Sonderkommando


Ya me he terminado de leer este libro. La verdad es que es muy cortito, menos de doscientas páginas, aunque luego hay apéndices y un par de artículos, pero que tampoco me han aportado nada que no supiera. Ya os comenté ayer que es estremecedor.

Los Sonderkommando eran los grupos de judíos que se encargaban del funcionamiento de los crematorios. Shlomo Venezia trabajó en uno en Auschwitz, creo recordar que en el crematorio III (había cinco). Estaban apartados del resto de los presos, estaba prohibida cualquier comunicación de ellos con el exterior, recibían mejor comida, pero ninguno se engañaba sobre su final, sabían que sabían demasiado y que su final estaría dentro de los mismos hornos que ellos llenaban de cuerpos cada día.

Cuenta el viaje de once días desde Atenas a Auschwitz en el tren, como los recibían y los separaban en el andén a su llegada y como ese día o al siguiente le preguntó a uno que ya llevaba más tiempo que si sabía dónde estaba su madre y él le señaló la chimenea y cómo no quiso creerlo al principio.

Describe como era todo el proceso y como en 72 horas se eliminaban completamente a un grupo de entre 1.800 y 2.500 personas. Hay escenas terribles como cuando se encontraron a un bebé de dos meses que había sobrevivido al gas y se lo llevaron los SS para matarlo de un disparo o cuando tuvieron que desmontar los hornos y los ladrillos estaban cubiertos de grasa humana o como usaban esa grasa en las fosas comunes para avivar el fuego. El olor nauseabundo y como llegas a acostumbrarte. Terrible.

Cuenta la rebelión de los Sonderkommando que se produjo después de mucho tiempo de planificación y que salió bastante mal.

El libro es una entrevista y en un momento le preguntan si se sentía privilegiado e indica que se hubiera cambiado por cualquier trabajador del campo de concentración al instante.

Muy recomendable para ver hasta donde es capaz de llegar el hombre en su descenso a los infiernos. No a su inhumanidad, porque es algo muy humano, aunque inimaginable por muchos de nosotros. Entre los animales no creo que se dé esa premeditación y saña.

No puedo dejar de poneros, por si queréis leerlo, el final del libro:

'¿Siente hoy la necesidad de dar testimonio?

Cuando me encuentro bien, sí. Pero es difícil. Y soy una persona precisa, me gusta que las cosas sean claras y bien hechas. [...] Me reconforta saber que no hablo en el vacío, pues dar testimonio representa un sacrificio enorme. Despierta un lacerante sufrimiento que nunca me abandona. Todo va bien y, de pronto, me siento desesperado. En cuanto experimento cierta alegría, algo se bloquea inmediatamente en mí. Es como una tara interior; lo llamo la "enfermedad de los supervivientes". No es el tifus, ni la tuberculosis o las demás enfermedades que pudimos contraer. Es una enfermedad que nos corroe desde el interior y que destruye cualquier sentimiento de alegría. La arrastro desde aquel tiempo de sufrimiento en el campo. Esta enfermedad no me permite nunca un instante de alegría o de despreocupación, es un malhumor que erosiona permanentemente mis fuerzas.

[...]

¿Qué destruyó en usted esa extrema experiencia?

La vida. Nunca más tuve una vida normal. Nunca he podido afirmar que todo iba bien y, como los demás, ir a bailar y divertirme despreocupadamente...
Todo me devuelve al campo. Haga lo que haga, vea lo que vea, mi espíritu regresa siempre al mismo lugar. Es como si el "trabajo" que tuve que hacer allí no hubiera salido nunca, realmente, de mi cabeza...
Nunca se sale realmente del Crematorio.'

Os lo recomiendo. Es un libro necesario. Por cierto, también vienen varias ilustraciones de otro superviviente, David Olère, que son impresionantes. La imagen del post es suya.

10 comentarios:

  1. ¡Dios mío!, no sé si sería capaz de aguantar su lectura. Ya la ilustración del post me ha parecido horrorosa. Y ese hombre con ese trabajo. Como él mismo dice nunca volverá a ser el mismo.

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  2. Es cierto que es horrible, Pater Familias, pero creo que es necesario para llegar a entender lo que puede hacer un ser humano.

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  3. Se me ponen los pelos de punta, creo que es la primera vez que me llama leer un libro de este estilo. Creo que si hubiera estado en un campo no podría leérmelo, así que espero hacerlo antes de que eso pase.
    Parece que hay un documental/peli americana sobre el tema que se llama "La zona gris", no sé qué tal estará.
    Gracias por la review.

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  4. Y repito, te tienes que leer "La decisión de Sophie" ;)

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  5. Lo tengo en la lista de pendientes, pero es que se me acumula el trabajo. Ahora creo que voy a cambiar de registro. Además, creo que la alemana con la que voy a estar en el stand no se tomaría demasiado bien que estuviera leyendo 'yo, comandante de Auschwitz', me temo.

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  6. No hemos aprendido nada. Bastará que la crisis económica mundial siga con esos altibajos para que un día digamos "el enemigo es ese", y hagamos lo mismo, o nos lo hagan.

    En África ha habido matanzas parecidas en furia de una etnia contra otra. Tuvimos el asunto de los serbios... La única diferencia es que ahí, en el contexto de una guerra, se organizaron para hacerlo.

    Incluso ellos mismos, los que tenían que haber aprendido en su cuerpo, no lo han hecho.

    Recuerdo una foto de un país en el que una anciana palestina buscaba sus medicamentos entre los cascotes de su casa. Frente a un grupo de casas, los hebreos habían construido un asentamiento. Ordenaron, por seguridad, el derribo de las casas palestinas. Llegaron por la noche, avisando con helicópteros de que tenían 10 minutos para abandonar las casas. Luego las bombardearon.

    Por la mañana, la anciana buscaba sus medicamentos y uno de los jefes militares le dijo al periodista: les hacemos lo que nos hicieron.

    Por cierto, el corrector de Word acepta “Palestina” y “palestino”, pero me señala en rojo el gentilicio “palestina”, pero acepta francesa, inglesa, hebrea.

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  7. Pues seguramente no aprendemos nada, NáN. Somos muy moldeables a la persuasión demagoga, incluso asesina.

    Respecto a Palestina, el otro día leí en otro libro de la segunda guerra mundial que el tío de Yasser Arafat, el gran Mufti de Jerusalén, fue aliado de los nazis. Era partidario del exterminio de los judíos y estuvo protegido por los nazis.

    Esto no es una justificación y me parece totalmente aberrante lo que cuentas. Simplemente indica que antes de que se fundara el Estado de Israel ya estaban enfrentados.

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  8. (1)
    Bueno, es que el terrorismo de masas lo empezó el grupo Stern, poniendo una bomba en un mercado árabe. A partir de ahí, todo fue enfrentamiento sangriento. El tío de Arafat pudo ser lo que fuera, pero si aquí hablamos de la realidad, y no de que las únicas víctimas a proteger son los judíos, te copio de la Wiki (todo lo copiado está ratificado por diversas fuentes y da palos a unos y otros, pero lo que es un dato histórico innegable es que las primeras bombas en mercados las pusieron los judíos. ¿Soy antisemita, te preguntás? La respuesta es que los judíos y los palestinos son igual de semitas. Lo que soy es contrario a la brutalidad y a la falsesdad):

    “Ataques preventivos”

    Irgún fue fundado en 1937 como respuesta a la revuelta palestina que estalló en 1929, después que los británicos rechazaran demandas árabes de independencia plena y reafirmaran su compromiso con la creación de una patria judía en Palestina. La revuelta no solo fue contra los británicos sino también contra los asentamientos judíos, que crecían aprisa como resultado de ese compromiso.
    Irgún justificó su política de atentados contra la población árabe con el argumento de que eran “ataques preventivos”. Los métodos utilizados introdujeron, según el historiador israelí Benny Morris, “una nueva dimensión al conflicto”.
    Morris explica: “Antes, algunos árabes (y con menos frecuencia, y generalmente en represalia, judíos) disparaban contra automóviles y peatones y ocasionalmente colocaban alguna granada que mataba o hería a algunos transeúntes o pasajeros. Entonces, por primera vez, se colocaron bombas en forma masiva en centros árabes atestados, y decenas de personas fueron asesinadas o mutiladas indiscriminadamente. Esta innovación pronto encontró imitadores árabes y se transformó en algo así como una tradición. Durante las décadas siguientes, las ferias callejeras, paradas de autobús, cines y otros edificios públicos de Palestina (y después, de Israel) se transformaron en blancos cotidianos, lo que dio un cariz brutal al conflicto”.
    Entre los primeros miembros y líderes de Irgún se cuentan Avraham Stern, quien se destacaría en la historia del terrorismo israelí, y Yitzhak Shamir, futuro primer ministro de Israel.
    En 1939, Irgún se volvió contra Gran Bretaña tras la publicación de un proyecto de ley gubernamental que proponía la limitación de la inmigración judía en Palestina. Así, el terrorismo que hasta entonces se había dirigido contra los árabes se extendió a las autoridades coloniales.
    Sin embargo, en 1940 los líderes de la organización terrorista decidieron suspender su campaña contra los británicos para no debilitar el frente aliado contra la Alemania nazi. Esta decisión provocó un cisma en Irgún, cuyos miembros más radicales, encabezados por Stern y Shamir, formaron una organización terrorista rival llamada LEHI. Esta organización, mejor conocida como “la banda Stern”, continuó sin alteraciones su campaña de terror.

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  9. (y 2)

    La conexión nazi

    Al año siguiente, Stern estableció contacto con los nazis y propuso un pacto con Alemania contra Gran Bretaña. En su memorando a los nazis, afirmó que había “intereses comunes entre los diseñadores del Nuevo Orden en Europa [es decir, los nazis] y las aspiraciones nacionalistas del pueblo judío”.
    El interés común era “la solución de la cuestión judía a través de la evacuación”. La banda Stern manifestó su pleno acuerdo con la opinión de los nazis de que “la evacuación de masas judías de Europa” era una “precondición para la solución de la cuestión judía”. Sin embargo, afirmó que “esto solo puede realizarse y completarse mediante el asentamiento de estas masas en la patria del pueblo judío, Palestina, y mediante la creación de un Estado judío dentro de sus fronteras históricas”. Por lo tanto, la banda se ofreció a “cooperar en la guerra del lado de Alemania” sobre esa base .
    No está claro cuál fue la respuesta de los nazis a este ofrecimiento, pero la ofensiva terrorista de Stern no cesó. En noviembre de 1944, el grupo asesinó a Lord Moynes, ministro de Gran Bretaña para Medio Oriente, el funcionario británico de más alto rango en la región.

    Colaboración en el terror

    Tras la guerra, Irgún se sumó a la campaña de terror. El grupo había reanudado sus operaciones bajo el nuevo liderazgo de Menachem Begin (otro futuro primer ministro de Israel). En julio de 1946, Irgún voló el hotel Rey David de Jerusalén, sede de la administración militar y civil británica. El atentado mató a noventa y una personas, entre ellas británicos, árabes y judíos.
    Pese a sus diferencias y rivalidad, Irgún y Stern no eran reacios a cooperar mutuamente en sus campañas de terror. La más infame de esas campañas conjuntas fue el ataque del 9 de abril de 1948 contra la aldea palestina de Deir Yassin. Tras matar a los residentes que huían de una casa a otra, los comandos de ambos grupos rodearon a los habitantes que quedaban y los masacraron a sangre fría. Más de cien niños, mujeres y ancianos murieron de esa manera.
    Un antiguo comando de la banda Stern recordó: “Algunas personas fueron asesinadas de la manera más brutal. Un israelí tomó un pedazo de explosivo con un cable de quince segundos, lo adhirió a la cabeza de un anciano árabe, lo encendió y le ordenó al hombre que caminara. Diez pasos después, le explotó la cabeza. ¿Por qué hicieron esto? No soy psiquiatra, pero estaban frustrados. Querían pelear por Jerusalén” .
    En 1982, el profesor Zvi Ankori, quien había comandado la fuerza que posteriormente ocupó la aldea, dijo a un grupo de veteranos de Irgún que volvieron a la escena de su crimen para conmemorar sus actividades allí: “Entré a seis o siete casas. Vi genitales mutilados y vientres de mujeres aplastados. A juzgar por las marcas de las balas en los cuerpos, fueron asesinatos” .
    Esta atrocidad, que tuvo lugar a la vista del monumento conmemorativo de Yad Vashem al holocausto judío, tendría un efecto decisivo sobre el futuro de los palestinos. Fue el terror desatado en Deir Yassin el que provocó (y se proponía provocar) el éxodo palestino y el problema de los refugiados palestinos. “Este solo acontecimiento es uno de los más importantes de la historia palestina e israelí del siglo XX, no solo por sus dimensiones y brutalidad, sino porque marcó el inicio de la despoblación de más de cuatrocientas aldeas y ciudades árabes y la expulsión de más de 700.000 habitantes palestinos para dar lugar a las víctimas del holocausto y a otros judíos del resto del mundo” .
    Aunque este acto de terror no acaparó titulares en la prensa internacional, el asesinato por Stern del conde Folke Bernadotte, un mediador designado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sacudió al mundo cinco meses después.

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  10. (y 3)
    Designado por el Consejo de Seguridad de la ONU en mayo de 1948 para negociar una tregua entre fuerzas árabes e israelíes y trabajar por un acuerdo de paz, Bernadotte había salvado a miles de prisioneros judíos de campos de concentración nazi en 1945, cuando era presidente de la Cruz Roja sueca. Pero eso no lo salvó de la sentencia de muerte de Stern.
    Su crimen fue sugerir, en el curso de su mediación, que Jerusalén debía ser incluido “como territorio árabe, con autonomía municipal para la comunidad judía”. Esto hizo que los sionistas lo acusaran de agente británico, y más específicamente, “un agente de Bevin”.

    La “nueva visión imperial” de Bevin

    Esto nos lleva a la cuestión de por qué los sionistas odiaban al canciller británico y por qué los terroristas judíos estaban dispuestos a asesinarlo. Bevin fue acusado varias veces de proárabe y antisionista. Su supuesta simpatía proárabe solo puede entenderse en el contexto de su evaluación de los intereses imperiales británicos en el mundo de posguerra.
    Cuando asumió la cancillería en 1945 tras la victoria del Partido Laborista, Bevin planteó lo que un estudioso de su papel en ese período crítico llamó “una nueva visión imperial basada en la premisa de que Gran Bretaña era a la vez una potencia mundial y una potencia con obligaciones mundiales”.
    Pese al evidente declive económico de Gran Bretaña, Bevin creía que su país podía rescatar sus intereses imperiales en el cambiado y cambiante mundo de posguerra. En su opinión, era crucial que Gran Bretaña preservara sus intereses económicos y estratégicos en Medio Oriente para que siguiera siendo una potencia mundial.
    En este punto, el papel de Palestina era crucial. Estaba claro que Gran Bretaña ya no podría mantener su hegemonía ni sus soldados y bases en Egipto, en vista de la creciente ola de anticolonialismo en ese país. Palestina ofrecía entonces la única alternativa. “Solo Palestina podría funcionar como base sustituta, servir como salvavidas al nuevo imperio británico ‘informal’ y funcionar como centro de la hegemonía británica en la región” .
    En suma, para que Medio Oriente siguiera bajo el ámbito de influencia de Gran Bretaña, esta potencia necesitaría la cooperación y amistad de gobernantes árabes de la región. Esto significaba que Gran Bretaña no podría enemistarse con los árabes, en especial con los palestinos. Sin embargo, eso es precisamente lo que lograrían las medidas británicas tendientes a convertir a Palestina en un Estado judío. “Si los judíos lograban establecer un Estado independiente, esto amenazaría una paz duradera en Medio Oriente y por tanto arruinaría sus planes (de Bevin) de una Pax Británica basada en una serie de alianzas con países árabes” .
    Esto no significa que Bevin fuera insensible a los problemas de los judíos, especialmente los desplazados por la política racista de Hitler. Sin embargo, no podía aceptar el argumento sionista de que crear un Estado judío a expensas de los árabes palestinos era toda la solución al problema. .

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