Instancia

Hoy toca un poco de poesía. Ayer, mientras iba a la entrevista de trabajo, en metro leí en uno de esos carteles que están pegados por doquier una poesía de Gabriel Celaya. Yo de Gabriel Celaya conozco poco más que "La poesía es un arma cargada de futuro" cantada por Paco Hernández, interesados pinchar aquí. Me encantaba lo de "me siento un igeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros". De hecho, él estudió ingeniería.

Además alguna vez he pasado por la calle Nieremberg en el que ahora es mi barrio de Prosperidad y he pasado junto a la placa que indica el lugar donde vivió en Madrid hasta su muerte.

Se ve que no le he dedicado suficiente tiempo a Celaya porque la poesía que ví en el metro me ha gustado mucho, así que os la pongo. La he copiado de aquí.

Etceterísimo Señor:
Yo, Gabriel Celaya, aspirante a poeta, 
que pase lo que pase siempre estoy donde estoy, 
visto su tal y cual del tantos y adelante, 
le digo a usted que no. 

Confieso que he clamado mi verdad hasta en verso, 
mas también Don Quijote dijo: «Yo soy quien soy», 
y al ser era un «nosotros», y al decir, se cumplía, 
y al hacernos, se hacía, como en él me hago yo. 
Soy sin remedio español. 

Soy humilde, soy digno, las dos cosas a la vez. 
Soy como el pueblo, invencible. 
Suplico en consecuencia, Señor, que no me acuse 
si aún hace tanto ruido mi viejo corazón. 
Esa explosión que le asusta, sólo es un grito de amor. 

Dios le coja confesado. Yo ya di el «sanscacabó»; 
 mas, por si acaso, aún disparo mi sagrada indignación. 
Fecho y firmo en tierra vasca con la sangre de Unamuno, 
con lo uno que es lo humano de un unánime clamor, 
y suplico a Vuestra Eso: ¡déjeme ser español! 

Espero que a vosotros también os haya gustado.

A SS.MM. de Oriente

Mis muy Reverenciadas Majestades:

Un año más me dirijo con toda la humildad de la que soy poseedor y con un poquito de osadía para hacerles llegar mis sin duda modestos y a la vez inmerecidos deseos por si tuvieran a bien hacer un huequecito en sus apretados cargamentos y algún paje no se molesta en demasía por la intromisión.

Ya saben SS.MM. que yo soy más bien tempranero en esto del regalamen. De hecho ya les habrán llegado mis cartas con los regalos que les he pedido para mis familiares. Por lo que me han indicado sus pajes en la carta con acuse de recibo que les remití hace ya algún tiempo todo está empacado y listo para su transporte.

De hecho, lo que me envalentono a pedirles son libros. No va más allá mi atrevimiento. De hecho ya me trajeron como adelanto el teléfono móvil que entiendo que les habrá resultado bastante gravoso. Con ese regalo estoy más que satisfecho y no pediría nada más, pero por si Sus Majestades consideran que dejar mi zapato sin ningún regalo no fuera lo adecuado por la presente les indico cuales son mis preferencias al respecto.

Joseph Anton de Salman Rushdie: son las memorias de los años que ha pasado escondido evitando que los integristas lo mataran. En una entrevista que he visto dice que el nombre lo eligió por Joseph Conrad y Anton Chejov. Me apetece mucho leérmelo y he evitado caer en la tentación hasta el momento... Por cierto, que a los señores de Mondadori ya les vale, el ebook cuesta cuatro euros menos que el de papel...


Pensar el siglo XX de Tony Judt y Timothy Snyder. Supongo que bastante de lo que se cuente en este libro ya lo habré leído en Postguerra y en el refugio de la memoria y tierras de sangre, pero seguro que es muy interesante repasarlo una vez más. Además este año tenemos algo va mal en el club de lectura.


Diarios de un francotirador de Albert Boadella. Me gusta mucho Boadella y el último libro suyo que leí, Adios Cataluña, me gustó muchísimo.


La Academia se divierte de Sebastián Moreno. Es un libro de anécdotas sobre los miembros de la Real Academia. Me ha llamado la atención y creo que puede ser divertido.


Donde la eternidad envejece de César Antonio Molina. Es sobre viajes, sobre la belleza, la inmortalidad... en fin, que creo que lo tiene todo para gustarme.


Y por último me atrevo con Años de guerra de Vasili Grossman. Después del fiasco del libro negro creo que este libro es lo que necesito para congraciarme con Galaxia Gutemberg...


Sé que es una lista extensa, SS.MM., pero de entre ella elijan lo que considere y si acaso necesitaran más, porque tienen alguna otra petición que atender, en el blog tienen este enlace en el que añado mucho y quito poco.

Muchas gracias con antelación. Gracias que ya les demostraré con esa copita y esas golosinas navideñas que les dejaremos para hacerles más llevadera su larga noche (o son más de gintónics?).

Siempre a sus piés,

El niño desgraciaíto.

La búsqueda

Me he terminado de leer este libro de Blanca Miosi que me he comprado en Amazon por 1,26€. La autora es toda una best seller autopublicándose en Amazon que es otra forma de llegar a los lectores sin pasar el filtro de las editoriales. Por supuesto que tendrá su contrapartida, pero es otra posibilidad y a esta autora le ha ido bastante bien así.

El libro está bastante bien. Es la vida novelada de Waldek Grodek. Un polaco que fue internado en Birkenau y Mauthasen por sus actividades en la resistencia polaca cuando no era más que un chaval. No es un libro sobre la IIGM, lo que nos cuenta es la vida de Waldek y hay una parte que sucede durante la IIGM y la posguerra, pero su vida va mucho más allá. Me recuerda un poco al Abuelo que saltó por la ventana y se largó, aunque en este caso la historia es verdadera, o al libro de Louis Zamperini que comenté en el blog y que no os habéis leído porque sois bastante vagos, reconocedlo!

La vida de este señor da para un montón de anécdotas y peripecias por todo el mundo, alguna de ellas realmente increíbles, aunque ciertas. Empieza justo con la invasión de Polonia por los alemanes en septiembre del 39 y termina con su muerte (supuesta porque el protagonista vio el libro publicado, aunque ahora sí que está muerto). Para que os hagáis una idea, interviene en la resistencia polaca, le confinan en los campos de concentración, se va de Venezuela cuando Hugo Chavez llega al poder, se enamora de una alemana que huye del mossad, le obligan a casarse con una mujer que no ama a la que ha dejado embarazada, está en Nueva York el 11-S, se enamora de una mujer que luego se la pega con un cura... en fin, que hay un montón de anécdotas y vas viendo como lo que más valora es su libertad y como se va yendo de un lado a otro a veces nada más que con lo puesto.

Es un libro muy fácil de leer. No es gran literatura, pero bastante por encima de la media del mundo del best seller y por el precio que tiene merece la pena que os lo leáis. Vistos los problemas y los reveses que le da la vida y como siempre sale adelante es una lección frente a otros que nos ahogamos en un vaso de agua por problemas que a veces ni lo son.

Hay un blog de la autora con fotos del protagonista y reseñas del libro por si os interesa. De ahí es de donde he sacado la foto del post. Waldek es el de en medio.

Unos párrafos del libro:

"Con frecuencia la música daba paso a un parte de noticias donde se informaba de las victorias alemanas, de los discursos y arengas de sus líderes, así como de los rebeldes polacos que habían sido asesinados. Ajusticiados, decían ellos, dando todos los detalles sobre sus delitos, su captura y las circunstancias de la ejecución, intentando con ello minar nuestra moral. Terminada la lectura de las largas listas de ejecutados, volvían a sonar alegres canciones a ritmo marcial –Ramona, Tante Anna, Rosamunde–, como si dijeran: «Todo va como debe ir, celebren su derrota y acepten nuestra superioridad, si no quieren acabar en una de estas listas»".

 "Es difícil rebelarse ante lo inevitable. Veía el entorno que me rodeaba con la misma indiferencia con la que hubiese contemplado un hormiguero y, sin embargo, yo formaba parte de él. Durante esos años aprendí que el ser humano es impredecible pero, ante todo, sumiso. Uno está dispuesto a aguantar los peores castigos, situaciones e injusticias con tal de seguir con vida. Pero ¿no sería mejor morir que vivir en un infierno, sintiendo la muerte alrededor a cada instante? Aunque la razón conteste que sí, algo muy poderoso nos impulsa a seguir viviendo a cualquier precio. El instinto de conservación nos hace impredecibles y puede llevarnos a ser capaces de todo".

"El general Velasco Alvarado encabezó el nuevo gobierno, que se declaró abiertamente marxista. Parecía que el comunismo se empeñaba en seguirme allí donde yo fuese. Yo conocía de memoria la receta del nuevo gobierno, siempre era la misma. Cuando Velasco anunció un proceso de cambios revolucionarios se me erizó la piel. En pocos meses el Perú dejó de ser un país apacible, el miedo y las persecuciones políticas se pusieron a la orden del día. Las multinacionales y las inversiones desaparecieron por temor a la confiscación. [...] Se puso en marcha una reforma agraria que a los dos años dejó los mercados vacíos y el país al borde del hambre. La misma receta de siempre y los mismos resultados".

"Ahora que por fin comprendo que del mal no se puede huir y que después de tantos años me enfrento a una lucha que considero inevitable... llega de nuevo la violencia desproporcionada, la represión feroz, el dolor y la muerte. ¿Cómo consiguen tan sólo unos pocos hombres llevar a toda la Humanidad por ese camino? ¿Qué clase de gen de maldad comparten Hitler, Stalin, Bin Laden y otros muchos que han provocado y siguen provocando la desdicha de tantos millones de personas? Y lo más extraño de todo ¿por qué tanta gente los sigue?"

"Pienso que la historia es repetitiva porque los hombres tenemos mala memoria. Los muertos no hablan. Los supervivientes olvidan, callan como lo hice yo durante tanto tiempo y los pocos que llegamos a contar nuestras experiencias nos convertimos en algo de apariencia irreal: mitad mito, mitad tópico; testimonios de un pasado que muchos creen que no puede volver. ¿No se dan cuenta de que el mundo es como un tren de feria, dando vueltas siempre por los mismos lugares?... Las nuevas generaciones se equivocan al pensar que los errores no pueden repetirse. No es así. Se repetirán los mismos desatinos, se izarán las mismas banderas, volverán los mismos líderes y el horror empezará otra vez. No importa cuántas veces suceda, así es y será".

"¿Valen las pirámides de El Cairo, la Muralla de China, el Coliseo de Roma, lo que costaron en vidas y sufrimiento? ¿Qué queda de los grandes imperios? ¿Han solucionado algo las guerras a lo largo de los siglos, con toda su tragedia y sus millones de muertos? Definitivamente es el tiempo quien gana todas las batallas. Acabó con los nazis, con la Unión Soviética, acabará con Bin Laden, con Castro, con Chávez... y también conmigo".

El desierto de los tártaros


—Dígame, teniente: ¿está aún el comandante Bosco? ¿Da aún clase de tiro?
—No, señor, no creo; está Zimmermann, el comandante Zimmermann.
El desierto de los tártaros, Dino Buzzati.

Hace un tiempo puse un post con una poesía de Cavafis y, en los comentarios, Hombre Revenido me comentó que le recordaba a un libro de Dino Buzzati que se llama El Desierto de los Tártaros. Así que con cierto retraso he llegado por fin a leérmelo. Y he hecho bien. Es un libro muy bueno. Es cierto que no es muy optimista. Más bien lo contrario.

El relato se centra en un jóven, Giovanni Drogo, que llega a una fortaleza fronteriza como teniente. Intenta irse, pero no lo consigue. A partir de ahí se va adentrando en los miedos y aspiraciones de los componentes de la guarnición y como esperan el ataque de los tártaros. Ataque que no llega.

Se retratan esas vidas consumidas esperando un momento que nunca llega. Ese momento de heroicidad que justifique su existencia, el tedio acumulado, el haber rechazado hacer realidad sus sueños... Se nos muestra un catálogo de personajes muy variopinto: mandos estrictos, pelotas, oficiales desencantados, jóvenes con ganas de comerse el mundo, despistados. Hay traiciones, rivalidades, amistad, desencanto...

A mí me ha recordado mucho a El Castillo de Kafka. Hay algo agobiante y descorazonador en toda esa vigilancia sin que pase gran cosa. Se escudriña el horizonte esperando que vengan los tártaros, se interpretan las sombras, los movimientos, el paso de las estaciones en función de ese enemigo invisible (o no tanto): "Todos allí dentro parecían haber olvidado que en alguna parte del mundo existían flores, mujeres risueñas, casas alegres y hospitalarias. Todo allí dentro era una renuncia, pero ¿a qué, por qué misterioso bien?"

Tampoco quiero destripar el libro, aunque lo más importante no es la historia en sí, sino el ambiente que crea que te hace a ti también esperar que pase algo y que los personajes tengan alguna satisfacción. Ese ambiente desasosegante y que te hace querer leer, pero a la vez te exaspera creo es un efecto querido por el autor y a mí me ha recordado a un libro de Javier García Sánchez que se llama El Alpe d'huez sobre una etapa ciclista y en la que cada subida a cada puerto era exasperantemente lenta y descorazonadora.

El paso del tiempo, la vida, es descrito de esta manera: "Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puertas, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas que se esperan más adelante; aún no se ven, no, pero es seguro, absolutamente seguro, que un día llegaremos a ellas. ¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas verdes colinas. ¿No habremos llegado ya, por casualidad? ¿No son quizá estos árboles, estos prados, esta blanca casa lo que buscábamos? Por unos instantes da la impresión de que sí y uno quisiera detenerse. Después se oye decir que delante es mejor, y se reanuda sin pensar el camino. Así se continúa andando en medio de una espera confiada, y los días son largos y tranquilos, el sol resplandece alto en el cielo y parece que nunca tiene ganas de caer hacia poniente. Pero en cierto punto, casi instintivamente, uno se vuelve hacia atrás y ve que una verja se ha atrancado a sus espaldas, cerrando la vía del retorno. Entonces se siente que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza rápidamente, ¡ay!, casi no da tiempo de mirarlo y ya se precipita hacia el límite del horizonte; uno advierte que las nubes ya no se estancan en los golfos azules del cielo, sino que huyen superponiéndose unas a otras, tanta es su prisa; uno comprende que el tiempo pasa y que el camino un día tranquilo tendrá que acabar también".

Una mención al lenguje empleado y a la traducción. Se emplean palabras realmente poco usuales y el esfuerzo de traducción ha tenido que ser muy importante y desde aquí se lo agradezco a Esther Benítez. Un ejemplo: "Todo seguía como antes, los centinelas permanecían en sus puestos, caminando de un lado a otro por el espacio prescrito, los escribientes copiaban los informes haciendo rechinar las plumas y mojándolas en el tintero con el ritmo habitual, pero desde el norte estaban llegando hombres desconocidos que era lícito presuponer enemigos. En las cuadras los hombres almohazaban los animales, la chimenea de las cocinas humeaba flemáticamente, tres soldados barrían el patio, pero ya pesaba sobre todo un sentimiento agudo y solemne, una inmensa suspensión de los ánimos, como si la gran hora hubiera llegado y nada pudiera pararla.". Otro: "Entre tanto, el reloj de pared frente al escritorio continuaba triturando la vida, y los flacos dedos del coronel, secados por los años, se obstinaban en relimpiar, con ayuda del pañuelo, los cristales de las gafas, aunque no hubiera necesidad".

Un buen libro, muy bueno. Es gran literatura, aunque tal vez por lo mismo no apta para todo el mundo ni para todos los estados de ánimo.

Sobre héroes y tumbas (II)

Pues sí, podría hablaros de muchas cosas de París y del viaje que acabamos de hacer, pero me ha dado por hablaros de cementerios y tumbas. Ya sabéis que yo soy de gustos macabros y me gustan los cementerios. Pero, además de gustarme los cementerios, me gusta ver las tumbas de gente famosa o que ha significado algo en mi vida. Ya os comenté que fui a ver la tumba de Cortázar en Montparnasse, por ejemplo.

En este último viaje a París arrastré a Anniehall al cementerio de Montmartre. No sé si os conté que lo había pasado varias veces por encima, porque pasa una calle por encima, pero que no había llegado a entrar. La verdad es que la entrada estaba al lado de por donde yo pasaba, pero hasta que Anniehall no me lo dijo, no me di cuenta de por dónde había que bajar.

Anniehall dice que tengo una necrofilia malsana. Que a ella le gusta pasear por los cementerios, pero que quién esté enterrado, no siendo familia, le da igual. A mí no me pasa eso y de hecho me quedo apesadumbrado por no haber conseguido ver la tumba de Ampère (pongo el enlace porque supongo que a muchos ese nombre no os dirá nada). Me gusta ver las tumbas de escritores, músicos, físicos, etc. sobre los que he leído o cuyas obras he disfrutado en algún momento.

Al igual que hice en Montparnasse, os voy a proponer un juego. Juego sin premio, que la cosa está muy malita y tampoco somos un blog de éxito, de esos de los bitácoras... Os voy a poner varias fotos de tumbas y os voy a dar una serie de personajes y hay que emparejar a unos con otros. A ver si os animáis... (sí, sé que no es lo más indicado para animarse poner un collage de tumbas...)



Bueno, pues aquí están los nombre de las personas enterradas ahí:
  1. Edgar Degas, pintor.
  2. Heinrich Heine, poeta.
  3. François Truffaut, director.
  4. Alejandro Dumas (¿padre o hijo?), escritor.
  5. Adolphe Sax, inventor del saxofón.
  6. Marie Duplessis, cortesana francesa (wikipedia dixit) y en la que se basó Dumas para escribir la Dama de las Camelias.
  7. Héctor Berlioz, músico.
  8. León Foucault, físico e inventor del péndulo de Foucault (obviamente).
  9. Stendhal, escritor.
  10. Vaslav Nijinsky, bailarín.
  11. Una condesa que había según paseábamos, de profesión sus labores, supongo.
Nuevamente hay un nombre más de las tumbas que he puesto. Es fácil y seguro que si miráis en internet encontraréis fotos de las tumbas. Hacedlo como queráis, por intuición, por google o como las quinielas que tocan: a boleo. Como no hay premio no voy a ser muy estricto en las reglas. Haced como en los barquitos (A8, hundido) o como os resulte más cómodo. Y si no queréis participar, pues nada, ¡qué le vamos a hacer! Sic transit gloria mundi...


Casino Royale

Cuando estuvimos en París, en uno de los últimos días que ya estábamos bastante para el arrastre, decidimos ir al cine. Fuimos a ver Skyfall, la nueva película de James Bond. Lo de ir al cine en París me daría para varias reflexiones a compartir con vosotros, pero no es el caso. A raíz de ver la película, muy buena por cierto, me dio por leerme un libro de James Bond, cosa que no había hecho nunca a pesar de gustarme mucho las películas (creo que tengo todas las películas en el disco multimedia, o las tenía antes de que se me rompiera...).

Ian Fleming fue aristócrata, espía y creador del personaje de James Bond. Y a partir de su experiencia decide escribir novelas, siendo la primera Casino Royale que es de la que os voy a hablar.

Es una novela entretenida y la verdad es que se lee de un tirón. La película sigue más o menos a la novela cambiando los escenarios y añadiendo algunas variaciones, pero lo que es el núcleo, la vida de jugador, la partida de Bacarrá, el malo Le Chifre es bastante similar. Casino Royale está en Francia en vez de en Montenegro y el final de la película en Venecia no aparece en el libro que tiene un final distinto y, tal vez, más triste.

La gran diferencia está en que el libro te da a conocer los pensamientos de James Bond y eso lo cambia todo. Tú en las películas lo veías actuar, pero no sabías qué estaba pensando, aunque lo intuías. Pero de intuir a saber hay una gran diferencia y el machismo que destilan sus pensamientos me ha dejado aturdido, la verdad. Párrafos como estos se repiten por toda la novela:

"Estaba pasando lo que tanto había temido. ¡Estúpidas mujeres que creían que podían hacer el trabajo de un hombre! ¿Por qué demonios no se quedaban en casa y se ocupaban de sus cacharros, sus vestiditos y sus chismes y dejaban a los hombres los trabajos de hombres? ¡Que le ocurriera eso a él justo ahora, cuando el trabajo había acabado tan bien! ¡Que Vesper hubiera caído en una trampa tan vieja y se hubiera dejado secuestrar! Y era posible que pidieran un rescate por ella ¡como si fuese la boba heroína de alguna historieta! ¡La muy imbécil!"

"Y encima el fastidio de la chica. Bond suspiró. Las mujeres eran para el esparcimiento. En un trabajo, se metían por medio y lo enturbiaban todo con el sexo, los sentimientos heridos y todo el equipaje emocional que arrastraban de un lado a otro. Siempre había que vigilarlas y cuidarlas".

"La suerte era el siervo, no el señor. Uno debía aceptarla con indiferencia o aprovecharla hasta el límite, pero había que comprenderla y reconocerla por lo que era, sin confundirla con una errónea apreciación de las probabilidades, porque en el juego es pecado mortal confundir el jugar mal con el tener mala suerte. Y a la suerte, en todas sus facetas, había que amarla, no temerla. Bond comparaba la suerte con la mujer, a la cual hay que cortejar con delicadeza o asaltar con brutalidad, pero nunca consentir ni perseguir".

Es cierto que eso también permite ver lo que ha cambiado la sociedad, o al menos la literatura. Frases así hoy en día solo podría decirlas un canalla malísimo y no el héroe de la novela. También, de alguna manera, se han quedado anticuadas y estancadas en el mundo que describen y así cuando habla de su maravilloso Bentley de 25 caballos de potencia se te viene una sonrisa a la cara.

Es un libro bastante entretenido, pero me quedo con la película. Claro, que también la película es de hace pocos años y el libro es del 54.

Os pongo otros párrafos que he subrayado:

"Bond insistió en invitar a Leiter a su Haig and Haig on the rocks y luego reclamó la mirada del barman. - Martini seco -ordenó-. Uno. En una copa de champán alta. - Sí, señor. - Un momento: tres partes de Gordon's, una de vodka, media de Kina Lillet. Agítelo muy bien hasta que esté bien frío y entonces añada una corteza larga y delgada de limón, ¿entendido?"

"Bond pensó que los estadounidenses no eran malos tipos y que casi todos acababan siendo de Texas".

"Entonces es cuando entra en juego el patriotismo y hace que todo parezca estar bien, pero el tema del bien y del mal nacional está quedando un poco desfasado. Hoy luchamos contra el comunismo, muy bien. Hace cincuenta años, el tipo de conservadurismo que hay ahora casi se habría llamado comunismo. De haber vivido entonces, nos habrían enviado a combatirlo. Hoy en día, la historia avanza muy deprisa y los héroes y los villanos intercambian sus papeles constantemente".

En fin, un libro un tanto acartonado, pero entretenido y que da una perspectiva de Bond distinta de las de las películas, al menos a mí.

84, Charing Cross Road

El libro de este mes del club de lectura fue propuesto por Bichejo y es un libro muy cortito y muy bonito, lo cual se agradece después de los tochazos que nos hemos metido entre pecho y espalda durante los últimos meses.

La autora es Helen Hanff y este dato, que puede parecer banal, no lo es tanto cuando eres tan despistado como yo —o más bien cuando prestas tan poca atención como yo a ese hecho— y no te enteras hasta el final del libro de que la historia que te están contando no es una novela, sino que son cartas auténticas de personas auténticas que mantuvieron esa correspondencia durante dos décadas y terminaron siendo una parte importante de sus respectivas vidas sin que llegaran a conocerse en persona.

Así que mi lectura es un tanto excéntrica dado que yo apreciaba como estaban las escenas, que yo creía inventadas, en las que hablaban de la comida (no sabía de la existencia del huevo en polvo), o de los precios de los libros, o de la coronación de Isabel II, pero lo atribuía más a la documentación de la escritora que a que eso era de lo que hablaban realmente porque eran personas en lugar de personajes.

Eso me pasa por leer sin fijarme o sin hacer una labor previa de informarme acerca de la autora. Así que muy mal. Shame on me!

El libro es una recopilación de estas cartas entre una guionista y escritora de Nueva York y el personal de una librería sita (¡qué bien me expreso!) en 84, Charing Cross Rd. La postguerra de Reino Unido fue bastante dura con racionamientos, por ejemplo, y los costes de los préstamos de guerra y el tener que pagarlos les resultó muy duro (es lo que tiene tener deudas, que hay que pagarlas). Más que a alguno de los países perdedores, por cierto. En este contexto Helene Hanff leyó un anuncio en un periódico sobre esta librería de segunda mano y empezó a hacer pedidos. La relación, al principio formal, se va haciendo más amistosa y personal y empiezan a aparecer cartas escritas y mandadas a hurtadillas sin que se enteraran los demás miembros de la librería. Hay un momento bastante gracioso cuando todos los miembros de la librería, cada uno por su parte, salvo Frank Doel (el principal interlocutor) le agradecen un envío de comida y cuando finalmente Frank vuelve de viaje comenta la falta de educación y la rudeza de no habérselo agradecido antes. Empieza siendo un diálogo postal entre dos personas, Helene y Frank, y se van añadiendo voces poco a poco del resto de trabajadores y de la mujer de Frank.

Tampoco creo que sea un libro que se pueda destripar, la verdad. A no ser que seáis tan melones como yo y no os deis cuenta de que es una historia real... pero, vamos, vosotros sois muy listos.

Me he animado a ver la película que está interpretada por Anne Bancroft y Anthony Hopkins y he de decir que es una adaptación bastante buena y que es una película mucho más que recomendable. Vedla si tenéis ocasión.

Os pongo unos párrafos:

Aquí se pone hecha un basilisco porque la edición de la biblia que le mandaron a Helene, siendo judía, no era la que quería: "Pero tengo una cuñada católica, otra cuñada metodista, toda una legión de primos presbiterianos (por mi tío abuelo Abraham, que se convirtió) y una tía que es sanadora de la Iglesia de la Ciencia Cristiana, y me gusta pensar que ninguno de ellos aprobaría esta Biblia anglicana latina si conocieran su existencia. (En realidad, no conocen ni la existencia del latín.)".

Sobre el primer intento serio frustrado de ir a Inglaterra de Helene: "Confío en que tú y Nora hayáis disfrutado de unas buenas vacaciones. Yo he pasado las mías en Central Park, porque Joey, mi querido dentista, me ha concedido también un mes de descanso (se fue de viaje de luna de miel..., una luna de miel que yo he financiado en gran parte). ¿Te conté que la primavera pasada me dijo que tenía que ponerme fundas en todos mis dientes o arrancármelos? Yo me decidí por las fundas..., porque me he acostumbrado a tener dientes. Pero el importe del arreglo es astronómico. Así que Isabel va a tener que subir al trono sin mí: la única coronación a la que voy a poder asistir en los dos próximos años, me temo que será la de mis dientes".

"¿Tienes el Viaje a América de De Tocqueville? Alguien tomó prestado el mío, y no me lo ha devuelto. ¿Por qué será que personas a las que jamás se les pasaría por la imaginación robar nada encuentran perfectamente lícito robar libros?"

"Cualquier erudito hubiera sabido que la Ródope de Landor era la misma Ródopis que le había sacado hasta el último céntimo al hermano de Safo, pero yo no soy una erudita: me pasé un invierno aprendiéndome estoicamente de memoria las declinaciones griegas, pero ellas solas me abandonaron después".

Es un libro que me ha gustado a pesar de mi desliz respecto a la realidad y la ficción. Supongo que es más emocionante sintiendo que es cierto, que no es un experimento literario. Durante este mes estaremos hablando de él en el Club de Lectura 2.0 por si queréis pasaros por allí y charlar. Además podéis leer los posts de Carmen, Bichejo y Livia (a ver si esta vez sí...).

¡Cinco!

Acabo de leer mi post de hace exactamente un año. Como entonces ya resumí los primeros cuatro años de J, supongo que hoy toca resumir este último, su quinto año.

Por estas fechas hace un año estábamos ya hartos del logopeda a pesar de llevar yendo solo dos meses. Hartos nosotros, él iba encantado. Le habían mandado por fin justo cuando a todos nos parecía que ya no le hacía falta. Así que no le sirvió de mucho en lo de hablar pero ganó seguridad. Fue la primera vez que se sintió el mejor en algo. Siendo el hermano pequeño y de los más pequeños de la clase es difícil ser el que mejor hace algo así que llegar allí y sentirse el rey del mambo le vino muy bien a su autoestima.

Tan bien le vino que al final de curso descubrimos que llevaba un mes sin hacer los trabajos en el colegio. Y cuando por fin nos explicó por qué nos dijo ‘es muy aburrido’. Hay quien nos ha dicho que eso es un síntoma de brillantez. Nosotros creemos más que es por su facilidad para rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Pero en esto también hemos avanzado mucho este año. Y es un mérito compartido. Ha sido difícil pero le hemos hecho ver que con perseverancia se consiguen muchas cosas que al principio parecían imposibles.

Si el año pasado empezó a revelarse como un pícaro, este año ha pasado directamente a la categoría de ganso. Le encanta bromear y ver que hace gracia con sus tonterías, se inventa palabras, hace muecas...

Y sin embargo es muy tímido. Una de las mejores cosas de este año es que está aprendiendo a leer. Pero nos hemos tenido que enterar por la profesora de lo bien que lo hace. Por suerte, una vez revelado el secreto, nos lee hasta los lomos de los libros en la librería del salón mientras cena. Y juega con las letras buscando similitudes y rimas. No sé si le estoy diciendo lo suficiente lo contentísima que estoy porque ya sepa leer. Me aplicaré.

Con la bici sin embargo no ha hecho grandes progresos. Parece que le va perdiendo el miedo pero todavía no se atreve a intentarlo sin ruedines. Yo creo que este va a ser el año. Y de todos modos siempre le quedará el patinete con el que va a toda velocidad sin ningún miedo.

Sigue siendo un sentimental y muy cariñoso y yo me sigo derritiendo con sus abrazos. Y sigue disgustándose mucho cuando algo no le sale aunque creo que se ha dado cuenta de la cantidad de cosas que ha conseguido en este último año.

Ya no tenemos bebés en casa. Hoy J cumple cinco años y esta tarde lo celebrará con sus amigos en un sitio de esos de bolas. Saldrá agotado y sudando como un pollo. No me ha dado tiempo a hacerle su tarta, la dejaremos para el fin de semana. Pero seguro que estará feliz.

Esta mañana, todavía medio dormido, ha abierto su regalo. Cuando ha visto lo que era se ha despertado del todo y ya se ha puesto nervioso deseando que llegue el momento de montar su nave de star wars de lego. Y cuando llegue lo hará estupendamente porque es un fiera para esas cosas a pesar de sus manitas todavía tan pequeñas.

¡Muchas felicidades J!

El rapto de Britney Spears

Bueno, pues hace unos días que terminé de leerme este libro y os pongo este post programado porque cuando se publique estaremos en París atiborrándonos de croissants y macarons... Bueno, no, tampoco creo que vaya a ser el caso, pero seguro que estaremos pasándolo bien.

Este libro me cayó en gracia por el título y porque es de Libros del Asteroide y eso me daba una cierta garantía. Del autor no había oído hablar nada de nada. Se llama Jean Rolin.

Empezaré diciendo que el libro no me ha gustado. Me ha parecido aburrido y fallido, pero lo que más rabia me da es que tenía muy buenos mimbres para ser un gran libro.

El punto de partida es el de un agente secreto francés que está en un paso fronterizo entre Tajikistán y China. Se intuye que lo han mandado allí por haber hecho mal su misión y poco a poco nos la va contando. Le enviaron a Los Ángeles porque les había llegado a los servicios secretos franceses una información sobre una presunta amenaza a Britney Spears por parte de un frupo integrista musulmán. Y a modo de relatos y recuerdos nos va contando lo que pasó.

El personaje me recuerda un poco al inspector Clouseau y si hubiera seguido por ahí: un tipo que no tiene ni idea del mundo del corazón, que no sabe conducir y tiene que ir a todas partes en transporte público, del que parece que pasan absolutamente sus superiores y siguiera en un tono de humor habría sido un libro muy bueno. El problema es que es muy pesado describiendo las autopistas, los transportes públicos y los personajes de la prensa del corazón. Es un poco... a ver como lo digo... como American Psycho cuando se pone a contar todos los restaurantes y como van vestidas las personas y así... aburrido. Supongo que el aspecto que quiere dar el escritor es el de una especie de informes oficiales, pero a la vez trufados de humor. Y no lo consigue, al menos bajo mi punto de vista. Otras críticas y reseñas que he leído por ahí la ponen como el colmo del humor inteligente (para muestra este blog que me indicó Bichejo). Yo personalmente creo que solo se ha leído las primeras cincuenta páginas, pero a lo mejor es un humor que es más inteligente que yo y no lo pillo, no digo que no. Hay momentos divertidos, pero demasiado aislados.

Se da en parte ese efecto que tanto le gusta a Bichejo de "mi reino no es de este mundo" de DFW, pero a mí no me dice nada. Me ha aburrido que es de lo peor que se puede decir de un libro. Aunque al final me lo leí y no lo dejé a medias... ¿Será la mala influencia del club de lectura? No, no creo. Tampoco es que sea un horror, pero lo que más pena me da es ver el buen libro que podría haber con ese armazón y que no se ha logrado.

Hay algunas partes graciosas, es verdad. También se une mi absoluto desconocimiento de los personajes que aparecían en el libro como Lindsay Lohan o Kim Kardashian o los distintos novios de Britney Spears (a esta sí que la conocía, aunque no tanto su azarosa vida de famosa). Puede que si prestara más atención a los cotilleos me hubiera gustado más. Lo dudo.

Unos párrafos:

"le cuento a Shotemur, que no me cree, que durante la mayor parte de mi vida mientras apenas progresaba en el escalafón de servicios, hice todo lo posible por parecerme al policía brutal y corrupto que en Sed de mal encarna magistralmente Orson Welles, y que fracasé en el intento, no menos que en otros muchos, tanto porque mi complexión, más bien enclenque, no evocaba en absoluto la del actor, como porque moralmente, a pesar de mi innegable propensión al vicio, no conseguía igualar la ferocidad y la abyección de su personaje".

"En lo que al cachorro se refiere, cuyo trágico fin, y sus consecuencias, eran objeto de un artículo en primera plana del suplemento Late Extra del Los Angeles Times, se trataba de un shepperd mix (¿pastor mezclado?) de seis meses, llamado Karley, al que un bombero negro —en Estados Unidos no se tiene empacho alguno en especificar el origen étnico de las personas implicadas en casos policiales— había asesinado con saña golpeándole doce veces en la cabeza con una piedra de seis kilos, ocasionándole heridas mortales que el artículo enumeraba cuidadosamente: mandíbulas desarticuladas, cráneo fracturado por tres sitios, canal auricular aplastado y ojo arrancado. La defensa —bastante débil, todo hay que decirlo— de Glynn Johnson, el bombero negro, de 55 años de edad y vecino del barrio de Riverdale, consistía en pretender que el perro lo había atacado, lo que no parecía poder justificar la violencia de los golpes asestados para protegerse, sobre todo teniendo en cuenta la edad del perro, el pobre Karley, que además era una perra".

"Siempre he sentido cierta debilidad por todo lo que propone un servicio continuo, todo lo que en el corazón de la noche mantiene cualquier tipo de forma de vida, ya se trate de un bar como de una capilla consagrada a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento, aunque debo confesar que he frecuentado de forma más asidua los primeros que las segundas".

"aproveché para llevarla al único acontecimiento mundano al que fui invitado durante toda mi estancia en Los Ángeles. Era en el hotel Standard, en Sunset, y se trataba de la inauguración de la bola blanca que un artista de origen italiano había colocado en el tejado de dicho establecimiento y que se encendía, haciendo alarde de humildad, cuando él estaba en la ciudad mientras que cuando el artista estaba lejos permanecía apagada. Que una gilipollez de ese calibre pudiera considerarse una obra de arte a Wendy la hacía reír a carcajadas, y a mí también".


¡Nos vamos a París!

Pues sí, así sin mucho pensarlo para lo que soy yo, hemos decidido irnos cinco días a París. La verdad es que a la que más le apetecía ir a París es a Anniehall. Yo he ido bastantes veces en los últimos años y me apatecía más algún sitio en el que no hubiera estado, pero París siempre tiene mucho que ver.

Aún así, ya sabéis que yo soy mucho de preparar y aunque, es cierto, no me he estado internet arriba, internet abajo removiendo cielo y tierra para buscar cosas que ver y que hacer. De momento ya hemos comprado por adelantado entradas para ir a ver:
Así que algo preparados sí que vamos, sí. Además vamos a visitar a unos amigos de los que conocemos sus hijos solo por fotos... y también está mi cuñado y quedaremos con él para cenar o comer o algo con él.

Anniehall tiene sus historias reposteréxicas varias y ha habido una posibilidad (bueno, ni eso, la verdad) de ir a la ópera a ver a Juan Diego Florez y Natalie Dessay en la Hija del Regimiento, pero en las fechas que vamos actúan los sustitutos y las entradas son carísimas (100 € la más barata), así que al final no vamos.

Hemos cogido un hotel apañado, un Pullman para más señas, porque arriesgarse a un hotel barato en París (al igual que en Londres) es mucho arriesgarse, la verdad.

Yo quiero ir a Vincennes, que es el palacio real anterior a Versalles y donde transcurren varias novelas de Dumas como la Dama de Monserau, la reina Margot o los Cuarenta y Cinco. Es un poco de friki de Dumas, pero es lo que hay. Por cierto, que tampoco he ido a ver su tumba en el Panteón... a lo mejor es una buena ocasión...

Vamos sin niños y creo que es lo mejor. Tendremos que ir empezando a pensar en hacer viajes culturales los cuatro juntos, pero de momento creo que ellos querrían ir a Eurodisney y nosotros preferimos tener unos días los dos solos.

Por supuesto que agradecemos las sugerencias que ya hemos recibido y aceptamos otras más que tengáis a bien hacernos. Si Anniehall me lo pide la llevaré al Boulevard de Magenta a ver las tiendas con los trajes de novia y fiesta más abracadabrantes ever de la que ya os hablé por aquí. También me gustaría ver el cementerio de Montmartre por el que he pasado un par de veces por encima y me ha parecido muy bonito, pero que no he podido visitar.

Parece que el sábado y el domingo lloverá un poco, pero no parece que nos vayamos a mojar en exceso. Pues eso, que creo que el hotel tiene wifi gratuita y ya os mantendremos informados. Yo dejaré programado un post de libros para que no los echéis de menos, para que veáis que pienso en todo!

Cultura basura, cerebros privilegiados

He terminado de leerme este libro de Steven Johnson y os voy a hablar un poco de él. Este es uno de esos libros de a euro y pico de Amazon a los que soy tan aficionado. Deberíais hacer lo mismo y pasaros por ahí una vez al día si os gusta leer porque siempre se pillan gangas. Sobre todo si te gusta la novela negra o la novela histórica o romántica, o todo junto... pero hay libros de todo tipo.

Este en concreto me llamó la atención y me lo compré. Es un libro que parte de la premisa un tanto desconcertante de que todo lo que se piensa que es malo para el cerebro como los videojuegos, la televisión o internet no es así, ni mucho menos, sino que es beneficioso y nos hace ser más inteligentes. Por supuesto que este señor no propugna que tengamos a nuestros hijos pegados a la videoconsola ni que les permitamos no hacer los deberes y estar todo el día viendo la tele.

El punto de partida es lo que él llama la curva del dormilón. Viene como referencia a la película de Woody Allen en la que aparece en el futuro y allí las comidas que parecían malas en el pasado son consideradas ahora buenas. Aquí tenéis el link a la referencia de la película.

Hace ya casi un año os hablé (¡sí, es el libro de siempre, parece que no me he leído otro!) del efecto Flynn y de como nos estábamos volviendo, por término medio, más listos cada generación a razón de 3 puntos de C.I. por década. Bueno, en este libro se nos habla de ese efecto y de cosas curiosas respecto a él. Por ejemplo que ese incremento de inteligencia es en la parte media de la campana de Gauss. Es decir, que los más listos no son más listos que hace cincuenta o cien años, pero sí que lo son las personas de inteligencia media. Y por otro lado también nos cuenta (es la gráfica que puse en el link anterior) de cómo el incremento de inteligencia no está ligado a las tareas digamos 'académicas' como matemáticas o vocabulario, sino a otras que tienen más que ver con esa 'cultura basura' como reconocimiento de patrones y similitudes o matrices y relaciones.

Y es que hay, por ejemplo, un aumento en la complejidad de las series de televisión enorme. Del número de hilos argumentales de Starsky y Hutch a Los Soprano media un abismo. Hay series, como por ejemplo el Ala Oeste de la Casa Blanca, en las que se juega con el desconcierto del espectador como no se había hecho nunca. No es que te interrogues como espectador sobre lo que va a pasar, sino sobre lo que está pasando ahora mismo. El número de autorreferencias o referencias a otras series o películas en series como Los Simpsons o Seinfeld son inmensas y algunas enlazan con chistes contados seis temporadas antes. Ese aumento de la complejidad va de la mano de los medios reproductores de contenidos. Está claro que ese tipo de gracias o de complicidad con el espectador no se podía dar cuando emitían el capítulo y ahí se acababa todo. Ahora se gana más dinero con la redifusión y la venta de series o películas que con el estreno en cines o la emisión original. Lo que ha hecho de oro a Seinfeld no es la emisión, sino los derechos de reemisión y las ventas de la serie.

Por lo que cuenta este señor en las películas no ocurre ese aumento en el nivel de complejidad, o no de la misma manera que en videojuegos o series. Aún así se recauda más en la venta en DVD que en las salas de cine. La industria del videojuego recauda más (a veces) que la del cine y la de las series con sus reemisiones y packs también mueve más dinero. Y esto es así porque la duración de una película no da para desarrollos escesivamente complejos. Hay gente que se compra una película y la ve una y otra vez, es cierto, pero eso se suele dar más en los juegos y en las series.

Juegos como Age of Empires siguen siendo rentables. Hay otros juegos como Zelda o juegos de aventuras que enganchan y proponen desafíos que nos hacen más listos (por término medio). En el libro también se habla del enganche del Tetris y de soñar con las fichas, por cierto. El proceso de avanzar en los juegos él lo describe mediante dos procesos que llama sonda y telescopio. El proceso de sondeo se basa en lo que se denomina el método científico, esto es, proponer hipótesis, ver qué pasa y rectificar: el método ensayo-error básico en el desarrollo científico y también en el del desarrollo de la inteligencia, por lo que se ve. El de telescopio tiene que ver más con objetivos a largo plazo además de los inmediatos y las relaciones entre ambos. El éxito de los juegos radica, según el autor en que: "igual que Tetris racionaliza el enmarañado mundo de la realidad visual para convertirlo en un conjunto fundamental de fuerzas interactivas, la mayoría de los juegos ofrecen un mundo imaginario donde las recompensas son mayores, más vívidas, y están más claramente definidas que en la vida". El factor de adicción a los juegos no tiene que ver con que nos lo pasemos bien. Todo el que haya jugado y se haya enganchado a un juego sabe lo mal que se pasa cuando te atascas, pero quieres seguir jugando. Así lo indica: "«Búsqueda» es la palabra perfecta para el impulso infundido por estos diseños en los jugadores. Uno quiere ganar la partida, naturalmente, y quizá ver completada la narración. En las fases iniciales, tal vez los gráficos nos deslumbren. Pero la mayoría de las veces, cuando estamos enganchados a un juego, lo que nos atrae es una forma elemental de deseo: el deseo de ver la siguiente cosa. Queremos cruzar ese puente para ver cómo es el lado este de la ciudad, o probamos ese módulo de teletransportación, o construimos un acuario en el puerto. A quien no haya sentido nunca esta clase de compulsión, la motivación subyacente acaso le parezca un poco extraña: no queremos construir el acuario porque esté ahí, como reza la vieja expresión montañera, sino más bien porque no está, o no está todavía. No está ahí, pero sabemos —porque hemos leído el manual o la guía, o porque la interfaz lo está transmitiendo ante nuestros ojos— que si ponemos empeño, si dedicamos un poco más de tiempo a crear nuevos residentes y vigilar el presupuesto anual, al final disfrutaremos del acuario. [...] En cierto modo, la neurociencia ha ofrecido aquí una predicción que los juegos confirman complacientes: si creamos un sistema en el que las recompensas están definidas con claridad y se obtienen explorando un entorno, hallaremos cerebros humanos atraídos por estos sistemas, aunque se compongan de personajes virtuales y aceras simuladas. Lo que atrae a los jugadores no es el contenido del juego —si este fuera el caso, jamás veríamos a veinteañeros siguiendo absurdos argumentos de rescate de princesas, como la exitosa serie Zelda de la plataforma Nintendo—, sino el sistema de recompensas, que mantiene fijo en la pantalla su notoriamente bajo nivel de atención. Ninguna otra forma de entretenimiento ofrece este cóctel de recompensa y exploración: solo «exploramos» películas, televisión o música en el sentido más metafórico de la palabra. Y aunque hay recompensas para esas otras formas —de hecho, se ha demostrado que la música origina la liberación de opioides en el cerebro—, no vienen con la presentación exagerada y seductora de los videojuegos".

Por supuesto que no se desprecia a los libros, sino al contrario, como dice el autor: "El mismo hecho de que yo esté exponiendo este argumento en un libro y no en un programa de televisión o un videojuego ya debería evidenciar que, a mi juicio, la palabra escrita sigue siendo el vehículo más eficaz para transmitir información complicada, si bien la palabra electrónica está empezando a dar batalla a los libros impresos. El razonamiento que sigue se centra de lleno en el aspecto del ejercicio mental, no en el contenido. Me propongo convencer al lector de dos cosas: 
1. Según casi todos los criterios que usamos para medir las ventajas cognitivas de la lectura —atención, memoria, seguir el hilo, etcétera—, durante los últimos treinta años la cultura popular no literaria se ha ido volviendo cada vez más estimulante. 
2. La cultura popular no literaria está perfeccionando de forma gradual diferentes habilidades mentales tan importantes como las ejercitadas en la lectura de libros".

También se habla de tecnología en general y como los jóvenes se enfrentan con aparatos sin leerse el manual (yo lo hago, aunque cada vez menos...) y como entienden el sistema debido a su capacidad de establecer relaciones y comprender sistemas complejos a través de juegos o de darse de tortas intentando configurar el cliente de correo o de mensajería.

Hay otra parte en la que se indica que se lee menos, pero es que el libro está en competencia con otros modos de ocio. Por el contrario, el correo, los chats y los programas de mensajería tipo messenger o whatsapp hacen que escribamos mucho más por término medio que antes.

Podría seguir mucho más. He subrayado como un loco y me parece un libro interesantísimo que todos deberíais leer, sobre todo los padres. Es una persona muy sensata y se aprende mucho sobre cómo funciona el cerebro y cómo está evolucionando esta sociedad, al menos en la parte del entretenimiento. Haceos un favor y leedlo! (o no, pero no digáis que no os avisé.)

Razones técnicas transitorias

Seguro que sabéis de qué hablo. Razones técnicas transitorias es una perla perfecta de un lenguaje tan depurada que hace que quiera decirlo todo y nada a la vez. Por eso es un greatest hits de las frases hechas.

Bueno, de las frases hechas no, de las frases hechas para no tener que dar explicaciones reales. Veamos algunos ejemplos:

Cuando estás sacando (o intentando sacar) dinero en un cajero y te aparece el mensaje "OPERACIÓN NO DISPONIBLE POR RAZONES TÉCNICAS TRANSITORIAS" puede ser cualquier cosa. La más probable, y la que yo siempre tengo en mente, es que se ha acabado el dinero. Claro, queda todo mucho más misterioso y neutro al decir razones técnicas transitorias, pero realmente no son razones técnicas, es que simplemente no ha ido el del furgón blindado a rellenarlo o al de la sucursal se le ha olvidado meter los papelitos en el aparato.

Cuando vas en metro y oyes por los altavoces servicio interrumpido entre las estaciones de patapín y patapán por razones técnicas transitorias, tiempo estimado de reestablecimiento del servicio x mil horas uno piensa automáticamente en que el ingeniero de turno la ha jodido fastidiado, pero lo más habitual es que alguna persona se haya tirado a las vías y haya sido arrollada o no. Desde ese punto de vista, que una persona se tire a las vías sea considerado una razón técnica transitoria es algo que ya va mosqueando bastante. Porque ahí la técnica no aparece por ningún sitio. Bueno, sí, que han pasado 200 años de ingenieros y desarrollos desde que Stephenson inventó el ferrocarril. Sin todas esas razones técnicas ese señor no se habría tirado a la vía, pero creo que es ir demasiado lejos en la metáfora.

Bien se podría aplicar a la ausencia de cada uno de nosotros a su trabajo. No hemos ido a trabajar por razones técnicas transitorias. Estas pueden ser que estemos enfermos, tengamos que hacer alguna gestión o estemos de vacaciones. Supongo que técnicamente tenemos derecho a esas causas para faltar al trabajo y es una razón técnica transitoria.

Imaginaos que dejáis el coche en una zona de parquímetros y ponéis un papel en el que indicáis que por razones técnicas transitorias no se dispone del tique de aparcamiento.O ya puestos, cuando nos viene un apretón podemos indicar que no hemos podido atender al teléfono por razones técnicas transitorias. Seguramente pensarán que se ha caído la línea y le daremos a todo un aire de mucha más seriedad.

Y eso es de lo que me quejo. Por una parte yo soy un técnico, un ingeniero, y por alguna extraña razón -corporativismo tal vez- no me gusta nada que se use el nombre de la técnica en vano. Es una manera de escurrir el bulto o de que al final el usuario le eche la culpa a alguien 'de los nuestros' que no tienen nada que ver en el asunto. No sé, no me gusta que se apele a razones técnicas cuando son razones bastante humanas y bastante alejadas de la técnica. Y por otra parte no me gusta que me cuenten milongas, ¡dime la verdad! que por horrible que sea la prefiero a que me mientas. Ya sé que esto de la verdad está algo anticuado, pero yo también lo estoy.

Hacedme caso, cuando oigáis razones técnicas transitorias pensad que las razones son de todo menos técnicas. Es lo más probable, aunque cierto es que también los técnicos metemos la pata, y muchas veces. Por eso es conveniente que esa expresión no esté tan sobada. ¡Ya le damos uso nosotros por nuestra cuenta!

En otro orden de cosas os anuncio que por razones técnicas transitorias hoy es el tercer aniversario de este humilde blog. Como todo lo que nos ha traído el blog son cosas buenas esperemos que las razones técnicas transitorias sigan así. ¡Muchas gracias a todos los que os pasáis por aquí!