Leche, cacao, avellanas y azúcar... Nos-tal-gia

Hoy me ha llegado uno de esos correos que resucitan periódicamente sobre las cosas de nuestra tierna infancia ochentera y los cambios que ha habido desde entonces. En él dicen que ahora la Nocilla se llama Nutella.


Al nombrarla, la Nocilla ha tenido un efecto magdalenoproustiano en mí y me ha retrotraído a mis años de Nocilla, por llamarlos de alguna manera. En mi casa, la que nos gustaba era la blanca. Lo sé, me llamaréis rara por esto. Lo tengo muy hablado y sé que la que triunfa en todas partes es la negra. Será que en casa éramos racistas o, que, para negros, nosotros el del África tropical del Cola Cao, quién sabe. (Vaya, alguien debería patrocinarme esta entrada, pienso).


El caso es que me he puesto a recordar cuando mi madre volvía de la compra y corríamos a ayudarla a sacar las bolsas del coche. Era imprescindible ayudar para enterarse de lo que había comprado. Si entre la compra había Nocilla entonces empezaba la competición. El primero en merendar triunfaba, porque el primero en merendar se hacía un bocadillo con tooooda la Nocilla blanca del bote. He dicho bien, toda. Luego la negra podía quedarse meses criando cristalitos de azúcar en el armario, pero la blanca duraba exactamente un bocadillo. Así que el segundo en llegar a la meta (o sea, al armario de la Nocilla) se quedaba preguntándose, y sintiéndose discriminadísimo, por qué no se hacían botes enteros de Nocilla blanca.


Años después, haciendo la compra, descubrí con alborozo que ¡por fin! alguien había atendido nuestras súplicas. Allí ante mis ojos, tenía un bote entero de Nocilla blanca, inmaculada, sin una sola motita de crema negra que la estropeara. Creo que de haber tenido móvil en ese momento habría llamado a mi hermano para participarle tamaño hallazgo. Yo, que por aquella época andaba bastante gilipollas y alejada de la verdadera percepción de mi propio cuerpo y lo compraba todo light (ahora que soy mucho más consciente y debería realmente hacerlo paso), no pude resistirme y me llevé un bote a casa.


Recuerdo ir en el autobús con las bolsas a cuestas relamiéndome por el festín que me esperaba al llegar a casa. Creo que me faltó tiempo para hacerme un delicioso bocadillo de mi añorada Nocilla blanca. ¿Delicioso? Aquello me pareció un asco. Vaya decepción entre panes me comí aquel día. Esas rebanadas cubiertas de crema blanca borraron de un plumazo mi dulce recuerdo para recubrirlo de cierta amargura. ¿Tan mal gusto teníamos? ¿Sería que habían cambiado la receta?


Desde entonces he decidido no volver a intentar revivir los momentos que nuestra memoria atesora como irrepetibles. Mejor que se queden allí. Porque como todos sean como la Nocilla blanca, me cargo mi infancia.


Y también me tomo con otro aire los correos nostálgicos que nos llegan de cuando en cuando. Sí, aquello estaba muy bien, pero también tenía un lado muy cutre. ¿O no os acordáis de los vaqueros nevados, del verdugo de lana que picaba un huevo y se quedaba helado a la tercera respiración, de la ropa interior de ganchillo que se clavaba en las partes más sensibles y de los pirulís esos que tenían barquillo por fuera y que se pegaban a los dientes como si fuera Superglue? Definitivamente alguien (que no mire el contador de visitas) debería patrocinarme esto.


Por cierto, sabed que desde aquello no he vuelto a ver Nocilla solo blanca en ningún sitio. ¿Acaso fui yo la única incauta en picar?


Nota. ¿Soy también la única que no sabía que el plural de pirulí es pirulís? Ya estaba yo despotricando contra el corrector ortográfico cuando la rae me ha cerrado la boquita. Menos mal que esta vez no me pudo la prepotencia y lo consulté.

6 comentarios:

  1. Yo, de este post sólo puedo decir como el del chiste: 'A mí lo que me gusta es jugar al póker y perder...'

    Pues eso, en mi casa no había nocilla, no había chocolate, no había plátanos... nada que mi hermano pudiera meterse de una tacada entre pecho y espalda y engordara.

    Aunque tú esto ya lo sabes, aprovecho para hacerme el pobrecito con los demás.

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  2. Desde luego, este post me ha hecho revivir mi dura infancia de niño pobretón, pensar que botes de nocilla se ponían malos mientras que mi hermana y yo fabricábamos nocilla casera a base de margarina mezclada con colacao marca día...

    Pero es verdad, los recuerdos hay que dejarlos dormir tranquilos porque es mejor un falso buen recuerdo que la triste realidad. Yo todavía recuerdo lo mal que me sentí al ver de mayor un capítulo de Mazinger Z.

    Ah! y yo también llevé pantalones nevados, es más, tuve una cazadora vaquera nevada, qué triste!!!

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  3. Yo nunca fui muy de Nocilla, le daba más al cutre Paté La Piara, los embutidos de la tierra y los dulces Martinez ( esas magdalenas con un poquito de azucar por encima, con papel negro y que comía con cucharilla para comerme la parte que quedaba pegada al papel).

    Pero ¿ qué me decís del Tang Naranja?

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  4. Yo era más de un tang rojo, no me preguntes de qué sabor era (¿sabor a colorante?).

    Y no me hables del paté la piara, que entramos en terreno resbaladizo. Yo lo llegué a comer untado en galletas maría. En cuanto sepa esto ND se pone a escribir un post sobre mis gustos bocadilliles.

    Martínez, martínez, con lo buenas que estaban esas magdalenas y el mal que han hecho difundiendo por el mundo una cosa a la que tienen la jeta de llamar sobao.

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  5. En mi casa sólo se comían bocadillos de Nocilla los viernes de cuaresma (los días que no se podían comer de chóped, vaya). Para comer, potaje, y para merendar, bocadillo de Nocilla.
    Claro, que de mayor me estoy desquitando y ahora siempre tengo un bote de Nocilla en el armario al que meto el dedo cada vez que me levanto del sofá.
    Por cierto, la Nocilla sigue siendo Nocilla. La Nutella es lo mismo, pero de otro fabricante(creo que es de Ferrero).

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  6. El paté La Piara con galletas me ha recordado a las Príncipe de Becquelar y, sobre todo, a la versión "alternativa" que se preparaba con dos galletas María y mantequilla en medio, ¿o era Tulipán?

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