The Blank Slate (V)

Bueno, el de hoy va a ser un post sobre The Blank Slate. Bueno, no, va a ser EL POST sobre The Blank Slate. Es la razón por la que decidí leerme el libro y no puedo decir más que una vez terminado me he quedado anonadado. Aún así ya intuía bastantes cosas de las que cuenta, pero las conclusiones son tan contundentes, su insistencia en su demostración una y otra vez a lo largo de estudios en las últimas cuatro décadas me abruman bastante, la verdad.

Hoy os voy a hablar sobre la infancia o sobre los hijos. Siendo padre te haces un montón de preguntas sobre si lo estarás haciendo bien, si estimulas lo suficiente su curiosidad, si eres demasiado estricto o lo eres muy poco, si hay que ponerles CD de música clásica o pasar con ellos "tiempo de calidad", si se atontan viendo la tele o si deberíamos enseñarles a hacer sudokus para desarrollar su inteligencia o apuntarles a piano para enriquecer su cerebro... en fin, mil y una historias. Pues bien, viene el señor Pinker y nos dice que la influencia de la familia en la inteligencia y la personalidad no es que sea poca, no, es que es NULA. Sí, amigos, como lo oís. Todos esos CDs de los little Einsteins que aborrecíais, todo ese ponerle música clásica mientras dormían la siesta o llevarles a ver museos. A ver, no malinterpretéis lo que dice, dice que eso no tiene influencia ni en su inteligencia ni en su personalidad, no que no sea importante. Por supuesto que pasar tiempo con tus hijos es una fuente de felicidad inmmensa y enseñarles el mundo es una de las mejores cosas de la paternidad. Pero de ahí a que influyamos, aparte de genéticamente, en su personalidad o inteligencia... poco.

El capítulo sobre la infancia empieza enunciando tres leyes de la genética conductual, que él indica que probablemente sean los tres descubrimientos más importantes en la historia de la psicología. Estas leyes son:
  • Primera ley: todos los rasgos conductuales humanos son hereditarios.
  • Segunda ley: el efecto de criarse en una misma familia es menor que el efecto de los genes.
  • Tercera ley: una porción sustancial de la variación en los rasgos conductuales humanos complejos no se explica por los efectos de los genes ni de las familias.
 Por rasgo conductual se entiende como "una propiedad estable de una persona que se puede medir mediante test psicológicos estandarizados". Estos son básicamente tests de inteligencia y tests de personalidad. "Parece que no sean unas pruebas fiables, pero se ha comprobado ampliamente su validez: se obtiene casi el mismo resultado siempre que se pasa el test a una persona, y estadísticamente predicen razonablemente bien lo que deberían predecir. Los test de cociente intelectual predicen el rendimiento escolar y laboral, y los perfiles de personalidad se correlacionan con la opinión que otros tienen de la persona en cuestión y con los resultados en la vida, como los diagnósticos psiquiátricos, la estabilidad conyugal y los conflictos con la justicia". El cómo se establece la componente genética de ese rasgo es a través de estudios de heredabilidad que se mide a través de gemelos univitelinos que se han criado en ambientes separados. De esta manera, los rasgos coincidentes son achacables a la genética y no al ambiente. También se estudian gemelos nacidos y criados en el mismo ambiente junto con gemelos bivitelinos también criados juntos y que comparten el 50% de los genes que varían entre las personas que componen la muestra. Y por último también se comparan hermanos adoptados (que no comparten genes) con los que no lo son y que comparten entorno. Resulta que los resultados son siempre muy parecidos en estudios diferentes: "los hermanos univitelinos criados por separado son muy similares; los hermanos univitelinos criados juntos son más parecidos que los bivitelinos criados juntos; los hermanos biológicos son muchísimo más parecidos que los adoptivos. Todo esto se traduce en unos valores de heredabilidad sustanciales, normalmente entre 0,25 y 0,75. Un resumen convencional es que más o menos la mitad de la variación en la inteligencia, la personalidad y los resultados en la vida es hereditaria -un correlato o un producto indirecto de los genes-". Incluso respecto a la heredabilidad de la inteligencia tenemos que: "aumenta con las distintas fases de la vida, y en edades avanzadas puede llegar hasta el 0,8. Olvidémonos del «Como se doble la ramita...»; pensemos en el «¡Vaya! Cada vez me parezco más a mis padres»" cosa que casi todos descubrimos con el tiempo, ¿verdad? Dice Pinker que "Afirmar que «todos los rasgos son hereditarios» es un poco exagerado, pero no mucho. Los rasgos conductuales concretos que dependen de forma manifiesta del contenido que ofrecen el hogar y la cultura no son, por supuesto, en modo alguno hereditarios: la lengua que uno habla, la religión que profesa, el partido político al que pertenece. Pero los rasgos conductuales que reflejan los talentos y los temperamentos subyacentes son hereditarios: la competencia que uno tiene en el lenguaje, su religiosidad, su talante liberal o conservador. La inteligencia general es hereditaria, como lo son las cinco principales variaciones posibles de la personalidad (que se resumen en el acrónimo inglés OCEAN): actitud abierta a la experiencia (openness to experience), escrupulosidad (conscientiousness), extroversion-introversión, antagonismo-agradabilidad y neuroticismo. Y resulta que rasgos que son sorprendentemente específicos también son hereditarios, por ejemplo la dependencia de la nicotina o el alcohol, el número de horas que se pasa ante el televisor y la probabilidad de divorciarse".

La segunda ley indica que el efecto de criarse en una misma familia es menor que el genético. Al leer esto se suele pensar que  estamos condicionados tanto por los genes como por la educación familiar. Bueno, pues si separamos dos formas en las que nos puede afectar el medio en lo que podemos llamar el medio compartido (el que comparten todos los hermanos de la misma familia: padres, vida familiar y vecindario) y el medio no compartido que viene a ser todo lo demás: "cualquier cosa que incida en un hermano y no en otro, incluido el favoritismo de los padres («Mamá siempre te quiso más a ti»), la presencia de los otros hermanos, experiencias exclusivas como la de caerse de la bicicleta o sufrir alguna infección vírica, y en este sentido todo lo que nos ocurra en el transcurso de la vida y que no les ocurra necesariamente a nuestros hermanos". ¿Qué efectos tienen el medio compartido y el no compartido? Bueno, pues los efectos del medio compartido son muy pequeños, en muchos estudios incluso nulos. A través de estudios se ha comprobado que: "Primero, los hermanos adultos tienen la misma semejanza tanto si se criaron juntos como si se criaron separados. Segundo, los hermanos adoptivos no se parecen más que dos personas escogidas al azar en la calle. Y tercero, los gemelos univitelinos no se parecen más de lo que cabría esperar de los efectos de los genes que comparten. [...] Cualesquiera que sean las experiencias que tengan los hermanos por el hecho de crecer en la misma familia, poca o nula diferencia marcan en el tipo de personas que llegan a ser. Una salvedad importante: las diferencias entre las familias no importan dentro de las muestras de familias contempladas en esos estudios, que suelen ser más de clase media que la población en su conjunto. Pero las diferencias entre esas muestras y otros tipos de hogares podrían importar. Los estudios excluyen los casos de negligencia culpable, de malos tratos físicos y abusos sexuales, y de abandono en orfanatos sombríos, por lo que no demuestran que los casos extremos no dejen sus cicatrices".

Tercera ley: una porción sustancial de la variación en los rasgos conductuales humanos complejos no se explica por los efectos de los genes ni de las familias. "Esto se sigue directamente de la primera ley, al presumir que las heredabilidades son menos de uno, así como de la segunda ley. Si repartimos la variación de las personas entre los efectos de los genes, el medio compartido y el medio exclusivo, y si los efectos de los genes son mayores que cero y menores que uno, y si los efectos del medio compartido rondan el cero, entonces los efectos del medio exclusivo tienen que ser mayores que cero. De hecho, están en torno al 50%, en función, como siempre, de lo que se mida y cómo se calcule exactamente. [...] En concreto, esto significa que los hermanos univitelinos criados juntos (que comparten tanto los genes como un medio familiar) distan mucho de ser idénticos en su intelecto y su personalidad. Debe haber causas que no son genéticas ni comunes a la familia, que hacen diferentes a los gemelos univitelinos y, más en general, hacen que las personas sean lo que son".

"Si los estudios de genética conductual demuestran que no existen unos efectos duraderos del hogar, y los estudios sobre las prácticas parentales no ofrecen información alguna, ¿qué ocurre con los estudios que comparan medios infantiles radicalmente distintos? Una vez mas, los resultados son tonificantes. Después de décadas de estudios se ha demostrado que, en igualdad de condiciones, los niños son más o menos iguales tanto si sus madres trabajan como si se quedan en casa, tanto si van a la guardería como si no, tanto si tienen hermanos como si son hijos únicos, tanto si la relación de sus padres es la tradicional o una más abierta, tanto si fueron hijos buscados como si llegaron por algún fallo o fueron fecundados en una probeta, y tanto si ambos padres son del mismo sexo como si son de distinto sexo. Jon Bruer, especialista en neurociencia cognitiva y autor del libro el mito de los tres primeros años, indica que "ningún psicólogo ha documentado jamás un periodo crítico para el desarrollo cognitivo ni del lenguaje que termine a los tres años. Y, aunque el hecho de privar de estímulos a un animal (por ejemplo, cosiéndole los párpados o encerrándole en una jaula vacía) puede dañar el desarrollo de su cerebro, no existen pruebas de que el hecho de ofrecerle unos estímulos extra (más allá de los que el organismo encontraría en su hábitat normal) mejore el desarrollo de su cerebro".

¿Y qué causas son estas? Pues por un lado los grupos entre iguales. Esto es, los amigos y los compañeros del colegio. Y por otro lado lo que llama "chance", el azar, la casualidad. "Los estudios confirman también lo que todo padre sabe pero ninguno se preocupa de conciliar con las teorías del desarrollo infantil: que el hecho de que los adolescentes fumen, tengan roces con la justicia o cometan delitos graves depende mucho más de lo que hacen sus iguales que de lo que hagan sus padres. Harris comenta una teoría popular según la cual los niños se hacen delincuentes para alcanzar un «estatus de madurez», es decir, el poder y el privilegio del adulto: «Si los adolescentes quisieran ser como los adultos, no irían robando laca de uñas de las tiendas ni colgándose de los puentes para pintar en sus arcos "Te quiero Liza". Si de verdad aspiraran al "estatus de madurez", harían las cosas aburridas que hacen los mayores, como separar la ropa para meterla en la lavadora o calcular los impuestos que habrá que pagar».
[...]
No es que los padres «no importen». En muchos sentidos los padres importan mucho. Durante la mayor parte de la existencia humana, lo más importante que los padres hacen por sus hijos es conseguir que sigan vivos. No hay duda de que los padres pueden dañar a sus hijos con los malos tratos o la negligencia. Parece que los niños necesitan algún tipo de figura educadora en sus primeros años, aunque no tiene por qué ser el padre o la madre, y seguramente ni siquiera un adulto: los huérfanos y los refugiados pequeños suelen salir adelante si cuentan con el consuelo de otros niños, aunque no tengan a unos padres ni a otras personas mayores a su lado. (Esto no significa que los niños sean felices, pero, contrariamente a lo que se suele pensar, los niños desdichados no se convierten necesariamente en adultos disfuncionales.) Los padres seleccionan un medio para sus hijos y, con ello, seleccionan a un grupo de iguales. Les dan a sus hijos unas destrezas y unos conocimientos, por ejemplo, les enseñan a leer o a tocar algún instrumento musical. Y sin duda pueden influir en la conducta de su hijo en casa, del mismo modo que cualquier persona con poder puede influir en la conducta de quienes se encuentren en su feudo. Pero no parece que la conducta de los padres configure a la larga la inteligencia ni la personalidad de sus hijos.
[...]
«Entonces, ¿dice usted que no importa cómo trate a mi hijo?». ¡Vaya pregunta! Sí, claro que importa. Harris recuerda a los lectores las razones. Primera, los padres ejercen un enorme poder sobre sus hijos, y sus actos pueden marcar una gran diferencia en su felicidad. La educación es ante todo una responsabilidad ética. No está bien que los padres peguen, humillen, priven o abandonen a sus hijos, porque es espantoso que una persona grande y fuerte haga estas cosas a otra pequeña e indefensa

Segunda, el padre o la madre y el hijo tienen una relación humana. Nadie pregunta nunca: «Entonces, ¿dice usted que no importa cómo trate a mi marido o a mi esposa?», aunque nadie que no sea un recién casado cree que puede cambiar la personalidad de su cónyuge. Maridos y esposas son amables entre sí (o deberían serlo) no para dar a la personalidad del otro una determinada forma, sino para establecer una relación sólida y satisfactoria. Imaginemos que nos dicen que no podemos cambiar la personalidad del marido o la esposa y contestamos: «La idea de que todo el amor que pongo en él (o ella) no sirva para nada es demasiado terrible». Lo mismo ocurre con los padres y los hijos: la forma de comportarse de una persona con la otra tiene unas consecuencias para la calidad de la relación que existe entre ellas. A lo largo de toda una vida, el equilibrio de poder cambia, y los hijos, provistos de los recuerdos de cómo se les trató, deciden cada vez más el trato que dan a sus padres. Como dice Harris: «Si creemos que el imperativo moral no es razón suficiente para ser buenos con nuestros hijos, probemos con esta otra: seamos buenos con nuestros hijos cuando son pequeños, para que ellos lo sean con nosotros cuando seamos mayores». 

He descubierto que cuando las personas oyen estas explicaciones bajan la vista y dicen, con cierta vergüenza: «Sí. Ya lo sabía». El hecho de que la gente pueda olvidar estas verdades sencillas al intelectualizar sobre los hijos demuestra lo lejos que nos han llevado las doctrinas modernas. Facilitan que uno piense en los hijos como un montón de plastilina a la que hay que dar forma, en vez de como partícipes en una relación humana. Incluso la teoría de que los hijos se adaptan a sus grupos de iguales sorprende menos cuando se piensa en los niños como seres humanos iguales que nosotros. El «grupo de iguales» es una expresión paternalista que utilizamos referida a los hijos para denominar lo que llamamos «amigos, colegas y socios» al referirnos a nosotros mismos. Refunfuñamos cuando los hijos se empeñan en llevar esa dichosa ropa, pero también a nosotros nos molestaría que algún superior nos obligara a ponernos una bata de color rosa para asistir a una reunión del consejo de dirección, o un traje de poliéster discotequero para una conferencia académica. «Estar socializado por un grupo de iguales» es otra forma de decir «vivir con éxito dentro de una sociedad», lo cual, para un organismo social, significa «vivir». Es de los niños, sobre todo, de quienes se dice que son tablas rasas, y esto nos puede hacer olvidar que son personas".

Por último os pongo un vídeo de una charla TED de Pinker sobre el libro en el que aborda principalmente el tema del arte y el de la paternidad. De la parte del arte, igual que la de las diferencias entre hombres y mujeres, la capacidad de moralización, la importancia de las concepciones contraintuitivas en temas como el comercio, sobre la educación (aunque de esto habla poco) y qué es lo que según el autor sería útil estudiar en los colegios no os voy a hablar. Todo eso viene en el libro que en Amazon cuesta 5 euros y pico. Todavía me queda libro por leer, pero después de lo que llevo creo que hasta aquí hemos llegado. Leédlo, no os resultará indiferente, de verdad que es un libro colosal.



11 comentarios:

  1. No lo estoy flipando tanto, no creas, que me lo esperaba ;) por lo que ibas contando.
    Así que los Síndromes de Down nada de nada. Pues la estimulación está ahí desde hace treinta y pico de años, y compárese a uno de 50 con uno de 25...Pilla a uno mayor y pregúntale cuánto tiempo hace de algo que hizo hace tres meses, lo más seguro es que sea incapaz de dar refrencia del tiempo y de las cantidades.

    Por lo demás, demasiada cháchara especializada en temas de psicología conductista, y lo que falta es la base de explicar qué es exactamente lo que hace esta rama. Como si yo me pongo a hablar de fitosanitarios sin decir qué es lo que hacen y lo que no.

    Que no pretendo ir en contra, es que ya lo dije la primera vez, como todos los científicos piensa que con lo suyo tiene la sartén por el mango, y que ha descubierto el funcionamiento dela vaselina. Y luego resulta que hay mucha vaselina rara por ahí.

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  2. Yo no pretendo que me explique el componente activo de los fitosanitarios, la verdad. Yo pretendo que me de una visión de ese mundo que pueda entender y este libro lo he entendido bastante bien y me ha hecho ver cosas en las que yo no había pensado o que no conocía, así que me ha venido muy bien!

    No habla de enfermedades ni de degeneraciones ni de situaciones especiales, supongo que eso dará para otros libros.

    Respecto a la cháchara especializada y a lo que cuenta, creo que tendrías que leerte el libro porque yo he escrito cinco posts de un libro de mil páginas y muchas cosas las explica él bastante bien, pero se alargarían bastante los posts (más aún!) y tú pareces estar bastante puesta en el tema.

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    1. Lo de estar puesta es por la parte que me toca.
      De todas formas esto es el típico debate nature-nurture que no va a ninguna parte. Y me espantan los que quieren explicar todo de todo aplicando una sola teoría científica.

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  3. Has debido dejar la bolsa de pispitos seca...

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  4. Pues a mí me ha parecido muy interesante. Me dejo de deberes para el fin de semana ver el vídeo.

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  5. ¿No es "cociente" intelectual en vez de "coeficiente"?

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  6. Aunque he de decir que era como venía en el libro traducido... :S

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  7. Me ha encantado la entrada, no había leído las otras del libro por lo de la controversia con tus spoilers.
    Sobre los hermanos, está claro, todo el mundo tiene un hermano malo y es así desde pequeñito. Yo no porque lo maté y digo que soy hija única, claro ;)
    El caso es que la mujer de un conocido se reencotró con casi 40 años con su hermana gemela, separadas y dadas en adopción al nacer. Una se crió en Granada y la otra en Valencia. A la hora de conocerse, llevaban un peinado exageradamente parecido, un tono de tinte muy similiar y habían estudiado carreras cercanas (psicología y sociología, o algo así). Es asombroso cómo algunas cosas pueden ser tan obvias y que no las entendamos, o no las queramos entender.
    Me ha parecido muy buena también la similitud con las parejas de casados. Las personas no cambian esencialmente, sólo pueden aprender de adultos a contener los impulsos que saben que son erróneos ;)

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  8. Este libro es muy bueno, he tocado varios temas y esos sí que están prácticamente como spoilers, pero hay muchos más. Anímate y leélo!

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