Conrad y la escritura

"Una obra que aspira, siquiera humildemente, a la categoría de arte, debería llevar su justificación en cada línea. Y el arte mismo puede definirse como el empeño inquebrantable por rendir la forma de justicia más elevada al universo visible, y así alumbrar la verdad, diversa y única, que subyace a todas sus facetas. Es un empeño por descubrir en sus formas, sus colores, sus luces y sus sombras, en los aspectos de la materia y en los acontecimientos de la vida, lo que les sea fundamental, lo que haya de imperecedero y esencial en cada uno de ellos, su cualidad más esclarecedora y convincente: la verdad misma de su existencia. El artista, así, como el pensador o el científico, busca la verdad y trata de desentrañarla. Impresionado por el aspecto del mundo, el pensador se sumerge en las ideas, el científico en los hechos; de ahí que estos hechos, cuando se revelan por fin, apelen a aquellas cualidades de nuestro ser que mejor convengan a la azarosa empresa del vivir. Se dirigen con autoridad a nuestro sentido común, a nuestra inteligencia, a nuestro deseo de paz o a nuestro deseo de inquietud; no pocas veces a nuestros prejuicios, en ocasiones a nuestros temores, a menudo a nuestro egoísmo, pero siempre a nuestra credulidad. Y sus palabras se escuchan con reverencia, pues atañen a cuestiones de peso: el cultivo de nuestro intelecto y el oportuno cuidado de nuestros cuerpos, la conquista de nuestras ambiciones, el perfeccionamiento de los recursos y la exaltación de nuestros preciosos objetivos.
El caso del artista es diferente.
Enfrentado al mismo espectáculo enigmático, el artista desciende al interior de sí mismo y, en esa región solitaria de tensión y lucha íntima, si está a la altura y la suerte lo acompaña, halla los términos con los que apelar a nuestras cualidades menos obvias, a esa parte de nuestra naturaleza que, por condiciones hostiles de la existencia, debe quedar oculta bajo capas más recias, más duras, como el cuerpo vulnerable dentro de una armadura de accero. Apela de un modo menos enérgico y más profundo, menos nítido aunque más conmovedor, y también cae antes en el olvido. Y, sin embargo, su huella perdura para siempre. La sabiduría cambia de generación en generación, descarta ideas, cuestiona hechos, echa por tierra teorías. El artista, en cambio, apela a esa parte de nuestro ser que no depende de la sabiduría, a lo que hay en nosotros de don innato en lugar de adquirido y es por tanto más duradero. Se dirige a nuestra capacidad para el deleite y el asombro, al misterio que envuelve nuestras vidas; a nuestro sentido de la compasión, de la belleza y del dolor; al sentimiento latente de fraternidad con el conjunto de la creación, y a la fe, sutil pero insoslayable, en la solidaridad que entreteje el desamparo de un sinfín de corazones: la solidaridad en los sueños, en la felicidad, en el dolor, en las aspiraciones, en las ilusiones, en la esperanza, en el temor que une a todos los hombres, que une a la humanidad entera: a los muertos con los vivos y a los vivos con los que aún están por nacer.
[...]
El afán sincero de cumplir con esa tarea creativa, de perseverar por ese camino hasta donde alcancen las fuerzas, de no dejarse vencer por los titubeos, el hastío o el reproche, es la única justificación válida para el que cultiva la prosa. Y si tiene la conciencia tranquila, su respuesta a quienes, en la plenitud de una sabiduría que busca el provecho inmediato, exigen expresamente verse edificados, consolados, entretenidos; quienes exigen verse mejorados sin demora, o animados, o asustados, o escandalizados o complacidos, debe responderles: la tarea que me propongo alcanzar, sin más armas que la palabra escrita, es que ustedes oigan, que sientan y, ante todo, que vean. Eso, y sólo eso, nada más. Si lo consigo, hallarán aquí lo que se merecen: aliento, consuelo, temor, deleite, todo cuanto exigen; y quizá también ese atisbo de verdad que han olvidado reclamar.
[...]
Cuando uno emprende ese propósito con mano firme, si se está a la altura y la suerte acompaña, quizá pueda alcanzar un grado de sinceridad tal que la visión de dolor o de piedad, de terror o de júbilo, despierte al fin en quienes la contemplan ese sentimiento de solidaridad insoslayable: solidaridad en el origen misterioso, en el trabajo árduo, en la alegría, en la esperanza, en el destino incierto, que une a los hombres unos con otros y a toda la humanidad con el mundo visible.
[...]
Detener por el espacio de un aliento, las manos ocupadas en el trabajo de la tierra e instar a los hombres embelesados por la visión de metas distantes, a contemplar por un momento las formas, los colores, las luces y las sombras a su alrededor; pedirles que se detengan en una mirada, un suspiro, una sonrisa: ese es el propósito, difícil y evanescente, y reservado sólo a unos pocos. A veces, sin embargo, quienes están a la altura y la suerte los acompaña son capaces de lograrlo. Y entonces... ¡hela aquí! Toda la verdad de la vida se despliega ante nuestros ojos: una visión fugaz, un suspiro, una sonrisa, y el regreso al descanso eterno".
Joseph Conrad. Prólogo a el negro del Narcissus en la edición de sus obras completas.

Y por eso me gusta Conrad. Puede que sea mi escritor favorito. Él tiene muchos de esos instantes en el que la verdad de la vida se despliega ante mis ojos. Se le ha tildado de escritor de aventuras, pero eso es tremendamente injusto. Es un escritor que se adentra en el alma humana y nos permite vernos reflejados en sus obras.

Este prólogo viene en un libro que se llama nota del autor que incluye los prólogos a la edición de sus obras completas y que me ha regalado Anniehall y que ha acertado de pleno con el regalo. Gracias.

¡Vuelve, a casa (de Ávila) vuelve..

...por Navidad! Pues sí, amigos. Un año más ha vuelto a mis vacaciones abulenses el catarro y la irritación de garganta. No falla. Creo que el año pasado me libré, pero eso fue algo extraordinario. El caso es que ya estoy, creo que con faringitis, postrado en el lecho del dolor. Bueno, eso es un poco exagerado porque no estoy en la cama. Eso sí que es para mí una tortura: tener que estar el día en la cama. Además tampoco tengo fiebre. Es una especie de catarro que me tiene la nariz taponada con espasmos de picor y llanto junto con una garganta rasposa que me duele.

Y yo no sé si es que ya me he vuelto muy blandito de llevar tanto tiempo viviendo en Madrid o qué, pero el caso es que es volver en Navidad a casa de mis padres y pillarme alguna enfermedad. La favorita son las anginas, pero por el momento (cruzo los dedos) no parece que haya pillado el number one de mis afecciones, aunque aún es pronto para cantar victoria, que yo soy mucho de ir empalmando afección tras afección.

Es ya casi una tradición navideña como los regalos, el champán o las uvas de manera que cuando falta se hace notar y es motivo de conversación:

—Oye, ¿tú este año no te has puesto malo, no?
—Pues no, de momento aguanto.
—Bueno, todavía hay tiempo para que te pilles unas buenas anginas.
—Sí, además parece que refresca y en mi habitación hace frío.
—Si quieres bajo el termostato a ver si así cumplimos las tradiciones.
—No, no te molestes, si tampoco es que sea una tradición especialmente agradable.
—Quita, quita, mejor que te pongas malo ahora que estás de vacaciones y te podemos cuidar que luego cuando estés trabajando.
—Bueno, si insistes. Pero yo lo que no quiero es molestar.
—Calla, que no es ninguna molestia. Voy a la farmacia a por flumil y frenadol.
—Muchas gracias, yo, si eso, me voy a mi cuarto a ver si pillo un bacilo...
—Vale, suerte. Seguro que encuentras alguno.

Bueno, a lo mejor no es exactamente así, puede que haya exagerado solo lo justo para darle mayor tensión narrativa al texto, pero no anda muy lejos de la verdad... o sí, o yo qué sé... ¡que estoy malito!

En fin, que solo quería haceros partícipes de mis desventuras, no para que me tengáis lástima, que también, sino para que me tengáis presente en vuestros deseos del nuevo año y pidáis que las próximas navidades sean unas navidades sin miasmas para el niño desgraciaíto. #prayfordesgraciaito


Haciendo de República

"Después de todo, amigo lector, yo soy un hombre moderno. Soy un hombre de mi época, aunque, la verdad, preferiría serlo de cualquier otra".
Julio Camba

Julio Camba es uno de los mejores escritores españoles. O periodistas. Creo que es el tercer o cuarto libro de artículos suyos que me leo y no me canso. Este es, de alguna manera, el más político de los que me metido p'al cuerpo. Trata sobre la República, sobre la guerra civil y sobre esa situación de enfrentamiento permanente.

Camba era una persona de derechas convencida y este libro recoge principalmente sus ataques a los socialistas y a los republicanos. Por otra parte (o por la misma) era una persona muy inteligente y divertida y muchas de sus columnas están llenas de ironía, humor y mala leche.

Tiene un humor que yo comparo con el de Mark Twain, aunque con un regusto amargo, y más en este libro. Por ejemplo, hay un capítulo en el que se incluyen algunas columnas de la guerra civil en las que se percibe el odio hacia el otro bando. Esa media España que odia a la otra media y donde la racionalidad, la urbanidad y la convivencia han desaparecido. Y en eso yo veo que no somos muy distintos hoy en día. 

Hay un sentimiento de odio constante contra "los otros". Los otros son malos, son bobos, son dañinos, no tienen sentimientos, son mezquinos y mas simples que un palo. Nosotros, por contra, somos cosmopolitas, inteligentes, generosos, confiados y magnánimos. Y, claro, duele ver que seguimos igual, que no aprendemos. O, lo que es peor, que aprendemos justamente eso, a odiarnos. Es triste, pero debe ser así porque no creo que seamos genéticamente distintos a otros países y si en esos países no se odian o han aprendido a respetarse debe ser un conocimiento adquirido, no innato. Y si ellos lo tienen y nosotros no, debe ser que nos lo vamos inoculando de generación en generación. Un drama, claro.

En fin, el libro es muy, muy recomendable. Cualquier libro de Camba lo es y yo echo en falta que no haya unas obras completas suyas porque al final los libros que hay son recopilación de artículos suyos en los que se repiten algunos en cada uno de ellos.

Un par de párrafos:

"Bajo la República, como bajo la Monarquía, la sopa del español sigue estando fría y el gazpacho templado, y quien habla de la sopa fría y del gazpacho templado habla de una Constitución liberal con una apostilla dictatorial y de tantas otras cosas por el estilo. En el restaurante, donde nadie, ni los camareros ni el público, tiene un verdadero concepto de su función, mi amigo, que es el único que reclama cuando no le sirven las cosas al punto está clasificado como un señor muy chinche; pero yo he comido muchas veces con él, y, con frecuencia, después de haber mandado recalentar su sopa, le he visto esperar a que se le enfriase un poco para poder tomarla. Es decir, que, si mi amigo insiste en  que la sopa esté bien caliente, no lo hace para procurarse una satisfacción gastronómica, sino más bien una satisfacción moral".

"Cualquier error se hubiera disculpado y justificado entonces; pero lo que no se admitía de ninguna manera era este hecho absurdo: unos señores que promueven nada menos que un cambio de régimen para apoderarse de los ministerios y que luego, ya dentro de ellos, tienen que llamar a los empleados de plantilla para preguntarles qué es lo que se puede hacer allí".

En fin, una buena lectura, sin duda. Leer a Camba siempre es un acierto, aunque te quede un poso triste viendo lo iguales que seguimos siendo respecto a ese momento de odio máximo entre "las dos Españas".


El complot mongol

"¿Qué favor le debo al sol 
por haberme calentado, 
si de chico fuí a la escuela, 
si de grande fuí soldado, 
si de casado cabrón 
y de muerto condenado? 
¿Qué favor le debo al sol 
por haberme calentado?..."
José Ruben Romero. La vida inútil de Pito Pérez.

Pues me ha leído ya hace unos días este libro de Rafael Bernal. Me lo recomendó Tonto Lápidas (dejaremos para otro momento indagar en su apodo de tuiter). Él dice que no le hago caso en sus recomendaciones. Yo lo intento, pero no hay tiempo para todo, lamentablemente. Tengo pendiente la conjura de los necios, pero es que no me da la vida.

El libro es una novela negra mexicana. El protagonista, Filiberto García, es un policía bastante acostumbrado a "quitarse de enmedio" a la gente molesta para sus jefes. Y le encargan una misión bastante oscura en la que tendrá que colaborar con los agentes rusos y americanos para desactivar un complot internacional que tiene lugar en México. Lo eligen porque no da problemas y no suele hacerse preguntas y por donde va aparece un reguero de muertos. Lo que pasa es que esta vez sí que se hace preguntas...

Con estas premisas se desarrolla una típica novela negra en ambientes marginales y con giros en la trama. El libro es del año 1969, la guerra fría, el asesinato de Keneddy y el narcotráfico aparecen como referencias a lo largo del libro.

Además está escrito, como tiene que ser, en mexicano y se suceden los diminutivos imposibles con pinche todo: pinches gringos, pinches rusos, pinches chales (chinos), pinche soledad, pinche licenciado... todo pinche.

El libro se lee muy rápido y no es muy largo. Engancha y es una buena novela negra. La versión que me leí tenía bastantes errores de "transcripción" y faltaban palabras. Si os gusta la novela negra este es vuestro libro para estas fiestas. Y si no os gusta, pues... ¡pinches lectores!

Unos párrafos: 

"¿Conque era muy bueno para el cuchillo? Pero no tanto para los plomazos. Y le llegó su día allí en Juárez. Más bien fue su noche. Eso le ha de enseñar a no querer madrugar cristianos en la noche, que no por mucho madrugar amanece más temprano, y a ese gringo ya no le va a amanecer nunca".

"Y ahora todo se hace con la ley. De mucho licenciado para acá y licenciado para allá. Y yo ya no cuento. Quítese viejo pendejo. ¿En qué universidad estudió? ¿A qué promoción pertenece? No, para hacer esto se necesita tener título. Antes se necesitaban huevos y ora se necesita título".

"Filiberto García tomó la taza levantando el meñique, con gran primor. Como un maricón cualquiera. Haciéndole a la visita de compromiso, pero con un pinche muerto tendido en la mitad de la sala. Como si fuera un velorio. Pero yo nunca voy a los velorios de mis difuntos, de mis fieles difuntos. Porque nada hay más fiel que un difunto que uno hace. Siempre se me van pegando y yo siempre me aseguro de que queden bien muertos, fieles a su muerte".

"Y ahora la nación me lo va a agradecer. ¿Y yo qué le agradezco a la nación? Como decía aquel paisano de Michoacán: "Si de chico fui a la escuela / y de grande fui soldado / si de casado Cabrón / y de muerto condenado / ¿Qué favor le debo al sol / por haberme calentado?"".

En fin, un buen libro con el que pasar un rato enganchado a las aventuras de Filibertito.


Ah, y ¡FELIZ NAVIDAD!

A Serrano

- ¿A Serrano? ¿ahora? ¿a comprar la camisa? ¿pero no tenías una?
- Sí, anda, acompáñame que la que tengo no me gusta. Tiene el cuello raro y no queda bien con el traje.
- ¿Y no podías haberlo hecho antes?
- Es que en Santander las tiendas no me gustan…
 - Venga, anda. Luego querrás que no te llamen niño pera. A comprar la camisa el día antes… anda que… Bueno, pero luego vamos a hacernos los análisis ahí al lado, que se ha empeñado mi padre.


- Y si ahora resulta que el Rh sale mal, ¿qué pasa? ¿suspendemos todo?
- Ya, si ya sé que es una tontería, pero así se queda mi padre más tranquilo…
- ¿Y todas estas enfermeras corriendo de un lado para otro?
- A ver si hay un incendio y tenemos que salir corriendo, tú.
- Oiga, ¿qué pasa?
- Una explosión de gas, creo. No hay peligro ya pero hay heridos. Necesitamos sangre… ¿qué grupo tienen?


- ¿Carrero? ¿en serio? ¿y ha volado el coche por encima de los jesuitas? ¡qué barbaridad! Y decían que una explosión de gas…
- ¿Y ahora qué va a pasar? que ya sabes tú que en nuestra iglesia...ya lo viste el otro día en la puerta ‘Tarancón al paredón’. Vaya follón.
- Habrá que hablar con el cura, a ver qué pasa. Y estará todo cerrado, así que lo de tomarnos una copa luego en ese sitio no sé yo.


- Lo que me faltaba, un grano en mitad de la cara…
- ¡P! ¿dónde estás? Ven, anda.
- ¿Qué quieres?
- A ver si tú le convences, que está todo enfadado. Dice que si a tu suegro le dio aquello por no poder invitar a cordero, a él le da también si no se puede poner el uniforme para llevar a su hija al altar.


- Y P ¿cómo va a ir? Porque ellos también tienen que ir por Serrano y lo mismo nos pilla el coche fúnebre.
- Pues sí, no sé, lo mismo van por Generalísimo hasta más arriba. Así no se lo encuentran.
- Habla con ella a ver, no vaya a llegar la novia antes que nosotros, hijo.


- Vamos a ver papá, que no, que yo no me avergüenzo ni mis amigas me meten ideas raras en la cabeza. Mis ideas son mías y te quiero mucho.
- Pero yo estoy de luto y orgulloso.
- Pues de luto irás si quieres, pero mejor sin uniforme. Que la iglesia se supone que está cerrada y nos hacen el favor de abrirnos.
- Claro, si es que esa iglesia y ese grupo… cristianos… si lo que sois es unos roj…
- Pues por eso. Si hay alguien por allí con ganas de montar follón y te ven de militar… no quiero ni pensar la que se puede organizar. Anda, hazlo por mí.


- Ay, qué guapa estás… y el velo, es precioso.
- Pues cuidado con él que me lo han prestado en la tienda y lo tengo que devolver.

… 

- Bueno papá, no te quejarás, ¿eh? Parece que están todos muy contentos.
- Sí, hijo, mucho mejor así. A ver cómo les explicábamos eso que queríais de comer frío ¡y de pie!


(- Ya está éste, mírale qué gracioso. ¿Tenía que tirarme del velo? Pues yo creo que lo ha roto. A ver qué me dicen cuando lo lleve.)


- Ay, qué cansada estoy. Menos mal que al final no ha pasado nada.
- No, y mi padre tan contento. ¿Has visto qué rica está N?
- Sí, una monada. ¿Sabes qué me ha contado C? que en su mesa había unos que se han traído la servilleta y los cubiertos...
- Claro, es que eso es lo que se hacía en las bodas de los pueblos... Oye, que me han dicho que sí está abierto, ¿qué? ¿vamos a tomarnos una copa con los de la panda?
- Pero si te acabo de decir que estoy agotada. Además, no me da tiempo a cambiarme… ¿cómo voy a ir así?
- Mujer, te pones el abrigo encima y ya está, no se nota.
- Anda que no... Venga, vamos.


- ¡Vivan los novios!

Bueno, no sé cómo fue exactamente, esto es una reconstrucción mía a partir de cosas que me han ido contado. Pero el hecho es que un día como hoy, hace cuarenta años, se casaron mis padres. Al día siguiente del asesinato de Carrero en una iglesia en el ojo del régimen por ser nido de no precisamente afines. Les abrieron de tapadillo y, sí, el día antes estaban en Serrano intentando comprar una camisa y haciéndose análisis de sangre cuando empezaron a pedir sangre por los pasillos. Y también se fueron de copas después, con el vestido de novia puesto, a brindar por la boda... y por lo que no era la boda. ¡Felicidades!

No daba yo un duro...

...por que fuera a escribir este post. O al menos con el resultado que os voy a contar.

Recordaréis (y si no podéis pichar aquí) mi sorpresa cuando recibí una multa diciendo que había aparcado mal mi coche en Arenys de Mar y que, consecuentemente, debía pagar 70 euros por dejar mi coche en una zona peatonal.

Me parece muy bien que se multe por cosas así. Muchas más multas tenía que haber y sobre todo si no se pone en marcha mi plan de llevar a todos los niños españoles durante veinte años a Dinamarca para que vuelvan bien educados y entendiendo lo que es vivir en sociedad y la importancia de pensar en los demás. Vamos, hasta que mandáramos españoles y volvieran ciudadanos.

El principal problema es que... yo nunca había estado en Arenys de Mar y menos aún el día de la multa, que estaba en Madrid, en verano y trabajando. Me sentí atrapado por la rueda de la burocracia y ya me veía pagando esos 70 euros. Una indefensión total se apoderó de mi, pensando que eso de que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario son palabras bonitas, pero cuando el recurso se pone ante la adminstración que te ha puesto la multa parece difícil que te vayan a escuchar. Queda la vía judicial, claro, pero ahí la indefensión es mayor aún dado que cuestan más las tasas judiciales que el importe de la multa, además del tiempo y perjuicio que te supondría tener que luchar por la verdad. A veces es más fácil pagar 70 euros y tragar que luchar y perder mucho más.

El caso es que hablé con el seguro y resulta que tengo incluido en mi póliza un servicio de recursos de multas y me puse en sus manos. Ellos elaboraron mis cartas. Volví a recibir la misma multa otra vez. Volví a recurrir y la última vez me indicaron en una carta que por la naturaleza del recurso sospechaban que me estaba tramitando los papeles un tercero y que tenía que presentarme en la oficina de multas de la Diputación de Barcelona para acreditar mi identidad y la de la persona que me representaba. Ahí ya me vine abajo porque tener que ir a Barcelona en horario de trabajo para pasarme por la diputación para acreditar mi identidad me iba a costar mucho más que la multa. Pero nuevamente los del seguro me dijeron que simplemente tenía que firmar una carta que ellos me mandaban y mandarla desde una oficina de Correos por correo administrativo. Así lo hice y... ¡tachán! ¡Me han sobreseído el expediente!

No daba yo un duro por que pasara, pero así ha sido. Estoy muy contento por ello, aunque sigo pensando que eso de tener que demostrar tu inocencia en lugar de que el señor guarda municipal tenga que demostrar tu culpabilidad está muy mal.

No creo que después de esto me queden ganas de pasarme por Arenys, pero al menos no se ha consumado una injusticia. He sabido de otros casos igualmente falsos en los que a los agraviados no les ha quedado más remedio que pagar. Y entiendo que dé rabia, mucha rabia.

Una emoción muy grande

Este año ha sido un año duro. Lo he pasado muy mal. Me han despedido después de 12 años en el circo de una manera que yo considero bastante injusta. Después de meses de angustia, de dormir mal, conseguí mi actual trabajo en el que la verdad es que de momento estoy agustísimo. Tengo una cierta incertidumbre, es cierto, pero las cosas van bien y me siento bastante valorado, lo cual es un cambio tremendo respecto a mi anterior trabajo.

El circo sigue, aunque me da a mí que le quedan pocas funciones. Ojalá me equivoque, pero pintan mal las cosas. Bueno, no quería hablar de estas cosas que son más bien tristes. De lo que quería hablar es de las navidades y, como saben los que trabajaron conmigo en el circo, la ilusión que siempre dije que me haría recibir una cesta de navidad. En todos lo años de circenses sólo recibí un año un sudoku electrónico, otro una mochila que se rompía la primera vez que se abría y otro un altavoz con forma de micrófono para conectar al ordenador. Poca cosa, la verdad. Sobre todo cuando hubo épocas de bonanza en los que diez personas hacíamos el trabajo de treintaypico. Trabajo por treinta personas que se cobró, claro. Pero ni un detalle...

El año pasado J., que ya estaba trabajando en nuestra nueva empresa, nos mandó un correo en el que nos decía: Llevo más de una hora viendo entrar y salir de la oficina a un tío con mono y una carretilla y yo inocente de mí, pensando que qué ñapa nos estaban haciendo. Pues resulta que está cargando una gran cantidad de ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡cestas de navidad!!!!!!!! Ya sé que esto no se hace, pero se me ha acelerado el corazón y todo y tenía que contárselo a alguien, lo mismo a mí ni me dan, pero me he puesto nerviosito. Bueno, he variado un poco el correo porque había algún taco y alguna referencia a los que preferimos permanecer en el economato. Pero el caso es que desde que empecé a trabajar en esta empresa la cesta de navidad ha sido una conversación recurrente.

Y la semana pasada sucedió. Vimos entrar a unos señores con unas cajas que iban almacenando en una sala de reuniones. Había muchas cajas pequeñas y pocas grandes. A mí me entró un nerviosismo que hizo que esuviera toda la tarde distraído. Volvimos a la sala a ver si había más cajas y vimos que se habían igualado las cajas grandes y pequeñas. Parecía que sí, que este año sí. Pero tampoco las tenía todas conmigo. Igual que no tengo derecho a clases de inglés o de gestión por ser nuevo también podría ser que no tuviera derecho a cesta hasta que llevara más tiempo. Pero al final por fin puedo decir que he recibido una cesta de navidad.

Y que recibir una cesta da mucha alegría. En la oficina se notaba esa alegría que es mucho más valiosa que la cesta en sí. Además tampoco es que haya sido una cesta super lujosa, simplemente era una paletilla y dos botellas de vino, pero es más que suficiente. Mucho más que suficiente.

El viernes el Dr_Fiestas y yo completamos el lote en la central del Museo del Jamón con media caña de lomo y un chorizo para pasar estas fistas más contentos.

Y es que una casa con jamón es una casa con alegría, no lo dudéis. Yo, para afianzar esa alegría, esta noche me voy a hacer un bocadillo de cesta de Navidad.

Green shadows, white whale

"When it was over, I was reminded of Elijah at the gangplank or myself in Beverly Hills in the bookshop buying my portable Melville and hearing that strange woman’s prophecy of doom: “Don’t go on that journey.” And my naive response, “He’s never met anyone like me before. Maybe that will make the difference.” [...] Years have passed and rereading the material, I have no reason to revise my opinion. The bottom sum is John Huston changed my life forever. By offering me Moby Dick, my first screenplay, he gave me a chance to move out into the world and be recognized for the first time".
Ray Bradbury. Green shadows, white whale.

Llevo una racha no ya buena, sino superior. Me estoy leyendo libros buenísimos. Estoy disfrutando de la lectura. Ni siquiera el Club de Lectura ha roto la racha... ¡y que siga!

A este libro le tenía muchas ganas y al final me decidí a comprarlo. Podía haber esperado a navidades por si caía, pero en kindle es mucho más fácil leer en inglés y, además, suele ser más barato.

Moby Dick es un libro buenísimo. Sin duda. La película de Moby Dick no es tan buena, o a mí no me lo parece. Gregory Peck no queda bien como Ahab. Las escenas nocturnas tienen más luz que las del día y Moby Dick se ve completamente de corcho. Aún así atrapa y tiene algo que no sé definir que a la vez que te aburre un poco te hace querer seguir viéndola.

Bien, este libro trata sobre la escritura del guión de la película. John Huston contrató a Ray Bradbury como guionista. Bradbury ya había escrito Crónicas Marcianas y Farenheit 451 y era relativamente famoso. Admiraba a John Huston y se lanzó a la aventura de trabajar junto a él. John Huston debía ser un elemento de mucho cuidado. Egocéntrico, colérico, mimado... una joya. Y parte de eso se ve en este libro a pesar de la admiración de Bradbury por él se muestra lo difícil que era trabajar con él.

Pero esa no es la parte que más me ha gustado del libro. Si tuviera que definir el libro diría que es algo parecido a "El hombre tranquilo", la película de John Ford. La mayoría de las historias que cuenta es sobre la gente que conoció en Irlanda. Historias tronchantes y que muestran esa Irlanda que está muy cerca del realismo mágico. Tal y como dice más o menos en algún punto del libro la inteligencia es lo único que produce esa isla. Esas historias, esa capacidad para reírse de sí mismos, el misterio...

También es posible que esa Irlanda sea solamente una creación literaria. No lo sé. En cualquier caso a mí me encanta. Me encanta "El hombre tranquilo", me encanta este libro. Ahora, a word of caution, es bastante difícil de leer. Por un lado usa las expresiones irlandesas y la forma fonética de cómo pronuncian las palabras (como Jaisus en vez de Jesus o me en lugar de my), y por otro lado está escrito en un idioma literario que lo hace especialmente difícil. Yo me lo he pasado estupendamente leyéndolo, pero advierto que hay que tener un nivel alto de inglés o las suficientes ganas para dejar de entender frases y seguir adelante.

Tampoco quiero destrozar el libro, pero os contaré sólo una de ellas para que os hagáis una idea: en un momento se muere un Lord de la zona y todos los parroquianos se lamentan de que se vaya a echar a perder el vino que tenía en sus bodegas. Empiezan a pensar que a lo mejor se lo deja a la gente en herencia o piensan en ir al castillo a asaltar la bodega. En esto llega el entierro y allí un abogado revela su última voluntad que es que, como en el pueblo son todos unos brutos que no apreciarían el vino, viertan sobre su tumba todo el vino que tenía. Todos se encolerizan, y el que más el cura, afirmando que eso es sacrilegio. Se reúnen y finalmente se les ocurre una idea. Se juntan con el abogado y le dicen que con tal de que el vino termine en la tumba, el camino intermedio es indiferente, a lo que el abogado tiene que admitir que sí. Entonces asaltan las botellas afirmando que durante la próxima semana dejarán que la naturaleza siga su curso y vaciarán las vejigas siempre que tengan ganas en la tumba del Lord. Bueno, muy divertido. Como esta hay muchas historias y mucho más divertidas de lo que yo pudiera transmitiros.

En fin, unos párrafos:

—¿Tiene usted idea de cuantos profesores universitarios que se han paseado por aquí con migrañas? 
—Nunca
—El cerebro se daña por tratar de buscar respuestas, ¿no lo piensa usted así?

"Un hombre excelente" dijo Finn, tomándose un trago a su salud, "a pesar de que pasara dos semanas al año en Londres".

Nace alguien y puede que lleve la mayor parte del día el que las noticias fermenten, se filtren, o circunnaveguen los riachuelos irlandeses hasta la ciudad más cercana y hasta el mejor pub, que es el de Heeber Finn. Pero deja que alguien se muera y una orquesta sinfónica entera sobrevuela los caminos y las colinas. ¡La fanfarria corre a través del campo para rebotar en todos los tablones del bar y hacer a todos los bebedores pedir más!

Os lo recomiendo. A lo mejor lo hay en español. La verdad es que no lo he mirado. Un libro corto y divertido sobre el guión de Moby Dick y sobre muchas más cosas. ¡Por allí resopla!
Por cierto, aprovechando el tema, os voy a comentar que hace unos meses me compré una revista dedicada completamente a Moby Dick, a Melville y a las aventuras marinas. Parece que es el primer número de una revista anual sobre clásicos de la literatura universal. Creo que el segundo número será para la Isla del Tesoro. A esta revista ya hay que venir leído de casa porque se habla de traducciones, de versiones, de interpretaciones, de ilustraciones y de biografías del autor y de los personajes. Me está gustando bastante, aunque la estoy leyendo a salto de mata. Pero si eres un fan de la ballena blanca no puedes perdértela. Hay artículos de Muñoz Molina, de Savater, de Pérez-Reverte (aunque lo que escribe no tiene mucho que ver con Moby Dick), de Garci, y de otros muchos. Algunos conocidos, la mayoría desconocidos para mí.

El conde negro


"No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. 
Sólo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida. 
Vivid, pues, y sed dichosos, hijos queridos de mi corazón, y no olvidéis nunca que hasta el día en que Dios se digne descifrar el porvenir al hombre, toda la sabiduría humana estará resumida en dos palabras: ¡Confiar y esperar!"
Alejandro Dumas. El conde de Montecristo.

Hoy os voy a hablar de este libro de Tom Reiss. Es el ganador del premio Pulitzer 2013 en el apartado de biografía. La verdad es que ya iba yo encantadísimo a leerlo porque el conde de Montecristo es un libro fantástico que me fascinó cuando lo leí hace ya bastantes años. Así que al ver en el resumen del libro que el modelo que utilizó Dumas para Edmundo Dantés fue... su propio padre, no pude hacer más que ponerme a leerlo. Adelanté el libro del club del próximo mes para que me diera tiempo (primero el negocio y luego el ocio) y me sumergí en esta maravillosa biografía.

Entiendo que las biografías no son para todos, y menos si —como es el caso— está en inglés, pero yo no puedo hacer otra cosa que recomendárosla. La vida de Alexandre Dumas padre (o abuelo) parece sacada de uno de los libros de su hijo. (Algún spoiler, aunque casi ninguno que no se lea en la portada o en la sinopsis del libro).

A modo de resumen os diré que nació en Haití de un padre aristocrático venido a menos y una esclava negra que huyeron de la plantación de  azúcar de su hermano y que luego se dedicó al contrabando y a la intriga para terminar arruinado. Que ese padre tan aristocrático vendió a sus cuatro hijos como esclavos y se guardó una opción de recompra por Alex. Que el padre aristocrático volvió a Francia, que dilapidó su fortuna en que su hijo tuviera una buena educación. El hijo (el padre de Dumas, sí es un poco lío) entró en el ejército como soldado raso y llegó a general. Era guapo, fuerte y educado. Además era temerario y valiente. Tuvo gestas militares gloriosas. Le pilló la revolución francesa y sirvió al lado de Napoleón en Italia y en Egipto. Se odiaron. Y, por si fuera poco, estuvo preso en un castillo y sufrió la traición de la gente en la que confiaba. Incluso sale alguien parecido al Abate Faria.

(Fin de spoilers)

Después de esto veréis que la comparación con el Conde de Montecristo no está mal traída, ¿verdad?

El libro tiene un montón de notas, bibliografía y demás (de hecho es casi la mitad del libro). Se lee casi como un libro de Dumas. Tiene una  estructura similar (dividido en varios libros y en muchos capítulos) que no creo que sea una casualidad.

Algún párrafo (la traducción es mía):

"Los intelectuales franceses abrazaron la revolución americana de manera muy similar a como los intelectuales franceses del siglo veinte abrazarían la revolución rusa y sus consecuencias —de todo corazón. De la misma forma en que sus modernos colegas ingnorarían la opresión de los regímenes comunistas, los intelectuales franceses del dieciocho defendieron a los nuevos Estados Unidos frente a las acusaciones —más fuertes desde Inglaterra, por supuesto— de hipocresía acerca de la esclavitud".

 "El peor pecado que alguien puede cometer es olvidar. Los villanos de El Conde de Montecristo no asesinan al héroe —Edmundo Dantés— lo encierran en una mazmorra donde es olvidado por todos. Los héroes de Dumas nunca olvidan nada ni a nadie: Dantés tiene una memoria perfecta para los detalles de todos los campos del conocimiento humano, acerca de la historia del mundo y de todas las personas con las que se ha cruzado en su vida. Cuando se enfrenta a ellos uno a uno, descubre que los asesinos de su identidad han olvidado hasta su mera existencia y, así, sus crímenes".

"Dumas el novelista tomaría prestado características de sus dos tíos, y por supuesto de su abuelo, la famosa sabandija, para crear los principales villanos del Conde de Montecristo. Leyendo documentos judiciales que detallan el origen sórdido de la vergonzosa fortuna de Charles, que tendrá efectos devastadores sobre su hija y su inocente marido, no podía evitar pensar en que una de las cosas interesantes de los villanos de Dumas es que, aunque ellos sean avariciosos y no tengan principios, crían hijos que pueden ser inocentes y decentes. Esto es algo que el escritor conocía perfectamente de su propia familia".

En fin, que no sé qué hacéis que no os estáis lanzando a leer este libro. ¡Ya tardáis!


Home, sweet home

Mira que os lo tengo dicho. Yo os aviso, os digo que nunca es demasiado pronto para empezar a comprar los regalos de navidad. Pero no hacéis caso y pasan estas cosas de las que me enteré gracias a Hermano Electrón.

Y yo me alegro muchísimo de que a estas alturas ya tenga todos los regalos encargados tanto a SSMM los reyes de Oriente como al simpático gordinflón del gorro rojo.

Este año no he pisado una sola tienda para encargarlo todo y soy tremendamente feliz por ello. Bueno, no había pisado ninguna tienda hasta que Anniehall quiso que fuéramos a comprar un regalo para C que sólo vendían en una cadena de tiendas... pero al menos no fue en el centro y no había mucha gente.

Odio las aglomeraciones en general, pero las navideñas aún más. Cuando he tenido que ir al centro a comprar algo siempre he terminado cabreado, nervioso y sobrepasado. Incluso me entra angustia porque pienso que no voy a poder volver a mi casa. Todos los taxis ocupados, todos los autobuses hasta arriba... en fin, que no me gusta nada.

Hace unos cuantos años fuimos con los niños a Sol y a la plaza Mayor y casi nos morimos. J iba todavía en silla e intentar disfrutar de las luces y del paseo fue una locura. Conseguimos volver sanos y salvos, pero mejor si no volvemos a intentarlo. Al menos de momento.

La verdad es que el centro de Madrid siempre está bastante lleno, pero en estas fechas es lo más parecido a una película del Oeste de esas de llevar el ganado a Albuquerque: todas las vacas apretadas intentando que quepan más mientras las meten en el tren.

Y, vamos, a mí no me hace ninguna gracia ser una de esas vacas sin cuernos y piel de mapamundi sepia. Llamadme raro.

Claro que el comprar en previsión de evitar esos atascos y que las cosas lleguen a tiempo tiene el lado peligroso de que algún regalo no sea del agrado del que lo recibe y te lo tengas que comer con patatas porque ya es tarde para devolverlo. Aún no me ha pasado, pero es un riesgo que asumo por no enfrentarme a las masas.

Además yo lo de los regalos lo pienso y lo repienso, creo que soy un buen ayudante de Santa, tanto que creo que incluso me parezco un poco:


Bueno, ¿y vosotros cómo váis con los regalos? ¿Sois de los previsores u os gustan las calles atestadas de gente? ¿Sois más de internet o de centro comercial? ¿de Batman o de Spider-man? o lo que es más importante ¿sois más de colacao o de nesquik?... eso explicaría muchas cosas...

Las lunas de Júpiter

"Hay que luchar por conseguir la fama y luego pedir perdón por ella. Tanto si la consigues como si no, tú tendrás la culpa"
Alice Munro. Las lunas de Júpiter.

Un primero de mes más llega la reseña en los blogs de los miembros del club de lectura más intrépido de los alrededores. Este mes, y siguiendo las nuevas directrices para flagelarnos más (ya sabéis que la flagelación también crea tolerancia y hay que ir aumentando la dosis), decidimos leernos un libro de la reciente premio Nobel Alce Munro.

Loable propósito. Elegimos un libro sin muchas páginas y de una autora que aparece básicamente como autora de cuentos. Yo soy muy fan de los cuentos, así que en principio intuía que podría gustarme.

¡¡ERROR!! Claro que puede tener algo que ver con las expectativas. Para mí un cuento es un mundo autocontenido y de extensión reducida. Para mí un cuento es Borges, es Cortázar, es Benedetti, es Twain, es Poe, es Chéjov (aunque me he leído poco),es Turguenev, o es el Dostoievski de las Noches Blancas entre otros.

Bueno, lo que cuenta esta señora no tiene nada que ver con cualquiera de los arriba mencionados. Son fragmentos de vida sin historia. Hay ligeros pasajes o flashbacks que permiten intuir una desgracia, un sentimiento... es acercarse a escondidas a dos personas hablando en un banco y transcribir (si pudiéramos) sus diálogos y pensamientos. Hay que olvidarse de lo de planteamiento, nudo y desenlace. No hay más historia que la que quiera inventarse el lector a partir de los datos. Es mirar una postal e inventarte la historia. Normalmente triste, porque, al menos en este libro, las historias son tristes.

Entiendo que haya a quién le guste. A mí me ha pasado lo mismo que me pasa con el arte moderno. Yo veo esto:


Y me quedo como estaba. Sé que hay gente a la que este tipo de cuadros le encanta. Ven más de lo que yo veo ahí. Ven más de un cuadro pintado de azul con una raya atravesada negra. Incluso hay quien lo mira extasiado mucho rato hasta que los ojos le hacen chiribitas. Me parece fantástico e incomprensible a la vez. Les envidio porque ven algo que yo no puedo ver. Hay que poner más de lo que hay ahí. Hay que llevar las cosas dentro. Supongo.

Lo mismo me pasa con este libro de Munro. Es como si yo fuera un cedazo y esta señora arena demasiado fina, ha pasado por mí sin que se me haya quedado nada. Es algo descorazonador porque leer el libro ha sido largo y a ratos desesperante. Nunca creí que un libro tan corto me fuera a durar tanto. No me pasaba desde Crónica de una muerte anunciada. He tenido que esforzarme y obligarme a leer cada día un trozo para poder acabarlo. Y ni siquiera puedo desahogarme y ponerlo a parir porque es que tengo que cerrar los ojos, apretar muy fuerte y pensar mucho para tratar de recordar alguno de los cuentos.

No es el horror de Irving, ni la sordidez de Roth, ni la pesadez de Fuentes. Es otro tipo de tedio. Creo que debe ser el caso típico de aplicación de la máxima "donde no hay mata, no hay patata". Y yo no tengo mucha mata para esta señora.

También tiene una cierta tendencia (aunque a lo mejor es achacable a la traductora) a usar adjetivos a troche y moche: "abiertos dinteles", "silenciosos guardarropas atestados de abrigos de lana", "confortante murmullo", "instrucciones metódicas"... que a mí no me gusta nada, pero eso ya son rarezas mías.

Buceando en el kindle, encuentro estos párrafos marcados:

"Su vida y su presencia, más que cualquier opinión de las que expresa, te recuerdan que el amor no es amable ni honesto y que no contribuye a la felicidad de ninguna forma fiable".

"Y junto a este orden y aquiescencia hay una presión familiar, de anhelo o presentimiento, aquella extraña protuberancia de algo que a veces puedes percibir en la música o en un paisaje, apenas contenido, que promete estallar y revelarse, pero no lo hace, se disuelve y desaparece".

"Estos hijos que también se van haciendo mayores, quieren que ella se quede donde estaba hace cuarenta o cincuenta años. Tienen una idea de ella que es tan tierna y necesaria como cualquier idea que un padre haya tenido siempre de un hijo".

Bueno, a mí no me ha gustado, pero supongo que a otras personas sí. Podéis intentar ver lo que piensan el resto de los miembros del club en sus siempre interesantes y casi siempre atinadas reseñas en sus blogs: el de Juanjo, el de Paula, el de Carmen y el de Bichejo.