Grandes libros para niños

He estado repasando el blog, cosas así, rarunas que uno hace a veces, y he visto que no he hablado mucho de los libros que les leemos cada noche a nuestros hijos. Todos los días hay cuentos para dormir y cada día elige uno. A no ser que haya castigo y uno de los mayores castigos es perderse el cuento, sobre todo si te tocaba elegir...

Creo que sí que he mencionado varias veces a Julia Donaldson. Es una escritora inglesa fantástica, con muchísima imaginación y trabaja con unos ilustradores buenísimos. A mí me gustan en especial Alex Scheffler y Lydia Monks. Tiene libros buenísimos como:
  • El grúfalo: Un ratoncito se adentra en lo más profundo del bosque y aleja a sus depredadores diciéndoles que es amigo del grúfalo, una bestia imaginaria que, de repente, aparece en lo más profundo del bosque. Entonces el ratón se las ingenia para hacerle ver que él es el más temido de los habitantes del bosque. Muy bueno. También tiene una segunda parte que es la hija del Grúfalo, pero ese creo que no está en español. Nosotros todos los tenemos en inglés, he de decir.
  • La princesa y el mago: A la princesa Eliza la captura un mago malvado el día de su cumpleaños. La princesa, gracias a su hada madrina, puede intentar escapar siete veces cambiando de forma y de color y vamos viendo como lo intenta y siempre la captura el mago y le da trabajo que hacer. Es muy bonito y además viene con purpurina por todas partes, ¡como debe ser en un libro de princesas!
  • El gigante más elegante de la ciudad: en este caso, un gigante zarrapastroso se compra ropa nueva y va hecho un pincel, pero de camino a casa se va encontrando con animales a los que ayuda dejándoles esas prendas tan elegantes. Muy bonito y muy tierno.
  • Sitio en la escoba: En este caso, una bruja va recogiendo animales que la ayudan a encontrar las cosas que va perdiendo mientras vuela en la escoba. Al final los animales le ayudan a luchar contra un fiero dragón. Muy bonito. Como nos ha dicho Tochi, en español se llama cómo mola tu escoba.
  • Zog: Zog es un dragón que estudia en la escuela de dragones y cada año aprende una nueva cosa: a volar, a echar fuego, a rugir... Perla es una niña que le cura cuando se hace daño. Lo hay en español.
  • Tiddler: es un pececito que siempre está inventándose cuentos para justificarse porque llega tarde a la escuela todos los días. Y en una ocasión en la que se pierde de verdad, esos cuentos que se inventa le salvan y le llevan de regreso al cole. Precioso, lo único malo es que traducir los nombres de los peces sobre la marcha es un infierno. En español se llama las aventuras de un pez fantasioso.
Os pongo el resto de libros suyos que tenemos, que también son muy buenos, aunque los leemos menos (sí, tenemos un problema con esta señora):
Los dos últimos aún no los hemos leído porque están a la espera de que el ratoncito Pérez tenga que actuar y los dos anteriores son un regalo de navidades y nos los hemos dejado en la casa de mis padres, aunque están bastante bien, sobre todo el conejo rimador.

Y también leemos más libros, no os creáis. Por ejemplo, tenemos toda la serie original de Barbapapá en francés (sí, hijos, sí, nos gusta complicarnos la vida...) y alguno más.

También tenemos libros en español, aunque la verdad es que en general tenemos más en idiomas extranjeros que en español. Tenemos un libro de Gloria Fuertes que les gusta bastante y es que es muy buena, la verdad.

Tenemos este de Adivina cuanto te quiero que a mí me encanta, aunque a ellos menos.

Unos amigos nos dejaron uno del Dinosaurio Belisario que les ha gustado muchísimo. Y también es muy bonito el del Hada Frambuesa. Hay otro que les gusta bastante que es el del extraño caso del señor Pájaro, aunque a mí los dibujos me perturban bastante.

Seguro que me dejo muchos. Y, además, dentro de poco ya tendremos que empezar a leer "libros de mayores". Anniehall le lee a C a trocitos un libro de Celia que a Anniehall le gustaban de pequeña, pero C no se lanza a leer ella sola un libro entero. Al menos de momento.

Y vosotros, ¿tenéis alguna recomendación? ¿o alguna antirecomendación? Porque hay veces que te encuentras con libros que te hacen salir corriendo, pero ese es otro tema.

Sonrisas y lágrimas. El musical

El viernes fuimos a ver Sonrisas y Lágrimas, el musical. Fue un regalo de mi esplendidísimo cuñado a los niños. (Si estáis pensando en verlo creo que esta entrada un poco spoiler. No en cuanto a la historia, que ya la conoceréis, pero sí sobre este montaje. Vosotros veréis.)

Como me he cansado de repetir siempre que he tenido ocasión, la idea de Carlos Hipólito haciendo de Capitán Von Trapp me horrorizaba. Y el recuerdo de la versión de la película con las canciones traducidas al español me espeluzna. Si le añadimos a esto que la película es una de mis preferidas, que me sé las canciones (en inglés) de memoria, y que una de mis favourite things es ver la peli pues no se puede decir que fuera con grandes expectativas.

Lo único que me animaba era saber que, pese al bodrio que yo esperaba encontrarme, los niños lo iban a disfrutrar. Pues desde ya os digo que de bodrio nada. Aunque yo llevaba todos mis prejuicios puestos y que puedo ser muy despiadada y nada indulgente con ciertas cosas, debo decir que disfruté. En algunos momentos disfruté mucho. Y si hubiera ido sin niños también habría disfrutado bastante.

Me costó un poco meterme en la representación. En parte por mis prejuicios y en parte porque ¿es una percepción mía o el público en los espectáculos es cada vez más maleducado? Gente hablando aun a pesar de que ya había empezado la representación, gente que no hacía callar a sus niños… Parece que hasta que no llevan cinco minutos ya hablando (la música les parece que se puede pisar sin problemas) ni los músicos ni los actores se merecen la atención del público.

Pero también me costó entrar porque creo que los números del principio son los peores en esta versión del musical. The sound of music pierde bastante sin la grandiosidad de las montañas reales como escenario y sin posibilidad de verlo desde un helicóptero. Las monjas me resultaron ridículas porque ¡bailan! y llevan cancán. Lo cual me chirrió mucho porque el baile es innecesario. Yo creo que se puede resolver con las monjas moviéndose por la escena pero sin baile.

Por otro lado desaparece I have confidence, que es una de mis preferidas.¿Alguien sabe si es original de la película? Y además, My favourite things es un dúo entre María y la Madre Abadesa a quien, en esta versión igual que en la película, inerpreta una actriz con complejo de soprano de ópera. Y no, la ópera es la ópera, y esto es un musical. Esos gorgoritos están aquí fuera de lugar y además ¡canta mal! Lo cierto es que la aplaudieron mucho pero yo no lo soporto.

Total que entre unas cosas y otras no conseguí entrar hasta Sixteen going on seventeen, que está muy bien hecho, cantado, bailado e interpretado. Además, han mejorado mucho la traducción de las canciones. Se mantiene el 'do es trato de varón' supongo que por razones histórico-nostálgicas. Pero las demás canciones las han traducido de nuevo. Y yo diría que bastante bien.

A partir de ahí disfruté mucho. Con alguna decepción, compartida con C, como que no haya teatro de títeres para The lonely goatherd. O la forma de pronunciar las eses de María, yo creo que porque ha intentado pulir el acento argentino y queda raro. O Brigitta, a quien interpreta una adulta pero poniendo una de esas voces que ponen los adultos haciendo de niños y que resultan tan irritantes.

Tampoco me gustó el vestuario. Bueno, me gustó parte del vestuario. Es como si una parte lo hubieran hecho profesionales con todos los medios y otra parte (como el uniforme de la boda del capitán o los trajes de marineritos de los niños) un grupo de madres para la función del colegio de sus hijos. Incluso las telas de esa parte se ven malas.

Y no me gustaron nada los personajes del mayordomo, el ama de llaves, la Baronesa y el tío Max. Parece que le quieren dar un contrapunto humorístico. A mí no me hace gracia, es bastante zafio, no pega con el resto y no me parece que el resto sea tan dramático como para hacerlo necesario. Hay también un número que no aparece en la película, que cantan Max y la Baronesa (Loreto Valverde), pero que no aporta gran cosa, la verdad.

Sin embargo, a pesar de todas mis prevenciones, Hipólito está muy bien. No deja de ser Hipólito, que no es santo de mi devoción, y por supuesto no es Christopher Plummer, pero lo hace bien (aunque a veces lo imite) y sale muy bien parado en las canciones sin tener una gran voz.

La actriz que hace de María también me gustó aunque a veces recuerde un poco a Amy Adams en Encantada, por los gestos con las manos y la forma de hablar. Creo que va ganando según avanza la obra.

Los decorados están muy bien y la fiesta en la casa da realmente la impresión de un gran baile. Los músicos también están muy bien. El número en el concurso de canto es muy emocionante, igual que el baile entre el Capitan y María durante la fiesta y Edelweiss en el concurso de coros al final. Los niños lo hacen muy bien y no resultan nada repelentes.

En resumen, que me gustó más de lo que me esperaba. Mucho más. Aun así le pongo bastantes peros. Pero lo disfruté mucho y me alegro de haber ido. A ND le gustó más que a mí. Y a los niños les encantó. C se dio cuenta de todas las diferencias respecto a la película (¡esa es mi niña!) y J estuvo atentísimo y casi sin pegar la espalda al asiento para no perderse nada.

Además al final los saludos son muy divertidos y hay interacción con el público. Muy bien Sonrisas y Lágrimas.

Y ahora quería dejaros con I have confidence por Julie Andrews pero no hay manera de encontrar el vídeo. Así que ahí tenéis un trocito de My favourite things, que es lo mejor que he podido encontrar.

The way you look tonight

La adivinanza musical es una cosa muy ridícula que hacen Rodríguez Braun y Herrera en el programa de este último (si tenéis curiosidad, lo tenéis aquí). Es ridícula porque no es adivinanza, está claro que los dos se han puesto de acuerdo antes y es más ridícula porque es un burdo subterfugio para que Rodríguez Braun se luzca cantando. Que no se luce, pero es el clásico cantarín al que alguien le dijo una vez, por decirle algo, que cantaba bien y la cagó.

El caso es que todas las mañanas con esta excusa cantan a dúo los dos. Todo lo malo que tienen como cantantes lo tiene de bueno el gusto musical del señor Rodríguez Braun. Lo cual solo quiere decir que coincide bastante con el mío (como dice el personaje de Carrie Fisher en Cuando Harry encontró a Sally todo el mundo piensa que tiene buen gusto y sentido del humor pero es imposible que todo el mundo tenga buen gusto y sentido del humor, ¡qué grande Nora Ephron!).

Así que muchos días (bueno, los días que donde el señor V está la coach intensa y petarda en español) de camino al trabajo me pongo contenta al recordar alguna canción que me gusta mucho pero tenía olvidada. Hoy ha sido el turno de The way you look tonight. La descubrí gracias a Los amigos de Peter donde Hugh Laurie la toca al piano y la canta a dúo con Imelda Staunton, su mujer en la peli. Como por aquel entonces ¡no existía la wikipedia!, ni internet era lo que es ahora, di mucho la brasa hasta que conseguí saber qué canción era. Porque sí, me compré la banda sonora, que es genial, pero esta canción no viene. Supongo que porque realmente no forma parte de la banda sonora como tal, es más bien una escena de la película.

Finalmente la localicé y la tenía como uno de esos pequeños hallazgos, casi un tesoro. Tú sabes que es una canción preciosa y de cuando en cuando la comentas con alguien. Si esa otra persona la conoce es genial, compartes algo especial. Y si no la conoce se la descubres. Y esa pequeña tontería es estupenda (sobre todo si al otro también le gusta) y además te sientes un poquito importante.

Sé que es una tontería pero a mí me hace ilusión. Y luego vino La boda de mi mejor amigo a joderlo todo, con perdón. Y ahora no solo todo el mundo la conoce sino que además es la canción de La boda de mi mejor amigo. Cada vez que alguien lo dice (y hoy lo han dicho donde Herrera) me da mucha rabia y me dan ganas de gritar. ¡Que no! ¡que no es de ahí! Que existía mucho tiempo antes y la han cantado todos los grandes, ¡hombre ya! Y además ¡yo la conocía antes!

Total que después de poneros en antecedentes de otra de mis muchas locuras peculiaridades y vanidades, aquí os dejo la canción, que me parece maravillosa, y que han cantado todos: Tony Bennett, Frank Sinatra, Fred Astaire, Michael Bublé, Harry Connick Jr, Rod Stewart… ¡Ella Fitzgerald! (tengo que hacerme con ella que google no me la encuentra). Os pongo el vídeo de Los amigos de Peter y luego otra cantada más en serio.

El dinero en The New Yorker

Hace ya algunos días que terminé de leerme este libro que me regaló Anniehall por Navidades. Se trata de una recopilación de viñetas sobre temas económicos publicadas en The New Yorker a lo largo de cien años. Ya le tenía yo echado el ojo y me hizo mucha ilusión que me lo regalara Anniehall.

Como primera consideración he de decir que me ha gustado, pero con algunos peros. El humor es algo muy difícil de crear y de transmitir y si hay perturbaciones el resultado puede no tener ninguna gracia. Una de esas perturbaciones puede ser el contexto cultural de la persona que lee la viñeta. Un español en el siglo XXI puede no entender un chiste sobre la emisión de bonos de guerra o sobre la hiperinflación. Otro aspecto puede ser la traducción. El humor no suele salir bien parado con las traducciones. Muchas veces el ritmo de la frase cambia o las palabras no quieren decir lo mismo.

Y otras veces... bueno, pues es que el chiste no tiene gracia o tú no se lo ves y no tiene que ver ni con el contexto ni con la traducción. He de decir que muchas viñetas caen en estos tres apartados. Al menos para mí, que soy el que me lo he leído. Hay otras viñetas que son muy buenas. Por ejemplo:
Otro, (no lo he encontrado en internet así que pongo uno parecido):
En el que me gusta ponía ¿Alguna vez el dólar ha valido más de un dólar?

Es difícil encontrar las caricaturas para ponerlas aquí. Hay otro en el que una esposa le dice a su marido: "En lugar de preocuparte porque tu dinero rinda más, ¿por qué no rindes más tú?

Otro pone "su cartera de valores" y en el año 1999 sale un diagrama en el que pone "acciones, bonos y efectivo" y en el 2003 "pepperoni, cebolla y extra de queso".

Bueno, pues eso os cuento. Está bien, hay un gran trabajo de edición y traducción detrás, pero muchas veces no llega, o a mí no me llega. Aunque cuando llegaes muy, muy bueno.

Memorias líquidas

Pues ya me he leído este libro de Enric González. En un pispás. Por un lado porque escribe muy bien y por otro porque son cuatro páginas mal contadas. Por esa parte me parece un poco timo, la verdad. El libro tiene 180 páginas de las cuales las 20 primeras son un prólogo de Santiago Segurola y luego antes de cada capítulo hay una hoja con un dibujo y la primera página de cada capítulo está prácticamente en blanco. Además tiene un tipo de letra desmesuradamente grande. De hecho, C., mi hija de 6 años, se ha puesto a leerlo porque le parecía uno de los libros que lee ella. Al final en formato de libro normal se quedarían en unas 70-80 páginas. Supongo que todo ese agrandar y esponjar el texto es para tener mejor conciencia por cobrar 23 euros por él.

El libro está bastante bien. Hace un recorrido por la vida como periodista de Enric y está lleno de anécdotas e historias muy interesantes. Lo que parece es que realmente no son unas memorias como tal, sino una serie de recuerdos, pero que tiene mucho más que contar. Es un poco como Sergei Bubka que iba saltando cuando le pagaban un centímetro más y todos le aplaudían. Por supuesto que es lícito cobrar cuanto más mejor, pero a mí me ha desilusionado aún habiéndome gustado mucho.

Presenta a Juan Luis Cebrián con bastante rencor, la verdad. Seguramente merecido, pero no parece que escribir cosas como estas (aunque sean ciertas) venga de razonamientos calmados: "Vale, el poder miente. Siempre. Pero lo de Cebrián es de traca. En comparación con él, Mariano Rajoy cumple sus promesas con la precisión de un reloj suizo. [..] El poder miente, siempre, pero para encontrar a alguien comparable a Cebrián hay que remontarse a Goebbels". A fin de cuentas es el que se ha cargado el periódico donde más tiempo ha trabajado Enric.

Y hay otro aspecto que me asalta al leer el libro sobre lo que cuenta de su manera de entender el periodismo en la que no sé si acaba de quedar bien. Él defiende lo que llama "cada mesa, un Vietnam". Esto es, que el periodista tiene que defender su independecia y su criterio por encima de la empresa y que el dinero y el acomodarse es malo para el periodismo:

"Con el tiempo descubrí, sin embargo, que los buenos sueldos le hacen a uno menos propenso a patearse la calle, más complaciente con el director y más comprensivo con el poder. Lamento decirlo y socavar mis propios intereses (a mí tampoco me gusta ser pobre), pero creo que una cuenta raquítica en el banco y un poco de rabia en el estómago favorecen el mejor periodismo.
[...]
Eso suena bien como teoría, aunque en la práctica y con el tiempo se haga más y más difícil: no somos idiotas, queremos vivir bien, Lo que pasa es que vivir bien no nos conviene: somos menos libres cuando más tenemos que perder. En cualquier caso, estoy convencido de que un periodista gana en fiabilidad si vive como vive la mayoría de la gente".

Pero por otro lado él no sale muy bien parado en esa lucha contra el poder porque cuenta como veía que las cosas iban a peor, que el periódico mezclaba sus asuntos empresariales con las noticias y la opinión, pero no dijo nada. Era el que más cobraba de la redacción y no hacía casi nada. Esperó al ERE y se fue. Ojo, que me parece estupendo y que es lo que yo hubiera hecho, pero no me parece que eso sea "cada mesa, un Vietnam".

Tiene humor que es el signo de la casa: "Unas cuantas charlas confidenciales con camareros filipinos e indonesios me proporcionaron la receta del sadiki, un producto alcohólico muy fácil de hacer, pero no tan fácil de consumir. «Quien lo bebe se queda ciego», me dijo uno. «Hay quien se ha muerto», me dijo otro. Cuando uno lleva tres meses en Arabia Saudí, la muerte se convierte en una opción relativamente interesante".

Grandes verdades: "Yo era un tipo sin estudios superiores, un reportero que había aprendido lo poco que sabía en la calle y en el trabajo. Leía, siempre he leído mucho y tal vez sea lo único que hago realmente bien. Me parece que un periodista ha de leer como si le fuera la vida en ello, porque le va la vida en ello".

Confesiones y autocrítica: "Los periodistas de El País no fuimos inocentes. Veíamos los errores ajenos, pero no los nuestros. Muchos de nosotros arrastrábamos una mentalidad muy propia del siglo XX: la sumisión ante la maquinaria (y no me refiero a la fascinación por las rotativas, aunque también), la devoción por el diario como institución totemica, el gusto por la rutina funcionarial".

"Cualquiera que haya trabajado en un periódico, especialmente en uno importante e influyente, ha sentido la embriaguez de estar ahí, de navegar en un gran buque, de pertenecer a una tripulación excelente. Y ha confundido el medio, el periódico, con el fin"

En fin, un libro muy bueno, aunque creo que exagerado en el precio, pero una vez pagado lo he leído de un tirón y me quedo con ganas de unas memorias de 500 páginas. ¿Vosotros no? ¡Leedlo y me lo contáis!

Cosas de la edad (de la mediana edad, en concreto)

Después de tantos posts de libros en los que he ahuyentado a cualquier insensato que osara pasarse por estos lares toca hablar de cosas intrascendentes. O trascendentes a ratos, o... vaya usted a saber!

El caso es que como os comentaba el otro día en el post del libro de Roth del Club de lectura 2.0 en ese libro había algunas reflexiones sobre envejecer que no estaban mal. Allí señalaba como una de las frases que me llamó la atención esta: "He aquí lo que sucede: notas dolorosamente lo viejo que eres, pero de una manera nueva. ¿Puedes imaginar la vejez? Claro que no. Yo no lo hice, no pude hacerlo, no tenía idea de cómo era. Ni siquiera una falsa imagen: ninguna imagen. Nadie quiere que sea de otra manera. Nadie quiere enfrentarse a nada de esto antes de que deba hacerlo. ¿Cómo van a salir las cosas? La estupidez es de rigueur. Es comprensible que cualquier etapa de la vida más avanzada que aquella en la que uno se encuentra sea inimaginable". Y es cierto. Uno se da cuenta de que envejece cuando ya ha envejecido y de repente se es consciente de que uno ya no es un chaval.

Esa percepción no es lineal, va a escalones. Y eso es lo jodido. En ese momento te miras en el espejo de la vida y es cuando te da yuyu porque tú te sigues sintiendo como un chavalillo, no una persona de (casi) cuarenta años. Supongo que al acercarte a números redondos te vienen esos pensamientos un tanto grises. Para mí no es tanto un "Pero vivir... ¿era esto?" que dijo el otro día Diva, como la incredulidad de ser un hombre hecho y derecho.

Tengo que decir que yo me estoy comiendo bastante poco la cabeza con la proximidad de los cuarenta. Los treinta (ahí está Anniehall para corroborarlo) me sentaron fatal. Supongo porque de esa edad sí que tenía unas vagas ideas sobre lo que sería mi vida. Cuando era chaval pensaba qué sería de mí cuando tuviera 27 años y fuera el año 2000. La mayoría de esas ideas eran bastante peregrinas. Por ejemplo, pensaba que podría gastarme la mayor parte de mi sueldo en comprarme juegos para el Spectrum. Luego uno llega a esa edad y ve que de eso nada de nada. O que incluso aunque pudieras hacerlo, tus gustos y tus prioridades han cambiado.

Últimamente me noto un poco hecho una piltrafa. Me han dado un par de arrechuchos en la espalda y he adquirido un maravilloso codo de tenista —sin ser yo nada de eso— al intentar atar el cinturón de seguridad de mi hija desde el asiento del conductor esquivando el culo de mi señora (que es estupendo, pero que estaba encima del cierre). El otro día fui a cortarme el pelo y vi que gran cantidad del pelo que caía era de mis sienes plateadas, como cantaba Gardel.

Y ahora os voy a revelar cuando he tenido la epifanía de haber ingresado en la mediana edad. Ahora lo veo claramente, aunque en su momento no lo percibí... ese pensamiento ha estado rondando por mi cabecita hasta haberse materializado y darme la prueba del nueve de mi mediana edad. Estas Navidades me he dado cuenta de que me gusta esta canción:


Es una canción que no me ha gustado nunca y estas pasadas navidades me he dado cuenta no solo de que me gusta, sino de que me encanta. Me pone una sonrisa en la boca y me hace ser instantáneamente feliz. Sé que me consideraréis un loco o una causa perdida, pero así ha sido. No espero comprensión ni conmiseración. Tampoco estoy diciendo que a quien no le guste la canción es que sea un jovenzuelo. Lo que sí que digo es que ha sido mi piedra de toque, mi revelación.

Ahora, que ya os digo —from the bottom of my heart— que si a eso se reduce mi crisis de la mediana edad, ¡bienvenida sea!

Me repelen

Hoy vengo en plan Maestra Ciruela (que no sabe leer y pone escuela) a verter mis manías lingüísticas sin vergüenza. A continuación palabras, frases hechas, expresiones que no soporto. Algunas están mal dichas siendo puristas, otras simplemente no me gustan y sacan lo peor de mí cuando las oigo o leo.
  • Viaje fin de curso. No lo aguanto. Cuando yo era pequeña se decía Viaje de fin de curso. Que es lo que es. Esta chorrada de eliminar las preposiciones y los artículos me pone mala.
  • Brazo gitano. En la línea del anterior. No sé si es porque a los cursis así les deja de venir a la cabeza de lo que literalmente dicen pero es una chorrada decir brazo gitano.
  • Trajebaño. Así todo junto. La gente ya no usa bañadores (palabra tan incorrecta según Ussía que decía que eso eran señores que te ayudan a bañarte, no una prenda de vestir), no, usan trajesbaño. Un horror.
  • Influenciar. Creo que ya lo conté por aquí. Me parece feo y poco elegante. Con lo bonito que es influir.
  • Del tirón. Hace unos años las cosas se hacían de un tirón, ahora del tirón. Debe de haber veces en las que esté bien dicho pero el 99% de las veces que la gente dice del tirón debería decir de un tirón.
  • Mítico. No es que mítico esté mal dicho en sí mismo. Es una palabra que existe, lo sé. El problema es que hace unos años, volviendo unas vacaciones a Santander, me quedé estupefacta al ver cómo toda la gente de mi edad había decidido que todo lo típico (ni siquiera lo épico) era mítico y no oía otra cosa cada vez que me contaban una batallita. Lo peor es que desde entonces se ha ido extendiendo y lo oigo también en otros sitios. No me gusta nada.
  • Ese / esa sin ton ni son. A esta son muy aficionados los cursis de la radio y de la tele (y hay muchos). Meten un ese sin venir a cuento y se quedan tan anchos. Lo hacen, supongo, para enfatizar pero yo no lo veo. Por ejemplo ‘y ahora vamos a contarles la cartelera, esas posibilidades que tienen paa el fin de semana…’ ¿esas? ¿por qué? ¿no sería mejor las? A mí me suena fatal, a lo mejor un lingüista nos dice que está bien pero yo no lo aguanto. A lo mejor lo que me molesta es el abuso, porque hay gente (Yolanda Flores, te estoy mirando a ti) que lo usa constantemente en estos casos dudosos. Y resulta muy cursi.
  • Descambiar. Me parece una palabra feísima y que además no significa lo que se pretende cuando se usa. Si te compras una camisa y al llegar a casa te das cuenta de que no te vale, te vuelves a la tienda a cambiarla o a devolverla. NO a descambiarla. No, no y no. La descambias si primero la cambias y luego decides que preferías la primera. Entonces sí, la descambiarías.
  • Coger por comprar. Esto creo que es un localismo santanderino. La gente dice que se ha cogido una camisa o lo que sea en las rebajas. Ay, si les oye
Es curioso porque ahora mismo no se me ocurren más pero estoy segura de que las tengo, que soy yo muy tiquismiquis con estas cosas. Ya las contaré otro día.

(No hay foto ilustrativa porque blogger se está poniendo estupendo).

Ingeniería para dummies (VI)

En esta serie que ya tenía un tanto abandonada os voy a hablar de un tema del que todos sabemos algo, pero, por lo que he estado investigando, es un tanto escabroso y con cierto ocultismo: la clasificación energética de los electrodomésticos.

Todos hemos comprado una lavadora o un lavavajillas (yo ambos dos el año pasado) y hemos comparado esas etiquetas como la imagen de la izquierda en la que aparecen colores y letras. Todos sabemos que una con una A con muchos +++ es mejor que una B. Pero... ¿qué quiere decir que es mejor? porque por otro lado también es más cara. Todos leemos u oímos que con no sé qué clase energética se ahorran no sé cuántos euros al año.

Pero, ¿cómo se mide la eficiencia energética?, ¿qué diferencias de ahorro hay entre una clase y otra? ¿tiene alguna relación con como se usa el electrodoméstico?

Bueno, para empezar cada electrodoméstico tiene su propio reglamento al que atenerse. No es lo mismo una nevera A++ que una lavadora A++ y su relación de eficiencia respecto a una B tampoco es la misma.

Aquí tenéis, por ejemplo, el reglamento sobre lavadoras. Si os vais al anexo VI os encontráis con una tabla en la que aparece una clasificación en las que en función del IEE (índice de eficiencia energética) de la lavadora se establece cuál es su clase de eficiencia energética y de centrifugado. Por poner unos números (y que se note que uno es ingeniero) el que una lavadora sea de clase A++ frente a clase A+ supone que una es entre un 22 y un 2% más eficiente. Es un abanico bastante grande, ¿no? y eso es solo entre dos escalones consecutivos de eficiencia. Si nos vamos entre el A++ y el C, por ejemplo, la eficiencia (bueno, lo que ellos llaman eficiencia) puede variar entre el 47% y el 32% y seguramente cueste menos de la mitad.

Pero hay aún más cosas. Por ejemplo. ¿cómo se calcula el IEE? Bien, para eso tenéis que iros al anexo VII en el que se indican las fórmulas con las que se calcula el consumo de energía anual normalizado de lavadora doméstica que depende de los kilos de carga de la lavadora en cuestión en el programa de algodón a 60ºC. Unos numeritos y ya sabemos a qué clase corresponde según la información de la etiqueta de kWh/annum. Esos kW(que es una medida extraña de la potencia a la que multiplicamos por horas y dividimos por años) se calculan según unas fórmulas como esta:

Donde hay un montón de parámetros. Por ejemplo, lo que no es parámetro es ese 220 que se supone es el que se refiere al número de lavadoras / año en programa completo de algodón a 60ºC y cada una de las letras que aparecen se calculan con otras fórmulas del mismo estilo. Pero, vamos, si tú no utilizas el programa algodón a 60º (como es nuestro caso) pues la pegatina la puedes enmarcar y ponerla en el pasillo porque será para lo único que valga.

Al final la conclusión que saco es que no está nada claro que sea evidente que comprar un electrodoméstico más "eficiente" sea ventajoso y que esto es así de complicado porque la gente que ha estado en esas reuniones o ha hablado con los parlamentarios o comisarios que hayan sacado adelante estas normas no han sido gente desinteresada, sino fabricantes de elecrodomésticos que quieren quitarse a competidores de en medio y que nosotros, como consumidores, no nos enteremos mucho del tema. Porque por ejemplo no se dice nada de cómo se calculan los kilos de carga para lavar en el programa de algodón a 60º. No se dice si lo que tienes que lavar es algodón o algo más denso y que permite que quepan más kilos en el tambor?

Muy turbio todo. Porque por otro lado la eficiencia no dice nada sobre el gasto respecto a la eficiencia. Esto es ¿cuánto ahorro en electricidad por comprar una más eficiente respecto a otra menos eficiente y con un motor menos potente? ¿Por qué estoy pagando por un motor de 1800 rpm cuando solo centrifugo a 800? Porque respecto a la eficiencia del centrifugado se mide respecto a la humedad que queda en la ropa al terminar el ciclo, pero no en relación a las vueltas por minuto que den. Esto es: puede que el centrifugado sea clase A y que me cueste el sueldo de un mes en electricidad, pero que luego para el programa algodón a 60º use uno a 600 vueltas y que sea súper ahorrador en cuanto a la pegatina de marras. Nada de eso está especificado en la norma o al menos yo no lo he encontrado, que tampoco como de esto.

Todo esto es sobre lavadoras, pero lo mismo os podría contar sobre lavavajillas (donde en vez de kilos de carga se habla de número de cubiertos o servicios pero no del tamaño de los platos), sobre frigoríficos (que depende del volúmen, la clase energética -más fórmulas- y el número de estrellas del congelador), 

Como resumen: no hagáis caso a todo eso que se dice que si te ahorras tanto en electricidad al año si compras una u otra. Compra un electrodoméstico que tenga las cosas que vas a usar, aunque es difícil que puedas elegir poner o quitar cosas como si fuera un coche, pero si a ti te importa poco que centrifugue a 1400 o a 900 porque vives en Madrid y se te va a secar enseguida, pues no vayas a por la de 1400 solo poque tenga más mases en la pegatina. Y como siempre: la excel es tu amiga, ¡úsala!

The Blank Slate (V)

Bueno, el de hoy va a ser un post sobre The Blank Slate. Bueno, no, va a ser EL POST sobre The Blank Slate. Es la razón por la que decidí leerme el libro y no puedo decir más que una vez terminado me he quedado anonadado. Aún así ya intuía bastantes cosas de las que cuenta, pero las conclusiones son tan contundentes, su insistencia en su demostración una y otra vez a lo largo de estudios en las últimas cuatro décadas me abruman bastante, la verdad.

Hoy os voy a hablar sobre la infancia o sobre los hijos. Siendo padre te haces un montón de preguntas sobre si lo estarás haciendo bien, si estimulas lo suficiente su curiosidad, si eres demasiado estricto o lo eres muy poco, si hay que ponerles CD de música clásica o pasar con ellos "tiempo de calidad", si se atontan viendo la tele o si deberíamos enseñarles a hacer sudokus para desarrollar su inteligencia o apuntarles a piano para enriquecer su cerebro... en fin, mil y una historias. Pues bien, viene el señor Pinker y nos dice que la influencia de la familia en la inteligencia y la personalidad no es que sea poca, no, es que es NULA. Sí, amigos, como lo oís. Todos esos CDs de los little Einsteins que aborrecíais, todo ese ponerle música clásica mientras dormían la siesta o llevarles a ver museos. A ver, no malinterpretéis lo que dice, dice que eso no tiene influencia ni en su inteligencia ni en su personalidad, no que no sea importante. Por supuesto que pasar tiempo con tus hijos es una fuente de felicidad inmmensa y enseñarles el mundo es una de las mejores cosas de la paternidad. Pero de ahí a que influyamos, aparte de genéticamente, en su personalidad o inteligencia... poco.

El capítulo sobre la infancia empieza enunciando tres leyes de la genética conductual, que él indica que probablemente sean los tres descubrimientos más importantes en la historia de la psicología. Estas leyes son:
  • Primera ley: todos los rasgos conductuales humanos son hereditarios.
  • Segunda ley: el efecto de criarse en una misma familia es menor que el efecto de los genes.
  • Tercera ley: una porción sustancial de la variación en los rasgos conductuales humanos complejos no se explica por los efectos de los genes ni de las familias.
 Por rasgo conductual se entiende como "una propiedad estable de una persona que se puede medir mediante test psicológicos estandarizados". Estos son básicamente tests de inteligencia y tests de personalidad. "Parece que no sean unas pruebas fiables, pero se ha comprobado ampliamente su validez: se obtiene casi el mismo resultado siempre que se pasa el test a una persona, y estadísticamente predicen razonablemente bien lo que deberían predecir. Los test de cociente intelectual predicen el rendimiento escolar y laboral, y los perfiles de personalidad se correlacionan con la opinión que otros tienen de la persona en cuestión y con los resultados en la vida, como los diagnósticos psiquiátricos, la estabilidad conyugal y los conflictos con la justicia". El cómo se establece la componente genética de ese rasgo es a través de estudios de heredabilidad que se mide a través de gemelos univitelinos que se han criado en ambientes separados. De esta manera, los rasgos coincidentes son achacables a la genética y no al ambiente. También se estudian gemelos nacidos y criados en el mismo ambiente junto con gemelos bivitelinos también criados juntos y que comparten el 50% de los genes que varían entre las personas que componen la muestra. Y por último también se comparan hermanos adoptados (que no comparten genes) con los que no lo son y que comparten entorno. Resulta que los resultados son siempre muy parecidos en estudios diferentes: "los hermanos univitelinos criados por separado son muy similares; los hermanos univitelinos criados juntos son más parecidos que los bivitelinos criados juntos; los hermanos biológicos son muchísimo más parecidos que los adoptivos. Todo esto se traduce en unos valores de heredabilidad sustanciales, normalmente entre 0,25 y 0,75. Un resumen convencional es que más o menos la mitad de la variación en la inteligencia, la personalidad y los resultados en la vida es hereditaria -un correlato o un producto indirecto de los genes-". Incluso respecto a la heredabilidad de la inteligencia tenemos que: "aumenta con las distintas fases de la vida, y en edades avanzadas puede llegar hasta el 0,8. Olvidémonos del «Como se doble la ramita...»; pensemos en el «¡Vaya! Cada vez me parezco más a mis padres»" cosa que casi todos descubrimos con el tiempo, ¿verdad? Dice Pinker que "Afirmar que «todos los rasgos son hereditarios» es un poco exagerado, pero no mucho. Los rasgos conductuales concretos que dependen de forma manifiesta del contenido que ofrecen el hogar y la cultura no son, por supuesto, en modo alguno hereditarios: la lengua que uno habla, la religión que profesa, el partido político al que pertenece. Pero los rasgos conductuales que reflejan los talentos y los temperamentos subyacentes son hereditarios: la competencia que uno tiene en el lenguaje, su religiosidad, su talante liberal o conservador. La inteligencia general es hereditaria, como lo son las cinco principales variaciones posibles de la personalidad (que se resumen en el acrónimo inglés OCEAN): actitud abierta a la experiencia (openness to experience), escrupulosidad (conscientiousness), extroversion-introversión, antagonismo-agradabilidad y neuroticismo. Y resulta que rasgos que son sorprendentemente específicos también son hereditarios, por ejemplo la dependencia de la nicotina o el alcohol, el número de horas que se pasa ante el televisor y la probabilidad de divorciarse".

La segunda ley indica que el efecto de criarse en una misma familia es menor que el genético. Al leer esto se suele pensar que  estamos condicionados tanto por los genes como por la educación familiar. Bueno, pues si separamos dos formas en las que nos puede afectar el medio en lo que podemos llamar el medio compartido (el que comparten todos los hermanos de la misma familia: padres, vida familiar y vecindario) y el medio no compartido que viene a ser todo lo demás: "cualquier cosa que incida en un hermano y no en otro, incluido el favoritismo de los padres («Mamá siempre te quiso más a ti»), la presencia de los otros hermanos, experiencias exclusivas como la de caerse de la bicicleta o sufrir alguna infección vírica, y en este sentido todo lo que nos ocurra en el transcurso de la vida y que no les ocurra necesariamente a nuestros hermanos". ¿Qué efectos tienen el medio compartido y el no compartido? Bueno, pues los efectos del medio compartido son muy pequeños, en muchos estudios incluso nulos. A través de estudios se ha comprobado que: "Primero, los hermanos adultos tienen la misma semejanza tanto si se criaron juntos como si se criaron separados. Segundo, los hermanos adoptivos no se parecen más que dos personas escogidas al azar en la calle. Y tercero, los gemelos univitelinos no se parecen más de lo que cabría esperar de los efectos de los genes que comparten. [...] Cualesquiera que sean las experiencias que tengan los hermanos por el hecho de crecer en la misma familia, poca o nula diferencia marcan en el tipo de personas que llegan a ser. Una salvedad importante: las diferencias entre las familias no importan dentro de las muestras de familias contempladas en esos estudios, que suelen ser más de clase media que la población en su conjunto. Pero las diferencias entre esas muestras y otros tipos de hogares podrían importar. Los estudios excluyen los casos de negligencia culpable, de malos tratos físicos y abusos sexuales, y de abandono en orfanatos sombríos, por lo que no demuestran que los casos extremos no dejen sus cicatrices".

Tercera ley: una porción sustancial de la variación en los rasgos conductuales humanos complejos no se explica por los efectos de los genes ni de las familias. "Esto se sigue directamente de la primera ley, al presumir que las heredabilidades son menos de uno, así como de la segunda ley. Si repartimos la variación de las personas entre los efectos de los genes, el medio compartido y el medio exclusivo, y si los efectos de los genes son mayores que cero y menores que uno, y si los efectos del medio compartido rondan el cero, entonces los efectos del medio exclusivo tienen que ser mayores que cero. De hecho, están en torno al 50%, en función, como siempre, de lo que se mida y cómo se calcule exactamente. [...] En concreto, esto significa que los hermanos univitelinos criados juntos (que comparten tanto los genes como un medio familiar) distan mucho de ser idénticos en su intelecto y su personalidad. Debe haber causas que no son genéticas ni comunes a la familia, que hacen diferentes a los gemelos univitelinos y, más en general, hacen que las personas sean lo que son".

"Si los estudios de genética conductual demuestran que no existen unos efectos duraderos del hogar, y los estudios sobre las prácticas parentales no ofrecen información alguna, ¿qué ocurre con los estudios que comparan medios infantiles radicalmente distintos? Una vez mas, los resultados son tonificantes. Después de décadas de estudios se ha demostrado que, en igualdad de condiciones, los niños son más o menos iguales tanto si sus madres trabajan como si se quedan en casa, tanto si van a la guardería como si no, tanto si tienen hermanos como si son hijos únicos, tanto si la relación de sus padres es la tradicional o una más abierta, tanto si fueron hijos buscados como si llegaron por algún fallo o fueron fecundados en una probeta, y tanto si ambos padres son del mismo sexo como si son de distinto sexo. Jon Bruer, especialista en neurociencia cognitiva y autor del libro el mito de los tres primeros años, indica que "ningún psicólogo ha documentado jamás un periodo crítico para el desarrollo cognitivo ni del lenguaje que termine a los tres años. Y, aunque el hecho de privar de estímulos a un animal (por ejemplo, cosiéndole los párpados o encerrándole en una jaula vacía) puede dañar el desarrollo de su cerebro, no existen pruebas de que el hecho de ofrecerle unos estímulos extra (más allá de los que el organismo encontraría en su hábitat normal) mejore el desarrollo de su cerebro".

¿Y qué causas son estas? Pues por un lado los grupos entre iguales. Esto es, los amigos y los compañeros del colegio. Y por otro lado lo que llama "chance", el azar, la casualidad. "Los estudios confirman también lo que todo padre sabe pero ninguno se preocupa de conciliar con las teorías del desarrollo infantil: que el hecho de que los adolescentes fumen, tengan roces con la justicia o cometan delitos graves depende mucho más de lo que hacen sus iguales que de lo que hagan sus padres. Harris comenta una teoría popular según la cual los niños se hacen delincuentes para alcanzar un «estatus de madurez», es decir, el poder y el privilegio del adulto: «Si los adolescentes quisieran ser como los adultos, no irían robando laca de uñas de las tiendas ni colgándose de los puentes para pintar en sus arcos "Te quiero Liza". Si de verdad aspiraran al "estatus de madurez", harían las cosas aburridas que hacen los mayores, como separar la ropa para meterla en la lavadora o calcular los impuestos que habrá que pagar».
[...]
No es que los padres «no importen». En muchos sentidos los padres importan mucho. Durante la mayor parte de la existencia humana, lo más importante que los padres hacen por sus hijos es conseguir que sigan vivos. No hay duda de que los padres pueden dañar a sus hijos con los malos tratos o la negligencia. Parece que los niños necesitan algún tipo de figura educadora en sus primeros años, aunque no tiene por qué ser el padre o la madre, y seguramente ni siquiera un adulto: los huérfanos y los refugiados pequeños suelen salir adelante si cuentan con el consuelo de otros niños, aunque no tengan a unos padres ni a otras personas mayores a su lado. (Esto no significa que los niños sean felices, pero, contrariamente a lo que se suele pensar, los niños desdichados no se convierten necesariamente en adultos disfuncionales.) Los padres seleccionan un medio para sus hijos y, con ello, seleccionan a un grupo de iguales. Les dan a sus hijos unas destrezas y unos conocimientos, por ejemplo, les enseñan a leer o a tocar algún instrumento musical. Y sin duda pueden influir en la conducta de su hijo en casa, del mismo modo que cualquier persona con poder puede influir en la conducta de quienes se encuentren en su feudo. Pero no parece que la conducta de los padres configure a la larga la inteligencia ni la personalidad de sus hijos.
[...]
«Entonces, ¿dice usted que no importa cómo trate a mi hijo?». ¡Vaya pregunta! Sí, claro que importa. Harris recuerda a los lectores las razones. Primera, los padres ejercen un enorme poder sobre sus hijos, y sus actos pueden marcar una gran diferencia en su felicidad. La educación es ante todo una responsabilidad ética. No está bien que los padres peguen, humillen, priven o abandonen a sus hijos, porque es espantoso que una persona grande y fuerte haga estas cosas a otra pequeña e indefensa

Segunda, el padre o la madre y el hijo tienen una relación humana. Nadie pregunta nunca: «Entonces, ¿dice usted que no importa cómo trate a mi marido o a mi esposa?», aunque nadie que no sea un recién casado cree que puede cambiar la personalidad de su cónyuge. Maridos y esposas son amables entre sí (o deberían serlo) no para dar a la personalidad del otro una determinada forma, sino para establecer una relación sólida y satisfactoria. Imaginemos que nos dicen que no podemos cambiar la personalidad del marido o la esposa y contestamos: «La idea de que todo el amor que pongo en él (o ella) no sirva para nada es demasiado terrible». Lo mismo ocurre con los padres y los hijos: la forma de comportarse de una persona con la otra tiene unas consecuencias para la calidad de la relación que existe entre ellas. A lo largo de toda una vida, el equilibrio de poder cambia, y los hijos, provistos de los recuerdos de cómo se les trató, deciden cada vez más el trato que dan a sus padres. Como dice Harris: «Si creemos que el imperativo moral no es razón suficiente para ser buenos con nuestros hijos, probemos con esta otra: seamos buenos con nuestros hijos cuando son pequeños, para que ellos lo sean con nosotros cuando seamos mayores». 

He descubierto que cuando las personas oyen estas explicaciones bajan la vista y dicen, con cierta vergüenza: «Sí. Ya lo sabía». El hecho de que la gente pueda olvidar estas verdades sencillas al intelectualizar sobre los hijos demuestra lo lejos que nos han llevado las doctrinas modernas. Facilitan que uno piense en los hijos como un montón de plastilina a la que hay que dar forma, en vez de como partícipes en una relación humana. Incluso la teoría de que los hijos se adaptan a sus grupos de iguales sorprende menos cuando se piensa en los niños como seres humanos iguales que nosotros. El «grupo de iguales» es una expresión paternalista que utilizamos referida a los hijos para denominar lo que llamamos «amigos, colegas y socios» al referirnos a nosotros mismos. Refunfuñamos cuando los hijos se empeñan en llevar esa dichosa ropa, pero también a nosotros nos molestaría que algún superior nos obligara a ponernos una bata de color rosa para asistir a una reunión del consejo de dirección, o un traje de poliéster discotequero para una conferencia académica. «Estar socializado por un grupo de iguales» es otra forma de decir «vivir con éxito dentro de una sociedad», lo cual, para un organismo social, significa «vivir». Es de los niños, sobre todo, de quienes se dice que son tablas rasas, y esto nos puede hacer olvidar que son personas".

Por último os pongo un vídeo de una charla TED de Pinker sobre el libro en el que aborda principalmente el tema del arte y el de la paternidad. De la parte del arte, igual que la de las diferencias entre hombres y mujeres, la capacidad de moralización, la importancia de las concepciones contraintuitivas en temas como el comercio, sobre la educación (aunque de esto habla poco) y qué es lo que según el autor sería útil estudiar en los colegios no os voy a hablar. Todo eso viene en el libro que en Amazon cuesta 5 euros y pico. Todavía me queda libro por leer, pero después de lo que llevo creo que hasta aquí hemos llegado. Leédlo, no os resultará indiferente, de verdad que es un libro colosal.



El animal moribundo

Podría poner este trozo del libro (aviso que a alguien le puede parecer un SPOILER, aunque yo no lo creo): "Entonces llegó la noche en que Consuelo se quitó el tampón y permaneció en pie allí, en mi baño, con una rodilla inclinada hacia la otra, como el San Sebastián de Mantegna, la sangre corriéndole por los muslos mientras yo la miraba. ¿Era emocionante? ¿Estaba encantado? ¿Estaba hipnotizado? Desde luego, pero de nuevo me sentía como un muchacho. Había empezado a exigirle lo máximo y, cuando ella me complació sin avergonzarse, acabé una vez más intimidándome a mí mismo. No parecía que existiera la posibilidad de hacer nada, si deseaba que no me humillara por completo su exótica naturalidad, excepto arrodillarme y limpiarla a lametones, cosa que ella me permitió sin hacer comentario alguno, convirtiéndome así en un chiquillo aún más pequeño. El insoportable carácter de uno. La estupidez de ser uno mismo". Y casi terminar de dar una idea bastante aproximada de lo que se puede encontrar el lector en este libro: sordidez y divagaciones sin rumbo.

Podéis ver que no me ha gustado y no es porque sea sórdido —que lo es— ni porque divague sin rumbo, que también. Es que no me ha interesado lo más mínimo lo que le pasa al protagonista. Lo veía como se ve a un marciano, sin ningún sentimiento de ningún tipo y pensando que si de verdad habrá gente así en el mundo. Seguro que la hay, no me cabe duda, pero me espeluzna bastante pensar en alguien como el protagonista que es profesor de universidad, crítico cultural, parte de lo que se conoce como intelligentsia,  y que sea —como dice el título— un animal únicamente movido por el sexo.

Uno piensa que hay algo más elevado en el hombre que los instintos reproductores, que se puede pensar en algo más que en acostarse con las personas con las que nos encontramos, que existe el amor y no solo la concupiscencia, que existe el respeto, la confianza, la entrega. Y, claro, cuando te encuentras con una persona con ese egoísmo y narcisismo absoluto, cuando lo único en lo que piensa es en ver con qué estudiante se acuesta y su preocupación es si se le levanta o no... pues, hombre, no es que se me caigan los palos del sombrajo, pero me cuesta mucho entrar en la historia. Pensaba que yo no querría tocar a un tipo como este ni con un puntero láser.

Eso en sí no es un problema, personajes desagradables están en prácticamente todos los libros, pero es que la estructura del libro es azarosa, y poco hilvanada. Es un libro en el que se divaga sin rumbo ni sentido. Empieza la historia de su relación con Dolores y de repente se va por los cerros de Úbeda de la historia de su juventud y la de la universidad americana en los 60 y 70 y desaparece cualquier relación con lo anterior, ni siquiera se menciona —como se habla de pasada en el inicio del libro— cómo llegaron a acusarle de abuso de menores o de relaciones inapropiadas o algo así.

Luego, después de ese circunloquio llega la parte de los celos y de verse convertido en poco más que un pelele y esa es la parte que podría estar bien si me llegara a importar algo lo que le pasa. Ese cambio y esa necesidad de otra persona en alguien que ha sido toda su vida independiente sentimentalmente podría ser interesante, pero para mí no lo es porque tengo la misma simpatía por él que la que pueda tener respecto a unas espinacas congeladas.

Y, bueno, tampoco quiero desvelar más, (tal vez de nuevo SPOILER) pero queda una última parte cuando ya parece que ha conseguido olvidarla. Y esa parte tampoco me dice nada. El libro no va encaminado a nada más que a contarte lo que se le va ocurriendo al autor. Un poco como esas historias de abuelas en las que va enlazando una con otra sin volver a la historia original o que si llega ya se te ha olvidado a ti.

Os pongo algunos párrafos que he señalado:

"Todavía no puedo decir que nada de lo que yo hacía excitara jamás a Consuelo. Y ése es en gran parte el motivo de que, desde la noche en que nos acostamos por primera vez, hace ocho años, jamás tuviera un momento de paz, el motivo de que, tanto si ella se daba cuenta como si no, a partir de entonces me embargó la debilidad y la preocupación, el motivo de que jamás pudiera determinar si la respuesta consistía en verla más o menos o no verla en absoluto, en prescindir de ella, en hacer lo impensable y, a los sesenta y dos años, renunciar voluntariamente a una espléndida muchacha de veinticuatro que me decía centenares de veces «te adoro», pero que nunca, ni siquiera siendo insincera, era capaz de susurrarme: «Te deseo, te quiero tanto… no puedo vivir sin tu polla». No estaba en la naturaleza de Consuelo decirme tal cosa. Sin embargo, ése era el motivo de que el temor de perderla a manos de otro hombre nunca me abandonara, el motivo de que la tuviera siempre en mi mente, de que, a su lado o alejado de ella, nunca estuviera seguro de Consuelo. Nuestra relación tenía un lado obsesivo que era terrible. Cuando estás ilusionado, es de gran ayuda no pensar demasiado y abandonarte al goce de la ilusión. Pero yo no experimentaba semejante placer, lo único que hacía era pensar: pensar, preocuparme y, sí, sufrir. Me decía que debía concentrarme en mi placer. ¿Por qué, si no es por el placer, elijo vivir como lo hago, imponiendo a mi independencia el menor número de reservas posible?"

"He aquí lo que sucede: notas dolorosamente lo viejo que eres, pero de una manera nueva. ¿Puedes imaginar la vejez? Claro que no. Yo no lo hice, no pude hacerlo, no tenía idea de cómo era. Ni siquiera una falsa imagen: ninguna imagen. Nadie quiere que sea de otra manera. Nadie quiere enfrentarse a nada de esto antes de que deba hacerlo. ¿Cómo van a salir las cosas? La estupidez es de rigueur. Es comprensible que cualquier etapa de la vida más avanzada que aquella en la que uno se encuentra sea inimaginable".

"¿Puedo dominar la disciplina de la libertad, en contraposición al atolondramiento de la libertad? ¿Cómo convierte uno la libertad en un sistema? Averiguarlo es muy costoso".

"Le dije: «Vivir en un país como el nuestro, cuyos documentos esenciales tratan todos de la emancipación, todos apuntan a garantizar la libertad individual, vivir en un sistema que, en lo esencial, es indiferente a cómo te comportes mientras tu conducta sea lícita, significa que lo más probable es que el sufrimiento con el que te encuentres lo hayas generado tú mismo. Sería distinto si vivieras en la Europa ocupada por los nazis o en la Europa dominada por los comunistas o en la China de Mao Zedong. Ahí te manufacturan el sufrimiento: no es necesario que des un solo mal paso para que nunca quieras levantarte por la mañana. Pero aquí, libre de totalitarismo, un hombre como tú tiene que procurarse su propio sufrimiento".

"¿Qué quiero decir con la palabra ridículo? ¿Qué es la ridiculez? Renunciar voluntariamente a tu libertad, ésa es la definición de ridiculez. Si te quitan la libertad a la fuerza, no hace falta decir que no eres ridículo, excepto para quien te la ha quitado violentamente. Pero quien se deshace de su libertad, quien está deseando deshacerse de ella, entra en la esfera de lo ridículo, que hace pensar en la más famosa de las obras de Ionesco y que ha sido cantera de la comedia en toda la historia de la literatura. Quien es libre puede estar loco, ser estúpido, repelente, sufrir precisamente porque es libre, pero no es ridículo. Tiene dimensión como ser. Yo mismo era bastante ridículo con Consuelo".

Podéis ver que hay reflexiones con algo de enjundia: sobre el deseo, la vejez, la soledad...y que traslucen pensamientos interesantes como habéis podido ver en los párrafos de arriba, pero para mí todo está eclipsado por el planteamiento deslavazado de la novela y por la falta de cualquier conexión con el protagonista lo que me hace difícil interesarme por sus sentimientos y opiniones.

Bueno, ya véis que no me ha gustado especialmente y supongo que tardaré, si es que lo hago, en leer algo más de este autor. De todas formas este mes tenéis multitud de reseñas y opiniones del mismo libro. A las de Bichejo, Carmen y Livia se añaden las de Newland y Consu's. Ahí tenéis los enlaces por si queréis pasaros y comparar. Además, durante todo este mes estaremos hablando del libro en el club de tortura lectura 2.0.

Parece ser que hay una película de Isabel Coixet sobre el libro, pero, vamos, tendrían que ponerme atado como al de la Naranja Mecánica para que la viera y puede que las consecuencias fueran parecidas.

The Blank Slate (IV)

La verdad es que tengo una duda a la hora de escribir esta entrada. Hay dos temas que ya he leído que son bastante interesantes y no sé de cual de ellos escribir. Uno tiene que ver con las limitaciones humanas y otro tiene que ver  con la política y por otro lado veo que se van alargando los posts sobre el libro y que prácticamente a ninguno de vosotros os interesan y tampoco quiero ser el tío más brasas de la blogosfera.

Porque por otra parte, y aunque Bichejo o Carmen piensen que sí, no estoy desmenuzando el libro, sólo estoy dando algunas nociones sobre algunos capítulos del libro y hay muchísimos temas interesantísimos de los que prácticamente no estoy diciendo nada. Con esto no quiero decir que me parezca bien o mal que os leáis el libro o los resúmenes, lo que quiero decir es que los extractos que pongo son una mínima parte sobre lo que se dice en el libro y hay temas enteros que no he tratado en el blog no porque no me parezcan interesantes, sino por no dar la brasa. Por ejemplo, hay otro capítulo interesantísimo que se llama el animal moralista del que no voy a hablar porque no me da la vida pero que os recomiendo que os leáis. Bueno, como todo el libro...

En fin, creo que vamos a hablar de política. Hay un señor del que me he leído varias cosas, como un libro sobre discriminación positiva, algunos artículos y un ensayo sobre tendencias políticas, y que es muy bueno, la verdad, que se llama Thomas Sowell. Pinker se refiere específicamente a su análisis sobre el conflicto entre derecha e izquierda en un libro suyo que se llama A Conflict of Visions. Como dice Pinker no toda lucha ideológica encaja en su esquema, pero una parte importante sí.

Sowell divide las visiones del mundo en dos grupos: the unconstrained vision (visión ilimitada) y the constrained vision (visión limitada): Pinker se refiere a ellas de manera más clara como la visión utópica y la visión trágica. La primera se alinea casi totalmente con la izquierda política y la segunda con la derecha.

De este modo según la visión trágica "los seres humanos están inherentemente limitados en el conocimiento, la sabiduría y la virtud, y todas las disposiciones sociales deben reconocer estos límites. «A los mortales conviene lo mortal», dijo Píndaro; «de la madera torcida de la humanidad no se puede obtener nada que sea realmente recto», dijo Kant. La Visión Trágica se asocia con Hobbes, Burke, Smith, Alexander Hamilton, James Madison, el jurista Oliver Wendell Holmes Jr., los economistas Friederich Hayek y Milton Friedman, los filósofos Isaiah Berlin y Karl Popper y el estudioso del derecho Richard Posner".

Y en la visión utópica: "las limitaciones psicológicas son artefactos que proceden de nuestras disposiciones sociales, y no debemos permitir que limiten nuestra consideración de lo que es posible en un mundo mejor. Su credo podría ser: «Algunas personas ven las cosas como son y preguntan "¿Por qué?"; yo sueño cosas que nunca fueron y pregunto "¿Por qué no?"». La cita se suele atribuir al icono del liberalismo de los años sesenta, Robert F. Kennedy, pero quien primero la escribió fue el socialista fabiano George Bernard Shaw (quien también escribió: «Nada hay que se pueda cambiar de forma más radical que la naturaleza humana si la tarea se inicia lo bastante pronto». La Visión Utópica se asocia también con Rousseau, Godwin, Condorcet, Thomas Paine, el jurista Earl Warren, el economista John Kenneth Galbraith y, en menor medida, con el filósofo político Ronald Dworkin".

 Siguiendo con la visión trágica: "nuestros sentimientos morales, por caritativos que sean, recubren un lecho más profundo de egoísmo. Este egoísmo no es la crueldad ni la agresividad del psicópata, sino una preocupación por nuestro bienestar que se aleja tanto de la que es nuestra constitución que pocas veces reflexionamos sobre ella, y lamentarla o intentar eliminarla sería una pérdida de tiempo.

En la Visión Trágica, además, la naturaleza humana no ha cambiado. Tradiciones como la religión, la familia, las costumbres sociales, los usos sexuales y las instituciones políticas son una síntesis de técnicas comprobadas con el tiempo que nos permiten funcionar ante las deficiencias de la naturaleza humana. Son tan aplicables a los seres humanos de hoy como lo fueron cuando se desarrollaron, aunque nadie pueda explicar hoy sus principios rectores. Por imperfecta que pueda ser la sociedad, debemos evaluarla teniendo en cuenta la crueldad y la privación del pasado real, no la armonía y la riqueza de un futuro imaginado. Tenemos la suerte de vivir en una sociedad que más o menos funciona, y lo prioritario para nosotros debería ser no estropearla, porque la naturaleza humana siempre nos deja tambaleándonos al borde de la barbarie. Y como nadie es lo suficientemente listo para prever la conducta de un solo ser humano, y no digamos la de millones de ellos que interactúan en una sociedad, debemos desconfiar de cualquier fórmula para cambiar la sociedad de arriba abajo, porque es probable que conlleve unas consecuencias imprevistas que sean peores que los problemas para cuya solución se diseñó. Lo mejor que nos cabe esperar son unos cambios progresivos que se reajusten continuamente de acuerdo con la retroalimentación sobre la suma de sus consecuencias buenas y malas. Se sigue también que no debemos aspirar a resolver problemas sociales como la delincuencia o la pobreza, porque en un mundo de individuos que compiten, lo que una persona gane puede ser lo que otra pierda. Lo mejor que podemos hacer es equilibrar los costes".

"En la Visión Utópica, la naturaleza humana cambia con las circunstancias sociales, de modo que las instituciones tradicionales no tienen un valor inherente. Así fue antes, y así es ahora. Las tradiciones son la mano muerta del pasado, el intento de gobernar desde la tumba. Hay que estipularlas explícitamente para que se puedan analizar sus principios y evaluar su estatus moral. Una prueba de que muchas tradiciones suspenden: el confinamiento de las mujeres al hogar, el estigma contra la homosexualidad y las relaciones prematrimoniales, las supersticiones de la religión, la injusticia del apartheid y la segregación, los peligros del patriotismo que ejemplifica el eslogan: «Mi país, tenga o no tenga razón». Prácticas como la monarquía absoluta, la esclavitud, la guerra y el patriarcado, que otrora parecían inevitables, han desaparecido o se han desvanecido en muchas partes del mundo debido a unos cambios en instituciones de las que antes se pensaba que estaban enraizadas en la naturaleza humana. Además, la existencia del sufrimiento y la injusticia nos plantea un imperativo moral innegable. No sabemos qué podemos conseguir hasta que lo intentamos, y la alternativa, resignarnos a esos males como algo propio del mundo, es desorbitada".

"La Visión Utópica pretende articular los objetivos sociales y concebir políticas que apunten directamente a ellos: la desigualdad económica se ataca mediante una guerra contra la pobreza; la contaminación, con unas disposiciones medioambientales; los desequilibrios raciales, con políticas preferenciales; los cancerígenos, con la prohibición de aditivos a los alimentos. La Visión Trágica apunta a los motivos interesados de las personas que vayan a llevar a la práctica estas políticas, es decir, a la expansión de sus feudos burocráticos, y a su ineptitud para prever las miríadas de consecuencias, especialmente cuando las metas sociales se enfrentan a millones de personas que buscan sus propios intereses. Por esto, dicen los Visionarios Trágicos, los Utópicos no se dan cuenta de que el bienestar puede estimular la dependencia, ni de que la restricción de un contaminante puede obligar a la gente a utilizar otro.

En su lugar, la Visión Trágica contempla sistemas que produzcan unos resultados deseables incluso cuando ningún miembro del sistema sea particularmente inteligente o virtuoso. Según esta visión, las economías de mercado cumplen este objetivo: recordemos el carnicero, el cervecero y el panadero de Smith que nos daban de cenar por interés propio y no por benevolencia. No se necesita ninguna inteligencia especial que comprenda el intrincado flujo de bienes y servicios que constituyen una economía para prever quién necesita qué, cuándo y dónde. Los derechos de propiedad dan a las personas un incentivo para trabajar y producir; los contratos les permiten disfrutar de los beneficios del comercio. Los precios informan a productores y consumidores sobre la escasez y la demanda, para que puedan reaccionar siguiendo unas pocas reglas sencillas -fabricar más de lo que reporte beneficios, comprar menos de lo que sea caro-, y la «mano invisible» hará el resto. La inteligencia del sistema se distribuye entre millones de productores y consumidores no necesariamente inteligentes, y nadie en particular la puede articular".

Y por último respecto a la delincuelcia: "Los de la Visión Utópica piensan que la delincuencia es inherentemente irracional y, para evitarla, pretenden identificar sus últimas causas. Los de la Visión Trágica consideran que la delincuencia es inherentemente racional y creen que la causa es obvia: la gente roba bancos porque en ellos hay dinero. Los programas de prevención de la delincuencia más eficaces, dicen, se basan directamente en incentivos racionales. Una elevada probabilidad de castigo desagradable aumenta el precio previsto del delito. La insistencia pública en la responsabilidad personal ayuda a respetar los incentivos al cerrar cualquier resquicio que la ley pueda dejar abierto. Unas prácticas parentales estrictas hacen que los hijos interioricen esas contingencias muy pronto en la vida".

Bueno, se pilla más o menos la idea, tampoco quiero profundizar mucho más porque hay libros enteros dedicados a ello, pero sí que se ve que más o menos izquierda y derecha encajan de una manera reconocible en esas dos visiones.

Hay que indicar, ya lo hice en su momento, que a todo esto se une la percepción de estereotipos en los que los "otros" son percibidos con características simplificadas y peyorativas.

En este mundo de visiones entra en los años 70 un señor llamado E. O. Wilson que presenta unas ideas sobre la biología evolutiva y la genética conductual que "no podían haber supuesto una mayor ofensa para los defensores de la Visión Utópica. Después de todo, esta visión se basaba en la Tabla Rasa (la no existencia de una naturaleza humana permanente), el Buen Salvaje (la no existencia de unos instintos egoístas o perversos) y el Fantasma en la Máquina (un «nosotros» sin límites que puede decidir unas disposiciones sociales mejores). Y ahí estaban los científicos, hablando de genes egoístas. Y diciendo que las adaptaciones no se producen por el bien de la especie, sino por el de los individuos y sus parientes (como si se reivindicara la afirmación de Thatcher de que «no existe eso de la sociedad»). Que las personas escatiman el altruismo porque es vulnerable a los estafadores. Que en las sociedades anteriores al Estado los hombres iban a la guerra incluso cuando se sentían bien alimentados, porque el estatus y las mujeres son unos incentivos darwinistas permanentes. Que el sentido moral está lleno de parcialidades, incluida una tendencia al autoengaño. Y que los conflictos de interés genético están integrados en los animales sociales y nos dejan en un estado de tragedia permanente. Parecía como si los científicos estuvieran diciendo a los defensores de la Visión Trágica: «Tenéis razón vosotros, ellos están en un error»".

Para terminar os pongo la opinión de Pinker al respecto: "las nuevas ciencias de la naturaleza humana realmente justifican cierta versión de la Visión Trágica y socavan la idea utópica que hasta hace poco dominaba en amplios sectores de la vida intelectual. Las ciencias nada dicen, por supuesto, de diferencias en los valores que se asocian con determinadas posturas de derechas e izquierdas (como en el equilibrio entre empleo y protección medioambiental, diversidad y eficacia económica, o libertad individual y cohesión de la comunidad). Tampoco hablan directamente de las políticas que se basan en una mezcla compleja de supuestos sobre el mundo. Pero sí se refieren a los aspectos de las visiones que son afirmaciones generales sobre cómo funciona la mente. Estas afirmaciones se pueden evaluar con los hechos, igual que cualquier hipótesis empírica. La Visión Utópica de que la naturaleza humana podría cambiar radicalmente en alguna sociedad imaginada del futuro remoto no se puede refutar literalmente, claro está, pero creo que muchos de los descubrimientos expuestos en los capítulos anteriores la hacen improbable. Entre ellos incluiría los siguientes:
  • La primacía de los lazos familiares en todas las sociedades humanas y el consiguiente atractivo del nepotismo y la herencia.
  • El limitado alcance del reparto comunal en los grupos humanos, el espíritu más común de la reciprocidad y los consiguientes fenómenos de la vagancia social y el colapso de las contribuciones a los bienes públicos cuando la reciprocidad no se puede llevar a la práctica.
  • La universalidad del dominio y la violencia en todas las sociedades humanas (incluidas las sociedades supuestamente pacíficas de cazadores-recolectores) y la existencia de mecanismos genéticos y neurológicos subyacentes en ello.
  • La universalidad del etnocentrismo y otras formas de hostilidad entre grupos en todas las sociedades, y la facilidad con que tal hostilidad se puede instigar en las personas dentro de nuestra propia sociedad.
  • La heredabilidad parcial de la inteligencia, la escrupulosidad y las tendencias antisociales, que implica que se originará cierto grado de desigualdad incluso en sistemas económicos perfectamente justos, y que, por consiguiente, nos enfrentamos a un equilibrio inherente entre la igualdad y la libertad.
  • El predominio de los mecanismos de defensa, las parcialidades interesadas y la reducción de la disonancia cognitiva, por la que las personas se engañan a sí mismas sobre su autonomía, su sabiduría y su integridad.
  • Las parcialidades del sentido moral humano, incluida una preferencia por los parientes y amigos, una susceptibilidad hacia la mentalidad tabú y una tendencia a confundir moral con conformidad, rango, limpieza y belleza.
No ocurre sólo que los datos científicos convencionales nos dicen que la mente no es infinitamente maleable. Creo que no es una coincidencia que las creencias que fueron comunes entre los intelectuales de los años sesenta -que las democracias están obsoletas, que la revolución es deseable, que se puede prescindir de la policía y de las fuerzas armadas y que se puede diseñar la sociedad de arriba abajo- hoy sean más raras".

También ilustra una tendencia que se denomina izquierda darwinista o algo así. He tratado de resumir, pero podéis ver que nuevamente no lo he conseguido.

Como véis, al menos a mí me pasa, todas las cosas que cuenta me parecen interesantísimas. Por supuesto que no estoy de acuerdo con ciertas cosas y sí que lo estoy en otras, pero el tono del discurso me resulta muy atractivo.

¿Qué pensáis vosotros? Seguramente que deje de daros la lata, pero eso va a ser difícil. Cuando yo me encuetro algo que me parece que merece la pena soy muy pesado al respecto.
 

The Blank Slate (III)

Siguiendo con la "exitosa" serie sobre este libro magnífico que puede llevar a gente a la locura (véase blogueros con doble personalidad que han hecho acopio de libros de Pinker), aunque también a ser un poco más sabios, hoy vamos a hablar de la percepción de la realidad por parte del cerebro. Pinker lo trata en un capítulo que se llama "in touch with reallity", en contacto con la realidad.

Empieza explicando que pensamiento y lenguaje son cosas distintas. Atiza al llamado relativismo, patente sobre todo "en el estudio científico de temas que llevan una carga política, como la raza, el género, la violencia y la organización social. Apelar a los «hechos» o a «la verdad» en relación con estos temas es, a juicio de los relativistas, simplemente una artimaña, porque no existe la «verdad» en el sentido de una vara de medir objetiva independiente de presunciones culturales y políticas".

Respecto, por ejemplo a la visión, nos dice que: "Nuestro sistema perceptivo está diseñado para registrar aspectos del mundo exterior que fueron importantes para nuestra supervivencia, como los tamaños, las formas y los materiales de los objetos. Necesita un diseño complejo para realizar tal proeza porque la imagen retinal no es una réplica del mundo. La proyección de un objeto en la retina aumenta, se reduce y se deforma a medida que el objeto se mueve; el color y el brillo fluctúan a medida que la luz pasa de ser la de un día soleado a la de un día nublado, de interior a exterior. Pero de algún modo el cerebro soluciona estos problemas exasperantes. Funciona como si razonara hacia atrás, desde la imagen retinal hasta unas hipótesis sobre la realidad, utilizando la geometría, la óptica, la teoría de la probabilidad y los supuestos sobre el mundo. El sistema funciona la mayor parte del tiempo: no chocamos contra los árboles ni mordemos las piedras".

Es una parte interesante, pero para mí es más interesante cuando se entra en el tema de las categorizaciones y por tanto de los estereotipos. El hombre tiene esa tendencia innata a clasificar entre distintas categorías lo que percibe. Es un rasgo evolutivo que le ha permitido sobrevivir. El problema, claro, viene cuando los estereotipos se aplican a grupos de personas y se hace una discriminación mental en función de raza, género, orientación sexual...

Hubo una tendencia que empezó en los 70 en la que se empezó a indicar que las categorías no existen más que en nuestros estereotipos. "Según esta idea, una forma eficaz de combatir el racismo, el sexismo y otros tipos de prejuicios es negar que las categorías conceptuales sobre las personas puedan arrogarse realidad objetiva alguna. Sería imposible pensar que los homosexuales son afeminados, los negros supersticiosos y las mujeres pasivas si de entrada no existiera nada parecido a las categorías de homosexuales, negros y mujeres". "Todo este empeño se basa en una teoría no formulada de la formación del concepto humano: que las categorías conceptuales no guardan una relación sistemática con las cosas del mundo, sino que están construidas socialmente (y por lo tanto se pueden deconstruir). ¿Es una teoría correcta? En algunos casos encierra cierta verdad. [...] Algunas categorías son realmente construcciones sociales: existen sólo porque las personas se ponen de acuerdo tácitamente en actuar como si existieran. Entre sus ejemplos están el dinero, la propiedad, la ciudadanía, las medallas al valor, y la presidencia de Estados Unidos. Pero esto no significa que todas las categorías conceptuales estén construidas socialmente. [...] Es verdad que no hay dos copos de nieve iguales, y ninguna categoría hará justicia a todos sus miembros. Pero la inteligencia depende de agrupar las cosas que comparten propiedades, para que no nos veamos confundidos ante cada cosa nueva con que nos encontremos".

El hecho de intentar cambiar los estereotipos por medio de palabras ha hecho surgir símiles políticamente correctos y el hecho es que salvo al principio, luego la categoría se asocia de nuevo con la palabra por lo que ya no es válida y hay que cambiarla. Pone como ejemplo negro, black, colored, african-american... Y el caso es que "con algunas excepciones importantes, de hecho los estereotipos no son inexactos cuando se evalúan con unos puntos de referencia objetivos, tales como las cifras del censo o los datos de las propias personas clasificadas en estereotipos. Quienes creen que los afroamericanos son más proclives a recibir prestaciones de la seguridad social que los blancos, que los judíos tienen unos ingresos medios superiores a los de los blancos de origen anglosajón y protestante, que los estudiantes de empresariales son mas conservadores que los estudiantes de humanidades, que las mujeres son más proclives que los hombres a querer adelgazar, y que los hombres son más proclives que las mujeres a matar una mosca de un manotazo, no son irracionales ni intolerantes. Se trata de creencias correctas. Los estereotipos que se refieren a las personas normalmente coinciden con las estadísticas, y en muchos casos su tendenciosidad es la de subestimar las diferencias reales que existen entre los sexos o los grupos étnicos. Esto no significa que los rasgos estereotipados sean inmutables, por supuesto, ni que las personas piensen que son inmutables; sólo significa que las personas perciben los rasgos con exactitud en ese momento. [...] Las personas no tienen problema en invalidar un estereotipo cuando poseen buena información acerca de un individuo. Contrariamente a lo que se suele pensar, en la impresión que el profesor tiene de cada uno de sus alumnos no influyen sus estereotipos de raza, género o estatus socioeconómico. Las impresiones de los profesores reflejan exactamente el rendimiento del alumno tal como se demuestra en pruebas objetivas".

¿Y cuándo los esterotipos no son generalmente correctos? Pues cuando hay poca información o contacto con el grupo estereotipado como pordría ser, por ejemplo, los chinos o los musulmanes vistos desde fuera. O cuando se trata de un grupo hostil para la persona y su grupo. Y señala, por ejemplo, las ideas políticas. Cuando alguien es de una ideología opuesta a la nuestra, tendemos a hacer estereotipos perniciosos sobre él.

Sobre lenguaje y pensamiento (e intentando resumir) y "¿Por qué prácticamente todos los científicos cognitivos y todos los lingüistas piensan que el lenguaje no es una prisión del pensamiento? En primer lugar, se han realizado muchos experimentos para estudiar la mente de las criaturas que carecen del lenguaje, por ejemplo los bebés y los primates no humanos, y se ha descubierto que las categorías fundamentales del pensamiento funcionaban: los objetos, el espacio, la causa y el efecto, el número, la probabilidad, la agencia (la iniciación de la conducta por una persona o un animal) y las funciones de las herramientas. En segundo lugar, es claro que nuestro inmenso almacén de conocimientos no se expresa con las palabras y las frases con las que aprendimos los hechos individuales. ¿Qué leyó usted en la página anterior? Me gustaría pensar que puede dar una respuesta razonablemente precisa a la pregunta. Ahora intente escribir las palabras exactas que leyó en esas páginas. Lo más probable es que no recuerde una sola frase literal, seguramente ni una sola frase. Lo que recordaría es lo esencial de esos pasajes -su contenido, su significado o su sentido-, no el propio lenguaje. [...] Una tercera forma de colocar al lenguaje en su sitio es pensar cómo lo utilizamos. Hablar y escribir no consisten en transcribir al papel un monólogo interior ni en declamarlo ante un micrófono. Al contrario, participamos en un constante toma y daca entre los pensamientos que intentamos transmitir y los medios que nuestra lengua nos ofrece para transmitirlos. A menudo buscamos las palabras a tientas, no nos satisface lo que escribimos porque no expresa lo que queríamos manifestar, o, cuando todas las combinaciones de palabras parecen malas, descubrimos que en realidad no sabemos qué queremos decir. [...] Por último, el propio lenguaje no podría funcionar si no se asentara en una vasta estructura de conocimientos tácitos sobre el mundo y sobre las intenciones de las demás personas. Cuando entendemos la lengua, tenemos que escuchar entre líneas para discernir las lecturas no buscadas de una frase ambigua, reunir expresiones fraccionadas, deslizarnos por encima de los traspiés de la lengua, y completar los innumerables pasos no dichos de una línea completa de pensamiento. Cuando en la botella del champú se dice: «Enjabonar, enjuagar y repetir», no nos pasamos el resto de la vida bajo la ducha; deducimos que significa «repetir una vez»".

En fin, que me sigue fascinando y seguiré contándoos cosas. ¡Buen fin de semana!