Turno de noche

Llevaba años viéndola pasar por el trozo pequeño de acera que compartían, casi todos los días que llevaba en aquel turno de noche tan aburrido. En cualquier momento entre las siete y las siete y media.

A esa hora es fácil fijarse en alguien. Más temprano normalmente no pasa nadie y si pasan son ocasionales. Más tarde es imposible, la calle se pone en marcha, calle arriba van los niños al colegio y calle abajo la gente a sus trabajos. Mezclados unos con otros es difícil que alguien destaque todos los días como para fijarse en él.

La mayoría de los días la veía por la pantalla. De noche cerrada en pleno invierno, con algo más de luz en verano, con frío pelón y abrigo o sin mangas anticipándose de madrugada al calor del mediodía en verano. Cambios de ropa, de pelo, de figura, embarazos…

No sabía adónde iba ni de dónde venía. Si saldría del portal pegado al edificio donde tenía su puesto o de algún otro más arriba. Se imaginaba que de no muy lejos porque a veces pasaba por su acera poniéndose los guantes o abrochándose el abrigo. Claro que también podría haberse bajado del autobús en la parada que había casi enfrente.

A veces se la cruzaba de vuelta de la ronda de las siete, en ese mismo tramo que cubrían tanto las cámaras como su ronda. Esas veces, por la fuerza de la familiaridad que le daba llevarla viendo tantos días, tenía que contener un ‘buenos días’ al pasar a su lado. Del mismo modo que sentía algo parecido al alivio al volver a verla aparecer después de varios días sin coincidir.

Hoy se le había vuelto a escapar. Cuando la vio, al doblar la última esquina antes de volver a su puesto, ya había entrado en su zona de vigilancia. Otro día más sin saber de dónde demonios salía.

'El móvil... las llaves ¿las llaves?'... 'Joder, este bolso, no hay quien encuentre nada'... 'pues aquí no están'... 'menos mal que todavía estoy aquí'... 'abre, anda, que me he dejado las llaves'

La vio darse la vuelta y llamar ¡en el portal de al lado! Y allí se quedó, moviendo los brazos como si acabara de saltar del sofá para celebrar el gol decisivo de la liga. ¡El portal de al lado!

Una ráfaga de luces terminó de golpe con su celebración '¡eh! ¿qué haces así? ¿te ha dado un aire?' '¿qué pasa, tío? a ver si no traes mucha carga hoy, que no tengo la espalda para fiestas'. Pulsó el botón y entró mientras se abría el portón para dar paso a la furgoneta.

8 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho. Tienes un facilidad para la ficción de la que yo carezco.

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  2. Dos posts en todo este tiempo de cosas sacadas de lo cotidiano. No lo llamaría facilidad pero gracias.

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  3. A mí también me ha gustado...y además me has recordado que cuando iba al instituto, me entró un sábado un chico mayor que yo. Me dijo que me veía cada día cuando él iba a trabajar, y yo al instituto. Que era la última, y siempre iba corriendo y apurada. Que hacía mucho tiempo que se había fijado en mí....

    Mis amigas creían que era muy romántico...a mí cuando lo recuerdo me vuelve a recorrer un escalofrío por la columna...y no de placer!

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  4. Al principio pensaba en tu calle, luego me he dado cuenta de que era ficción. Muy chulo.

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  5. Bueno Tita, pero también un poquito halagador ¿no?

    Es ficción pero también mi calle.

    Gracias Tita, Sara, Bichejo.

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  6. Qué bonito!!
    A mi estos relatos me dan ganas de llorar. Que lo sepas....

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  7. Gracias. ¿De llorar de pena o de qué?

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