El chocolate, ese gran desconocido

El chocolate durante mi infancia y juventud fue un gran desconocido. Eso fue debido a que mi hermano tenía la mala costumbre de comerse de un tirón todo chocolate que encontrara por la casa por lo que pagamos justos por pecadores. En mi casa no entraba nada de chocolate ni nocilla ni plátanos, que era otra de las cosas con las que mi hermano empezaba y no paraba hasta que se acababan. Así que mi emancipación chocolatera vino con mi emancipación madrileña, más o menos.

Es curioso que mi hermano ha teminado trabajando en Bruselas, donde el chocolate es casi una religión, pero tampoco ha terminado como una bola engullendo sin mesura. De hecho creo que yo comería mucho más chocolate que él si viviera allí.

Pero no he venido aquí a hablar de mí, si quisiera hacer eso me abriría un blog!! Eh... bueno, vale, esto lo estoy escribiendo en el blog. Es que no pasáis una, ¡qué puntillosos!

Me he terminado el libro 'Chocolate Wars' de Deborah Cadbury. La escritora es descendiente de los Cadbury, pero de una rama que no se dedicó al mundo del chocolate. Cuenta la historia de la firma Cadbury desde su nacimiento en Birmingham hasta su absorción hostil por parte de Kraft. Además va contando en paralelo los distintos avances en el mundo del chocolate y la creación de los grandes emporios chocolateros como Nestlé, Hershey, Cadbury, Lindt, Mars, etc.

Hay una parte muy importante que falta, sobre todo para los amantes de los productos de calidad como por ejemplo Amanita y, modestamente, un servidor y es la parte de los chocolates y bombones belgas a la que no se refiere en ningún momento. Ni siquiera a la historia del Congo Belga y a la de Leopoldo II, que es una historia tremenda en la que he buceado un poco. Si alguien quiere meterse en ella le recomiendo el libro de El Fantasma del Rey Leopoldo en el que se describen las barbaridades que se hicieron en el Congo, que no era una colonia de Bélgica, era propiedad personal del rey. Se la consiguió Henry Morton Stanley (el de el doctor Livingstone, supongo) y defendió su adquisición como una manera de proteger de la codicia del hombre blanco a las personas que vivían allí. En fin, que me voy por las ramas. Nada de eso está contado en el libro. El libro lo tengo por si a alguien que me conozca le interesa.

La historia del chocolate es una historia interesantísima. Al principio era un producto exclusivo para los más adinerados, pero debía ser bastante asqueroso por lo que cuenta en el libro. Solo se tomaba como bebida y era tan graso y tan caro que se le añadían todo tipo de sustancias para desgrasarlo y para adulterarlo, aunque se anunciaba como una bebida saludable era adulterado por vendedores sin escrúpulos añadiéndole polvo de ladrillo, limaduras de óxido de hierro, plomo rojo... en fin, un asco.

Un punto que toca el libro es el de los cuáqueros. Los cuáqueros eran cristianos que creían que Dios estaba dentro de cada uno de nosotros y que por tanto, no hacían falta intermediarios para hablar con él. Fueron perseguidos por blasfemos, pero finalmente se les dejó practicar su fe. Eran educados en la obligación de trabajar y en no permitirse ningún capricho ni ociosidad. El enriquecimiento personal no estaba bien visto, pero sí el uso de ese enriquecimiento para ayudar a los demás y para mejorar las condiciones de trabajo de sus empleados. Los Cadbury crearon una ciudad alrededor de su fábrica de chocolate a las afueras de Birmingham y pusieron muchas facilidades para la compra o el alquiler de esas viviendas por parte de sus empleados. Creían en que esas viviendas tenían que tener un jardín lo suficientemente grande como para que los habitantes pudieran cultivar su propio huerto. El sitio estaba rodeado de jardines, tenía piscinas separadas para hombres y mujeres, hospital, iglesias, campos de cricket, estanques... en fin, una maravilla. Los hijos del fundador de la saga chocolatera (Richard y George Cadbury) que fueron los que realmente convirtieron la tienda que fundó su padre en un negocio rentable, desheredaron a sus diez (o no sé cuantos) hijos para que tuvieran que trabajar en su vida y no dieran nada por sentado. Muchos de ellos trabajaron durante toda su vida en la fábrica, investigando, vendiendo, dirigiendo...

En Inglaterra el negocio chocolatero estaba en manos de los cuáqueros, principalmente en tres firmas: Fry, Rowntree y Cadbury. El libro nos cuenta el nacimiento de otras grandes empresas chocolateras como Nestlé. El señor Nestlé inventó una leche en polvo para alimentar a bebés que no podían ser amamantados, vendió su empresa por un millón de francos suizos y ahí se acaba la presencia del señor Nestlé en la compañía a la que dió nombre. El caso es que tenía un vecino que estaba intentando fabricar un gran chocolate y se le ocurrió utilizar la leche en polvo junto con el chocolate. Investigó e investigó y lo consiguió. Finalmente los dueños de Nestlé le compraron su idea y la fabricaron. En el libro se ve que los de Nestlé son mucho de comprar y poco de investigar y desarrollar...

También se habla de Lindt, de Hershey que fue la gran empresa chocolatera de USA (lo sigue siendo, aunque desbancada por Mars), del señor Mars que hizo su fortuna metiendo caramelo y nougat dentro de la barra consiguiendo un producto mucho más barato. El señor Suchard y el señor Tobler (el del toblerone) sólo aparecen de pasada. Aparece un Holandés de nombre Van Houten que inventó una máquina para eliminar parte de la manteca de cacao. Habla sobre el esclavismo, especialmente en Portugal. Cuando estuvimos en Lisboa (creo que ya lo he contado, buscaré el enlace) estuvimos en el hotel más lujoso en el que he estado y probablemente estaré en mi vida. Es éste. Pues bien, el palacio en el que está el hotel es el palacio del marqués de Valle Flor. Este señor aparece en el libro como enriquecido gracias al cacao de Sto Tomé y Príncipe (dos islas de Cabo Verde) y, sobre todo, gracias a la mano de obra esclava. Así que estuve en un palacio construido gracias al trabajo de esclavos, curiosamente en la información del hotel no decían nada de eso... cosas.

Se habla de la invención del chocolate para comer, las tabletas y las dificultades que presentó, se cuenta cómo fueron los suizos los que se adelantaron en este campo y cómo todos los demás fueron haciendo sus descubrimientos. Se habla de la generación post tableta y cómo aparecen la barra Mars, el kitkat, los smarties, los M&Ms, el flake y otros muchos que yo desconozco porque mi cultura anglosajona es limitada. Se cuenta el proceso por el que Nestlé y Kraft se han quedado prácticamente con todo el mercado. Nestlé compró a Rowntree que eran los del kitkat, kraft compró a Suchard y Cadbury... en fin, ahí es donde aparece el capitalismo sin corazón solo interesado en el corto plazo y en los beneficios.

Ésa es la última parte del libro que es un tanto amarga, pero también mezcla más la rabia y el disgusto porque la empresa haya dejado de ser inglesa que la objetividad porque reprocha cosas que cuando la empresa era británica no mencionaba. Cosas como que cómo va a saber un ejecutivo de Chicago los problemas de la fábrica de Bourneville!!, pero parece que cuando los Cadbury tenían sus nosecuantas fábricas en China, Rusia o Sudáfrica ese problema sobre la distancia no aparecía. También se hace preguntas que se autorresponde del tipo: si el fundador levantara la cabeza '¿le gustaría en lo que se ha convertido su empresa? Pues yo creo que no', que puede que no le gustara, no digo que no, pero a lo mejor tampoco le gustaba lo que habían hecho sus herederos. En el último capítulo hay un cierre circular sobre la obesidad en el mundo occidental y la parte de culpa del chocolate en la que relata como México es el país con el índice de obesidad más alto del mundo y cómo el chocolate salió de allí para conquistar el mundo y ha vuelto para engordarlos.

Bueno, pues un libro muy interesante. No sé si está en español, pero merece la pena. Cuenta muchas curiosidades sobre el chocolate, su historia y su fabricación.

Por cierto, mi kindle casi ha muerto y finalmente me han dado la razón y han reconocido que el problema era de la cubierta. Me han dado un bono para que me compre una con luz que no tiene el problema ese. Por lo visto el gancho cortocircuitaba la batería y eso daba problemas...

Ahora me estoy leyendo Polvo Eres de Nieves Concostrina sobre las andanzas y avatares de muertos famosos. Es divertido y muy fácil de leer.

6 comentarios:

  1. Mmmmm... me ha entrado hambre de chocolate... madre mía. Para mí, el chocolate belga es el mejor sin duda. Y de entre las marcas mas habituales, Lindt. Un post muy interesante sí señor.

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  2. Pues sí, es un libro muy interesante. Te diré que el señor Lind fue el primero que consiguió la tableta de chocolate comestible y a su descubrimiento lo llamó 'fondant'.

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  3. en mi casa pasaba lo mismo mi hermana y yo nos lanzábamos como posesos cuando veíamos una tableta y fue un objeto prohibido.

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  4. Este post es tan buen pie para contar mis desventuras vigorreposteréxicas... A ver si saco un rato.

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  5. Si es que el chocolate es hueno hasta para hacer un libro interesante... Todo ventajas! Si cuando yo soy una adicta, mis razones tengo! XDDDDDDD (Me lo apunto como próxima lectura ;P)

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