Viaje a una guerra

La verdad es que este blog poco a poco se va volviendo un blog de libros. Supongo que la otra posibilidad sería espaciar más los post o no publicar porque tenemos el 'celebro' un poco seco. Así que para que este reducto internáutico no caiga en el más absoluto de los inmovilismos lo que toca es hablar de libros. En este caso Viaje a una Guerra de Christopher Isherwood y W. H. Auden.

Este libro me lo compré hace unos años en la feria del libro en la caseta de Ediciones del Viento, que es una editorial de la que me lo compraría prácticamente todo.

También ha dormido el sueño de los justos hasta que le ha llegado su hora. Es un libro que está bastante bien. Por un lado viene el relato de un viaje a la guerra chino japonesa en 1938 escrito por Isherwood (el de la izquierda de la foto) y luego un montón de fotografías y poemas de Auden (el de la derecha). En la portada del libro sale una foto de los dos y no sé por qué me imaginé que cada uno era el otro y les he puesto la cara cambiada mientras lo leía. Al buscar la foto me he dado cuenta de que era al revés. Y es que no me digáis que no tiene más cara de llamarse Isherwood el de la derecha que el de la izquierda...

Estuve blasfemando porque los poemas no venían en inglés y leer poesía traducida es una cosa bastante sucedánea, valga la aberración. El caso es que al final del libro vienen en inglés y con una letra enana para que no los leas bien, pero ahí están. Tampoco me he dedicado a leerlos en profundidad, he saltado picoteando y están bastante bien, aunque no me compré el libro por las poesías.

El relato del viaje está bien, es entretenido, tiene puntos de humor, pero hay algo que falla para ser estupendo. No sé si es que Isherwood no es muy bueno o la traducción no es muy buena, pero hay algo que no hace que te apasione... no sé.

En el libro aparecen Chiang Kai Shek y su señora, Madame Chiang Kai Shek, aparece Zhou Enlai, aparecen un montón de misioneros, periodistas (Robert Capa, por ejemplo) y todos los agregados comerciales, cónsules y embajadores de las potencias que tenían autorización para establecerse en China.

En fin, interesante para los que nos gustan los libros de viajes, pero no está en mi top ten ni cerca de él. Unos parrafitos para terminar:

"Chiang es uno de los pocos chinos que hemos visto cuyo aspecto se puede describir como de mediana edad. Tiene los modales del mayordomo perfecto. Su inglés deja mucho que desear y no sabe cocinar. Aún así, lo hemos contratado a cambio del sustento y cuarenta dólares al mes. Antes de cerrar el trato, el cónsul le advirtió, a petición nuestra, de que íbamos a zona de guerra. ¿Tenía miedo? Un criado no se puede permitir el lujo de tener miedo, respondió Chiang."

"El tren era superior en todos los sentidos a los de la línea de Cantón a Hankou. En tiempos de paz iba a Pekín. En ese momento no pasaba de Chenzhou, pues el puente del ferrocarril que cruzaba el río Amarillo había sido volado para impedir el avance japonés. Había un elegante vagón restaurante con plantas en las mesas en el que pasamos casi todo el día. Solo tenía un inconveniente: la escasez de escupideras. Dos de las cinco que había estaban detrás de nuestros asientos y los pasajeros las utilizaban constantemente, carraspeando antes con un entusiasmo muy poco apetecible."

"Fue un alivio llegar a la sala de estar del doctor Ayres, a pesar de su considerable desorden de divorciado: había zapatos desparejados, chaquetas viejas, jerseys e instrumentos quirúrgicos por todas partes; cuchillas de afeitar usadas y tazas de té sobre la repisa de la chimenea; libros de medicina embutidos entre números del año anterior del Saturday Evening Post. Aquel lugar necesitaba una mano femenina. Estaba sucio, pero con una suciedad que nos resultaba familiar. Enseguida nos sentimos como en casa."

"El tren aminoró la velocidad. Los pasajeros se prepararon para acostarse.
-¿Lo ves?-dijo Auden-. Te lo dije... Ya sabía yo que no dispararían... A mí no me pasan esas cosas.
-Pero a mí sí -protesté yo-, y esta vez tú también habrías estado ahí.
-Ah, pero no pasó nada.
-No, aunque podría haber pasado.
-Pero no pasó.
No hay forma de discutir con la autocomplacencia de un místico, así que di la vuelta y me fui a dormir."

"Todo era claro, ordenado y falso: los flancos parecían cubitos perfectos, los movimientos de tenaza funcionaban con una precisión matemática, los refuerzos siempre llegaban con extrema puntualidad. Pero como dijo Auden después, la guerra no es así. La guerra es el bombardeo de un arsenal abandonado que provoca la muerte de unas cuantas ancianas. La guerra es agonizar en un establo con una pierna gangrenada. La guerra es beber agua caliente en un granero y pensar en la esposa. La guerra es un puñado de aterrados hombres perdidos en las montañas, disparando a todo lo que se mueve entre la maleza. La guerra es esperar días y días sin anda que hacer, gritando por un teléfono que no funciona, sin dormir, sin sexo, sin lavarse. La guerra es sucia, ineficaz, oscura y, en gran parte, cuestión de suerte."

Me he encontrado esta frase mal traducida o revisada: En Liguoyi nos esperaban Chang y a los culíes. Ahora he vuelto a los ensayos de Montaigne que los tenía aparcados después de haberme saturado hace un tiempo a ver si los cojo con fuerza y me los termino. Por otro lado también tengo que dedicarme a Hablemos de Langostas, nuestro nuevo libro del club de lecturas que hemos montado y al que puede unirse quien quiera. Requisito: los post se publican el 15 de julio simultáneamente.


4 comentarios:

  1. Este libro me lo salto, no siento "la chispa", además estoy entregada a Foster Wallace, que no lo leo demasiado rápido.

    Te he copiado el banner lateral del club de lectura, que me ha molado.

    Y que sepas que el libro de agosto te toca a ti

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  2. Puff, no digas eso, Bichejo, que os puedo endilgar un libraco de la guerra mundial!!! :-D

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  3. Tampoco te pases, que tú estarás de vacaciones pero yo no. Algo que me dé tiempo a leer sin estrés.

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