Vidas Para...lelos


Llevaba intentando callarme y al final no lo voy a conseguir. Quien me conoce ya estaba tirándome de la lengua para que escribiera algo al respecto y al final no me queda más remedio. Para ponernos en antecedentes os comento que hace ya algún tiempo yo escribí esto.

Ahora hay bastante marejada respecto a una exposición de uno organizada por el otro. Seguro que os imagináis quién es quién.

Así que sí, como homenaje a Christian voy a hacer las vidas paralelas cual Plutarco moderno entre estas dos cimas de la humanidad que son por un lado ese genio de la pintura, la ingeniería, la medicina, la botánica, la escultura, la poesía y el urbanismo y, por otro, Leonardo da Vinci.

Así podemos ver, por ejemplo, que ambos nacieron. Ese ya es un punto para trazar las vidas paralelas. A partir de ahí se me va haciendo más difícil, pero nadie dijo que machihembrar a estos dos hombres excelsos en una humilde entrada de bitácora fuera a ser sencillo.

Leo que da Vinci trabajó para Ludovico Sforza y para Francisco I, mientras que Gálvez dobló el videojuego Little big planet. Podéis pensar que son cosas distintas, pero de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades. Y la verdad es que Gálvez no trabajó para Sforza, pero se esfuerza, ni para Francisco I, pero sí que se cree que es el primero en ingenio y sabiduría.

Hay más similitudes. Por ejemplo, da Vinci fue ingeniero y Gálvez tiene mucho ingenio. Gálvez dijo que no hay que tener prejuicios e hizo que me leyera su libro, así que tiene labia. También en su faceta de ingeniero, y según wikipedia, Leonardo "desarrolló ideas muy adelantadas a su tiempo, tales como el helicóptero, el carro de combate, el submarino y el automóvil" y estoy seguro de que Christian se ha montado en alguno de ellos. Llamadlo destino.

También es sabido que Leonardo tocaba la lira y Christian toca el bajo. Vale, es cierto que no es el mismo Christian, pero es que ya decía un sabio que donde no hay mata, no hay patata y si queremos seguir en esta aventura de las vidas paralelas tenemos que ser un poco flexibles.

Una de las facetas más conocidas de Leonardo es la de inventor. Y de invents también sabe mucho el señor Gálvez. Sin ir más lejos se hace pasar por escritor para lo que hay que tener mucha invención, sin duda. Además ha prestado su apellido a grandes inventos como la pila galvánica.

Es también de destacar que una persona incapaz de terminar ni magisterio, ni filología inglesa, ni historia ahora "cure" exposiciones. Perdón por lo de curar, pero lo he leído en muchas noticias estas últimas semanas y ya os supongo curados de espanto.

Otra similitud que os puede parecer muy menor, pero que a mí me parece de gran importancia es que Francisco I alojó a Leonardo en su casa de infancia, el castillo de Clos-Lucé, y Christian actuó en la casa de los líos. ¡Decidme si eso no habla de destinos unidos en la urdimbre del universo!

Las similitudes no acaban aquí, hay más sorpresas. Da Vinci hizo estudios anatómicos de "vacas, pájaros, monos, osos y ranas, con el único fin de comparar la estructura anatómica de estos animales con la del hombre" y Gálvez fue periodista de Caiga quien Caiga que trataba de mostrar la anatomía de la actualidad, aunque no consta que entrevistara a ninguna vaca o mono. Supongo que por celos bien fundados a que escribieran mejor que él.

 Leonardo estudio la alquimia y en especial el oro y Christian tiene un TP de oro, otro paralelismo. Además el de Vinci profundizó en la anatomía y dedicó estudios a los piés y a las cabezas y nuestro presentador favorito protagonizó "Ni pies ni cabeza".

Leonardo, según nos informa wikipedia, "creó una academia que llevaba su nombre, en la que durante unos años enseñó sus conocimientos, anotando todas sus investigaciones en pequeños tratados" y, asombraos, Christian es "académico y miembro de la Academia de Televisión de las Ciencias y las Artes de Televisión" (sic). No juzguéis demasiado duramente al chaval, no es fácil estar en misa y repicando o ser académico y saber cuál es su nombre correcto.

He descubierto que Christian está interesado en exhumar a Leonardo y estudiar su ADN para encontrar el "gen de la genialidad". Yo propongo, no que inhumen, pero sí que analicen a Christian y que le saquen una muestra de ADN para buscar ese gen en él.

Voy a ir terminando porque esto se queda largo. Y voy a hacerlo con lo que espero sea un acicate para que nuestro Demóstenes de Móstoles siga la estela del maestro italiano. Es verdad, me diréis, que en el caso de estas grandes eminencias no se sabe quién es más digno de elogio y quién más maestro, tenéis razón, pero digamos que aunque solo sea por cronología Leonardo es el maestro de Christian.

Decía que el maestro italiano tiene catalogados más de 13000 páginas de textos, algunas de ellas indescifrables, sobre su conocimiento. El de Christian cabría en media cuartilla, pero aún es jóven y tiene tiempo de llegar a amasar esa cantidad de conocimientos, o, si no, esa cantidad de escritos.

Sólo le pido una cosa. Por favor, Christian, no los publiques. No nos lo merecemos.


El último caso de Philip Trent

Este es el último libro del año del Club de Lectura y, visto lo visto, es de lo mejor que hemos leído este año. No llega a la altura de Dickens, claro, pero es infinitamente mejor que el del latín o la serpiente de Essex. Para mí también es infinitamente mejor que el que nos leimos de Steinbeck, pero para gustos hay colores.

El libro empieza bien desde el prólogo, dado que es una carta a Chesterton de agradecimiento y le dedica el libro que dijo que iba a escribir después de que Chesterton escribiera el hombre que fue jueves. El hombre que fue jueves es un libro corto y maravilloso que aún recuerdo con mucho cariño.

El libro es un caso típico de novela de detectives en el que hay un caso extraño y un periódico se lo encarga a su mejor investigador: Philip Trent.

A partir de ahí tenemos una historia bastante ñoña, pero que admito que tiene más vueltas de las habituales para esa época de principios del siglo pasado.

Se lee bien, es entretenida y sirve para pasar el rato. A veces tiene algún golpe de humor algo inesperado y, aunque creo que no es un libro que recomendaría a alguien, tampoco dejaría de hacerlo.

También, que yo sepa, es el último caso de Philip Trent y el primero, porque no hay más libros de este investigador que sí que da el tipo para tener su pequeña saga.