Radical Candor

Estoy llegando al final del año lector y este año va a ser el que menos libros he leído desde que empecé a escribir en el blog. Este será el séptimo año que publicaré el resumen anual. Será dentro de tres semanas aproximadamente.

Mientras tanto sigo leyendo. Vi este libro en una sección de libros en inglés con descuento y me lo compré. No sé si muchos lo sabéis, pero desde hace unos años soy jefe de un equipo. Es algo que, en mi caso, conlleva una gran responsabilidad. No es que sea como Moisés guiando al pueblo elegido o que si lo hago mal todos vamos a desaparecer. Pero es una responsabilidad. Una gran responsabilidad. No responsabilidad de superhéroe... pero intento hacerlo lo mejor posible.

Y dentro de eso intento aprender a ser un buen jefe. Es algo que creo que me debo a mí mismo y a mi equipo. Para mí ser un buen jefe no es algo fácil de definir en positivo. Es más fácil decir quién no es un buen jefe: el que no escucha, el que se aprovecha de los resultados de sus subordinados para triunfar a su costa, el que está diciendo lo que hay que hacer sin saber, el que confunde lo que él querría con lo que realmente quiere cada miembro de su equipo, el que hace trabajar horas extra a los demás por su incapacidad de planificar bien o el que dice que todos son unos mierdas menos él. En fin, son muchas cosas las que hacen a un mal jefe.

Creo que un buen jefe es el que sabe escuchar, el que te da confianza, el que te hace crecer dándote responsabilidades que quieres o te hace crecer no dándote lo que no quieres. El que sabe que te equivocas, pero aún así no dice "te lo dije", el que confía en ti y en el que puedes confiar. Hay quien dice que ese tipo de jefes no existen, pero yo los he tenido y yo quiero ser así.

En ese camino, digamos que a la perfección más que a la perdición, aunque a veces van unidas, me he leído este libro de Kim Scott que ha trabajado en bastantes empresas tecnológicas como Google, Apple, Twitter... y que entiende que para ser un buen jefe tienes que hacer dos cosas: que te importe la gente que trabaja contigo, que te interese su vida, sus aspiraciones, es lo que ella llama "care personally" y por otro lado que seas capaz de confrontar a esas personas de manera directa, lo que ella llama "challenge directly". Esto último entiendo que quiere decir que tienes que ser capaz de decirles a los miembros de tu equipo lo que hacen bien y lo que hacen mal. Todo esto desde el cariño, porque te importan, porque quieres que sean felices y que, si es posible, que hagan realidad sus sueños.

Todo esto lo cuenta ella mucho mejor en este vídeo que os pongo y que solo dura unos minutos:


Tal y como dice, nadie creo que piense soy un cabrón con pintas y seguro que por eso voy a ser un gran jefe. Y de igual modo también es cierto que se nos dice que si no tienes nada bueno que decir, no digas nada. Sin embargo es cierto que el trabajo de jefe es decirlo.

El libro me ha parecido muy interesante y hace que sea fácil identificar en qué cuadrante estás cuando haces qué. También nos dice que todos estamos alguna de esas casillas alguna vez. Yo, si tengo que situarme en alguna, sería en la de empatía ruinosa. Y eso no es bueno, claro. Así que voy a ponerme como deberes decir lo que creo cuando creo que algo se podría hacer mejor

El libro se divide en dos partes. La primera es en la que explica su método y la segunda en la que da guías y consejos de actuación. Me parece que es un buen libro y que vale para todo el mundo, tanto jefes como empleados. Además también nos vale en la vida personal.

Por supuesto que muchas de las cosas que cuenta son de cajón, pero no todos nos damos cuenta de eso. El espejo en el que nos miramos está deformado por nuestra propia percepción y es bueno saberlo.


Bull Mountain

Pues me he leído este libro sin saber muy bien por qué. Lo compré de oferta flash en Amazon y creo que me intrigó la descripción que decía que "esta poderosa novela, que ha renovado el género del country noir". Eso del género country noir me atrajo como una bombilla a una polilla.

Tengo que decir que yo creía que iba a ser una novela más de crímenes y misterio con policías que investigan y cosas así. Al final es más una historia de una familia que se va contando en capítulos que van sucediendo en distintos instantes de tiempo desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad.

La familia sobre la que trata la historia es una familia de hillbillies que viven en una montaña que consideran que es de su propiedad y que cualquier crimen está justificado si es para proteger a la familia y a la montaña.

En la montaña tienen cabida todo tipo de actividades ilegales desde la destilación de alcohol hasta el tráfico de drogas

Por supuesto que no todos piensan exactamente igual, que hay intrahistorias, ovejas negras, amigos, hermanos, policías, FBI...

 Me ha gustado. No es que sea una obra maestra, pero te mantiene en suspense y vas descubriendo la historia que se va desarrollando. Tiene algunos giros más o menos inesperados y una serie de pistas que te llevan a un final en el que todo encaja, aunque no es un final feliz.

No me ha parecido tan buena como para ponerme a buscar más libros del autor, pero sí lo suficiente como para intentar que me suene su apellido de cara al futuro.

Ya sabéis, si lo vuestro es el country noir, esta es vuestra novela.

Termino con un párrafo de los agradecimientos del final del libro que me ha parecido digno de destacar: "Y para terminar: gracias, papá. Por esconderme el mando a distancia. Por los tebeos. Por no rendirte en nada. Por el viaje de vuelta a casa desde Nueva York. Y por Waylon. Pero sobre todo por ser el mejor puñetero padre que un hijo pueda pedir. Te echo de menos cada día, viejo. Te veo cuando llegue allí".

The member of the wedding

‘Because things accumulate around your name,’ said Berenice. ‘You have a name and one thing after another happens to you, and you behave in various ways and do things, so that soon the name begins to have a meaning. Things have accumulated around the name. If it is bad and you have a bad reputation, then you just can’t jump out of your name and escape like that. And if it is good and you have a good reputation, then you should be content and satisfied’.
Carson McCullers. The member of the wedding.

Pues es primero de mes y nos toca hablar de este libro. Yo pensaba haber limitado mi reseña a tres palabras: 'es una mierda', pero ya que le he dedicado el tiempo a leérmelo creo que también debería dedicarle un tiempo a contar cómo he llegado a esa conclusión.

Por contar un poco del libro os diré que trata sobre una niña de doce años y lo que pasa desde que se entera de que su hermano se va a casar hasta que se casa. En sí creo que la historia, con ser poco atractiva, es lo de menos.

El libro está mal escrito y no puedo achacárselo a la traducción porque me lo he leído en inglés. Las descripciones son de vergüenza ajena, no voy a entrar en los adjetivos porque me conozco. Sólo diré que los arroja como simiente en la siembra y caen en grupitos (como los muertitos de MG) dando un aspecto de poco cuidado.

Puedo seguir con los personajes y, en especial, Frankie que es una niña de 12 años que no se puede creer nadie tanto por los pensamientos que tiene como por su actitud ante la vida y los diálogos que mantiene con los otros personajes. Una niña de 12 años que parece tener cuarenta, pero que luego no sabe que si te quedas a solas con un soldado te pueden pasar cosas desagradables. En fin, tampoco voy a explayarme mucho.

Es el único libro que he leído de esta señora y seguramente también será el último. He mirado un poco su biografía en Wikipedia y parece que tuvo una vida algo difícil y a mí me da que a resulta de eso se la considera una gran escritora. No sé si me explico. Esta señora vivió una vida de sufrimientos físicos, rayando en la locura, fue lesbiana y terminó su vida prácticamente inválida. El sufrimiento y adversidad, incluso la locura pueden ser fuente de inspiración para la creación artística, pero el mero hecho de sufrir no quiere decir que sea suficiente para escribir bien.

Después de leerlo se me queda una cara un poco parecida a cuando veo una mierda de cuadro de arte contemporáneo. Ya pueden venir detrás un ejército de gente a explicarme lo que no entiendo que me da un poco igual. Si un libro me lo tienen que explicar es que no está bien escrito. Esto lo digo porque al comprarme el libro en Amazon por error me compré uno que era la interpretación del libro para alumnos de Harvard, creo. Esa interpretación es más larga que el libro, o al menos cerca le anda y en mi muy humilde y sincera opinión la interpreteción es bastante sencilla: es un libro malo.

Tendréis otras reseñas, espero que más esperanzadoras, en los blos de MG, Paula y Carmen. Si Juanjo puede, publicará en el blog del club.

Isaac's storm

Me he terminado de leer este libro de mi siempre apreciado Erik Larson. Es el cuarto libro suyo que me leo y seguiré leyéndomelos todos porque, la verdad, es que el señor lo clava.

Todos sus libros se basan en una investigación exhaustiva buceando en algún suceso o periodo en particular. Así lo hizo en En el jardín de las bestias, en Lusitania o en el Diablo en la ciudad blanca y así lo hace también en este libro suyo que es anterior a todos esos.

El libro nos describe un huracán que arrasó la ciudad de Galveston hoy hace 117 años. El autor nos van llevando a través de varios personajes a esa época y nos relata todo lo que se puede saber de lo que pasó durante esos días terribles.

Se calcula que ese huracán se llevó más de 8000 vidas en su paso por América, la mayoría de ellos en Galveston y alrededores.

También nos habla de la predicción meteorológica que estaba en sus inicios y, específicamente, a través de Isaac Cline, miembro del Weather Service Bureau que llevaba la estación meteorológica de Galveston.

El señor Larson también nos lleva a conocer a otra serie de personas que sufrieron esa desgracia. Algunos sobreviven y otros no. En ese aspecto es similar a Lusitania. Va recreando cómo era la vida en la ciudad, los tranvías, el club alemán, los coches de caballos, el mercado del algodón, las casas de madera... de manera que te hace vivirlo, pero con una diferencia que para mí es importante: todo lo que cuenta es cierto, pasó. No es inventado ni semificción. No es Gay Talese, no nos da gato por liebr. No es uno de esos mentirosos de los que ya he hablado en este blog.

No necesita torcer la historia para hacerla interesante. Investiga hasta que encuentra historias que merecen la pena ser contadas. En el camino se quedarán cientos de ellas que no pasan el corte o que son incompletas. En este libro, por ejemplo, nos cuenta como King Vidor de chaval estuvo en Galveston y sufrió el huracán que después contó en una novela que tituló Southern Storm.

El señor Larson demuestra que se puede contar una historia real sin mentir lo que a mí me congratula bastante. Seguiré leyendo sus libros, aunque más le vale irse poniendo a escribir más porque dentro de poco me quedo sin material...

Si os interesa algún capítulo de la historia de los que él ha escrito y que esté bien contada, coged un libro de Larson y no os arrepentiréis.

¿Qué estás mirando?

Me he leído durante el verano este libro sobre la historia del arte moderno. Desde los inicios del impresionismo hasta nuestros días.

Me lo he leído en digital y en la tablet. Y esto es así porque me ha venido muy bien tener la tablet y a la vez que se habla de las obras en el libro poder buscarlas en Google.

No voy a ponerme místico y hablaros de arte moderno. Mi opinión creo que es sabida por todos: el arte actual es una mierda. O más bien, no me puede gustar un arte en el que una mierda puede ser arte.

El señor que escribe esto fue director de la Tate Modern en Londres que es uno de los templos del mal gusto de lo que llamamos arte moderno, así que él defiende su libro y su manera de ganarse el pan.

Tengo que decir que puede que yo sea un reaccionario y que sea como las personas que en siglos pasados rechazaron a otros movimientos artísticos que ahora nos encantan como el impresionismo, por ejemplo. Pero ese argumento no acabo de comprarlo. Creo que el problema es que el arte moderno es malo objetivamente y que se justifica a posteriori. Se habla de qué habrá querido expresar el artista, que qué nos quiere transmitir, que si eso que vemos en esa mancha es una foca o una alegoría de la madre violada del artista... en fin, cosas por las que no paso. Igual que tampoco paso por que el arte es eso que nos hace mirar hacia dentro de nosotros y encontrar la verdad en nuestro interior.

El arte son sentimientos, eso es una gran verdad. El arte provoca sensaciones, también es verdad. Pero yo creo que hay un punto que, para mí define el arte de manera más concisa: el arte es algo que te provoca sensaciones que te alegras de haber tenido, que te hace elevarte y mirar cara a cara a la trascendencia.

Ahí no entro en si uno mira a la trascendencia viendo una ópera o leyendo un cómic, viendo un cuadro de Goya o de Vermeer, a la sombra del Partenón o entre los versos de un libro. Hay una parte personal.

Sí estoy bastante de acuerdo con lo que se cuenta en este vídeo que lleva el bonito título de ¿por qué el arte moderno es tan malo?


Y, bueno, podría ponerme a dar ejemplos. En el libro desde luego hay horrores que harían salir corriendo al más pintado. Yo aborrecía a Picasso, pero ahora no me parece tan malo visto lo que vino después.

Una de las cosas que no me han gustado, pero que aprecio, es el esfuerzo de hilar toda la historia del arte como si un movimiento fuera consecuencia de otro y, esto es lo que no me gusta, no pudiera haber sido de otra manera. Por ahí no paso. Presenta una narración de la historia del arte como si no pudiéramos haber acabado en otro sitio y que estamos en la cima de la creación artística de todos los tiempos.

Os voy a poner, como ejemplo, la descripción que da este señor de una obra de Damien Hirch llamada hace mil años. Os pongo primero la obra:


"una obra brillantemente concebida y soberbiamente ejecutada que no solo lograba ser macabra, sino también, y al mismo tiempo, ser una afirmación de la vida. Dicha obra consiste en una gran estructura rectangular de cristal que mide aproximadamente cuatro metros de largo por dos de alto y dos de ancho, rodeada por un marco de acero oscuro. En el centro de la cabina, a modo de panel divisorio, hay una pared de cristal con cuatro agujeros circulares del tamaño de un puño. En uno de los dos compartimentos hay un cubo blanco hecho de placas de tableros de fibra de densidad media, como una especie de dado gigante, cuyos lados están marcados con un punto negro central. En el centro del suelo del otro compartimento se encuentra la cabeza putrefacta de una vaca muerta sobre la que pende un insectocutor, ese aparato eléctrico con luz ultravioleta que se ve en bares y carnicerías y que sirve para abrasar insectos. En dos de los lados de este compartimento de cristal hay unos cuencos que contienen azúcar. Para completar la obra, Hirst ha incorporado moscas y gusanos. El resultado final es una especie de clase de biología en la que se nos muestra el ciclo de la vida: la mosca pone huevos en la cabeza de la vaca y los huevos se convierten en gusanos que se alimentan de la carne putrefacta de la cabeza de la vaca antes de convertirse en moscas; estas se alimentan de azúcar, se reproducen con otras moscas, ponen huevos en la cabeza de la vaca y mueren al entrar en contacto con el insectocutor (que asume el papel de una especie de Dios imparcial); una vez muertas, caen sobre la cabeza de la vaca y se mezclan con la carne en una especie de materia orgánica putrefacta que sirve de alimento a la siguiente generación de gusanos. ¿Espantoso? Sí. ¿Bueno? Muy bueno. ¿Arte? Por supuesto".

Yo con esto no puedo. Si esto es el arte, conmigo que no cuenten.