Sobre ruedas

Esta noche teníamos en twitter una interesante charla sobre la innegable elegancia del tenis frente al fútbol y, fundamentalmente, sobre la elegancia y clase de los tenistas frente al homenaje a lo hortera que suele ser cualquier futbolista tomado al azar. Llegado un punto Amanita ha decidido zanjar la cuestión con un "No os engañéis, no hay nada como el patinaje artístico sobre hielo".

Patinaje artístico, patinaje artístico... entonces me he dado cuenta de que en este año y medio largo de blog nunca he contado que una vez fui patinadora. De artístico, sí, pero sobre ruedas. No sé muy bien cómo empecé. De alguna manera nos enteramos de que una compañera del colegio iba a patinaje en una escuela regentada por Cionín Villagrá. Supongo que no lo sabéis pero, y esto no es coña, Cionín es una gloria del deporte cántabro. Y no tenemos muchos: Seve, Abascal, Gento, ¿Amavisca?... ¡Ah! y Rubalcaba corre también o algo ¿no? En fin, el caso es que Cionín entre finales de los sesenta y los setenta consiguió muchos títulos nacionales e internacionales y llegó a ser subcampeona del mundo. Cuando se retiró montó una escuela de patinaje.

Y allí llegué yo con unos siete años tal vez. No sé qué os imaginaréis cuando hablo de 'escuela de patinaje'. Vamos a ver, aquello era una pista multiusos en un colegio de Santander que, supongo, alquilaban a Cionín para ella y sus chicos. Y digo yo que tendría unos vestuarios que no recuerdo.

Teníamos uniforme. Era un maillot azul marino con faldita de la misma tela tiesa. El borde de la falda, el cuello y las mangas todo a lo largo tenían un ribete rojo. En verano era igual pero de tirantes. Y los tirantes eran una trenza azul y roja. Conociéndome como ya me conocéis ya sabéis que a mí me fascinaba ese uniforme.

Luego estaban los patines. Aquellos eran unos patines serios. Recordad que os hablo de los ochenta, los patines 'de bota' eran, además de una novedad, todo un lujo. Lo que el común de las niñas teníamos para jugar en el parque eran esos que se ajustaban con unas cintas a las zapatillas. Así que tener aquellos patines con su bota de piel incorporada y aquellos tacos (los frenos no son frenos, son tacos) era otro mundo. También estaban las fundas de los patines. Esa especie de calcetín sobre la bota que los hacía mucho más feos pero, qué queréis, a quince mil cucas de las de entonces el par de patines, había que protegerlos como fuera.

Resulta que a pesar de mi natural torpeza aquello no se me daba nada mal. Aprendí enseguida a patinar hacia delante, hacia atrás (que todo tiene su técnica) y a hacer piruetas y figuras varias. Así que llegó el momento de competir. La cosa se ponía seria. La competición tenía una parte muy chuli con su coreografía, sus saltos, sus recorridos por la pista, sus piruetas... Y tenía una parte muy coñazo 'la escuela' que jamás he visto en la tele. Aquello consistía en recorrer unos círculos dibujados en el suelo impulsándose solo una vez en todo el recorrido. Se supone que tenías que jugar con el cuerpo y su centro de gravedad, la inercia... Y se hacía sin tacos. Cuando tocaba entrenar escuela Cionín ponía a dos o tres en los circulillos y nos mandaba a las demás a dar vueltas a la pista para no quedarnos frías. ¿La hacíamos caso? Pues no, nos quedábamos por allí haciendo el bobo. Hacer el bobo consistía fundamentalmente en ponerse de puntillas sobre los tacos. Pero aquel día yo no tenía tacos así que resbalé (la base de los patines es metálica) y frené la caída con las manos. Resultado: fisura de muñeca.

Cuando me quitaron la escayola y volví a patinar ya no fue lo mismo. Le cogí miedo y al final lo dejé. Así fue como la que podría haber sido una prometedora carrera en el patinaje (ejem) se convirtió en una baloncestista tirando a patética. Y los patines de competición (dos pares: de libre y de escuela), que fueron mi regalo de comunión juntando las aportaciones de toda la familia, se quedaron muertos de risa en el altillo del armario de la entrada casi sin estrenar.

Lo que sí conservé durante un tiempo, yo que era una tirillas espigadísima, eran unos jamonazos torneados a base de patín, axel y salchow.

15 comentarios:

  1. Muerta me dejas. No te imaginaba patinando para nada. Aunque claro, lo mismo me lo habías contado y yo no me acordaba...
    Ains, desde las 7 levantada, esto no es justo...

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  2. Yo también. Y me han dado los tres una noche queeeee

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  3. Pues no te pega para nada, y es que me cuesta imaginarte en tu tierna infancia. Esi sí, si dices que no se te daba mal es que debías ser buena.

    Por cierto, tu esposo como mucho te habrá dado media noche

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  4. Pensaba que tenía alguna foto pero no, no la tengo aquí. Sé que era buena no recuedo si mucho o poco. Y tampoco es que hubiera una competencia feroz. Hablamos de patinaje a los ocho años.

    Cierto, media noche. La otra media nos la hemos fastidiado yo y mi trastolismo.

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  5. En las glorias del deporte cántabro tedejas al menos 2 que yo conozca: Ivan de la Peña , al que durante algún tiempo vendieron como el sucesor de Maradona (quedaban unos años para Messi) y Campos, el lechón casado con la Bordiú que fue una estrella del salto de longitud antes de propasarse con el merengue y los chuletones.

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  6. Pues sí, y ahora que lo dices también a otro Iván... Helguera. Siempre nos olvidamos de los mejores.

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  7. El patinaje artístico ha perdido mucho en elegancia debido a la vestimenta. Hice un post hace tiempo al respecto.

    Respecto a Anniehall, recuerdo un vídeo que tienen sus padres en el que sale patinando y deja de hacer lo que tenía que hacer para salir disparada a reñir a otra niña que lo estaba haciendo de otra manera. Entrañable.

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  8. Ya estoy aqui...antes de que me regañes por no comentar.

    Me estoy descojonando desde el sábado con lo de " Cionín Villagrá"...es que me parto. Con eso y con lo de que te acuerdes de como eran los tirantes del uniforme de verano...ains...que mona eres.

    El próximo dia me haces una demostración de doble pirueta?? XDD

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  9. De los tirantes no, me acuerdo perfectamente de los dos uniformes. Por qué te descojonas de la pobre Cionín?

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  10. cuando estudiaba en Santander (inicios 80) en las mercedarias había muchas niñas que hacían patinaje y me gustaba verlas entrenar , así que mientras leía te he imaginado como una de ellas.
    Me ha hecho mucha gracia haberme teletransportado a la adolescencia en el internado ,menos cuando me he recordado con el uniforme.
    que memoria tienes para recordar detalles como los tirantes del uniforme de verano.
    Unbesazo

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  11. Mis primas estudiaron en las mercedarias en los ochenta!!!

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  12. A la atención de la autora del Blog, ¿tienes alguna foto de las patinadoras de la Escuela? en santander, claro, busco a una amiga que debía tener unos 18 0 19 años (en los años 1978-1979-1980) que conocí en Torrelavega quedamos para ir a patinar en su escuela pero por unas causas u otras la perdi la pista. Me gustaría saber que fué de ella. No tengo más datos, mi memoria es un poco torpe.
    Gracias.

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  13. Soy el autor del escrito anterior, se me olvidó decir que me llamo Carlos y mi email es melille@hotmail.com. Gracias a tod@s

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    1. Pues lo siento pero no. Yo en el 78 tenía dos años y mis compañeros de la escuela, unos años más tarde, eran más o menos de mi edad. Mucha suerte en la búsqueda.

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