Singapur


Durante el último año he estado varias veces en Singapur y creo que  no había hablado de ello por aquí. La verdad es que de la ciudad y de lo que se puede ver o hacer puedo hablar poco. Yo os puedo contar lo que hice yo y cómo es la gente con la que me relaciono a diario.

Cuando uno oye hablar de Singapur normalmente es en tono apreciativo. Se habla de su pujanza económica, de los rascacielos y casinos, de la mezcla de razas y culturas, de la tolerancia, también de sus estrictas normas urbanas...

Yo cuando hablo de Singapur hablo del proyecto en el que estamos involucrados, una línea de alta velocidad, y de los ingenieros con los que tratamos. Y ahí la foto no sale tan bonita.

Es cierto que hay diferencias culturales, incluso en la manera de expresar en inglés las cosas. Es fácil ver que no estructuramos las ideas de la misma manera. Eso es un problema inicial, pero con el tiempo se va soslayando y dejando atrás.

Lo que ya es más difícil de comprender es la absoluta falta de capacidades de gestión. Pocas veces he visto un proyecto de apariencia sencilla volverse el infierno en que se ha convertido. Y no será por falta de jefes y mánagers. De hecho creo que hay más jefes que indios y a lo mejor ese es uno de los problemas.

Otro de los problemas es que yo creo que no duermen nunca. Están trabajando a todas horas y recibes correos a horas intempestivas de su madrugada... 24/7. Es increíble. Y si eso fuera para hacer un proyecto extraordinario... pues lo entendería, pero es que todo ese esfuerzo va a arreglar lo que no han conseguido gestionando bien lo que se hace. Para mí es un esfuerzo baldío y evitable.

El proyecto se va a retrasar más de medio año y creo que se debe a estar mal llevado. Eso choca un poco con mi idea de que los países más fuertes económicamente es donde más productiva es la gente. No es el caso, al menos desde mi punto de vista. Claro, también me ha pasado algo parecido con los británicos. No sé dónde está la clave para triunfar como país.

Como ya digo, he paseado muy poco por la ciudad. He comido alguna de sus especialidades como el Chilli Crab o los satay. He visto el Marina Bay Sands y sus centros comerciales de lujo. He paseado por delante del hotel Raffles, he estado en el barrio chino... pero siempre a salto de mata.

Parece un sitio en el que se debe vivir bien si se tiene mucho dinero. Para ir a trabajar de manera intermitente no lo puedo recomendar mucho, aunque, por supuesto, es un sitio muy seguro y tranquilo, cerca del ecuador, con buena temperatura todo el año y muchos restaurantes, tiendas y servicios a tu disposición.

El horror

Quizás me lo tenga merecido. Creo que en el fondo sabía lo que iba a pasar, pero la verdad es que acabo de sufrir una experiencia al borde de la muerte. Bueno, exagero. Ha sido una experiencia al borde del horror.

Por retroceder un poco y poner algunos antecedentes yo me considero una persona interesada en un amplio espectro de temas. Me gusta leer cosas variadas. Igual disfruto una novela de Dickens, que un libro de Pinker, que un Mortadelo y Filemón o que una novela negra nórdica. Me gusta la música. Me gusta el rock, me gusta el pop, me gusta la música clásica, incluida la ópera, me gusta la copla, el flamenco, me gusta Maria Dolores Pradera. Incluso me gusta Julio Iglesias para desesperación de Anniehall.

También me gusta mucho el cine, me gusta mucho el cine clásico, pero también el moderno y no hago ascos a casi ningún género: el Oeste, cine negro, comedias, cine de acción, cine de suspense, thrillers... Incluso he visto películas de Van Damme y Dolf Lundgren en el cine. Todos tenemos un pasado.

Me encantan los museos. Ya sean arqueológicos, de pintura y escultura, de historia natural, de ciencia y tencnología... los de arte moderno no me emocionan. O sí que me emocionan, aunque normalmente para mal.

En fin, que creo que soy una persona con un cierto respeto por la manifestación cultural.

No he mencionado que también me gusta el teatro porque lo voy a enlazar con la siguiente parte.

Me gusta el teatro y dentro del teatro hay una persona que siempre que presenta una obra intento ir a verla. Es Albert Boadella. Habré visto más de diez obras suyas en teatro y muchas han sido momentos de absoluta felicidad. Me parece que tiene un don para el teatro. Para juntar la comedia con las ideas, con la reflexión sobre el absurdo del ser humano. Que recuerde, así mientras escribo, he visto Ubú President, la increíble historia del Dr. Floyd y Mr. Pla, el Nacional, Daaalí, la torna de la torna, la cena, Omena-G, Amadeu, memorias de un bufón... además me he leído un par de libros suyos y vi hace un par de años su montaje de la ópera Don Carlo de Verdi.

Puede decirse que soy un poco groupie. Un fan.

Así que cuando vi que en febrero estrenaba una ópera sobre Picasso me faltó tiempo para comprar la entrada. Eran sólo tres representaciones. Me compré las entradas hace seis meses a lo mejor... hace tiempo. La verdad es que dentro de mí sabía que estaba corriendo un riesgo tal vez innecesario. Pensar en una ópera con música actual es algo que normalmente haría rechinar algo en mí. Pero, bueno, era Boadella y costaba 17 euros. Así que...

Ayer fui a verla. La sala estaba llena. Era la sala grande de los teatros del Canal. Gente de bastante edad, as usual, y una cierta expectación. Yo estaba en la butaca 2 de la fila 5. A tres filas del foso de la orquesta. Una posición envidiable.

Se levantó el telón y... sólo aguanté un acto. En el primer descanso decidí irme. Pocas veces he visto una ofensa tan grande a la música y a la armonía que lo que pude presenciar. Sólo decir que después de tres cuartos de hora tenía dolor de cabeza. No sé cómo explicarlo. Los cantantes eran muy malos, la música era muy mala, la historia prometía, pero no compensaba el resto de horrores. Tengo que decir que la música no es de Boadella, sino de un señor llamado Juan J. Colomer al que no tengo el gusto de conocer ni había tenido el disgusto de escuchar hasta ayer.

Supongo que el mejor escribano echa un borrón, cuando vuelva a representar alguna obra iré a verla, aunque si es una ópera de nueva creación sería más de llevarme las manos a la cabeza y gritar: Manolete, si no sabes torear pa qué te metes!

¡¡El horror, el horror, el horror!!

De la vainilla

Pasta de vainilla 3,78 litros - Nielsen Massey

La vainilla se la trajo Cortés de México, no sé si lo sabéis. Los aztecas aromatizaban su bebida de cacao con ella. Que estas dos maravillas gastronómicas provengan del mismo pueblo me resulta curioso. Aunque más curioso todavía es cómo del fruto del cacao se obtiene el chocolate.

Pero volvamos a la vainilla. Es una subfamilia de plantas de la familia de las orquídeas. La única que se cultiva con otro fin que no sea ornamental, aunque al llegar a Europa su uso era fundamentalmente ornamental y como ambientador. Es muy difícil de cultivar con fines comerciales porque para conseguir vainilla de calidad hay que seguir un proceso lento y delicado y además la polinización natural es muy complicada, por lo que debe hacerse a mano. Eso la convierte en la segunda especia más cara después del azafrán, que también requiere de manos expertas.

Su cultivo en México, localizado fundamentalmente en el estado de Veracruz, se abandonó en favor de la extracción de petróleo. La vainilla considerada ahora la mejor del mundo es la denominada Bourbon. El nombre se debe a que se cultiva en Bourbon, Madagascar. No tiene nada que ver con cierta bebida espirituosa, Bourbon es el antiguo nombre de la isla de Reunión. Allí fue donde un esclavo encontró la manera de hacer la polinización manual de la que hablaba hace un momento. Esto hizo que Madagascar se pusiera a la cabeza del cultivo mundial de vainilla a mediados del siglo XIX.

La vainilla debe su nombre a que se trata de una vaina pequeña. Ni más ni menos. Dentro de la vaina se encuentran las semillas, de tamaño diminuto. Habitualmente se usa abriendo la vaina y extrayendo las semillas, que son las que contienen el mayor aroma. Las vainas, una vez vacías de semillas, se pueden usar para hacer infusiones o para aromatizar azúcar, por ejemplo.

Por supuesto, hay diferentes calidades de vainillas dentro de una misma variedad. Si alguna vez compráis vainas buscadlas brillantes, flexibles y gruesas. Eso es señal de que están cargadas de semillas y llenas de sabor. Si la vaina está seca no brillará y será rígida o quebradiza. No las compréis en este caso.

Las vainas no son la única forma en la que se encuentra la vainilla en las tiendas. El extracto de vainilla líquido es una forma muy cómoda de aromatizar la comida. También tenemos la vainilla en pasta, que es algo más espesa que el extracto y además contiene las semillas. También se comercializa en polvo seco o mezclada con azúcar en polvo.

Por desgracia, no todo lo que sabe a vainilla se hace con vainilla natural. Ya hemos dicho que es muy cara, así que la industria alimentaria ha buscado la forma de hacerse con un sustituto artificial y más barato, la vainillina. De hecho, la mayoría de los alimentos con sabor a vainilla en realidad llevan vainillina.

El problema es que cuando descubres la diferencia ya no hay vuelta atrás. Necesitas vainilla y la necesitas de verdad (en palabras de la gran Stephanie Jaworski ‘do not use the imitation ones’).

Cuando entré en el mundo de la reposterexia la única vainilla que había comprado era el bote que encuentras en el supermercado. Artificial, claro. Luego empecé a leer, a seguir a Stephanie y otro montón de gente. Y te crean necesidades. Y decides tirar el bote de extracto artificial y compras tímidamente un primer bote de extracto natural. Unos cien mililitros. Tus amigos que se van de viaje y saben de tu nueva necesidad vicio, te traen de Estados Unidos, que es más fácil de encontrar.

Luego se te acaban esos primeros botecillos y te pones a mirar. ¡Qué caro! Pues me va a salir más rentable comprar un bote más grande. Si, total, lo voy a gastar. Así que te pasas al tamaño... familiar. Casi un litro (la vainilla buena se vende en unidades imperiales). Y pasas varios años en la felicidad de la reposterexia y lo rentable que te sale el tamaño familiar hasta que un día vas a reponer y ¡¿pero qué invento es este?! ¿Me he confundido y estoy mirando oro fundido?

Y no, no te has confundido. Resulta que hay escasez mundial de vainilla. Parece que a una mala cosecha se ha unido que ciertos intermediarios están acaparando producción para aumentar el precio (o para blanquear dinero procedente del narcotráfico, según algunas fuentes).

Así que te ves desamparada, sin vainilla, ¿qué vas a hacer sin vainilla? Además ¡horror! ya no venden tu bote familiar. Buscas desesperadamente. El bote de cien mililitros está imposible. Sigues buscando. ¡Venden una botella de galón! ¡Qué barbaridad! ¿A quién en su sano juicio se le va a ocurrir meter un galón de vainilla en su casa? ¡Que un galón son casi cuatro litros!

Y entonces echas números, no puedes evitarlo. Coño ¡Cáspita! pues así no sale tan cara... O sea, está muy cara pero mucho menos que en esos ridículos botes de cien mililitros. Te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás cuando te descubres buscando sitio para guardar el bidón en la cocina.

Intentas refrenarte contándolo jocosamente en uno grupo de guasap. ¡Ponlo en el salón! te dice una. ¡Con unas velas! te dice otra. Sí, claro, y en un altarcito sobre un pañito de ganchillo. ¡Y lo adoramos todas las tardes!

No tengo más religión que la vainilla ni mayor fe que la mantequilla.

No tengo más religión que la vainilla ni mayor fe que la mantequilla.

No tengo más religión que la vainilla ni mayor fe que la mantequilla.

Total, que mucho jiji jaja pero caes. Y ahí lo tengo, un galón de vainilla junto al aceite de oliva. El fondo de despensa de cualquier hogar que se precie.

Si tenéis curiosidad, no, no pienso confesar el precio estratosférico que pagué por el galón. Eso sí, ahora mismo, unos dos meses después, está mucho (pero mucho) más caro todavía.

Así que loca, sí, pero contenta. Y ahorradora.

Desigualdad y distribución de la riqueza: Mitos y sofismas

"Donde el gobierno, en nombre de una distribución justa del ingreso, de evitar la explotación de los capitalistas y las desigualdades, se convierte en el propietario y planificador de la economía, además de perderse las libertades económicas y políticas, no hay progreso y los niveles de vida se estancan o se reducen".
Luis Pazos. Desigualdad y distribución de la riqueza.

Me he leído durante las vacaciones este libro muy cortito. Es un libro que defiende el liberalismo: libre mercado, seguridad jurídica y derecho de propiedad como claves de la creación de la riqueza. Nada nuevo.

Nada nuevo, pero aún así revolucionario en este mundo en el que proclamar estas ideas hace que te califiquen de facha o de algo peor. En el libro viene una cita de Axel Kaiser que dice que «hoy vivimos bajo una verdadera tiranía de la igualdad que nadie puede osar desafiar en sus fundamentos sin ser condenado como inmoral, egoísta o desalmado».

En fin, yo estoy dispuesto a cambiar de ideas. De hecho es lo que me ha pasado a lo largo de la vida y he llegado a las que tengo ahora. ¿Son definitivas? No, pero son las que me sirven para intentar mejorar el mundo en el que vivo y la vida que llevo en ese mundo. ¿Puedo estar equivocado? Sin duda.

En fin, este libro tiene poco que comentar. Es un pequeño tratado que compara el esquema capitalista y el socialista y da ejemplos de a lo que lleva uno u otro. Me ha parecido entretenido, aunque algo simple. Es más de divulgación que de teoría económica o política. Se lee muy rápido y está bien explicado en general.

Termino con algunos párrafos:
"La mayoría de las políticas «sociales» para reducir la pobreza y las desigualdades solo han servido para manipular a los pobres, ganarse su voto, desviar recursos fiscales en nombre de los que menos tienen y justificar el aumento de impuestos".

"Grecia es el país donde existe la mayor corrupción y derroche público en Europa. Ejemplo: en un hospital del Estado había en nómina 20 jardineros... sin tener jardín".

"Si bien en modelos macroeconómicos o econométricos teóricos pueden parecer ciertas las afirmaciones de los keynesianos, una realidad del tamaño de Europa, Asia e Iberoamérica muestra que aquellos países con mayor gasto público, déficit, deuda pública y mayores tasas de impuestos son los que tienen más problemas para superar el desempleo y alcanzar mayores crecimientos".

"En ningún país el aumento de impuestos, de gasto público, de déficit o de deuda pública ha disminuido la pobreza o el desempleo estructuralmente".

Montreal

Ha llegado el momento de hablar de otras cosas además de de libros. Como comentaba hace unos días voy a intentar volver a escribir en el blog de otras cosas. He decidido empezar por hablaros de Montreal.

Por motivos de trabajo he tenido que estar varias veces en esta ciudad en el último año. Creo que han sido cinco veces, pero puede que me haya olvidado de alguna. Además todas esas veces me ha tocado viajar en invierno.

El invierno de Montreal es cosa seria. Sobre todo si, como yo, vas sin estar preparado. La primera vez que fui me fui con mis botines de piel y tras un par de días ahí tuve que comprarme otro calzado porque la nieve y la sal se habían comido la piel. Tampoco iba con ropa térmica ni con abrigo adecuado. Es un problema cuando sólo vas ahí de visita y no quieres gastarte cientos de euros de tu bolsillo para estar en un sitio al que a lo mejor no vuelves.

En total he estado aproximadamente mes y medio en Montreal y he podido conocer un poco esta ciudad. Lo primero que tengo que decir es que me parece una ciudad muy bonita y con muchas cosas que ver y que hacer. Es cierto que está un poco ajada y que hay partes que parece que no se han renovado desde hace bastantes décadas como, por ejemplo, la red de túneles subterráneos. Pero, en general, es un sitio agradable y que merece la pena visitar. Bien pertrechado para el frío, claro.

Yo he llegado a estar por la calle a -25 grados y eso con pantalón de algodón, abrigo madrileño y calcetines no de lana es una sensación bastante desagradable. Yo he estado esquiando con ese frío o similar, pero, claro, estás preparado para eso y es distinto. También tengo que decir que te acostumbras. Bueno, que lo toleras. Y cuando hace menos frío (5 o 10 bajo cero) te parece que te sobra el gorro, los guantes y abrocharte. Eso es así.

El motivo por el que estoy yendo a Montreal es por una oferta de trenes. En caso de que ganemos puede que tenga que pasar mucho más tiempo allí. Cruzo los dedos.

También he aprovechado para visitar la ciudad de Quebec, una ciudad preciosa, pero en la que hacía un frío de morirse y terminé media tarde en un museo para estar calentito y conectado a la WiFi; he visto un partido de hockey sobre hielo de los Canadiens, el equipo de Montreal y el que más veces ha ganado la Stanley Cup; he visitado la Montreal de Leonard Cohen: he ido a su casa en el barrio portugués, a la casa dónde vivió cuando era un chaval, al parque dónde conoció al español que le enseñó a tocar la guitarra y a su tumba. También he visitado una exposición en el museo de arte moderno sobre Cohen. Eran una serie de trozos de vídeos, entrevistas, canciones en distintas salas. No sé qué parte tiene eso de arte aparte del que mostraban del señor Cohen, pero supongo que algo habrá en seleccionar en el catálogo y presentarlo de esa manera.

He estado también en el museo de bellas artes viendo una exposición sobre el Western que estaba bastante bien. Había trajes de indios de verdad, de vaqueros como Buffalo Bill, clips de películas, cuadros, objetos... muy recomendable.

También tengo que hablar de la parte que no me parece tan recomendable y tiene que ver con el nacionalismo quebequés, ese en el que se hacen mirar los independentistas catalanes. En general, si nos referimos a datos económicos, ese nacionalismo cerril ha empobrecido notablemente a Quebec y a Montreal. Montreal ha pasado de ser la ciudad más pujante de Canadá a perder mucha comba con Toronto. Las empresas que se fueron no han vuelto. Ninguno de los principales bancos son Quebequois...

Yo me alojaba en un hotel que tenía una placa a la entrada diciendo que era el primer rascacielos diseñado por un arquitecto quebequés francófono... ¿? Ese es el grado de locura. No es el primer rascacielos canadiense ni de Quebec. No es el primer rascacielos diseñado por un montrealés... es el primero diseñado por un arquitecto que hablaba francés... me parece un poco de locos.

En mi caso, todas las comunicaciones que recibíamos o teníamos que hacer eran en francés. Esto fue así hasta que el proyecto se complicó y de pronto todo el mundo sabía inglés. No tengo nada en contra del francés, pero si lo impones como requisito tienes que ser consecuente y saber que estás restringiendo las posibilidades de contar con buenos profesionales o que tendrás que alargar plazos para traducirlo todo.

Y para terminar con una nota positiva hablaré de la comida. La verdad es que se come muy bien. Hay un montón de restaurantes, platos locales, sitios para todos los gustos. Yo me quedo con el bocadillo montrealés que básicamente es carne ahumada en un pan de molde untado de mostaza. Impresionante:


También he desayunado un café del Starbucks de natillas que revivía a un muerto. Y eso por no hablar de todos los productos derivados del arce...

En fin, que si tenéis ocasión de visitar Montreal, hacedlo. No os arrepentiréis.