El libro de los vicios

Pues este ha sido el último libro de este año de penalidades del club de lectura. Y la verdad es que, para qué engañarnos... hace honor al resto y ha sido un petardo de libro cuya única virtud es que es corto.

Bueno, es corto en páginas, pero la verdad es que se estira como un chicle y no parece que uno avance en la lectura. Es un pan sin sal. Describe la vida de un intelectual, suponemos que él mismo, y de la gente que lo rodea a través de capítulos breves, cada uno de ellos dedicados a un vicio. O eso he entendido yo.

A lo mejor la idea está bien, pero desde luego que el desarrollo de la misma es bastante aburrido. Quizá con humor y mala leche el libro hubiera ganado mucho. Aunque no sé por qué me parece que el autor cree que es eso lo que ha escrito: un libro corrosivo. A lo mejor en Alemania es el no va más de la ironía y la mala leche, pero en España no pasa de un pobre (y aburrido) intento de un señor aburrido de contarnos sus aburridas experiencias.

He de decir que hubo un momento más o menos a mitad del libro en el que pensé que podía empezar a gustarme, pero solo duró un capítulo y es un momento en el que todos los amigos y personajes de la novela se juntan en una fiesta y de alguna manera le da algo de sentido a lo que hemos leído antes, pero no, luego no sigue por ahí y cada mochuelo vuelve a su olivo.

Hay algunos párrafos abracadabrantes como, por ejemplo, este: "Últimamente, dije yo, he reflexionado a menudo sobre la técnica, sobre cómo crea comunidades y reduce todo lo apartado y aislado del mundo, todo lo remoto y solitario, a la categoría de oscuro. Por su culpa, proseguí, la gente está permanentemente en contacto, siempre poniéndose al día sobre su estado de ánimo. A través de la técnica, todo se psicologiza. La técnica, añadí, facilita el terrorismo de la intimidad que nos acecha por todos lados: en el tren, todo el mundo se quita los zapatos, la gente practica el jogging por la calle, se han derribado hasta los últimos restos de la separación entre lo público y lo privado". Ahora resulta que la técnica hace que te quites los zapatos en el tren o que practiques jogging...

Otro: "a menudo he pensado que los padres que van a los cafés y bares con los hijos los llevan sólo para evitar que las demás personas se acerquen fumando unas a otras, ya que ellos, una vez extinguida la pasión, les envidian que, estando sin descendencia, se acerquen en efecto unas a otras, de modo que se dedican a convertir los bares, que antaño habían sido siempre lugares de secretos oscuros, ligoteos obscenos y frivolidades desatinadas, en parques infantiles". En fin, yo no quiero estar en un bar con gente fumando, pero de eso a llevar a mis hijos para que la gente no fume...

Nuevamente es fascinante leer las reseñas en algunos periódicos de este libro. Si queréis podéis leer alguna aquí, aquí y aquí. Ya veis que todo es fantástico, que es un escritor mordaz que pone de relieve las absurdas formas en las que se nos presenta la vida social y con una gran capacidad de observación y de crítica social. ¡Paparruchas! Este libro es un petardo en el que cualquier cosa que pasa es aburrida, empezando porque cada personaje tiene un nombre más largo que un día sin pan y que se repite hasta la extenuación. Si os adentráis en este libro frases como "mi amigo dedicado con éxito a algo relacionado con la cultura" o "la mujer que me conoce bien" se repetirán hasta la saciedad, hasta que ya pierden el sentido y lo único que quieres es que se acabe el libro.

Tendréis otras reseñas con más jugo en los blogs de Juanjo, Bichejo, Paula y Carmen. Y os recuerdo que podéis escuchar los podcast del programa en la página del club o en el lateral del blog.

1 comentario:

  1. Me siento tan cercana a ti que hasta te copio el comentario.

    Poco más, que es un rollo y que a otra cosa mariposa.

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