Contra toda esperanza


"Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.

Pero cuando a medias al hablar nos atrevemos
al montañés del Kremlin siempre mencionamos.

Sus dedos gordos parecen grasientos gusanos,
como pesas certeras las palabras de su boca caen.

Aletea de risa bajo sus bigotes de cucaracha
y relucen brillantes las cañas de sus botas.

Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea,
infrahombres con los que él se divierte y juega.

Uno silba, otro maúlla, otro gime,
sólo él parlotea y dictamina.

Forja ukase tras ukase como herraduras
a uno en la ingle golpea, a otro en la frente,
en el ojo, en la ceja.

Y cada ejecución es un bendito don 
que regocija en ancho pecho del Osseta."
Ósip Mandelstam. Poema sobre Stalin.

Hace mucho que me terminé de leer este libro y he ido dejando pasar la reseña pensando en dedicarle más tiempo que el habitual, pero, ya sabéis, la vida...

Este libro son las memorias de Nadiezhda Mandelstam, esposa de Ósip Mandelstam, poeta, comunista y, finalmente, escritor perseguido por el régimen que él había apoyado y que finalmente lo condenó y terminó muriendo en un campo de concentración en Vladivostok.

Es un libro muy, muy bueno y que está lleno de verdad. De lo que fue ese infierno para un buen número de personas. En este caso se centra en los Mandelstam y la gente que estaba a su alrededor como Ajmátova, Pasternak,  Tsvietáieva... incluso aparece Solzhenitsyn. No os digo más que me han entrado ganas de volver a hincarle el diente a Archipiélago Gulag... a ver si lo intento por tercera (y espero que última) vez.

Cada vez leo más de esta época de la URSS y cada vez leo menos de la segunda guerra mundial. No sé qué es exactamente lo que me hace leer y leer de esta época, pero me resulta especialmente espeluznante. Fue la realización en la tierra de la negación del hombre. Es lo más cerca que hemos estado de El Proceso de Kafka. Una sociedad en la que no se sabe si eres culpable o no, ni de qué delito, una sociedad de la que no puedes esperar justicia y que, a pesar de todo, duró durante décadas y décadas ante un pueblo aterrorizado, sumiso y lleno de miseria.

En este caso asistimos al sufrimiento de un poeta y de su mujer. Un poeta que no puede callar, que no puede dejar de crear aunque sabe que eso le va a llevar exactamente a dónde terminó: al Gulag. Y tiene miedo, y pasan penurias, e intentan luchar por su vida y atesoran momentos de felicidad con la convicción de que seguramente sean los últimos, de que su vida puede terminar en cualquier momento.

El libro está muy bien escrito. Nadiezhda no es solo la esposa de Mandelstam, sino una mujer con una gran cultura y con gran facilidad para expresar sus recuerdos, temores y análisis de las situaciones por las que pasaron. Una mujer con mucho coraje y que dedicó la vida a preservar las poesías de su marido que han llegado hasta la actualidad por su constancia y también gracias a una buena dosis de suerte.

Por ese poema con el que he comenzado la entrada ese hombre fue condenado a muerte. Fue un poema que nunca fue publicado, solo recitado. Y el poeta no pudo guardárselo, sentía esa necesidad de que era lo que tenía que hacer y lo dijo, lo recitó. De persona en persona fue viajando hasta que seguramente le llegó al propio Stalin. Y el poeta murió en un campo de concentración víctima de tifus y aún hoy no se sabe muy bien dónde ni dónde está enterrado.

De los muchos párrafos que me han gustado y de las muchísmas esquinitas que he doblado solamente os pongo esta cita:
"De los manuscritos de Mandelstam salvamos un pequeño número de borradores correspondientes a diversos periodos de su vida. A partir de entonces, jamás los guardamos en casa. Los llevé a Vorónezh en pequeños paquetes a fin de reconstruir los textos y confeccionar una lista completa de poesías no publicadas. Fue una labor que ambos hicimos poco a poco. Mandelstam cambió radicalmente de actitud ante los manuscritos y papeles; antes no quería saber nada de ellos y siempre se enfadaba conmigo cuando, en vez de romperlos, los depositaba en el baúl amarillo de mi madre, traído del extranjero. Después del registro comprendió que era más fácil conservar un manuscrito que a una persona y dejó de confiar en su memoria, que, como es sabido, desaparece al mismo tiempo que el ser humano. Algunos de esos manuscritos se han conservado hasta hoy, pero en su mayor parte se perdieron durante las dos detenciones. ¿Qué hacían en las profundidades de nuestros juzgados con los papeles que al principio llevaban en carteras y luego en sacos? Pero ¡a qué hacer conjeturas respecto a los papeles si no sabíamos lo que hacían con la gente! El hecho de que se hayan conservado testigos de aquella época y un puñado de manuscritos debe ser considerado como un milagro".
Creo que es un libro que hay que leer, pero también entiendo que precisamente por eso muy poca gente se lo leerá. Porque es incómodo, es escalofriante, te hace pensar y recordar de lo que ha sido capaz el ser humano. Y eso no gusta, claro.



6 comentarios:

  1. Francamente, no sé ni qué decir, excepto que es escalofriante, pero me quedo muy corta.

    Sí que me ha llamado la atención que en esa situación de lucha por la supervivencia, lucharan por salvar la poesía. Nada más y nada menos.

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  2. Sí, Loquemeahorro. Es sorprendente que en esa situación se piense en salvar los manuscritos en lugar de la vida, pero él ya se daba por muerto. Un libro duro y necesario.

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  3. Vale, Carmen. Que sepas que lo tengo por si quieres que te lo deje.

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    1. Subo a buscarlo, tenme preparada una tacita de chocolate. Empieza el frío.

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