Sonata de otoño

"—¿Un cuento de quién? —Los cuentos nunca son de nadie".
Ramón María del Valle-Inclán. Sonata de otoño.

Me he leído este libro de Valle-Inclán. Tengo intención de leerme las cuatro sonatas y he empezado por la primera que escribió.

Es una novela muy corta y con un tono realmente musical. Nadie escribe como Valle-Inclán. Eso es un hecho. La cadencia de la escritura, las descripciones, los diálogos, las palabras precisas.

Tengo incluso que reconocer que si hay un escritor en que los adjetivos estén justificados es él. Realmente es leer una sonata, es musicalidad en estado puro. Es un edificio modernista literario. Impresionante.

Os recomiendo que lo leáis. Es muy corto y merece mucho la pena.

Por resumir el libro os diré que cuenta la visita del maqués de Bradomín a un antiguo amor que está a punto de morir en un palacio de Galicia. Un amor adúltero e imposible que se reaviva cuando ya no hay posibilidad de futuro.

Una vez dicho lo bueno tengo que decir también lo malo. Me compré una edición para Kindle en Amazon y es un desastre que está llena de errores tipográficos que no son de recibo. Una cosa es no quejarte de que un libro gratis y sin derechos de autor tenga errores y no esté revisado, pero uno por el que pagas debería estar al menos leído por alguien y corregido. Pero ya sabemos todos que eso no se estila.

Algún párrafo:
"Yo sentí, como un vuelo sombrío, pasar sobre mi alma la superstición, y tomé en silencio aquel manojo de yerbas mojadas por la lluvia. Las yerbas olorosas llenas de santidad, las que curan la saudade de las almas y los males de los rebaños, las que aumentan las virtudes familiares y las cosechas... ¡Qué poco tardaron en florecer sobre la sepultura de Concha en el verde y oloroso cementerio de San Clodio de Brandeso!"

"Ella recordaba las cosas más lejanas. Recordaba cuando éramos niños y saltábamos delante de las consolas para ver estremecerse los floreros cargados de rosas, y los fanales ornados con viejos ramajes áureos, y los candelabros de plata, y los daguerrotipos llenos de un misterio estelar. ¡Tiempos aquellos en que nuestras risas locas y felices habían turbado el noble recogimiento del Palacio, y se desvanecían por las claras y grandes antesalas, por los corredores oscuros, flanqueados con angostas ventanas de montante donde arrullaban las palomas!..."

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