Donde la eternidad envejece

"A mediados del siglo XIV se inventó un viaje fabuloso por el mundo. Abarcaba lugares tan remotos como China e India. Todo lo mencionaba como visto y vivido. ¿Por qué la utopía no puede ser también una realidad? La imaginación no debería ser el único Non plus ultra. Shangri-la, como el jardín de las Hespérides o las islas de los Bienaventurados, ya existe en nuestro imaginario emocional. Todo lo que permanece en la imaginación es eterno. La literatura y el cine forman parte de la imaginación. Más eterno que lo humano, pues, como el verso de Píndaro, lo mortal va alumbrando por delante a los mortales".
César Antonio Molina. Donde la eternidad envejece.

He aprovechado estas vacaciones para leerme este libro del señor que camina. Realmente este es el libro que quería haber propuesto, pero no estaba en digital. Poco hubiera cambiado, también hay que decirlo, porque es esencialmente igual que el otro. Cuenta las reflexiones del autor mientras visita distintos monumentos o sitios relevantes para él a lo largo del mundo.

A mí me gusta muchísimo. Me parece una persona muy culta y aprendo mucho leyendo sus libros. Tiene una delicadeza especial y se nota su amor por los sitios que visita, por la historia y por los libros.

En esta ocasión nos lleva por Francia, Italia, Egipto, España, y por muchos sitios más. Es un libro largo en torno a las 600 páginas y lo recomiendo teniendo en cuenta que me ha gustado un montón, pero entiendo que no todo el mundo es target de este señor. Los miembros del club pueden estar tranquilos porque no volveré a proponer un libro de este señor... salvo que me obliguen... Hay que decir que tiene cinco libros de memorias de momento, así que aún queda carne en el asador.

Leyéndolo me han entrado unas ganas locas de ir a Egipto o a Capri, o a casi todas partes, la verdad. Me gusta la literatura de viajes, me gusta la literatura sobre literatura y me gusta la forma de contar las cosas de este señor.
"Pero, poco a poco, apenas sin uno darse cuenta, cada libro te roba tu propia vida, 'mientras más leas menos sabes y menos quieres vivir'. Es cierto, cada libro te abre nuevas incógnitas. Todos los libros son un solo libro, todos los autores son un solo autor, todos los lectores son un solo lector. Es cierto, después de haber leído miles de libros reconozco que sé menos que cuando empecé. Simplemente porque tengo más preguntas sobre la vida que entonces. Más preguntas sin respuesta. 'Los libros son la perdición'. El que ha leído mucho no puede ser feliz, ya que la felicidad es inconsciente, es sólamente la inconsciencia'. Entiendo lo que dice Marina [Ajmátova], pero no estoy del todo de acuerdo. Los libros dan otro tipo de felicidad, más consciente, más comprometida, nos ayudan a entender el destino de la existencia y a saber naufragar con honor y dignidad".
En fin, para el que le interese ahí está el señor Molina. Tengo que decir una cosa y es que se me hace difícil de leer los fragmentos de poesía que pone en el texto separados por / en lugar de por saltos de línea. Es así, no estoy acostumbrado a ello y hubiera preferido que los versos aparecieran separados.


El lugar más feliz del mundo

"[...] entre todas ellas solo una permanece invariable tal como la describió Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag: la línea divisoria que separa el bien del mal en las personas y que el escritor ruso creía que no pasaba a través de los estados, ni de las clases sociales, ni tampoco entre los partidos políticos o las ideologías, «sino directamente a través de cada corazón humano». Para evitar cruzar esa frontera interior que nos separa de lo peor de nosotros mismos hemos levantado un muro construido a base de cultura, sociedad civil, educación y leyes. Cuando alguno o varios de esos elementos se debilitan, si la defensa cede, en Phnom Penh o Berlín, Kigali o Sarajevo, el cartero que repartía el correo puede transformarse en el francotirador apostado en la azotea, el vecino de toda la vida en nuestro verdugo, el profesor universitario en propagandista del exterminio y el guerrillero con causa en un asesino en serie".
David Jiménez. El lugar más feliz del mundo.

En este verano de lecturas continuas debido a nuestra ansia lectora del club nos tenemos que ver este mes con este libro de David Jiménez, corresponsal de El Mundo durante muchos años en Asia y ahora director del periódico.

David ha estado en muchas guerras y desastres naturales. Ha informado sobre unas noticias que nos muestran cómo es el ser humano en situaciones límite. Lo bueno y lo malo.

Este libro es -creo- una recopilación de artículos que ha escrito a lo largo de sus años de reportero o corresponsal. Los hay muy duros, los hay tiernos y los hay esperanzadores. Hay que decir que abundan de los primeros.

El libro me ha gustado. Yo pensaba que iba a ser un poco más tipo libro de viajes, un poco más libro y menos recopilación, pero eso no quita para reconocer que es un libro muy interesante y que , aunque sea duro -o quizás por eso-, tiene mucha verdad en su interior.

También hay que decir que tiene algo de impostura. Hay algo en el retrato que hace de él mismo que no me acabo de creer. Esos consejos para sobornar a los policías de los controles, ese aire de estar de vuelta de todo y un poco por encima, esas ganas de epatar... no sé, me parece que sobra. Para eso ya tenemos a Pérez Reverte.

Algunos párrafos:
"Camino del hotel, el taxista me cuenta que es ingeniero. Al día siguiente, en la pagoda de Shwedagon, otro taxista dice que le falta un año para terminar Medicina. Subo a taxis conducidos por arquitectos, biólogos y profesores universitarios. Es posible que no haya, a finales de los años 90, una ciudad con taxistas mejor preparados que los de Rangún. Para cualquier cosa menos para conducir taxis".

"Más que nunca, tengo la sensación de que el viaje no termina hasta que vuelves. No a los lugares visitados, sino a las gentes que conociste en ellos".
Un buen libro. Este segundo semestre del club está siendo mucho mejor. Parece que levantamos el vuelo. No hay que confiarse, pero de momento, paso a paso, vamos leyendo libros buenos. Eso que no debería ser tan difícil así, en general, pero que en este nuestro club se vuelve prácticamente imposible.

Tenéis reseñas mejores en los blogs de Carmen, Paula, Juanjo y Bichejo y en la barra de la derecha tenéis los podcasts en lo que tan bien nos lo pasamos hablando de libros.


To the edge of the world

"Tan desesperados estaban los ferrocarriles que muchos de los vigilantes contratados para proteger por la noche las propiedades habían sido mandados a Siberia como castigo por robar. Otros a los que se les dio trabajos que requerían tratar con los pasajeros habían cometido crímenes violentos, mientras que los asesinos y violadores eran empleados en labores de mantenimiento".
Christian Wolmar. To the edge of the world.

Después de unos cuantos días sin pasarme por el blog -debido principalmente a que estaba en Portugal sin conexión a internet- vuelvo para iros contando lo que me estoy leyendo estas vacaciones. De momento éxito total en todo cuanto he leído empezando por este libro que me ha dejado mi amigo I, que a su vez se lo compró después de que yo le pasara este libro del mismo autor. I, además, está aprendiendo ruso y tiene ganas de visitar esta parte del mundo. No quiero decir nada, pero es muy posible que lo consiga ahora que estamos trabajando juntos de nuevo.

En fin, que me desvío. Este libro nos cuenta la historia del transiberiano, la línea ferroviaria más grande del mundo. Nos habla del inicio del ferrocarril en Rusia, de los distintos intentos hasta que se comenzó su construcción, de los problemas de las distintas secciones, del error de atrochar por terreno chino hacia Vladivostok, y de su historia desde allí hasta nuestros días.

Está claro que es un libro para gente a la que le gustan los trenes (¡y a quíen no!). Este señor escribe bastante bien y va contando anécdotas y sucesos que son en general muy interesantes. Por ejemplo, cuenta con bastante grado de detalle el papel del transiberiano en la primera guerra mundial y especialmente en la revolución Rusa. Me ha hecho gracia cómo cuenta que un batallón que mandaron los ingleses a Vladivostok con gente que había sido clasificada como no apta para la guerra lo llamaron el batallón de la hernia.

El Transiberiano es un tren que cambió Rusia, que provocó guerras, que se utilizó con fines militares y penales, que pasa por sitios en los que construir la vía fue un infierno y que, como dice el autor, "es la mejor cosa que le ha pasado a Siberia, una región que no ha sido bendecida con muchos más acontecimientos felices a lo largo de su historia".

En fin, gracias a I por dejármelo, me ha gustado mucho y ya estoy mirando cuál será el siguiente libro de este señor que me leeré. Y yo os lo recomiendo a todos los que tengáis interés en leer algo de historia viva y conocer un poco más sobre uno de esos nombres míticos cuya sola mención suena a aventura: Transiberiano.


La fiesta de la insignificancia

"La novela, construida sobre la base de contigüidades y continuidades, y compuesta como un puzle que el lector ve completarse pieza a pieza a través de episodios que un cronista autoconsciente va presentando desde una farsante posición cenital enfatizada por una metaficción apetitosa (“para todos mis personajes, esa velada se ha teñido de tristeza”, “éstas son las palabras que escribí en el último párrafo del capítulo anterior”), hincha como globos detalles minúsculos para darles un protagonismo inusitado, pues Kundera finge como nadie la banalidad para esconder en ella la gravedad".
Crítica absurda de El País sobre la fiesta de la insignificancia. 

Hoy toca hablar del libro del club de lectura. Este libro lo elegí yo, pero antes de hablar del libro querría fijarme una vez más en la absudidez de la crítica literaria que en esta que he leído de El País llega a nuevas cimas. Solo hay que volver a leer lo que he seleccionado para ver que la crítica se acerca a la ficción, incluso a la poesía, de una manera peligrosa. Creo que es cavarse su propia tumba, pero allá cada uno. Yo cuando leo una reseña (cada vez menos) es para saber de qué va el libro y si merece la pena o no. No para enterarme de que la novela está construida sobre una bease de contigüedades y continuidades que el cronista autoconsciente va presentando desde una farsante posición cenital enfatizada.

Y ya respecto al libro empezaré diciendo que Kundera es un autor que me gusta mucho. Entre otras cosas admiro que escriba en un idioma que no es el suyo materno. También me pasa con Conrad. Y me encanta su mezcla de novela y profundidad filosófica. Son novelas que tienen una estructura compleja en la que el narrador vuelve a la historia, a episodios concretos, que le sirven para narrar la vida de los personajes de la novela. Siempre tiene presente esa repetitividad de la historia.

Y este libro sigue el mismo esquema. Es un buen libro, sin duda. El problema es que me parece que es inferior a otros como la Inmortalidad o la insoportable levedad del ser. Me parece que es un libro que tenía en un cajón, un bosquejo de novela, que ha publicado sin que estuviera muy acabado. Y eso es lo que no me ha gustado. Está esa parte histórica en la que habla de Stalin y de Kalinin, esa parte filosófica en la que habla del vacío vital moderno y lo liga con la narración de unas vidas que pueden parecer insignificantes, pero únicas. Y parece que podría funcionar, pero a mí me pierde en la historia (o en sus detalles), Por mencionar uno, hay un personaje que le dice a otro que se va a morir de cáncer cuando es mentira y se termina el libro y no sabemos por qué ni qué pasa con él. No se desarrolla, no tiene ningún impacto en la historia. Y eso no me gusta. Me hace no conectar.

Es un libro que es infinitamente mejor que muchos de los bodrios que hemos leído este año. Es literatura de verdad de un gran escritor. Ahora, yo recomiendo otros libros suyos mucho antes que este.

Unos párrafos:
" —Pero ¿qué es la humanidad? No es nada objetivo, no es sino mi propia representación subjetiva, a saber: es lo que he podido ver a mi alrededor con mis propios ojos. ¿Y qué vi todo el tiempo con mis propios ojos, camaradas? ¡Os he visto a vosotros! ¡Recordad el baño donde os encerrabais para arremeter contra mi historia de las veinticuatro perdices! Me divertía mucho en el pasillo oyéndoos aullar, pero al mismo tiempo me decía: ¿habré gastado todas mis fuerzas para semejantes gilipollas? ¿Habré vivido para ellos? ¿Para esos miserables? ¿Para estúpidos tan exageradamente ordinarios? ¿Para esos Sócrates de alcantarilla? Y, al pensar en vosotros, sentía que flaqueaba mi voluntad, que se cansaba, se hartaba, y la ensoñación, nuestra hermosa ensoñación, al dejar de sostenerla mi voluntad, se ha desmoronado como una inmensa construcción cuyos pilares se han derrumbado".

" —¡Míralos, míralos a todos! Al menos la mitad de los que ves son feos. ¿También forma parte de los derechos humanos ser feo? ¿Sabes tú lo que significa cargar con tu fealdad toda la vida? Tampoco has elegido tu sexo. Ni el color de tus ojos. Ni tu siglo. Ni tu país. Ni tu madre. Nada de lo que realmente cuenta. Los derechos de los que puede disponer el ser humano sólo se refieren a nimiedades por las que carece de sentido luchar unos contra otros o escribir solemnes declaraciones".

"La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento. Está presente incluso cuando no se la quiere ver: en el horror, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Se necesita con frecuencia mucho valor para reconocerla en condiciones tan dramáticas y para llamarla por su nombre. Pero no se trata tan sólo de reconocerla, hay que amar la insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí en este parque, ante nosotros, mira, amigo mío, está presente con toda su evidencia, toda su inocencia, toda su belleza. Sí, su belleza. Como has dicho tú mismo: la animación es perfecta, y totalmente inútil, los niños que ríen, sin saber por qué, ¿acaso no es hermoso? Respira, D’Ardelo amigo mío, respira esta insignificancia que nos rodea, es la clave de la sabiduría, es la clave del buen humor".
Tenéis otras reseñas de este libro en los blogs de Juanjo, Bichejo, Carmen y Paula. Me parece que una vez más no va a haber unanimidad...



Fouché

"De repente, entró el vicio apoyado en la traición".
François-René de Chateaubriand. Memorias de Ultratumba.

Esta frase de Chateubriand ha pasado a la historia como la descripción de dos personajes que dominaron la política francesa durante cuarenta años: Tayllerand y Fouché.

Me he leído el libro de Zweig sobre Fouché y me ha gustado bastante. Es un poco rancio, como casi todos los libros de Zweig que parecen un poco apolillados, pero es muy interesante y ayuda a conocer un poco más a un personaje digno de biografías y de estudio.

Fouché fue un hombre hecho a sí mismo. De extracción humilde llegó a lo más alto, o casi, en uno de los momentos más convulsos de la historia de Francia. Pero eso no es lo más extraordinario. Lo extraordinario es cómo sobrevivió, cómo traicionó a todos y cómo todos lo necesitaron.

Fue sacerdote sin llegar a profesar los votos. Durante la revolución se puso del lado de la República y los Girondinos y posteriormente del Terror. Ordenó matanzas a cañonazos en Lyon. Consiguió que condenaran a Rosbespierre a la guillotina para librarse él de ella. Luego se volvió moderado denunciando los abusos (que él mismo había cometido). Fue ministro de Napoleón durante casi toda su carrera política y terminó como ministro del rey Luis XVIII, hermano del rey que mandó a la guillotina.

En fin, todo un currículum. Es un libro de tamaño medio (casi 300 páginas) que nos acerca a este personaje. Yo he aprendido y me he entretenido. Puede ser una buena lectura de verano por si estáis buscando algo para la playa.

Unos párrafos:
"Con la misma repugnancia vuelve a tomar Napoleón a su servicio a Fouché. Hace diez años que conoce a este carácter de reptil y sabe que no sirve a nadie en el fondo y que sólo se deja arrastrar por su pasión del juego político. Sabe que este hombre le verá caer con la más glacial indiferencia y le abandonará en el momento más peligroso, exactamente igual que abandonó a los girondinos, a los terroristas, a Robespierre y a los termidoristas; exactamente igual que abandonó y traiciono a Barras ‑su salvador‑, al Directorio, a la República y al Consulado. Pero le necesita, o cree necesitarle. Así como Napoleón fascina a Fouché con su genio, igualmente, reiteradamente, fascina Fouché a Napoleón con su actitud".

"Por desgracia, no es siempre la Historia, como nos la cuentan, historia del valor humano; es también historia de la cobardía humana. Y la política no es, como se quiere hacer creer a todo trance, guía de la opinión pública, sino inclinación humillante de los caudillos precisamente ante la instancia que ellos mismos han creado e influenciado. Así nacen siempre las guerras: de un juego con palabras peligrosas, de una superexcitación de las pasiones nacionales; y así también los crímenes políticos; ningún vicio y ninguna brutalidad en la tierra han vertido tanta sangre como la cobardía humana".

"Este aguardar en la oscuridad es la actitud de José Fouché durante toda su vida. No ser nunca el objeto visible del Poder y sujetarlo, sin embargo, por completo; tirar de todos los hilos eludiendo siempre la responsabilidad. Colocarse, parapetado, detrás de una figura principal, y empujarla hacia delante; y en cuanto esta avance excesivamente, en el instante decisivo, traicionarla de manera rotunda. Éste es su papel preferido. Lo interpreta como el más perfecto intrigante de la escena política, en veinte disfraces, en innumerables episodios bajo los republicanos, los reyes o los emperadores, siempre con el mismo virtuosismo".