La última noche en Twisted River

"¿Porque acaso los miembros de los clubes de lectura no eran normalmente mujeres de cierta edad?"
John Irving. La última noche en Twisted River.

Bueno, pues un mes más toca hablar de los libros del Club de Lectura 2.0. En esta ocasión nos hemos leído (creo que no todos) este libro de John Irving. El libro lo propuso Bichejo que es muy fan.

Yo empecé a pensar que podía no gustarme cuando Juanjo estaba entusiasmado y Bichejo poco después también hablaba muy bien de él. Si hay una cosa que vamos teniendo claro los del club es qué nos gusta y no nos gusta a unos y a otros.

A mí me ha horrorizado. He estado muchas veces tentado de dejarlo y no lo he hecho. Una vez intenté empezar a leer el libro de Principes de Maine del mismo autor que tenía Anniehall en casa y lo dejé a las veinte o treinta páginas.

Irving me parece de lo peor que he leído en el club de lectura, si no el peor. Es un tío que escribe fatal, dándose autobombo de lo bien que (según él) ambienta sus libros y haciendo que partes de la historia que podrían tener un pase se pierda en cientos de páginas absurdas en las que se suceden las cartas de los restaurantes en los que trabaja el padre, o las mismas recetas que cocina, seguidas de las distintas historias sin ningún propósito a lo largo del libro. Creo que sin destripar nada... me puede decir alguien ¿qué aporta el capítulo y pico que se pasan en medio de una especie de comuna china u oriental en Iowa? Son personajes que no aportan nada y que no vuelven a salir en el libro ni su historia tiene nada que ver con la que cuenta el libro.

Leyendo el libro nos podemos encontrar joyas de la literatura como "También se mofaban del niño por la corrección con la que invariablemente hablaba. La prosodia del pequeño Dan era precisa; su dicción nunca adoleció de los vicios propios de los niños de Paris, como comerse consonantes o abrir demasiado las vocales, y ellos lo maltrataban por eso". Puede que él lo escribiera con un doble sentido intentado reírse de sí mismo, pero a mí no me lo parece.

Un defecto enorme que le veo y que es un rasgo claro de ser un mal escritor, es lo que presume de su trabajo de campo y de describir con minuciosidad lo que debería ser el trasfondo del libro. No sé si me explico. Está bien que uno investigue para que luego, cuando describas sitios o situaciones todo dé una sensación de verosimilitud. Incluso de verdad. Eso pasa en Galdós, por ejemplo. Tenía una ambientación de sus Episodios Nacionales perfecta sacada a base de estudiar periódicos de la época, anuncios y crónicas, pero todo eso está al servicio de la novela, no para sacar pecho y decir qué bueno soy.

En este caso es totalmente al revés. Todo el trasfondo ahoga a la novela. Algo parecido pasa con las descripciones de Antonio Muñoz Molina, que ya critiqué en su momento, pero ¡bendito escritor comparado con este! Nos podemos encontrar con descripciones como esta: "A la lavaplatos la llamaban Jane la Piel Roja, pero nunca en su presencia. Danny Baciagalupo le tenía aprecio y, en apariencia, ella adoraba al niño. Tenía al menos diez años más que su padre (era mayor incluso que Ketchum) y había perdido a un hijo, ahogado posiblemente en el Pemigewasset, si Danny no había oído mal. O quizá Jane y su difunto hijo fueran de la Reserva Natural de Pemigewasset —es posible que procedieran originariamente de esa zona del estado, al noroeste de los aserraderos de Conway— y el malhadado hijo se hubiera ahogado en otra parte. Existían espacios naturales aún más extensos, inconmensurables, al norte de Milán, donde se hallaba la serrería de píceas: allí había otros campamentos madereros, y muchos lugares donde podía ahogarse un joven ganchero. (Jane había explicado a Danny que Pemigewasset significaba «Paso entre pinos retorcidos», lo que indujo al impresionable niño a imaginar un lugar donde había muchas posibilidades de ahogarse.) Lo único que el pequeño Dan recordaba, de hecho, era que había sido un accidente durante el acarreo de una maderada en medio de un bosque, y por el cariño con que la lavaplatos miraba al hijo del cocinero, podía ser que el hijo perdido tuviera poco más o menos doce años cuando se ahogó" que te hacen querer tirar el libro a la basura.

 Mirad otro ejemplo: "(Una vez más, el cocinero fue incapaz de instruirse en materia de postres; jamás dominó la tarta tatin con sabayón al calvados.)" Qué tragedia, por Dios. Sí que consiguió dominar la tarta tatín con sabayón de pacharán, pero la del sabayón de calvados se le resisitió, mira tú... para llorar.

Eso por no hablar de las veinte, bueno, exagero, son once, que las he contado, veces que aparece en un capítulo "las dos comadres viejas y malas". Un truño, vamos. ¿Que no?:

Las obesas mujeres de los trabajadores de la serrería —Dot y May, esas comadres viejas y malas— aprovechaban la menor ocasión que se les presentaba, por muchos kilómetros que tuvieran que recorrer, para abandonar el pueblo y a sus inaguantables maridos.

Más o menos cuando las dos comadres viejas y malas dejaban atrás Mclndoe Falls en la 1-91, el cocinero y su personal terminaban su comida de primera hora de la tarde en el Avellino.

de modo que últimamente el Coci les rondaba a las dos comadres viejas y malas por la cabeza.

Danny no tenía la más remota idea de quiénes eran aquellas dos comadres viejas y malas.

—Son un par de comadres viejas y malas, si quieres que te diga la verdad... De aquí o de donde sea —contestó Celeste.

—¿Son de por aquí las señoras, si no es indiscreción? —preguntó Danny a las dos comadres viejas y malas.

—Nuestro cocinero se llama Tony —insistió Celeste con cierta desesperación, dirigiéndose a las comadres viejas y malas.

¿Cuánto pasaría hasta que esas comadres viejas y malas se cruzaran con Cari?

Cuando las comadres viejas y malas se fueron, Danny se dirigió a los inquietos y desatendidos clientes del restaurante.

¿Habían avisado ya Dot y May a Cari? Pero las dos comadres viejas y malas no sabían dónde vivía Danny

...aquellas comadres viejas y malas, Dot y May.

¿Queréis más? pues tomad: "Durante los primeros años. Patrice —el nombre y, en menor medida, el restaurante— cuajó. Arnaud y el cocinero enseñaron a Silvestro algunas de las especialidades de Marcel: la langosta con sabayón a la mostaza, la sopa de pescado de Bretaña, la tarrina de foie-gras de oca con una cucharada de gelatina de oporto, el halibut en papillote, la cote de boeuf para dos, el hígado de ternera enlardado a la parrilla con cebolletas y una demiglace balsámica. Naturalmente, Silvestro añadió sus propios platos a la carta: raviolis con caracoles y mantequilla a las finas hierbas con ajo, escalopa de ternera con salsa de limón, tagliateíle caseros con confit de pato y setas porcini, conejo con ñoquis de polenta".

O como esta otra: "Si uno bajaba por Main Street y dejaba atrás el Latchis, llegaba a Canal Street y el mercado donde el cocinero hacía casi todas sus compras. Desde allí, saliendo del pueblo, se accedía al hospital y a unas galerías comerciales, y si continuabas por la Interestatal 91, te encontrabas con unas cuantas gasolineras y los habituales establecimientos de comida rápida" en la que se ve que se ha refrenado y lo que de verdad le pedía el cuerpo es listarnos todos los establecimientos que se encuentran continuando por la Interestatal 91 hasta donde diablos termine.
En fin. Tuve, además, la 'buena' suerte de, una vez terminado el libro en el avión a la vueltade mi viaje a Utrecht, ponerme a leer un libro de un tal Antonio Pereira que me recibió así: "Al cruzar por entre los arriates, Desiderio atusó el ramaje de una hortensia alicaída; dio dos pasos atrás y, los brazos en jarras, contempló la planta con ternura materna. Luego subió las escaleras, en busca de su habitáculo, y hallose en el pasillo, largo, demasiado largo, que corría por el frente del caserón revelando la idea de su piadoso alarife: llevar las habitaciones hacia dentro, asomándolas al pudor monástico de la huerta, mientras a la calle se medio abrían los huecos indispensables para tomar un poco de luz y aire. Alguna de estas celosías dejaba ver, no obstante, un trozo de carretera por donde sonaba el palpitar del pueblo". Hete aquí el John Irving español, me dije. Lo dejé instantáneamente, claro.

Bueno, tal vez me haya quedado algo duro, pero es que me parece de lo peor. Tal vez debería no habérmelo leído, pero lo he hecho y me ha quedado una reseña que puede ser injusta, pero es que ha sido ponerme a revisar las notas y encendérseme otra vez la sangre.

A otros miembros del club, especialmente a Juanjo, les ha encantado. Tenéis las reseñas en los blogs de Juanjo, Carmen, Livia y la de Bichejo está en la página del club de lectura por esas cosas suyas de llegar a mil posts y no escribir más.

Para el próximo mes tenemos Como una novela de Daniel Pennac que espero que me guste más que este. Eso espero, porque además he sido yo el que lo eligió... por lo menos son solo cien páginas.

10 comentarios:

  1. Alguna vez conté en mi blog cómo había sido poderoso lector de Irving, y por qué lo dejé. No creo que lea éste, o si, o qué sé yo (hay mucho por ahí impreso como para embarcarse en tastarros dudosos de más de 700 páginas y muy poco tiempo). Sin embargo, lo dejé tras de más de dos decepciomes; sigo pensando que A prayer for Owen Meany (trad. español, Oración por Owen) es una de las mejores novelas yankis que he leido, y sin duda la mejor de la década de los ochenta. Sin ningún género de dudas. Puedes destripar -con mucha razón- esta novela y unas cuantas más del individuo...pero decir que John Irving escribe fatal es un tanto osado.

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  2. Ya sabes lo que opino...
    La cita que abre el post no la he pasaddo por alto, y pertenece al mismo delirio diarreico y ombliguero que tiene este hombre a lo largo del libro. Lo que el nos quiere contar es el oficio de escritor, pero uno muy muy bueno como el, por supuesto, que solo tiene lectores de altísima calidad e inmejorable pedigri...

    La cita de la interestatal me encanta. Tengo yo una con la anotación "¿estoy leyéndome la Guia Michelín?". Yo esos parrafos y los de las recetas me los acabe saltando sin piedad. Es insoportable.

    A ver, lo de los chinos de Iowa yo diría que lo pone porque son los que aportan la palabra que dice Coci al morir. Y tambien para solidarizarse con el mundo vietnamita a través de lo amarillo en general. Que poco intelectual eres, hombre, como se nota que lees poco y que no comprendes a los autores excelsos.

    Creo que das en el clavo cuando dices que el trasfondo ahoga la novela. En ese sentido, es un poco DFW, que tambien se va por los cerros de Ubeda, aunque la verborrea de Irving no tiene ninguna gracia y es puro postureo de escritor coñazo e hiper documentado.

    Lo mas difícil de lograr en literatura es la sencillez y la facilidad de lectura, que el estilo este engrasado. La cita de Pereira es la exageración rococó, pero esta muy bien traída.

    Muy buen post, auqnue no has sido ttan duro!

    (Perdona la falta de tildes, pero escribo desde el móvil y solo coge los que quiere en este programa. Y creo que el comentario es largo, pero no acabo de verlo)

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  3. Seguro que es osado y sin duda puede tener libros buenos. La generalización puede venir de que Bichejo ha comentado que todos son muy similares. Si he generalizado, me retracto, aunque un escritor que perpetra esto...

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  4. Carmen, parece que coincidimos bastante. El que meta cien páginas con la vida de las dos japonesas, la china, la coreana y los dos hermanos del restaurante... No merece la pena para decir no soporto perderte, creo yo.

    Ya digo que la historia, digamos profunda, del padre y el hijo puede tener un pase, pero todas las pseudo historias, las descripciones interminables e innecesarias y lo pagado de sí mismo que está me han hecho que me haya sido muy antipático.

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  5. ND, te ha tocado el último y creo que ya sería demasiado repetitivo, lee los comentarios que he dejado en los blogs de Livia y Carmen y hazlos tuyos también.

    La verdad es que has ido a la yugular, pero incluso así, yo no veo esa gran maldad en lo citas, ni esa pedantería extrema. Es más, obvias por completo la historia, como si no mereciese ni existir, la ningunéas y creo que llegas a ser incluso un poco injusto. Eso sin contar que su visión del mundo es muy distinta de la nuestra.

    Por ejemplo, los japoneses, te parece intrascendente, y claro que es secundario para el conjunto de la historia, pero esa comuna multirracial va en contra de la realidad y de lo correcto. Tonterías, pensarás, pues a lo mejor sí, pero a mí me dicen algo y por eso mismo os leo y me siento muy bobo.

    A ver si el mes que viene estamos más de acuerdo.

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  6. Ya os lo he dicho por otras vías, a mí me encanta Irving, entro fácilmente a su universo pero entiendo perfectamente que eso no le pasa a todo el mundo. Aunque tampoco entiendo tanta odio, pero para gustos...

    En cualquier caso, creo que hemos leído cosas peores, lo que pasa es que como eran más cortas se ha diluido el sufrimiento XDDD

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  7. Estoy de acuerdo contigo en lo de los autores que parece que presumen de ambientación o de su gran vocabulario o de lo listos que son, o lo que sea, en vez de centrarse en la novela, que es lo que importa.

    De este libro tenía muy malas referencias de un amigo que sin embargo había leído otros libros de Irving que le habían gustado.

    Cuando lo devolvió a la biblioteca, incapaz de acabárselo, lo deja en el mostrador y mientras busca otro, oye que una mujer le pide a la bibliotecaria que le recomiende algún libro.

    - ¡Este, este! Este es buenísimo - Dice con esta novela en la mano

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  8. Seguramente sea injusto con el libro, ya lo he reconocido, y seguramente no tendría que habérmelo leído.

    Loquemeahorro, eso es una oportunidad de mercado! Esa bibliotecaria es una joya. Y ya ves que a otros les ha encantado. Para gustos, colores o libros!

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  9. Yo me río mucho con las aventuras lectoras en las que os embarqueis, no por mis criterios personales de lectura sino por la lucha eterna entre los vuestros. Son tan enconados y meritorios los esfuerzos que haceis, distintos miembros según el título que se escoja que bien merece que se premie a los más sufridos en cada capítulo. En este parece que Carmen y tú mereceis el homenaje, en otros serán otros los que se lo ganen. El cómo y qué sea el homenaje es cosa vuestra. Pero de verdad que os lo ganais.
    Por cierto, la frase de las señoras de mediana edad y los clubes de lectura es un gran NO luminoso para mi para no leer el libro. Es que me gustan más movidos ;).

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  10. Sí, las reseñas de cada uno es un momento estelar en el club. Y hay libros como este que a unos encantan y otros estamos horrorizados.

    Nos lo pasamos muy bien, aunque a veces haya que sufrir.

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