Ocho

Hace ocho años a estas horas debía de estar en la peluquería. Había dormido fatal a pesar del valium ¿o fue un lexatin? que me habían dado. A saber cómo habría dormido sin él. Estaba nerviosa, sí, tanto que no me acordaba de cuál era exactamente el peinado que quería y elegí otro distinto (y más feo) al de la prueba. Nerviosa porque no estaba contenta con el vestido, por si llovería al final, porque no habíamos ensayado nada y, aunque teníamos un guión y la música elegida, iba a ser todo improvisado. Nerviosa porque aquella última noche habíamos dormido cada uno en un sitio y no me gustaba, aunque lo entendía.

Luego no pude ir a tomarme el aperitivo con todos porque me iban a ver. Pues vaya rollo. Ni echarme la siesta porque me estropeaba el pelo. No sé qué comimos ese día.
Cuando pensábamos que íbamos con el tiempo justo salimos para allá, mi padre, mi cuñada y yo. Estábamos casi llegando cuando ND me llamó (o yo a él) ‘daos la vuelta que aquí no ha llegado nadie aún, solo el fotógrafo y el alcalde’. De camino había neblina y lloviznaba. Qué rabia.

Por fin llegamos y al salir del coche hacía un sol estupendo y me encontré a todo el mundo mirándome, qué vergüenza, y a ND sonriendo. Mucho. Me acerqué a él del brazo del padre más risueño y orgulloso (según dijeron las crónicas) y salió todo a la perfección. Bueno, todo no, la primera canción fue la más larga de la historia. Pero lo demás fue perfecto. El discurso de A y el de Sheldon, las músicas, la lectura de I, las nuestras… Incluso pudimos leer sin llorar. Nosotros, porque de los demás lloró hasta el alcalde, que no nos conocía de nada.

Luego ya no recuerdo mucho. El ‘besamanos’ larguísimo nada más terminar, las doscientas mil fotos que nos hicieron perdernos el aperitivo (que era estupendo), el cortador de jamón al que no vi más que en fotos, el cura emocionado que nos felicitó por la ceremonia ¡civil!, el momento del corte de la tarta que yo pensé que no íbamos a tener que padecer, cómo me escaqueé de hablar cuando empezaron a gritar en el brindis (ND, que es un santo, nos sacó muy bien del aprieto), el baile que me eché con Sheldon, el fotógrafo del que hablé al principio del blog, las enemil horquillas que me quité al llegar al hotel y que ND contó… y poco más. Y eso que los dos o tres días siguientes me los pasé con la moviola puesta reviviendo los mejores momentos.

Me acuerdo bien del desayuno del día siguiente y de que hacía un día precioso. Y de que nos fuimos a cenar con mis amigos ¿dónde me metí en la boda que casi no estuve con ellos?

Pues hoy hace ocho años de todo aquello. Y el balance es muy bueno. Menos el de mi memoria, que está cada día peor.

14 comentarios:

  1. Muchísimas felicidades a los dos!!!!!!!!Bueno, y al resto de la family que salió de ello.....

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  2. ¡Ay, qué recuerdos! Me ha salido una lagrimilla acordándome de ese día...

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  3. Y que el otro día mi prima dijo que era la boda más bonita en la que había estado... :-D

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  4. Jo, mi aniversario es mañana y no va a estar mi contrario :(

    Y si, fue una boda preciosa. Sé de una invitada que pensó que las poesías que leisteis eran vuestras, mira si os tendremos en alta estima.

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  5. Muchas felicidades, Blascos!!

    Mola mucho tener cerca gente feliz, como vosotros.

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  6. ¡¡¡¡¡¡CIVIL!!!!!!¡¡¡¡¡Que estais arrejuntados por lo civil!!!!!
    Enhorabuena

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    1. Yo creo que ya lo habíamos dicho, ¿no? Pues sí.

      Gracias

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  7. ENHORABUENA POR ESOS 8!!! La verdad es que es un día para celebrar y estar con los tuyos. No se olvida.

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