El cero y el infinito

"En el Partido, la muerte no era un misterio, no tenía nada de romántica. Era una consecuencia lógica. Un factor con el que se contaba y que tenía un carácter más bien abstracto. Por otra parte, rara vez se hablaba de «muerte», y no se empleaba casi nunca la palabra «ejecución»; la expresión habitual era «liquidación física». Estas palabras no evocaban más que una sola idea concreta: el cese de toda actividad política. El acto de morir no era en sí más que un detalle técnico, sin ninguna pretensión de interesar. La muerte como factor en una ecuación lógica había perdido toda característica humana"
Arthur Koestler. El cero y el infinito.

Antes que nada permitidme, esforzados lectores, desaros un felicísimo 2014 lleno de alegrías y parabienes. Nosotros en el Club de Lectura hemos empezado muy bien con un libro que es serio candidato a premio Naranja 2014. Creo que nos ha gustado a todos y eso es algo digno de mención.

Para empezar, me lo compré en formato digital como parece que ya es una característica de mis lecturas de Koestler del que ya me leí sus memorias (aquí). No me ha importado en absoluto pagar los 7€ o así que me costó. Sabía que iba a ser un dinero bien invertido.

El libro cuenta a modo de novela un episodio de la URSS en tiempos de Stalin que fue el de las grandes purgas. Después de la Revolución, algunos líderes que habían traído el comunismo a Rusia y demás adláteres sobraban. Eran demasiado librepensadores y ya no estaban para aceptar las 'verdades' del partido. La descripción de Rubachof, el protagonista, me recordaba a Trotsky, aunque a Trotsky no lo encarcelaron como a Rubachof, lo asesinaron.

Y es que Rubachof es el símbolo de lo que le hizo perder a Koestler su fe en el comunismo cuando estuvo allí, en la URSS. Ese desencanto después de haber dado todo por el partido debió ser brutal, aunque las actitudes de Koestler y de Rubachof son distintas. Tampoco quiero desvelar mucho del libro así que lo dejo ahí.

Hay una parte que es realmente monstruosa que es cuando Rubachof es interrogado por su antiguo camarada Ivanof que quiere hacerle ver lo necesario de su caída y que el propio Rubachof tiene que estar convencido de que no hay otra posibilidad más que el que él llegue a ese convencimiento y debe autoinculparse. A mí me produjo más escalofríos que cuando le interroga Gletkin que es el comisario de la nueva ola. Esa discusión bastante terrible sobre qué es más importante si la verdad o la dignidad o el triunfo de la Revolución o qué es más importante si unos miles de vidas inocentes o esa victoria... puff, estremece incluso recordarlo mientras escribo la reseña...

De todas formas, también tengo que decir que a mí últimamente me gusta más la realidad que la ficción. Y, aunque este libro cuente una ficción tejida de hechos reales, prefiero conocer la realidad desde un punto de vista más... ¿real? No sé si esa sería la palabra correcta, pero me vale. Prefiero las memorias de Koestler a este libro, siendo ambos magníficos. Yo os recomiendo que si tenéis ocasión le hinquéis el diente a algún libro de este señor. Y ya tengo en el punto de mira una biografía que se llama Koestler, the indispensable intellectual que quiero leerme (de hecho ya me la he comprado... no me dejéis solo con Amazon!).

Unos párrafos de los muchos que he subrayado:

"Era una cuestión de pura etiqueta: un ritual bizantino que provenía de la necesidad de hacer penetrar cada frase en la masa por medio de la vulgarización y la incesante repetición; lo que se presentaba como bueno debía brillar como el oro, lo que se presentaba como malo debía ser negro como el ébano, las declaraciones políticas debían parecer coloreadas como los muñecos de caramelo de las ferias".

"Le quedaba por descubrir que la impotencia posee tantos grados como el poder; que la derrota puede ser tan vertiginosa como la victoria, y que sus profundidades son un abismo sin fondo. Y, paso a paso, Gletkin le obligaba a descender por esta escala".

"Dicen que el Número I tiene siempre a la cabecera de su cama el Príncipe de Maquiavelo. Hace bien: después de esto no se ha dicho nada importante sobre las reglas de ética política. Nosotros hemos sido los primeros en reemplazar la ética liberal del siglo XIX, basada en el juego limpio, por la ética revolucionaria del siglo XX. Y en esto también nosotros tuvimos razón; una revolución llevada según las reglas del juego de críquet sería un absurdo. La política puede ser relativamente honesta en los momentos en que la Historia camina con paso tranquilo; en sus tormentas críticas, la única regla posible es el viejo adagio según el cual el fin justifica los medios. Nosotros hemos introducido el neomaquiavelismo en este país; los otros, las dictaduras contrarrevolucionarias, nos han imitado torpemente. Nosotros hemos sido neomaquiavélicos en nombre de la razón universal: ésta era nuestra grandeza; los otros lo son en nombre de un romanticismo nacional; éste es su anacronismo. Por esto, a fin de cuentas, la Historia nos dará la absolución a nosotros, no a ellos…"

Termino con algo que no acabo de entender y es que el título en inglés es Darkness at Noon que no entiendo cómo se ha traducido como El cero y el infinito. Cosas. En fin, un libro muy bueno del que podéis encontrar reseñas mucho más interesantes que esta en las bitácoras de esta nave de locos que conformamos, además del que os escribe, Juanjo, Bichejo, Carmen y Livia.



14 comentarios:

  1. No te dejaremos solo!

    Hay un pasaje, cuando cuenta cómo matan a unos que proponen un cultivo, o una forma determinada de cultivar, y Stalin tiene otra idea, y cómo los mata a todos. Si el líder tenía razón, entonces 35 muertos no serán nada importantes. Un sistema que acaba llevando al error, pero el error no se ve, porque nunca se lleva a cabo más que una alternativa, que luego se cuenta como mejor le interese al líder.

    Lo peor de esto es que fue real. Uf.

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  2. Premio Naranja, sin duda, XD
    Lo voy a decir mucho hoy: lo que de verdad da miedo de esto es que aunque sea ficción pudo ser real, para alguien fue real seguro... y para colmo la Historia (perdonadme la maldad de hablar de la Historia con mayúsculas, esa asesina malvada) ha condenado, aunque no lo suficiente, a Stalin, porque es sin duda el peor... pero los siguientes también hicieron sus purgas

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  3. Bueno, a Stalin no se le condena por sus purgas políticas, que también, sino por los millones de muertos a sus espaldas. Las hambrunas provocadas en Ucrania, las deportaciones a Siberia, la eliminación de etnias enteras y el traslado de millones de personas dentro de la URSS. Dentro de todo esto las purgas políticas son poco menos que el topping de la crueldad.

    Y Koestler hace este libro a partir de su visita a la URSS y de las experiencias de sus amigos. En las memorias aparece un amigo suyo alemán, creo, al que le pasan muchas cosas de las que aparecen en el libro.

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    1. se le condena, sí, con un PERO, siempre hay un p*** pero Y, sólo se le condena a él, aunque todos hicieron purgas; pareciera que la URSS sólo fue un estado totalitario con Stalin
      y aquí también le doy sutilmente al seguimiento ;P

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    2. Bueno, la ley del embudo hace que haya gente que justifique lo injustificable. Eso siempre es así. La historia de Rusia desde la primera guerra mundial y la revolución es una historia de matanzas, hambre y violencia.

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  4. Carmen, a mí lo más terrible me parece esa justificación del es necesario y la Historia nos perdonará.

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  5. La verdad es que leerlo da escalofríos, sobre todo porque sabemos que es una ficción muy real. Pero si nos ponemos a pensar en términos históricos, la única diferencia que encuentro es que los crímenes del comunismo nos resultan cercanos y podemos casi escuchar los gritos de horror de los que los sufrieron. Porque ser un héroe o un villano sólo depende del paso del tiempo y de qué parte estabas.

    Por ejemplo, veneramos a Julio César que cometió un genocidio mucho peor que cualquier otro de nuestros días en la Galia, lo mismo podemos decir de Alejandro Magno, y sin ir más lejos de la tan aclamada democracia ateniense, a la que no le temblaba el pulso ante cualquiera que no quisiera aceptar sus tratados comerciales, si no que se lo pregunten a los habitantes de Potidea que fueron aniquilados en su totalidad.

    Volviendo al libro y a Koestler, tengo que decir que ha sido todo un descubrimiento y que esas memorias me llaman desde lejos. A ver si a lo largo del año me las leo.

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  6. Tienes razón, Juanjo. Yo la diferencia la pondría en la comparación no con otra época, sino con otros países en la misma época.

    Barbaridades ha habido muchas. Lo que diferencia a estas es la escala, hay muchos más millones de afectados, y la sensibilidad, la percepción del salvajismo es diferente parala gente del s XX que para los de Grecia.

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    1. El tema de los millones de afectados es relativo, te copio esto de la wikipedia que coincide con lo que he leído:
      "De acuerdo con Plutarco, la guerra se cerró con un balance de 800 ciudades tomadas (como la de Avarico, en la cual, de los 40.000 defensores, solo quedaron 800), 300 tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla. Plinio habla de 1.192.000 muertos y más o menos los mismos prisioneros y Veleyo Patérculo dice que murieron 400.000 galos y muchos más fueron tomados prisioneros, aunque las cifras de los antiguos historiadores deben tomarse con mucha precaución, incluidas las del propio Julio César"

      Si tenemos en cuenta que la población de la Galia por entonces rondaba los seis millones de personas creo que estamos hablando de algo comparable a cualquier guerra moderna. Y la guerra del Peloponeso es el símil de la época a una guerra mundial, si te interesa tengo el libro de Donald Kagan que es una maravilla, a ti me atrevo a hacerte la propuesta :)

      Y a todos nos parecen unos seres maravillosos Pericles y Julio César, cuando eran unos cabrones con pintas y muy buen departamento de prensa.

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    2. Si es lo que digo. Hay un factor de escala. Solo las hambrunas de Ucrania se llevaron a 4 millones y en esa zona murieron durante diez años unos 8 millones. Quizá en proporción fueron menos, pero también nuestra sensibilidad es mayor. La empatía es mayor que en otros tiempos en los que con sobrevivir tú y tu familia ya era bastante.

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  7. A mí me hace plantearme leerme las memorias de Koestler, que me parece algo que era impensable hace un par de meses. Y me gusta eso de que un libro te lleve a otro y a otro...

    Creo que la parte de la Historia nos perdonará la hemos señalado todos. Yo recuerdo haberla marcado.

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  8. Pues cuando queráis... creo que están en la carpeta...

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  9. Sí que empezáis fuertes el año, digo de ánimo sobre todo porque yo no me veo con cuerpo para cosas tan fuertes, sobre todo sabiendo que son reales.

    La discusión con su antiguo camarada me ha recordado un poco a "Los justos" una obra de Camus que ensayamos (sin llegar a estrenar) en el instituto, donde unos terroristas (rusos también) de la última época zarista se plantea cosas como si deben abortar un atentado porque saben que dos niños van a viajar en el coche de caballos que piensan saltar por los aires.

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  10. Juanjo hizo una comparación en el blog del club de lectura entre los justos y Doña Perfecta sobre la razón y la superioridad de "los buenos" que te recomiendo que leas, Loquemeahorro. Este libro es muy bueno, pero es cierto que es duro y hay que tener el estado de ánimo adecuado.

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