El subconsciente, ese gran desconocido

Tengo que empezar diciendo que estoy escribiendo este post a las 7 de la mañana en mis vacaciones. Sé que eso no habla muy bien de mí, pero si hablara bien de mí esto se parecería más a otros blogs y seguramente no tendría el gran éxito de crítica y público que tiene. He de decir que estoy con anginas y con un dolor de cabeza de un par de narices, así que disculpadme si me notáis algo espeso.
Me parece que me estoy llendo por las ramas. El motivo de estas líneas era relataros los sucesos que acaecieron ayer por la noche.
Todo empezó en una lluviosa tarde santanderina (bueno, realmente no llovía, pero, como llevaba lloviendo sin parar los últimos tres días, a uno de secano como yo ya se le mete dentro que llueve). Tan lluviosa que nos quedamos sin bodies para J. así de jodía es la humedad. El pobre J. no anda sobrado de bodies, teniendo además en cuenta que está heredando los de su hermana de color rosa. Tal vez dentro de veinte años haya un post de J. contando sus traumas y esto aparezca por el ciberespacio o lo que se estile por entonces. El caso es que mi suegra con gran diligencia se puso a planchar uno para secarlo y como vio que no se secaba deprisa decidió meterlo en el microondas sin acordarse de los automáticos de metal. El resultado fue un body chamuscado y quebradizo que según se lo ponía al pobre J. iba sonando a desgarrón y a que en cualquier momento me iba a quedar con una parte en la mano y J. iba a deambular por la casa como un paganito cualquiera.
Hacía tiempo que Anniehall quería ver la película de Merryl Streep así que decidimos pasarnos por el centro comercial, comprar unos bodies, cenar en el hollywood e irnos a otro centro comercial (el primero no tiene cines) a ver la película.
El primer objetivo lo conseguimos entre una marea humana considerable. El segundo lo conseguimos tardando más de lo previsto. En el Hollywood andan mal de personal, son lo que yo llamo trabajadores tipo funcionario: gente a la que tienes que agradecerle que de vez en cuando se dignen a prestarte atención (que no se ofendan los funcionarios de este blog, ellos son los primeros que saben de qué tipo de personaje hablo). La verdad es andan mal hasta de cartas. Tuvimos que esperar más de un cuarto de hora a que nos dieran la carta porque había una mesa de ocho que aún no había pedido y tenían monopolizadas las cartas. Como somos pusilánimes esperamos en nuestro rincón y nos portamos como ganado obediente. Cenamos, pagamos (intentó pagar Anniehall cuya tarjeta no funcionaba y pagamos con la mía) y nos fuimos disparados porque íbamos con el tiempo justito.
Llegamos a tiempo al cine y cuando fuimos a sacar las entradas del cajero automático...

-No tengo la tarjeta ¿dónde está la tarjeta?
-¿Seguro que no la tienes en otro sitio?
-No, siempre las pongo en el mismo sitio.
-Pero a lo mejor las tienes en el bolsillo...
-No, me la he dejado en el Hollywood. No recuerdo haberla visto.
-Pero si estaba ahí en la mesa.
-No me acuerdo...
...

-Venga, vamos al Hollywood.
-Lo siento.

Volvimos al restaurante y allí estaba la tarjeta. Al final nos quedamos sin cine y aquí es donde viene lo del subconsciente: ¿será que no quería ver la película? ¿mi subconsciente al ver que había cubierto sus necesidades básicas quería irse a dormir? ¿soy un desastre con patas? ¿serán los antibióticos? ¿Serán las bacterias que invaden mi garganta (y posiblemente mi cerebro) las que no querían ver una peli de tías?
Misterios.
Lo siento, Anniehall, eres una santa.

4 comentarios:

  1. Si ya lo sabía yo... mucho a mí me da igual pero esta fue tu venganza por no ir a Avatar...

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  2. Anniehall, no ir a ver Avatar, mal. Obligar a ND a ver una peli de Maryl Streep es cruel. Te mereces esto y un mes sin cine.

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  3. Avatar, avatar, cuando tenga un rato te hablaré de avatar, que sí fuimos a verla también. Y que conste que a ND le gustan las pelis del tipo de la de Meryl, que no soy yo torturadora ni mucho menos.

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  4. vale, vale. A lo mejor me he pasado. Es que no soporto a Meryl Streep

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