Dos libros de Leonardo Sciascia

Me he leído dos libros de Leonardo Sciascia que es un escritor que tengo en muchísima estima. En esta ocasión me he leído la novela A cada cual, lo suyo y el ensayo Muerte del Inquisidor. He estado buscando en el blog y parece que nunca he hablado de él, me parece muy raro, supongo que se me habrá pasado o que los últimos que me leí serían antes de esta manía mía de no hablar en el blog más que de libros...

Leonardo Sciascia es un escritor italiano, siciliano, que escribe libros que podríamos denominar novela negra, pero no lo son, son retratos de personas o hechos reales o verosímiles que no suelen tener un final satisfactorio. Por lo tanto no es la típica novela en la que al final pillan al malo o la justicia triunfa, ni mucho menos. Así lo cuenta él en el primer libro del que os hablo, A cada cual, lo suyo:

"Que un crimen se ofrezca al investigador como un cuadro cuyos elementos materiales y, por así decirlo, estilísticos permitan, debidamente descubiertos y analizados, una inculpación segura, es corolario de todas esas novelas policiacas de las que bebe buena parte de la humanidad. La realidad, sin embargo, es muy distinta: el grado de impunidad y error es alto no porque sea bajo el coeficiente intelectual del investigador (o no solamente o no siempre por eso), sino porque los elementos que un crimen presenta suelen ser absolutamente insuficientes; son crímenes, digamos, cometidos u organizados por gente con toda la buena voluntad de contribuir a tener alto el grado de impunidad".

Además sus libros son bastante cortos y escribe muy, muy bien (al menos en las traducciones...). Leyendo un párrafo como este podéis entender a qué me refiero cuando digo que escribe muy bien:

"A Paolo Laurana, profesor de italiano y latín en el instituto de la capital, lo consideraban los estudiantes un tipo curioso pero buen profesor, y los padres de los estudiantes, buen profesor pero un tipo curioso. Con el término «curioso» querían indicar tanto alumnos como padres una rareza que no llegaba a extravagancia: opaca, grave, casi vergonzante. El caso es que esta rareza del profesor hacía a los alumnos más llevadero el peso de su enseñanza, y a la vez impedía a los padres saber por dónde entrarle para plegarlo, no a la clemencia, sino a la justicia (pues, ni que decir tiene, ya no hay alumnos que merezcan suspender). Era amable hasta la timidez, hasta el balbuceo; cuando le hacían una recomendación daba la impresión de tenerla muy en cuenta. Pero ya se sabía que su amabilidad ocultaba un juicio firme, una decisión inamovible, y que las recomendaciones por un oído le entraban y por el otro le salían".

Este libro trata sobre un crimen en un pueblo siciliano y cómo un profesor, el del párrafo anterior, intenta resolverlo tomándoselo como un desafío, un divertimento, un afán por encontrar la verdad y la cosa se va enredando. Es buenísimo, os lo recomiendo fervorosamente. Os encontraréis frases como estas:

"Proverbio, norma: el muerto está muerto, ayudemos al vivo. Si usted dice este proverbio a uno del norte, éste se imaginará un accidente con un muerto y un herido, y que lo razonable es dejar al muerto y ver de salvar al herido. Un siciliano, en cambio, piensa en el asesino y en su víctima; y el vivo al que ayudar es precisamente el asesino."

"el ceñido vestido negro, que ya en la inmovilidad que simulaba recogimiento y oración dejaba entrever abundante y lánguida desnudez, como de odalisca de Delacroix, al levantarse ella debía por fuerza dejar al descubierto parte del blanco muslo por encima de la muy tirante media. «Qué gente», pensó con un desprecio mezclado de celos; y pensó también que allí donde una falda subiera unos centímetros por encima de la rodilla, habría de fijo, en un radio de treinta metros, en cualquier parte del mundo, un siciliano, al menos uno, espiando el fenómeno. Y no tenía en cuenta que también él había captado ávidamente el blanco fulgor de la carne entre el negro de la ropa, y que había reparado en aquellos jovenzuelos simplemente porque él era como ellos."

"—¿De veras lo cree? ¿En la presente situación?
—¿Qué situación?
—Medio millón de emigrantes, es decir, casi toda la población válida; la agricultura abandonada, las azufreras cerradas y las salinas a punto de cerrar; lo del petróleo que da risa, las instituciones regionales que son un cachondeo, el gobierno que con nuestro pan nos lo comamos... Nos hundimos, amigo mío, nos hundimos... Esta especie de barco pirata que ha sido Sicilia, con su hermoso gatopardo rampante en la proa, los colores de Guttuso en su gran empavesado, sus más decorativos pezzi da novanta en quienes los políticos han delegado el honor del sacrificio, sus escritores comprometidos, sus Malavoglia, sus Percolla, sus estudiosos de lógica cornudos, sus locos, sus demonios meridianos y nocturnos, sus naranjas, su azufre y sus cadáveres en la bodega: se hunde, amigo mío, se hunde... Y aquí estamos usted y yo; yo, loco, usted, quizá comprometido, con el agua que nos llega a las rodillas, hablando de Ragana, que si ha saltado detrás de su diputado o se ha quedado a bordo con los que van a morir.
—No estoy de acuerdo —dijo Laurana.
—A fin de cuentas, tampoco yo —dijo don Benito."

El segundo también es corto, pero en este caso es un suceso real que investiga Sciascia y es el asesinato de un inquisidor, Juan López de Cisneros, por parte de un fraile preso, fray Diego La Matina en Sicilia en 1657: "el racalmutés fray Diego La Matina. Capaz no sólo de alimentar tales pensamientos, sino de llevarlos a cabo sobre el inquisidor en persona, el ilustrísimo señor don Juan López de Cisneros. Miércoles, 4 [abril de 1657]. Fue enterrado en la iglesia de Santa María de los padres recoletos, llamada la Gangia, el ilustrísimo señor D. Juan López de Cisneros, inquisidor de este reino, que habiendo ido a visitar a unos prisioneros que se hallaban encerrados en las cárceles del palacio de los inquisidores, se le puso delante un religioso de nombre fray Diego La Matina, de la tierra de Racalmuto y la orden de la Reforma de Agustín, llamados también los padres de la Virgen de la Roca, y el dicho fraile, con espíritu verdaderamente diabólico y rompiendo los grilletes que llevaba en las muñecas, con esos mismos hierros le dio muchos golpes, dos de ellos mortales, uno en la frente y otro más grave en la cabeza, a causa de los cuales murió."

El fraile asesino es del pueblo de Sciascia. Esta investigación nos lleva a la relación entre la Inquisición y la política, los autos de fe, el pueblo y la nobleza siciliana y la herejía desgranando las causas de este suceso, aunque no llegamos a saber la causa final de por qué estaba encerrado cuando mató al inquisidor. Es un libro muy interesante, aunque ya advierto de que es un ensayo, no una novela. Hay muchas citas, muchas notas al pie, mucha investigación y mucha erudición. Está también muy bien escrito y supongo que la traducción habrá sido complicada porque se mezcla el español antiguo con el italiano, el siciliano, el francés y el latin. El traductor es Rossend Arqués y desde aquí mi reconocimiento.

Se nota la simpatía por el 'hereje' y así leemos:

"me han acompañado los recuerdos de personas a las que quiero y estimo, de mi familia y de mi pueblo, y que ya han dejado de vivir. Hombres, diría Matranga, «de tenaz opinión»: tozudos, inflexibles y capaces de soportar una enorme cantidad de experiencias y sufrimientos. Y he escrito sobre fray Diego como si fuera uno de ellos: hereje, no ante la religión (que a su modo observan o dejan de observar), sino ante la vida."

"el molinista fray Romualdo (su nombre secular era Ignazio Barbieri) había afirmado que fray Diego La Matina era un santo mártir y que tuvo el honor de ser martirizado por el Santo Oficio, igual que su penitente y seguidora sor Geltrude (cuyo nombre secular era Filippa Cordovana), en el Auto de Fe celebrado en Palermo el 6 de abril de 1724. Un santo mártir. Pero nosotros hemos escrito estas páginas para dar otra imagen de él, para decir que era un hombre y que mantuvo alta la dignidad del hombre."

El Santo Oficio estuvo funcionando en Sicilia hasta 1782 y he visto que en España se abolió definitivamente en 1834 en la regencia de María Cristina. Su poder fue inmenso y sin duda, al menos para mí, su influencia sobre el pensamiento, digamos mediterráneo, ha sido bastante funesta y parte de que España esté como esté. No se sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina, pero esta España de rencores, envidias, escaqueo, egoísmos y falsedad tiene un claro entronque en esa Inquisición.

Dos buenos libros, a mí el primero me ha encantado y el segundo me ha resultado más árido, que os animo a leer. Me han interesado y os los recomiendo, al igual que cualquier libro suyo.



2 comentarios:

  1. Este post solo me puede producir un agradecimiento grande tirando a enorme. Porque tengo lagunas como mares y L. S. es una de ellas. Y por lo que has contado y has transcrito, esta laguna es de una injusticia grave, que con tu escrito tenderá a arreglarse.

    Ya era consciente de ella y por eso el segundo libro que he pretendido leer en italiano ha sido de este autor (trabajo de amor vano, porque escribe un italiano localista que resulta imposible con mi nivel actual); pero esa conciencia no era de urgencia, como lo es a partir de ahora.

    Las traducciones me han parecido claras, ordenadas, gramaticalmente correctas.

    Y esta es la única pega que te pongo: no citas a los traductores. Deberíamos acostumbrarnos a hacerlo, al menos con los "buenos".

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  2. Sí que cito a uno, NáN, es Rossend Arqués y le he dado público reconocimiento, aunque es cierto que entre tanta cita y demás ha quedado un poco perdido. Mi gratitud de nuevo al señor Arqués y a Juan Manuel Salmerón Arjona que no ha sido citado y es el traductor del primero de los dos libros que he puesto.

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