Hamlet

"Yet here, Laertes! aboard, aboard, for shame!
The wind sits in the shoulder of your sail,
And you are stay'd for. There; my blessing with thee!
And these few precepts in thy memory
See thou character. Give thy thoughts no tongue,
Nor any unproportioned thought his act.
Be thou familiar, but by no means vulgar.
Those friends thou hast, and their adoption tried,
Grapple them to thy soul with hoops of steel;
But do not dull thy palm with entertainment
Of each new-hatch'd, unfledged comrade. Beware
Of entrance to a quarrel, but being in,
Bear't that the opposed may beware of thee.
Give every man thy ear, but few thy voice;
Take each man's censure, but reserve thy judgment.
Costly thy habit as thy purse can buy,
But not express'd in fancy; rich, not gaudy;
For the apparel oft proclaims the man,
And they in France of the best rank and station
Are of a most select and generous chief in that.
Neither a borrower nor a lender be;
For loan oft loses both itself and friend,
And borrowing dulls the edge of husbandry.
This above all: to thine ownself be true,
And it must follow, as the night the day,
Thou canst not then be false to any man.
my blessing season this in thee!"
William Shakespeare. Hamlet.

 El martes pasado fui a ver esta representación de Hamlet en los teatros del Canal. Es parte de una gira que tiene como objetivo representar Hamlet en todos los países de la tierra en dos años. Por lo que dijeron España es el 95º país en el que la han representado y van a hacerlo en 205. Aquí tenéis la página web de la gira.

Compré la entrada con muy poca antelación y solo había sitio en la primera fila, pero lo vi bastante bien, la verdad. Y, además, sorprendentemente no tuve que mirar los subtítulos casi nunca porque lo entendía perfectamente. Eso me sorprendió, la verdad. A veces he leído cosas de Shakespeare en inglés y me pareció bastante difícil, pero por lo visto es más por la ortografía que por la pronunciación. Salvo el thou, thee y poco más casi todo el resto de palabras suenan igual que en el inglés actual.

Y me ha encantado, claro. La compañía era fantástica y la ambientación era bastante sencilla pero efectiva. Con poco vestuario y un escenario reducido hacían que te metieras en la obra completamente. Además todos ellos tocaban instrumentos en plan charanga medieval para hacer las transiciones entre escena o entre actos. Había actores negros, el propio Hamlet u ofelia, otros con cara de inglés (así tipo Marty Feldman), asiáticos... y no se hacía raro.

Hamlet es una obra portentosa. Para mí está entre las mejores. Es cierto que suena a tópico, pero es verdad. Es un drama terrible, pero tiene sus toques de humor. Muere hasta el apuntador, es cierto. Y esa última entrada de Fortimbrás entre cadáveres es terrible y magnífica.

Yo os recomiendo que vayáis a verlo, o si no que vayáis al teatro que es algo maravilloso casi siempre. Os dejo el vídeo de la página del Canal sobre la obra.


Cocoon


Hace unos días os conté mi vuelo de vuelta a Madrid después de habernos quedado colgados todo un día en New Jersey. También os enseñé las fotos del viaje. Lo que no os conté es que en San José probé unos cascos canceladores del ruido como los de arriba. Y fue mi perdición, claro. Ese botón que podéis ver en la foto es el botón que activa la magia. Es una cosa extrasensorial activarlo y ver cómo cualquier ruido se reduce o se elimina. Magia maravillosa. Ya me había dado cuenta de la cantidad de gente que en los vuelos usa este tipo de cascos.

Pero, claro, todo tiene un problema: el precio. Son carísimos. Pero me fui calentando y calentando... y vi que el precio al que estaban en Amazon no era normal, casi 100 euros más baratos que en otros sitios. Pensé que podía ser una opción para cuando me pregutan en navidades que qué quiero que me regalen... pero para eso quedaba mucho... al final me calenté, los metí en la cesta, pedí la aquiescencia de Anniehall... y los encargué.

Estuve arrepentido y con remordimientos hasta que los probé. Luego me pareció la mejor inversión que podía hacer, en salud y tranquilidad. Es ponérmelos en la oficina y multiplicarse mi productividad. Es cierto que también hay veces que me aisla demasiado y si no estoy atento puede que alguien me esté diciendo algo y no me entere. Lo más maravilloso de todo es que no tienes que poner el volumen alto. Yo lo pongo al 8% en mi ordenador. Y oigo a Ella Fitzgerald perfectamente. Si tenéis vuestros cascos a mano (en caso de que los tengáis en la oficina) os animo a que los pongáis al 8% a ver qué es lo que oís. Yo, con los otros que tengo en el trabajo y que me costaron un par de euros, nada. Nada de la música que suena.

Además la próxima semana nos cambiamos de oficina y me tocará todos los días hacer un buen trecho en autobús. Así que sí que es invertir en salud porque el ruido de los motores de autobús es algo muy molesto. Y si consigo aislarme esa hora diaria que pasaré en el autobús... eso que gano, sin duda.

Y el otro día me enseñaron en el trabajo una gráfica de una página que se llama camelcamelcamel en la que puedes ver el historial de precios de productos de Amazon y supongo que de más webs y que es el que os pongo debajo:


Y el saber que los compré justo en esa marca mínima de precio más bajo también me ha hecho feliz. Menos que escuchar mis nuevos auriculares, pero también está bien.

Bichejo, cada vez que hablamos de los cascos en el Whatsapp del club exclama ¡Cocoon! ¡Cocoon! (o con más oes aún) y es que ella no los ha probado y yo solo os digo, como el poeta, que el que los probó lo sabe.

Swimmer in the Secret Sea

"He suddenly remembered the baby, the little swimmer in the secret sea. He's struggling too, struggling to be with us, struggling just like we are".
William Kotzwinkle. Swimmer in the Secret Sea.

Este libro lo compré a raiz de unos tuits de Alfonsina48 en los que lo mostraba y luego, unas horas después, dijo que le había gustado mucho. Brujuleé un poco por internet y me enteré de qué iba la historia y decidí comprarlo.

Creo que es un libro muy bueno, aunque no para todo el mundo y todos los estados de ánimo. (SPOILER) Por contar brevemente de qué va os diré que narra el parto de un niño que termina mal, con el niño muerto. Esto ya lo sabía por lo que había leído antes de comprarlo y no creo que sea ni un spoiler, pero yo aviso.

El libro es muy corto, apenas 80 páginas o paginitas que en un libro con unas páginas más grandes y letra más pequeña se quedarían en 20 o 30.

Y es terrible, claro. En mi caso porque describe perfectamente el azoramiento y la esperanza de un padre primerizo (no sé si de una madre también) y cómo todo eso puede acabar mal. De hecho yo me vi en el nacimiento de nuestra primera hija con el uso del fórceps, el que venga mal colocada... se me ponen los pelos de punta al recordar ese parto y ver las similitudes con este. El mío (aunque mío no fue) terminó bien, pero hay casos en los que termina mal. Y tiene que ser terrible. Es terrible todo lo que tiene que plantearse después del parto: si se le hace o no la autopsia, el irse a casa a dormir, el entierro...

Hay que decir que aunque es una 'novella' está basado en lo que le pasó al autor de verdad. Él perdió un hijo en circunstancias similares.

El libro tiene el talento, al menos en mi caso, de ponerte frente a eso de una manera muy creíble. Ya os he dicho cómo en mi caso reviví lo que pasó hace ocho años y medio. Y eso es lo bueno de este libro y también lo malo, lo duro. Te enfrenta al horror a través de una cámara en primer plano en la que puedes reconocerte.

Unos párrafos (la traducción es mía):
"Él la sujetó mientras se contraía y empujaba dentro de ella misma, intentando abrir los pétalos de su cuerpo floreciente. Él hubiera pensado que una apertura tan milagrosa debía haber sido de alguna manera algo más espléndido. Pero ella estaba sudando como el caballo de un leñador después de haber estado arrastrando troncos durante una mañana de verano".

"Parecía que le estaba costando años llegar al bosque y, mientras Laski subía las colinas del asentamiento abandonado, sentía el espíritu de su hijo extendiéndos alrededor suyo. Extendiéndose como hacía en cada árbol y nube, él lo sintió perdiendo su personalidad, lo sintió disolviéndose en algo remoto, expandiéndose más allá de su facultad para seguirlo".
Yo os lo recomiendo vivamente, aunque no si vais a ser padres en un futuro más o menos próximo.



La isla del tesoro

"Quince hombres sobre el baúl del muerto...
¡Yujujú y una botella de ron"
Robert Louis Stevenson. La Isla del Tesoro.

Pues durante mi viaje de ida a San Francisco me leí este libro que pensé que me iba a durar para todo el viaje. Pero la verdad es que no. La culpa es del viaje larguísimo en un avión que no tenía pantallas personales de esas de ver películas o por dónde va el avión y la programación que ponían y que si quería tenía que verla en una pantalla esquinada de la que además tenía tapada una parte.

Esa programación incluía the Imitation Game que ya había visto, una película de Vince Vaughn como becario de Google, una de un batería en una academia de jazz o algo así y otra que ni me acuerdo. De esas solo ví la del jazz que no está mal, aunque es un poco quiero y no puedo.

Respecto a la Isla del Tesoro tengo que decir que de pequeño tenía unos libros de esos de novelas en cómic que se llamaban novelas ilustradas o grandes novelas ilustradas o algo así, en los que venía la Isla del Tesoro que me leí centenares de veces. También me ví la película antigua y la moderna en la que Charlton Heston era Long John Silver y la música era de los Chiftains. Incluso intenté leermela en inglés, pero fue demasiado para mí. Había demasiados términos de jerga y marineros de los que no entendía nada.

Así que al final me he decidido a leerme el libro. Este que podéis ver en la imagen y que compré con el diario El País hace veinte años según la información de la edición. ¡Veinte años esperando en la balda!

El detonante ha sido que los padres de Anniehall me regalaron de cumpleaños esta revista monográfica sobre el libro. Y, claro, no iba a leerme la revista sin haberme leído el libro...

No sé si sabéis que este libro lo escribió Robert Louis Stevenson a partir de una historia que se inventó para entretener a su hijo (bueno, el hijo de su mujer). El caso es que es una historia que siempre se ha asociado con lectores juveniles y no me extraña, pero hay mucho más.

Es una historia fascinante en la que el protagonista, Jim Hawkins, se convierte en hombre y pasa de una vida más o menos gris en una pensión cerca de la costa en Inglaterra a verse en algunos instantes convertido en capitán de la Hispaniola y en encontrar un fabuloso tesoro. Descubre la aventura, la acción, la mentira y él también aprende a mentir y a sobrevivir cuando lo tiene bastante difícil. También hay otros protagonistas como Long John Silver o el Caballero Trelawney o el doctor que tienen sus papeles destacados en la historia. Incluso Ben Gunn y su trozo de queso tiene su momento de gloria y se te quedan grabados para siempre.

Es un libro fantástico que yo creo que se puede leer con provecho a cualquier edad. La mía ha sido ya la mediana edad, pero no me arrepiento de haber esperado ni de habérmelo leído en este momento. Igual que tampoco me hubiera arrepentido de leérmelo en cualquier otro momento.

Unos párrafos:
"―[...] Pero sé cómo os las gastáis. Me obligaréis a que acabe con ellos en la isla, en cuanto la mercancía esté a bordo, y será una lástima. Y es que nunca estáis contentos hasta que no estáis borrachos. ¡Que me parta un rayo! Estoy harto de navegar con tipos como vosotros.
―No te pongas así, John el Largo  ―exclamó Israel―. Nadie te va a llevar la contraria.
―¿Cuántos buenos barcos te crees que he visto ir a la deriva? ¿Y cuántos valientes muchachos secarse al sol en el muelle de las Ejecuciones? ―gritó Silver―, y todo por esa maldita prisa de siempre, la prisa, la prisa, me oyes".

"―Durante treinta años he surcado los mares y he visto cosas buenas y malas, mejores y peores, bonanzas y tormentas, escasez de alimentos, cuchillos desenvainados y tantas cosas más. Pero te voy a decir una cosa: nunca he visto que de la bondad saliera nada bueno. El que da primero da dos veces es mi frase favorita; los muertos no muerden es mi lema, amén, que así sea".
Supongo que muchos de vosotros ya os lo habréis leído, pero si no yo os recomiendo que lo intentéis y os embarquéis en busca de aventuras, rodeados de piratas y con un loro que grita ¡doblones de a ocho!


La escala

Los viajes siempre están sujetos a imprevistos. Una de las cosas más seguras de la vida es que no podemos estar seguros. Vivimos en un mundo en el que damos por sentadas las expectativas más o menos cercanas en nuestra vida: creemos que al día siguiente nos levantaremos, que desayunaremos, que iremos a trabajar... en fin, eso se extiende aún más allá y pensamos que cuando cogemos un avión vamos a llegar a nuestro destino más o menos cuando debemos. Normalmente menos porque la puntualidad en el mundo de la aeronáutica es algo muy relativo.

El viaje de vuelta desde San Francisco tenía una escala en Newark, New Jersey de solo tres cuartos de hora para desde allí coger el vuelo a Madrid. La verdad es que ya cuando compramos el billete pensamos que era poco tiempo de transbordo, pero lo que no podíamos prever es que el avión de ida saldría prácticamente dos horas tarde debido a unos trabajos de mantenimiento imprevistos.

Bueno, estoy hablando en plural porque el viaje lo hicimos dos personas, J y yo. J es compañero y amigo del circo y ahora de la gran empresa, de hecho es quién insistió en que me cotrataran aquí. En fin, que me desvío. El caso es que ya cuando finalmente embarcamos en el avión sabíamos que no íbamos a poder hacer la conexión dado que íbamos a llegar mucho más tarde de la hora de salida del avión a Madrid. Era un fastidio, sin duda, pero había que ponerse un poco zen e intentar no preocuparse por lo que no tenía solución.

Finalmente llegamos a Newark y allí nos dieron la primera mala noticia: no podríamos recuperar nuestras maletas. La verdad es que fue un mazazo porque yo había guardado mi abrigo en la maleta dado que en San Francisco estábamos casi a 30 grados y no pensaba volver a utilizarlo hasta Madrid. Además hacía un frío pelón. Estábamos prácticamente a cero grados y por la noche seguro que estuvimos a menos temperatura.

La segunda mala noticia es que entre los vales y demás zarandajas que nos dieron de aseo y cosas así no nos dimos cuenta de que solo nos habían dado vale de hotel para uno de los dos, así que cuando llegamos tuvimos que pagar por otra habitación. Era de noche y no pudimos ver mucho los alrededores. Y casi mejor. En el mapa de abajo os lo explico:


Así es, amigos, nuestro hotel estaba rodeado por autopistas, el aeropuerto, una estación de trenes de mercancías y por la mañana descubrimos que el lado que nos quedaba por descubrir albergaba una prisión tipo Prison Break. El mejor ambiente para pasar todo un día en espera de nuestro siguiente vuelo.

Además el hotel era nefasto. Tenía aspecto ajado, el frigorífico de la habitación lo tuve que quitar del ruido que hacía, el aire acondicionado hacía un ruido insufrible incluso en la posición low. No me atreví a ponerlo en high porque lo mismo hubiera ocasionado un tornado en la habitación y a malas me hubiera visto proyectado contra la cárcel. Y hacía frío, claro. Los vales de comida de la aerolínea fueron de 14 dólares por persona y día, así que ni siquiera te pagan las comidas, salvo que... no comas, claro.

Al día siguiente fuimos a quejarnos al aeropuerto por que no nos habían dado el vale para la segunda habitación y nuevamente nos llevamos un chasco: no se puede protestar. No hay customer service ni nada que se le parezca. Si quieres protestar, llamas por teléfono o lo haces por la web. Con un par.

A todo esto yo iba con una camiseta de manga corta y una sudadera de algodón y fuera estábamos a un grado. Decidimos irnos a Nueva York y por lo menos intentar sacar la máxima ventaja de nuestra desgracia. Para ello fuimos en uno de los medios de transporte más revolucionarios de las últimas décadas: el airtrain:


Sí, amigos, el monorraíl de los Simpsons. Y a una velocidad que en agún momento sobrepasó los cinco kilómetros por hora llegamos a una estación en la que tuvimos que esperar más de media hora a que llegara el tren. En esa espera en una especie de chamizo de cristal que de alguna manera disminuye el frío de la calle me cagó un pájaro que debía ir un poco sueltecillo. La verdad es que estaba empezando a pensar que me había mirado un tuerto o algo así...

Finalmente llegamos a NY, al World Trade Center y a la maravillosa impronta que Calatrava está dejando en la ciudad. No creo que lo terminen nunca y si lo hacen será otra obra desastre más de este 'artista' y caradura. Con los pies helados, sin haber desayunado y con ganas de entrar en calor nos dirigimos al Century 21 para comprarnos al menos unos calcetines de invierno. Lo logramos. Y creo que si no saco de ahí a J casi a la fuerza todavía estaba comprando cosas. Vi 'la mirada' del que está a punto de volverse loco y ya estaba pensando en comprarse otra maleta para meter todas las cosas que quería comprar.

Yo tampoco me salvé: me compré tres camisas, los calcetines y un cinturón. Nos metimos en un cajero a sacar dinero y de paso nos vestimos. Yo me puse los calcetines y una camisa. Supongo que sería una imagen curiosa para verla desde la calle, pero cuando el frío aprieta...

Al salir del cajero se puso a nevar, creo recordar, pero la verdad es que los calcetines fueron mágicos e hicieron su trabajo y no pasé ya tanto frío. Comimos en un sitio en el que estuvimos Anniehall y yo hace siete años (cómo pasa el tiempo) y que recordaba bueno, pero que es mejor. Tomamos unas costillas de cerdo que era imposible coger con las manos porque se deshacían. Después fuimos a una tienda de plumas, pero por desgracia cerraban los sábados. J dirá que tiene el vicio controlado, pero su afición por las plumas es totalmente desmedida. Fuimos a comprar una tarta de queso cada uno al sitio que recomendó Loquemeahorro y que ella no pudo visitar. Vimos Gran Central Terminal y Times Square y poco más. Nos montamos en un autobús de vuelta al aeropuerto, aunque todavía teníamos tiempo, pero lo que no teníamos eran fuerzas.

Allí me pararon en el control de seguridad sospechando que la cheesecake era un arma de destrucción masiva. Lo normal, vamos.

Cogimos el avión también con retraso, debe ser algo habitual en esta línea. Y llegamos al aeropuerto de Madrid por la mañana. Allí nos esperaba otra sorpresa y es que no apareció la maleta de J... algo más tenía que pasar, estaba claro, no podíamos llegar y ya, no. Finalmente la recuperó, por si os lo preguntáis.

En fin, que otro recuerdo de este viaje, tal vez no el mejor, pero hicimos lo que pudimos con los mimbres que teníamos. Y es que nadie está obligado a más.