Oigo voces

Hasta hace unos meses, los chicos de los campos de girasoles estábamos todos juntos, todos mirando en la misma dirección, como debe ser. Pero hete aquí que llegaron unos colonizadores con ponchos a los que les gustó nuestro sitio apartado del mundanal ruido para tocar el cóndor pasa pertrechados de sus ocarinas sin molestar a nadie.

No nos quedó más remedio entonces que iniciar una diáspora por esta nuestra comunidad laboral. Algunos se reimplantaron entre el resto de nuestro departamento de Supervisión y Control, junto a otros compañeros más ocupados en las plantas de fertilizantes o pesticidas para nuestros girasoles o invernaderos combinados.

A otros pocos, valientes, nos injertaron en medio de los Señores del Calor. Esos tipos que deciden cómo hay que plantar los girasoles, cuánta agua hace falta para regarlos y por dónde deben ir las mangueras para que esta especie de girasol en particular desarrolle todo el aceite del que es capaz girando como un hombre girasol solo acompañando al astro rey cada día desde la primera luz del alba hasta el último resquicio de luz en el horizonte (ejem).

Todavía no he averiguado si esta ubicación obedece a una estrategia oculta del Amo del Calabozo de la Supervisión y el Control para hacerse con, valga la redundancia, el control de los Señores del Calor (Dios no lo quiera) o si se trata de algo mucho más inocente, como que fuera el único sitio libre. Lo que sí he podido comprobar, no sin sufrimiento, es que efectivamente hay que ser un valiente para aguantar aquí sin ver alterados el rendimiento laboral ni la salud mental.

Me explico. Esta oficina está distribuida en varios edificios. Cada edificio se organiza a su vez en torno a un patio central cual corrala castiza. El patio central dispone de claraboya a modo de techo de modo que, mientras las dos plantas superiores nos distribuimos en torno a la baranda del patio, los de la planta baja pueden extenderse por toda la superficie. Como ya os podéis imaginar, esta distribución no contribuye especialmente al silencio y la concentración.

Obviamente esto ya pasaba en nuestro anterior puesto y, quien más quien menos, lo sobrelleva como puede. La mayoría haciéndose con unos auriculares y una cuenta premium de spotify. Yo, sin embargo, nunca he podido concentrarme con música de fondo. Se me va la cabeza a lo que esté escuchando y ni estudio, ni trabajo, ni sé de qué signo del zodiaco soy. Así que, en casos patológicos como el mío, tus vecinos de corrala son cruciales para el rendimiento.

Y aquí es donde está la madre del cordero: mis compañeros de corrala. Una de las primeras mañanas, a punto de abrir el correo en ese momento de calma entre las siete y media y las nueve, una voz rompe el silencio. Resonando desde la planta baja llega un sonido extraño pero familiar “¡coño!” pensé “¿alguien está poniendo un vídeo de Carlos Jesús ahí abajo? Pues ya podía ponerse los cascos, esto no es plan”. Solo hicieron falta unos segundos más de escucha para darme cuenta de que no, no era un vídeo ¡Carlos Jesús es mi vecino de abajo! Y habla mucho por teléfono. Y más a primera hora. ¡Qué desgracia la mía, así no hay quien se concentre! Porque, claro, por mucho que él hable de si tal o cual cosa resistirá la insolación constante, yo me lo imagino con una túnica morada, melena rizada y bigotes. Y a Cárdenas y su dicción horrible al otro lado del teléfono.

Una vez acostumbrada, que no repuesta, a tanto sobresalto alguien nuevo llegó al mismo piso de abajo. Alguien con voz femenina un poco ronca y bastante pródiga en risas. En esas risas entre pícaras e inocentes. Esas risas que me hacen sospechar que en Raticulín han montado un chiringuito desde donde se atiende una línea caliente o, tal vez, se filma una película porno. Sí queridos, ESA risa.

Así que, si a las voces le añado el tiempo que he pasado sumida en un mar de dudas dilucidando si sería línea caliente o peli porno, comprenderéis ahora por qué es esto un sinvivir y no hay manera de concentrarse.

Aunque creo que lo he resuelto: ¡es peli! ¿Que si he bajado a ver? No, por favor, mucho mejor imaginarse cosas raras. Resulta que hace días que no oigo a Carlos Jesús y eso sólo ha podido pasar de una manera: están una peli así que, en uno de los ensayos, Risitas le ha cogido por banda y él ha visto la LUZ. Pero la de verdad, ni Ganímedes, ni Raticulín, ni nada. Vamos, que le ha hecho un hombre y le cambiado la voz. Está clarísimo.

Ahora solo me queda ver cómo acostumbrarme a esa risa. ¿Qué? ¿cómo? Ah, sí que vaya mirando lo del spotify ¿no? Ya.

6 comentarios:

  1. Que ilusión soy de los primeros en un post de Anijol!!!!
    Yo soy de los del spotify, me cierro con mis brasileñadas y mis cantautores en mi despacho y me aislo del camarote de los hermanos marx que suele ser mi departamento.
    También es cierto que me precio de tener capacidad de concentración, yo solía estudiar muchos dias en los pasillos de mi facultad. Mucho ruido se asemeja bastante a nada de ruido... a mi lo que me molesta son los susurros y cuchicheos.
    abrazuchos.

    ResponderEliminar
  2. Yo comparto despacho con 3-6 personas más (dependiendo de los momentos) y es lo peor que le puede pasar a la concentración, sobre todo si hay algún hablante compulsivo, como es el caso. Me suelo concentrar con música, pero cuando cada dos por tres te están preguntando algo, no sirve de mucho.

    ResponderEliminar
  3. Están también los tapones para los oídos, pero sí, vete pensando en la cuenta de Spotify....
    Y otra cosa que no tiene que ver con este post: os informo de que este fin de semana os he echado delante en la colección de romanian souvenirs.... Acabo de recibir un bonito reloj de pared montado sobre escayola, con Vlad de fondo, y con detalles pintados en plata..... No lo publico en mi blog porque ya sabéis que no soy anónima, no vaya a ser que alguien lo reconozca. Pero que sepáis que es precioso!!!! Moriríais de envidia si lo viérais.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  4. Yo estoy sentada cerca de Mr. Freeze, el hombre que pone el aire acondicionado a 17 ºC en pleno noviembre madrileño, incluso de noche (salimos de noche gracias a este alegre cambio horario al parecer tan beneficioso para no sé quién), y con una chica que con sus comentarios (a viva voz, por supuesto) hace que Belén Esteban parezca Audrey Hepburn.

    Me ha encantado lo de la dicción de Cárdenas, toda la vida he pensado que debía ser la única que se hubiera dado cuenta, en vista de que encabeza un programa ¡de radio!

    ResponderEliminar
  5. A mí también me perturba ponerme a escuchar música en el curro, no me centro. Cuando me tienen ya de los nervios me pongo los auriculares, pero sin música. Es cutre que te mueres pero amortigua las voces.

    ResponderEliminar
  6. Hubo una época de mi vida laboral en que tuve un despacho para mi sólo. Si, si, es cierto, no me mireis como si hubiese perdido el juicio. Concretamente era un edificio de viviendas reconvertido a oficinas en la calle Costa Rica. A mi me toco un dormitorio y mi jefe estaba en la cocina. La campa era el salon comedor, muy hermoso eso sí, donde se ubicaban 6 campistas.

    En fin, no beneficia a nadie añorar tiempos que no volverán. Hace más de 10 años que ando de campa en campa. En la que estoy actualmente debemos ser unos 30, y ya me han dicho que dentro de poco me van a mandar a otra igual de grande pero en un semisotano. :*(



    ResponderEliminar