El viaje de Shackelton

"Elegí la vida por encima de la muerte para mí mismo y para mis amigos... Creo que está en nuestra naturaleza el deseo de explorar, de adentrarnos en lo desconocido. La única derrota verdadera sería la de no salir a explorar jamás".
Ernest Shackleton. Citado en el libro.


Me he leído este libro en un momentito. Es una especie de cómic, aunque más bien diría que es un libro ilustrado. No hay diálogos. Es una de las historias más impresionantes de supervivencia del siglo pasado. Su historia me la he leído varias veces en varios libros y sigue conmoviéndome. Además las fotos de la expedición polar son impresionantes.

Shackelton es uno de los mayores héroes polares. Al contrario que Scott fue un jefe responsable y a pesar de todas las penalidades que sufrieron no perdió ni a un solo hombre en su expedición.

Shackelton había participado en la expedición de Scott y estaba familiarizado con lo que era el polo y vivió de cerca el desastre de la expedición.

Una vez que se había conquistado el polo sur lo que quedaba era atravesar la Antártida de lado a lado y era lo que Shackelton intentó a borde del Endurance. El Endurance quedó atrapado en el hielo y la tripulación tuvo que abandonarlo meses después cuando finalmente se hundió.

Los hombres y los perros tuvieron que transportar todos los suministros y equipamiento durante varios meses hasta que llegaron al borde del hielo y tuvieron que sacrificar a los perros con los que habían convivido durante más de un año.

Ya en los botes llegaron a la isla Elefante donde esperaron a que llegara algún barco, pero pronto se dieron cuenta de que por allí no abundaban las rutas de balleneros o mercantes y decidieron que unos cuantos se meterían en un pequeño bote para navegar 1200 km hasta la isla de Georgia del Sur.

Llegaron 10 días después, pero al lado contrario de donde estaban las bases balleneras. Así que decidieron atravesar lo que hasta entonces se consideraba inexpugnable. Llegaron al puerto ballenero y volvieron a por todos los componentes de la expedición.

Todo esto lo cuenta este libro. Yo pensaba que era más bien un cómic de adultos, pero es esencialmente un libro para niños o jóvenes. Los dibujos son preciosos, así como de pinturas Alpino o Plastidecor. Además cuenta otra parte de la historia menos sabida que es la de la mitad de la expedición que fue por el lado contrario para aprovisionar a los de Shackelton en su intento de cruzar la Antártida.

Os pongo un vídeo trailer de esos que le gustan a Bichejo:


Un libro muy bonito e interesante. C ha decidido leérselo. A ver si es verdad y le pica el gusanillo de los libros de viajes y aventuras...


La sangre de los King

"—Vamos, siéntate, siéntate —suspiró su tío—. No te hagas el ofendido tan rápido, Jim. Si quieres continuar desempeñando un cargo público, tendrás que recordar dos cosas. La susceptibilidad es un lujo que nunca te puedes permitir; esa es la número uno. Segundo, nunca te harás popular diciéndole a un hombre algo que ya sabe y haciéndole preguntas que no puede contestar".
Jim Thompson. La sangre de los King.

Pues esta semana ha tocado leerme este libro de Jim Thompson. Creo que es el décimo que me leo. Y todos buenos. ¿Todos? Todos no. Una aldea poblada por irreducibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Efectivamente, todos menos el del club de lectura que todo malogra. Yo empiezo a pensar en una mano negra porque no es normal.

Este libro de Thompson me lo recomendó Loque a la que también le gustan los libros de Thompson (buen gusto, no se puede negar) y resulta que estaba desaparecido del mercado, descatalogado, pero justo este mes ha salido una reedición en serie negra y me lo he comprado.

Es una novela del Oeste. De esos tiempos del salvaje Oeste de las películas en los que los indios aún no han sido sometidos, en los que se viajaba en tren o en caballo y en los que la ley brilla por su ausencia. Son los tiempos de las grandes extensiones de tierra, de los revólveres y cuchillos.

Y en ese mundo se mueven como pez en el agua los King. Una familia para la que parece que las leyes no existen. O al menos si no son sus leyes. Hacen y deshacen a su antojo en Oklahoma. Y de repente aparece un hermano que ha estado alejado de la familia durante mucho tiempo. Su madre huyó de allí, aunque tampoco era un ejemplo de virtud, ni mucho menos.

En fin, tampoco cuento más. Es un libro que me ha recordado a los timadores. En este libro no hay nadie bueno. Todos intentan engañar a los demás y quedarse con todo y todos desconfían, y con razón, de todos los demás.

Es una muy buena novela. Es violenta y cruda y los personajes que aparecen son despreciables. Aún así los hay más despreciables que otros y vas tomando partido. Te atrapa y tienes que seguir leyendo. Además no es muy larga (224 páginas). Además aparece su propio padre como secundario, como ayudante del sheriff, y cuenta parte de su historia.

Algunos párrafos:

"—Recuerdo un caso suyo de hace años. Una fulana que hacía de bailarina estafó a un banco y se quedó prácticamente con todos sus activos. Bueno, todas las pruebas estaban en contra de ella; Temple prácticamente ni se molestó en elaborar una defensa. Pero naturalmente, no había tirado la toalla. Normalmente, esa mujer vestía para enseñar la zona norte y sur de su ombligo, pero Temple la hizo vestir con bonete y con un holgado vestido de matrona".

"Nunca le había importado mentir, y de hecho, prefería decir una mentira antes que la verdad, pues a la larga siempre era mucho más provechoso, e invariablemente más interesante".

"Le habló en español, como hacen todos los hombres sabios cuando tratan asuntos delicados y dolorosos".

"Critch se quedó mirando a la mujer. Ella le devolvió una mirada impasible, desdeñosa. Y entonces su expresión cambió, y enseguida volvió a cambiar. Y cambió y cambió y cambió, como si su propietaria pretendiera adaptarse y aclararse, encontrar alguna verdad con la que poder vivir. Y al final encontró solo lo que todos encuentran, lo único que hay, ya sea oro o metal de baja ley o escoria. Pero inevitablemente aceptable, en cualquier caso, porque es todo lo que hay y nada más".

Si os gusta la novela negra del oeste, ese amplio campo, seguramente os guste esta novela. Si no, pues, nada, otra vez será. A mí me ha parecido muy buena, aunque creo que no llega al nivel de 1280 almas o el asesino dentro de mí, pero casi.



Ideas oblea

A lo mejor me meto en un lío hablando de lo que voy a hablar. No es de obleas, nadie se mete en un lío por hablar de obleas. Es algo que gusta a todo el mundo, o a casi todo... porque siempre hay algún rarito por ahí.

No, de lo que quiero hablar es de ideas oblea. Es un término que se me ha ocurrido mientras reflexionaba sobre la actualidad y me deprimía con ella.

No sé si me creeréis, pero yo hace un par de meses no tenía ni idea de quién era Pablo Iglesias. Bueno, sabía quién era el original, el fundador del PSOE, pero no este individuo que nos asalta a todas horas desde todas partes y que parece que va a convertir si le dejamos a España en una nueva Venezuela.

Yo llamo ideas oblea a todas las que presentan estas gentes. Son aparentes, pero son casi transparentes y si las tocas, se rompen. Si intentas hacer algo práctico con ellas no aguantan el peso de la realidad. Incluso si simplemente intentas pensar en ellas pueden llegar a deshacerse. Por ejemplo, ayer alguien retuiteaba esta reflexión de Andrés Aberasturi sobre el ínclito Monedero, otro que tal baila. Parece ser que en alguno de estos programas disertaba sobre quién puede opinar o no del país que quieren tener. Según él, ya lo habrán adivinado, de política puede hablar él y la gente que ha estudiado para ello (politólogos, científicos sociales, filósofos) y la gente del pueblo que acude a sus círculos y asambleas. Nadie más. Bueno, de momento pueden opinar, pero su opinión no debe ser tenida en cuenta. Oblea.

Igual que el vídeo que me dió a conocer a P. Iglesias y que yo creía que era de broma:


Otra oblea.

También tenemos a Beatriz Talegón que tiene más obleas de las que parecen posibles. Incluso tenemos un duelo en la cumbre entre Bertín Osborne y Beatriz Montañez. Pura oblea:


El mundo está lleno de ideas oblea y parece que van a más. Entiendo que una sociedad que ve Hombres, mujeres, bíceps y berzas (como acertó muy bien Phaskyy a renombrarlo) tiene que tener su equivalente político. Lo que pasa es que yo creo que los políticos que teníamos (o que seguimos teniendo) ya estaban a un nivel bastante lamentable. No creía que hubiera demanda para lúmpenes políticos, pero se ve que sí.

Y lo peor de todo es que casi todos son profesores universitarios: Iglesias. Monedero, Junqueras... incluso Revilla! Ya sé que la Universidad no está en sus mejores momentos y que la genta más valiosa no se queda en ella, pero de que no se quede la más valiosa hasta que se quede esto... quiere decir que la cosa está muy malita porque es que esta gente no sabe ni hablar ni escribir.

En fin, tampoco quiero darle mucho más a la manivela, pero la verdad es que cuando creía que no podría deprimirme más. Cuando veo que nombran a Chuache embajador de Madrid o que destrozan desde dentro de su partido al que seguramente sea el único que vale algo... no sé. ¡Me dan ganas de comerme unas obleas!

The lost continent

"Estaba en una parte del mundo en la que podías conducir durante cientos de kilómetros sin encontrar la civilización, o al menos encontrarte a otra persona a la que no le gustara la música del acordeón".
Bill Bryson. The lost continent.

Empecé a leerme este libro en Nueva York. Lo tenía en el Kindle y lo leía cuando me levantaba por la mañana antes de que amaneciera Anniehall. Es lo bueno del libro con luz, que puedes leer a oscuras.

En este libro, Bryson recorre América siguiendo las huellas de los viajes de vacaciones que hizo con sus padres cuando era chaval. De esta manera recorre casi todo EE.UU. y nos va contando sus recuerdos de esos sitios y sus peripecias viajeras.

Es un libro que me ha gustado, pero me ha parecido inferior a otros suyos. Está menos cargado de humor y él aparece con un deje de superioridad sobre sus 'fellow americans' que no me ha gustado. Ese considerarse por encima de los demás no acaba de parecerme bien.

El libro está dividido en dos partes: la zona al este de Des Moines, Iowa; y la zona al oeste. El autor va recorriendo estado tras estado y llevándonos a sitios que visitó o que no pudo visitar porque su padre tenía dos máximas respecto a lo que debían visitar: que fuera educativo y, más importante, que fuera gratis.

Os he contado que a mí los libros de viajes me gustan muchísimo, así que por ese lado me tenía ganado. Por otra parte me ha parecido menos divertido que otros y además a la vez Anniehall se estaba leyendo 'I'm a stranger here myself' y se estaba muriendo de risa. Lo cual hacía que pensara que me había equivocado de libro.

Algunas de las visitas que hace (el libro está escrito en el 88) serán luego desarrolladas en otros. Por ejemplo, hay varias referencias a Henry Ford que luego aparecen más detalladas en el libro suyo que me leí hace unos meses. Aquí tenéis el recorrido que hace por si os interesa:


Me hubiera gustado que hubiera pasado más tiempo en Nueva York, por ejemplo. Pero en esos años por lo visto era una ciudad muy peligrosa y según cuenta él estuvo tentado de hacerse tarjetas de visita para ir repartiendo con la gente con la que se cruzaba por la calle en las que decía 'muchas gracias por no asesinarme'.

Para terminar os pongo algunos párrafos (la traducción es mía):

"Recuerdo un tramo largo y brillante en el que podía ver hasta un par de millas de carretera y al final había un pequeño punto marrón. Mientras me iba acercando vi a un señor sentado en una caja en su jardín, en alguna ciudad de seis casas con un nombre como Espita o Urinario, viéndome aproximarme con extraordinario interés. Me vió pasar rápidamente y por el espejo retrovisor pude verlo todavía mirándome mientras seguía mi camino hasta desaparecer en la calima. Todo el episodio debió durar unos cinco minutos. No me sorprendería si aún pensara en mí de vez en cuando".

"Fue todo muy triste pero debería haberlo sabido. Como siempre solía decirle a Thomas Wolfe, hay tres cosas que no puedes conseguir en la vida. No puedes vencer a la compañía telefónica, no puedes conseguir que un camarero te mire hasta que no quiera verte y no puedes volver de nuevo a casa".

"Por norma general no soy partidario de hacer cosas por principios  –es una clase de principio que tengo– pero tengo seis reglas respecto a restaurantes que intento cumplir. Son: Nunca comas en un restaurante que muestra fotografías de la comida que sirve (pero si lo haces, nunca te creas las fotografías). Nunca comas en un restaurante con papel aterciopelado en las paredes. Nunca comas en el restaurante de una bolera. Nunca comas en un restaurante en el que puedas oir lo que están diciendo en la cocina. Nunca comas en un restaurante en el que hay actuaciones en las que los artistas tienen en el nombre palabras como Hank, ritmo, trío, combo, Hawaianos, Polca. Nunca comas en un restaurante que tiene manchas de sangre en las paredes".

Un libro que está bien, nada que escriba este señor puede estar mal, pero que no es de lo mejor que ha escrito.



El Interior

"Cuando hablo de entelequia ―de la Argentina como una entelequia― estoy pensando el país como una fatalidad: suponiendo que un país es ese espacio geográfico que tantos millones de personas comparten por azar ―porque nacieron―, donde cada uno de ellos intentará sacar el mayor provecho posible de la situación ―o ni siquiera. Pero quizás habría que pensarlo como un principio activo: como reunión de voluntades. Quizá habría que definir un país ―¿una patria?― como el espacio geográfico cuyos habitantes comparten un proyecto: consideran que tienen intereses comunes cuyo logro y sostenimiento va a beneficiarlos a todos. Si es así, puedo recorrer cien mil kilómetros y no voy a encontrar un país Argentina.

La Argentina fue así, sin duda: eso es lo que fue. Eso ―mucho más que los Liebig, los ferrocarriles, puentes, ranchos― es lo que realmente ha caído en ruina".
Martín Caparrós. El Interior.

Durante estas vacaciones me he leído este libro que tenía aparcado desde hace un par de años. Es un libro que compré en un momento de irracionalidad compradora en una tienda online en Argentina y... tengo que tener más momentos de esos, sin duda.

Al final es el libro el que te elige a ti. Al menos algunas veces. Me puso ojitos desde la balda y me lo leí este verano. El libro es un viaje por el interior de Argentina. Martín Caparrós es porteño e indica como Buenos Aires y el Interior son dos mundos distintos y mútuamente enfrentados. De hecho una de las cosas que homogeiniza ese interior de desiertos, valles, salinas, junglas y pampas es su rencor o enfrentamiento o sentimiento de agravio constante frente a Buenos Aires.

A mí me encantan los libros de viajes, como ya sabéis, y este me ha parecido fantástico. Si la gente de Buenos Aires desconoce el interior de Argentina no os digo lo que lo desconozco yo. Me sonaban algunos nombres de ciudades (Rosario, Mendoza, Córdoba), pero no sabría ubicarlas en un mapa, la verdad.

El libro también es bastante triste porque describe un mundo de pobreza casi inconcebible en un país que nos lo pintan como desarrollado. El autor se embarca en un viaje en coche de miles de kilómetros a través de Argentina y habla con la gente y, sobre todo, escucha. Yo sé escuchar, creo; lo que me resultaría muy difícil es hacer que un desconocido empezara a soltar carrete. Y eso es lo que hace el señor Caparrós. Tira de la lengua intentando entender qué es el interior de su país y qué es ser argentino.

Está claro que aparece la corrupción, el enriquecimiento de unos pocos y la pobreza clientelista de otros muchos. Muestra la falta de emprendedores, la casi sistemática anulación de la iniciativa dejándolo todo al albur de los políticos populistas que aparecen como salvadores de su provincia y comprando los votos a cambio de promesas que saben que no van a cumplir.

Argentina es un país enorme (el octavo más grande del mundo entre la India y Kazajstán) y con mucha riqueza natural, pero lo que parecía que iba a ser un gran país está alejado de llegar a serlo.

Hay un discurso común a casi todos los testimonios recogidos en el libro que culpa de su situación a los políticos. Argentina es un gran país, no nos merecemos los políticos que tenemos, son ellos los que no nos representan porque los argentinos somos buena gente. Es cierto que tenemos que trampear, que hay que estar vivo y que defraudar no es algo tan grave... ¿no?

Supongo que os resultará familiar... la culpa es de los políticos, no nuestra. Nosotros somos los mejores. Si no fuera por otros...

En fin, he doblado un montón de esquinita. Algunas:

"La Obra está presidida, faltaba más, por el dios más común en estas tierras: en el medio del medio, alto sobre una loma, un Jesús Cristo de seis metros, los brazos bien abiertos, la túnica blanca, con su paño púrpura, los ojos muy celestes. Lo escoltan, a cada lado, seis apóstoles: tienen túnicas con pliegues, barbas negras y, cada uno, su cruz, espada, llave, libro, pájaro. Las esculturas están realizadas en el mejor estilo Enano de Jardín Tardío: los rasgos muy acentuados torpes, los colores rutilantes torpes, la composición ligeramente torpe".

"Detesto esa costumbre tan prudente: me subo al Erre, me abrocho el cinturón. Prevenir es un gesto complicado: suponer el desastre. Nada más lleno de futuro que atarse como quien acepta la posibilidad de que sea necesario. Ponerse el cinturón es apostar al futuro: al horror del futuro. Pero también es optimismo: el destino es cruel pero yo puedo pelear contra eso y, si acaso, ganarle. El optimismo perfecto sería no ponérselo; el pesimismo perfecto, no ponérselo. Ponérselo es entrar en un mundo mediatinta, suponer que todo puede ser una desgracia pero tiene una chance de pelear contra eso: hacer política, vivir".

"...aparecen en mi camino fábricas cerradas, vías muertas, pueblos abandonados: la tentación de compararla siempre con lo que fue ―o, peor: con lo que debería haber sido. Ése es, en verdad, el problema: la Argentina se jugó a una carta muy botona. La Argentina era la tierra de la gran promesa, el país del mañana: ahora, que el mañana ya llegó y es esto, es casi lógico comparar su realidad con aquella ilusión. Y es un engorro".

"...otro amigo dice que son unos truchos: que los tobas del pueblo son unos truchos que no mantienen sus costumbres:
―Se enganchan en cualquiera, escuchan cumbias, en cuanto pueden se compran celulares. Hacen todas cosas que no tienen nada que ver con sus tradiciones.
―¿Y vos vas a la iglesia todos los domingos y te casaste virgen y te ponés polainas y galera y te cuenta las noticias un trovador errante y hablás calabrés como tu abuela y viajás a caballo como tu bisabuelo?
Le pregunto sin gran curiosidad. Siempre me sorprende esta exigencia de que los indios persistan en todo lo que fueron, que se dediquen a la conservación. Siempre me sorprende que parezca de buen sentido progre humanitario conseguir que conserven: los indios solo son lo que deben ser si son como eran ―y los que se lo exigen suelen ser los que están, supuestamente, por el cambio.
Todos nos mezclamos; por suerte, todos nos mezclamos. Nuestras costumbres cambian, nuestras vidas. ¿Por qué eso que en los demás se llama cambio ―cuando no progreso― en los indios parece ser desastre?"

En fin, que un libro fantástico de un escritor muy bueno. Leedlo, os gustará.

What we see when we read

"Cuando aprehendemos el mundo (las partes que nos son intelegibles), lo hacemos tomando una parte cada vez. Estas piezas individuales del mundo son nuestras percepciones conscientes. No sabemos exactamente de qué están hechas estas percepciones aunque asumimos que nuestra experiencia del mundo es una mezcla de lo que ya estaba allí y de lo que añadimos nosotros mismos (nosotros, nuestros recuerdos, opiniones, tendencias y demás).

Los autores son conservadores de la experiencia. Ellos filtran el ruido del mundo y de él sacan la señal más limpia que pueden ―crean la narración a partir del desorden. Ellos nos administran esta narración en la forma de un libro, y nos guían, de una forma inefable, a través de la experiencia de la lectura. Y aún así no importa lo puro que sea el conjunto de datos que los autores dan a los lectores ―no importa lo diligentemente que estén prefiltrados y cuidadosamente reconstruidos― el cerebro de los lectores continuará trabajando como tiene prescrito: analizando, filtrando y ordenando. Nuestro cerebro tratará el libro como si fuera otra de las muchas señales sin filtrar que hay en el mundo. Esto es, el libro del autor, para los lectores, revierte en una especie de ruido. Cogemos todo lo que podemos del mundo del autor y mezclamos ese material con nuestro propio yo en el alambique de nuestras mentes lectoras combinándolos para transmutarlos en algo único. Yo sugeriría que es por eso por lo que leer funciona: leer es un reflejo del procedimiento por el cual nos familiarizamos con el mundo. No es que necesariamente las historias nos cuenten algo verdadero acerca del mundo (aunque pueden), sino más bien que el proceso de la lectura nos parece y es como la propia conciencia: imperfecto, parcial, difuso; co-creativo".
Peter Mendelsund. What we see when we read.

Una de mis escasas compras libreras en Nueva York ha sido este libro que me llamó la atención. Es un libro sobre el acto de leer, sobre cómo interactuamos con el libro, cómo es el proceso lector, cómo imaginamos a los personajes y cómo va cambiando nuestra percepción y retrato de los personajes a lo largo del libro.

Muy interesante, como podéis ver. Y todo esto lo hace en un libro que es una virguería de diseño gráfico. No en vano su autor, Peter Mendelsund, es diseñador gráfico y ha creado, según la contraportada, algunas de las portadas de libros más reconocibles de los últimos años (aquí tenéis algunas).

El libro es una especie de... no sé... cómic filosófico? No sé muy bien cómo definirlo. Pero es bastante impactante y me parece que el diseño ayuda muy bien a comprender y remarcar lo que escribe este señor.

He doblado esquinas como un loco. Yo os lo recomendaría a todos a los que os gusta la lectura y habéis estado en el hiperespacio. He estado buscando imágenes del libro para poneros alguna, pero la verdad es que google no es muy participativo...

He encontrado esta que es un retrato robot de Anna Karenina a partir de los datos que se pueden extraer del libro:


Y aquí otra con las anotaciones de Nabokov sobre la Metamorfosis de Kafka:


Yo os lo recomiendo mucho. A pesar de ser 400 páginas se lee en muy poco tiempo porque algunas solo tienen una línea o dos de texto o ni eso. Hace pensar, nos confronta con qué es de verdad lo que vemos cuando leemos. ¿Somos capaces de describir a quien decimos imaginarnos? ¿Tiene movimiento? ¿Tiene siempre la misma cara? ¿Cómo nos influye ver la película de un libro que hemos leído? Bueno, de todo eso y de mucho más se habla en este libro. ¡Corred a leerlo!



Las dos Españas... casposas

Hace tiempo, cuando trabajaba en el circo, había una canción que nos hacía reir bastante a P. y a mí. Era esta:


A partir del minuto 1:20 está su recitativo de María Manuela, ¿me escuchas? que si no habéis oído os recomiendo que escuchéis. Dice así:

María Manuela, ¿me escuchas?
Yo de vestíos no entiendo,
pero... ¿te gusta de veras
ese que te estás poniendo?
Tan fino, tan transparente,
tan escaso y tan ceñío,
que a lo mejor por la calle
te vas a morir de frío.
Te sienta que eres un cromo,
pero cámbiate de ropa,
si es un instante, lo justo
mientras me tomo esta copa.
Ponte el de cuello cerrao
que te está de maravilla
y que te llega dos cuartas
por bajo de la rodilla.
Cada vez que te lo pones
te encuentro tan elegante
que dentro de mí murmuran
los duendecillos de un cante.

Por cierto, he visto en el internet que todo lo sabe que la letra es de mi venerado Rafael de León, magnífico autor de letras de coplas.

Y el comienzo de María Manuela nos valía para cualquier otra cosa. María Manuela, ¿me escuchas? yo de trenes no entiendo pero ¿te gusta de veras este que estás midiendo? y cosas así. Bueno, que me disperso. De lo que nos reíamos era de esa España oscura y machista en la que el marido le dice a su mujer lo que tiene que ponerse mientras él se toma una copa. Una España que parece muy lejana, aunque tampoco lo es tanto. Yo me alegro de vivir en esta en vez de en la otra.

Bueno... en general sí que me alegro, pero durante estas vacaciones vi una cosa que ponen en la tele que se llama mujeres, hombres y viceversa o algo así y me quedé petrificado. El por qué lo vi... eso no viene a cuento, pero digamos que yo no tenía potestad para cambiar de canal y estaba leyendo un libro, pero de vez en cuando miraba. Es la chabacanería llevada a su máxima expresión. Por lo que pude entender parece ser que son chonis y chonos (o como se diga para los tíos) intentando buscar pareja o algo así. Y por lo visto la manera de conseguir pareja es enseñar más pierna y más escote, lucir mal gusto y escote (ah, que eso ya lo he dicho...) y... analfabetismo y orgullo por serlo. Os dejo un vídeo que he encontrado, no es el que vi, pero supongo que como muestra vale.

Y el caso es que esto me ha hecho reflexionar sobre qué es mejor... si la España rancia o la... España rancia y por lo que parece es que es algo de lo que no nos vamos a librar.

Ya lo decía don Antonio: "españolito que vienes al mundo te guarde dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón" . Yo lo que pediría es que no me lo helaran de vergüenza ajena, a ser posible...

Lugares donde se calma el dolor

«La vista de los lugares que sabemos que fueron frecuentados y habitados por personas cuya memoria es célebre nos conmueve de algún modo más que oír el relato de sus hazañas o leer sus escritos»
Montaigne, citado en el libro.

Este mes hemos cambiado de nuevo la manera de elegir el libro que nos leemos cada mes. Después de terminar votando y permitiendo todo tipo de componendas para que nadie esté en desacuerdo con el libro, habíamos terminado eligiendo libros que eran bastante flojos. Puestos a solucionar eso y aceptando el riesgo de que nuevamente se oyeran gritos de terror hemos decidido que cada uno elija el libro que le de la gana por turnos.

Este primer turno me ha correspondido a mí no sé muy bien por qué, para dar una especie de apariencia de que pinto algo o algo así. Y he elegido este libro de César Antonio Molina. Tenía hace tiempo en mi lista de libros que ardo en deseos de leer otro suyo que se llama donde la eternidad envejece, pero el que encontré en versión digital fue este. Ya leeré el otro por mi cuenta visto el poco éxito que he tenido.

Sé que a varios de los integrantes del club este libro les ha causado serios problemas y sopor interminable. He oído gritos y quejidos de incomprensión durante todo el mes. Y yo lo siento mucho. Pero a lo mejor vale para que el resto de miembros del club sepan lo que me pasa a mí cada mes con cada libro que leemos: ganas de dejarlo, pesadez absoluta, desgana e incomprensión sobre lo que los demás leían y disfrutaban y yo no.

El libro es una especie de diario o dietario sobre los viajes que hace el autor siguiendo los pasos de los escritores que admira. Visita los lugares donde vivieron, donde nacieron, donde escribieron sus obras... así vamos tras los pasos de Joyce, Kafka, Pushkin, Rilke, Ajmátova, Lampedusa, Zweig...

El libro es un despliegue de erudición impresionante. Te hace darte cuenta de que realmente ni has leído nada ni sabes nada de nada. La cantidad de citas, de menciones, de comentarios y de información es abrumador. He subrayado esto al respecto que me ha gustado: "Temo que vamos lenta e incruentamente hacia un mundo sin libros. Internet es una inmejorable disculpa para tanto iletrado resentido. Todo el saber universal está metido en la red, pero cada vez hay menos personas cultas. Y la cultura es la que trae la libertad individual. ¿Qué mundo nos aguarda? Yo, afortunadamente, ya no lo veré. No podría vivir sin el papel impreso". Abruma, pero aún así me ha encantado. Yo me siento identificado con el autor en esa mitomanía. Ya os he contado mis recorridos por los cementerios o por las ciudades a la búsqueda de algún autor. No llego ni de lejos a la compulsión de este señor al respecto, pero la comprendo perfectamente. Esa manera de querer ver los lugares que una persona que admiras vio y que describió. Ver los paisajes y las ciudades de tus héroes literarios... eso sí que es viajar dos veces. Primero cuando te leíste el libro y luego cuando te acercas al lugar en el que vivió y escribió esas páginas.

También entiendo que pueda aburrir. Si no te interesan esos escritores y si no tienes ese impulso 'groupie' lector te tiene que dejar bastante frío.

Además hay varios capítulos dedicados a Ajmátova, a Mandelstam y a Tsvietáieva, destrozados por la Rusia soviética, y de los que tengo varios libros pendientes (entre ellos este y este).

Os pongo algunos párrafos más del libro:

 "Para Marina Tsvietáieva el arte era siempre un fin en sí mismo, es decir, una pura ficción sin la cual no se puede vivir y de la cual no se es responsable. La ética del poeta no se encontraba en servir bien al poder, sino en hacer bien su obra incluso contra el poder. No por ir contra él, sino por no cumplir sus preceptos. La palabra poética iba dirigida hacia un más allá desconocido: «¿Qué podemos decir de Dios? Nada. ¿Qué podemos decir a Dios? Todo. Los versos dirigidos a Dios son la plegaria".

"Toda contemporaneidad en nuestros días es la coexistencia de los tiempos: del comienzo y del fin, un nudo vivo. Ser contemporáneo es crear el propio tiempo. La contemporaneidad en el arte es la influencia de los mejores sobre los mejores, es decir, lo contrario de la actualidad: influencia de los peores sobre los peores. ¿Quién de nosotros resultará ser nuestro contemporáneo? Algo que sólo puede ser constatado por el futuro y cierto sólo en el pasado. Los contemporáneos son siempre una minoría" (cita de Tsvietáieva).

"A Stefan Zweig le gustaba citar esta frase de su admirado maestro Montaigne: «Cuanto más voluntaria la muerte, más bella. La vida depende de la voluntad de otros; la muerte, de la nuestra». Pero su suicidio podría ser calificado, y así él lo comentó de otros, como «un morir de guerra». Las guerras no sólo traen consigo la muerte a los combatientes en los frentes de batalla. Otros muchos seres inocentes también la padecen, sufren y mueren en la retaguardia. Y quizá, en este sentido, la muerte de Stefan y Lotte fue también un producto de la guerra. Encerrados en sí mismos, sin aquella afluencia de cartas a la que él estaba acostumbrado, sin muchos amigos, sin personas con las que intercambiar ideas, sin los libros de su extraordinaria biblioteca, sin el público lector de su lengua, sin control sobre su obra, sin los conciertos y grabaciones para escuchar su música favorita, sin un periódico donde escribir habitualmente, sin poder concentrarse para ahondar en su obra, sin documentación para avanzar en otras biografías como la de Balzac, hablando y pensando en la lengua de los perseguidores y asesinos de millones de judíos europeos, a quienes trató de salvar convenciendo a las autoridades portuguesas para que los trasladaran a alguna región de sus posesiones africanas, o a las autoridades brasileñas para que les buscaran acomodo en este país del futuro".

"En Apamea, delante de la larga hilera de columnas estriadas que por la noche sólo sostienen a las estrellas, pienso que el tiempo sin principio ni fin es ahora. Y ya pasó".

Una cosa que me he preguntado mientras leía el libro es que de qué hablaría este señor en los consejos de ministros con José Blanco o Magdalena Álvarez y demás patulea con los que compartía consejo cada semana... no se me ocurre, la verdad. Supongo que daría los buenos días, porque parece educado, y poco más.

Pues lo dicho. Me ha encantado. Seguramente sea al único al que le haya encantado. Creo que a Juanjo le ha gustado y por lo que sé Carmen y Bichejo están horrorizadas. Podéis ver sus reseñas en sus blogs: Carmen, Bichejo, Juanjo y Paula. Y a lo mejor hay suerte y este mes escribimos algo en el blog del club de lectura.