Butcher's crossing

"—¡Jóvenes! —dijo McDonald con desdén—. Siempre pensáis que hay algo por descubrir. 
—Sí, señor —dijo Andrews. 
—Pues no hay nada, ¿entiendes? Naces, mamas mentiras, te crías en casa con mentiras, aprendes otro tipo de mentiras en la escuela. Toda una vida llena de mentiras, y luego, cuando ya vas a morir, tal vez te das cuenta de que no hay nada, nada salvo tú mismo y lo que podrías haber hecho. Pero, claro, no lo hiciste porque esas mentiras decían que había algo más. Y entonces te das cuenta de que podrías haber tenido el mundo entero, siendo el único que conoce el secreto… Pero ya es demasiado tarde. Te has vuelto viejo y no hay vuelta atrás".
John Williams. Butcher's Crossing.

Principio de mes y nos toca hablar de un libro del club de lectura. En esta ocasión hablaré de esta novela de John Williams, autor de otra que comenté en el blog llamada Stoner.

Ese libro trataba sobre un profesor en una universidad del medio oeste. Era un libro en el que no pasaba nada, pero en sí era una lectura agradecida. Como dije, no es un libro que te cambie la vida, pero tiene un pase. Si hablas de la vida de un profesor en Misuri no puedes esperar sorpresas, aventuras o vivencias extraordinarias. Es lo que tiene.

En cambio, este libro, que escribió antes que el anterior, nos presenta un escenario en el que la acción, la aventura y el descubrimiento de uno mismo tiene que ser el protagonista: es un libro que sucede en el Oeste. En el Oeste de las películas, en el Oeste del ferrocarril, de los búfalos, de los grandes paisajes, de los pueblos hechos con cuatro edificios de madera, el Oeste de la frontera.

Yo soy un gran fan de las películas del Oeste. Me gustan prácticamente todas. Las buenas y las malas. Hay algo en ellas que me atrae como una polilla a la luz. Esa lucha por hacerse valer, esa medida del deber, del dar la talla, de descubrir tus límites, de la amistad, del estar todo por hacer, pero que aunque no llegue la ley, sí que llega el deber... esos paisajes de Monument Valley, de las Rocosas, de las praderas con los bisontes, los indios. En fin, os podéis hacer una idea de que me gusta mucho. Este libro tenía todas las papeletas para gustarme y lo cogí con muchas ganas.

Es cierto que las ganas se me quitaron enseguida leyendo cosas como esta en la primera página:
"Cuatro mulos tiraban del carro por el desigual y ondulado camino que discurría en ligero descenso desde la pradera hacia Butcher’s Crossing; a medida que las pequeñas ruedas del carromato entraban y salían de las roderas dejadas por carros más pesados, la carga amarrada en el centro y protegida por una lona se iba moviendo, las cortinas laterales, subidas, golpeaban las varas de nogal que sostenían el techo de listones y lona, y el solitario pasajero sentado al fondo tenía que apuntalarse contra las delgadas tablas de los lados, con una mano apoyada en el duro banco forrado de cuero y la otra aferrada a uno de los lisos palos de nogal hincados en zócalos de hierro sujetos a las tablas laterales".
Ya me di cuenta de que no iba a ser un libro del Oeste en el que fuera a encontrar grandes emociones salvo que me fuera a golpear algún adjetivo de los que pululan por estas páginas muy a la manera de las manadas de bisontes del libro: libres y por miles.

Este libro llega (siempre según mi opinión, claro) a cotas de aburrimiento que no creí posible que se pudieran alcanzar. Ver las paredes lisas de mi casa ahora que no tenemos ningún cuadro puesto me produce más emoción que este libro. Y es que nunca creí que pudiera ser aburrido hablar de cazadores de bisontes, de heladas, de cruce de ríos indómitos, de quedarse aislado en la naturaleza, de un viaje de iniciación y de descubrimiento...

Al final lo peor no son los adjetivos que, gracias a Dios, hacen un efecto gaseosa que se va repitiendo de vez en cuando, pero que se mantiene en el límite de lo que es tolerable por mí. Lo peor (nunca te lo perdonaré, Carmena) es que estropea la aventura. Es que es como hacer que Río Rojo se convierta en la guía telefónica.

En la nota editorial nos dicen que "si hay un eslabón perdido, y ahora finalmente encontrado para el público español, que une a Melville con Cormac McCarthy, ese es John Williams". Mejor que siga perdido el eslabón, la verdad. ¡Qué atrevimiento! Comparar a este juntapalabras con Melville es como comparar a Bach con la música conceptual. O como ya comenté por aquí poner a Picasso en el museo del Prado. Es violencia gratuita. No se lo merecen. O a lo mejor si, pero salen perdiendo, sin duda.

En fin, mi opinión es solo una y si queréis otra más entusiasta y, ¿por qué no?, más acertada podeís leer las reseñas de MG, Paula, Carmen y Juanjo,

4 comentarios:

  1. Curiosamente hemos elegido el mismo párrafo del principio como ejemplo de lo plasta que es escribiendo. Llega un momento que no te enteras de lo que te está contando, porque aprovecha la frase para contarnos los materiales, los colores y detalles completamente irrelevantes.

    Y como tú, a mí me gusta mucho la épica del Oeste, que no he encontrado en este libro. Muy acertado lo del Rio Rojo y la guía telefónica, sí señor.

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  2. No ha sido una lectura muy buena, la verdad. Hay libros mucho más dañinos, pero este es bastante olvidarme.

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  3. Me produce un insano regocijo ver que volvéis a los "buenos" tiempos del Club de Lectura.

    Y estoy contigo en:

    a) Me gustan las películas del Oeste, pensaba que no hasta que me di cuenta de que muchas son reflejos de conflictos universales. Como "Colorado Jim" (vale, he picado muy alto), o Tierra generosa (vale, Tourner tampoco es bajar mucho el listón.

    El farragoso fragmento que nos muestras me recuerda a lo que, afortunadamente, no es, por ejemplo "Caravana de mujeres".

    b) Detesto a los autores que ponen más y más adjetivos, y sobre todo que no los ponen con ninguna finalidad. Pero esto también es bueno, ponerlos pero donde no hacen falta.

    Yo creo que piensan que si enumeraran las cosas que quieren decir,por ejemplo:

    "El banco de madera estaba forrado de piel, pero no por eso resultaba menos incómodo. La carga se balanceaba durante todo el viaje y las ruedas.."

    Si pusieran las cosas una detrás de otra, serían "poco" escritores, y deciden meterlo todo en una túrmix.

    c) Ah, Bach... ahora mismo estaba con él.
    https://www.youtube.com/watch?v=Kd9oOWpL0c4

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  4. Me alegra saber que te gustan las películas del Oeste. A mí me encantan. Este libro no es gran cosa, aunque hay a quien le ha gustado. De hecho a todos menos a Carmen y a mí.

    Me parece que hay mucha adjetivitis. Es cierto que los adjetivos son necesarios, por eso existen, pero soltarlos en parejas o en combinaciones... digamos líricas me pone de los nervios.

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