La comida por aquí

Otra de las diferencias entre España y Canadá es la comida. Bueno, eso es verdad entre cualquier par de países que se comparen. Pero como estoy por aquí, pues me parece que viene al caso.

Lo primero que se puede pensar es que la comida en Canadá es muy parecida a la de Estados Unidos. Y es verdad. Toda cadena de Estados Unidos que os podáis imaginar está implantada en Canadá. Desde cualquier fast food hasta Red Lobster o Steak houses.

En los supermercados hay en general bastante menos surtido de productos frescos que en España. De momento sólo he visto una pescadería en un supermercado y básicamente lo que tenían era salmón y mariscos, aunque también había algún filete de lubina. El que sea fresco ya es mucho y por lo menos está como opción. Tengo que enterarme a ver si en algún barrio de emigrantes hay alguna pescadería más parecida a lo que estamos acostumbrados. He visto algún sitio por internet, pero hasta que no se pueda ir y verlo in situ, no me fío.

Los supermercados también están llenos de comida procesada y de tamaños gigantescos. Una de las cosas que estoy intentando encontrar es arroz. Un arroz que no sea asiático de grano largo o de sushi. Y está siendo muy difícil. Hay muchísimos tipos de arroz asiático y a lo mejor alguno podría servir, pero los venden en paquetes de 2 a 10 kilos. He pedido online un kilo de arborio italiano que creo que me podrá servir para empezar a probar. En general no hay productos españoles como tal y hay que buscar otras culturas que usen productos parecidos. El aceite español es difícil de encontrar. Me ha dicho el Dr Fiestas que en el CostCo lo tienen, pero de momento para ir necesito coche. Los hay italianos, griegos, tunecinos... caros, pero al menos los hay. Respecto a embutidos y jamones lo único similar son los productos italianos. Sirven para quitar el mono de jamón malo o de salchichón. Es posible pedir en Amazon jamón ibérico, aunque a unos precios... También en la parte árabe se pueden encontrar cosas como pipas de girasol o calabaza. Hay cosas, como chorizo para cocinar, que parecen imposibles de encontrar. Al menos de momento.

Los canadienses también tienen sus propias cosas. De momento lo que más conozco es lo de Montreal, que es a dónde he estado viajando durante tres años. La Poutine, que son patatas fritas con queso, salsa de carne y lo que te apetezca es algo que es casi el plato típico de Quebec y aquí en Ontario también está en todas partes. A mí no me entusiasma, pero hay algunas que están muy buenas.

Un plato que es un monumento es el sándwich montrealés, como el de la foto. Es un bocadillo con carne y mostaza que a mí me encanta. La carne ahumada, en general, es algo que se estila bastante por estas partes. Todo lo cárnico en general está bastante bueno y no es excesivamente caro comparado con otras cosas.

En cuanto a carne, hay una cosa que también es diferente y son las hamburguesas. No es que sean diferentes per sé, es carne en un bollo igual que en todas partes. Lo que es diferente es que por ley tienen que estar por lo menos hechas al punto. No se pueden servir poco hechas.

También hay salmón del pacífico, que es más rojo que el del atlántico y que es bastante caro. He comprado un paquete a ver qué tal...

En cuanto a queso, todo lo que he visto son quesos industriales, salvo los de importación en alguna tienda gourmet en los que se pueden encontrar quesos franceses e italianos. He visto en alguna parte manchego a unos precios que asustan, pero que entiendo que es normal, poco mercado y mucha distancia.

Mi objetivo es conseguir productos que me permitan hacer platos parecidos a los que hacía en España con un toque canadiense: cocido, alubias o lentejas... no todo va a ser carne y precocinados...

Ya os contaré cómo me va...



Los electrodomésticos americanos

Pues aquí estoy otro día de cuarentena para contaros las cosas que me van pasando. Pasando, pasando... pasa poco, porque estoy encerrado en cuarentena. Espero que mañana ya pueda salir, pero de momento sigo aquí y he decidido hablaros de algo apasionante como son los electrodomésticos. No es algo nuevo en el blog, ya os hablé de las certificaciones energéticas que, por cierto, han cambiado recientemente. En fin, el caso es que en mi confinamiento he tenido que relacionarme con nuevos electrodomésticos y no es una relación fácil, os lo aseguro.

Podemos empezar, si queréis, con el de la foto. Parece salido de una pesadilla de robots del futuro tipo Futurama, pero es el combo de lavadora y secadora que tengo que utilizar. Por el aspecto parece la lavadora que tenía mi abuela hace nmil años y que me fascinaba porque se cargaba por arriba en vez de por el frontal. El piso en el que estoy es bastante moderno y yo no sé si este mamotreto lo trajeron de segunda mano o es que los venden así. Aquí lo de lavadora y secadora es lo que hay. Entiendo que además con el frío que hará en invierno no tiene mucho sentido tender la ropa para que se te criogenice.

Lo que me perturba bastante es que está en un armario sin ninguna pared o puerta más que la corredera que lo tapa que lo separe del salón. Y hace un ruido terrible, tanto la lavadora como la secadora. Nosotros tenemos en Madrid una lavadora que es bastante silenciosa, igual que el lavavajillas. Y además tenemos una puerta en la cocina, que esa es otra.

El open concept que se lleva aquí es demencial. Al menos en este apartamento. He podido descubrir que aquí la gente no debe cocinar nunca y por eso quieren el open concept, para tener más espacio para cuando vienen sus invitados, como dicen siempre en los programas de Divinity. Tienen electrodomésticos gigantescos que luego parece que no usan. En este apartamento en el que estoy lo único que he encontrado en los cajones es: cuatro platos llanos, cuatro platos mini (supongo que de postre), cuatro cuencos también pequeños, cubiertos escasos, un colador, un cuenco, una base metálica para meter pizzas al horno, una kettle para cocer agua y una especie de crockpot.

Con ese material, ¿para qué quieres una cocina? Puedo entender que necesites un frigorífico grande para meterlo todo, pero los fuegos, ¿para qué? Además, según las normas del apartamento, cada vez que uso la cocina tengo que tener la campana dos horas puesta. Dos horas zumbando, sin puerta, sin pared y a tres metros del sofá o a dos de donde trabajo. ¿Really, George?

Eso no es óbice para que la cocina estuviera sucia. Mi primera impresión es que por aquí no son muy limpios. Esa es una impresión bastante general cuando se sale de España, la verdad. Ellos pensarán que somos exagerados, pero pasar el estropajo por la cocina y que salga negro me parece de ser muy cerdos.

Volviendo a la secadora, yo nunca había usado ninguna hasta ahora y le veo muchas ventajas, sin duda, pero tiene un gran inconveniente: la electricidad estática. La ropa que sale de la secadora está completamente electrificada. Bueno, como casi todo en este país que es adicto a la moqueta. Pero incluso sin moqueta la ropa sale toda arrebujada y pegándose una a otra. Especialmente si no todo es algodón, como es el caso. Las sábanas que tengo en mi cama son 100% poliéster. No un 20 o un 30, no, 100%. La electricidad estática que sale cuando saco la ropa podría cargar varias baterías.

De la aspiradora no voy a hablar, pero para muestra tenéis la foto de la derecha. Parece una de esas aspiradoras de coche que se pusieron de moda hace veinte años a la que le han puesto un mango. Es una cosa rídícula. Es cierto que el apartamento es pequeño, pero es que creo que ni voy a intentar usarla. Uno tiene su dignidad. De momento uso la escoba y el recogedor. Ahí también hay otra, El palo de la escoba está torcido para un lado. Entiendo que será algo de la teletienda o algo así para que te imagines que no te va a dar dolor de espalda o algo así. Mirad, he buscado en internet y he encontrado algo parecido, aunque la mía no es que tenga las cerdas asimétricas, sino que el mango está inclinado.

En fin, que ya veis que la cuarentena me está afectando y entro en zonas oscuras de las que conviene salir lo antes posible, A ver si ya me dejan salir y por lo menos puedo salir a pasear por la calle e ir viendo un poco los alrededores de la que va a ser mi ciudad para los próximos años. Tampoco hay mucho que hacer porque todo, salvo los servicios esenciales, está cerrado. Tengo que enterarme de cuáles son esos servicios para ver qué puedo ir avanzando. De momento sé que el mercado inmobiliario es esencial, lo cual me viene bien para ir buscando casa. Ya os contaré.

La cuarentena


Bueno, pues para aprovechar el impulso aquí estoy otra vez para contaros cómo me va por estos páramos. Quería empezar hablando de la cuarentena.

Como en casi todos los países del mundo, en Canadá se ha establecido un sistema de cuarentena de manera que los que llegamos de fuera tenemos que pasar una serie de tests y estar un tiempo en aislamiento. Nada nuevo. Lo que quizás llama más la atención es hasta qué punto lo llevan a rajatabla en este país.

Para empezar me tuve que hacer una PCR antes de salir. Y aquí tengo que meter una puya a las clinicas españolas. Como sabéis, la PCR hay que hacerla con menos de 72 horas de antelación al vuelo y cuando pides cita y preguntas que cuándo te van a dar los resultados te dicen que 48 horas, que seguramente 24, pero que no pueden asegurarlo. El problema es que eso es mentira. A mí me dijeron que me la daban en 48 horas y tardó 6 horas. Creo que se puede decir que con un 99% de probabilidad te van a dar los resultados en menos de 24 horas. Además los resultados te los dan online y tú mismo te imprimes el pdf. Con esos márgenes y para estar seguro de que tenía el papel antes de embarcar estuve dentro del margen de las 72 horas por solo un par de ellas.

Mi vuelo salía a las 6 de la mañana porque tenía trasbordo en Frankfurt y si me hubieran dicho que tardaba 24 horas lo hubiera hecho con algo más de hogura.

Antes de salir también tienes que registrarte en una app que se llama ArriveCAN en la que tienes que meter todos los detalles del viaje. Cuándo llegas, a dónde llegas, dónde vas a pasar la cuarentena, en qué hotel vas a estar los cuatro primeros días... Ah, sí, esto no lo he contado. Tienes que reservar un hotel a través de una agencia del gobierno como mucho con 48 horas de adelanto sobre la salida de tu vuelo. También ahí vamos mal con el tiempo. Esa línea está colapsada, o por lo menos lo estaba, lo que quiere decir que puedes tener billete, PCR, reserva de apartamento, vuelo y demás y al final quedarte en tierra porque no hay disponibilidad de hotel o porque no te cogen la llamada. Ahí mal, Canadá.

Al llegar a Toronto me tuve que hacer otra PCR y registrarme en otra app para recibir el resultado de la segunda PCR. También me dieron un kit para hacerme una tercera PCR en casa y supongo que vendrán un día de estos a hacérmela. En fin, que cuando termine la cuarentena voy a ser la persona más testada de todo Canadá. Un poco excesivo, me parece.

Lo del hotel merece consideración aparte. Te cobran una tarifa mucho más alta que lo habitual (en torno a 300 euros por noche) y te dan muchos menos servicios que los habituales: no te hacen la habitación, no te cambian las toallas, te dan de comer de rancho tres veces al día y no se puede pedir al servicio de habitaciones. Así que ahí también creo que mal, Canadá.

Además de todo esto, tienes que estar aislado una vez que llegas a tu apartamento hasta que pasen los 14 días y te den negativos todos los tests. En eso estoy ahora. Llegas a un apartamento del que no puedes salir y tienes que comprar todas las cosas online si quieres comer. Un par de consejos, llevad instalada la aplicación de Uber Eats y la de Amazon. Yo intenté comprar en Walmart y me cancelaron el pedido dos veces porque aparentemente sólo puedes registrar tarjetas de crédito canadienses o americanas. No te da la opción de poner una dirección de facturación extranjera, por lo que cuando hacen el pago la tarjeta se rechaza y, en mi caso, el banco te la bloquea.

Así que mejor llevad aplicaciones que funcionen en España y en las que ya hayáis probado que funciona el método de pago.

Si todo va bien el próximo domingo o lunes podré salir a la calle por fin.

Porque hay otra historia, u os traéis alcohol en el viaje o no vais a ser capaces de tomaron una mísera cerveza si cumplís con el aislamiento. En general en Canadá el alcohol sólo se vende en tiendas específicas tipo estancos de alcohol. En algunas provincias como Quebec se puede comprar cerveza en supermercados, pero en otras no. No hay reparto online, o al menos no es fácil de buscar (yo de momento no he encontrado cómo) y la opción de pedirlo a través de Uber Eats no puede ser porque el repartidor tiene que entregártelo en mano y ver una prueba de que tienes la edad para beber.

Así que cuarentena abstemia. Tampoco es que yo sea un bebedor empedernido, casi no bebo, pero basta que estés encerrado y no puedas para que te apetezca más...

En fin, que la cuarentena aquí es cosa seria. Por un lado podríamos aprender, pero creo que en el punto medio estaríamos mejor, ni apartheid a los que vienen de fuera ni viajes organizados de franceses para emborracharse en Madrid.


Oh, Canada!

Pues aquí estoy de vuelta. Varios años después de la última entrada del blog voy a intentar revivirlo. Parte de las razones tiene que ver con que en este momento estoy en cuarentena en un apartamento de treinta metros cuadrados del que no puedo salir hasta que haya pasado dos semanas de aislamiento.
Lo primero es lo primero y es contar por qué estoy de cuarentena. Después de darle muchas vueltas a la cabeza, depués de lo que ha trastocado nuestra vida el coronavirus, Anniehall y yo tomamos la decisión de emigrar a Canadá. 

Nosotros dos tenemos poco espíritu aventurero, esa es la verdad. Pero al final nos hemos atrevido y aquí estoy yo, en cuarentena.

Por dar un poco más de contexto, y como no hemos escrito en el blog desde hace más de dos años, os contaré que durante estos dos últimos años yo he trabajado mucho en Canadá y para un proyecto que estamos haciendo en mi empresa aquí, lo que me ha hecho conocer un poco el país y también poder optar a la oportunidad de venirnos a vivir aquí.

En la decisión han pesado varias cosas, una de ellas ha sido la posibilidad de que nuestros hijos reciban una educación mejor, o al menos creemos que así será, Creemos que exponerlos a una sociedad distinta, que vean otras sociedades y que tengan que moverse un poco de su zona de confort es positivo para ellos. También tengo que decir que ellos no lo ven de la misma manera. Ellos preferirían quedarse en Madrid como hasta ahora. Es comprensible, pero yo veo que cuando ellos terminen la universidad el mercado laboral para ellos en España va a ser un páramo. Aún no somos conscientes del impacto del coronavirus, y yo puedo estar equivocado, claro, pero creo que darles la oportunidad de aprender otro idioma, vivir en un ambiente en el que se vean como el que viene de fuera y tengan que aprender a reposicionarse será algo bueno para ellos.

Este cambio también tiene que ver con la situación laboral de Anniehall y la mía. En mi caso he llegado a un momento en el que me parecía entrar en un territorio en el que la motivación para seguir haciendo lo mismo se había acabado y necesitaba hacer cosas nuevas. De esta manera paso de llevar un departamento de unas 50 personas a ser jefe de proyecto sin personas a mi cargo, o no de manera directa. El haber creado y el haber estado al frente del equipo que se ha formado durante los últimos seis años será uno de los mayores orgullos y alegrías de mi carrera, sin duda. Haber partido de un equipo muy pequeño y haber conseguido el que ahora es seguramente el equipo más grande de nuestro campo en España es algo que me llena de orgullo. No ha sido fácil, ni crecer ni mantenerse. Pero una vez llegado a este punto, me quedaba quedarme dando vueltas a la rueda como un hámster o buscar nuevos desafíos.

He optado por esa segunda opción. Sé que soy inmensamente afortunado de poder tener esta oportunidad. Estoy emigrando en unas condiciones que casi son de lujo. Tengo el apoyo de mi empresa, tanto de la parte española como de la parte americana. Tengo un sueldo que creo que nos permitirá vivir con cierto desahogo. Sin ir más lejos, por primera vez en mi vida he hecho un viaje intercontinental en business, que eso ya daría para una entrada, a lo mejor me animo.

Así que voy a intentar revivir el blog para iros contando esta nueva aventura. Espero poder dar algunos consejos que pueda facilitar la vida a quién quiera venir a trabajar a este país y también espero contaros los episodios ridículos que me vayan pasando, que seguro que los habrá.

Espero que también haya alguien que lo lea, que alguno de los que estábais por aquí todavía os acordéis de pasar de vez en cuando y compartir unos pispitos.