El limbo de los hoteles

Cuando uno viaja con cierta frecuencia llega al convencimiento de que la vida del viajante es bastante monótona y aburrida. Es cambiar ciudades y hoteles sin tiempo para disfrutarlos y con un cansancio crónico debido al trabajo y al cambio horario.

Es una vida sin glamour ninguno que, además, se ve de vez en cuando en situaciones bastante ridículas e, incluso, denigrantes. ¿Por qué no decirlo?

El caso que nos ocupa y que me trae por la calle de la amargura es la altura de las duchas en la mayoría de los hoteles. El modelo más habitual es el de la alcachofa de ducha anclada a la pared y que no tiene ninguna posibilidad de cambiar la altura o la dirección en la que cae el agua. Están inmóviles en su omnipotencia. Como budas esperando para reírse de ti.

Yo tengo una cierta altura. Hay gente más alta que yo, pero no tanta. La altura es algo que está totalmente sobrevalorado: si eres alto no cabes bien en los aviones, se te pueden salir los pies por el fondo de la cama, tienes que tener cuidado con toldos y barras de apoyo en autobuses y metros y, sobre todo, te enfrentas a uno de los más peligrosos bailes del mundo: el baile del limbo.

Sí, amigos. Si tienes la ducha fija, a una atura de metro sesenta y mides uno noventa la única manera de lavarte el pelo es curvando tu cuerpo al igual que en el limbo para poder mojarte la cabeza, enjabonarte y aclararte. Supongo que hay cosas más denigrantes, pero a mí me da vergüenza verme en esa situación con las piernas flexionadas y la espalda y la cabeza para atrás. Además hay que ser consciente de lo peligroso que es esa situación en la que estás forzando la posición, sobre un suelo resbaladizo y cambiando la manera en la que sueles apoyarte. La posibilidad de lesión es casi absoluta.




No sé si pilláis el concepto y la dificultad. Tampoco sé si os habéis visto en esta situación. A mí me da una sensación que es mezcla de vergüenza, enfado y resignación.

He estado pensando en poner una petición en change.org para que se nos restaure la dignidad postural a los altos. E, incluso, que se nos considere retribuirnos con un plus de peligrosidad debido a la no remota posibilidad de morir en un hotel y no poder achacarlo a la axfisia autoerótica, sino a la higiene.

Y es que ya lo decían Gomaespuma: lo que mata es la humedad.

Confines

"Recordé la hermosa arenga de Pompeyo a sus marineros ante la contemplación de una tormenta que les desaconsejaba echarse a la mar: «Navegar es necesario, vivir no lo es». Por un segundo entendí que ya era capaz de aceptar la idea de la muerte".
Javier Reverte. Confines.

Me he leído este libro que me regaló Anniehall estas navidades. Ya sabéis que Javier Reverte es uno de mis escritores favoritos. También tengo que decir que últimamente me lo leo más bien por los tiempos pasados que por los libros nuevos en sí que son un poco bluff.

Este libro en realidad son dos libros juntos. Uno sobre un viaje suyo cerca del polo norte y otro por la zona de Tierra de Fuego y el cabo de Hornos. Ambos muy cortos, de unas ciento cincuenta páginas cada uno.

La verdad es que tengo que decir que este me ha gustado. Es un libro sin muchas pretensiones, no mete sus morcillas políticas y casi no dice galpón (sólo lo escribe una vez).

En ambos casos hay reflexiones sobre el cambio climático, la desaparición de las zonas vírgenes de la tierra y episiodios de aventureros y descubridores. Así, por ejemplo, cuentan los pasos del Beagle por la parte de Tierra de Fuego y el viaje que hizo a bordo Darwin en la segunda de ellas. Transcribe algunos pasajes del diario de Darwin y la verdad es que aparece como un señor bastante racista. Tiene frases como un animal salvaje y uno domesticado son más parecidos que un inglés y un indio de por allí. No voy a copiar la frase exacta, pero ese es el aire. Dice que al final de su vida parece que se arrepintió de lo que dijo, pero no hay constancia escrita de ello.

Habla de Amundsen, que para mí es lo más parecido a un superhéroe en la tierra. De viajes, de gente que murió en condiciones horribles... Es un libro que se lee bien y que os lo recomiendo si os gustan los libros de exploración o de expediciones polares.

En fin, que sé que predico en el desierto (polar), porque ya no me lee nadie y porque es un tema que no interesa a casi nadie. Lo dejo aquí por si mi yo del futuro quiere recordar lo que el yo de ahora leyó y lo que pensó de él.