Lugares que no quiero compartir con nadie

Durante la semana de vacaciones también me leí este libro de Elvira Lindo. Para esa semana me llevé dos libros, de los que ya he hablado, y el kindle. Pero Anniehall se enganchó a un par de libros del kindle (a lo mejor termina cogiéndole el gustillo...) y yo me quedé sin lectura, así que aproveché que este libro se lo había dejado a mi madre y lo llevó para devolvérselo y me lo leí.

Está bastante bien, aunque a mí me engañó un poco. Me esperaba algo más en plan sitios especiales de Nueva York, o historias de restaurantes o sitios famosos. Un poco más en tono Enric González. Pero son más pensamientos y estados de ánimo, reflexiones sobre su vida y sobre Nueva York en los que aparecen muchos sitios y sí habla de ellos, pero de una manera distinta a la que me esperaba.

Habla sobre la soledad, sobre los nuevos amigos, sobre la gente de Nueva York, los distintos barrios, sus visitas al psiquiatra, sus miedos, sus momentos divertidos. Sobre la vida, la vida en Nueva York.

Es un libro bastante cortito y se lee en un volao, en mi caso literal porque me lo leí casi todo en el vuelo de vuelta a Madrid.

Además, al final viene un listado de los locales de los que se habla en el libro por si tienes interés y la suerte de ir a Nueva York.

En un momento comentan lo que sería el día perfecto para gordos, para los que lo son en el presente y para los que tienen el corazón de un niño gordo latiendo dentro. Yo, desde luego, es lo que llevaré apuntado para la próxima vez que vaya a Nueva York.

Unos parrafitos:

"Cuando vivía en el lado este, recalaba aquí para tomarme un café y un bizcocho de zanahoria, esa masa sólida y mullida, algo húmeda y coronada por una crema dulce de queso, deliciosa, que me hace preguntarme siempre a qué viene la sequedad de los bizcochos españoles, que si no se mojan en la leche se quedan pegados al paladar."

"Tras la cena, como si fuéramos espectadores sentados en un palco ante el mismo teatro de la vida, vemos desde nuestra mesa de advenedizos cómo van saliendo los elegidos. Los hombres visten un poco a lo capitán de yate: botonadura dorada sobre un blazer azul marino y esos zapatos que parecen zapatillas rancias de andar por casa con un escudo bordado en el empeine y que los hombres ricos algo extravagantes consideran el colmo de la sofisticación. [...] Entre las señoras hay dos tipos: las que fueron operadas drásticamente en la época en que los cirujanos plásticos cortaban por lo sano, y esas otras que han conservado sus arrugas y parecen hermanas gemelas de Coco Chanel. Son ricas con pieles acordeónicas. Ante nuestros ojos desfilan chaneles, sí, chaneles que tienen ya varias décadas y que visten a ancianas amojamadas que tiemblan siempre un poco al andar, como si en el techo de esta pequeña pasarela que va del salón de los habituales a nuestra mesa al lado de la puerta, estuviera un titiritero moviendo los hilos de estas mujeres con movimiento de marionetas que aún parecen más viejas cuanto más operadas están."

"Hay una camarerita feucha que me conoce. Una y otra vez le pregunto su nombre porque siempre se me olvida, como ahora, que también lo he olvidado, y ella me lo recuerda siempre con una sonrisa, y de nuevo me dice lo que significa, algo así como rica en belleza, y luego hace una ligera inclinación de cabeza como si se disculpara por estar en la vida con un nombre que no le corresponde."

"...como en la zona de Prospect Park, en Brooklyn, en donde las madres constituyen un lobby amenazante, inspiradas por un espíritu castrense de entrega a la crianza y convencidas de que la maternidad ha sido inventada por ellas, o mejor dicho, la verdadera maternidad, la de la leche a demanda, la teta sin límite de edad, las hamburguesas veganas, los alimentos orgánicos y una entrega insensata a sus bebés a los que más que inculrcarles con cariño un sentido de la independencia, se les instruye en la dependencia y el rechazo a los extraños. Un trabajo en balde, porque la inercia sociel aquí es tan poderosa, que sea como sea, el bebé habrá de convertirse en ese joven estudiante que se ha de marchar de casa a los dieciséis o diecisiete años para no volver jamás."

Os lo recomiendo. Lectura entretenida e interesante.


8 comentarios:

  1. Yo también lo recomiendo y me lo pienso llevar, junto al de Enric, la próxima vez que vaya a NY. Que, dicho sea de paso, espero que sea pronto. ¿Algún patrocinador?

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  2. Este libro está tan en mi lista de lecturas que justo ayer me lo iban a dejar...pero ha quedado pospuesto hasta que os devuelva algo de lo que tengo. La culpa de mi diógenes la tenéis todos!!

    En cuanto a NY, es el mejor sitio del mundo. Y no me da pena volverme porque lo hago pensando en la próxima vez que vaya. Id pronto!!

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  3. Se lo paso a una amiga que ha vuelto de vivir allí durante 3 meses.

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  4. A ver si podemos el próximo año, Anniehall!!

    Bichejo, ya me ha comentado Anniehall la ida y venida del libro. Gracias. A tu disposición está para cuando quieras.

    Eliahh, está bastante bien, incluso si no has ido a NY.

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  5. eso de que los niños se iran de casa con 16 años será en USA, porque lo que es aquí,los hy de 40 que aun están chupendo de la teta. Interesante libro, un poco sobrada de todo esta Elvira, pero me apetece.

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  6. También es cierto, Alexia. El libro está bien, ya nos contarás qué te parece si te animas a leerlo.

    Gracias por comentar en el blog.

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  7. Qué buenas recomendaciones de lectura haces, me ha gustado mucho tu crónica. Besos

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  8. Pues muchas gracias, Miss Migas, por comentar y porque te guste el blog. Pásate cuando quieras!! :-D

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