Una 'rodríguez' de pacotilla

Como ‘rodríguez’ soy un desastre. Bueno, vale, también como muchas otras cosas, lo admito, pero ahora quiero hablar de ésta no de las otras. Estos días estoy sola en casa. Resulta que ND tiene muuuuchas más vacaciones que yo, así que se ha ido con los niños a casa de sus padres. Se supone que así le pueden echar una mano con los niños y a cambio yo me quedo sola en casa.

Cuando planeamos las vacaciones y ya sé que se va a plantear esta situación, que suele ser alguna semana del verano y algún día en Navidad (ya os digo que tiene muuuuchas más vacaciones que yo), se me parte el cerebro en dos. Por un lado me da pena quedarme sola y me siento culpable por abandonarlos. Por otro me emociono y me pongo a pensar en la cantidad de cosas que voy a poder hacer. Me pongo a pensar en cosas como dormir a pierna suelta toda la noche de un tirón y despertarme con el despertador (el de pilas); en poder llegar a casa cuando me dé la gana sin ir corriendo a todas partes porque tengo que recoger a los niños o llevarlos al médico; en comer tranquilamente sin requerimientos imperiosos para tomar la merienda o ver Caillou; en quedarme frita en el sofá sin una mano que me acaricie la cara en cuanto cierro los ojos; en quedar con esa gente a la que no veo nunca porque nuestros horarios no son compatibles o, por el contrario, en quedarme tooooda la tarde tirada en el sofá sin necesidad de levantarme para nada…

Supongo que habrá quien diga que soy una mala madre por anhelar estos pequeños placeres cotidianos pero, la verdad, esas madres me la soplan. Es que ese ‘quien’ de antes suelen ser madres súper intensas que parece que más que parir hijos se los han implantado y que no sólo no pueden estar sin ellos ni un minuto sino que además les parece fatal que tú sí te separes de ellos. Con que no digamos lo que piensan de que tú de vez en cuando incluso lo desees… Pero esa es otra historia que ya me he desviado del asunto. Yo iba a mis planes de ‘rodríguez’.

Mis planes iban en la línea de lo que os contaba arriba más o menos. Ayer fue mi primer día de ‘libertad’. Al llegar de casa de mis suegros sintiéndome súper culpable por haberme ido porque tenía que trabajar (sí, así soy) esto es lo que hice: paquetitos para congelar un lomo de cerdo entero, deshice la maleta, puse una lavadora, saqué el lavaplatos, me fui a comer con mis padres, fui a casa de mi hermano a devolverle una cosa, cambié un regalo de Navidad, hice la compra, volví a casa, quité la ropa seca del tendal, tendí la lavadora y puse una segunda, doblé la ropa seca, ordené el campo de minas que entre los cuatro habíamos hecho de la casa antes de irnos el miércoles, cené un poco, tendí la segunda lavadora. Y para esta tarde ya tengo mis planes: plancha, ir empezando con la maleta del miércoles, poner en orden los papeles del banco, de los coles… ¿A que justo esto es lo que os imagináis cuando alguien os dice que está de 'rodríguez'? Pues yo no. Yo me imaginaría alguien al que se le echa a perder el lomo que no se come en un mega bocadillo porque no lo guarda, ropa sucia tirada en la habitación entre la cama deshecha, el sofá y el salón llenos de migas, noches de farra con los amigos, siestas eternas en el sofá, ropa quedándose como el cartón porque nadie la ha recogido del tendal… Pero, qué queréis, yo nací gilipollas. O ‘cabalita’, que dice mi madre y queda mucho más fino. La única concesión que me he hecho es que sí, por fin, mañana tengo un plan para cenar con amigos. Me muero de ganas.

(Aunque también me muero de ganas de que llegue el miércoles y pirarme otra vez con mis niños, los pequeños y el ND, no creáis).

2 comentarios:

  1. Vaya, al final no hemos parado nada por Madrid y no hemos podido quedar. Una pena. Tengo ganas de probar un par de sitios con fama de buen Gintonic.

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  2. Pues recuérdalos para eso que parece que vamos a organizar después de Navidad. ¿Alguno cerca de Sagasta? Es que hoy tengo cena.

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