Arthur Koestler y sus memorias

El verano es un tiempo propicio para las memorias. Tienes tiempo, puedes leer todos los días (o casi todos). Suele ser tiempo de leerse esos libracos que te daban angustia cada vez que los veías en tu estantería pensando que cargar con él te podría provocar una chepa inminentemente. Yo tengo un tomo que me regaló Anniehall de los Episodios Nacionales, los diez primeros, creo, que debe pesar como seis o siete kilos. Me leí los cinco o seis primeros y ahí lo dejé hasta otro momento en que me sienta con fuerzas (literalmente) para seguir leyéndolo. Es cierto que al tener el libro electrónico te pesa lo mismo –poco– llevar uno que mil.

Me he terminado de leer las memorias de Arthur Koestler. Es el primer libro en español que he comprado. La verdad es que me ha costado un pastón, creo que fueron 22€, pero me compensaba frente a la edición de papel que cuesta 36€. Antes de entrar en el libro en sí quiero hacer unas consideraciones al respecto. Pregunté en la editorial (Mondadori) si el libro lo iba a poder leer en mi kindle y obtuve el silencio por respuesta. Mal vamos así. Me estuve informando vía google y me enteré de que los libros te los venden con un código de protección DRM en epub (un formato de libros digitales) que no es válido para el kindle. Nuevamente poniendo trabas y dificultades al que paga. Seguí escarbando un poco más y encontré unas instrucciones para quitar el DRM y poder transformarlo al formato del kindle y me animé a hacer la prueba. Creo que lo compré en la Casa del Libro, aunque realmente te da igual porque en todas las librerías (tienes como cincuenta para elegir) te cuesta lo mismo (eso es el libre mercado).

Y ya vamos al libro en sí (Atención, puede que alguien considere el resto del post como spoiler). Es un libro que llevaba tiempo queriendo leer, lo vi en alguna reseña y me interesó, aunque hasta entonces no me había leído nada suyo ni sabía de la existencia de este señor. Lo dejé ahí en la lista de libros que me gustaría leer y pasó el tiempo. El empujón final vino con un link que puso Molinos a una entrevista con Tony Judt en la que hablaba de qué rápido se olvida todo y cómo los jóvenes a los que daba clase de historia ni siquiera habían oído hablar de Koestler, que era una figura muy importante para entender el siglo XX. Así que finalmente me decidí y en unas dos semanas me lo he leído. Son casi 950 páginas de memorias y solo llegan hasta sus 35 años. Nació en Hungría en 1905. Hablaba húngaro y alemán de niño, estudió francés, habló ruso, hebreo y terminó viviendo en Inglaterra y escribiendo en inglés. Era judío y terminó teniendo un sentimiento (como Zweig) de no pertenecer a ningún sitio, de ser algo distinto a lo que se convirtió Europa después de las dos guerras mundiales. De hecho, al igual que Zweig se suicidó junto a su mujer, aunque en este caso fue por que tenía leucemia y parkinson.

Fue criado en el más estricto victorianismo. Esto es, sin aparente amor y lleno de sentimientos de miedo y de culpa. A los pocos años se creó dos entes imaginarios que se llamaban Horrar (de horror) y Bapan (del barón en el pantano del libro del barón Münchhausen). Desde luego debe ser un caso clínico de estudio y, de hecho, él debe de haberse estudiado mucho a sí mismo y es una cosa que no me gusta de sus memorias. Se hace un autopsicoanálisis que a mí no me aporta nada. Busca las causas de sus miedos y sus enfermedades mentales en los hechos de su infancia y de su vida que a lo mejor a un psiquiatra le parecen estupendos, pero a mí no me interesan mucho.

Con veinte años abandona los estudios de ingeniería y se marcha a una granja en Palestina, pero no pasa la prueba de admisión. Después de vivir bastante miserablemente consigue trabajar como periodista en el grupo Ullstein. Tiene éxito, le hacen director de las noticias científicas, pero como es un alma inquieta, se hace comunista. Para mí esta es la parte más interesante del libro porque describe muy bien todo su proceso de adoctrinamiento, la dinámica del partido, cómo un sistema cerrado (por “«sistema cerrado» quiero decir, primero, un método universal de pensamiento que intenta explicar todos los fenómenos bajo el sol y ofrecer una cura para todo lo que el hombre padece. Además, es un sistema que no admite que los hechos recién observados lo modifiquen y en cambio posee las defensas elásticas necesarias para neutralizar su impacto; es decir, para hacerlos concordar con el esquema requerido mediante una técnica casuística muy desarrollada. En tercer lugar, es un sistema que, en cuanto uno pone los pies dentro de su círculo mágico, le priva toda base donde fundar sus posibilidades de discernimiento y de crítica”) anula al individuo (también incluye como sistemas cerrados las religiones).

Su descripción de las entrañas del partido, de la autonegación, de las purgas, de los intelectuales, de los espías es muy interesante. Además el libro está muy bien escrito, aunque no tan bien traducido, pero eso es algo que, desafortunadamente, cada vez es más habitual. Da gusto leer cuando se escribe tan bien. Os pongo unos párrafos:

“Cuando me pregunto, con la melancólica experiencia que solo se logra después del error, cómo pude vivir durante años en ese trance mental encuentro algún consuelo en el hecho de que la escolástica medieval y la exégesis aristotélica duraran un período mucho más largo y perturbaran completamente los mejores cerebros de la época; y además, en el hecho de que aún en nuestros días muchos aprueben la idea de que el noventa por ciento de sus contemporáneos están destinados por su amante Padre en el cielo a una especie de súper Auschwitz eterno.

[…]

En fin, la mentalidad de una persona que vive dentro de un sistema cerrado de pensamiento, ya sea el comunista u otro, puede resumirse en una sola fórmula: puede probar todo lo que cree y cree todo lo que puede probar. El sistema cerrado agudiza las facultades mentales, como una piedra de afilar ultraeficaz, hasta un filo increíblemente frágil; produce un tipo de inteligencia escolástica, talmúdica, minuciosa, que no le ofrece ninguna protección cuando quiere cometer las más toscas imbecilidades. La gente de este tipo se encuentra notablemente a menudo entre los intelectuales. Me gusta llamarlos los «ingeniosos imbéciles», expresión que no considero ofensiva, ya que yo fui uno de ellos.”

“Una de las consignas del partido alemán era: «En el frente no hay lugar para discusiones». Otra decía: «Dondequiera que esté un comunista, ahí está el frente». Así que en nuestros debates siempre había una unanimidad de opiniones.”

“Mis sentimientos, mis actitudes con respecto al arte, la literatura y las relaciones humanas, tuvieron que reajustarse para adaptarse al nuevo patrón. De forma gradual, fueron cambiando mi vocabulario, mi gramática, mi sintaxis. Aprendí a evitar toda forma de expresión original, todo giro linguístico personal. La eufonía, las gradaciones de énfasis, la moderación, los matices de significación, resultaban sospechosos. Sometí mi lenguaje, y con él mi pensamiento, a un proceso de deshidratación, que cristalizó en el esquematismo prefabricado de la jerga marxista.”

“Había una o dos decenas de adjetivos cuyo empleo era tanto seguro como preceptivo, como por ejemplo: decadente, hipócrita, morboso (aplicado a la burguesía capitalista); heroico, disciplinado, concienciado (para el proletariado revolucionario); petit-bourgeois, romántico, sentimental (para los escrúpulos humanitarios); oportunista y sectario (para los desviacionismos de derechas y de izquierdas, respectivamente); mecanicista, metafísico, místico (para los enfoques intelectuales erróneos); dialéctico, concreto (para los enfoques correctos); incendiario (para las protestas); fraternal (para los saludos); inquebrantable (aplicado a la fidelidad al partido).”

“«No es posible protegerse del peligro de la guerra mediante las armas, eso solo puede conseguirse avanzando hacia un nuevo mundo de legalidad. […] No se puede luchar contra el armamento haciendo acopio de armamento; eso sería como llamar a Belcebú para librarnos del diablo.» Estas palabras suenan como un discurso del señor Aneurin Bevan en 1953. Sin embargo, se trata de un discurso que el señor Clement Attlee pronunció el 11 de marzo de 1935 en la Cámara de los Comunes, en protesta contra la proposición del gobierno de un modesto incremento presupuestario para rearmamento. Cuando sugirió «la disolución de los ejércitos nacionales» como una brillante idea para mantener la paz, fue interrumpido con gritos de: «Eso díselo a Hitler». Atlee desestimó aquella interrupción, del mismo modo que dieciocho años después el señor Bevan y sus homólogos franceses desestiman irrelevancias similares.

Incluso las consignas que el agresor empleaba para hipnotizar a sus víctimas eran las mismas. El leitmotiv era la paz, la paz y la paz. Hitler, al igual que Stalin, impulsaba congresos por la paz y lanzaba llamamientos a la paz, y nunca se cansaba de denunciar «la conspiración de los fabricantes de armas» y «los belicistas de Wall Street». Los refugiados antinazis que hablaban sobre los campos de concentración alemanes y los planes de Hitler de dominación mundial eran considerados unos fanáticos y fomentadores del odio, del mismo modo que se considera actualmente a sus sucesores, los refugiados del este europeo y los ex comunistas. ¡Si se callaran de una vez esas Casandras y esos Jeremías, podríamos tener paz en nuestro tiempo! Después de cada acto de agresión y desafío, Hitler hacía un gesto de paz al que todo el mundo se aferraba confiado, al igual que ocurriría más tarde con similares gestos de Stalin y Malenkov; y quienes advertían contra tal profesión de credulidad eran acusados de sabotear deliberadamente las posibilidades de llegar a un acuerdo pacífico.

En aquella época, el cabeza de turco de los ilusos no fue Estados Unidos, sino el «militarismo» francés. Cuando Hitler invadió Renania y el primer ministro francés acudió a Londres para reunirse con el gobierno británico, fue recibido del mismo modo en que los generales estadounidenses son recibidos hoy día en Europa, porque para aquellos hombres ilustrados y amantes de la paz era evidente que el peligro real para la paz no procedía de Hitler, sino de la agresiva Francia. «El baile de San Vito entre la francofobia y la germanofilia que se había apoderado de la izquierda y los humanitaristas de Gran Bretaña desde la conclusión de la paz de Versalles alcanzó su clímax.»”

En fin, no quiero ser pesado, pero he subrayado un montón de cosas. Por el libro pasan infinitud de personajes, aunque muy pocos de los que yo hubiera oído hablar antes. Hace recomendaciones de libros sobre los refugiados, sobre las purgas estalinistas, memorias de sus amigos que me he apuntado por si hay ocasión. Me apunto una novela suya, el cero y el infinito, para leer próximamente.

A los que os gusten los libros de memorias, os lo recomiendo. A los que os guste la historia del siglo XX, os lo recomiendo. A los que os guste leer, os lo recomiendo. Ahora, os va a llevar un tiempo, que son casi mil páginas, así que recomiendo leerlo cuando se pueda leer de manera continuada. Si alguien lo quiere en formato digital, ya sabéis quién lo tiene.


8 comentarios:

  1. Quiero!!

    El verano es tiempo de ladrillos, al menos para mí, así que pásamelo por ocorreo, plis, por si me da por darle una opotunidad.

    Seguid disfrutando, suertudos vacacionales!! No te digo nada de la envidia, porque ya lo sabéis.

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  2. Vale, te lo paso.

    Gracias por tus buenos deseos de bollito!

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  3. Si me lo pasas veo si funciona bien en el kindle, luego si eso me lo compro xD

    Por cierto, los episodios nacionales se leen como una novela de aventuras, no entiendo lo de tu cansancio, a mí me flipan.

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  4. yo me lei sus memorias hace tiempo, las tomé prestadas de la biblioteca de cajamadrid, la traducción era magnífica, de jr wilcock, me podrías confirmar si la edición que tienes es de wilcock?

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  5. Pues, anónimo, he mirado y son dos traductores. Estas memorias son dos libros juntos y el primero, la flecha en el azul, es de Wilcock. La segunda es la escritura invisible y el traductor es Alberto Luis Bixio.

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  6. Hola. Me encantaria tener este libro en digital, me lo puedes mandar? mi correo es jbenavides@literatura.pe Gacias, Saludos

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  7. Ando buscando este libro en formato digital.
    Tu crítica me ha gustado mucho y después de leerla me pica mucho más la curiosidad de tener el "ebook".
    ¿Me lo pasarías?. Gracias por todo. Braspit"At"yahoo.es

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  8. Buenas.
    Estoy con "de cero al infinito" de este mismo autor. Me está gustando. ¿podrías pasarme sus "memorias"? Muchas gracias de antemano.
    saurioloco (arroba) gmail.com

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