Relevos, encuentros y... encontronazos

Ayer fue un día duro. Duro por cansado y duro (bueno, durillo) por lo que contaré después. Menos mal que también tuvo grandes cosas.

C ha entrado en un maratón de cumpleaños y tiene una vida social que ni un autor de promoción literaria. A algunos invitan a J y a otros no. Al de ayer no así que me esperaba una tarde jugosa. Salir del curro, dejar el coche, recogerles, llevarlos a casa, merienda suya con éxito, intento frustado de comer yo y cambio de ropa.

Cuando llega ND, nos damos un beso con prisa y salimos C y yo al cumple. Va nerviosa y muy contenta. Ojalá conserve siempre esta ilusión por las cosas. Otro ratito de paseo y llegamos. La dejo y me vuelvo. De camino recuerdo que tenemos la nevera temblando y hago una compra de supervivencia.

Llegando a casa calculo si podré sentarme diez minutillos antes de volver a salir. De frente alguien saluda a la que va delante. Pasa de largo. Mientras me pregunto por qué me doy cuenta de que a quien saluda ese alguien es a mí. ¡Coño! Hace casi cuatro años que no nos vemos. Dos o tres minutos de conversación insustancial. Le acaban de trasladar, va a ser padre, este barrio está muy bien...

Por fin entro en casa. Guardo las cosas. Al traste mi momentito de sofá. Hace mucho tiempo que lo superé. Y sin embargo es curioso como verle remueve todavía cierta amargura en mí, por lo gilipollas que fui por dejarme torear de aquella manera. Efectivamente, como alguien muy sabio me ha dicho hoy, yo sé que "el problema no es él sino cómo te ves tú, cómo contemplas tu yo de aquellos años con relación al de hoy."

Y es que mi yo de aquellos años, vaya un yo, oiga. Aquel fue mi primer novio, mi primer beso... Mi yo de quince años, que se creía tan madura y tan mayor, supo que aquello era amor verdadero. Un clásico. Y su yo de quince años se asustó. Otro clásico. Así pasamos un primer año y pico de 'amor verdadero' en la clásica línea del dramatismo adolescente. Hasta que por fin me di cuenta de que así no podía seguir y le dejé. Mucho tardé, que él bien se había empeñado conseguirlo.

Por supuesto aquello no fue el final. Que si podemos ser amigos. Que si ahora una recaída. Que si cada uno por su lado pero. Que si podemos ser solo amigos y así estamos mucho mejor (claaaaro)... En fin, otro(s) clásico(s). El de me agarro a un clavo ardiendo, cualquier cosa hasta que se de cuenta de que soy el amor de su vida.

Y así pasaron los años, no sé cuántos. Pero llegó el momento en que por fin hice lo mejor que podía hacer: poner tiempo y distancia de por medio. Y funcionó. Y entonces me di cuenta de lo tonta que había sido. Y supongo que por eso cuando ayer me lo encontré, todavía noté una mezcla de ternura por aquel mi yo de quince años y de amargura por lo boba que fui.

Fui pensando en esto de camino hacia la cita siguiente. Gran cita por cierto: cañas, gente interesante y risas. Pensando en que visto ahora parece mentira que cayera en uno tras otro de los tópicos de la anti inteligencia emocional. Pero caí y, la verdad, no me apetece nada que un recordatorio de aquello viva dos números más allá en la misma calle. Me temo que no me va a quedar más remedio que aguantarme: mi pasado es mi vecino.

13 comentarios:

  1. Crecer duele, eso no nos lo habían contado. Pero que además una no pueda ser selectiva con sus recuerdos es una putada, sobretodo si se tiene un "Yo" adolescente tan eficaz...

    Mmmm ¿Y qué cuerpo se le habrá quedado a él?

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  2. Eficaz en lo de tannnn adolescente dirás ¿no?

    Yo quiero pensar que gracias a aquello ahora puedo valorar lo que tengo en lo buenísimo que es. Y a mí en lo mucho que he mejorado.

    Pues él, vete a saber. Lo mismo no le ha dado más vueltas. Ellos son así.

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  3. Mujer, yo lo intentaría enfocar más bien por el lado "mira qué bien, qué lista soy ahora". Siempre es mejor para la autoestima ;).

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  4. Sí, justo eso le decía a Amanita, doctora.

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  5. Haces que me plantee algo importante (para mí): lo necesario es guardar nuestros propios yoes, infantiles, adolescentes, juveniles, etc., en las cajas apropiadas, desentendidos de ellos (ya no somos ese "yo"), pero conservados fielmente. Posiblemente, entre otras cosas, la ingenuidad pasada sea un gran tesoro, porque es la llave de nuestra posibilidad de seguir teniendo las ingenuidades que nos corresponden por edad.

    Nuestro modo de no convertirnos en un bloque de cemento armado.

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  6. Pues sí, Nán, supongo que por eso no dejo de verme con cierta ternura.

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  7. NO está mal..pero yo quiero la historia bien contada...ya sabes...

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  8. Sí, pero tú también sabes que yo a cambio quiero una conversión en pelocho XD

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  9. ¿Que te dirías si pudieras hablar con tu "yo de quince años"?
    Y... ¿crees que te harías caso? ;)

    Me ha encantado tu post.
    Saludos :)

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  10. Pues seguramente lo que ya le dijeron otros y a los que no hizo caso ;)

    Me alegro de que te guste.

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  11. Me parece curioso que se pueda tener esa sensación de continuidad en el tiempo a pesar de que pasen mil años. Ya escribí una vez que mi yo adolescente es para mí otra persona, que no le reconozco y que no sufro por él.

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  12. Ani, qué pena q no hubo tiempo para los detalles de esta historia (todo pasó tan rápido) la noche de autos, y mucha más pena q no voy a poder seguirlos de ahora en adelante como tus secuaces del axis of evil... Así q prodígate por aquí.

    Besos y la siguiente en Londinium, o cualquier otra latitud

    di

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  13. En Londinium sería genial. Tengo unas ganas de volver...

    Fue estupendo como fue.

    Besos

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