The Blank Slate (IV)

La verdad es que tengo una duda a la hora de escribir esta entrada. Hay dos temas que ya he leído que son bastante interesantes y no sé de cual de ellos escribir. Uno tiene que ver con las limitaciones humanas y otro tiene que ver  con la política y por otro lado veo que se van alargando los posts sobre el libro y que prácticamente a ninguno de vosotros os interesan y tampoco quiero ser el tío más brasas de la blogosfera.

Porque por otra parte, y aunque Bichejo o Carmen piensen que sí, no estoy desmenuzando el libro, sólo estoy dando algunas nociones sobre algunos capítulos del libro y hay muchísimos temas interesantísimos de los que prácticamente no estoy diciendo nada. Con esto no quiero decir que me parezca bien o mal que os leáis el libro o los resúmenes, lo que quiero decir es que los extractos que pongo son una mínima parte sobre lo que se dice en el libro y hay temas enteros que no he tratado en el blog no porque no me parezcan interesantes, sino por no dar la brasa. Por ejemplo, hay otro capítulo interesantísimo que se llama el animal moralista del que no voy a hablar porque no me da la vida pero que os recomiendo que os leáis. Bueno, como todo el libro...

En fin, creo que vamos a hablar de política. Hay un señor del que me he leído varias cosas, como un libro sobre discriminación positiva, algunos artículos y un ensayo sobre tendencias políticas, y que es muy bueno, la verdad, que se llama Thomas Sowell. Pinker se refiere específicamente a su análisis sobre el conflicto entre derecha e izquierda en un libro suyo que se llama A Conflict of Visions. Como dice Pinker no toda lucha ideológica encaja en su esquema, pero una parte importante sí.

Sowell divide las visiones del mundo en dos grupos: the unconstrained vision (visión ilimitada) y the constrained vision (visión limitada): Pinker se refiere a ellas de manera más clara como la visión utópica y la visión trágica. La primera se alinea casi totalmente con la izquierda política y la segunda con la derecha.

De este modo según la visión trágica "los seres humanos están inherentemente limitados en el conocimiento, la sabiduría y la virtud, y todas las disposiciones sociales deben reconocer estos límites. «A los mortales conviene lo mortal», dijo Píndaro; «de la madera torcida de la humanidad no se puede obtener nada que sea realmente recto», dijo Kant. La Visión Trágica se asocia con Hobbes, Burke, Smith, Alexander Hamilton, James Madison, el jurista Oliver Wendell Holmes Jr., los economistas Friederich Hayek y Milton Friedman, los filósofos Isaiah Berlin y Karl Popper y el estudioso del derecho Richard Posner".

Y en la visión utópica: "las limitaciones psicológicas son artefactos que proceden de nuestras disposiciones sociales, y no debemos permitir que limiten nuestra consideración de lo que es posible en un mundo mejor. Su credo podría ser: «Algunas personas ven las cosas como son y preguntan "¿Por qué?"; yo sueño cosas que nunca fueron y pregunto "¿Por qué no?"». La cita se suele atribuir al icono del liberalismo de los años sesenta, Robert F. Kennedy, pero quien primero la escribió fue el socialista fabiano George Bernard Shaw (quien también escribió: «Nada hay que se pueda cambiar de forma más radical que la naturaleza humana si la tarea se inicia lo bastante pronto». La Visión Utópica se asocia también con Rousseau, Godwin, Condorcet, Thomas Paine, el jurista Earl Warren, el economista John Kenneth Galbraith y, en menor medida, con el filósofo político Ronald Dworkin".

 Siguiendo con la visión trágica: "nuestros sentimientos morales, por caritativos que sean, recubren un lecho más profundo de egoísmo. Este egoísmo no es la crueldad ni la agresividad del psicópata, sino una preocupación por nuestro bienestar que se aleja tanto de la que es nuestra constitución que pocas veces reflexionamos sobre ella, y lamentarla o intentar eliminarla sería una pérdida de tiempo.

En la Visión Trágica, además, la naturaleza humana no ha cambiado. Tradiciones como la religión, la familia, las costumbres sociales, los usos sexuales y las instituciones políticas son una síntesis de técnicas comprobadas con el tiempo que nos permiten funcionar ante las deficiencias de la naturaleza humana. Son tan aplicables a los seres humanos de hoy como lo fueron cuando se desarrollaron, aunque nadie pueda explicar hoy sus principios rectores. Por imperfecta que pueda ser la sociedad, debemos evaluarla teniendo en cuenta la crueldad y la privación del pasado real, no la armonía y la riqueza de un futuro imaginado. Tenemos la suerte de vivir en una sociedad que más o menos funciona, y lo prioritario para nosotros debería ser no estropearla, porque la naturaleza humana siempre nos deja tambaleándonos al borde de la barbarie. Y como nadie es lo suficientemente listo para prever la conducta de un solo ser humano, y no digamos la de millones de ellos que interactúan en una sociedad, debemos desconfiar de cualquier fórmula para cambiar la sociedad de arriba abajo, porque es probable que conlleve unas consecuencias imprevistas que sean peores que los problemas para cuya solución se diseñó. Lo mejor que nos cabe esperar son unos cambios progresivos que se reajusten continuamente de acuerdo con la retroalimentación sobre la suma de sus consecuencias buenas y malas. Se sigue también que no debemos aspirar a resolver problemas sociales como la delincuencia o la pobreza, porque en un mundo de individuos que compiten, lo que una persona gane puede ser lo que otra pierda. Lo mejor que podemos hacer es equilibrar los costes".

"En la Visión Utópica, la naturaleza humana cambia con las circunstancias sociales, de modo que las instituciones tradicionales no tienen un valor inherente. Así fue antes, y así es ahora. Las tradiciones son la mano muerta del pasado, el intento de gobernar desde la tumba. Hay que estipularlas explícitamente para que se puedan analizar sus principios y evaluar su estatus moral. Una prueba de que muchas tradiciones suspenden: el confinamiento de las mujeres al hogar, el estigma contra la homosexualidad y las relaciones prematrimoniales, las supersticiones de la religión, la injusticia del apartheid y la segregación, los peligros del patriotismo que ejemplifica el eslogan: «Mi país, tenga o no tenga razón». Prácticas como la monarquía absoluta, la esclavitud, la guerra y el patriarcado, que otrora parecían inevitables, han desaparecido o se han desvanecido en muchas partes del mundo debido a unos cambios en instituciones de las que antes se pensaba que estaban enraizadas en la naturaleza humana. Además, la existencia del sufrimiento y la injusticia nos plantea un imperativo moral innegable. No sabemos qué podemos conseguir hasta que lo intentamos, y la alternativa, resignarnos a esos males como algo propio del mundo, es desorbitada".

"La Visión Utópica pretende articular los objetivos sociales y concebir políticas que apunten directamente a ellos: la desigualdad económica se ataca mediante una guerra contra la pobreza; la contaminación, con unas disposiciones medioambientales; los desequilibrios raciales, con políticas preferenciales; los cancerígenos, con la prohibición de aditivos a los alimentos. La Visión Trágica apunta a los motivos interesados de las personas que vayan a llevar a la práctica estas políticas, es decir, a la expansión de sus feudos burocráticos, y a su ineptitud para prever las miríadas de consecuencias, especialmente cuando las metas sociales se enfrentan a millones de personas que buscan sus propios intereses. Por esto, dicen los Visionarios Trágicos, los Utópicos no se dan cuenta de que el bienestar puede estimular la dependencia, ni de que la restricción de un contaminante puede obligar a la gente a utilizar otro.

En su lugar, la Visión Trágica contempla sistemas que produzcan unos resultados deseables incluso cuando ningún miembro del sistema sea particularmente inteligente o virtuoso. Según esta visión, las economías de mercado cumplen este objetivo: recordemos el carnicero, el cervecero y el panadero de Smith que nos daban de cenar por interés propio y no por benevolencia. No se necesita ninguna inteligencia especial que comprenda el intrincado flujo de bienes y servicios que constituyen una economía para prever quién necesita qué, cuándo y dónde. Los derechos de propiedad dan a las personas un incentivo para trabajar y producir; los contratos les permiten disfrutar de los beneficios del comercio. Los precios informan a productores y consumidores sobre la escasez y la demanda, para que puedan reaccionar siguiendo unas pocas reglas sencillas -fabricar más de lo que reporte beneficios, comprar menos de lo que sea caro-, y la «mano invisible» hará el resto. La inteligencia del sistema se distribuye entre millones de productores y consumidores no necesariamente inteligentes, y nadie en particular la puede articular".

Y por último respecto a la delincuelcia: "Los de la Visión Utópica piensan que la delincuencia es inherentemente irracional y, para evitarla, pretenden identificar sus últimas causas. Los de la Visión Trágica consideran que la delincuencia es inherentemente racional y creen que la causa es obvia: la gente roba bancos porque en ellos hay dinero. Los programas de prevención de la delincuencia más eficaces, dicen, se basan directamente en incentivos racionales. Una elevada probabilidad de castigo desagradable aumenta el precio previsto del delito. La insistencia pública en la responsabilidad personal ayuda a respetar los incentivos al cerrar cualquier resquicio que la ley pueda dejar abierto. Unas prácticas parentales estrictas hacen que los hijos interioricen esas contingencias muy pronto en la vida".

Bueno, se pilla más o menos la idea, tampoco quiero profundizar mucho más porque hay libros enteros dedicados a ello, pero sí que se ve que más o menos izquierda y derecha encajan de una manera reconocible en esas dos visiones.

Hay que indicar, ya lo hice en su momento, que a todo esto se une la percepción de estereotipos en los que los "otros" son percibidos con características simplificadas y peyorativas.

En este mundo de visiones entra en los años 70 un señor llamado E. O. Wilson que presenta unas ideas sobre la biología evolutiva y la genética conductual que "no podían haber supuesto una mayor ofensa para los defensores de la Visión Utópica. Después de todo, esta visión se basaba en la Tabla Rasa (la no existencia de una naturaleza humana permanente), el Buen Salvaje (la no existencia de unos instintos egoístas o perversos) y el Fantasma en la Máquina (un «nosotros» sin límites que puede decidir unas disposiciones sociales mejores). Y ahí estaban los científicos, hablando de genes egoístas. Y diciendo que las adaptaciones no se producen por el bien de la especie, sino por el de los individuos y sus parientes (como si se reivindicara la afirmación de Thatcher de que «no existe eso de la sociedad»). Que las personas escatiman el altruismo porque es vulnerable a los estafadores. Que en las sociedades anteriores al Estado los hombres iban a la guerra incluso cuando se sentían bien alimentados, porque el estatus y las mujeres son unos incentivos darwinistas permanentes. Que el sentido moral está lleno de parcialidades, incluida una tendencia al autoengaño. Y que los conflictos de interés genético están integrados en los animales sociales y nos dejan en un estado de tragedia permanente. Parecía como si los científicos estuvieran diciendo a los defensores de la Visión Trágica: «Tenéis razón vosotros, ellos están en un error»".

Para terminar os pongo la opinión de Pinker al respecto: "las nuevas ciencias de la naturaleza humana realmente justifican cierta versión de la Visión Trágica y socavan la idea utópica que hasta hace poco dominaba en amplios sectores de la vida intelectual. Las ciencias nada dicen, por supuesto, de diferencias en los valores que se asocian con determinadas posturas de derechas e izquierdas (como en el equilibrio entre empleo y protección medioambiental, diversidad y eficacia económica, o libertad individual y cohesión de la comunidad). Tampoco hablan directamente de las políticas que se basan en una mezcla compleja de supuestos sobre el mundo. Pero sí se refieren a los aspectos de las visiones que son afirmaciones generales sobre cómo funciona la mente. Estas afirmaciones se pueden evaluar con los hechos, igual que cualquier hipótesis empírica. La Visión Utópica de que la naturaleza humana podría cambiar radicalmente en alguna sociedad imaginada del futuro remoto no se puede refutar literalmente, claro está, pero creo que muchos de los descubrimientos expuestos en los capítulos anteriores la hacen improbable. Entre ellos incluiría los siguientes:
  • La primacía de los lazos familiares en todas las sociedades humanas y el consiguiente atractivo del nepotismo y la herencia.
  • El limitado alcance del reparto comunal en los grupos humanos, el espíritu más común de la reciprocidad y los consiguientes fenómenos de la vagancia social y el colapso de las contribuciones a los bienes públicos cuando la reciprocidad no se puede llevar a la práctica.
  • La universalidad del dominio y la violencia en todas las sociedades humanas (incluidas las sociedades supuestamente pacíficas de cazadores-recolectores) y la existencia de mecanismos genéticos y neurológicos subyacentes en ello.
  • La universalidad del etnocentrismo y otras formas de hostilidad entre grupos en todas las sociedades, y la facilidad con que tal hostilidad se puede instigar en las personas dentro de nuestra propia sociedad.
  • La heredabilidad parcial de la inteligencia, la escrupulosidad y las tendencias antisociales, que implica que se originará cierto grado de desigualdad incluso en sistemas económicos perfectamente justos, y que, por consiguiente, nos enfrentamos a un equilibrio inherente entre la igualdad y la libertad.
  • El predominio de los mecanismos de defensa, las parcialidades interesadas y la reducción de la disonancia cognitiva, por la que las personas se engañan a sí mismas sobre su autonomía, su sabiduría y su integridad.
  • Las parcialidades del sentido moral humano, incluida una preferencia por los parientes y amigos, una susceptibilidad hacia la mentalidad tabú y una tendencia a confundir moral con conformidad, rango, limpieza y belleza.
No ocurre sólo que los datos científicos convencionales nos dicen que la mente no es infinitamente maleable. Creo que no es una coincidencia que las creencias que fueron comunes entre los intelectuales de los años sesenta -que las democracias están obsoletas, que la revolución es deseable, que se puede prescindir de la policía y de las fuerzas armadas y que se puede diseñar la sociedad de arriba abajo- hoy sean más raras".

También ilustra una tendencia que se denomina izquierda darwinista o algo así. He tratado de resumir, pero podéis ver que nuevamente no lo he conseguido.

Como véis, al menos a mí me pasa, todas las cosas que cuenta me parecen interesantísimas. Por supuesto que no estoy de acuerdo con ciertas cosas y sí que lo estoy en otras, pero el tono del discurso me resulta muy atractivo.

¿Qué pensáis vosotros? Seguramente que deje de daros la lata, pero eso va a ser difícil. Cuando yo me encuetro algo que me parece que merece la pena soy muy pesado al respecto.
 

6 comentarios:

  1. Pues a mí me está pareciendo muy interesante. Otra cosa es que no me veo dedicando mil páginas de mi vida a estas cosas (y en inglés), pero con las pinceladas que vas dando me mola.
    Me ha gustado eso de ver las tradiciones desde el prisma de las privaciones del pasado y no desde la idealidad de un futuro imaginado. Mola.

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  2. Las utopias dan lugar a unas poesías preciosas...y a los peores de los tiranos.
    Recomiendo Sables y utopias de Vargas Llosa en el prologo se cita Isaiah Berlin (de este autor recomiendo Dos conceptos de libertad), ND si me dejas me usurpo tu blog y me largo una cita un poco larga, pero que es un alegato contra los fanatismos a los que se puede llegar desde la utopía.

    "La desgarradora lección de Berlin es que los mundos perfectos no existen. El sueño de la Ilustración, según el cual las sociedades recorrerían la ruta ascendente del progreso guiadas por la ciencia y la razón, partía de una premisa errónea. Ni la ciencia ni la razón ofrecen respuestas únicas y definitivas a las preguntas fundamentales del ser humano. Cómo vivir, cómo valorar o qué desear son interrogantes sin respuestas precisas, o al menos no cotejables con verdades científicas. Aquel que se alza por encima de sus pares y asegura tener un conocimiento superior, haber descubierto la naturaleza humana y por ende la verdadera forma de vivir y solucionar todos los problemas, acaba, por lo general, sometiendo a sus congéneres a la tiranía de su razón. Las soluciones integrales que entusiasmaron a los filósofos del siglo XVIII no existen, y todo aquel que diga poseerlas debe ser temido, pues lo que propone es una ficción, un modelo ideal que aviva las fantasías prístinas de un paraíso perdido, pero que en la realidad niega la ambigüedad y la diferencia humana. Las metas a la luz de las cuales los individuos y las culturas organizan sus existencias no son reducibles a un solo proyecto."

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  3. Pues estamos muy de acuerdo, Consu's. Gracias por el párrafo y las recomendaciones de lectura.

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  4. Bichejo, es un libro muy interesante y hay muchas más cosas. Además a mí me parece que está muy bien explicado y con muchos ejemplos.

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  5. Me ha parecido interesantísimo: coincide más o menos con las cosas que me rondan por la cabeza, y cuando ves que alguién ha sido capaz de sistematizarlas y explicarlas tan bien, te confirma en tus creencias, lo cual es siempre gratificante.

    He empezado por esta parte IV, a ver si ahora que tengo tiempo (ocio laboral total) me leo las tres anteriores.

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  6. Pues sí que es muy interesante, Hermano E. Yo invito a que os lo leáis, pero los tochos que he soltado no son muy amenos, la verdad.

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