La Cena de París

Como bien dijo Nán en la anterior entrada, el sitio elegido fue La Tour d’Argent. Sé que no lo puse muy difícil pero tampoco se trataba de eso. Si tengo que decir la verdad, yo no lo conocía antes de este viaje. Sin embargo, entre nuestros amigos conocedores de París y sus restaurantes ha despertado grandes exclamaciones. Así que entre las exclamaciones recibidas y lo que he leído después me atrevería a decir que La Tour d’Argent es un clásico parisino y casi una especie de mito.

Siguiendo con las verdades también diré que aunque fue una de las mejores cenas de mi vida, y también seguramente la más cara, no vale lo que cuesta. Está claro que en el precio se incluye toda esa mitología (por llamarlo de alguna manera), la experiencia, la historia, el nombre… pero ¿todo eso justifica ese precio? Mi opinión es que no. ¿Lo disfruté? Claro que sí. Y le estaré eternamente agradecida a mi suegro por una experiencia que de otro modo sería inalcanzable para mí. Pero me parece una barbaridad. Ya sé, ya sé que me diréis que las cosas cuestan lo que se está dispuesto a pagar por ellas y que yo lo pagué. Y tenéis razón pero no deja de parecerme un disparate.

Sobre el lugar ya os hablé un poco el otro día. El restaurante ocupa un edificio a la orilla del Sena, frente a la Isla de San Luis. El comedor está en la planta de arriba y tiene un mirador sobre la isla, el río y Notre Dame. También os hablé del despliegue de personal y toda la parafernalia: cómo te recibe un portero que te abre la puerta del coche y la del restaurante, una vez dentro la recepcionista que te pasa al salón lleno de tapices, alfrombras y muebles ¿Luis XVI? de esos llenos de recovecos con bordes dorados y telas brocadas, el ascensorista… Desde luego no es mi estilo pero te va poniendo en situación.

Si le tengo que poner alguna pega al sitio es que es demasiado oscuro, tanto la recepción como el comedor. Entiendo que para que se vea bien Paris la nuit hay que ser sutil con la iluminación y que las luces bajas favorecen el ambiente romántico. Pero esto rozaba la penumbra y yo habría preferido apreciar todavía mejor los colores de lo que veía y, sobre todo, lo que comía. Será que no soy nada chic ni romántica, que no está hecha la miel para la boca del asno, vamos. O que me falta languidez.

Pero nos habíamos quedado en que vinieron a ofrecernos un aperitivo. Tras unos momentos de duda decidimos pedir cerveza. Craso error. El camarero, muy educado sí, pero con ESA cara, nos dijo que estaba desolado pero que no tenían cerveza. Ups…

Así que, tras echar un discreto y rápido vistazo (a las ocho la familia francesa lánguida; a las diez pareja de tortolitos suramericanos; a las once a lo lejos, cena de empresa apostaría que de norteamericanos; a las doce mesa de dos parejas de norteamericanos donde estaba claro quién era el cliente habitual; a las dos tres tipos, dos chicas y un chico, que no sé muy bien si salían del anuncio de Loewe, de una sesión de fotos para Vogue de esas en las que salen despeinados y con el rimmel corrido, sí ellos también, o si eran primos de la vertiente Casiraghi de la familia real de Mónaco). Decía que después de un rápido y discreto vistazo nos decantamos por una copa de champán. Total, un día es un día, y estamos en París.

Elegimos un menú degustación (mi carta sin precios, la de ND con) y a continuación llegó el sumiller con la carta de vinos. La carta era un libro enorme que ríete tú del Quijote en un solo tomo. Afortunadamente son comprensivos con los paletos como nosotros que, paletos o no y sin idea de vinos, al fin y al cabo vamos a pagar la cuenta. Así que la primera hoja del libro son las sugerencias de la casa. Tiramos de una de ellas, de una de las más baratas para ser exactos, y nos empezamos a preparar para lo que vino luego. Y que fue esto (os pongo el nombre original en el menú):
  • Aperitivos de cortesía (o sea fuera del menú): Mini madeleines saladas de hierbas y una cosilla con regusto a salmon. Rico pero ni fu ni fa.
  • Quenelles de brochet André Terrail / Bolitas de Lucio André Terrail (el patriarca de los actuales propietarios). Todo en francés parece mucho más fino pero os diré que esta especie de croquetas de pescado sin rebozar sobre una salsa suave de marisco y juraría que algo de tomate confitado estaba riquísima. Y además creo que nunca había comido lucio antes.
  • Saint-Jacques truffées, velouté Parmentier / Vierias trufadas acompañadas de velouté Parmentier. Lo siento pero eso (que yo sepa) no tiene traducción. Eran vieiras a la plancha acompañadas de un híbrido entre una velouté y parmentier. La velouté es una bechamel donde la leche se sustituye por caldo, de pescado en este caso. Y el Parmentier es un puré de patatas pero a lo fino. Con este plato descubrí que si soy poco de vieiras es porque no había probado estas. Estaban en su punto justo de cocción y la salsa era una maravilla, muy delicada pero donde se notaba la patata, el puerro, la cebolla, el sabor a pescado. Lo dicho, una maravilla.
  • Foie gras d'oie des Trois Empereurs / Foie de oca de los Tres Emperadores (obvio). Pues un foie a la trufa delicioso servido con dos gelatinas: una de sauternes y otra de oporto. Para acompañarlo nos trajeron un brioche que... ¡ay, qué brioche! ¡qué sabor a mantequilla! todavía tibio y absolutamente maravilloso. No diré que me gustó más que el foie porque lo mismo me matáis, pero andaba muy cerca.
  • Caneton de saison / Patito (sic) de temporada. El pato es la gran estrella de La Tour d'Argent, su plato más afamado. Al parecer tienen su propia granja. Nos pusieron una lonchita de pechuga a la plancha con una guarnición consistente en un tallarín ancho con unas cosillas encima. No recuerdo muy bien la guarnición porque no era memorable. Sin embargo el pato no lo olvidaré en la vida. Del mismo modo que no soy de vieiras, sí soy de pato y suelo pedirlo si lo veo en una carta. O debería decir solía, pues no creo que lo vuelva a hacer. Esto era otro mundo, mucho más jugoso y sabroso, con la grasa cocinada en su punto justo para que no esté chamuscada ni resulte empalagosa. El mejor pato que he comido nunca y tal vez lo mejor de la cena para mí.
  • Brie de Meaux fermier de la Compangnie Fromagère Edmond de Rothschild. Esto no tiene traducción (corregidme por favor los lectores francófonos) porque creo que simplemente se trataba de queso brie de la granja Meaux perteneciente a la Quesería Edmond de Rothschild. Pues muy rico también aunque es quizás lo que menos me gustó del menú aun siendo como digo muy rico.
  • Fraises des Bois, sorbet exotique / Fresas del bosque, sorbete exótico. Esto es lo que dice la web si buscas hoy el menú. Sin embargo, aquí ND y yo coincidimos en que lo han cambiado desde que fuimos. Y también coincidimos en ¿cómo es posible? haberlo olvidado. Él dice que era como una pirámide de mousse. Yo diría que era algo de mango. Sí recuerdo que me gustó mucho aunque era una de esas cosas que no me habría llamado en una carta.
  • Tarta de chocolate. Este postre no está en el menú. Fue una sorpresa que nos pusieron con una velita porque mi cuñado, insistiendo para intentar conseguirnos una de las mesas en primera fila, dijo que se trataba de una ocasión muy especial y pensaron que era nuestro aniversario. Tampoco mintió mucho porque era solo unos días después. Era un bizcochito de chocolate muy jugoso y muy rico.
  • Allumette chocolat menthe / Unión chocolate menta (o algo así, ayúda francófonos). Esto era lo que al verlo más nos disuadía de pedir este menú, ninguno de los dos somos nada fanes de la mezcla de menta y chocolate. Pues a pesar de ello resultó delicioso, el chocolate era divino y el toque de menta bastante sutil. ¿Lo habría preferido sin menta? Sin duda. Pero aun así estaba muy rico. Tenía una capa crujiente finísima de chocolate y debajo crema de chocolate. Todo con ese toque tan sutil de menta. Estupendo.
  • El pan también estaba muy rico. Especialmente un pan con higos que tomó ND.
Y así llegamos al final del menú. Extasiados por la maravilla que habíamos comido y un poco asustados por el volumen de la cuenta. 

La cubertería, por supuesto, de plata, y el mantel y las servilletas de hilo diría yo (aunque podría ser lino). El vino, cómo no, decantado y con toda esa parafernalia de la velita que no sé para qué sirve. Y los vasos de agua también de plata. A mí esto último me daba un poco de reparo. No diré que noto el sabor distinto pero sí que me resulta más agradable poner los labios sobre cristal que sobre plata. Ya os he dicho que no he nacido para rica.

Para terminar nos dieron la postal que ilustra la entrada. Este es el reverso:


Si os fijás veréis que nos comimos el patito 1.115.234 (contados desde 1890). Y bien a gusto, la verdad.

Le doy las gracias otra vez desde aquí a mi esplendidísimo suego. Ya lo hice también en persona y se quitó toda la importancia y me rogó discreción. Así que, ahora que he compartido su secreto con más gente de la que él se puede imaginar, os la ruego yo a vosotros.

10 comentarios:

  1. O sea, que no nos vas a decir cuanto costó el disparate. Je suis désolé :(

    Voy a tomarme un cafe mañero para calmar la papilas gustativas, que se me han desbocado.

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  2. El precio del menú lo tienes fácil, está en la web, el resto no lo sé ni yo. ND no me dejó mirar la factura... y yo he preferido no investigar no vaya a ser que se me indigeste a mes vencido.

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  3. Iba leyendo y pensaba "está poniendo todas las posibilidades y luego dirá lo que eligieron", pero enseguida dices "estaba buenísimo".

    O sea, que os "zampasteis" (a esos precios, es mejor decir "degustasteis") todo eso, con todos los postres y panes.

    Me parece rarísimo que los franceses ricos no mueran antes de los 40 años, si cenan así 2 veces por semana.

    Estas son las cenas que se recuerdan siempre. ¡Bon apetit!

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  4. Eran raciones pequeñas, sí, pero no nos quedamos con hambre. Todo en su justa medida. Se me ha olvidado comentarlo, que a mí me daba miedo el tamaño de las raciones pero que estaban muy bien medidas. Después del tercer postre no podría haber comido más. Y soy glotoncilla, eh?

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  5. ¿Y la salsa del pato era esa de sus huesos triturados?

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  6. Como dato friki diré que sale a una media de 25 patos al día durante estos 122 años...

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  7. No sé, lo veo un poco decorado ¿no? En cierta manera estás pagando el portero y el comer al lado de los Casiraghi (o cualquiera de sus amigos), pero como tú has dicho, no creo que eso valga un dineral, sobre todo porque eso, la verdad, no me interesa casi nada.

    Oye, en Top Chef hicieron veloute parmentier y me quedé pensado ¿qué habrán hecho estos?? Hoy por fin, lo sé.


    Eso de que las cartas de las mujeres no tengas precios me parece más rancio que los tapices esos.

    Uuuuys qué poco me gusta eso, por favor.

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  8. A mí no me gusta nada lo de las cartas sin precios para las mujeres tampoco pero eso sí lo había vivido antes.

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  9. Pero si dices que estaba todo buenísimo!!

    Oye, y que pobres patos, qué masacre.

    (Alumette es cerilla) (de las de encender, no de lo que le chorrea a la vela)

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  10. Gracias por la corrección (y ahora que lo dices, en algún momento de mi vida lo he sabido) Pero tamibén te digo que de cerilla no tenía pinta... y el traductor de google decía otra cosa, maldito!!

    Estaba todo riquísimo sí pero es demasiada pasta.

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