Feliz año!!
    P.D: Me encanta leerte!

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