El tiempo de los regalos

"Hay poco que contar de ese largo intervalo, como no suele haberlo sobre la mayor parte de las ciudades que visité durante este viaje. Conocí a mucha gente y muy diversa, comí en una serie de casas hospitalarias y, por encima de todo, vi muchas cosas. Posteriormente, cuando leí lo que había escrito acerca de ese período pasado en Viena, me sorprendió la melancolía que parece haber impresionado tanto a los escritores, un sentimiento que se debía no tanto a la incertidumbre política predominante como a la mala suerte que había tenido la antigua ciudad imperial. Esos escritores conocían la ciudad mejor que yo, y deben de haber estado en lo cierto. Por mi parte, tuve atisbos momentáneos de esa tristeza, pero mi impresión de un encanto infinito y radiante es probablemente el resultado de una inmersión total en el pasado unido a una alegre disipación".
Patrick Leigh Fermor. El tiempo de los regalos.

Este es el libro de este mes del club de lectura más corajudo que conocéis (bueno, si sabéis de otro más sufridor hacédnoslo saber). Y esta vez ha vuelto a tocar otro libro de los que yo había elegido. Es este de Patrick Leigh Fermor llamado El tiempo de los regalos. Este es un clásico de la literatura de viajes moderna. Es posible que sea EL clásico. En él el autor nos narra un viaje que se le ocurre hacer a pie desde Holanda hasta Estambul.

La verdad es que me arriesgué sugiriendo otro señor que camina después del éxito del anterior y creo que he conseguido acabar con las ganas de caminantes de todos los miembros del club menos las mías. A mí me ha gustado mucho y ha sido lo que esperaba que fuera.

El tiempo en el que realizó el viaje también es interesantísimo, es el tiempo de entreguerras. Recorre la Alemania en la que acaba de llegar el nazismo al poder (1934) y los nuevos países surgidos después del desmoronamiento del imperio austrohúngaro tras la primera guerra mundial.

La verdad es que el viaje entero está dividido en dos partes (o puede que tres) y esta primera nos deja en la frontera de Hungría con el autor contemplando el Danubio antes de proseguir. No me atreví a proponer el libro entero porque me podían haber echado del club a gorrazos.

Yo estoy muy contento con el libro que me ha gustado muchísimo. He de decir que hay una parte en la que empieza a hablar de pintores alemanes que me pareció bastante aburrida, pero, en general, me parece un libro inmensamente entretenido.

También es cierto que yo he estado en muchos de los lugares que describe en el libro: Roterdam, donde desemboca el Rin,  Colonia, Múnich, Ulm, Viena... y me ha traído de nuevo recuerdos de esos lugares.

Hay dos cosas que me han llamado la atención del libro. La primera es que el autor tiene 17 años cuando realiza el viaje y muchos de sus pensamientos (a pesar de ser un mal estudiante, razón por la que decide emprender esta aventura) son bastante maduros. También es cierto que el libro lo escribió después, pero hay pasajes, como en el que busca la costa de Bohemia que aparece mencionada en un libro de Shakespeare, y su emoción y la de sus amigos al encontrarla, aunque luego no fuera lo que esperaba, de la que creo infinitamente incapaz a cualquier adolescente de hoy en dia .No ya de emocionarse ante ese descubrimiento, sino de leer a Shakespeare. En ese aspecto creo que hemos perdido con el paso del tiempo y somos mucho más paletos que hace ochenta años. También hay extractos de sus diarios que sí que son de entonces y es bastante maduro para lo que cabría pensar de alguien de su edad.

Y lo segundo que me ha llamado la atención es la generosidad de las personas con las que se encuentra durante el viaje. Desde nobles hasta granjeros, todos le abren las puertas de sus casas, le dan de comer, lo alojan o le cuentan historias a lo largo de sus periplos. No creo que ahora fuera posible realizar ese viaje. Los caminos seguirán estando ahí, pero es otra Europa.

Ya puse el otro día un párrafo del libro que me encantó y os he puesto otro arriba, así que tampoco os voy a dar más la brasa. A mí me ha gustado, pero sé que no ha sido así ni mucho menos con el resto de miembros del club. Podéis leer sus reseñas en sus respectivos blogs: Juanjo, Bichejo, Paula y Carmen. Y en algún momento hablaremos del libro y de otras cosas en el podcast del club de lectura que podéis encontrar en la barra lateral de este blog y en ivoox.


De otro despido, más torpeza y todavía más vergüenza (otra vez)

Creo que ya os quedó claro en su día lo torpe que puedo llegar a ser. Alguno también pensaríais que aprendería de esto y tendría más cuidado con lo que digo. No negaré que yo albergaba también cierta esperanza. Pero ya os puedo confirmar que no, que estabais tan equivocados como yo. Lo he vuelto a hacer.

Y, diréis, al menos no habrá sido con Tochi otra vez. Y también ahí os ibais a equivocar porque sí, ha sido con ella. Otra vez. Supongo que también tendrá que ver que posiblemente s una de las personas con las que más palabras intercambio cada día. Y sí, claro, algo tendrá que ver. Pero no es excusa. Esta vez tampoco.

A continuación la secuencia de los hechos:

12:09 h: (ella):
Me acaba de llamar R, que le han despedido a la americana. Coge tus cosas y lárgate, ya.

12:36 h: (yo, cubriéndome de gloria):
Me he perdido algo ¿quién es la americana? Aquí también es así, cuando subes de personal de recibir el despido ya no tienes acceso a tu ordenador. El informático sabe antes que tú que te despiden.

¿Quién es la americana? ¿en serio? Sí, en serio. Ay.

12:37 h: (con más paciencia que una santa):
Que no. Que han despedido a R MI MARIDO. Y le han despedido “a la americana”.

 12:40 h: (intentando arreglarlo, con más pena que gloria) 
Ostras, no entraba en mi cabeza por eso supongo que no lo entendía. Es más, pensaba que “le habían hecho el favor de despedir a alguien que no le ayudaba en nada”. He supuesto que venezolana.

Mierda, siempre doy la talla en los momentos cruciales. Lo siento. Joder, vaya racha.

No sé qué decir.

Besos a los dos.

12:42 h: (le dio por la risa porque ES más que una santa):
Me ha dado la risa… No pasa nada. Estoy yo (parece) más disgustada que él.

Ahora, que yo tengo unas ganas de ponerme a repartir hostias.

12:54 h:
Le acabo de contar a ND mi momento estelar…

12:58 h (optó por la ironía y un inexplicable afán de excusarme, cuando está claro que no tengo excusa posible) 
La verdad es que tienes un don con los despidos de mi familia :)

Tampoco yo me había expresado muy bien, a lo mejor.

Minutos después traté de darle una explicación de lo que había entendido pero ponerlo aquí solo serviría de escarnio añadido porque claramente mi cabeza funciona rara, rara, rara, rara, rara. Acababa admitiendo, eso sí, que tengo un don. Yo lo llamaría tara pero es que Tochi es muy buena. No sé si ya lo había dicho. 

Aprovecho la ocasión para deciros que si necesitáis un ingeniero industrial de los buenos, razón aquí. No os decepcionará. Y os tenéis que dar prisa porque sospecho que se lo van a rifar. Fue mi mejor compañero de laboratorios, no os digo más. Y no, no le pegué lo mío.

(Torpeza sobre torpeza. Tuve a huevo haber titulado este post Oops, I did it again y no se me ha ocurrido hasta que no le di a publicar. Decidido: no tengo remedio)

Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre

ND come pispitos mientras lee..."Ay, eso me hace pensar, ¿algún día seré tan afortunada como mi madre y tendré un marido al que despedir casi de madrugada para solo verle de nuevo cuando ya ha oscurecido, volviendo satisfecho de una larga jornada de caza, con las manos llenas de cadáveres aún humeantes de animalillos silvestres y las botas llenas de barro y sangre? ¡No me quiero hacer ilusiones, pero cruzo los dedos!"
Belén Barroso. Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre.

Hoy os voy a hablar de un libro especial. Especial porque es inmensamente divertido y especial porque es de una amiga bloguera que muchos de vosotros conocéis, Loquemeahorro, @Lo_que en tuiter. O, como se hace llamar ahora, Belén Barroso... o eso dice ella...

Loque está empeñada en la dominación mundial y ha decidido empezar por publicar un libro. Puede parecer un camino un tanto heterodoxo (¡cómo quería poner alguna vez esa palabra en alguna entrada!), pero tampoco es tan descabellado. Escribes un libro muy divertido, haces que la gente baje la guardia y entonces ¡zas! les das un buen cogotón y te haces con el dominio mundial. Es un plan maquiavélico (también he conseguido meter maquiavélico en una entrada) y en lo que se refiere a la primera parte es tremendamente efectivo.

Para poneros en antecedentes a los que no conocéis a Edwina os diré que es una joven británica que recibe correspondencia de esta heredera con demasiado tiempo libre en la que le cuenta sus aventuras, pensamientos y maniobras con un único fin, bueno dos: encontrar marido y hablar de ropa y sombreros.

Así que nos trasladamos a esa Inglaterra de Jane Austen en la que seguimos los pasos de esta joven (aunque ya un poco moza vieja dado que tiene diecinueve años) por Pasley Manors y de toda su familia y demás fauna local. Yo tengo especial debilidad por Anémona que es la hija del pastor y por la señora de compañía, miss Peabody. No os quiero contar mucho más porque creo que lo mejor que podéis hacer es leer este libro.

Y, ojo, que esto no lo digo porque la autora haya tenido la enorme gentileza (otra palabra que no sabía cómo meter en un post) de regalarnos a Anniehall y a mí un ejemplar. Puestos a comprar mi insobornable juicio mejor hubiera sido a través del jamón, pero no del malo, sino del ibérico. Lo digo porque Belén escribe muy bien. No es solo que sea extraordinariamente divertida, sino que escribe con una gramática extraordinaria y, si se me permite el atrevimiento, es raro ver a alguien que puntúe como ella. Si lo sé, soy un descarado. Un caballero no debe ni siquiera insinuar que una señorita sabe puntuar correctamente. Para compensar tal atrevimiento diré que hay algún leísmo disperso.

Ya os conté el otro día cómo Jane Austen ocultaba sus escritos cuando venía una visita no fuera a ser que pensaran que era una de esas desahogadas que escribía libros... Pues bien, este libro es un desahogo de principio a fin.

También tengo que advertir que es un tipo de humor que a mí me gusta mucho, pero eso no garantiza que a todos os vaya a pasar lo mismo. Ya sabéis que el humor inteligente es el que nos gusta y este lo es. Por lo menos para mí que soy el que está escribiendo la reseña. Me lo he zampado en cuatro días (y eso que uno se me olvidó el libro en el trabajo por cosas que no vienen a cuenta, pero que no tienen que ver con la amenidad del libro).

Un par de pasajes para que veáis el tono del libro:

"―Y dígame, querida, ¿ya la han presentado en sociedad? ¿Ha acudido ya a algún baile?
Soltó una risita.
―Oh, no, milady. Las hijas de los párrocos no vamos a bailes.
―Entonces, ¿dónde rechazan, con la debida donosura, a sus pretendientes?
―Quien no tiene dote no suele tener pretendientes ―dijo ya sin tanta risa.
―¿De veras? ¿Siempre es así?
―Eso me temo.
―Pues qué casualidad, ¿no?"

"―Sin duda, una señorita que se precie debe ir siempre acompañada de alguien que pueda destruir cualquier conato de diversión en su día a día.
―Veo que estamos de acuerdo, y he pensado que una viuda de escasos recursos como usted conocería a alguna candidata adecuada al puesto. ―Ante el gesto de interrogación (también sabe poner cara de algunos signos más, como los puntos suspensivos y el de punto y coma, pero no le salen tan bien) de Pilgrim, mi madre continuó explicándole―: En fin, yo supongo que las mujeres que están acostumbradas a hacer muchas economías y a arreglarse la ropa de temporadas pasadas de alguna manera se conocen entre sí. ¿No tienen alguna hermandad del remiendo o algo así?
―Ahora que lo pienso, la prima de la hermanastra de mi marido, la que vive en Surrey, conoce el caso de una dama venida a menos, que se dedica a estos menesteres. Verá, sé que fue educada bajo la severa supervisión de su padre, el general retirado Peabody. Un caballero correctísimo que solía ser conocido por todos por imponer la más estricta disciplina a su familia, hasta que...
―Comprendo, hasta que falleció.
―No, hasta que se fugó con una cabaretera parisina gastándose en ella todo cuanto poseían.
―Hija de un general retirado y disoluto... Esta candidata me empieza a interesar.
―Sí, esta señora cumple todos los requisitos habidos y por haber: familia caída en desgracia, falta de belleza física, hecatombes personales sinnúmero, conversación aburrida, pelo difícil... ¡Con decirles que pasó directamente de los once años a cumplir cincuenta!"
En fin, que ya tardáis en abalanzaros hacia la librería porque yo creo que es un libro que merece mucho la pena. Es divertido, entretenido, chispeante (otra palabra que creo que utilizo por primera vez) y que alegra a quien se adentre en sus páginas. Además la edición es muy bonita y está llena de dibujitos de artículos inservibles, cenefas y demás zarandajas.

Viendo mundo

Pues la próxima semana no me pasaré mucho por el blog porque estaré de viaje. Esto tengo que aclararlo no sea que os penséis que no me paso por el blog como habitualmente, que es por falta de tiempo y cosas que contar. Y como las dos son formas de no pasarse... pues he creído conveniente aclararlo.

Recorreré medio mundo para irme a California, a una conferencia. La verdad es que no me apetece casi nada y he intentado escaquearme varias veces con escaso éxito. Sé que mucha gente mataría (bueno, a lo mejor no tanto) por un viaje así: una semana en California con tiempo libre y con poco que hacer aparte de estar en el congreso de marras. Sí, al final conoceré a gente, veré a viejos conocidos e incluso amigos, cenaremos abundantemente y nos tomaremos alguna cerveza recordando viejos tiempos o anécdotas que nos hemos contado ya alguna otra vez (por no decir siempre).

Pero también es un viaje de muchísimas horas que me provocará un jet lag importante y que lamentablemente no hará que el trabajo que dejo aparcado se haga solo. Y, bueno, también es una semana lejos de casa. Anniehall ya ha invitado a algunas amigas para cenar algún día. Bien que hace, no lo voy a negar. Yo espero que esta vez no me lleve a un bar de camareras que parece que deben de estar pasando frío el mismo que ya me llevó en Toronto a un sitio así. También viene a este congreso.

Es un reconocimiento de la empresa, y sobre todo de mi jefe, que nos dejan hacer estas cosas en deferencia a nuestro pasado circense. Yo se lo agradezco y la verdad es que lo estamos vendiendo bastante bien dentro de la empresa y también fuera. Claro, que estamos en una empresa en la que para otro departamento I+D es probar versiones de prueba de programas para ver si interesan.

Creo que son cosas que a una empresa grande le interesan. Además de por diferenciarse de la competencia  dar 'valor añadido' (si no lo escribo entre comillas me salen sarpullidos). Por otro lado, han eliminado del camino profesional (career path queda mucho más snob) cualquier asomo de preocupación por aprender o enseñar. No cuentan como funciones de tu puesto de trabajo pertenecer a asociaciones profesionales, llevar proyectos fin de carrera, presentar en congresos, enseñar a los nuevos, sacarte el título de doctor... en fin, cualquier cosa que pueda sonar a no acomodarse.

Ya os digo que a nosotros nos dejan hacer, pero no nos ponen como ejemplo de lo que se puede conseguir intentando mirar un poco más allá. Seguramente es que pido demasiado y los billetes para la conferencia no los pago yo (ni las nóminas, claro).

En fin, parece que queda un regusto amargo, pero la verdad es que en mi nuevo puesto estoy muy contento y si parte de eso es tener que irse a California, pues sea. Cosas peores vendrán. Por ejemplo, ya me han sugerido que es muy probable que tenga que ir a un país de esos que acaban en tán. Pero no adelantemos acontecimientos...

De momento, ¡California: allá vamos!


Rituales cotidianos

"Solo los Hitlers de este mundo trabajan de noche; ningún artista honrado lo hace".
W. H. Auden. Citado en el libro Rituales Diarios de Mason Currey.

Me he leído este libro de Mason Currey. Por lo visto empezó siendo un blog sobre hábitos de trabajo de artistas que iba recopilando y que finalmente ha juntado en un libro.

Este libro me lo regaló Anniehall por mi cumpleaños y he tardado bastante poco en leérmelo. No es largo, 235 páginas sin contar las notas, y es bastante entretenido.

El libro nos muestra, según la contraportada, los hábitos de más de ciento sesenta artistas de varias épocas, pero generalmente del siglo XX.

Hay de todo, pero fundamentalmente orden. Va un poco en contra del mito del artista impulsivo y genial que trabaja anárquicamente en raptos de inspiración, aunque también hay alguno de esos. Pero, en general, muestra que el proceso creativo se suele fomentar a través de las rutinas.

Hay artistas de todo tipo, aunque generalmente son escritores y prácticamente todos anglosajones salvo algunos franceses, algún alemán y poco más. No hay ningún hispanohablante. Esa es una de las cosas que echo en falta, que es una visión bastante poco panorámica. Y la otra es que despacha cada autor en unos pocos párrafos; normalmente menos de una página. El más largo no debe llegar a las dos hojas. Hay gran cantidad de artistas, de muchos de ellos no había oído hablar nunca y creo que ha sacrificado la calidad por la cantidad. O más que la calidad la profundidad.

Es un libro muy entretenido si os gusta leer biografías o saber algo más de la faceta personal de los artistas. A mí me ha gustado bastante, aunque me ha dejado con ganas de más.

Hay anécdotas realmente sorprendentes como cuando cuenta que Patricia Highsmith pasó caracoles de contrabando (los tenía como mascotas) a Francia escondidos bajo los senos por la prohibición de importar animales vivos. Como si en Francia no hubiera caracoles... en fin, ahora respeto un poco menos a la señora Highsmith que ha pasado a una cateoría más trastornada que vieja de los gatos a vieja de los caracoles en las tetas...

También me he enterado de que a Igmar Bergman le gustaba ver Dallas lo cual choca con esa imagen del sumum del culturetismo y trascendencia que parecen transmitir sus películas y él mismo.

He descubierto que Jane Austen escribía a escondidas de sus conocidos y visitas. Mientras estaba con su familia escribía, pero si oía que venía alguien escondía los papeles y sacaba un cesto de costura o de ganchillo para disimular. Agatha Christie también se sentía avergonzada de escribir y lo hacía a escondidas y en soledad.

Hay bastante café, alcohol y drogas. Parece que el trabajo de artista es bastante atormentador y lleno de inseguridades que hace que la tentación de usar anfetaminas, alcohol, somníferos o cafeína sea habitual. Por ejemplo, John Cheever describe así un día de trabajo:

"Mi mejor hora es entre las cinco y las seis. Está oscuro. Unos pocos pájaros cantan. Me siento satisfecho y lleno de amor. Mis insatisfacciones comienzan a las siete, cuando la luz llena la habitación. No estoy listo para afrontar el día... es decir, para afrontarlo sobrio. Algunos días me gustaría abalanzarme sobre la despensa y servirme un trago. Recito los ensalmos que grabé hace tres años cuando yo describía al hombre que solo pensaba en botellas. La situación es, entre otras cosas, repetitiva. Las horas entre las siete y las diez, cuando comienzo a beber, son las peores. Podría tomarme un Miltown pero no lo hago [...]. Me gustaría rezar, pero a quién: ¿a un Dios de la escuela dominical, un rey provinciano cuyos ritos y prerrogativas siguen siendo poco claros? Les tengo miedo a los coches, a los aviones, a los barcos, a las serpientes, a los perros callejeros, a las hojas que se caen, a las escaleras de mano y al sonido del viento en la chimenea. Duermo la resaca después de almorzar y muy a menudo me despierto satisfecho una vez más, y lleno de amor, aunque no trabaje. Nadar es el ápice del día, su corazón, y después de eso -está anocheciendo- estoy como una cuba pero sereno. De modo que me duermo y sueño hasta las cinco".
En fin, que es bastante recomendable. A lo mejor hubiera sido una buena lectura para el club, pero si lo hubiéramos elegido no habría sido tan bueno.

Si os interesan estos libros de anécdotas e historias personales y además relacionados con creadores, este libro os gustará mucho.